{"id":55859,"date":"2025-12-06T03:48:00","date_gmt":"2025-12-06T01:48:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.omnesmag.com\/?p=55859"},"modified":"2025-12-06T04:49:07","modified_gmt":"2025-12-06T02:49:07","slug":"los-esclavos-del-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.omnesmag.com\/de\/recursos\/los-esclavos-del-senor\/","title":{"rendered":"Los esclavos del Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hablando con amigos psiquiatras y psic\u00f3logos me comentan que cada vez es m\u00e1s frecuente encontrar en sus consultas personas, con formaci\u00f3n cristiana, que expresan un anhelo de libertad respecto de los compromisos que hab\u00edan adquirido en un momento dado de su vida. Casados que se arrepienten de haberlo hecho, sacerdotes que quieren casarse, padres que no quieren estar pendientes de sus hijos, esposas hastiadas de sus maridos que desean rehacer su vida de forma independiente, religiosos y religiosas que anhelan disfrutar de los placeres del mundo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo com\u00fan en todas esas situaciones es un anhelo de libertad o autonom\u00eda que pone de manifiesto que la persona no se siente libre, e interpretan esos compromisos adquiridos como una carga intolerable que empieza a esclavizarlos. Esa tensi\u00f3n entre el compromiso adquirido y el anhelo de autonom\u00eda desgarra el interior psicol\u00f3gico de la persona hasta el punto de crear verdaderos cuadros de ansiedad, depresiones y conflictos internos muy serios que, como m\u00ednimo, producen una sensaci\u00f3n continua de insatisfacci\u00f3n e infelicidad, de tal magnitud, que les lleva a un cuadro patol\u00f3gico de permanente queja y agresi\u00f3n contra uno mismo y contra la persona o instituci\u00f3n que provoca esa amenaza a su libertad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta situaci\u00f3n conduce invariablemente a la tentaci\u00f3n, a veces determinaci\u00f3n, de mandarlo todo \u201ca la mierda\u201d, siguiendo el estilo de Camilo Jos\u00e9 Cela. Como este fen\u00f3meno parece ser muy frecuente, me he propuesto reflexionar sobre el origen de dicha situaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El esp\u00edritu<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El hombre no solo est\u00e1 compuesto de cuerpo y alma racional. Hay un tercer elemento que, adem\u00e1s del alma racional, lo distingue del resto de animales y se denomina \u201cesp\u00edritu\u201d. Hablar de esp\u00edritu no est\u00e1 de moda, y menos en el \u00e1mbito psiqui\u00e1trico y neurocient\u00edfico, donde algunos quieren hacer emanar la mente, la conciencia o la psique, elementos del alma humana, de la mera actividad cerebral. Y yo no quiero hablar del alma, sino del esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa imagen y semejanza a Dios, que existe en el interior de todo hombre, es de nuclear importancia porque nos va a permitir reconocernos a nosotros mismos y reconocer c\u00f3mo tratar a los dem\u00e1s. Es el origen de nuestra libertad y de nuestra capacidad de amar, y ambas est\u00e1n intr\u00ednsecamente unidas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La dificultad que tenemos de reconocer o negar al esp\u00edritu de Dios dentro de nosotros, pienso que surge fundamentalmente por dos motivos:Por un lado, Dios, que con sus leyes podr\u00eda constituir una amenaza a nuestra libertad, y por otro, la experiencia de percibir en el mundo el sufrimiento o la injusticia que padece el inocente. Casi nadie es un ateo intelectual, pero s\u00ed hay mucho ate\u00edsmo afectivo por estos motivos. Es precisamente de la amenaza a nuestra libertad de lo que quer\u00eda seguir reflexionando.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La relaci\u00f3n con Dios<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el G\u00e9nesis aparece un relato interesante de c\u00f3mo era nuestra relaci\u00f3n con Dios. Consist\u00eda en una relaci\u00f3n familiar, de conversaci\u00f3n espont\u00e1nea y de confianza. Sin embargo, el mal ya exist\u00eda en el&nbsp; mundo y se trataba de introducirlo dentro del hombre. Y bien sab\u00eda la serpiente c\u00f3mo tentar a Eva. Primero, presentando a Dios como un tirano:&nbsp;<em>\u201c\u00bfConque Dios os ha dicho que no com\u00e1is de ning\u00fan \u00e1rbol del jard\u00edn?