{"id":52415,"date":"2025-09-22T06:30:00","date_gmt":"2025-09-22T04:30:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.omnesmag.com\/?p=52415"},"modified":"2025-09-17T16:56:04","modified_gmt":"2025-09-17T14:56:04","slug":"examen-al-joven-sin-sentido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.omnesmag.com\/pl\/firmas\/examen-al-joven-sin-sentido\/","title":{"rendered":"Examen al joven sin sentido"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">D\u00e9jenme confesarles algo. Ver\u00e1n, yo siempre he querido ser buena persona. Ya saben, ayudar a los dem\u00e1s, cumplir con mis obligaciones, vivir comprometido con las causas m\u00e1s nobles de nuestro tiempo. Tanto lo he querido que casi me convierto en la peor de todas ellas. Basta solo un vistazo para comprobar c\u00f3mo un sentimiento de pereza y desidia ante las cosas parece haberse instalado en nuestros d\u00edas, contagi\u00e1ndonos como un virus que no deja de propagarse y cuyo diagn\u00f3stico no es otro que el de una mediocridad que se enorgullece de ser mediocre. No era este mi caso. Yo quer\u00eda sinceramente hacer de mi vida algo importante y original. A diferencia de lo que ve\u00eda a mi alrededor, no pod\u00eda conformarme con la comodidad del reba\u00f1o, sino que ansiaba recorrer mi propio camino. Sent\u00eda que estaba llamado a ser un h\u00e9roe, a hacer algo especial. Quer\u00eda cambiar el mundo para dejarlo mejor de lo que me lo hab\u00edan dado. Esas ganas de hacer el bien me consum\u00edan, llev\u00e1ndome de un frente a otro en una batalla de la que, por alguna raz\u00f3n, siempre marchaba en retirada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me esforc\u00e9 mucho para cumplir mi prop\u00f3sito, solo para darme cuenta de que detr\u00e1s de esas ganas de bondad, solo hab\u00eda eso: ganas\u2026 Me puse a analizar toda mi vida y comprend\u00ed r\u00e1pidamente que en ella no hab\u00eda nada bueno que pudiera destacar, nada de lo que estar orgulloso, sino todo lo contrario. Cierto que viaj\u00e9 mucho, pero a\u00fan m\u00e1s cierto era que sal\u00eda de los sitios tal y como hab\u00eda entrado en ellos. Le\u00ed todo cuanto pude, pero nunca para cambiar de opini\u00f3n sino para reafirmarme en mis prejuicios acerca de las cosas. Conoc\u00ed a grandes personas, pero escapaba de la exigencia que conlleva la verdadera amistad. Me enamor\u00e9 con tanta frecuencia como r\u00e1pido me cansaba del amor, pues no era el amor lo que me guiaba, sino el propio inter\u00e9s. As\u00ed, crey\u00e9ndome un h\u00e9roe, pasaba por ser el mayor de los cobardes. Por mucho que lo intentara, no consegu\u00eda materializar mis buenas intenciones en hechos y acciones palpables e indiscutibles. Cuando llegaba la hora de la verdad, sal\u00eda huyendo, de nuevo en retirada, alguna excusa llamaba a mi puerta en el \u00faltimo momento para liberarme del compromiso en el que me hab\u00eda metido y del que, en el fondo, tem\u00eda no poder salir. Una l\u00f3gica perversa me manten\u00eda ciego, mudo y sordo ante mi verdadera patolog\u00eda. Luchaba por conseguir un imposible solo para poder ignorar lo que pod\u00eda hacer realmente, andaba preocupado pero nunca ocupado, pregonaba lo que tanto rechazaba, y no dudaba en criticar la paja en el ojo ajeno, ignorando la viga en el propio. Y es que, en realidad, yo no quer\u00eda hacer <em>na stronie<\/em> bien, sino <em>m\u00f3j<\/em> bien, un peque\u00f1o detalle que nos mantiene anestesiados ante la verdadera enfermedad de nuestro tiempo: el vac\u00edo y la angustia interior.