La entrada El proyecto sinodal alemán: ¿reforma o ruptura? se publicó primero en Omnes.
]]>Ya el texto básico “Poder y separación de poderes en la Iglesia”, aprobado por la Asamblea Sinodal el 3 de febrero de 2022, afirmaba que las decisiones vinculantes para todas las diócesis alemanas debían debatirse y aprobarse conjuntamente por la Conferencia Episcopal Alemana (DBK) y el Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK). La creación de un órgano permanente era, por tanto, una meta declarada desde el principio.
Los impulsores de la “Conferencia sinodal” interpretan la unanimidad alcanzada en la última sesión del Comité sinodal como signo de confianza interna y de una “cultura sinodal madura”. Sin embargo, esta unanimidad oculta la oposición de cinco obispos alemanes —el cardenal Rainer Woelki (Colonia) y los obispos Gregor Maria Hanke OSB (Eichstätt), Stefan Oster SDB (Passau) y Rudolf Voderholzer (Ratisbona)— que se negaron a integrarse en un proyecto que, a su juicio, crearía un órgano situado “de facto por encima” de la Conferencia Episcopal.
La “Conferencia sinodal” aspira a pasar de la deliberación a la acción tras la asamblea de 2026. Para ello intenta conciliar expectativas romanas y aspiraciones reformistas, pero deja abiertas cuestiones decisivas: las competencias reales de la Conferencia sinodal, la naturaleza vinculante de sus decisiones y los criterios de participación. Sin un nihil obstat romano, su legitimidad quedaría gravemente comprometida.
Los estatutos prevén una estructura paritaria y estable, con autonomía financiera y capacidad para fijar su agenda, evaluarse a sí misma y adoptar decisiones de forma colegiada. Aunque se afirma formalmente la autoridad del obispo diocesano, el sistema propuesto se asemeja a un modelo cuasi-parlamentario que, en la práctica, vincula a los obispos a decisiones tomadas colectivamente. Esto contradice el reciente documento final del Sínodo Mundial, que distingue con claridad entre deliberación (para todo el Pueblo de Dios) y decisión (competencia propia de los obispos).
La insistencia en la unanimidad adquiere aquí un matiz problemático. Presentada casi como un signo del Espíritu, corre el riesgo de convertirse en una presión moral contra quienes mantienen reservas. La sinodalidad queda reducida a una experiencia emocional de cohesión interna, más que a un discernimiento en fidelidad a la Iglesia universal. La confianza grupal se equipara a legitimidad espiritual, pasando por alto las advertencias romanas.
El riesgo es claro: que el nuevo órgano interprete su unidad interna como confirmación, generando una preocupante inmunidad frente a la crítica. Roma ha insistido en que no puede crearse una instancia nacional con competencias no previstas por el derecho canónico, pero los estatutos avanzan precisamente en esa dirección, aunque bajo otro nombre. La afirmación de que “Roma estuvo estrechamente implicada” en la redacción parece más un intento de presión que un reflejo del proceso real.
Cinco años de Camino Sinodal han mostrado que, con frecuencia, las mayorías imponen su agenda sin integrar adecuadamente los argumentos de las minorías. En este contexto, más determinantes que los estatutos serán los futuros reglamentos internos y electorales del nuevo órgano —normas que no requieren aprobación romana y que orientarán de facto su rumbo—.
El canonista Heribert Hallermann advierte que los estatutos contienen ambigüedades deliberadas. Aunque se suavizó la fórmula “deliberar y decidir conjuntamente”, el artículo 2 sigue vinculando ambos conceptos de un modo incompatible con el Sínodo Mundial. Además, permitir que la propia Conferencia sinodal determine sus temas y evalúe su funcionamiento abre la puerta a prácticas irregulares que podrían consolidarse con el tiempo. Hallermann recuerda que la entrada en vigor de los estatutos requiere recognitio de la Santa Sede, algo ignorado en el texto aprobado. Considera improbable que Roma dé su aprobación, pues supondría avalar un órgano de gobierno nacional no previsto por el derecho canónico.
En última instancia —señala Hallermann— cada obispo deberá discernir seriamente las implicaciones doctrinales y canónicas antes de aprobar los estatutos, pues su deber es custodiar la unidad y la legalidad de la Iglesia, incluso ante presiones internas.
La iniciativa de laicos “Nuevo Comienzo” (“Neuer Anfang”), crítica con el proceso sinodal alemán desde el principio, ha publicado una declaración en doce puntos en la que pide al Papa y a las autoridades romanas que rechacen los estatutos por considerarlos contrarios a la doctrina, la constitución y el derecho de la Iglesia. Señalan que ya existe cooperación institucional entre la Conferencia Episcopal Alemana y el Comité Central de los Católicos Alemanes, y advierten del riesgo de una “sobreestructuración” eclesial. Lo necesario, afirman, no son nuevos organismos, sino pequeños círculos vivos, iniciativas diaconales, misioneras y grupos de oración.
Asimismo, critican la paridad entre obispos, ZdK y “otros creyentes”, que verían como una peligrosa “parlamentarización” del gobierno eclesial, susceptible de ser captada por lobbies e ideologías y de oscurecer el Evangelio, en contra de las advertencias del Vaticano y del Papa Francisco. Además, acusan al proyecto de instrumentalizar los abusos sexuales mediante el concepto de “culpa sistémica” para promover una agenda de reformas, ocultando responsabilidades personales.
La entrada El proyecto sinodal alemán: ¿reforma o ruptura? se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Descubrimientos arqueológicos revelan datos sobre el Santo Sepulcro se publicó primero en Omnes.
]]>El descubrimiento corrobora los relatos evangélicos sobre un jardín en el lugar de la crucifixión y el entierro de Jesús: «Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía» (Jn 19, 41).
El equipo investigador también encontró una base circular de mármol debajo del edículo; es decir, el santuario que rodea la tumba. Esta podría haber pertenecido a la iglesia original de Constantino, que atestiguan fuentes antiguas de los siglos V y VI; las investigaciones científicas han proporcionado ahora pruebas tangibles de esta hipótesis. Además, se identificaron en muestras de suelo polen y restos de raíces de olivos y vides de más de 2000 años de antigüedad.
La historia del terreno en el que se erige la iglesia del Santo Sepulcro se remonta a tiempos lejanos. Los hallazgos en las muestras de suelo, que datan de la época precristiana, indican que la zona pasó de ser una cantera, a más tardar en el siglo I a. C., a un terreno agrícola, antes de convertirse finalmente en un lugar de enterramiento. En particular, los restos de olivos y vides de aproximadamente dos mil años de antigüedad coinciden con los relatos del Evangelio de san Juan. El propietario del jardín probablemente pertenecía a la clase alta, lo que sugiere que la tumba de Jesús se encontraba en un entorno acomodado.
Además de olivos y viñas, los científicos descubrieron restos de higueras, plantas cultivadas típicas de la región desde hace milenios. Por esto, en el entorno de la tumba de Jesús habrá que imaginarse un lugar verde.
La excavación comenzó en 2022 como parte de un proyecto de restauración, constituyendo la primera renovación integral de la iglesia desde el siglo XIX. Los trabajos tuvieron que ser aprobados por las tres principales administraciones de la iglesia: el Patriarcado Ortodoxo Griego, la Custodia Romana de Tierra Santa y el Patriarcado Armenio. También se requirió una licencia de la Autoridad de Antigüedades de Israel. «Durante las obras de renovación, las comunidades religiosas también permitieron excavaciones arqueológicas bajo el suelo», explica Stasolla. Este lugar no sólo es uno de los más sagrados del cristianismo, sino que también tiene un gran valor histórico y simbólico.
Tras la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C., el emperador Adriano ordenó la reconstrucción de la ciudad, que incluía el área del Gólgota. Para frenar el creciente culto cristiano, mandó construir allí un templo dedicado a Venus. Paradójicamente, este intento de erradicación tuvo el efecto contrario: los cristianos conservaron la memoria del lugar sagrado en su tradición. Cuando el emperador Constantino elevó el cristianismo a religión preferente del Imperio Romano en el siglo IV, inició excavaciones a gran escala para descubrir el sepulcro de Jesús.
Según la tradición, la madre de Constantino, la emperatriz Helena, viajó personalmente a Jerusalén para identificar el lugar. Tras la demolición del templo de Venus, se construyó allí, por orden de Constantino, una iglesia monumental, precursora de la actual iglesia del Santo Sepulcro.
La historia del edificio está marcada por la destrucción y la reconstrucción. Se llevaron a cabo importantes remodelaciones, especialmente durante las Cruzadas. Durante siglos, una enorme losa cubierta de graffiti de peregrinos permaneció inadvertida en una pared de la iglesia. Un examen detallado reveló que se trataba de la parte posterior de un altar del siglo XII de elaborada factura.
Fuentes históricas indican que los cruzados, durante su dominio de Jerusalén (1099-1187), realizaron una magnífica decoración para la iglesia. Sin embargo, tras un devastador incendio en 1808, el altar se dio por destruido. Ahora se ha descubierto que estuvo oculto en la iglesia durante todo este tiempo. Este hallazgo proporciona valiosa información sobre el diseño medieval de la iglesia del Santo Sepulcro y la vida religiosa de los cruzados. Los expertos están trabajando actualmente para reconstruir la ubicación original del altar en la iglesia.
Cabe destacar el descubrimiento de una cámara subterránea hasta ahora inaccesible. Antiguos relatos de peregrinos mencionan una cavidad bajo la iglesia, y ahora los investigadores confirman la existencia de una estructura inexplorada. Su naturaleza exacta —cueva natural, tumba antigua o arquitectura paleocristiana— sigue sin estar clara por el momento.
«La tecnología moderna permite obtener una visión sin precedentes de la historia de la iglesia», explica Francesca Romana Stasolla. Además de la arqueología clásica, se utilizan métodos de vanguardia. Los escáneres 3D y los análisis de radar de alta resolución del suelo permiten ver estructuras ocultas sin necesidad de excavaciones físicas. «Cada descubrimiento nos acerca a la verdad, aunque algunas preguntas seguirán sin respuesta», resume la directora de la excavación. La fase final de la excavación se reanudará este año, pero la documentación y publicación de los hallazgos probablemente llevará años.
Durante siglos, peregrinos de todo el mundo han acudido a la iglesia del Santo Sepulcro para rezar. Stasolla evita pronunciarse sobre la autenticidad de la tumba de Jesús. Según los conocimientos actuales, no se puede demostrar científicamente. Sin embargo, subraya: «La fe milenaria en la santidad de este lugar ha permitido su existencia y desarrollo». Y añade: «Independientemente de la creencia personal en la historicidad del Sagrado Sepulcro, la fe intergeneracional en ella sigue siendo un hecho objetivo». Su historia es «la historia de Jerusalén».
La entrada Descubrimientos arqueológicos revelan datos sobre el Santo Sepulcro se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Crisis de fe en Alemania: la Iglesia pierde millones de fieles se publicó primero en Omnes.
]]>De acuerdo con el informe conjunto de la Conferencia Episcopal Alemana (DBK) y el Consejo de la EKD, en la Iglesia católica el número de fieles ha descendido a aproximadamente 19,8 millones, representando el 23,7 % de la población total. Por su parte, la EKD registra 17,98 millones de miembros, constituyendo el 21,6% de los 83,6 millones de habitantes de Alemania. Los demás grupos religiosos, incluyendo ortodoxos, evangélicos independientes de la EKD e Islam, suman un 10,9 %. Esta distribución implica que el 43,8 % de la población alemana no profesa oficialmente ninguna religión, evidenciando el avance inexorable de la secularización y el declive de la religiosidad institucional.
La crisis no solo se refleja en las cifras de afiliación, sino también en la participación sacramental. Durante 2024, la Iglesia Católica registró aproximadamente 116.000 bautizos, una reducción significativa respecto a los 131.000 del año anterior. Las iglesias protestantes regionales reportaron cerca de 110.000 bautizos. El contraste es aún más dramático al comparar con las cifras de hace dos décadas: en 2003, la Iglesia católica celebró 206.000 bautizos y las protestantes 227.500. La asistencia regular a Misa también ha experimentado un declive pronunciado, pasando del 15,2 % de los católicos en 2003 al 6,6 % en 2024.
Un indicador particularmente preocupante es la drástica disminución de vocaciones sacerdotales. En 2024, únicamente 29 hombres fueron ordenados sacerdotes católicos en todo el territorio alemán, lo que evidencia una severa crisis en el relevo generacional del clero.
Diversos teólogos y líderes religiosos han analizado profundamente esta crisis eclesiástica en Alemania. Georg Bätzing, obispo de Limburgo y presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, ha caracterizado la situación como “alarmante” y ha abogado por reformas para recuperar la confianza social. Bätzing sostiene que, si bien las reformas por sí solas no resolverán la crisis, su ausencia solo agravará la situación. Enfatiza la importancia de fortalecer la presencia eclesial en ámbitos sociales y educativos para mantener su relevancia.
Kirsten Fehrs, presidenta del Consejo de la EKD, reconoce que aunque la pertenencia eclesiástica ya no es una constante social, mantiene su importancia vital como fuente de apoyo espiritual y asistencia durante períodos críticos. Destaca la necesidad de que la Iglesia se constituya en un espacio de encuentro que promueva el diálogo y fortalezca la cohesión social.
Por su parte, el profesor Jan Loffeld, sacerdote de la diócesis de Münster y profesor de Teología Católica en Tilburg (Países Bajos), considera que la tendencia a la secularización es irreversible, anticipando que la Iglesia se convertirá progresivamente en una minoría más reducida. En su análisis, Loffeld señala que el Concilio Vaticano II promovió la idea de una Iglesia “en el mundo” y no “contra el mundo”, pero en un contexto social sustancialmente diferente al actual. Considera que, hoy en día, la evangelización y las reformas estructurales no parecen ser suficientes para revertir la crisis.
Gregor Maria Hoff, catedrático de Teología Fundamental y Teología Ecuménica en Salzburgo, coincide en que la sociedad contemporánea ha perdido interés por las cuestiones religiosas tradicionales. Propone que la Iglesia debe identificar ”nuevas zonas de contacto” en espacios donde pueda mantener su relevancia, como instituciones educativas y ámbitos sociales, en lugar de aislarse en posiciones dogmáticas que no generan interés entre la población.
Thorsten Latzel, presidente de la Iglesia Evangélica de Renania, contextualiza el declive religioso dentro de un proceso más amplio de desinstitucionalización que afecta también a organizaciones políticas y sindicales. Esta perspectiva sugiere que la pérdida de influencia eclesiástica refleja una transformación cultural más profunda en la relación entre individuos e instituciones tradicionales.
El sociólogo Detlef Pollack ha identificado un aumento en las actitudes antirreligiosas en la sociedad alemana durante el último quinquenio. Observa una disminución en la valoración de las festividades religiosas, aunque destaca que los practicantes activos continúan apreciando la Iglesia como espacio de comunidad y respeto. Sin embargo, la desconexión de la mayoría con la vida eclesiástica refuerza prejuicios y complica los esfuerzos de acercamiento.
La disminución en la afiliación tanto católica como protestante en Alemania evidencia un proceso de secularización que se ha desarrollado durante décadas. Los elevados números de abandono y la escasez de vocaciones sacerdotales revelan una crisis estructural de difícil solución. Mientras algunos líderes eclesiásticos proponen reformas y renovación evangelizadora, los expertos sugieren que estas medidas podrían resultar insuficientes para contrarrestar la tendencia decreciente.
Una encuesta realizada por el diario “Aachener Zeitung” entre sus lectores, en la tradicionalmente católica región de Aquisgrán, ilustra la pérdida de influencia eclesiástica. Ante la afirmación “Es triste ver que cada vez más personas abandonan la Iglesia”, solo el 25 % expresó acuerdo, mientras el 69 % manifestó su desacuerdo (6 % ns/nc). Aunque no estadísticamente representativa, la encuesta refleja el clima social actual.
Frente a esta realidad, la Iglesia deberá redefinir su papel en la sociedad alemana. Hace más de medio siglo, el entonces profesor Joseph Ratzinger advertía en “Introducción al cristianismo” (1968) que la Iglesia se convertiría en una minoría y perdería muchos de sus privilegios. Ya como Papa Benedicto XVI, reiteró en numerosas ocasiones la necesidad de que los creyentes se concibieran como una “minoría creativa”, capaz de preservar las bases espirituales de Europa. La cuestión clave es cómo esa “minoría creativa” puede seguir siendo fermento en un mundo que, cada vez más, parece prescindir de la religión.
La entrada Crisis de fe en Alemania: la Iglesia pierde millones de fieles se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada La Conferencia episcopal alemana insiste en su “Comité sinodal” se publicó primero en Omnes.
]]>El Vaticano ha manifestado repetidamente su oposición a la creación de un organismo compuesto por obispos, sacerdotes y laicos que pudiera tomar decisiones sobre la elección de obispos y evaluar sus actividades. El 16 de enero de 2023, el Cardenal Secretario de Estado y los cardenales prefectos de los dicasterios para la Doctrina de la Fe y para los Obispos, con la “aprobación específica” del Papa Francisco, informaron al presidente de la DBK que “ni el Camino Sinodal, ni un organismo designado por él, ni una conferencia episcopal nacional” están autorizados a establecer tal entidad, ya que constituiría “una nueva estructura de gobierno de la Iglesia en Alemania, que (…) parece situarse por encima de la autoridad de la Conferencia Episcopal y sustituirla de facto”.
El Camino sinodal intentó eludir esta prohibición no creando directamente el Consejo sinodal, sino un Comité sinodal, cuya finalidad es preparar la creación de dicho Consejo sinodal. En una carta fechada el 10 de noviembre de 2023, el Papa Francisco expresó su preocupación por “la constitución del Comité sinodal”, advirtiendo que su objetivo de establecer un órgano consultivo y decisorio no puede armonizarse con la estructura sacramental de la Iglesia católica, por lo que su creación fue rechazada por la Santa Sede en la comunicación del 16 de enero de 2023, “que aprobé de forma específica”.
En marzo de 2024, una delegación de obispos alemanes se reunió con seis representantes de dicasterios vaticanos, entre ellos el Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin. Según la agencia católica de noticias KNA, los obispos alemanes “se han comprometido de facto a no crear nuevas estructuras de dirección para la Iglesia católica en Alemania en contra de la voluntad de Roma”.
Sin embargo, en junio de 2024, el presidente de la DBK, Mons. Georg Bätzing, sorprendió al afirmar que “el Comité sinodal tiene el visto bueno del cardenal secretario de Estado y de los cardenales participantes, y podemos avanzar con el estatuto que hemos elaborado. ¿Qué más se puede pedir?”.
Durante la Asamblea de Steinfeld, Mons. Bätzing declaró: “Queremos consolidar el camino sinodal, la sinodalidad en toda Alemania”. Al abordar la postura de los cuatro obispos –Gregor Maria Hanke (Eichstätt), Stefan Oster (Passau), Rudolf Voderholzer (Ratisbona) y el cardenal Rainer Maria Woelki (Colonia)– que han rechazado participar en este Comité Sinodal, afirmó que “si existe un órgano nacional que cuenta con el beneplácito de Roma y se alinea con el Sínodo Mundial, será difícil justificar la no participación”. Además mencionó que están previstas más conversaciones entre el Vaticano y una delegación alemana.
La Asamblea de primavera abordó diversos temas, incluido el de la investigación de abusos sexuales. Según se informó, ya se han pagado más de 57 millones de euros a las víctimas de violencia sexual. Aunque los obispos reconocen que los daños psicológicos no pueden compensarse económicamente, consideran que el proceso de investigación e indemnización es “la única posibilidad”.
No obstante, en la rueda de prensa al concluir la Asamblea, predominaron las cuestiones políticas. Tras reconocer que, “como Iglesia católica, no somos un partido político”, Bätzing afirmó que “el Evangelio nos confiere un claro mandato político, fundamentado en nuestra visión del ser humano y de Dios”. Antes de las elecciones generales del 23 de febrero, una comunicación conjunta de “la Iglesia católica y evangélica” generó críticas; por ejemplo, la antigua presidenta de la CDU, Annegret Kramp-Karrenbauer, decidió suspender su colaboración en el Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK) y el líder de la CSU, Markus Söder, instó a las iglesias a adoptar una postura más moderada en cuestiones políticas.
Hace un año, en febrero de 2024, la DBK publicó un texto oficial donde condenaba al partido AfD (Alternativa para Alemania) por su inclinación hacia el “nacionalismo étnico”, afirmando que los “partidos de extrema derecha” no pueden ser “un lugar de actividad política para los cristianos ni ser elegibles”.