\u201d&nbsp;<\/em>(Gen 3, 2). Primera mentira:<em>&nbsp;\u201csolo de uno\u201d<\/em>, respondi\u00f3 Eva.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Atac\u00f3 de nuevo la serpiente, tratando esta vez a Dios como un envidioso:&nbsp;<em>\u201ces que Dios sabe [&#8230;] que ser\u00e9is como Dios en el conocimiento del bien y del mal\u201d<\/em>&nbsp;(Gen 3, 5). Y, ahora, s\u00ed consigui\u00f3 su objetivo. Y el efecto inmediato que tuvo en el interior de Eva y su pareja fue no ver a Dios como realmente era: un Padre que le hab\u00eda dado la creaci\u00f3n entera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La consecuencia inmediata fue que la imagen y semejanza de Dios en el n\u00facleo de su ser, la dimensi\u00f3n espiritual, se distorsion\u00f3: ahora habitaba dentro de ella un dios tirano, cruel, caprichoso, envidioso y amo, que tomar\u00e1 distintos nombres a lo largo de la historia y las generaciones como Baal, Moloc, J\u00fapiter o Zeus. De esa nueva imagen que tengamos de Dios depender\u00e1 c\u00f3mo nos tratemos a nosotros mismos y a los dem\u00e1s. Si el dios interior es vengativo, nosotros tambi\u00e9n lo seremos y si es destructivo tambi\u00e9n adoptaremos esta actitud, incluso contra nosotros mismos, y, si es un amo, entonces tenderemos nosotros a dominar a los dem\u00e1s y a sentirnos como esclavos respecto de Dios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Esclavos<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sigamos diseccionando el origen de ese sentirse esclavo. Es muy habitual en el mundo religioso utilizar la palabra esclavo o siervo para referirse a la relaci\u00f3n que existe entre el hombre y Dios. Para eso fuimos creados, reza el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica: para servir, dar gloria a Dios y ser felices (cfr. CIC, 356 y 358).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nos coloc\u00f3 para trabajar y cuidar del Ed\u00e9n. Fue un encargo, pero no nos cre\u00f3 para trabajar en el jard\u00edn. Si el hombre hubiese sido creado para trabajar, entonces, la creaci\u00f3n ser\u00eda m\u00e1s importante que el hombre. Dios ser\u00eda el amo del jard\u00edn, y nosotros sus servidores o esclavos que deber\u00edamos cuid\u00e1rselo. El cuidado de la creaci\u00f3n material ser\u00eda un encargo al hombre para servicio de Dios, en vez de un regalo de Dios para el hombre, que se sentir\u00eda feliz cuid\u00e1ndolo y trabaj\u00e1ndolo. Si no entendemos esto bien podr\u00edamos sentirnos esclavos del trabajo. Y esta fue la primera consecuencia: ver a Dios como un Dios que me hace esclavo y servidor suyo, al que debo temer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Toda la historia del Antiguo Testamento se resume en la relaci\u00f3n de Dios con un pueblo que es torpe y duro de coraz\u00f3n: que ve, pero no entiende, ni sabe amar. Solo unos pocos sab\u00edan amar a Dios con libertad, aunque con no poca dificultad, como Abraham, Isaac, Jacob o Mois\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Redenci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta relaci\u00f3n de Dios con su pueblo era de una operaci\u00f3n de rescate. Dios ayudaba a su pueblo para sacarlo de la esclavitud a la libertad, de Egipto a la tierra prometida, y tiene su culmen con la venida de Jesucristo. Con su venida, comienza un punto de inflexi\u00f3n que pretende recuperar la idea primigenia de Dios dentro del hombre, para que no se sienta esclavo sino hijo y heredero. Empezamos a abandonar la relaci\u00f3n de temor por una relaci\u00f3n de amor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dios contin\u00faa queriendo rescatarnos de la \u00fanica esclavitud que en realidad existe, que es la del pecado, pero siempre ha habido y habr\u00e1 personas que quieran seguir siendo esclavos y volver a Egipto. Dios insiste:<em>&nbsp;\u201cya no os llamo siervos\/esclavos [&#8230;] A vosotros os llamo amigos\u201d<\/em>&nbsp;(Juan 15, 15). No nos podemos sentir siervos o esclavos jam\u00e1s, porque ahora somos amigos de Dios. M\u00e1s: \u00a1ahora somos hijos de Dios! As\u00ed lo expresa con fuerza Juan en su primera carta:&nbsp;<em>\u201cMirad qu\u00e9 amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues \u00a1lo somos!