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como comprender\u00e1n, admitir algo como esto no resulta nada f\u00e1cil. Y antes que enfadarme conmigo mismo, decid\u00ed hacerlo con el mundo. Por aquel entonces, el grito de mi orgullo ahogaba la voz adormecida de mi conciencia, pensando que era cuesti\u00f3n de tiempo que la realidad acabara por amoldarse a mi parecer. La frustraci\u00f3n que sent\u00eda en mi interior no pod\u00eda ser nunca responsabilidad m\u00eda, sino de esa realidad cruel que me imped\u00eda una y otra vez alcanzar lo que por fin estaba al alcance de mi mano: la felicidad. Yo era aqu\u00ed la v\u00edctima, nadie parec\u00eda comprenderme, porque a pesar del sudor y las l\u00e1grimas donadas con cada esfuerzo por ser \u201cbueno\u201d, nada provechoso resultaba de todo aquello. Mientras m\u00e1s lo quer\u00eda, m\u00e1s lejos me sent\u00eda de alcanzar mi objetivo. Me sent\u00eda como un loco apresado en su camisa de fuerza: cuanto m\u00e1s me resist\u00eda por escapar del sinsentido y la banalidad del mundo, m\u00e1s fuertemente me apretaban sus asfixiantes correas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Qui\u00e9n me iba a decir que mi problema era ese: querer ser feliz a toda costa, poniendo mi felicidad por encima de todo lo dem\u00e1s. Sin darme cuenta, me dej\u00e9 cautivar por el mantra que nuestro mundo ha elevado a la categor\u00eda de \u00absummum bonum\u00bb. Por fin tenemos \u201cderecho a ser feliz\u201d, nada queda ya que nos impida alcanzar la tan ansiada felicidad, por fin todos nuestros problemas quedar\u00e1n resueltos. Y, sin embargo, resulta curioso comprobar c\u00f3mo un mundo que no para de hablar de la felicidad, se lamenta a la vez de su desdicha como nunca antes. La paradoja es tan evidente como escurridiza. El hombre moderno ha olvidado que todo derecho que no venga solapado como una moneda por su correspondiente deber es un fraude, que deja a la persona completamente vendida y al servicio de la autoridad correspondiente. Al C\u00e9sar solo hay que darle lo que es del C\u00e9sar, nada m\u00e1s. Ahora me doy cuenta de que lo que cre\u00eda como aut\u00e9ntica felicidad, en realidad no era m\u00e1s que esa ag\u00fcilla filtrada, tibia y sucia que se desprende de la verdadera sustancia. Tomaba por felicidad lo que eran meras excusas que justificaban mi comportamiento, para no tener que hacer nada al respecto. Hice del mundo un lugar donde protegerme del mundo. No juzgaba las cosas por c\u00f3mo eran, sino por c\u00f3mo a m\u00ed me gustar\u00eda que fueran. Era una trampa perfecta, cuyo enga\u00f1o se perfeccionaba mientras m\u00e1s convencido quedaba yo de haberla superado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es curioso c\u00f3mo el hombre es capaz de sabotearse a s\u00ed mismo sin tan siquiera darse cuenta. Justo esto es lo que le sucede con su felicidad. Recordaba C. S. Lewis que \u201csi nuestro objetivo es el cielo, la tierra se nos dar\u00e1 por a\u00f1adidura, pero si nos centramos solo en la tierra, perderemos las dos cosas\u201d. Mucho me cost\u00f3 entender que para ser feliz ten\u00eda que olvidarme de la felicidad misma. Primero ten\u00eda que gan\u00e1rmela para despu\u00e9s ponerla en riesgo una y otra vez, con el fin de conseguir aquello que es m\u00e1s grande que la felicidad misma, y con ello la felicidad m\u00e1s plena. Pero por aquel entonces, yo ten\u00eda m\u00e1s miedo a perder que ganas de ganar. Viv\u00eda una vida relajada y distra\u00edda, es cierto, pero en mi coraz\u00f3n apretaba cada vez m\u00e1s la sensaci\u00f3n de que se me iba la vida. Me puse a buscar evidencias desde donde sostener mis pobres convicciones y me tope con otro problema: todo lo que pod\u00eda comprobar por mis propios medios, me resultaba totalmente irrelevante y carente de sentido; en cambio, todo aquello que podr\u00eda dar sentido a mi vida carec\u00eda de prueba alguna a la que agarrarme y, por tanto, deb\u00eda renunciar a ello. Con el tiempo comprend\u00ed que este dilema no era m\u00e1s que la diferencia entre certeza y verdad. La primera no exige esfuerzo alguno de nuestra parte y, por ello, como todo lo gratuito, siempre nos deja insatisfechos; la Verdad, en cambio, nos pide cambiar, hasta separarnos de