{"id":65397,"date":"2026-10-16T06:00:00","date_gmt":"2026-10-16T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.omnesmag.com\/?p=65397"},"modified":"2026-10-15T16:44:40","modified_gmt":"2026-10-15T14:44:40","slug":"vivir-como-inquilino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.omnesmag.com\/it\/firmas\/vivir-como-inquilino\/","title":{"rendered":"Vivir como inquilino"},"content":{"rendered":"\n
Hace dos semanas le\u00edamos en el evangelio la par\u00e1bola de los \u201cvi\u00f1adores homicidas\u201d. Es conocida por todos. Jes\u00fas nos cuenta la historia de un se\u00f1or que arrenda su vi\u00f1a a unos labradores, a los que exige como pago parte del fruto que obtienen de ella. La hemos le\u00eddo mil veces, y mil veces nos han explicado que, como dec\u00edamos en el salmo, la vi\u00f1a del Se\u00f1or es la casa de Israel, dejada a cargo de los maestros y los escribas que, en vez de retribuir con frutos de conversi\u00f3n a su Se\u00f1or, deciden constantemente maltratar a los profetas y enviados y, en \u00faltima instancia, al mismo Jes\u00fas, el Hijo \u00danico.<\/p>\n\n\n\n
Esta semana, sin embargo, ca\u00eda en la cuenta de otra cuesti\u00f3n, que, dada la situaci\u00f3n actual de nuestro pa\u00eds, me pareci\u00f3 especialmente interesante. La par\u00e1bola, seg\u00fan el texto de la Conferencia Episcopal, empieza diciendo: \u00abHab\u00eda un propietario que plant\u00f3 una vi\u00f1a, la rode\u00f3 con una cerca, cav\u00f3 en ella un lagar, construy\u00f3 una torre, la arrend\u00f3 a unos labradores y se march\u00f3 lejos\u00bb. \u00a1Qu\u00e9 atrevimiento! Una par\u00e1bola de propietarios e inquilinos, \u00a1con la que est\u00e1 cayendo! Yo, adem\u00e1s, soy sacerdote, \u00a1fig\u00farese! \u00a1como para predicar del tema! Por la situaci\u00f3n de mi parroquia y por salvaguardar mi integridad f\u00edsica prefer\u00ed predicar de otros asuntos. Sin embargo, con el paso de los d\u00edas, me ha parecido interesante volver sobre este punto.<\/p>\n\n\n\n
Evidentemente ser\u00eda demag\u00f3gico utilizar este texto del Evangelio para emitir un juicio sobre el modo concreto en que debe gestionarse el problema de la vivienda o la propiedad privada en general. Y ser\u00eda fr\u00edvolo tratar de resolver una situaci\u00f3n, dram\u00e1tica para muchas personas, en unas pocas l\u00edneas. Tampoco a m\u00ed me corresponde hacerlo. Como he dicho, soy sacerdote, no pol\u00edtico o economista (gracias a Dios). Sin embargo, s\u00ed que creo interesante parar a considerar un hecho tan real como, muchas veces, inc\u00f3modo, que la par\u00e1bola pone de manifiesto. El hombre habita una tierra que no le pertenece. El ser humano vive y trabaja\u2026 como inquilino en el mundo.<\/p>\n\n\n\n
La experiencia, m\u00e1s o menos consciente, de habitar una realidad \u201cdada\u201d, no elegida o creada por uno, sino \u201crecibida\u201d o \u201cdonada\u201d subyace a todas las tradiciones religiosas y, seg\u00fan c\u00f3mo se mire, tambi\u00e9n pol\u00edticas y jur\u00eddicas de la historia de la humanidad. No hace falta estudiar la carrera de filosof\u00eda para darse cuenta de que no nos damos la existencia a nosotros mismos ni a la realidad en la que estamos insertos. Bien podr\u00eda decirse, desde el positivismo moderno, que esto no implica necesariamente la existencia de un \u201cdador\u201d, de un Creador. Pero, aun suponiendo que todo cuanto existe, existe fruto del puro azar sin rostro, tendr\u00edamos que seguir reconociendo, sencillamente, que no hemos elegido, ni podemos hacerlo, c\u00f3mo es el mundo, el tiempo o las leyes de la f\u00edsica que han surgido de la casualidad. <\/p>\n\n\n\n
Ninguno de nosotros es propietario, poseedor de la realidad. Uno podr\u00eda querer que el agua del mar se convirtiera en cerveza, o que la explotaci\u00f3n de los recursos f\u00f3siles no tuviera ning\u00fan impacto en la biodiversidad, o que se pudiera borrar de un plumazo en los compa\u00f1eros del colegio el recuerdo de aquella situaci\u00f3n tan vergonzosa en patio del recreo siendo uno adolescente. Y no podr\u00eda hacerlo. La indisponibilidad de la realidad que nos rodea es un testimonio ineludible de que no somos \u201cpropietarios\u201d de ella.<\/p>\n\n\n\n
