{"id":63519,"date":"2026-08-19T06:26:00","date_gmt":"2026-08-19T04:26:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.omnesmag.com\/?p=63519"},"modified":"2026-08-19T09:59:48","modified_gmt":"2026-08-19T07:59:48","slug":"libano-el-valle-santo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.omnesmag.com\/de\/foco\/evangelizacion\/libano-el-valle-santo\/","title":{"rendered":"L\u00edbano: el valle santo"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">Al <a href=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/de\/nachrichten\/el-papa-en-el-libano-un-mensaje-de-paz\/\" data-type=\"post\" data-id=\"54086\">Libanon <\/a>ya le hemos dedicado varios art\u00edculos: un pa\u00eds peque\u00f1o pero con un patrimonio cultural, humano y religioso vast\u00edsimo. Ahora, al igual que hice con algunos <a href=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/de\/nachrichten\/saydnaya-maaloula-jesus\/\" data-type=\"post\" data-id=\"62835\">santuarios sirios<\/a> que tuve el privilegio de visitar en aquel mismo viaje de 2008, quiero escribir sobre su coraz\u00f3n: el valle de Qadisha y sus monasterios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">L\u00edbano por la ma\u00f1ana<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las ma\u00f1anas libanesas tienen esos aromas y sabores que no se olvidan f\u00e1cilmente. Y si encima te despiertas en la monta\u00f1a, con un panorama deslumbrante frente a ti \u2014desde las estribaciones meridionales del puerto de Beirut al sur hasta la costa de Jounieh al norte\u2014, el despertar es a\u00fan m\u00e1s agradable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Suena el claxon y dos Range Rover negros, llenos de libaneses ruidosos, vienen a recordarte el programa del d\u00eda: desayuno con \u00abkanafeh\u00bb a las afueras de Beirut, visita a los cedros del Bosque de los Cedros de Dios (\u00abArz ar-Rabb\u00bb), llegada al valle santo y visita a los monasterios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El viaje<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En L\u00edbano hasta los coches tienen personalidad: desde matr\u00edculas personalizadas hasta motores rugientes listos para afrontar las terribles subidas y los desniveles que aqu\u00ed, en cuesti\u00f3n de unos diez kil\u00f3metros, te llevan del mar a los 2000 metros de altitud entre curvas, callejuelas y cruces.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y no hay que esperar que el viaje sea ligero si te atiborran como a un pavo a cada instante y tu cabeza no para de girar para contemplar paisajes maravillosos, monta\u00f1as, el mar que asoma entre curva y curva y pueblos encaramados a las rocas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tampoco cabe esperar que el nutrido grupo de excursionistas \u2014todos libaneses salvo un servidor\u2014, repartidos en tres todoterrenos, avance de manera ordenada y precisa. Cada cual hace las paradas que quiere y durante el tiempo que quiere; mientras visitas algo, pierdes de vista a los otros dos coches y tal vez descubres que uno se te ha adelantado a la siguiente etapa y el otro sigue parado en la \u00faltima \u00e1rea de servicio.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los cedros<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Primera parada: una de las dos reservas naturales libanesas m\u00e1s importantes dedicadas a los cedros. Esta se llama \u00abArz ar-Rabb\u00bb. Es un lugar maravilloso, s\u00edmbolo de un pa\u00eds que en su d\u00eda estuvo completamente cubierto por bosques de cedros que, a lo largo de los milenios, se utilizaron incluso para el Templo del rey Salom\u00f3n y contribuyeron, junto con la p\u00farpura, a la prosperidad de los fenicios. Hoy no queda mucho, pero lo que contemplamos a la sombra de estos inmensos \u00e1rboles es un anticipo del para\u00edso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201c\u00a1Aqu\u00ed no te toca nadie! \u00a1Est\u00e1s en nuestra zona!\u201d, me sonr\u00ede un amigo de la comarca \u2014desde hace siglos baluarte maronita\u2014 d\u00e1ndome una palmadita en la espalda. Y ya solo en esa frase percibo la realidad del L\u00edbano, hecha de paz y convivencia, pero tambi\u00e9n de guerras y de atrincheramientos en la propia identidad \u00e9tnica y religiosa. Y todo se alterna, se acumula, se asimila, pero no se olvida.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El Valle de Qadisha<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se dice en L\u00edbano que la niebla que se eleva desde el Valle de Qadisha es, en realidad, el incienso que brota de sus monasterios. Y, en cierto modo, Qadisha es eso: un valle santo (\u00abqadisha\u00bb, en arameo, significa precisamente \u00absanta\u00bb), literalmente excavado en la ladera de la monta\u00f1a, que se abre como una cueva de tesoros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aqu\u00ed, siglos de monacato maronita han moldeado no solo el paisaje espiritual, sino tambi\u00e9n el material, dejando una impronta visible en los bancales cultivados, las casas colgadas de la roca y los senderos que conectan eremitorios y cenobios, exactamente igual que en el <a href=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/de\/nachrichten\/athos-republica-de-la-oracion\/\" data-type=\"post\" data-id=\"59632\">Monte Athos<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un detalle que suele llamar la atenci\u00f3n a quien visita iglesias y monasterios maronitas es la presencia mixta de cenobios y eremitorios. Un cenobio (del griego \u00ab<em>koin\u00f3s bios<\/em>\u00ab, \u00abvida en com\u00fan\u00bb) indica una forma de compartir la vida y la oraci\u00f3n entre dos o m\u00e1s monjes. El eremitorio, en cambio, es el refugio al que algunos monjes se retiran para periodos de oraci\u00f3n m\u00e1s intensa, a veces durante el resto de sus vidas, aunque sin dejar de recibir a peregrinos y devotos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este valle es el baluarte de la <a href=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/de\/nachrichten\/libanon-ein-land-am-rande-des-abgrunds-2\/\" data-type=\"post\" data-id=\"21295\">Maronitische Kirche<\/a>. Esta, de rito siro-antioqueno y en comuni\u00f3n con Roma, naci\u00f3 precisamente entre estas monta\u00f1as, siguiendo la estela de san Mar\u00f3n, monje sir\u00edaco del siglo IV\u2013V. Durante siglos, en tiempos de persecuci\u00f3n e inestabilidad, los maronitas se atrincheraron literalmente en Qadisha, construyendo monasterios, cenobios y eremitorios donde conservaron textos, liturgias y memorias; y de aqu\u00ed eman\u00f3 esa identidad nacional libanesa que forj\u00f3 el pa\u00eds en los siglos posteriores.