\u201d<\/em>&nbsp;(1 Juan 3, 1).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Lenguaje y miradas<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces, \u00bfde d\u00f3nde viene esta insistencia en seguir llam\u00e1ndonos esclavos o siervos y no hijos en nuestra relaci\u00f3n con Dios? Es verdad que, como dice Campoamor,&nbsp;<em>\u201cEn este mundo traidor nada es verdad ni mentira, todo depende del color del cristal con que se mira\u201d<\/em>. Y ese cristal con que se miran las cosas y los acontecimientos de la vida puede ser transparente, estar sucio o roto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta forma de verse esclavo tiene un doble origen: por un lado, parte de un problema interno, del cristal con que se mira, de una err\u00f3nea idea de Dios que la serpiente ha ido introduciendo en el interior del hombre, la tentaci\u00f3n primigenia de la que habl\u00e1bamos antes, haci\u00e9ndonos pensar que Dios es un amo y tirano, y puede hacer caprichosamente lo que quiera con nuestras vidas. Nos sentimos amenazados por Dios, que con sus leyes morales impiden el desarrollo de nuestra libertad en vez de ver que sus normas dan felicidad y vida al hombre (Deuteronomio 4, 40; Juan 6, 63). Esta concepci\u00f3n amenazadora de Dios lleva autom\u00e1ticamente a la destrucci\u00f3n de la fuente del Amor que hay en nosotros mismos y, en consecuencia, de nuestra libertad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por otro lado, hay un origen externo: el mal uso del lenguaje al hacernos pensar, con el empleo de las palabras, que la relaci\u00f3n con Dios es de esclavos. Abundantes son las oraciones cristianas, muchas de ellas de origen medieval, donde el orante renuncia a su libertad para someterse a Dios. \u00a1Qu\u00e9 barbaridad! Si se hace efectiva esta renuncia, no es de extra\u00f1ar o\u00edr lamentaciones sobre la vida y los compromisos adquiridos. Y yo har\u00eda lo mismo. Si se ve de esta forma a Dios, como un amo y yo un esclavo, vamos directos, de forma habitualmente inconsciente, a un ate\u00edsmo afectivo que nos llevar\u00e1 a expulsar a ese dios de nuestra vida. Y con raz\u00f3n. Tendr\u00eda entonces todo el sentido decir&nbsp;<em>\u201cDios ha muerto. Nosotros lo hemos matado\u201d<\/em>&nbsp;(Nietzsche) cuando mato en m\u00ed esa especie de dios que no coincide con el verdadero Dios. Y esa muerte la considerar\u00e9 como un triunfo que me colocar\u00e1 de nuevo en una situaci\u00f3n de libertad para volver al verdadero Dios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Siervos<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sigamos diseccionando el concepto de esclavo. Hab\u00eda muchas maneras de servir en el mundo antiguo. La palabra&nbsp;<em>doulos&nbsp;<\/em>en masculino significaba frecuentemente esclavo o siervo, pero en femenino tambi\u00e9n ten\u00eda otra acepci\u00f3n. Una de las acepciones de&nbsp;\u03b4\u03bf\u03cd\u03bb\u014b&nbsp;<em>(doula)<\/em>, hace referencia a la labor que hac\u00edan ciertas mujeres en el acompa\u00f1amiento del embarazo, parto y puerperio. No eran matronas. Eran siervas que acompa\u00f1aban afectivamente a sus amas en esas circunstancias. Siervas que eran consideradas de la propia familia. Tambi\u00e9n estaban las&nbsp;<em>doulas<\/em>&nbsp;<em>thana<\/em>, que ofrec\u00edan servicios de acompa\u00f1amiento en enfermedades terminales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En general, en los Evangelios can\u00f3nicos, la palabra m\u00e1s com\u00fanmente utilizada en griego es&nbsp;\u03b4\u03bf\u03cd\u03bbo\u03c2, doulos que se traduce al lat\u00edn como&nbsp;<em>servus<\/em>, esclavo, las m\u00e1s de las veces, o siervo, menos frecuentemente. La diferencia fundamental entre uno y otro, siendo la misma palabra, es que el esclavo era propiedad de su se\u00f1or, como si fuera una cosa, y el siervo