Ahora, tras el éxito de la AfD, también en círculos católicos –se estima que el 18 % de los católicos votó por este partido–, Bätzing admitió errores, reconociendo que no se habían “tomado en serio” las preocupaciones de muchas personas. Aunque subrayó que no hay nada en común entre el partido AfD y la Iglesia, afirmó que ésta debe dialogar con los votantes del partido para comprender sus motivaciones y promover sus propias posturas.
Pero, por otro lado, Bätzing advirtió que se han terminado los tiempos en los que “se podía afirmar que los descontentos votaban por el AfD y que había que diferenciar entre el partido y sus votantes”, pues quien “votó al AfD en las elecciones al Bundestag sabía lo que apoyaba y no debe contar con nuestra solidaridad”.
En este contexto, llama la atención que Bätzing habla de “fuerzas democráticas”, excluyendo al AfD, pero aparentemente no a partidos de extrema izquierda como Die Linke (“La Izquierda”), herederos del partido socialista-comunista manifiestamente ateo que dominó la RDA, o a Los Verdes, cuya ideología, que incluye la defensa del aborto libre y la ideología de género, se distancia del pensamiento cristiano.
El presidente de la DBK también se refirió a Ucrania, a Putin y al nuevo gobierno de Estados Unidos: “Si el agresor logra sus objetivos, aunque sea parcialmente, no se conseguirá una paz duradera, sino que se pondrá en peligro a toda Europa”. Considera la estrategia del gobierno estadounidense “simplemente irresponsable, intentar ahora un acercamiento a Putin, ejercer presión, incluso llegar a medidas de chantaje”, ya que esto podría llevar a que Ucrania “se rinda ante el agresor, lo cual sería un escándalo”. Expresó su deseo de paz, “pero no a un precio impuesto a Ucrania”.
Además, Mons. Bätzing también habló de otro de los “temas candentes”: la participación de la mujer en la Iglesia. Aunque un tercio de los puestos directivos ya están ocupados por mujeres, hizo una advertencia: “No crean que la cuestión de la admisión de mujeres a oficios sacramentales se calmará porque ocupen cada vez más puestos de liderazgo en la Iglesia, sino que ocurrirá lo contrario. Habrá más presión”.Y, entre todos estos temas, ¿dónde queda la llamada a la evangelización, que el Papa Francisco ha reclamado, por ejemplo, en su “Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Alemania” (29 de junio de 2019), cuando subrayó la necesidad de la oración, la penitencia y la adoración?
A la pregunta sobre cómo los obispos responderían a este llamamiento, Bätzing aseguró que no había ningún tema en la agenda de la asamblea que estuviera “relacionado con el Evangelio…, la evangelización está en todas partes”. Afirmó que la cuestión de cómo “integrar el maravilloso atractivo del Evangelio de Jesucristo en las inquietudes de las personas y, como Iglesia, abrir caminos y establecer diálogos” es el “hilo conductor” de todas las Asambleas episcopales.
La entrada La Conferencia episcopal alemana insiste en su “Comité sinodal” se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada La práctica religiosa en Auschwitz: la fe que las cámaras de gas no pudieron matar se publicó primero en Omnes.
]]>Del total de más de 5,6 millones de víctimas del Holocausto, un millón de judíos perdieron la vida en este lugar. El campo fue liberado por las tropas del Ejército Rojo el 27 de enero de 1945.
Sin embargo, en Auschwitz no solo fueron recluidos judíos, sino también gitanos, homosexuales y polacos, muchos de ellos intelectuales, incluidos numerosos clérigos. Entre 1940 y 1945, al menos 464 sacerdotes, seminaristas y religiosos, así como 35 religiosas, fueron deportados a Auschwitz desde Polonia y otros países de Europa ocupada: Francia, Chequia, Austria, Países Bajos y Alemania. La mayoría de ellos perdió la vida en Auschwitz y en otros campos a los que fueron trasladados posteriormente.
En septiembre de 1940, tras la intervención del Nuncio Apostólico en Berlín, Monseñor Cesare Orsenigo, ante el gobierno nacionalsocialista, se produjo una cierta concentración de clérigos en el campo de Dachau.
De los 2.720 clérigos internados, 1.780 eran polacos, y 868 de ellos perecieron en el campo. Esto no significa que dejaran de enviarse clérigos a Auschwitz; las deportaciones continuaron en los años posteriores, como lo confirman los relatos de los internos y los documentos conservados.
En los campos de concentración, bajo la dirección de las SS —una organización particularmente anticristiana dentro del régimen pagano del nazismo—, estaba terminantemente prohibida cualquier actividad religiosa, y la posesión de objetos de culto era castigada con extrema severidad. Sin embargo, estas prohibiciones no lograron impedir la celebración de actos de culto ni la administración de sacramentos; la página web oficial del “Museo Auschwitz-Birkenau” documenta numerosos testimonios al respecto, respaldados por sus correspondientes fuentes.
Es un hecho documentado que, especialmente en Dachau, donde se concentraba un número considerable de sacerdotes en la denominada “barraca de los curas 25487”, se celebraron misas clandestinas. Para estas celebraciones, se utilizaban hostias y vino sacramental que eran introducidos secretamente por trabajadores civiles. En este campo, incluso tuvo lugar la ordenación sacerdotal de Karl Leisner, el 17 de diciembre de 1944.
En los campos de concentración también se realizaron confesiones con frecuencia. Los reclusos recordaban el profundo alivio y consuelo que experimentaban tras confesarse, aunque debían hacerlo de forma discreta. Karol Świętorzecki, prisionero número 5360, describió su confesión en Auschwitz: “A finales del otoño de 1940, me confesé ante un sacerdote después de ser trasladado al bloque nº 2. Más tarde me enteré de que en el bloque vecino, el nº 3, había un sacerdote jesuita. Lo encontré y le pedí que me confesara, lo cual ocurrió tras la lista de la tarde, junto a la pared del bloque nº 3. El sacerdote me preguntó si podía comunicar algo a su superior en el monasterio jesuita de Varsovia, en caso de que me liberaran del campo. Cumplí su petición”.
Cuando los sacerdotes fueron trasladados de Auschwitz a Dachau, “las despedidas y confesiones no tenían fin”, según el testimonio del padre jesuita Adam Kozłowiecki. Otro recluso, Władysław Lewkowicz, relata haberse confesado con el padre Maximiliano Kolbe. Además de impartir confesiones, los sacerdotes distribuían la comunión entre los reclusos que lo solicitaban. En algunas ocasiones, las SS descubrieron estas prácticas, y el castigo consistía en 25 latigazos, como testificó Paweł Brożek.
En Auschwitz, también fueron bautizados niños nacidos en el campo, ya que algunas de las mujeres llegaron embarazadas. Estas criaturas apenas tenían posibilidades de sobrevivir. En tales circunstancias, las comadronas del campo bautizaban a los recién nacidos con el permiso de sus madres.
Maria Slisz-Oyrzyńska, prisionera número 40275, relata uno de estos bautizos: “En la noche del 5 al 6 de diciembre de 1943, nació el primer niño en nuestro bloque 17. La madre era una mujer polaca de Sosnowiec. Dio a luz a un niño, y el parto fue asistido por Stanisława Leszczyńska, una comadrona de Łódź. Cuando nació el niño, me dijo: ‘y ahora vamos a bautizarlo’. Yo fui su madrina, el primer ahijado de mi vida; la madre quería que se le bautizara con el nombre de Adam. Pronunciando las palabras adecuadas, Stanisława Leszczyńska bautizó al pequeño Adam”. Otro testimonio recuerda que, cuando se acercaba el frente, la señora Leszczyńska “de repente vino corriendo y dijo que tenía que le llevaran a todos los niños que aún no habían sido bautizados, para bautizarlos”.
En Auschwitz, sorprendentemente, también se celebró algún matrimonio. Anna Kowalczykowa recuerda una celebración de este sacramento: “Al salir del ‘hospital’, todavía estaba débil. Sin embargo, volví a mi trabajo en la cocina. Recuerdo que un día la capo Zofia Hubert irrumpió en la cocina y dijo: ‘venid: Irka Bereziuk… se va a casar’. Salimos. Irka estaba de pie junto a la valla que separaba el campo de los hombres del de las mujeres, y del otro lado estaban Mietek Pronobis y otro preso, que era un cura. Irka y Mietek estaban cogidos de la mano a través de la alambrada, y el preso que estaba junto a Mietek los estaba bendiciendo”.
Además de los sacramentos administrados, en Auschwitz se formaron grupos dedicados a la oración comunitaria. Sylwia Gross testimonia: “En mayo de 1944, organicé las devociones de mayo en alabanza a la Santísima Virgen María en mi bloque hospitalario. Una de las convalecientes dibujó una figura de la Virgen María en cartulina blanca y yo le coloqué sobre la cabeza una corona de rosas blancas que hice con papel de seda. Dispuse mi rosario en forma de corazón cerca de ese cuadro. Junto a esta capilla provisional, cantamos las canciones de mayo”.
Maria Slisz-Oyrzyńska también dejó constancia de las oraciones colectivas de las reclusas en el rosario, las frecuentes plegarias por los moribundos y una cruz que poseía una de las reclusas: “Cuando llegaba octubre, rezábamos el rosario por las tardes. Cuando una mujer polaca se moría, rezábamos la oración por los moribundos. Una noche, en noviembre de 1943, había una monja polaca agonizando en una de las literas; no sé por qué milagro poseía una cruz, que sostenía en la mano. Conscientemente rezaba con nosotros la oración por los moribundos. Admiré su valentía y paz en ese momento. Había una mujer yugoslava agonizando en la litera de al lado y a su alrededor también había mujeres yugoslavas de pie rezando en su idioma.
Algunos clérigos de las parroquias cercanas a Auschwitz se comprometieron activamente en la atención a los internados. Aunque el comandante, Rudolf Höss, rechazó la petición del obispo de Cracovia, el cardenal Adam Sapieha, para celebrar una misa en Navidad, argumentando que violaba el reglamento del campo, el sacerdote Władysław Grohs, detenido por actividades clandestinas y encarcelado en Auschwitz, destacaba el gran compromiso del clero de las parroquias de Auschwitz y las cercanas en asistir a los internos, proporcionándoles alimentos, vasos litúrgicos y las especies necesarias para celebrar misa. Para coordinar estas actividades, se estableció un Comité clandestino de Ayuda a los Presos Políticos del Campo de Auschwitz, presidido honorariamente por el canónigo Jan Skarbek, quien extendió su labor a otras parroquias, motivando al clero y a los feligreses a ofrecer su ayuda.
La entrada La práctica religiosa en Auschwitz: la fe que las cámaras de gas no pudieron matar se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada ¿Es la Virgen María palestina? se publicó primero en Omnes.
]]>Los críticos acusan a los realizadores de ignorar la “identidad palestina” de los padres de Jesús. Lo consideran especialmente indignante en el contexto de la ofensiva de las fuerzas israelíes en la Franja de Gaza, iniciada sin embargo tras la matanza de 1.200 personas y el secuestro de 251 rehenes por terroristas de Hamás.
“Es profundamente ofensivo que una actriz israelí interprete a María, la madre de Jesús, mientras Israel está cometiendo un genocidio contra los palestinos, matando a algunas de las comunidades cristianas más antiguas del mundo y destruyendo sus monumentos culturales”, se lee en un post. “Netflix pensó que sería una buena idea elegir a una [israelí] para representar a la Madre María mientras bombardean la patria de Jesús y todas las iglesias”, critica otro usuario. Otro comentario es aún más duro: “Una película sobre una mujer palestina interpretada por actores del Estado colono que actualmente comete asesinatos en masa de mujeres palestinas. Qué audacia más repugnante”. Israel rechaza firmemente todas las acusaciones de genocidio.
Pero, ¿es cierto que María y José eran palestinos? La invocación “Reina de Palestina”, por ejemplo, puede contribuir a cierta confusión: la Orden del Santo Sepulcro celebra la fiesta de “Nuestra Señora, Reina de Palestina” el 25 de octubre, como se señala en el calendario litúrgico del Patriarcado Latino. María fue mencionada por primera vez con este título por el Patriarca Luigi Barlassina (1920-1947) con ocasión de su entrada solemne en la iglesia del Santo Sepulcro y de la consagración de la diócesis a María, el 15 de julio de 1920.
Sin embargo, el nombre “Palestina” no aparece en los Evangelios. Se hace referencia a Herodes como el “rey de Judea” (Lucas 1:5). Belén se encuentra en territorio “de Judea”: “También José partió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, hacia la tierra de Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, porque era de la casa y linaje de David” (Lucas 2:4). Pilato hizo colocar en la cruz, en hebreo, griego y latín, la inscripción “I.N.R.I.”: Jesús como “Rex Judaeorum” (Rey de los Judíos).
La tierra “entre el río y el mar” que hoy reclaman los palestinos, la zona al oeste del río Jordán, era conocida como la “Tierra de Canaán” antes de que inmigrasen los israelitas. Además, los pueblos que vivían allí no formaban una unidad política, sino que estaban organizados en ciudades-estado que actuaban de forma independiente. Tras la conquista de la tierra por Josué, pasó a llamarse “Tierra de Israel”, nombre que también se utiliza en el Nuevo Testamento, aunque en aquella época era una provincia del Imperio Romano.
Tanto si la denominación “Palestina” procede de los “filisteos” –como escribe Flavio Josefo–, como si Heródoto (fallecido hacia el 425 a.C.) utilizara el término, este nombre no se conocía o no era de uso común en la época romano-bíblica; es decir, en vida de María y José. Tras la muerte de Herodes “el Grande” en el año 4 a.C., su reino fue dividido. En tiempos de Jesús, la región era una provincia romana llamada Judea, administrada por un funcionario del gobierno, entre ellos Poncio Pilato.
Sólo después de la revuelta judía de Bar Kochba en 132-135 d.C. bajo Adriano, cuando el pueblo filisteo ya había desaparecido, el emperador cambió el nombre de “Judea” por el de “Palestina” (en realidad “Siria Palestina”), como muestra de su política antijudía para asimilar a los judíos al Imperio Romano. Sin embargo, desde la época romana, el nombre ya no tiene ningún significado político. No existe una nación histórica con este nombre. Durante siglos, “Palestina” se utilizó como un término geográfico sin fronteras claras. También se la denominaba “Surya al-Janubiyya” (Siria meridional) porque formaba parte de la Siria geográfica, como explica el erudito palestino Muhammad Y. Muslih en “The Origins of Palestinian Nationalism”. Hasta la Primera Guerra Mundial, la zona pertenecía al Imperio Otomano y estaba dividida en varias provincias y gobernaciones. Nunca formó una unidad administrativa.
El director de la película “María”, D.J. Caruso, no comentó directamente el debate, pero se mostró pragmático, declarando a Entertainment Weekly: “Para nosotros era importante que María, al igual que la mayoría de nuestros actores principales, fuera elegida entre actores de Israel para garantizar la autenticidad”.
Esta es una traducción de un artículo que apareció por primera vez en el sitio web Die-Tagespost. Para ver el artículo original en alemán, consulte aquí . Se vuelve a publicar en Omnes con permiso.
La entrada ¿Es la Virgen María palestina? se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Pío XII y el nacionalsocialismo se publicó primero en Omnes.
]]>Durante su vida y en el momento de su fallecimiento, el 9 de octubre de 1958, Pío XII gozaba de un prestigio internacional incuestionable, reflejado en hechos como su aparición en la portada de Time con la cita “The work of Justice is Peace”. En Alemania se le dedicaron calles y avenidas, mientras que la primera ministra israelí Golda Meir lo describió como “un gran amigo del pueblo de Israel”.
El rabino jefe de Roma, Israel Zolli, quien posteriormente se convirtió al catolicismo adoptando el nombre de Eugenio en honor al Papa, defendió esta postura: “Ningún héroe de la historia ha comandado un ejército tan combativo como el que Pío XII movilizó contra Hitler. Dirigió una batalla incruenta pero implacable”. El Gran Rabino de Jerusalén, Isaac Herzog, expresó en 1944: “El pueblo de Israel nunca olvidará lo que Su Santidad está haciendo por nuestros desafortunados hermanos y hermanas en esta hora más trágica”. La Unión de Comunidades Judías Italianas llegó a acuñar una medalla de oro en su honor.
Sin embargo, esta percepción experimentó un giro radical poco después, hasta el punto de que, en 1999, John Cornwell publicó un libro titulado “Hitler’s Pope” (“El Papa de Hitler”). El origen de la leyenda negra sobre el papa Pacelli puede situarse con precisión: el 20 de febrero de 1963, fecha del estreno de la obra teatral “El Vicario” de Rolf Hochhuth. Esta obra presentaba a Pío XII como un cínico sin escrúpulos que, obsesionado con combatir el comunismo, había justificado e incluso apoyado las acciones nazis. Quien se sorprenda de que una obra de teatro pudiera tener tanta repercusión subestima el poder de la ficción; piénsese por ejemplo en “El código de Da Vinci”.
La realidad histórica, sin embargo, contradice frontalmente esta caracterización. Ya en 1924, siendo Nuncio Apostólico en Múnich, Pacelli demostró una clarividencia excepcional al telegrafiar a la Secretaría de Estado vaticana: “El nacionalsocialismo es la herejía más grave de nuestro tiempo”. Esta declaración resulta especialmente significativa considerando que, en aquel momento, la Iglesia identificaba al comunismo como su principal amenaza.
Los propios líderes nazis lo consideraban uno de sus enemigos más peligrosos. Joseph Goebbels, en su diario, menciona a Pío XII más de cien veces, siempre en tono de advertencia. Por ejemplo, respecto al discurso navideño papal de 1939, Goebbels anotó: “Lleno de ataques muy mordaces y escondidos contra nosotros, contra el Reich y el nacionalsocialismo”.
Un momento crucial en la oposición de Pacelli al régimen nazi se produjo durante su etapa como Secretario de Estado, bajo el pontificado de Pío XI. Fue uno de los principales artífices de la histórica encíclica “Mit brennender Sorge” del 14 de marzo de 1937, cuyo título fue modificado personalmente por él, sustituyendo la palabra “großer” (“Con gran preocupación”) por “brennender” (“Con preocupación ardiente”). Esta encíclica, la única redactada en otro idioma distinto del latín, constituyó el acto de protesta más significativo durante los doce años del régimen nazi. Su distribución clandestina en Alemania permitió su lectura simultánea desde los púlpitos de numerosas iglesias católicas.
La represalia nazi fue inmediata y severa: además de la quema sistemática de ejemplares, más de 1.100 sacerdotes fueron detenidos, y 304 de ellos acabaron deportados a Dachau. Estos acontecimientos dejaron una huella indeleble en la conciencia de Pacelli, quien comprendió que los desafíos públicos al régimen nazi podían tener consecuencias devastadoras para los católicos.
Durante la ocupación alemana de Roma, entre el 10 de septiembre de 1943 y el 4 de junio de 1944, la intervención directa de Pío XII resultó crucial para la salvación de los judíos romanos. El Papa ordenó abrir no sólo los conventos de clausura, sino también el Vaticano y su residencia veraniega en Castelgandolfo para dar refugio a los perseguidos. Las cifras son elocuentes: 4.238 judíos romanos encontraron refugio en 155 conventos de la ciudad, otros 477 fueron acogidos en el Vaticano, y aproximadamente 3.000 más hallaron protección en Castelgandolfo.
En la propia habitación papal, varias mujeres judías embarazadas dieron a luz; cerca de 40 niños nacieron allí, y muchos recibieron el nombre de Eugenio o Pío como agradecimiento. Como señala el historiador Michael Hesemann: “En ningún país de Europa ocupado por los nazis sobrevivió un porcentaje tan elevado de judíos como en Italia; en ninguna otra ciudad fueron tantos como en Roma, gracias a Pío XII y a su prudente iniciativa”.
Las críticas que acusan a Pío XII de no haber protestado suficientemente ante las autoridades nazis ignoran las consecuencias contraproducentes que tales protestas podían tener. El caso más ilustrativo es el del obispo católico de Utrecht en agosto de 1942: su protesta pública contra la deportación de judíos en los Países Bajos provocó que los nazis incluyeran también a los católicos de origen judío en las deportaciones. Entre las víctimas se encontraba Edith Stein, conversa del judaísmo al cristianismo y monja carmelita.
Ya en 1942 Pío XII comentó a su confidente Don Pirro Scavizzi: “Una protesta por mi parte no sólo no habría servido de ayuda a nadie, sino que habría desatado las cóleras contra los judíos y multiplicado las atrocidades. Quizá hubiera despertado las alabanzas del mundo civilizado, pero a los pobres judíos solo les habría producido una persecución más atroz que la que sufrieron”.