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los monasterios del valle<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras los cedros, el coche en el que viajo es el primero (\u00a1y el \u00fanico durante varias decenas de minutos!) en llegar al primer monasterio que visitamos: Deir Qannoubin, quiz\u00e1 el lugar m\u00e1s peculiar para la Iglesia maronita. Un monje me explica que aqu\u00ed, entre 1440 y el siglo XIX, residieron los patriarcas de la Iglesia maronita (hoy la sede oficial est\u00e1 en Beirut, mientras que la de verano est\u00e1 en Dimane, tambi\u00e9n en el valle). En las capillas de Deir Qannoubin, como mecidas en el vientre de la roca, se encuentran las tumbas de numerosos patriarcas maronitas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entramos para un momento de recogimiento y luego volvemos a ponernos en marcha antes que los dem\u00e1s. \u201c\u00a1Ya nos alcanzar\u00e1n!\u201d, me explican los compa\u00f1eros de coche.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"720\" height=\"458\" src=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/image-5-2.webp\" alt=\"\" class=\"wp-image-63522\" srcset=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/image-5-2.webp 720w, https:\/\/www.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/image-5-2-700x445.webp 700w, https:\/\/www.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/image-5-2-300x191.webp 300w, https:\/\/www.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/image-5-2-18x12.webp 18w, https:\/\/www.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/image-5-2-600x382.webp 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, nos dirigimos hacia Deir Mar Licha, otro centro mon\u00e1stico del valle en el que resulta evidente, por la frondosa naturaleza que lo rodea, que el verdadero monacato no es una \u00abfuga mundi\u00bb, sino, dir\u00eda yo, una aut\u00e9ntica \u00abintelligentia mundi\u00bb: un estar y comprender m\u00e1s a fondo la creaci\u00f3n y contribuir a darle forma. Ejemplo de ello son, adem\u00e1s de las celdas, los huertos, los caminos y los bancales, que me recuerdan a los de los monasterios benedictinos de Subiaco, cerca de Roma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tampoco puede faltar una parada en Qozhaya (cuyo nombre, en arameo, significa \u00abtesoro de la vida\u00bb). Este monasterio no solo es c\u00e9lebre por la antig\u00fcedad de su construcci\u00f3n, sino tambi\u00e9n porque, desde 1584, gracias a un exalumno del Colegio Maronita de Roma, alberg\u00f3 la primera imprenta de Oriente Medio. Lo cual deja claro que su tesoro es tambi\u00e9n la custodia y la difusi\u00f3n de la cultura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Continuamos hacia Dimane (y recuerdo que, durante el trayecto, mis preguntas sobre por qu\u00e9 no \u00edbamos todos en una sola caravana ordenada causaban m\u00e1s sorpresa que indignaci\u00f3n, al igual que mis peticiones de quedarnos un poco m\u00e1s en alg\u00fan monasterio). Aqu\u00ed se encuentra la residencia de verano del patriarca maronita, como un faro sobre el valle.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La parada bajo la cascada<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Por fin el grupo de los tres todoterrenos ha conseguido reunirse para lo m\u00e1s importante: la comida!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y es que, entre monasterio y monasterio, nos detenemos a la sombra de una peque\u00f1a cascada para disfrutar de un suculento almuerzo liban\u00e9s en un restaurante local.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las mesas de madera bajo los \u00e1rboles, los manteles de papel y las sillas un poco destartaladas, con el arroyo bajo nosotros acompa\u00f1ando el desfile de \u00abhummus, tabul\u00e9, fattoush\u00bb, carne a la parrilla, pan caliente y tomates, son el marco perfecto para una forma de vida \u2014la mediterr\u00e1nea y libanesa\u2014 que es un continuo entretejido entre lo sagrado y lo profano, risas y llantos, discusiones acaloradas, abrazos y sonrisas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y al final de aquel d\u00eda de agosto de 2008 me qued\u00f3, ciertamente, el desorden de un grupo ca\u00f3tico, las prisas por correr de un monasterio a otro (con mi obstinaci\u00f3n por salirme del programa), cedros milenarios y manjares de todo tipo; pero tambi\u00e9n la nostalgia de un pa\u00eds que espero poder volver a visitar pronto y al que le deseo que sea siempre, como lo defini\u00f3 el papa Francisco, un mensaje de paz, y a su pueblo, que conserve la \u201cdignidad de la fe, la nobleza de la esperanza. \u00a1Como la dignidad y la nobleza del cedro, s\u00edmbolo del pa\u00eds!\u201d.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al L\u00edbano ya le hemos dedicado varios art\u00edculos: un pa\u00eds peque\u00f1o pero con un patrimonio cultural, humano y religioso vast\u00edsimo. 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