pod\u00eda cultivar las tierras del se\u00f1or y recib\u00eda un cierto grado de protecci\u00f3n sin desligarse de su amo. Pero lo m\u00e1s desconcertante es que si hab\u00eda una palabra espec\u00edfica en griego para denominar al esclavo (\u03c3\u03ba\u03bb\u03ac\u03b2\u03bf\u03c2), \u00bfpor qu\u00e9 se utiliza&nbsp;\u03b4\u03bf\u03cd\u03bbo\u03c2, doulos?, \u00bfpor qu\u00e9 en los Evangelios escritos en griego nunca se utiliza la palabra esclavo (\u03c3\u03ba\u03bb\u03ac\u03b2\u03bf\u03c2), pero en las traducciones s\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n se emplea otra palabra en los Evangelios:&nbsp;\u03b4\u03b9\u03b1\u03ba\u03bf\u03bd\u03bf\u03c2, diakonos, que es traducida como servidor o sirviente, como por ejemplo cuando Jes\u00fas dec\u00eda:&nbsp;<em>\u201c&#8230;no he venido a ser servido sino a servir&#8230;\u201d&nbsp;<\/em>(Mateo 20, 28). La circunstancia de por qu\u00e9 estas palabras son traducidas del griego al lat\u00edn como esclavo, siervo o servidor va a depender de la intencionalidad de su traductor, san Jer\u00f3nimo, en el siglo IV despu\u00e9s de Cristo. Por ejemplo: en las par\u00e1bolas del Se\u00f1or, se utiliza la palabra&nbsp;<em>doulos<\/em>, y es traducida al lat\u00edn como&nbsp;<em>servus&nbsp;<\/em>y al castellano como esclavo o siervo indistintamente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">San Pablo en Filipenses 2, 7, cuando dice&nbsp;<em>\u201cse despoj\u00f3 de s\u00ed mismo tomando la condici\u00f3n de esclavo\u201d<\/em>&nbsp;recurre a&nbsp;<em>doulos<\/em>,&nbsp;<em>servus&nbsp;<\/em>en lat\u00edn y siervo o esclavo en castellano. Sin embargo, llama tambi\u00e9n la atenci\u00f3n que en el pasaje de la Anunciaci\u00f3n de La Virgen se emplee&nbsp;\u03b4\u03bf\u03cd\u03bb\u014b&nbsp;<em>(doula)<\/em>, y se traduzca como&nbsp;<em>ancilla&nbsp;<\/em>al lat\u00edn y esclava al castellano. San Lucas recibir\u00eda de la Virgen el testimonio directo de lo que pas\u00f3 en la Anunciaci\u00f3n y, \u00bfno resulta extra\u00f1o que la Virgen Mar\u00eda se autodenomine esclava del Se\u00f1or (Lucas 1, 38)? La que precisamente no necesitaba ser redimida del pecado, pues fue concebida sin \u00e9l y no cometi\u00f3 ninguno. \u00bfEs correcto, por tanto, en este caso, ese abuso de la palabra esclavo al traducir del griego y del lat\u00edn?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si leemos con detenimiento el pasaje de la Anunciaci\u00f3n observamos que el \u00c1ngel le informa que su pariente Isabel, ya entrada en edad,&nbsp;<em>\u201cest\u00e1 de seis meses la que llamaban est\u00e9ril\u201d<\/em>&nbsp;(Lucas 1, 36). Y Mar\u00eda contesta a continuaci\u00f3n:&nbsp;<em>\u201cHe aqu\u00ed la doula del Se\u00f1or\u201d&nbsp;<\/em>(Lucas 1, 38). \u00bfNo pudiera ser que Mar\u00eda se ofrecer\u00eda como&nbsp;<em>doula<\/em>&nbsp;para acompa\u00f1ar a Isabel en su embarazo, parto y puerperio tras el anuncio del \u00c1ngel, como as\u00ed hizo inmediatamente? \u00bfEs correcto llamar esclava a la criatura m\u00e1s libre de Dios? \u00bfPor qu\u00e9 con Jes\u00fas, cuando dice que ha venido a servir utiliza la palabra di\u00e1cono y no esclavo? Y, sobre todo, \u00bfpor qu\u00e9 existiendo una palabra concreta para esclavo en griego, \u00e9sta no es utilizada en ning\u00fan lugar de los Evangelios?<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Formas de pensar<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sentirse esclavo en el cristianismo es muy frecuente y peligroso. Y podr\u00eda ser que esa forma de pensar resulte heredada de la Edad Media. Formas de pensar de este tipo han ocurrido a lo largo de la historia de la Iglesia. Otro posible ejemplo residir\u00eda en que, hasta hace no muchos a\u00f1os, no se conceb\u00eda que una persona casada pudiera alcanzar la santidad. Como dec\u00edamos, existen abundantes textos y contextos donde la palabra esclavo aflora frecuentemente en los Evangelios can\u00f3nicos, detr\u00e1s de situaciones donde los protagonistas se sienten esclavos. Uno de los m\u00e1s significativos ocurre en la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo. El hermano menor, al