Tras la publicación de “Le Bureau – Les juifs de Pie XII” (edición italiana: “Pio XII e gli ebrei”) por Johan Ickx, director del Archivo Histórico del Departamento para las Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, se han revelado tanto los éxitos como las limitaciones de la diplomacia vaticana durante la Segunda Guerra Mundial. Ickx ha analizado documentos del pontificado de Pío XII (1939-1958), abiertos a la investigación en marzo de 2020. En sus 400 páginas divididas en 18 capítulos, documenta la extensa red de vías de escape para perseguidos organizada por el Papa, junto con una red de clérigos distribuida por toda Europa cuyo único objetivo era salvar vidas.
Una de las revelaciones más importantes de Ickx es que Pío XII estableció, al inicio de la guerra, una unidad específica en la Secretaría de Estado dedicada exclusivamente a gestionar las peticiones de ayuda de judíos perseguidos en Europa. Esta “oficina” centralizó información sobre deportaciones, redadas y el exterminio sistemático en los campos de concentración nazis. La documentación demuestra que esta oficina actuaba bajo instrucciones directas del Papa. Ickx establece un paralelo con “la lista de Schindler”, denominándola “lista Pacelli”, aunque reconoce que la creación de un expediente no garantizaba una intervención exitosa en cada caso.
Un ejemplo significativo fue la protesta de Monseñor Cesare Orsenigo, sucesor de Eugenio Pacelli como Nuncio Apostólico en Berlín, ante las autoridades alemanas en abril de 1940 por el trato inhumano a sacerdotes polacos en campos de concentración, especialmente en Sachsenhausen. En septiembre del mismo año, Orsenigo volvió a intervenir por los sacerdotes católicos en aislamiento. El régimen nazi se negó a liberarlos, temiendo que generaran propaganda antinazi en el extranjero. La única concesión obtenida fue la concentración de los sacerdotes en el campo de Dachau.
El 20 de marzo de 1942, el nuncio en Eslovaquia, arzobispo Giuseppe Burzio, intervino ante el gobierno eslovaco para detener la deportación de judíos, respondiendo a una petición del rabino de Budapest. La oficina papal envió una nota oficial al embajador eslovaco ante la Santa Sede declarando: “La cuestión judía es una cuestión de humanidad. Las persecuciones contra los judíos en Alemania y en los países ocupados o sometidos son una ofensa a la justicia, a la caridad y a la humanidad. El mismo trato brutal se extiende a los judíos bautizados. Por tanto, la Iglesia católica está plenamente autorizada a intervenir tanto en nombre de la ley divina como de la ley natural”. Un mes después, el nuncio en Budapest, Angelo Rotta, informó que las deportaciones se habían intensificado, sugiriendo que las intervenciones vaticanas podían haber exacerbado la represión nazi en algunos casos.
Ickx dedica 23 páginas a un caso que ilustra las tácticas nazis para neutralizar las intervenciones vaticanas. En febrero de 1943, una nota de protesta de la Santa Sede dirigida al ministro de Asuntos Exteriores alemán, Joachim von Ribbentrop, fue interceptada por el secretario de Estado Ernst von Weizsäcker, quien la devolvió al nuncio sin entregarla. Esto permitió a los nazis negar haber recibido protestas oficiales del Vaticano. Sobre este incidente, Ickx concluye: “Quedó claro para la oficina que los nacionalsocialistas habían declarado la guerra a la Iglesia católica. No había nada que la Iglesia pudiera decir o hacer para modificar la política de persecución nazi. No haber comprendido esto explica parcialmente las falsedades que circularon durante décadas sobre Pío XII y su actuación durante la Segunda Guerra Mundial”.
El Vaticano logró algunos éxitos puntuales, como la obtención de visados para profesores judíos alemanes e italianos que escaparon a universidades en Estados Unidos, Uruguay y Brasil. Como atestiguó el diplomático estadounidense Myron Taylor, enviado de Roosevelt a Roma, Pío XII defendió consistentemente a la humanidad sufriente, sin distinción de raza o credo.
La investigación de Johan Ickx permite comprender mejor el papel de la Santa Sede en uno de los períodos más oscuros de la historia reciente, confirmando que Pío XII mantuvo una postura coherente y comprometida en defensa de los judíos y otros perseguidos, en línea con los principios morales que sostuvo durante toda su vida.
La entrada Pío XII y el nacionalsocialismo se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada El impuesto eclesiástico alemán se publicó primero en Omnes.
]]>Según la página web de la Conferencia Episcopal Alemana (DBK), el impuesto eclesiástico es definido como “una contribución que los miembros de la iglesia realizan para financiar su comunidad religiosa. No es una subvención estatal, sino un mecanismo mediante el cual la iglesia obtiene recursos directamente de sus fieles”.
Este sistema obedece a motivos históricos, concretamente a la “secularización” de los bienes eclesiásticos en Alemania, un fenómeno conocido en España como desamortización.
Durante las guerras napoleónicas, los territorios alemanes al oeste del Rin fueron incorporados a Francia, y como compensación por la pérdida de bienes, la Dieta del Sacro Imperio Romano Germánico, en su sesión de 1803 –la última que se celebró, antes de su disolución– aprobó la resolución (ratificada por el emperador Francisco II el 27 de abril de ese mismo año) denominada “Reichsdeputationshauptschluss”, mediante la cual se expropiaban los bienes de la Iglesia. A cambio, los Estados alemanes asumieron la obligación de garantizar la misión de las iglesias mediante dotaciones estatales.
Sin embargo, factores económicos y políticos llevaron a la introducción del impuesto eclesiástico en el siglo XIX. El crecimiento demográfico y las consecuencias de la industrialización incrementaron las necesidades de la Iglesia, y la creciente separación entre Estado e Iglesia, iniciada con la Revolución Francesa, consolidó este sistema. Desde 1827, comenzando en Lippe-Detmold, se estableció el impuesto eclesiástico, transfiriendo la responsabilidad de financiar las iglesias de los Estados a sus miembros.
A lo largo del siglo XIX, los demás territorios adoptaron este sistema, siendo Prusia el último en hacerlo en 1905. El impuesto pasó a formar parte de la soberanía estatal, integrándose en la Constitución de la República de Weimar en 1919, y tras la Segunda Guerra Mundial, en la Ley Fundamental de la República Federal de Alemania. El Artículo 140 de esta ley incorpora las disposiciones de la Constitución de Weimar, incluyendo el derecho de las confesiones religiosas a recaudar impuestos. Sigue, pues, vigente el Art. 137 de la Constitución de 1919: “Las confesiones religiosas que sean corporaciones de Derecho público tienen derecho a recaudar impuestos sobre la base de las listas de impuestos civiles de acuerdo con las disposiciones de la legislación estatal”.
Este sistema, anclado en la Constitución, establece que cualquier persona que sea miembro de una comunidad religiosa reconocida por el Estado, como la Iglesia católica, debe pagar el impuesto eclesiástico si tributa impuestos estatales. Ahora bien, la DBK expresa: “Quien no paga el impuesto sobre la renta tampoco es contribuyente de la Iglesia”, lo que exime a desempleados o jubilados sin otras fuentes de ingresos. Los extranjeros residentes y contribuyentes en Alemania también están obligados a pagar este impuesto, incluso si en sus países de origen no existe tal obligación.
Aunque ha habido iniciativas para abolir este sistema, tanto la Iglesia como el Estado lo consideran beneficioso. En 2023, la Iglesia católica recaudó unos 6.510 millones de euros, un 5 % menos que el año anterior, mientras que la Iglesia evangélica recaudó 5.900 millones, un 5,3 % menos. Además, el Estado se beneficia al recibir entre un 2 % y un 4 % por la recaudación de este impuesto a través de sus oficinas de Hacienda. Asimismo, si el Estado asumiera las actividades asistenciales y sanitarias que la Iglesia financia con esos ingresos, el coste sería considerablemente mayor.
Uno de los aspectos más criticados actualmente es el hecho de que la pertenencia a la Iglesia conlleve de manera obligatoria el pago de esta contribución. Esto significa que una persona que, por cualquier razón, no desee seguir abonando el impuesto eclesiástico —por ejemplo, por motivos meramente económicos, ya que, a diferencia de otros países, en ese caso no se le exige destinar ese 8 % o 9 % adicional de su IRPF a otros fines— debe formalizar su baja de la Iglesia (“Kirchenaustritt”) ante una autoridad estatal. Dependiendo del Estado Federado, este trámite se realiza ante el Juzgado de Primera Instancia o el Registro Civil.
Tras años de debate, el Tribunal Federal de lo Contencioso-Administrativo dictaminó en 2012 que no es posible desvincularse de la Iglesia como corporación jurídica y, al mismo tiempo, seguir perteneciendo a la comunidad religiosa. En otras palabras, darse de baja implica formalmente cometer apostasía.
Por otro lado, el impuesto eclesiástico es un pilar clave para mantener la unidad de la Iglesia en Alemania con Roma. Durante el llamado «Camino Sinodal» alemán, ha surgido la preocupación sobre un posible cisma. En el caso hipotético de que este se materializara y la Iglesia católica en Alemania rompiera su comunión con Roma, también perdería su condición de “corporación de Derecho público” (pues ésta es la “Iglesia católica-romana”), estatus que le permite recibir el impuesto eclesiástico reconocido por el Estado. La nueva entidad resultante del cisma se vería desprovista de su base económica, a menos que lograra obtener un reconocimiento estatal, lo cual se antoja un proceso complicado.
La entrada El impuesto eclesiástico alemán se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada San Bruno, fundador de la Orden de los Cartujos se publicó primero en Omnes.
]]>En su visita, Benedicto XVI se refirió a la vida contemplativa: “La comunión eclesial necesita una fuerza interior, esa fuerza que hace un momento el padre prior recordaba citando la expresión ‘captus ab Uno’, referida a san Bruno: ‘aferrado por el Uno’, por Dios, ‘Unus potens per omnia’, como hemos cantado en el himno de las Vísperas. El ministerio de los pastores toma de las comunidades contemplativas una savia espiritual que viene de Dios”. Y más adelante: “Esta vocación, como toda vocación, encuentra su respuesta en un camino, en una búsqueda que dura toda la vida”.
San Bruno fundó la Orden de los Cartujos, que está considerada como la más estricta dentro de la Iglesia católica. La sobriedad de los cartujos se refleja no sólo en su estilo de vida, sino también en su liturgia, basada en la elaborada por san Bruno y sus compañeros. Esta liturgia incluye muchos tiempos de silencio y carece de instrumentos musicales, aunque incorpora el canto cartujano, similar al canto gregoriano pero más austero.
En la página web oficial “chartreux.org“ se dice del fundador: “Maestro Bruno, ‘hombre de corazón profundo’, después de haber dirigido largo tiempo la escuela catedral de Reims, respondiendo al llamado divino de una vida exclusiva por Dios solo, se introdujo en el macizo de Chartreuse en 1084 con seis compañeros para hacer revivir en Occidente el espíritu de los Padres del Desierto. Luego fundó otro monasterio en Calabria, donde murió en 1101”. Su muerte ocurrió el 6 de octubre, fecha en que la Iglesia católica celebra su memoria.
Bruno nació hacia el año 1030 en Colonia, en la actual Alemania, y desde joven destacó tanto por su intelecto como por su piedad. Estudió en Reims, donde luego se desempeñó como maestro y canónigo respetado. Su lucha contra la simonía, la compra de cargos eclesiásticos, lo marcó profundamente, llevándolo a buscar una vida apartada de la política eclesiástica y los bienes materiales.
La perfección cristiana que anhelaba la encuentra, junto a un grupo de compañeros, en una vida dedicada plenamente a la oración y la contemplación: en 1084, el obispo Hugo de Grenoble, antiguo alumno de Bruno, les cedió un terreno inhóspito y rocoso en los Alpes franceses. Allí fundaron La Grande Chartreuse, el monasterio madre de la Orden de los Cartujos. Este monasterio se convirtió en un modelo de vida monástica centrado en el silencio, la oración y el trabajo manual.
Los monjes cartujos viven en un retiro casi absoluto, pasando gran parte de sus días en soledad, dentro de sus propias celdas, donde oran, meditan y realizan labores manuales. Las reuniones comunitarias son escasas y las conversaciones, limitadas. Una vez a la semana se les permite hablar durante un paseo comunitario, y el resto del tiempo se comunican a través de señas.
Sin embargo, Bruno no pudo disfrutar plenamente de su retiro durante muchos años. En 1090, el Papa Urbano II, otro antiguo alumno suyo, lo llamó a Roma. Aunque deseaba profundamente vivir en soledad, Bruno obedeció, pero pronto descubrió que la vida en la corte papal no era compatible con su espíritu ascético. Rechazó el ofrecimiento de ser nombrado arzobispo de Reggio en Calabria, optando por regresar a la vida solitaria en un lugar aún más remoto, donde fundó su segundo monasterio en La Torre, Calabria.
Pasó sus últimos años en este eremitorio, rodeado de laicos y clérigos que compartían su búsqueda de la vida perfecta en la contemplación y el silencio. Su muerte, el 6 de octubre de 1101, marcó el fin de una vida dedicada a Dios, pero también el inicio de una veneración que perduraría a lo largo de los siglos.
A pesar de la austeridad de su vida, la influencia de Bruno fue profunda y duradera. Su legado se extendió rápidamente a través de la Orden de los Cartujos, que se expandió por Europa y alcanzó su apogeo en el siglo XVI, con alrededor de 5.600 monjes y monjas distribuidos en 198 monasterios.
A diferencia de otras órdenes religiosas, los cartujos no buscaron la canonización formal de su fundador durante siglos. Sólo en 1514, bajo el papado de León X, se reconoció oficialmente la santidad de Bruno mediante un decreto papal que confirmaba su veneración, sin necesidad del tradicional proceso de canonización. Más tarde, en 1623, su fiesta fue extendida a la Iglesia universal, consolidando así su lugar en la historia de la espiritualidad católica.
El impacto de Bruno en la espiritualidad cristiana reside en su rechazo a las tentaciones del poder y la riqueza, y en su búsqueda de una vida dedicada exclusivamente a la oración y el servicio a Dios. En una época marcada por la corrupción y la ambición de poder dentro de la Iglesia, Bruno destacó por su pureza de corazón e integridad, cualidades que inspiraron a sus contemporáneos y que continúan sirviendo de modelo para los monjes cartujos de hoy.
Actualmente, la Orden de los Cartujos sigue existiendo, con 23 cartujas (18 de monjes y 5 de monjas) en todo el mundo, donde unos 270 monjes y 60 monjas siguen los preceptos de su fundador. Los cartujos continúan viviendo de según las estrictas normas establecidas por Bruno hace más de 900 años, manteniendo la práctica del silencio, la oración constante y el trabajo manual, y abrazando el lema de la orden: ”Stat crux dum volvitur orbis” (“La cruz se mantiene firme mientras el mundo gira”). Un lema extendido sostiene que la orden cartujana no ha sido nunca reformada porque nunca se ha deformado (“Nunquam reformata, quia nunquam deformata”).
La entrada San Bruno, fundador de la Orden de los Cartujos se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Un espacio para el diálogo entre el arte sacro clásico y contemporáneo se publicó primero en Omnes.
]]>Un ejemplo destacado en Alemania es el Museo Diocesano de Colonia, notable tanto por su arquitectura como por su colección artística, que crea un diálogo profundo entre el arte clásico y el contemporáneo. Su nombre “Kolumba” proviene de la iglesia tardogótica dedicada a la mártir del siglo III, conocida en España como Santa Coloma. Esta iglesia, que en su día fue la parroquia más grande de Colonia, quedó destruida durante la Segunda Guerra Mundial. El museo fue construido sobre sus ruinas por el arquitecto suizo Peter Zumthor. Inaugurado en 2007, el edificio ha recibido prestigiosos premios arquitectónicos como el Premio DAM de Arquitectura de Alemania (2008) y el Premio de Arquitectura de Renania del Norte-Westfalia (2011).
El Museo Kolumba es un buen ejemplo de armonía entre lo antiguo y lo nuevo: el moderno edificio integra las ruinas de la iglesia destruida y la capilla “María en las ruinas” (“Maria in den Trümmern”), construida en 1950 por el arquitecto de Colonia Gottfried Böhm. También es posible explorar excavaciones arqueológicas en el subsuelo del museo: desde pasarelas elevadas se pueden observar restos de viviendas romanas y de edificios eclesiásticos de las épocas carolingia, románica y gótica.
El sobrio exterior del edificio está revestido de ladrillo gris cálido, lo que otorga dinamismo a sus amplias paredes. Este minimalismo se refleja también en el interior: la escasez decorativa y al uso selectivo de materiales permiten centrar toda la atención en las obras de arte. El ladrillo gris del edificio nuevo se fusiona con el basalto y los ladrillos de las ruinas, siguiendo el trazado de la antigua iglesia y manteniendo así una continuidad histórica. Así, la arquitectura de Peter Zumthor asume fragmentos históricos creando al mismo tiempo un entorno ideal para la exposición contemporánea.
El museo alberga un patio interior que sustituye a un cementerio medieval, contribuyendo a la atmósfera de reflexión y contemplación que lo caracteriza. En el corazón del edificio se encuentra una gran sala de exposiciones donde conviven obras de arte antiguas y modernas, propiciando el mencionado diálogo entre épocas.
El museo fue fundado en 1853 por la “Sociedad para el Arte Cristiano” y en 1989 pasó a ser gestionado por la Archidiócesis de Colonia. En 2004, adoptó el nombre “Kolumba”, en referencia a la iglesia destruida. Concebido como un “museo de la contemplación”, su propósito es invitar al público a explorar el arte como reflejo de la vida. La colección abarca piezas desde la antigüedad tardía hasta la actualidad, con especial énfasis en el arte cristiano. Cada año, a mediados de septiembre, se presenta una nueva exposición anual, combinando obras de la colección permanente con arte moderno. Estas exposiciones, que llevan títulos como “El espacio infinito se expande” (2007/2008), “El hombre abandona la Tierra” (2008/2009) o “Santuario” (2013/2014), dan un nuevo significado a la colección cada año. La actual está dedicada a “El abecedario del arte”.
Uno de los elementos más emblemáticos del Museo Kolumba es la capilla “María en las ruinas”, construida en 1950 por Gottfried Böhm como símbolo de esperanza tras su destrucción. La iglesia de San Kolumba, documentada desde el año 980, fue prácticamente destruida al completo durante la Segunda Guerra Mundial, quedando en pie sólo parte de sus muros exteriores y una estatua tardogótica de la Virgen María sobre un pilar.
La capilla, que se levanta sobre las ruinas de la iglesia, presenta una estructura sencilla, con forma de tienda de campaña. Böhm diseñó un altar de basalto de tres niveles y decoró la capilla con obras de artistas de renombre, como las “Ventanas del Espíritu Santo” de Jan Thorn Prikker y una “Ventana de Santa Catalina” de Georg Meistermann.
En 1957 se añadió una capilla del Santísimo, que hoy alberga un tabernáculo diseñado por la artista Elisabeth Treskow. La elegante simplicidad de la arquitectura, unida al simbolismo del arte, convierte a esta capilla en un lugar central para el culto en Colonia, con celebración de la Santa Misa y horario de confesiones diarios.
La entrada Un espacio para el diálogo entre el arte sacro clásico y contemporáneo se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada San Bonifacio, el “Apóstol de los alemanes” se publicó primero en Omnes.
]]>Sin embargo, el verdadero “Apóstol de los alemanes” es san Bonifacio (c. 673 – 754/755), quien es considerado el mensajero de la fe a tierras germánicas por haber establecido de manera duradera el cristianismo en dichas regiones. Más que un misionero, Bonifacio fue un organizador. Dotó a la Iglesia alemana –en su época, el Reino franco oriental– de una estructura sólida mediante la creación de diversas diócesis y la fundación de numerosos monasterios. Aún hoy, los obispos alemanes mantienen una de sus dos Asambleas anuales en Fulda, pues en la catedral de esta ciudad se encuentra su tumba.
Bonifacio cerró una brecha de unos tres siglos en la documentación histórica del cristianismo en tierras germánicas. Con la caída del Imperio Romano y, en esas tierras, ya alrededor del año 400, desaparecen las fuentes que podrían aportar pruebas del cristianismo en las ciudades de Germania.
Mientras que en el reino de los francos occidentales el cristianismo se impuso tras el bautismo de Clodoveo hacia el año 500, los intentos de labor misionera a la orilla derecha del Rin fracasaron inicialmente. Apenas existe alguna fuente del siglo VII que mencione a los francos —ya cristianos— como una potencia protectora en esa región. No es hasta el siglo VIII que vuelven a aparecer testimonios cristianos, momento en el que Bonifacio desempeña un papel fundamental.