nosotros mismos, hasta exigirnos un \u201csalto de fe\u201d. Por eso el mundo ha renunciado a la Verdad para conformarse, nuevamente, con algo muy inferior. Sirva como ejemplo lo m\u00e1s real y esencial de nuestra existencia, aquello que nadie puede cuestionar, pero tampoco probar: el amor. Solo cuando confiamos en \u00e9l, se convierte en la cosa m\u00e1s cierta e indestructible que tenemos, tan pronto como lo intentamos confirmar, desaparece. Porque no es el conocimiento que encierra la verdad, sino el amor que se desprende de ella lo que hace que esta merezca la pena. Por eso, conocerse y entregarse son, en el fondo, la misma cosa, porque la Verdad no existe para ser conocida, sino para ser vivida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yo, en cambio, he vivido muchos a\u00f1os creyendo que para encontrar sentido a mi vida solo pod\u00eda creer en m\u00ed mismo, pagando por ello el precio m\u00e1s alto, el mismo que paga el joven moderno actualmente, un joven que lo tiene todo pero que no es absolutamente nada; un joven distra\u00eddo por lo mucho que posee en su exterior, y carcomido por la angustia de su vac\u00edo interior; un joven que pretende cobrar su fortuna vendiendo los valores m\u00e1s nobles de su juventud. Pero la felicidad no se puede comprar, pues \u00e9sta es \u00abla consecuencia de dar lo mejor de nosotros mismos por la verdad\u00bb. \u00a1Por la verdad! Cualquier otra ambici\u00f3n no es m\u00e1s que el triunfo del ego y el fracaso de la libertad real del hombre, pues quien vive para uno mismo no vive, sino que agoniza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este es el examen al que me he sometido y que ahora les propongo en este <a href=\"https:\/\/www.amazon.es\/Examen-joven-sin-sentido-Narrativa\/dp\/8410403013\">ksi\u0105\u017cka<\/a>: un examen a esas buenas intenciones carentes de bondad; un recorrido desde <em>nuestra<\/em> verdad y sus terribles consecuencias, a <em>the<\/em> Verdad y al Amor que solo de ella puede nacer; un despertar del sinsentido a la raz\u00f3n de nuestras vidas, de la raz\u00f3n al coraz\u00f3n y sus razones, de lo pasajero a lo eterno, de lo contingente a lo absoluto, de esta vida a la \u00fanica Vida. Sirvan pues todos estos errores que he ido cometiendo y que encontrar\u00e1n en estas p\u00e1ginas para darnos cuenta de que no son las buenas intenciones las que nos salvan, por muy buenas que estas sean. Con este manuscrito solo aspiro a que t\u00fa, <em>joven sin sentido<\/em>, superes la inercia de un mundo que te arrastra con \u00e9l a la deriva para que recuperes lo que es tuyo y as\u00ed, puedas llenar tu vida, finalmente, de sentido. Pero mucho me temo que nada de esto es posible sin una primera confesi\u00f3n, justo la que les traigo y que cambi\u00f3 mi vida para siempre, como bien puede cambiar la vuestra:<em> <\/em>y es que que la Verdad no sirve de nada si no soy yo quien le sirve a Ella. Pong\u00e1monos, pues, a servirla en lo que podamos. Amemos lo que nos supera para, por fin, superarnos\u2026\u00a0<\/p>\n\n\n<div class=\"omnes-block-ficha-vertical\">\n\t<div class=\"content\">\n\t\t<h2>Examen al joven sin sentido<\/h2>\n\t\t<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/51ko6HTSepL._SL1050_.jpg\" \/>\n\t\t<div class=\"v\"><strong>Autor<\/strong>: Alberto J. Castillo<\/div><div class=\"v\"><strong>Redakcja<\/strong>: Tal\u00f3n de Aquiles<\/div><div class=\"v\"><strong>Strony<\/strong>: 92<\/div><div class=\"v\"><strong>Rok<\/strong>: 2024<\/div>\t<\/div>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>D\u00e9jenme confesarles algo. Ver\u00e1n, yo siempre he querido ser buena persona. Ya saben, ayudar a los dem\u00e1s, cumplir con mis obligaciones, vivir comprometido con las causas m\u00e1s nobles de nuestro tiempo. Tanto lo he querido que casi me convierto en la peor de todas ellas. 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