volver arrepentido con el Padre, dice:&nbsp;<em>\u201cNo merezco llamarme hijo tuyo: tr\u00e1tame como a uno de tus jornaleros\u201d<\/em>&nbsp;(Lucas 15, 19). Y el hijo mayor, que nunca hab\u00eda abandonado aparentemente la casa del padre, dice:&nbsp;<em>\u201cMira: en tantos a\u00f1os como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya\u201d<\/em>&nbsp;(Lucas 15, 29). Los dos se sienten esclavos. Uno quiere comer bellotas y no puede, y el otro puede comer cordero y no quiere. Los dos presentan el mismo trastorno. Tanto el que vuelve como el que se queda. Y esto es muy t\u00f3xico en la vida religiosa del que se dice cristiano.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Sentirse amado<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es absolutamente necesario para obrar con libertad amar y sentirse amado. Y no podemos amar sinti\u00e9ndonos esclavos o siervos, hay que hacerlo libremente desde la nueva perspectiva que ha venido a traernos Jesucristo: \u00a1Ahora somos hijos de Dios! Y no podemos ser amados por cualquiera y de cualquier forma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pongamos un ejemplo: existen 32 millones de mascotas en Espa\u00f1a y el 85 % de la poblaci\u00f3n argentina tiene una. \u00bfPor qu\u00e9 muchas personas adoptan tantas mascotas en los hogares, en vez de adoptar o tener hijos? Creo que no es el ego\u00edsmo o la comodidad la causa nuclear de este fen\u00f3meno. Pienso que, en muchos casos, subyace la necesidad de sentirse amado por alguien de una forma incondicional y autom\u00e1tica, no libre. Y eso los animales, especialmente los perros y los gatos, lo saben hacer muy bien. Puede que en el fondo, no sea capaz de asumir que alguien libre me quiera como un hijo. No quiero asumir el riesgo de que alguien libre me quiera o deje de quererme, y prefiero que me quiera un esclavo. Pero Dios s\u00ed que ha querido asumir el riesgo de crear al hombre libre, hecho a su imagen y semejanza, que de forma voluntaria le ame.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dejemos de sentirnos esclavos o siervos en nuestra relaci\u00f3n con Dios. Corrijamos el lenguaje. Hemos sido llamados a la filiaci\u00f3n divina, no a la servidumbre. Cuando Jes\u00fas utilizaba el t\u00e9rmino esclavo o siervo era antes de su muerte y Resurrecci\u00f3n. Ahora, ya estamos rescatados, somos suyos pero con una relaci\u00f3n paterno-filial. No hagamos nada sin amor, como una buena madre o un buen padre no se siente ni esclavo ni siervo de su c\u00f3nyuge o de sus hijos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Rectifiquemos cuanto antes, o haremos que nuestros compromisos como cristianos se conviertan en normas insoportables, y acabaremos psicol\u00f3gicamente trastornados. Dios quiere hijos felices, que le amen libremente. Convenz\u00e1monos de que con la luz de la Resurrecci\u00f3n hemos dejado de ser esclavos de nuestras miserias. Cristo ha suplicado a su Padre para que dejemos de llamarnos as\u00ed. No insistamos en llamarnos as\u00ed. De la misma forma que hab\u00eda una idea primera del matrimonio al inicio de la creaci\u00f3n, tambi\u00e9n hab\u00eda una idea primigenia de Dios como Padre dentro de nosotros que hemos podido distorsionar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Abandonemos el lenguaje de esclavos y recuperemos, con mirada limpia y transparente, la verdadera, original y genuina imagen de Dios que vive en nuestro interior. Estoy convencido de que, viendo de esta manera a Dios en nuestro interior, nos trataremos mejor a nosotros mismos y a los dem\u00e1s, nuestros compromisos dejar\u00e1n de ser cargas para convertirse en fuente de vida y felicidad y, de paso, dejaremos de dar tanto trabajo a psic\u00f3logos y psiquiatras.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hablando con amigos psiquiatras y psic\u00f3logos me comentan que cada vez es m\u00e1s frecuente encontrar en sus consultas personas, con formaci\u00f3n cristiana, que expresan un anhelo de libertad respecto de los compromisos que hab\u00edan adquirido en un momento dado de su vida. 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