Habitar el mundo de este modo, desde la conciencia de que no nos pertenece, puede parecer frustrante o injusto de primeras. Al fin y al cabo, todos, en determinados momentos de nuestra vida, hemos deseado que las cosas fueran de otro modo, y no hemos podido hacer nada para cambiarlas. En ocasiones, esto es absolutamente dram\u00e1tico; \u00bfQui\u00e9n no evitar\u00eda, si pudiera, la muerte de sus seres queridos o los desastres naturales? Sin embargo, para quienes podemos hacer un juicio desde la fe, es, a la vez, bastante liberador. La realidad es bella, precisamente, porque no es nuestra. <\/p>\n\n\n\n
Uno se asombra ante las cosas porque sabe que no se las ha dado a s\u00ed mismo, e incluso delante del mal, sabe que tiene un interlocutor; sabe que hay un Propietario a quien pedir explicaciones por las goteras y las ca\u00f1er\u00edas de la casa. Habitar el mundo desde la conciencia de que es \u201cde Otro\u201d es fuente de la verdadera libertad, pues, quien mira con coraz\u00f3n sencillo, puede verlo todo con la gratitud de quien todo lo recibe. Poseer \u201ccomo si no posey\u00e9ramos\u201d, como dir\u00eda san Pablo, es fruto de la nueva mirada del cristiano, llamado a amar las cosas como dadas y no como propias, con la gratitud que brota del coraz\u00f3n de quien ha entendido el verdadero significado de la castidad cristiana.<\/p>\n\n\n\n
El mundo nos es dado, no propio. Y, sin embargo, con la misma fuerza debemos decir que no nos es \u201cajeno\u201d. Este mundo que habitamos exige tambi\u00e9n de nosotros el esfuerzo de nuestro trabajo y el ofrecimiento de la propia voluntad. Esta es la realidad del arrendatario: habitando una vi\u00f1a que no le pertenece, no puede, sin embargo, desentenderse de ella, sino que est\u00e1 llamado a \u201chacerla mejor\u201d, a favorecer que d\u00e9 fruto, a trabajarla. Esta necesidad, presente igualmente en el coraz\u00f3n humano en su deseo de justicia, de bien y de belleza, la llamada -velada para el materialista, evidente para el cristiano- a \u201ctrabajar\u201d, a \u201cdar fruto\u201d, a hacer del mundo un lugar mejor, nos une a todos en una misma condici\u00f3n humana. Evidentemente tendremos que poner nuestra raz\u00f3n en juego para encontrar el bien com\u00fan y las mejores soluciones a los problemas sociales que nos asolan.<\/p>\n\n\n\n
Evidentemente tambi\u00e9n, tendremos que decir que no todas las batallas que se libran bajo el estandarte de la justicia son, de hecho, justas. Pero esto no puede hacernos olvidar aquel principio que ya apunt\u00f3 san Agust\u00edn en su tiempo: \u201cla familia humana que no vive de la fe busca la paz terrena en los bienes y ventajas de esta vida temporal [\u2026] La ciudad celeste [\u2026] tiene tambi\u00e9n necesidad de esta paz\u201d y, por tanto \u201cdado que ella (la paz) es patrimonio com\u00fan a ambas ciudades, se mantendr\u00e1 as\u00ed la armon\u00eda mutua en lo que a esta vida mortal se refiere\u201d (cf. Civitas Dei L XVII C XVII). Ciertamente, como tambi\u00e9n dir\u00e1 san Agust\u00edn, esta armon\u00eda se rompe en el momento en que se impide para la consecuci\u00f3n de la paz terrena la adoraci\u00f3n del Dios verdadero. En ese caso el cristiano tendr\u00e1 que estar dispuesto, incluso, a padecer el martirio. Pero ni siquiera entonces deja de ser verdadero lo anterior: el coraz\u00f3n humano, por el hecho de ser creado, busca y desea naturalmente la paz, la justicia, el bien.<\/p>\n\n\n\n
Esta doble condici\u00f3n del hombre sobre la tierra; la de gozar de un mundo dado y la de tener, sin embargo, que trabajar por \u00e9l, nos une a todos, cristianos y paganos, en el presente. No pretendo ser simplista. Cada uno de nosotros tendr\u00e1 que ponerse en juego, discernir con su intelecto el bien y el mal, juzgar la realidad y tratar de llegar a las conclusiones adecuadas con los criterios que recibimos de la fe y la raz\u00f3n. Pero el juicio del cristiano surge siempre de un coraz\u00f3n agradecido que busca la paz. <\/p>\n\n\n\n
Precisamente por la situaci\u00f3n que vivimos, precisamente por c\u00f3mo est\u00e1n las cosas, con la que est\u00e1 cayendo, creo que es momento de volver a partir de lo m\u00e1s real. Y esto, lo m\u00e1s real, es que compartimos con todos los hombres una llamada a retribuir al Se\u00f1or de la vi\u00f1a con nuestras obras. Esta llamada, consciente para unos, velada para otros, se manifiesta en el deseo de justicia, de bien y de belleza, presente en todos. La historia nos reclama el compromiso con la verdad, con la verdad del mundo, la verdad del otro y la verdad de nosotros mismos. Y nuestra historia, en fin, nos reclama el compromiso con la Verdad hecha carne a quien hemos conocido, el Hijo \u00danico enviado a nuestra tierra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"
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