Originalmente llamado Wynfreth, Bonifacio nació alrededor del año 673 en el seno de una noble familia anglosajona en Crediton, en el reino de Wessex. Fue educado como “puer oblatus” en los monasterios benedictinos de Exeter y Nursling, donde más tarde se ordenó sacerdote y trabajó como maestro.
Su actividad misionera en el reino franco y las regiones vecinas forma parte del movimiento misionero anglosajón de los siglos VII y VIII, impulsado originariamente por el papa Gregorio Magno (590-604). El objetivo era cristianizar a las tribus germánicas e integrarlas en una organización eclesiástica jerárquica.
En 716, Bonifacio emprendió su primer viaje misionero a Frisia, pero fracasó. Regresó a Nursling, donde fue elegido abad. Un año después decidió abandonar definitivamente Inglaterra y peregrinar a Roma. El Papa Gregorio II (715-731) le encargó en 719 la misión de proclamar la fe cristiana a los “pueblos incrédulos” y cambió su nombre en Bonifacio (“benefactor” o “el que actúa bien”).
Su misión entre los frisones se reanudó, esta vez en cooperación con el misionero Willibrord, pero ambos se separaron en 721 debido a tensiones. Bonifacio continuó su misión en las actuales regiones de Hesse, Turingia y Baviera, donde fundó varios monasterios e iglesias. Su compromiso con un estricto orden eclesiástico católico romano encontró resistencia, especialmente en Turingia.
Gran parte de su legado se debe a la organización eclesiástica que emprendió en Baviera a partir de 738. Allí logró establecer y reorganizar varias diócesis, como las de Salzburgo, Frisinga, Passau y Ratisbona. También fundó las diócesis de Würzburg, Eichstätt, Erfurt y Büraburg, cerca de Fritzlar. En 746 fue nombrado obispo de Maguncia, pero su influencia en Baviera pronto fue eclipsada por el irlandés Virgilio de Salzburgo.
En el “Concilium Germanicum” de 742 promulgó medidas disciplinarias estrictas contra los sacerdotes y monjes “licenciosos”. Durante este y en los sínodos posteriores (744 en Soissons, 745 en Maguncia) se establecieron las normas básicas de disciplina eclesiástica y vida cristiana: la posición y los deberes del obispo, la ética y el comportamiento del clero, la regulación del uso de los bienes eclesiásticos, la renuncia a las costumbres paganas, así como cuestiones de derecho matrimonial eclesiástico.
Bonifacio se esforzó por estructurar la Iglesia en el reino franco según el modelo romano. Su intento de convertir la sede episcopal de Colonia en sede metropolitana de una nueva provincia eclesiástica fracasó, sin embargo, por la resistencia de los obispos al este del Rin. Maguncia sólo se convirtió en arzobispado y sede metropolitana bajo su sucesor, Lulio.
A la edad de más de 80 años, Bonifacio emprendió un último viaje misionero a Frisia. Presintiendo su muerte –pues llevaba consigo una mortaja– quiso terminar su vida donde había comenzado su misión. El 5 de junio de 754 (o 755), fue asesinado cerca de Dokkum por un grupo de frisones opuestos a la labor misionera cristiana, junto con once compañeros. Sus contemporáneos consideraron las circunstancias de su muerte como un acto de martirio. Sus restos fueron recuperados por cristianos, transportados en barco a Utrecht y, más tarde, llevados a Fulda, donde fue enterrado en la tumba que él mismo había elegido.
A pesar de las resistencias con que se topó su reforma eclesiástica, Bonifacio dejó un legado de cristianización y organización de la Iglesia en partes del Imperio franco. Por este motivo es venerado como el “Apóstol de los alemanes” y está reconocido como una figura central en la historia eclesiástica europea. Fue canonizado tras su muerte en 754 bajo el Papa Esteban II (752-757), y su veneración fue oficialmente aprobada por el Papa Pío IX en 1855.
La entrada San Bonifacio, el “Apóstol de los alemanes” se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Segunda Sesión del Sínodo: ¿Hacia una asamblea eclesial europea? se publicó primero en Omnes.
]]>Entre los asistentes se encontraron el arzobispo Gintaras Grusas, presidente del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), su adjunto Ladislav Nemet, y los presidentes de las Conferencias Episcopales de Italia, Austria y Suiza, además de Beate Gilles, secretaria general de la conferencia episcopal alemana.
También estuvieron presentes ocho de los diez participantes europeos en el sínodo que, sin ser obispos, tienen derecho a voto, como Helena Jeppesen-Spuhler, Thomas Söding, Myriam Wijlens y Thomas Schwartz. El documento fue presentado por Riccardo Batocchio, secretario especial de la Secretaría vaticana para el Sínodo.
Las sesiones se llevaron a cabo en siete grupos lingüísticos (alemán, inglés, francés e italiano) de seis personas cada uno. Klara Csiszar, decana de la Universidad Católica Privada de Linz y figura clave en la preparación del encuentro, destacó que se había logrado “una buena mezcla de obispos y laicos, hombres y mujeres, así como participantes de Europa occidental y oriental”. Se trabajó siguiendo el método del sínodo mundial, con debates privados y momentos de reflexión espiritual.
Aunque no se emitió una declaración conjunta, los informes de los grupos subrayaron la importancia de evitar la nostalgia, fomentar la colaboración entre las iglesias de Europa Oriental y Occidental, y aprovechar la “oportunidad ecuménica” en Europa. También se destacó que el catolicismo debe vivirse «en amplitud», con humildad y apertura al mundo, reconociendo que Europa ya no es el centro de la Iglesia, aunque su “corazón” siga en Roma.
Los participantes sugirieron superar el “clericalismo” —entendido como tal que sólo los clérigos deben dirigir la Iglesia—, sin restar autoridad a sacerdotes y obispos, promover la subsidiariedad y la consulta, y desarrollar “nuevos ministerios” como el asesoramiento espiritual.
Se enfatizó también la importancia de la formación, la responsabilidad y la transparencia, aunque se señaló que esta última puede ser problemática en países donde la iglesia es perseguida. El tema de la mujer fue considerado “esencial para mantener la credibilidad de la Iglesia”.
Tras la reunión, Thomas Söding, vicepresidente del comité central de los católicos alemanes (ZdK), publicó un artículo en la revista teológica “Communio”, en el que propone una “asamblea eclesial europea” para fomentar la sinodalidad en Europa, inspirada en las iniciativas de Sudamérica.
En el artículo escribe: “Todavía no existe una plataforma sólida en la que se puedan debatir las diferentes experiencias y respuestas y en la que se pueda contemplar la propia situación a través de los ojos de los demás. No habrá respuestas con valor eterno, pero necesitamos formas de diálogo que eviten la sospecha y el daño para crear comprensión y solidaridad”.
En una entrevista con “Vatican News”, Söding subrayó la necesidad de más sinodalidad en la Iglesia católica en Europa, con reuniones periódicas de amplia participación, que incluyan a laicos y obispos. Estas reuniones, afirmó, son cruciales para salvar las diferencias culturales, sociales y políticas dentro de Europa y apoyar el camino hacia la reforma de la Iglesia.
Esta última entrevista la mantuvo en el marco de la visita del ZdK a Roma, en la que participaron su presidenta Irme Stetter-Karp, el secretario general, Marc Frings, así como los vicepresidentes Claudia Nothelle y el propio Thomas Söding. Para el ZdK se trataba de “comprender a Roma y ser comprendido por Roma”.
Los miembros del ZdK se reunieron con Mons. John Joseph Kennedy, secretario del Dicasterio para la Doctrina de la Fe como responsable de castigos canónicos para los autores de abusos, con los expertos en protección de menores Hans Zollner y Peter Beer, así como con el P. Markus Graulich, subsecretario en el Dicasterio para los Textos Legislativos hasta finales de agosto.
Al término de la reunión, en una entrevista con la agencia católica alemana de noticias KNA, Stetter-Karp hizo un resumen positivo: “Las tensiones entre el Camino sinodal y el Vaticano probablemente no se han resuelto del todo, ya que no se esfuman simplemente hablando. Pero allí donde hemos podido hablar abiertamente con nuestros interlocutores, la comprensión mutua ha aumentado”. Según la presidenta del ZdK, el “enfoque sistémico”; es decir “qué hay que cambiar en la organización de la Iglesia para tratar y prevenir los abusos y sus encubrimientos”, no está reconocido en general en el Vaticano, “pero existen similitudes de pensamiento con los dos interlocutores mencionados”, Zollner y Beer.
Irme Stetter-Karp considera que, tras esta visita, “en Roma se entiende mejor que antes cuál es nuestra motivación en el camino sinodal. Antes estaban informados por terceros; ahora han hablado directamente con nosotros. Y creo que el clima ha cambiado y que nos han reconocido como cristianos comprometidos con su Iglesia”.
Aunque desde el ZdK hablan de un “viaje oficial” de dicho organismo al Vaticano, lo cierto es que los representantes del ZdK no han mantenido ninguna reunión de “alto nivel” en los dicasterios vaticanos. Además, la mayoría de las personas con las que se han reunido no tienen ya encargo oficial en el Vaticano: el P. Zollner abandonó en marzo de 2023 la Comisión pontificia para la protección de menores, siendo nombrado consultor de la Oficina para la Protección de Menores y Personas Vulnerables de la diócesis de Roma. El P. Graulich ha sido sustituido como subsecretario en el Dicasterio para los Textos Legislativos el 1 de septiembre.
Desde ningún organismo vaticano se ha producido declaración alguna respecto de dichas reuniones.
La entrada Segunda Sesión del Sínodo: ¿Hacia una asamblea eclesial europea? se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Mujeres protagonistas de la historia medieval: santa Matilde de Ringelheim se publicó primero en Omnes.
]]>En 919, Enrique I fue elegido rey del “reino franco oriental”, convirtiéndose en el primer rey que no pertenecía a la dinastía franca, sino a la estirpe de los Liudolfinger. Se da comienzo así a la dinastía “otónida” o “sajona”, ya que antes de su elección era duque de Sajonia. Esta transición marcó el inicio de la historia alemana al consolidar la división del Imperio Carolingio en tres partes, con los nietos de Carlomagno. La parte oriental, gobernada a partir de 843 por Luis, conocido como “el Germánico”, sería la cuna de Alemania.
Mathilde o Matilde, es la esposa de Enrique I, y se la puede considerar la primera reina consorte “alemana”. Matilde era descendiente de aquel Widukin que durante años se había opuesto a los planes de expansión de Carlomagno hacia el este; su título como duque de Sajonia (más bien, la actual Westfalia) está históricamente probado. Su bautismo, tras ser derrotado por las huestes francas en 785, fue especialmente celebrado por el Papa Adriano I.
Matilde nació alrededor del año 896; de su educación estuvo a cargo de su abuela, también llamada Matilde, en el monasterio de Herford. En 909, contrajo matrimonio con Enrique, quien tres años más tarde se convertiría en duque de Sajonia y en 919, como se mencionó anteriormente, en rey franco-oriental o “alemán”.
Matilde se convirtió en madre del emperador cuando su primogénito Otón I (912-973) fue coronado como tal en 962; el imperio romano-germánico que comienza entonces existiría hasta 1806. Pero Matilde también pasó a la historia con el sobrenombre de “suegra de Europa”, ya que casó a sus hijas con importantes príncipes, anticipando unos 500 años el lema de la Casa de Austria “Tu, felix Austria, nube”.
Casó a su hija Gerberga (913-969) primero con el duque Giselbert de Lotaringia (Lorena) y luego con el rey carolingio Luis IV de Francia; la segunda hija Hadwig (914–965 aprox.) contrajo matrimonio con Hugo Capeto; de los otros dos hijos varones, Heinrich (922–955) fue nombrado duque de Baviera en 948 y Bruno (925-965) fue elegido arzobispo de Colonia y duque de Lotaringia (Lorena), dando comienzo así al “sistema de la Iglesia imperial”, en el que los obispos asumían importantes funciones seculares. La dinastía otona y luego la sálica gestionará de ese modo una de las grandes cuestiones de la Edad Media: las relaciones entre “trono” y “altar”.
Sin embargo, Matilde destacó también por su promoción de los monasterios femeninos, ya en vida de su marido. Pero fue tras el fallecimiento de este cuando realizó la fundación más importante para preservar la memoria del difunto: la abadía de San Dionisio y San Servando de Quedlinburg, que se alza sobre la colina del castillo de Quedlinburg, se convirtió en el centro de oración y conmemoración de difuntos más importante del Imperio franco oriental. Allí, al igual que en otras abadías, se educaba a las hijas de la alta nobleza que más tarde contraerían matrimonio con destacadas personalidades de la nobleza, fortaleciendo así el poder del reino.
Matilde también fundó otras abadías, como Enger y Nordhausen. Para todos los monasterios femeninos de Sajonia Oriental obtuvo además privilegios papales. Por su dedicación a las obras de misericordia, en las que gastó toda su fortuna, fue canonizada como “Matilde de Ringelheim”.
La entrada Mujeres protagonistas de la historia medieval: santa Matilde de Ringelheim se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada La catedral de Espira, la iglesia románica más grande del mundo se publicó primero en Omnes.
]]>Destruida por las tropas revolucionarias francesas en 1794, el Papa Pío XI donó una nueva imagen de peregrinación en 1930. Ante ella rezaron, por ejemplo, santa Edith Stein y el Papa san Juan Pablo II.
El ambicioso proyecto de la catedral fue impulsado por el rey y más tarde emperador Conrado II alrededor del año 1025. Éste ordenó la construcción de la catedral imperial y de Santa María en Espira, para lo cual se construyó un canal desde el bosque del Palatinado hasta el Rin, a fin de transportar la piedra y la madera necesarias. A pesar de estos esfuerzos, ni Conrado II (990-1036) ni su hijo Enrique III (1017-1056) vieron en vida la finalización de la catedral.
Enrique III donó los “Evangelios de Espira”, una obra ilustrada de los cuatro Evangelios, para la consagración del altar mayor en 1046. El edificio completo fue consagrado en 1061, bajo el reinado de su nieto Enrique IV (1050-1106). Sin embargo, apenas 20 años después, Enrique IV ordenó la demolición de la mitad de la catedral para reconstruirla más grande. Solo algunas partes, incluida la antigua cripta, permanecieron intactas.
En 1106, año de la muerte de Enrique IV, se terminó la nueva catedral con una longitud de 134 metros y una anchura de 33 metros, convirtiéndose en uno de los edificios más grandes de su época.

La planta de la basílica se caracteriza por el equilibrio entre las partes oriental y occidental y las torres simétricas que enmarcan la estructura formada por la nave y el crucero. El edificio se convirtió en la primera iglesia totalmente abovedada de Europa en 1077 a instancias de Enrique IV. Su estructura influyó en el desarrollo de la arquitectura románica de los siglos XI y XII; la planta se adoptó frecuentemente, sobre todo, en Renania. La bóveda de la nave central fue la primera de este tamaño desde la Antigüedad, con un sistema específico de bóvedas, en el que dos tramos de una nave lateral se corresponden con cada tramo de la nave central. La catedral de Espira es también la primera iglesia con una galería enana completamente circundante y accesible.
Destaca especialmente la cripta, que data de la primera fase de construcción y probablemente fue consagrada en 1043. Se extiende bajo todo el coro y el transepto. Cuatro secciones de salas se unen para formar una amplia cripta de vestíbulo, con casi siete metros de altura. Los arcos, alternados, de faja de arenisca roja y amarilla simbolizan el orden divino que estructura la vida cristiana.

A lo largo de la historia, la catedral ha sido destruida varias veces. Durante la Guerra de Sucesión del Palatinado, Espira fue ocupada por tropas francesas en 1688 y la catedral incendiada en 1689, colapsando grandes partes del edificio. No obstante, las tumbas de los Salios, excepto la de Enrique V, sobrevivieron debido a su profundidad. También se salvó una valiosa imagen de la Virgen María, guardada en un relicario.
En 1773, la basílica fue restaurada en sus dimensiones originales por Franz Ignaz Michael Neumann, quien rediseñó el edificio occidental en estilo barroco. Entre 1846 y 1853, la catedral fue decorada con pinturas de Johann Schraudolph por encargo del rey Luis I de Baviera. Entre 1854 y 1858, se eliminó la fachada barroca y se reconstruyó en estilo románico según los planos de Heinrich Hübsch. Estas alteraciones estructurales y restauraciones documentan las prácticas de conservación de monumentos del siglo XIX, aunque algunas decisiones son vistas con ojos críticos hoy en día. Al mismo tiempo, el edificio es de gran importancia para el desarrollo de los principios de restauración en Alemania, Europa y el mundo tras el incendio del siglo XVII.
La catedral fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1981, subrayando su importancia para la historia alemana. Los trabajos de conservación se han visto apoyados por la Fundación Alemana para la Protección de Monumentos.
La catedral de Espira no sólo es un testimonio del arte y la arquitectura románica, sino también de la historia tumultuosa y las vicisitudes que ha enfrentado a lo largo de los siglos. Aquí están enterrados cuatro emperadores (Conrado II, Enrique III, Enrique IV y Enrique V), tres emperatrices (Gisela, esposa de Conrado II, Beatriz, segunda esposa de Federico I Barbarroja, y Agnes, hija de éste), así como reyes de las casas de Habsburgo, Staufen y Nassau. Esto convierte a la catedral en el lugar de enterramiento más importante de la Edad Media en suelo alemán.
Desde su concepción bajo el mandato de Conrado II hasta las restauraciones y preservaciones modernas, la catedral ha sobrevivido a guerras, incendios y cambios estilísticos, emergiendo como un símbolo perdurable del patrimonio cultural y religioso de Alemania.

La entrada La catedral de Espira, la iglesia románica más grande del mundo se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Mujeres protagonistas de la historia medieval: la abadesa Matilde se publicó primero en Omnes.
]]>La abadesa Matilde, cuñada de Teófano, fue hija de Otón I y Adelaida, y por tanto, hermana de Otón II y tía de Otón III. Nacida en 955, asumió el cargo de abadesa de Quedlinburg a la temprana edad de once años, sucediendo a su abuela, santa Matilde.
Su consagración tuvo lugar en 966, en una ceremonia en la que estuvieron presentes su padre y todos los obispos y arzobispos del imperio, lo cual subrayaba lo extraordinario de dicho acto. La confirmación papal de su consagración fue otorgada por Juan XIII en abril de 967.
Desde la muerte de su abuela el 14 de marzo de 968, que no sólo contribuyó al nombramiento sino también a la educación de la joven Matilde, hasta el regreso de su padre de Italia a finales de 972, fue la única representante de la casa imperial al norte de los Alpes durante casi cuatro años. Esta situación, en la que una abadesa asumía la responsabilidad de los asuntos imperiales en ausencia del emperador, era inédita hasta entonces.
Tras el regreso de Italia de su padre, el emperador Otón I, éste celebró la Pascua de 973 en Quedlinburg, destacando la importancia de esta ciudad en una época en la que no existía una capital del Imperio. En esta ocasión recibió a una representación “internacional”: nobles eslavos (polacos) como Mieszko y Boleslaw, así como “enviados de los griegos, benaventanos, húngaros, búlgaros, daneses, eslavos y todos los grandes de todo el reino”, según el cronista Thietmar de Merseburgo. Aunque no existen registros escritos, es razonable suponer que la abadesa Matilde estuvo presente en este acontecimiento histórico.
Por un lado, la abadía de Quedlinburg comenzó a expandir su influencia. Después de que Otón III regalara a su tía el palacio de Wallhausen, uno de los lugares predilectos de los Otones –aquí se habían casado Enrique I y (santa) Matilde en 909 y aquí probablemente nació Otón I en 912– en 985, las posesiones de la abadía se extendieron por las estribaciones del Harz, fundando y anexando otras abadías, como el monasterio de Münzenberg en 986, en memoria de su hermano Otón II. El sistema se completó en 997 con la fundación de Walbeck. El nexo de unión entre las abadías y monasterios era la conmemoración y la oración por los difuntos.
Matilde desempeñó un papel fundamental en el desarrollo de Quedlinburg, que Otón III elevó a ciudad en 994, otorgándole mercado, moneda y aduana, convirtiéndola así en el centro político más importante de la dinastía. Durante el segundo viaje de Otón III a Italia en 997, éste confió a su tía Matilde la representación del Imperio, repitiendo la responsabilidad que había asumido de 968 a 972.
Matilde convocó y dirigió en 998 la Dieta de Derenburg, que reunió a los hombres más influyentes del imperio, donde incluso impartió justicia. Estas acciones le valieron el título de “domina imperialis” por parte de Otón III, quien también le otorgó el título de “matricia” –por analogía a “patricius” – según se menciona en la inscripción de su tumba.
