Gospel

¿Qué pertenece a Dios? Domingo XXIX del tiempo ordinario (A)

Vitus Ntube nos comenta las lecturas del Domingo XXIX del tiempo ordinario (A) correspondiente al día 18 de octubre de 2026.

Vitus Ntube-15 de październik de 2026-Czas czytania: 2 minuty

El Evangelio de hoy concluye con una de las declaraciones más famosas de Jesús: “Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".

Si sus interlocutores hubieran estado buscando sinceramente la verdad, su pregunta inmediata podría haber sido: “¿Qué pertenece, entonces, a Dios?”. Quizá Jesús habría respondido con otra parábola memorable, como hizo cuando le preguntaron: “¿Y quién es mi prójimo?”. Pero ellos no buscaban la verdad. El Evangelio nos presenta una alianza entre los fariseos y los herodianos, que unieron sus fuerzas para tender una trampa a Jesús. Se acercaron a él con adulación, empleando su mejor retórica. Sus palabras sobre la integridad de Jesús eran verdaderas, pero sus corazones estaban lejos de la sinceridad. La pregunta permanece: ¿qué pertenece a Dios? Podríamos responder que todo pertenece a Dios. Dios es dueño del tiempo, de la historia y de los poderes terrenales. En la primera lectura de hoy, la historia de Ciro demuestra que Dios tiene el poder suficiente para llevar a cabo su misión. En última instancia, s lo que Él desea de nosotros, somos nosotros mismos.

Jesús desenmascaró su hipocresía y les preguntó: “Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto”. Cuando le entregaron la moneda, les preguntó: “¿De quién son esta imagen y esta inscripción?”. Le respondieron: “Del César”.

La moneda llevaba la imagen del César y, por tanto, pertenecía al César. Pero, ¿dónde está grabada la imagen de Dios? La persona humana lleva la imagen y semejanza de Dios y, por tanto, pertenece legítimamente a Dios. La imagen de Dios no está acuñada en oro ni en plata, sino inscrita en el alma humana. Como escribió un autor anónimo: “La imagen de Dios no está impresa en el oro, sino en el género humano. La moneda del César es oro, la de Dios es la humanidad".

Una vez más, contemplamos la brillante sabiduría de Jesús. Al igual que hizo durante su tentación en el desierto, Jesús desmanteló por completo la trampa que le habían tendido. Ellos buscaban conocer la opinión de Jesús, y recibieron mucho más: la verdad. En Él vemos cómo la opinión puede reclamar legítimamente ser verdad. Porque pertenecemos a Dios, esa imagen divina que hay en nosotros debe ser restaurada continuamente cuando queda desfigurada por el pecado. Al reflexionar sobre la curación del paralítico narrada en los Hechos de los Apóstoles, san León Magno observó que, cuando Pedro dice “no tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo”, no entregó una moneda que llevara la imagen del emperador, sino que restauró la imagen de Cristo en aquel hombre. 

A la luz de esto, siempre he pensado en la Sagrada Eucaristía como una especie de moneda que, evidentemente, no lleva la imagen del César, sino que nos da a Cristo y restaura en nosotros su imagen. 

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