{"id":64505,"date":"2026-09-22T06:00:00","date_gmt":"2026-09-22T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.omnesmag.com\/?p=64505"},"modified":"2026-09-19T02:16:40","modified_gmt":"2026-09-19T00:16:40","slug":"el-circo-del-malote","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.omnesmag.com\/en\/foco\/el-circo-del-malote\/","title":{"rendered":"El circo del \u00abmalote\u00bb"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">Nos han vendido durante d\u00e9cadas una caricatura perversa: el \u00abmalo\u00bb es audaz, magn\u00e9tico y seguro de s\u00ed mismo; el \u00abbueno\u00bb, una mosquita muerta, aburrida y predecible. La cultura popular y la vida escolar alimentan esta ficci\u00f3n a diario. El disruptivo r\u00ede alto, gasta bromas crueles y parece devorarse el mundo. Pero tras las bambalinas, la realidad es oscura: no presenciamos fuerza ni plenitud, sino una desesperada huida hacia adelante.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">At <em>La senda de Arist\u00f3teles<\/em>, la helenista Edith Hall rescata la observaci\u00f3n quir\u00fargica que el fil\u00f3sofo hizo de los estragos ps\u00edquicos de la inmoralidad. Rodeado en Macedonia por intrigas sanguinarias bajo Filipo II, Arist\u00f3teles no vio l\u00edderes poderosos, sino n\u00e1ufragos ps\u00edquicos. Observ\u00f3 a criminales arrastrados al suicidio porque eran incapaces de soportar la condena de su propia memoria y la soledad de su conciencia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abLos malos buscan compa\u00f1eros con quienes consumir los d\u00edas e intentan muchas cosas desagradables e intentan escapar de s\u00ed mismos, porque estando solos, se acuerdan de muchas cosas desagradables&#8230; pero cuando est\u00e1n con otros se olvidan de ellas (&#8230;) Estando llenos de arrepentimientos, no pueden penar y alegrarse al mismo tiempo\u00bb (Arist\u00f3teles, <em>Nicomachean Ethics<\/em>)<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El mal es polimorfo; el bien, sereno<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Existe una asimetr\u00eda esencial entre la virtud y la ruina moral. Le\u00f3n Tolstoi la captur\u00f3 al arrancar <em>Anna Kar\u00e9nina<\/em>: \u00abTodas las familias felices se parecen entre s\u00ed; cada familia desdichada lo es a su manera\u00bb. Beb\u00eda de la filosof\u00eda griega. Arist\u00f3teles ya hab\u00eda sentenciado que el bien es simple, pero el mal es impredecible: \u00abEl hombre bueno es siempre semejante a s\u00ed mismo; el malo y el insensato no se parecen en nada por la tarde a lo que eran por la ma\u00f1ana\u00bb.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quien act\u00faa mal vive en una monta\u00f1a rusa emocional. Disfruta de un placer ef\u00edmero durante unos minutos \u2014la carcajada cobarde, el desacato\u2014 para caer de inmediato en la descomposici\u00f3n interna. Como no toleran el silencio de su propia conciencia, necesitan multiplicar el ruido, buscar c\u00f3mplices y escalar el conflicto. Necesitan la multitud para no escucharse.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El aula como microcosmos: la ley del m\u00e1s ruidoso<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cualquier educador reconoce este patr\u00f3n. La din\u00e1mica social suele sucumbir a la ley del m\u00e1s fuerte&#8230; que casi siempre coincide con el m\u00e1s disruptivo. Se tolera su actitud o simplemente se le da por \u00abimposible\u00bb, mientras los alumnos nobles, con criterio y serenidad, son relegados al rinc\u00f3n del \u00abmuermo\u00bb. Y sin embargo, son los \u00fanicos que experimentan, aunque a veces no lo parezca, una verdadera felicidad: la paz interior de quien sabe qu\u00e9 hace y no necesita aplausos robados para dormir tranquilo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El reto pedag\u00f3gico es romper esta par\u00e1lisis. El bien es intr\u00ednsecamente difusivo. Quienes quieren aprender necesitan herramientas, respaldo institucional y convicci\u00f3n para dar un paso al frente y no ceder el liderazgo al \u00abmalote\u00bb de turno. Cuesta vencer el miedo a