Matilde falleció en febrero de 999 a la edad de 44 años. Fue enterrada junto a su abuela en la abadía de Quedlinburg; le sucedió como abadesa su sobrina Adelaida, hija mayor del emperador Otón II y la emperatriz Teófano.
La entrada Mujeres protagonistas de la historia medieval: la abadesa Matilde se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Mujeres protagonistas de la historia medieval: Teófano, la gran emperatriz se publicó primero en Omnes.
]]>Una de ellas fue Teófano, a quien algunos consideran como la “mujer que mayor poder tuvo en Occidente”, fue co-emperatriz del Imperio Romano-Germánico durante once años como esposa del emperador Otón II, sobre quien ejerció una gran influencia, y emperatriz durante siete años después de la muerte de su marido.
Sin embargo, su llegada a tierras germánicas provocó inicialmente un cierto malestar entre la familia del emperador Otón I. Éste buscaba una unión duradera con el Imperio bizantino, lo que elevaría su prestigio como emperador de Occidente, mediante el matrimonio de su hijo Otón (II) con una princesa bizantina “purpúrea”, alusión al nacimiento en el palacio, como hija del Emperador. Otón lo había intentado ya en dos ocasiones, enviando emisarios a Constantinopla; pero sólo cuando se produjo una revuelta palaciega que llevó al trono constantinopolitano a Juan I Tzimiskes, este accedió a dicho matrimonio, también debido a la amenaza común para ambos imperios, los sarracenos.
Otón I partía de la base de que Juan I Tzimiskes enviaría a la princesa Ana, hija del difunto emperador Romanos II; sin embargo, el nuevo emperador bizantino envió a una sobrina-nieta, que no reunía el requisito de la “púrpura”.
Las fuentes suelen señalar que Otón el Grande quedó gratamente sorprendido por la refinada educación y las dotes de esta muchacha de, presumiblemente, 17 años, aunque algunas fuentes sostienen que sólo tenía 12. Ya fuera por esto o por no perjudicar las relaciones con Bizancio, Otón accedió a casar a su hijo con Teófano.
Otón (II), que tenía entonces 18 años, y Teófano contrajeron matrimonio ante el Papa Juan XIII en la basílica de San Pedro de Roma el 14 de abril de 972. Ella incluso fue investida como “partícipe en el imperio”. A diferencia de lo que solía ocurrir en matrimonios de conveniencia, las fuentes resaltan la cariñosa relación entre ambos.
A pesar de su juventud, Teófano estuvo a la altura de su elevada posición como emperatriz en Occidente. Pronto acompañó a su esposo Otón II, quien fue coronado emperador un año después de su matrimonio, en casi todos sus viajes por el imperio. Demostró ser una consejera diplomática y políticamente capaz para él y ejerció una influencia considerable en la política.
Con el emperador viajó a Italia en 980, donde permanecerían tres años. Aquí falleció Otón II en 983, a la edad de 29 años, víctima de la malaria. A su lado estaban también su madre, la emperatriz Adelaida, y su hermana, la abadesa Matilde, además de Teófano.
Otón II fue enterrado en la cripta de San Pedro, algo excepcional considerando que el último emperador allí sepultado fue Honorio, en 423. El sencillo sarcófago de piedra se alza sobre patas de águila y lleva la inscripción “Otto Secundus Imperator Augustus”. Se reforzaba así la idea de la “ translatio” o “renovatio” del Imperio Romano.
La emperatriz Teófano asumió, junto con su suegra Adelaida y la abadesa Matilde, la regencia de su hijo menor Otto durante ocho años. A pesar de que las fuentes son escasas y permiten varias interpretaciones, parece que Teófano consiguió apartar tanto a Adelaida como a Matilde de la regencia, convirtiéndose en la única emperatriz alemana que gobernó temporalmente en solitario durante la minoría de edad de su hijo.
No sólo logró imponerse ante nobles rebeldes y un gran levantamiento eslavo, sino que también allanó el camino para la coronación de su hijo como “Imperator Augustus”. Poco después de regresar de Roma falleció en Nimega en junio de 991, a la edad de aproximadamente 31 años. A su solicitud, fue enterrada en la iglesia abacial de San Pantaleón de Colonia, que ella había dotado generosamente, y donde hoy se encuentra su monumental tumba.
La entrada Mujeres protagonistas de la historia medieval: Teófano, la gran emperatriz se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Edith Stein: judía, filósofa, carmelita se publicó primero en Omnes.
]]>Para Edith Stein, ser cristiana y católica sin renegar de sus raíces judías no era una contradicción. Fue bautizada a los treinta años, el 1 de enero de 1922, el día de la circuncisión de Jesús; eligió deliberadamente esta fecha para subrayar que su conversión no era una renuncia al judaísmo. En Colonia, desde 1999, un monumento de bronce titulado “Grupo con una santa” se erige frente al seminario arzobispal. La mujer sentada en el taburete, apoyada pensativamente en una estrella de David, representa a la joven Edith Stein. De pie está la monja que sostiene a Cristo en la cruz.

Como nombre de religión eligió Teresia Benedicta a Cruce, “bendecida por la cruz». Una de sus principales obras se titula “La ciencia de la cruz”. No sólo llevó la cruz tras su detención, sino también durante el doloroso alejamiento de su familia después de su bautismo. En su beatificación, el 1 de mayo de 1987, el Papa Juan Pablo II la describió como “judía, filósofa, monja y mártir”.
Nació en Breslau el 12 de octubre de 1891, el día de Yom Kippur, una de las festividades judías más importantes. Durante una estancia con su hermana Elsa y su cuñado Max Gordon en Hamburgo, en 1906, la joven de 15 años, según contó más tarde, “dejé deliberadamente de rezar, por mi propia voluntad”. Sin embargo, su búsqueda de la verdad continuó a lo largo de su vida.
En Hamburgo, entró en contacto por primera vez con el pensamiento científico, ya que Max era médico. En otoño de 1911, Edith se matriculó en la Universidad de Breslau para estudiar filología germánica, historia y filosofía. Pronto descubrió la obra del filósofo Edmund Husserl y su fenomenología.
Husserl buscaba un acceso directo a los fenómenos eliminando las ideas preconcebidas sobre las apariencias. Su objetivo era una conciencia “pura” de las cosas tal y como son objetivamente. “Hacia las cosas mismas”, fue la máxima de Husserl, que Edith Stein siguió con entusiasmo. Tras doctorarse, trabajó como ayudante de este catedrático y se dedicó intensamente a la investigación.
Edith Stein elaboró la tesis de habilitación para acceder a cátedra, pero fue rechazada tanto por la facultad de Gotinga como por las de Kiel y Hamburgo. Como mujer, y además judía, no tenía ninguna posibilidad. En los primeros años de la República de Weimar, escribió tratados sobre política nacional y reflexionó cada vez más sobre su propia imagen de Dios.
Estudió los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola y los escritos místicos de santa Teresa de Ávila, encuentro que la llevó al bautismo, sin rechazar el judaísmo. Edith Stein reconoció los vínculos entre ambas religiones y nunca negó lo que el cristianismo debía al judaísmo. Sin embargo, su bautismo supuso una conmoción para su familia. Su sobrina Susanne Batzdorff-Bieberstein recordaba: “Al hacerse católica, nuestra tía había defraudado a su pueblo”.
Tras su bautismo, Edith Stein trabajó como profesora de alemán en el convento dominico de Santa Magdalena de Speyer. Aunque al principio vivió fuera de los muros del convento, se acercó a la vida monástica. Continuó su búsqueda científica de la verdad en sus obras de filosofía religiosa y se sumergió en las verdades de la fe siguiendo las “Quaestiones disputatae de veritate” de santo Tomás de Aquino.
Edith Stein buscaba nuevas formas de relacionar la razón con la fe y de llenarla con su propia experiencia de Dios. Comparó la fenomenología moderna de su gran modelo Husserl con las enseñanzas del Aquinate: “Nuestra época ya no se conforma con consideraciones metodológicas. La gente es inestable y busca un punto de apoyo. Quieren una verdad tangible, sustantiva, que se demuestre en la vida. Quieren una ‘filosofía de la vida’, y la encontrarán en Tomás de Aquino”.

Tras la llegada de los nazis al poder, a Edith Stein se le prohibió cualquier trabajo público. En 1935, a la edad de 44 años, ingresó en la orden contemplativa de las Carmelitas Descalzas y tomó el nombre de Teresia Benedicta a Cruce. El 31 de diciembre de 1938 huyó a Holanda, donde vivió en el Carmelo de Echt y redactó su testamento, en el que ofrecía su vida y su muerte a Cristo por la santificación de su orden y para “expiar la incredulidad del pueblo judío”.
A pesar de las críticas del lado judío, porque no fue asesinada por su cristianismo sino por sus orígenes judíos, fue beatificada el 1 de mayo de 1987 y canonizada el 11 de octubre de 1998. Un año después, san Juan Pablo II la incluyó entre las patronas de Europa.
La vida de Edith Stein se caracterizó por una búsqueda constante de la verdad y un profundo afán de plenitud espiritual e intelectual. Su compromiso con la filosofía y su posterior ingreso en el Carmelo son testimonio de su inquebrantable entrega a sus convicciones y a su fe. Su asesinato en Auschwitz sigue siendo un testimonio del inconmensurable sufrimiento experimentado por el pueblo judío durante la Shoa.
La entrada Edith Stein: judía, filósofa, carmelita se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Mujeres protagonistas de la historia medieval: Adelaida, la santa regente se publicó primero en Omnes.
]]>En 919, Enrique I fue elegido rey del “reino franco oriental”, convirtiéndose en el primer rey que no pertenecía a la dinastía franca, sino a la estirpe de los Liudolfinger. Se da comienzo así a la dinastía “otónida” o “sajona”, ya que antes de su elección era duque de Sajonia. Esta transición marcó el inicio de la historia alemana al consolidar la división del Imperio Carolingio en tres partes, con los nietos de Carlomagno. La parte oriental, gobernada a partir de 843 por Luis, conocido como “el Germánico”, sería la cuna de Alemania.
Adelaida, nuera de santa Matilde de Ringelheim, quien fuera esposa de Enrique I, es hija del rey Rodolfo II de Borgoña y de Bertha de Suabia. Los primeros años de su vida están marcados por vicisitudes que revelan las estrechas relaciones entre diferentes reinos y cómo estas se sellaban más mediante matrimonios que mediante
tratados. Tras la muerte de su padre en 937, su madre contrajo matrimonio con Hugo de Arles, rey de “Italia” (prácticamente las antiguas posesiones de los lombardos), mientras que Adelaida fue prometida con el hijo de Hugo, Lotario. Contrajeron matrimonio en 947 después del fallecimiento de Hugo.
Sin embargo, Lotario, quien se convirtió en rey de Italia tras la muerte de su padre, fue envenenado en 950. Aunque Berengario de Ivrea, el sucesor (y presunto asesino) de Lotario, insistió en que Adelaida se casara con su hijo Adalberto, ella se negó. La joven viuda fue encerrada en un castillo, pero logró escapar con ayuda de un sacerdote.
Adelaida solicitó la ayuda del joven rey alemán Otón I, quien derrotó a Berengario, conquistó Pavía y se casó con la joven viuda en 951. En 962, Otón I fue coronado emperador, uniendo el llamado “Reino de Italia” (el norte de la península) con el imperio romano-germánico.
Adelaida estaba familiarizada con la reforma cluniacense debido a su ascendencia borgoñona. Como emperatriz, promovió la expansión de la orden cluniacense en tierras germánicas. Tras la muerte de su esposo, Adelaida asumió la regencia de su hijo, el joven Otón II, con Majolus de Cluny como su principal consejero. Después de la temprana muerte de Otón II en 983, Adelaida asumió nuevamente la regencia, esta vez junto a su nuera Teófano. Dirigieron juntas los destinos del imperio junto con el arzobispo Willigis de Maguncia.
Tras la muerte de Teófano en 991, Adelaida se ocupó de gobernar el imperio en solitario. Incluso se acuñaron monedas de plata que muestra en una cara el nombre del joven Otón III y, en la otra, el de su abuela “Athalhet”. Tras la mayoría de edad de su nieto Otón III en 994, Adelaida se dedicó a tareas caritativas y promovió la fundación de monasterios.
Finalmente, se retiró al monasterio que ella misma había fundado en Seltz, en el norte de Alsacia, donde falleció en 999. Su tumba se convirtió en un destino de peregrinación y los cluniacenses promovieron su veneración. Fue canonizada por el papa Urbano II en 1054.
La entrada Mujeres protagonistas de la historia medieval: Adelaida, la santa regente se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Los monaguillos: el rostro joven de la Iglesia se publicó primero en Omnes.
]]>El Santo Padre alentó a los jóvenes a conservar “en vuestro corazón y carne, como María, el misterio de Dios que está con vosotros, de modo que puedan estar con los demás de una manera nueva”.
El encuentro con el Papa ha sido el momento más destacado de la peregrinación, que tiene lugar del 29 de julio al 3 de agosto. Está organizada por la Asociación Internacional de Monaguillos, Coetus Internationalis Ministrantium (CIM), fundada en noviembre de 1960 en Altenberg, cerca de Colonia. Esta actividad se celebra cada cuatro o cinco años, aunque la edición de este año, inicialmente prevista para 2023, se aplazó debido a la pandemia del COVID. La gran mayoría de los participantes procede de Alemania: en la anterior edición, en 2018, de los 68.000 monaguillos 48.000 eran alemanes; en esta ocasión, los alemanes eran unos 35.000, de edades comprendidas entre los 13 y los 27 años.
Al dirigirse a los jóvenes, Francisco glosó el lema de la peregrinación, “Contigo”, considerándolo muy significativo porque enlaza el misterio de la vida y el amor en una sola palabra. El Papa explicó que este “contigo” adquiere nuevos significados cuando los acólitos realizan su servicio en la liturgia, donde el protagonista es Dios. Citando a Jesús, recordó: “Donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos”. Subrayó que esto se cumple de manera suprema en la Eucaristía, donde el «contigo» se convierte en la presencia real y concreta de Dios en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. El Papa resaltó que tanto los sacerdotes como los acólitos son testigos de este misterio, y que al recibir la Sagrada Comunión, podemos experimentar que Jesús está “con nosotros” espiritual y físicamente.
Según el Papa, ese “contigo” se puede ofrecer también a los demás, para cumplir el mandamiento de amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado: “También tú puedes decirle a tu prójimo ‘yo estoy contigo’ no con palabras, sino con las obras, con los gestos, con el corazón, con la cercanía concreta: llorar con los que lloran, alegrarse con los que se alegran, sin juicios ni prejuicios, sin cerrazones, sin exclusiones. También contigo, que no me resultas simpático; contigo, que eres diferente a mí; contigo, que eres extranjero; contigo, aunque sienta que no me comprendes; contigo, que nunca vas a la Iglesia; contigo, que dices que no crees en Dios”.
El cardenal Jean-Claude Hollerich, arzobispo de Luxemburgo y actual presidente de la CIM, se dirigió al Santo Padre en nombre de los monaguillos presentes: “Queremos ser amigos de todas las personas, pero este deseo sólo es eficaz cuando tendemos una mano a quienes atraviesan problemas. Cultivar una amistad con Dios nos ayuda a cultivar la amistad con los más pobres”, dijo. Representantes de los 20 países presentes llevaron puñados de incienso hasta un gran incensario, para recordar las dificultades que atraviesan jóvenes en todo el mundo, como enfermedades, guerras, indiferencia en sus hogares y falta de oportunidades.
Además del encuentro con el Papa, los jóvenes participan en la Misa diaria y asisten a encuentros de formación, concretamente de catecismo, así como a conciertos, talleres y reuniones. El lema de la peregrinación de 2024, “Contigo”, se basa en Isaías 41,10: “No temas, porque yo estoy contigo”. La junta de la CIM destacó que sin los monaguillos falta algo crucial en la Iglesia, y que su testimonio en el servicio y en la vida cotidiana es fundamental. Con los monaguillos, la Iglesia se realiza en el mundo, celebrando el culto, siendo comunidad y dando testimonio.
Por su parte, Johannes Wübbe, obispo auxiliar y Administrador Apostólico de la diócesis actualmente vacante de Osnabrück, es uno de los organizadores el encuentro, en su condición de presidente de la “Comisión XII – Juventud” de la Conferencia Episcopal Alemana. Mons. Wübbe resaltó el significado del lema “Contigo”, que incluye una triple promesa: la promesa bíblica de Dios, la promesa de la Iglesia a los monaguillos y la promesa de los monaguillos a Dios y a la Iglesia. También dijo que está “orgulloso del valiente ejemplo de estos jóvenes”, que son el rostro joven de la Iglesia, pues “con su compromiso, que adopta muchas formas, están presentes donde vive la Iglesia y son testigos alegres del Evangelio a pesar de todas las preguntas y dudas que puedan tener”.
La Peregrinación Internacional de Monaguillos es uno de los mayores acontecimientos de la pastoral juvenil de la Iglesia en Alemania.
La entrada Los monaguillos: el rostro joven de la Iglesia se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada La “Nueva Sinagoga” de Berlín se publicó primero en Omnes.
]]>Federico Guillermo I, Margrave de Brandemburgo y Duque de Prusia (1620-1688), conocido como el Gran Elector, los invitó con la esperanza de que sus habilidades y relaciones comerciales impulsaran la ciudad.
En este contexto cabe recordar que, a diferencia de ciudades como Colonia, Fráncfort y Núremberg, que en la Edad Media y comienzos de la Moderna tenían una elevada población, Berlín no cobró un gran auge hasta finales del siglo XVII y comienzos del XVIII.
No sólo Berlín, sino también todo Brandemburgo contaba hasta entonces con una baja densidad de población. Por esto, después de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), Federico Guillermo atrajo primero a los hugonotes franceses, reconocidos expertos negociantes.
La mayoría se estableció en Berlín, llegando a constituir el 25 por ciento de la población en 1701. Pero también la comunidad judía creció con rapidez, especialmente con la llegada de aquellos que huían de los pogromos en sus países de origen.
En 1860, unos 28.000 judíos vivían en Berlín. Entre 1855 y 1875, se construyó la sinagoga de la Oranienburger Strasse, con capacidad para 3.200 personas, reflejando la creciente confianza de la comunidad judía.
El centro de la vida judía se encontraba no lejos de allí, entre el Hackescher Markt y la Alexanderplatz –escenarios, por otra parte, de la célebre novela de Alfred Döblin “Berlin Alexanderplatz” (1929)–.
En 1905, Berlín albergaba 130.487 judíos, el 4,3 por ciento de la población. Se construyeron numerosas sinagogas; la última, en el distrito de Wilmersdorf, fue consagrada el 16 de septiembre de 1930.
Sin embargo, la mayoría de ellas fueron destruidas durante la “Noche del Pogromo” del 9 de noviembre de 1938. Hoy en día, quedan apenas diez sinagogas en Berlín, siendo la más conocida la “Nueva Sinagoga” que, como ya se dijo, se alza en la Oranienburger Strasse.
En 1856, la comunidad judía adquirió un terreno en la Oranienburger Strasse y en 1857 se convocó un concurso de arquitectura para una nueva sinagoga. Eduard Knoblauch, arquitecto miembro de la Academia Prusiana de las Artes, presidió el comité del concurso, pero finalmente se encargó él mismo del diseño.
Al enfermar gravemente en 1859, fue sustituido por Friedrich August Stüler, arquitecto de la corte prusiana, quien diseñó el interior. La sinagoga fue consagrada el 5 de septiembre de 1866, en presencia del canciller del Reich, Otto von Bismarck.
Durante los pogromos de noviembre de 1938, miembros de las SA intentaron incendiar la Nueva Sinagoga. Wilhelm Krützfeld, jefe de la comisaría cercana, intervino para proteger el edificio, señalando su estatus de monumento protegido.
Gracias a su intervención, los bomberos extinguieron el fuego, salvando la sinagoga. Krützfeld sufrió posteriormente acoso laboral; hoy, una placa conmemorativa recuerda su valiente actuación.
Una vez eliminadas las consecuencias del incendio, la Nueva Sinagoga pudo volver a utilizarse para los servicios religiosos a partir de abril de 1939. La cúpula tuvo que ser pintada con pintura de camuflaje debido a la amenaza de ataques aéreos aliados.
Tras un último servicio religioso en la pequeña sala de oración el 14 de enero de 1943, la Wehrmacht se hizo cargo del edificio.
Al comienzo de la llamada Batalla de Berlín por el Mando de Bombarderos británico, la sinagoga sufrió graves daños en la noche del 23 de noviembre de 1943. Sin embargo, se causaron más daños al edificio cuando las ruinas se utilizaron como fuente de materiales de construcción después de la guerra.
Así se llegó a su parcial demolición en 1958. Después de la división de Berlín, la Nueva Sinagoga quedó primero en el sector soviético y, desde la creación de la República Democrática Alemana (RDA) en 1949, el Berlín oriental.
En 1988, cuando todavía existía la RDA, comenzaron las obras de reconstrucción de las ruinas. En 1995, ya después de la reunificación alemana, se inauguró el “Centrum Judaicum”.
Este museo y centro cultural alberga uno de los archivos más importantes sobre el judaísmo alemán. En el museo se tratan los temas de la historia judeo-alemana: la inculturación, la imagen que los judíos alemanes tienen de sí mismos, la persecución y el genocidio, la reconstrucción de comunidades y el redescubrimiento del Berlín judío.
Todo ello convierte al edificio en un punto de referencia no sólo para Berlín, sino también en un símbolo emblemático, reconocido internacionalmente, de la historia de Berlín y de los judíos alemanes.

El edificio de la Nueva Sinagoga, con capacidad para 3.200 personas, reflejaba el constante crecimiento de la comunidad de Berlín, que se había cuadruplicado hasta alcanzar las 28.000 personas en las dos décadas anteriores a 1866, debido principalmente a la inmigración procedente de las provincias orientales prusianas.
Su enorme costo de 750.000 táleros reflejaba el ascenso socioeconómico de los judíos en Berlín. Su diseño arquitectónico, con influencias moriscas y orientales, evocaba la Alhambra de Granada, pero también seguía modelos indios.
Por un lado, esto se enmarcaba en el contexto del orientalismo, una fascinación generalizada por Oriente que ya desde el siglo XVIII había llevado a utilizar esos motivos en edificios europeos.
Desde una perspectiva judía, sin embargo, el uso de la arquitectura morisca y orientalizante implicaba algo más: una referencia a la Edad Media española, anclada en la memoria colectiva como “Edad de Oro”, como modelo de una supuesta convivencia entre cristianos, musulmanes y judíos.
También, una asociación con los orígenes geográficos y culturales del judaísmo en Oriente, que puede interpretarse como una afirmación, traducida en arquitectura, de un judaísmo seguro de sí mismo.
En otras palabras: esta arquitectura era la manifestación de la lucha por la igualdad social, si se quiere, por un diálogo casi en pie de igualdad.
La entrada La “Nueva Sinagoga” de Berlín se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada El “Consejo sinodal” alemán debe cambiar su nombre se publicó primero en Omnes.
]]>El primero es que el nombre del “Consejo sinodal” debe ser modificado, y deben cambiarse “varios aspectos de la propuesta previamente formulada para un posible órgano sinodal nacional”.
En segundo lugar, tanto la Curia como la DBK están “de acuerdo en que no esté ni por encima ni al mismo nivel que la Conferencia Episcopal”.
Esto es de especial relevancia, ya que hasta ahora, el “órgano sinodal” definitivo que se está preparando en el “Comité sinodal” pretendía ser un órgano de gobierno conjunto entre los obispos y los laicos del “Comité central de los católicos alemanes” ZdK que, en última instancia, fiscalizaría la labor de la DBK a nivel nacional y del obispo en cada diócesis.
Según el comunicado, los obispos alemanes informaron sobre la última reunión del “Comité sinodal”, al que se refiere el comunicado como “órgano de trabajo temporal”.
En la reunión participaron –por parte de la Curia romana– los cardenales Victor Manuel Fernandéz, Kurt Koch, Pietro Parolin, Robert F. Prevost OSA y Arthur Roche, así como el arzobispo Filippo Iannone O.Carm.
Por parte de los obispos alemanes estuvieron Mons. Georg Bätzing, Mons. Stephan Ackermann, Mons. Bertram Meier y Mons. Franz-Josef Overbeck, con la presencia asimismo de la Secretaria General de la DBK, Beate Gilles, y del portavoz de prensa de la DBK, Matthias Kopp.
El principal tema de la reunión ha sido la relación entre el ejercicio del ministerio episcopal y la promoción de la corresponsabilidad de todos los creyentes.
Según el comunicado de prensa, se hizo “especial hincapié en los aspectos de derecho canónico para el establecimiento de una forma concreta de sinodalidad en la Iglesia en Alemania”.
Por lo que se desprende de lo anterior, la Curia Romana vuelve a frenar un “Consejo sinodal” que pretendía la creación de un órgano de gobierno conjunto entre los obispos y los laicos del ZdK, que ha sido prohibido repetidamente por el Vaticano: en sendas cartas del 16 de enero de 2023 y del 16 de febrero de 2024, enviadas por los principales cardenales de la Santa Sede con el visto bueno explícito del Papa, se recordaba que un Consejo sinodal “no está previsto por el derecho canónico vigente y, por tanto, una resolución en este sentido de la DBK sería inválida, con las correspondientes consecuencias jurídicas.”
Al retomar en la reunión del viernes, los “aspectos de derecho canónico” en relación con la “forma concreta de sinodalidad” de la Iglesia en Alemania queda claro que la Curia Romana espera que la DBK avance en este terreno de común acuerdo con el Vaticano.
Según el comunicado, una comisión del “Comité sinodal”, que se ocupará de “la estructura de un órgano sinodal” lo hará “en estrecho contacto con la comisión correspondiente, formada por representantes de los dicasterios interesados”; el “proyecto” de dicho órgano se elaborará ,por tanto, sólo de común acuerdo con el Vaticano.
Las conversaciones entre la Curia y la DBK continuarán “tras la conclusión del Sínodo Mundial, para tratar otros temas de carácter antropológico, eclesiológico y litúrgico”.
Ahora, los obispos deberán trasladar a los miembros laicos del “Comité sinodal” esos dos puntos fundamentales tratados en Roma: el cambio de nombre y el hecho de que el “órgano sinodal de ámbito nacional” que se pretende preparar no puede estar ni por encima ni al mismo nivel que la DBK. La próxima sesión de este Comité está prevista para los días 13 y 14 de diciembre
La entrada El “Consejo sinodal” alemán debe cambiar su nombre se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada El “Comité sinodal” alemán continúa desafiando al Vaticano se publicó primero en Omnes.
]]>Sin embargo, de los 27 obispos titulares, cuatro –el cardenal Rainer Woelki (Colonia) y los obispos Gregor Maria Hanke OSB (Eichstätt), Stefan Oster SDB (Passau) y Rudolf Voderholzer (Ratisbona)– decidieron no participar. Según los organizadores, de estos 74 miembros, en Maguncia estuvieron presentes 64.
El Vaticano ha cuestionado repetidamente la “autoridad que tendría la Conferencia Episcopal (DBK) para aprobar los estatutos” de dicho Comité, ya que ni el Código de Derecho Canónico ni el Estatuto de la DBK “proporcionan una base para ello”.
Como se recordará, tanto en una carta del 16 de enero de 2023 como en otra del 16 de febrero de 2024, los principales cardenales de la Santa Sede recordaron que un Consejo sinodal “no está previsto por el derecho canónico vigente y, por tanto, una resolución en este sentido de la DBK sería inválida, con las correspondientes consecuencias jurídicas.”
Por este motivo, los obispos alemanes declararon que someterían sus trabajos en el “Comité sinodal” a la aprobación de la Santa Sede y que se seguirían manteniendo reuniones en el Vaticano. La fecha de la siguiente visita de obispos alemanes a Roma está aún por fijar.
Sin embargo, en la conferencia de prensa inicial, el presidente de la DBK, Mons. Georg Bätzing, afirmó que “el Comité sinodal cuenta con el go [visto bueno] del Cardenal Secretario de Estado y de los Cardenales involucrados”.
Esta afirmación ha sido cuestionada por la iniciativa de laicos “Nuevo Comienzo”, que desde hace años viene criticando la deriva del “Camino sinodal” y ahora del “Comité sinodal”. La semana pasada enviaron una pregunta formal al Dicasterio vaticano para los Obispos sobre la legalidad de estas actividades de la DBK y del ZdK.
Además, durante la reunión del “Comité sinodal”, el canonista de Tubinga Bernhard Sven Anuth –presentado como “crítico constructivo” del Camino sinodal– expuso la situación canónica o, en palabras de Dorothea Schmidt en el semanario católico “Die Tagespost”, aquello “que cardenales de la curia, canonistas y el Papa llevan intentando hacer entender a la Iglesia católica en Alemania desde 2019”: si Roma ha dicho que “ni el Camino Sinodal, ni un organismo nombrado por él, ni una conferencia episcopal tienen autoridad para establecer el ‘Consejo sinodal’ a nivel nacional, diocesano o parroquial”, entonces cualquier intento de hacerlo sería también “inválido según el derecho canónico”. Thomas Schüller, canonista de Münster y miembro del “Comité sinodal”, le dio la razón: “al final, el obispo y el Papa son los que deciden”.
A pesar de que esta intervención de Bernhard Anuth dejó claro que no habría una “codecisión de los laicos” y que queda descartada la aprobación del Vaticano de una “supuesta paridad” entre obispos y laicos, numerosos miembros del “Comité” se pronunciaron a favor de “ser valientes y explorar o incluso sobrepasar los límites del derecho canónico”.
El ”Comité sinodal” – en palabras del presidente de la DBK– aplicará y seguirá desarrollando “los ricos frutos de las cinco asambleas sinodales”. Con este fin, el sábado se constituyeron tres grupos de trabajo, las llamadas comisiones: una de ellas se dedicará a las iniciativas del “Camino Sinodal” que, por cuestiones de tiempo, no pudieron tratarse en el Camino Sinodal, como ”la nueva moral sexual” o “los derechos de decisión de los laicos”; una segunda comisión evaluará las resoluciones aprobadas en el Camino Sinodal y la tercera preparará el Consejo Sinodal. Cada una de las comisiones está formada por diez miembros del “Comité sinodal”. La próxima reunión de éste está prevista para mediados de diciembre en Wiesbaden.
Una nueva reunión de representantes de la DBK con dicasterios vaticanos, acordada en la última visita de obispos alemanes a Roma en marzo, no tiene aún fecha, pero se rumorea que podría ser antes de que termine este mes de junio.
La entrada El “Comité sinodal” alemán continúa desafiando al Vaticano se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Un congreso católico con contenido cada vez menos católico se publicó primero en Omnes.
]]>El origen de dichas convenciones de católicos se remonta a mediados del siglo XIX: en octubre de 1848 se celebró en Maguncia una asamblea general de las asociaciones católicas de Alemania, inspirada por una demostración de fe, en 1844, cuando un millón de peregrinos de toda Alemania acudieron a Tréveris para la exposición de la Santa Túnica. También se entendía como reacción a la opresión que venía sufriendo la población católica por parte de los gobiernos protestantes desde el Congreso de Viena de 1814-1815, lo que más tarde desembocaría en la “batalla cultural” (Kulturkampf). Inicialmente, el Congreso Católico era una asamblea de delegados de las asociaciones pías.
Debido a la Primera Guerra Mundial, el Katholikentag no se celebró entre 1914 y 1920, y tampoco pudo organizarse durante el régimen nacionalsocialista y la Segunda Guerra Mundial –es decir, entre 1933 y 1947–. A partir de 1948, el Congreso Católico se viene celebrando cada dos años.
Originariamente existía una compenetración entre los laicos y la jerarquía. Sin embargo, a partir del 82.o Congreso Católico Alemán, celebrado en Essen en 1968, y debido a la influencia del movimiento denominado del “68”, surgió una resistencia abierta a la Iglesia oficial. En cierto modo, “los laicos” se ven como una oposición a la jerarquía, especialmente desde 1970, cuando el “Comité Central de los católicos alemanes” (ZdK) asumió la organización del Congreso Católico.
Esto no significa que -como ha sucedido este año en Erfurt- no se busquen soluciones conjuntas para mejorar la atención pastoral. En una mesa redonda, dos diócesis del Este de Alemania -Magdeburgo y Erfurt- presentaron modelos de atención pastoral teniendo en cuenta el descenso de sacerdotes: para atender a sus 72.000 católicos, Magdeburgo contaba en 2013 con 70 sacerdotes; actualmente sólo quedan 43 en activo y para 2030 podrían ser tan sólo unos 20 sacerdotes para atender las 44 parroquias de la diócesis. Ahora bien, su obispo, monseñor Gerhard Feige, expresó claramente que el sacerdocio es inherente a la Iglesia católica: “No me puedo imaginar una Iglesia sin el sacerdocio”.
Si bien las críticas a la Iglesia “oficial” y la reivindicación de “reformas” -sustancialmente, las mismas que desde 1968: celibato “voluntario” de los sacerdotes, sacerdocio femenino, etc.- lo que resulta un tanto novedoso es que la propia jerarquía ejerza esta crítica; en Erfurt, el presidente de la Conferencia Episcopal alemana, monseñor Georg Bätzing -en una especie de debate con la presidenta del ZdK, Irme Stetter-Karp- criticó el “estilo romano de comunicación” del Vaticano, afirmando que “escuchan con mucha distinción, pero luego vuelven a lo de siempre”. Se mostró “ofendido por no recibir respuesta a su petición de diálogo” y abogó por un enfoque que refleje “la diversidad cultural”. Respecto al “Consejo sinodal” prohibido por el Vaticano, se mostró confiado en que este “no cambie sustancialmente la estructura básica de nuestra Iglesia”, que es episcopal y seguirá siéndolo. Como en otras ocasiones, aseguró que “nadie quiere un cisma; queremos una Iglesia universal”.
Por su parte, Irme Stetter-Karp lamentó no haber recibido respuesta a varias cartas dirigidas al Papa y se mostró decidida a que el Camino Sinodal no sea “flor de un día”. Para ello, abogó por una estructura “estable”, aunque es consciente de que, para ello, será necesario modificar a largo plazo el Derecho Canónico.
El nuncio apostólico, monseñor Nikola Eterovic, destacó la importancia de mantener la fe y dar testimonio “en medio de un mundo secularizado”. Dijo: “Sin fe, estamos perdidos”; incluso con el papel minoritario que tienen los católicos en el este de Alemania, pueden seguir siendo importantes en la familia y en la sociedad “si la gente ve que creemos y que la fe nos orienta”.
Fue contundente frente a los que aún siguen abogando por la ordenación sacerdotal de mujeres, subrayando que esa cuestión ha sido ya respondida y “no está abierta”. Recordó que el Papa Francisco ha dejado claro en repetidas ocasiones que la decisión de san Juan Pablo II de reservar la ordenación sacramental a los hombres sigue vigente.
En este sentido se expresó también en Viena su arzobispo, el cardenal Christoph. En una homilía pronunciada en la Universidad Católica ITI de Trumau (Baja Austria), dijo que estaba “profundamente convencido de que la Iglesia no puede ni debe cambiar esto, porque debe mantener inalterado el misterio de la mujer”. La “cuestión de la apertura del sacramento del Orden apremia hoy poderosamente a la Iglesia” -siguió diciendo- “y todas las evidencias sociales parecen hablar a favor de que el orden eclesiástico del sacramento del Orden es el último resto de un sistema patriarcal” y, por tanto, discriminatorio. Sin embargo, no es simplemente estrechez de miras que la Iglesia haya reservado el sacramento del Orden a los hombres. Se trata más bien de “un conocimiento que nos ha sido confiado”. También el cardenal Schönborn se remitió a san Juan Pablo II, quien dijo claramente que no podía cambiar este orden, no porque fuera estrecho de miras o conservador, sino “por el mandato de preservar que la Iglesia es una esposa y el ministerio de los apóstoles y sus sucesores es servir a esta esposa”.
En un Congreso Católico se presentan asociaciones católicas de todas las tendencias; además de movimientos y comunidades, también por ejemplo las organizaciones de defensa del derecho a la vida, como la más conocida de ellas, ALfA. Sin embargo, como se viene comprobando ya desde hace decenios, el “catolicismo político” -tal y como se presenta en estas convenciones- muestra un claro sesgo izquierdista, extendiéndose a la política eclesiástica y a las cuestiones del derecho a la vida y bioética. Por ejemplo, en un panel sobre el aborto no se presentó, ni siquiera a título informativo, la enseñanza auténtica de la Iglesia.
En Erfurt predominaron las cuestiones del movimiento “woke”, llegando a afirmarse que “Dios es trans”. Lo “queer” estuvo presente por todos lados, por ejemplo en una “sala de reflexión sobre perspectivas genderqueer”, sin que haya la más mínima crítica a la ideología de género. Y es que el Congreso Católico podrá ser muy crítico con la jerarquía y la doctrina tradicional, pero no acepta bien las críticas recibidas.
Algunos comentaristas, como Peter Winnemöller en «Die Tagespost», afirman que últimamente los Congresos Católicos son un “fracaso total en lo que se refiere a doctrina y disciplina” católicas y dice que “se agradecería algo de antropología católica, derecho natural y doctrina social católica”. Monseñor Stefan Oster, obispo de Passau, dijo que le gustaría ver un Congreso Católico con contenido más espiritual. El 103 Katholikentag, celebrado en Erfurt, resultó aún más vacío de contenido genuinamente católico que el de ediciones anteriores.
La entrada Un congreso católico con contenido cada vez menos católico se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Los santuarios marianos más importantes de Alemania se publicó primero en Omnes.
]]>Su historia se remonta al año 700, cuando se construyó un baptisterio en el lugar. Según la tradición, Ruperto de Salzburgo trajo a Altötting una primera imagen de la Virgen María. Los sucesores de Carlomagno, en el siglo IX, construyeron un monasterio y una basílica, que fueron destruidos en los ataques húngaros. Tras dos curaciones milagrosas en el siglo XIV, la afluencia de peregrinos superó las dimensiones de la pequeña Capilla de la Misericordia, lo que llevó a la construcción de una iglesia abacial gótica en el siglo XV. Hoy en día, la Plaza de la Capilla incluye la capilla original, la abadía, la iglesia barroca de Santa Magdalena, la Congregación de Hombres Marianos y las oficinas del Rector.
Además de emperadores, reyes y nobles, en 1980 rezó aquí el Papa Juan Pablo II. En 2006, Benedicto XVI peregrinó a Altötting y depositó ante la imagen el anillo episcopal que había llevado hasta su elección como Papa. Con todo, Altötting es un santuario para el pueblo llano, como reza un proverbio bávaro: “De la puerta de cada casa parte un camino a Altötting”.
En Renania, la otra región mayoritariamente católica de Alemania, hay numerosos santuarios marianos como la Virgen Negra (“Schwarze Muttergottes”) en la Kupfergasse, en pleno centro de Colonia, o el de Neviges, también en la diócesis de Colonia. Este último es lugar de peregrinación desde 1681 y tiene la particularidad de que el objeto de la peregrinación, la “Virgen milagrosa de Neviges”, es una página extraída de un libro de oraciones, con un grabado de la Inmaculada Concepción; el libro se publicó por primera vez en 1660;
la imagen procede de la edición de 1664, en la que la imagen ocupaba la página 254. A principios del siglo XX se le conocía como el “Lourdes alemán” por el elevado número de peregrinaciones. La construcción de la iglesia moderna actual tuvo lugar entre 1966 y 1968, diseñada por el arquitecto Gottfried Böhm. El cardenal Karol Wojtyła visitó Neviges junto a otros obispos alemanes y polacos el 23 de septiembre de 1978, 23 días antes de su elección como Juan Pablo II.
Sin embargo, el santuario mariano más conocido de esta región es Kevelaer, en la diócesis de Münster. Juan Pablo II también visitó este lugar, en 1987, acompañado por el Cardenal Joseph Ratzinger y la Madre Teresa de Calcuta, con motivo del Congreso Mundial Mariano. Su origen se remonta a la Navidad de 1641, cuando el comerciante Hendrick Busman oyó una voz misteriosa mientras rezaba junto a una cruz, que le dijo: “¡Me construirás una capilla en este lugar!”. Unos meses más tarde, su mujer Mechel Schrouse tuvo una aparición: en una gran luz resplandeciente vio una santa casa con una pequeña imagen de la Santísima Virgen María “Consolatrix Afflictorum” de Luxemburgo, que dos soldados le habían ofrecido en venta tiempo atrás. Hendrick Busman vio confirmada así su experiencia y pidió a su esposa que localizara a los dos soldados y comprara los cuadros. Ella consiguió comprar uno de ellos. El mercader construyó la capilla y, el 1 de junio de 1642, el párroco Johannes Schink de Kevelaer colocó la imagen solemnemente. Desde la aprobación diocesana, en 1647, comenzaron las peregrinaciones y también los relatos de curaciones milagrosas, que se extienden hasta mediados del siglo XIX. Actualmente, el santuario recibe alrededor de 800.000 peregrinos al año.