ser el blanco de la ira ajena, pero cuando lo dan, descubren que su vida mejora y que de su valent\u00eda brotan bienes para todos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Docentes desbordados en un sistema injusto<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un buen docente lo es, sobre todo, si sabe poner el coraz\u00f3n en su oficio. Nos duelen profundamente estas situaciones porque se sostienen sobre un sistema manifiestamente injusto. \u00a1Claro que nos importan todos los alumnos! Nos duele tanto el \u00abmalote\u00bb perdido como el injustamente llamado \u00abmuermo\u00bb. Pero el problema salpica de lleno a la esencia misma de la ense\u00f1anza.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los \u00abmalotes\u00bb y sus familias terminan devorando casi todo el tiempo y la energ\u00eda de los centros. Los docentes nos hemos visto convertidos en polic\u00edas, administrativos, fiscales y jueces: cada medida disciplinaria o protocolo se transforma en un laberinto burocr\u00e1tico donde un mero defecto de forma suspende el sentido com\u00fan, o donde acabamos se\u00f1alados ante Inspecci\u00f3n. Nos pasamos la jornada gestionando expedientes y sofocando incendios, cuando aquello para lo que realmente nos preparamos \u2014y lo que sabemos hacer\u2014 es ense\u00f1ar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es una profunda injusticia. Tenemos que hacernos violencia para ara\u00f1ar unos minutos en el horario y dedic\u00e1rselos a los alumnos que van bien, a los que estudian, se comportan y no cometen fechor\u00edas. Ellos tambi\u00e9n se merecen tiempo de calidad, entusiasmo y atenci\u00f3n del docente. No podemos permitir que el ruido de los disruptivos secuestre la educaci\u00f3n de quienes aguantan en silencio.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Forjar l\u00edderes frente a la tiran\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A esos alumnos trabajadores hay que darles las herramientas posibles para que se conviertan en aut\u00e9nticos l\u00edderes. L\u00edderes morales frente a los cuales los \u00abmalotes\u00bb ya no puedan gobernar un aula.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Debemos insuflarles las virtudes de la prudencia, la fortaleza y la templanza, que son el fundamento de la verdadera justicia. Solo as\u00ed, armados de valor y convicci\u00f3n, procurar\u00e1n atraer hacia \u00abel buen camino\u00bb a aquellos que hoy no quieren o no pueden.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El ajuste de cuentas con el tiempo<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El mayor drama de esta permisividad no es solo la distorsi\u00f3n del aula, sino el abandono del propio disruptivo. Pocas cosas resultan m\u00e1s desoladoras para un educador que recibir, a\u00f1os despu\u00e9s, la visita de antiguos alumnos convertidos en adultos amargados. Vuelven con nostalgia y remordimiento, confesando la falta que les hizo un l\u00edmite firme, una correcci\u00f3n a tiempo y una oportunidad real para ser mejores personas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es hora de desmontar el mito del \u00abchico malo\u00bb triunfador&#8230; y tambi\u00e9n la resignaci\u00f3n ante el \u00abchico imposible\u00bb. Ni el disruptivo es un h\u00e9roe rebelde, ni su actitud es un caso perdido fuera de nuestro alcance: es un preso de sus propios actos que necesita un circo constante para no mirar su reflejo. La verdadera revoluci\u00f3n en nuestras aulas consiste en dar la cara por los buenos, armar su liderazgo y recordar que la integridad no es aburrida, sino el \u00fanico camino hacia una vida serena, plena y transformadora.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nos han vendido durante d\u00e9cadas una caricatura perversa: el \u00abmalo\u00bb es audaz, magn\u00e9tico y seguro de s\u00ed mismo; el \u00abbueno\u00bb, una mosquita muerta, aburrida y predecible. La cultura popular y la vida escolar alimentan esta ficci\u00f3n a diario. El disruptivo r\u00ede alto, gasta bromas crueles y parece devorarse el mundo. 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