Además de estos santuarios “clásicos”, y de varias docenas de lugares de peregrinación de alcance regional, recientemente están han ganado popularidad dos santuarios situados en el territorio de la antigua RDA.
El 23 de septiembre de 2011, durante su último viaje a Alemania como Papa, Benedicto XVI visitó el santuario mariano de Etzelsbach, dentro de la región turingia de Eichsfeld, una especie de “isla católica” que, como recordaba Benedicto, había resistido a “dos dictaduras impías que intentaron arrancar la fe tradicional”. En el santuario de Etzelsbach, “las personas de Eichsfeld estaban convencidas de encontrar aquí una puerta abierta y un lugar de paz interior”, continuó diciendo Benedicto XVI.
La primera capilla de Etzelsbach, actualmente perteneciente a la diócesis de Erfurt, probablemente se construyó en el siglo XV. En 1525, debido a la Guerra de los Campesinos, la peregrinación se interrumpió y no se reanudó hasta el año de la peste de Eichsfeld de 1555, aunque empleando un altar portátil, ya que la capilla seguía muy deteriorada. Hasta 1801 no se construyó una nueva capilla en el lugar de la antigua. Sin embargo, como la peregrinación era muy popular y la capilla no podía acoger el flujo de peregrinos, en 1898 se construyó y consagró la iglesia que todavía existe hoy, según los planos del franciscano Paschalis Gratze.
Una particularidad es la “peregrinación a caballo” anual, que tiene lugar el segundo domingo después de la Visitación de la Virgen María, y que atrae a muchos peregrinos; después de la Misa mayor de la romería son bendecidos los caballos. Además, tanto en agosto como septiembre se celebran tres peregrinaciones tradicionales (Virgen de las Nieves, la Asunción y la Natividad de la Virgen María).
El otro santuario, en la antigua RDA, es Neuzelle, no lejos de la desembocadura del río Neisse en el Oder, que conforma la frontera germano-polaca. Allí, en septiembre de 2018, se constituyó un Priorato dependiente de la Abadía cisterciense de Heiligenkreuz (Santa Cruz) en Austria, tras 200 años desde que los cistercienses, en 1817, tuvieron que abandonar Neuzelle, el único monasterio masculino que, en esta región, había sobrevivido la Reforma protestante.
La imagen de Nuestra Señora de Neuzelle refleja la historia de este santuario: es una imagen gótica, a la que en la época barroca –la iglesia, tras los destrozos sufridos durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), fue restaurada en el estilo del Barroco típico del sur de Alemania, algo poco frecuente en estas latitudes– se añadió un manto y se situó en el centro del retablo. Neuzelle es el lugar oficial de peregrinación de la diócesis de Görlitz, la más pequeña de Alemania, que cuenta tan sólo con un cuatro por ciento de población católica.
La entrada Los santuarios marianos más importantes de Alemania se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada El Campo Santo Teutónico en Roma se publicó primero en Omnes.
]]>Carlomagno estableció la “Schola Franconia” en Roma, una de las muchas organizaciones regionales que ofrecían hospedaje a peregrinos y compatriotas de una determinada región o zona lingüística y que se encontraban repartidas por toda la ciudad y, en particular, en los alrededores de la basílica de San Pedro. Esta Schola pronto se fusionó con el cementerio que ya desde finales del siglo VIII existía dentro de las murallas vaticanas para peregrinos de lengua alemana.
Es importante destacar que hablar de lengua “alemana” en los siglos VIII y IX es anacrónico, ya que los “francos”, origen del reino e imperio de Carlomagno, en dichos siglos estaban extendidos por la mayoría de los territorios actuales de Francia, Alemania, Bélgica, Países Bajos y norte de Italia (antiguo reino langobardo). Por tanto, el término “teutónico” es más preciso, que incluye no sólo a los alemanes actuales (tedeschi en italiano, tudesco en español antiguo), sino también a todos los que viven en el área cultural histórica de habla alemana; a su vez, el término italiano “fiamminghi” incluye a los actuales flamencos y neerlandeses.
En cualquier caso, comienza así la estrecha relación entre “alemanes” y Roma, que se continuará cuando, tras la división del imperio carolingio en el Tratado de Verdún de 843 en tres reinos, del reino franco oriental surja a comienzos del siglo X –con los denominados Otones– el Imperio romano-germánico: con Otón I (rey desde 936, emperador desde 962) comienza la tradición de que el rey alemán sea coronado por el Papa como emperador del (Sacro) Imperio Romano-Germánico, una tradición que llegaría hasta 1530: Carlos V (Carlos I de España) fue el último rey alemán en recibir de manos del Papa la corona imperial, si bien la coronación tuvo lugar en Boloña y no en Roma.
La institución del “Campo Santo Teutónico” incluía ya desde sus inicios no sólo el cementerio, sino también una iglesia y edificios adyacentes. Sin embargo, durante el Cisma de Occidente (1378-1417), el conjunto sufrió daños significativos. Sólo a mediados del siglo XV Friedrich Frid, natural de Magdeburgo, revitalizó la tradición de sepultar a peregrinos de origen alemán en el Campo Santo Teutónico, así como de reparar los edificios existentes.
Reunió a su alrededor a un grupo de ayudantes alemanes y flamencos, lo que impulsó la fundación de una Hermandad de las Ánimas Pobres en 1454, centrada en proporcionar un lugar de descanso digno a los peregrinos, así como en la conmemoración cristiana de los difuntos, el mantenimiento del servicio eclesiástico, la atención a los peregrinos y el cuidado de los compatriotas necesitados y enfermos.
El terreno perteneciente a los canónigos de San Pedro fue transferido a la hermandad. La actual iglesia de Santa Maria della Pietà fue consagrada en el año jubilar de 1500. En 1579, el Papa Gregorio XIII elevó la cofradía a la categoría de Archicofradía de la Madre Dolorosa de Dios en el “Campo Santo de los Alemanes y Flamencos”.
Cuando, en el siglo XIX, comienzan a aparecer en Roma numerosos albergues no eclesiásticos, dejó de darse la necesidad de hospederías para peregrinos, al menos en el mismo grado que hasta entonces. Se planteó así la cuestión de un uso moderno del “Campo Santo”. Coincidiendo con esta circunstancia, la arqueología cristiana se convierte en una disciplina científica y experimenta un auge considerable. Además, con la Kulturkampf (o “batalla cultural“) de Prusia contra el catolicismo, Roma se convirtió en refugio para clérigos alemanes que no podían trabajar en el Reich alemán.
En 1876 se fundó en Campo Santo el Colegio de Sacerdotes como centro de estudios con biblioteca y colección paleocristiana, bajo el rectorado de Anton de Waal (1873-1917). Unos años más tarde, en 1888, fija su sede en dicho Colegio también el Instituto Romano de la Sociedad científica Görres. Los edificios que ocupan ambas instituciones son puestos gratuitamente a disposición por la Archicofradía. Con la fundación del Estado Vaticano en 1929 por los Tratados de Letrán, el Campo Santo goza de estatuto de extraterritorialidad. En 1943/44, durante la ocupación alemana de Roma, allí encontraron refugio unas 50 personas.
Tras la Segunda Guerra Mundial, la Archicofradía, el Colegio de Sacerdotes y el Instituto Görres reanudaron su ya consolidada cooperación. El Campo Santo experimentó un rápido auge, que se reflejó en una renovación y ampliación a gran escala de los edificios en las décadas de 1960 y 1970. Bajo el dilatado rectorado de Erwin Gatz (1975-2010), que también fue director del Instituto Görres, se inició una fase de consolidación institucional y perfilación académica.

Actualmente, además del “cementerio alemán”, completamente amurallado, el “camposanto” alberga la iglesia de Santa María de la Piedad, sede de la Archicofradía de Nuestra Señora de los Dolores (Mater Dolorosa) de los Alemanes y Flamencos, propietaria del Campo Santo Teutónico, así como el Pontificio Colegio de Sacerdotes Alemanes y el Instituto Romano de la Sociedad científica Görres.
Aunque se trata del único cementerio sito dentro de las murallas de la Ciudad del Vaticano y se encuentra justo al lado de la Basílica de San Pedro, no forma parte del Vaticano sino del territorio italiano: los Tratados de Letrán de 1929 hicieron del lugar una posesión extraterritorial de la Santa Sede. Con todo, sólo es posible acceder a él a través del territorio vaticano.
Tanto al cementerio como a la iglesia del Campo Santo Teutónico se puede acudir todos los días de 9.00 a 12.00 horas (excepto los miércoles, durante la audiencia papal). Asimismo se puede asistir a la Santa Misa que se celebra en la iglesia –excepto en el mes de agosto– a diario a las 7.00 h (los domingos, a las 10.00 h).
La entrada El Campo Santo Teutónico en Roma se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada División entre los obispos alemanes por el “Comité Sinodal” se publicó primero en Omnes.
]]>Como se recordará, la idea de introducir un comité o comisión sinodal surgió como respuesta a la negativa del Vaticano a permitir que el “Camino Sinodal” alemán estableciera un “Consejo Sinodal” permanente, compuesto por obispos, sacerdotes y laicos, que funcionaría como un organismo de supervisión de la actuación de cada obispo en su diócesis y de la DBK a nivel nacional. Tanto en una carta del 16 de enero de 2023 como en otra del 16 de febrero de 2024, los principales cardenales de la Santa Sede recordaron que un Consejo sinodal “no está previsto por el derecho canónico vigente y, por tanto, una resolución en este sentido de la DBK sería inválida, con las correspondientes consecuencias jurídicas.” Además, pusieron en duda la autoridad que “tendría la Conferencia Episcopal para aprobar los estatutos”, ya que ni el Código de Derecho Canónico ni el Estatuto de la DBK “proporcionan una base para ello”.
Para sortear la prohibición de la Santa Sede, el “Camino Sinodal” aprobó la creación de un “Comité Sinodal”… cuyo único objetivo es preparar la creación de un “Consejo Sinodal”. El “Comité Central de los laicos alemanes” ZdK aprobó sus estatutos el 11 de noviembre de 2023; para que éstos entraran en vigor se requería la aprobación por parte de la DBK; inicialmente, estaba previsto que esto sucediera en su Asamblea plenaria del 19 al 22 de febrero de este año. Sin embargo, tras la mencionada misiva de los cardenales Pietro Parolin, Víctor M. Fernández y Robert F. Prevost del 16 de febrero –una carta aprobada expresamente por el Papa Francisco– solicitando que no se trataran en la Asamblea Plenaria, la DBK decidió ceder. Durante su visita al Vaticano en marzo de 2024, una delegación de la DBK acordó someter los trabajos del “Comité Sinodal” a la aprobación por parte de la Santa Sede.
Por este motivo, ante la aprobación de los estatutos del “Comité sinodal” por la mayoría de la DBK, los cuatro obispos mencionados de Colonia, Eichstätt, Passau y Ratisbona han hecho una declaración conjunta en la que afirman que esperarán hasta el final del Sínodo mundial de la Sinodalidad para decidir cómo proceder: “Los obispos de Eichstätt, Colonia, Passau y Ratisbona desean continuar el camino hacia una iglesia más sinodal en consonancia con la iglesia mundial”. Recuerdan que las objeciones que repetidamente se han manifestado desde el Vaticano a la constitución de un “Consejo Sinodal” por no ser “compatible con la constitución sacramental de la iglesia” los lleva a la negativa a participar en un “Comité Sinodal”, “cuyo objetivo declarado es la creación de un Consejo Sinodal”.
Los cuatro obispos mencionados “tampoco comparten la opinión jurídica de que la Conferencia Episcopal Alemana pueda ser la responsable del Comité Sinodal si cuatro miembros de la conferencia no apoyan el órgano”. Por tanto, dejan claro que no es la DBK la responsable del “Comité Sinodal”, sino los otros 23 obispos diocesanos.
De este modo, se crea una incertidumbre jurídica manifiesta, ya que, según el propio “Camino Sinodal”, los titulares del “Comité Sinodal” debían ser el ZdK y la DBK. Por tanto, desde el punto de vista jurídico, dicho “Comité Sinodal” está viciado o, por decirlo de un modo menos jurídico, no existe, pues se mueve en un vacío legal, es una mera simulación. Además de que una decisión “por mayoría” contradice el principio de la sinodalidad en sí, que busca el consenso; y con la negativa de la minoría, queda claro que dentro de la DBK no hay consenso en relación con el pretendido “Comité Sinodal”.
Por otro lado, queda por ver cómo se armoniza la participación de 23 obispos en un “Comité Sinodal” que tiene como objetivo la creación de un “Consejo Sinodal” prohibido por la Santa Sede con la afirmación de que dichos obispos someterán los trabajos del “Comité Sinodal” a la aprobación por parte de la Santa Sede. Encontrar una solución conforme al Derecho Canónico para el “Comité Sinodal” se antoja la búsqueda de la cuadratura del círculo.
La entrada División entre los obispos alemanes por el “Comité Sinodal” se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada El lenguaje “inclusivo” comienza a retroceder en Alemania se publicó primero en Omnes.
]]>A mediados de marzo, el Gobierno regional aprobó una ampliación del Reglamento que, ya antes, obligaba a los organismos oficiales –incluyendo las escuelas estatales, que suponen la gran mayoría– a utilizar las normas ortográficas oficiales alemanas, que no contemplan tal lenguaje inclusivo.
Ahora, esta nueva norma da un paso más al prohibir expresamente los diferentes modos de expresar dicha “inclusividad” o “neutralidad”.
Para comprender el alcance de esta normativa, es importante aclarar que, en Alemania, las competencias sobre el uso del lenguaje en organismos públicos corresponden a los Länder (Estados Federados) y no al Bund (Gobierno central, lo que en España se denominaría Estado).
En segundo lugar, en el ámbito de lengua alemana no hay una “Academia de la Lengua”. Existe un “Consejo de Ortografía Alemana” que se define como “organismo intergubernamental encargado de mantener la uniformidad de la ortografía en el mundo de habla alemana y seguir desarrollándola en la medida necesaria sobre la base de las reglas ortográficas”.
Forman parte de él 41 personalidades de siete países o regiones (Alemania, Austria, Suiza, Liechtenstein, la Provincia Autónoma de Bolzano-Alto Adigio y la Comunidad germanófona de Bélgica). Luxemburgo es miembro con voz, pero sin voto. A mediados de diciembre de 2023, el Consejo volvió a pronunciarse en contra de incluir “caracteres especiales” en las normas ortográficas alemanas.
Por otro lado, el lenguaje “inclusivo” comenzó a expresarse con el desdoblamiento de los sexos (“Zuschauerinnen und Zuschauer”: “espectadoras y espectadores”); pero debido a razones de economía lingüística –en el folleto oficial de un organismo público llegaba a decirse que, en los campos de concentración, “las nacionalsocialistas y los nacionalsocialistas torturaban a las judías y a los judíos”– se buscaron otras formas de expresarlo como los “caracteres especiales” a los que se refería el Consejo.
Estos caracteres incluyen formas como Zuschauer_innen, ZuschauerInnen, Zuschauer*innen o, el que más se ha extendido últimamente y que ha adoptado gran número de medios de comunicación, los dos puntos intermedios: Zuschauer:innen.
¿Cómo se pronuncian estas palabras, por ejemplo “Zuschauer:innen”? Cuando surgió este fenómeno se podían observar –principalmente en radio y televisión– dos modos de pronunciarlo: o bien haciendo una pequeña pausa o bien un sonido “oclusivo” (una especie de “ataque de hipo”, según sus detractores).
Sin embargo, también aquí se aplica el principio de la economía del lenguaje: últimamente cada vez se hace menos esa pausa o sonido oclusivo. El resultado es que se pronuncia “Zuschauerinnen”, el femenino plural. En lugar de inclusión se consigue todo lo contrario: la exclusión involuntaria (?) del masculino. ¿O es algo premeditado para sustituir el “masculino genérico” por el “femenino genérico”?
No sorprende que, debido a lo farragoso y ambiguo que en definitiva resulta este lenguaje, gran número de ciudadanos “de a pie” lo rechacen; todas las encuestas realizadas al respecto arrojan un elevado porcentaje de personas que se oponen a este tipo de “caracteres”.
Según el “barómetro de tendencias de RTL/ntv” (julio de 2023), casi tres cuartas partes (73%) están en contra de dicho lenguaje. Sólo el 22% de los encuestados cree que es bueno que la gente hable o escriba de esta manera.
Por sexos, los hombres presentan una mayor oposición (77% en contra, 18% a favor) que las mujeres (70% a 26%). El único grupo que presenta una mayoría a favor es el de los simpatizantes del partido “Los Verdes” (58%).
Ante estas cifras resulta poco comprensible el intento de imponer este lenguaje por parte de prácticamente todos los medios de comunicación –con la radiotelevisión estatal a la cabeza– y también de las administraciones públicas, a pesar de la oposición mayoritaria de la población.
No obstante, algunas administraciones públicas comienzan ya a dar marcha atrás, como demuestra la decisión tomada por Baviera.
Pero esta no ha sido la única: por ejemplo, también el estado federado de Hesse ha anunciado que en la correspondencia oficial sólo empleará “un lenguaje normalizado y comprensible”, basado en las directrices del Consejo Alemán de Ortografía.
Ya antes, en 2021, el ministerio regional (equivalente a “consejería”) de Educación y Cultura de Sajonia decidió que el lenguaje “inclusivo” no se utilizaría en las escuelas ni en las autoridades de supervisión escolar.
El ministerio se reafirmó en ello en julio de 2023, ampliando la directiva con un decreto: se remite asimismo al Consejo Alemán de Ortografía, que según afirma la consejería sajona, “señala que la lengua escrita debe estar libre de barreras y tener en cuenta a quienes tienen dificultades para leer o escribir incluso textos sencillos, así como a quienes aprenden alemán como segunda lengua o lengua extranjera”.
Recientemente, la plataforma “Redaktionsnetzwerk Deutschland (RND)” ha publicado un resumen sobre el estado de la cuestión en los estados federados. Según este informe, Schleswig-Holstein también prohíbe el uso de caracteres especiales; es decir, si un alumno lo utiliza en su examen, se considera como “falta”.
Lo mismo sucede en el estado federado de Sajonia-Anhalt, donde su uso también se penaliza. Y eso, a pesar de que el ministerio de Educación de dicho land se esfuerza por utilizar términos neutros en cuanto al género, según declaró el ministerio a RND: la administración lleva utilizando el desdoblamiento en la forma femenina y masculina desde 1992.
Los otros once estados federados tienen una postura más abierta respecto a este lenguaje inclusivo. Por ejemplo, el ministerio regional de Cultura de Baja Sajonia subraya: “Es importante que, en el sector escolar, todas las personas –con independencia de su identidad de género– sientan que se dirigen a ellas correctamente”.
Se busca elegir un “lenguaje comprensible que no discrimine a nadie”. Una opinión similar se sostiene en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y Renania-Palatinado, según RND.
Sólo dos estados federados, Bremen y Sarre, están claramente a favor de emplear dichos caracteres especiales y así lo hace la administración pública de dichos estados federados.
La entrada El lenguaje “inclusivo” comienza a retroceder en Alemania se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Los obispos alemanes acuerdan con Roma que no tomarán decisiones sin aprobación de la Santa Sede se publicó primero en Omnes.
]]>El comunicado afirma que dicha reunión transcurrió en un ambiente positivo y constructivo. Sin especificar cuáles fueron éstas, se dice que se trataron “algunas cuestiones teológicasabiertas planteadas en los documentos del Camino Sinodal de la Iglesia en Alemania”, lo cual “permitió identificar diferencias y puntos en común”, según el método del Informe Final de Síntesis del Sínodo de la Iglesia Universal de octubre de 2023. Se acordó “un intercambio periódico entre los representantes de la DBK y de la Santa Sede sobre los futuros trabajos del Camino Sinodal y del Comité Sinodal”.
En este contexto, “los obispos alemanes dejaron claro que este trabajo tratará de identificar formas concretas de ejercer la Sinodalidad en la Iglesia en Alemania, de acuerdo con la eclesiología del Concilio Vaticano II, las disposiciones del Derecho Canónico y los frutos del Sínodo de la Iglesia universal, para luego someterlas a la aprobación de la Santa Sede.” También se acordó celebrar una próxima reunión “antes del verano de 2024”.
Este diálogo se inició durante la visita ad limina de los obispos alemanes en noviembre de 2022 y se continuó a lo largo de 2023. Durante este tiempo, varios dicasterios vaticanos expresaron su oposición a la creación de un “Consejo Sinodal” que perpetuara el Camino Sinodal iniciado en 2019, pues dicho Consejo podría comprometer la autoridad del Obispo en una determinada diócesis o de la Conferencia Episcopal a nivel nacional.
Ante la falta de aprobación del Vaticano para dicho “Consejo sinodal”, los representantes del Camino Sinodal acordaron crear inicialmente un “Comité sinodal” que, a lo largo de tres años, prepararía dicho Consejo. El Comité se constituyó el 11 de noviembre de 2023: tras la aprobación de sus estatutos por el Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK) estaba pendiente de la aprobación por parte de la DBK, que había previsto hacerlo en su Asamblea plenaria del del 19 al 22 de febrero.
Sin embargo, los cardenales Pietro Parolin, Víctor M. Fernández y Robert F. Prevost enviaron, el 16 de febrero, una carta –aprobada expresamente por el Papa Francisco– a laDBK para solicitar que ésta, en su Asamblea plenaria, no tratara los Estatutos de un “Consejo Sinodal”. Tras recibirdicha misiva, se fijó el 22 de marzo como fecha para continuar el diálogo. En la carta del 16 de febrero, los cardenales recordaban un Consejo sinodal “no está previsto por el derecho canónico vigente y, por tanto, una resolución en este sentido de la DBK sería inválida, con las correspondientes consecuencias jurídicas.” Ponían en duda la autoridad que “tendría la Conferencia Episcopal para aprobar los estatutos”, pues ni el Código de Derecho Canónico ni el Estatuto de la DBK “proporcionan una base para ello”.
Según la agencia católica de noticias KNA, con el compromiso adoptado por los obispos alemanes, éstos “se han comprometido de facto a no crear nuevas estructuras de dirección para la Iglesia católica en Alemania en contra de la voluntad de Roma”. En algún medio, como la revista sensacionalista “Stern”, se dice que “los obispos alemanes han cedido, tras la última carta incendiaria procedente del Vaticano”. Según dicha revista, “es probable que los obispos alemanes hayan reaccionado así a la advertencia del Vaticano de una escisión de la Iglesia”. Y añade: “con la declaración conjunta queda descartada la creación de un consejo de las características que estaban previstas, donde laicos y obispospudieran tomar decisiones conjuntamente”.
El comité central ZdK no se ha manifestado aún tras la reunión del viernes. Recientemente, su presidenta Irme Stetter-Karp declaró al portal oficioso de la DBK “katholisch.de” que,si no se llegara a constituir el Comité sinodal, debido a la resistencia del Vaticano, el ZdK se retiraría de la colaboración con los obispos.
La entrada Los obispos alemanes acuerdan con Roma que no tomarán decisiones sin aprobación de la Santa Sede se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada La <i>Kulturkampf</i> (“batalla cultural”) de Prusia contra el catolicismo se publicó primero en Omnes.
]]>Prusia siempre había sido un territorio protestante, desde sus orígenes. El Ducado de Prusia, fundado en 1525 por el antiguo Gran Maestre de la Orden Teutónica Albrecht, tras convertirse al protestantismo luterano, fue el primer principado europeo en adoptar el luteranismo como religión oficial. Esta tradición se mantuvo cuando el Ducado fue heredado por los Hohenzollern de Brandemburgo en 1618, donde asimismo se había extendido el luteranismo. Comienza así el ascenso de Prusia-Brandemburgo hasta que el Príncipe Elector Federico III de Brandemburgo es coronado Rey en Prusia en 1701. El título hace referencia a que parte de Prusia –perteneciente a Polonia– quedaba fuera de su territorio. El título Rey de Prusia comenzará a usarse después de la anexión de la antigua Prusia polaca en 1772. En cualquier caso, el protestantismo formaba parte de la identidad de Prusia, frente al carácter católico del otro reino descendiente del Imperio Romano-Germánico, el de Austria.
A comienzos del siglo XIX, prácticamente la totalidad de los católicos que vivían dentro de Prusia eran de origen polaco: de la antigua Prusia polaca o de la Silesia que se había anexionado Federico II (1712-1786). Esta situación cambió notablemente cuando, después de las guerras napoleónicas, gran parte de Renania y de Westfalia pasaron a formar parte de Prusia, pues allí el 70 por ciento de la población era católica.
En Prusia, al igual que en otros estados alemanes protestantes, el soberano ejercía como “summus episcopus” (obispo supremo) de las iglesias regionales protestantes. La Ley General de Tierras prusiana de 1794 establecía que la práctica religiosa, tanto pública como privada, estaba sujeta a la supervisión estatal. Pero esta supervisión estatal sobre la Iglesia católica en Renania y Westfalia entró en conflicto directo con la autoridad universal de la Iglesia católica romana.
Para resistir en este entorno hostil, los católicos comenzaron a organizarse políticamente en Prusia: desde 1848 se intentó una unión de las “asociaciones pías”, lo que llevó en 1868 a la fundación de un “Central-Comité”, precursor del “ZdK” (“Comité central de los católicos alemanes”), después de la Segunda Guerra Mundial.
Simultáneamente, en 1870 se formó un partido político confesional, el “Zentrum”, que al año siguiente se convirtió en el tercer grupo parlamentario en el Reichstag. Bismarck les acusaba de ser “ultramontanos”; es decir, de seguir las directrices de Roma, donde el Papa Pío IX rechazaba el liberalismo y el Estado laico.
Por esta razón, el anticatolicismo estaba muy extendido entre los partidarios del liberalismo en Prusia y en toda Europa. Al atacar a los católicos, Bismarck se aseguró el apoyo de los periodistas y políticos liberales del Partido Nacional Liberal (NLP), la fuerza política dominante en el nuevo Reichstag y en la Cámara de Representantes prusiana.
Una de las primeras acciones directas contra los católicos fue el “decreto del púlpito” (Kanzelparagraph) de diciembre de 1871, que amenazaba con penas de prisión a los clérigos de cualquier confesión que hicieran comentarios sobre asuntos de Estado en el ejercicio de su cargo. Esto marcó el inicio de la Kulturkampf, término acuñado por el político liberal de izquierdas y afamado médico Rudolf Virchow.
Las medidas represivas continuaron: en 1872 se prohibió la orden de los jesuitas, mientras que la “Ley de supervisión escolar” de 1873 puso todas las escuelas bajo control estatal; en 1875 se introdujo el matrimonio civil como única forma válida de matrimonio y se prohibieron todas aquellas órdenes religiosas que no se dedicaban exclusivamente al cuidado de los enfermos.
Al mismo tiempo se intensificó la vigilancia y el control sobre las asociaciones católicas, la prensa y la educación religiosas. Sólo en los cuatro primeros meses de 1875, 136 directores de periódicos católicos fueron multados o encarcelados. Durante el mismo período, se confiscaron 20 periódicos católicos, se registraron 74 edificios católicos y se expulsó o internó a 103 activistas políticos católicos. Se cerraron 55 organizaciones y asociaciones católicas.
A finales de la década de 1870, la Iglesia católica había perdido una influencia considerable y su situación en el Reich alemán era desoladora: más de la mitad de los obispos católicos de Prusia estaban exiliados o en prisión y una cuarta parte de las parroquias prusianas carecían de sacerdote. Al término de la “Kulturkampf”, más de 1.800 sacerdotes habían sido encarcelados o expulsados del país y confiscados bienes eclesiásticos por valor de 16 millones de marcos de oro.
Sin embargo, la política de Bismarck tuvo un efecto contrario al deseado: la batalla cultural fortaleció la solidaridad dentro de la Iglesia, entre la jerarquía y los laicos del Central-Comité, así como el vínculo con el Papa y la identificación con el papado.
Los conflictos de intereses entre católicos liberales y conservadores pasaron a un segundo plano.
Las asociaciones católicas experimentaron un importante auge, al igual que la prensa católica, que respaldó enérgicamente la política del Zentrum a pesar de las medidas represivas. En las elecciones al Reichstag de 1878, el Zentrum se estableció como el segundo grupo parlamentario, obteniendo casi el mismo porcentaje de votos que el Partido Nacional-Liberal: 23,1 por ciento cada uno, lo que se tradujo en 99 escaños para el NLP y 94 para el Zentrum, de un total de 397.
La entrada La <i>Kulturkampf</i> (“batalla cultural”) de Prusia contra el catolicismo se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada La “casa sacramental”, una especialidad eucarística centroeuropea se publicó primero en Omnes.
]]>Ya entre los primeros cristianos, la Eucaristía no se consumía completamente en la Misa, pues el sacerdote solía reservar parte para la comunión de los enfermos. Las hostias consagradas se guardaban reverentemente en recipientes de marfil o metales preciosos, normalmente en una sala contigua de la iglesia. Este es el origen del tabernáculo, el sagrario, donde se reserva al Santísimo.
A lo largo de los siglos se han encontrado diversas soluciones para la situación del sagrario, por ejemplo, integrándolo en retablos góticos y renacentistas o, como hizo obligatorio el Concilio de Trento (1545-1563), sobre la «mensa» del altar mayor. Más tarde, al permitir el Concilio Vaticano II (1962-1965) la introducción del altar exento, cara al pueblo, hizo posible que el sagrario se dispusiera “en un altar lateral, pero que sea realmente destacado” (Instrucción “Inter Oecumenici”, 1964).
Sin embargo, en la Edad Media, en iglesias románicas, pero principalmente góticas y renacentistas de Alemania y otros países europeos como Hungría, la República Checa, Austria, Bélgica, Países Bajos y parte de Francia e Italia, se extendió la denominada «Sakramentshaus», cuya traducción literal es “casa sacramental” o “santuario sacramental”.
Sobre todo después de que el Concilio Laterano IV (1215) empleara la palabra «transubstanciación» para referirse al modo en que se hace realmente presente el cuerpo y la sangre de Cristo en la Eucaristía y fijara en su canon 20 que se conserve la Eucaristía (y el «crisam») en un lugar cerrado herméticamente para evitar profanaciones, unido al deseo de observar y venerar la Hostia consagrada, se buscó un modo en que las iglesias católicas -y las ortodoxas- pudieran “reservar” las hostias consagradas y no consumidas durante la Misa. En Alemania, como se ha dicho, la respuesta a la veneración del Santísimo Sacramento fuera de la celebración eucarística, y por tanto separada de ésta, es la «Sakramentshaus», un elemento constructivo adosado en el muro o en una columna, o también exento.
Los lugares para la reserva de la Sagrada Eucaristía fueron evolucionando desde un simple armario de pared, pasando por un nicho de piedra decorado con ornamentos o figuras, hasta un torreón que recuerda bien las agujas de las iglesias góticas, gigantescas custodias de piedra; suelen ser obras maestras de la cantería y la escultura de la Baja Edad Media. Resulta ciertamente paradójico que estas pequeñas estructuras arquitectónicas alcanzaran la cima de su desarrollo artístico en el norte de Alemania en vísperas de que la Reforma de Lutero, a comienzos del siglo XVI, las hiciera en muchos lugares “obsoletas”.

Un buen ejemplo de los “santuarios sacramentales” más sencillos, propios de iglesias románicas, con el tabernáculo en un nicho cerrado, en el muro del coro y rodeados de un elaborado marco arquitectónico, puede apreciarse en las iglesias de Hänichen o de Großschenk (foto 1). En iglesias de pueblos se puede encontrar también un santuario sacramental de madera, adosado al muro, como es el caso de la iglesia de Groß Zicker en la isla de Rügen (foto 2).
En las iglesias góticas, el santuario sacramental comienza a adquirir forma de torre y una decoración más profusa, con piedra ornamentada, como puede observarse en la iglesia parroquial católica de Remagen, a la izquierda del coro: la casa sacramental toma forma de torre y se prolonga en la bóveda, en el lado izquierdo del coro. Su ornamentación gótica tardía hace pensar que fue realizado en la primera mitad del siglo XVI.

Lógicamente, la «Sakramentshaus» adquiere un especial relieve en las grandes catedrales góticas; se encuentran en la mayoría de los casos en el lado del Evangelio. La de la catedral de Ulm (foto 3), adosada en el crucero, justo en la intersección entre la nave y el transepto, está considerada –con sus 26 metros– la de mayor altura de Alemania. Fue realizada entre 1467 y 1471. Está esculpida íntegramente en piedra caliza y arenisca, a diferencia de la cubierta de madera del púlpito, de estructura similar. Tiene forma de torre, con esculturas de santos en diversos pisos, y es un ejemplo de filigrana gótica.
Los santuarios sacramentales exentos se alojan asimismo en el lado del Evangelio. Un buen ejemplo es el de San Lorenzo de Núremberg (foto 4), la obra maestra de Adam Kraft, realizada entre 1493 y 1496. La torre de arenisca, de más de 20 metros de altura, recuerda los zarcillos entretejidos de un árbol y está sustentada por tres figuras humanas, en una de las cuales se inmortalizó el artista. Consta de siete niveles: el más inferior es el “deambulatorio”, pasando por la Eucaristía (el sagrario propiamente dicho), la Última Cena, la Pasión, al Crucifixión, la Resurrección y el remate de la torre.

En la iglesia parroquial “Unsere Liebe Frau” (“Nuestra Señora”) de Bamberg se encuentra una “casa sacramental” que, por sus dimensiones, es casi una premonición de la capilla del Santísimo que se impondría siglos más tarde. Aunque pudiera pensarse que es una evolución ulterior, fue realizada antes de las casas sacramentales de Remagen, de Ulm y de Núremberg, pues data de 1430.
La parte inferior del conjunto muestra un Entierro de Cristo completamente esculpido. El nicho del tabernáculo en sí, cerrado con una puerta, se encuentra en el centro, en un piso superior; sobre él aparece el rostro de Cristo. A la altura del tercer piso se encuentra una inscripción gótica que hace referencia a la colocación de la primera piedra del coro en 1392. A derecha e izquierda del sagrario, en dos pisos, hay figuras de profetas y apóstoles, aludiendo a la presencia de Cristo en la Eucaristía. La obra está coronada por una representación del Juicio Final, en la que Cristo aparece como juez del mundo; a su derecha están los bienaventurados y al otro lado los condenados, que están siendo devorados por una ballena de gran tamaño. La casa sacramental se sigue empleando en la actualidad como lugar donde se instala el “monumento” del Jueves al Viernes Santo.

Como se ha dicho, con el Concilio de Trento las casas o santuarios sacramentales cayeron en desuso. Ahora bien, como las decisiones de dicho Concilio no siempre se aplicaron en todas partes, en algunos lugares se siguieron construyendo, por ejemplo, para la iglesia de San Gereón de Colonia en 1608. En siglos posteriores, muchas de esas casas sacramentales fueron víctima del furor reformista y del cambio de gustos; especialmente cabe señalar la destrucción de la casa sacramental de la catedral de Colonia en 1766, que había sido alabada en numerosas ocasiones. Algunas volvieron a levantarse en el siglo XIX o XX. Los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial redujeron aún más el número de casas sacramentales. Con todo, han quedado suficientes ejemplos.
La entrada La “casa sacramental”, una especialidad eucarística centroeuropea se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Roma marca la agenda de la Conferencia Episcopal alemana se publicó primero en Omnes.
]]>Sin embargo, este fin de semana el Presidente de la DBK, monseñor Georg Bätzing, obispo de Limburgo, ha recibido una carta firmada por el cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin, así como por los prefectos del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, cardenal Víctor M. Fernández, y para los obispos, cardenal Robert F. Prevost, fechada el 16 de febrero. En dicha carta se dice que en aras de la “continuación del diálogo que ya hemos iniciado, que continuaremos en un futuro próximo y que el Papa Francisco nos ha pedido que reforcemos”, desean “expresar algunas preocupaciones al respecto y dar algunas indicaciones que han sido puestas en conocimiento del Santo Padre y aprobadas por él”.
Los cardenales –con la aprobación del Papa– recuerdan que un Consejo sinodal “no está previsto por el derecho canónico vigente y, por tanto, una resolución en este sentido de la DBK sería inválida, con las correspondientes consecuencias jurídicas.” Y ponen en duda la autoridad que “tendría la Conferencia Episcopal para aprobar los estatutos”, pues ni el Código de Derecho Canónico ni el Estatuto de la DBK “proporcionan una base para ello”. Y añaden: “Tampoco la Santa Sede ha emitido un mandato; al contrario, ha expresado la opinión contraria.”
Anteriormente, cuatro obispos alemanes se habían pronunciado en contra de participar en el comité y de financiar el proyecto a través de la Asociación de Diócesis Alemanas. Según los obispos Gregor Maria Hanke (Eichstätt), Stefan Oster (Passau), Rudolf Voderholzer (Ratisbona) y el cardenal Rainer Maria Woelki (Colonia), la creación de un comité sinodal para preparar un Consejo sinodal va ya directamente en contra de las directrices del Papa Francisco.
El escrito actual recuerda que sobre esto ya se trató entre los obispos alemanes y la Santa Sede durante la última visita ad limina “y posteriormente en la carta del 16 de enero de 2023 del cardenal Secretario de Estado y de los prefectos de los Dicasterios para la Doctrina de la Fe y para los Obispos, en la que se pedía expresamente, con un mandato especial del Santo Padre, que no se siguiera adelante con la creación de dicho consejo”. En dicha carta se decía: “Ni el Camino Sinodal, ni un organismo designado por él, ni una conferencia episcopal tienen competencia para instituir un Consejo Sinodal ni a nivel nacional ni diocesano ni parroquial”.
Aunque no lo recuerde la carta actual, tanto la Santa Sede como personalmente el Santo Padre se volvieron a referir más tarde al “Consejo sinodal”: en una carta que Francisco envió a cuatro exparticipantes del Camino Sinodal, fechada el 10 de noviembre, hablaba de “numerosos pasos con los que gran parte de esta Iglesia local amenaza con alejarse cada vez más del camino común de la Iglesia universal”. Francisco incluía entre dichos pasos “la constitución del Comité sinodal, que tiene como objetivo preparar la introducción de un órgano consultivo y decisorio que no puede conciliarse con la estructura sacramental de la Iglesia católica”.
A finales de noviembre se dio a conocer un escrito, fechado el 23 de octubre, que el cardenal Secretario de Estado dirigía a la secretaria general de la DBK, Beate Gilles. Allí, el cardenal Parolin afirmaba que tanto la doctrina de reservar el sacerdocio a los hombres como la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad -dos de los principales cambios que quiere introducir el Camino Sinodal- son “innegociables”.
Por eso ahora los cardenales vuelven a tomar cartas en el asunto, ante la expectativa de que la DBK se ocupara de los Estatutos del comité sinodal. Es de notar la continuidad entre el escrito del 16 de enero de 2023 y este del 16 de febrero de 2024: aunque han cambiado las personas que dirigen los Dicasterios -el cardenal Víctor M. Fernández por el cardenal Luis Ladaria al frente del Dicasterio para la Doctrina de la Fe; el cardenal Robert F. Prevost de lugar del cardenal Marc Ouellet en el de los obispos-, la línea que sigue la Santa Sede frente a los obispos alemanes, la argumentación e incluso la dicción sigue siendo los mismos.
La Santa Sede habla con toda claridad cuando es necesario. Así, en esta carta de 16 de febrero se puede leer: “Aprobar los estatutos del Comité Sinodal sería, por tanto, contradecir la instrucción de la Santa Sede emitida por mandato especial del Santo Padre y le presentaría una vez más hechos consumados.”
Con todo, sigue apostando por el diálogo: termina recordando que “el pasado mes de octubre se acordó conjuntamente que las cuestiones eclesiológicas tratadas por el Camino Sinodal, incluido el tema de un órgano interdiocesano consultivo y decisorio, se debatirían más a fondo en la próxima reunión entre representantes de la curia romana y de la DBK”. Si los estatutos del “comité sinodal” –sigue diciendo– se aprobaran antes de esa reunión, ”se plantea la cuestión de la finalidad de esta reunión y, más en general, del proceso de diálogo en curso”.
La carta de los cardenales ha surtido un efecto inmediato: según la agencia de noticias KNA, que cita al portavoz de la DBK, Matthias Kopp, el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Georg Bätzing, ha comunicado ya a los otros obispos que, por el momento, este punto se retirará del orden del día, y que todo lo demás se decidirá durante la asamblea plenaria de Augsburgo.
La entrada Roma marca la agenda de la Conferencia Episcopal alemana se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Las “bellas fieles” o cómo trasmitir hoy el atractivo de la fe de manera fiel y creativa se publicó primero en Omnes.
]]>No obstante, la comunicación efectiva de la fe es tan importante que el Papa Francisco le ha dedicado toda una Carta Apostólica (Antiquum Ministerium, del 10.05.2021), proponiendo la fidelidad a las verdades de fe combinada con la creatividad para exponer los contenidos de manera. adaptada a los tiempos, oyentes y culturas.
Este es el propósito que persigue Alberto Gil, profesor en la Facultad de Comunicación de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma, en este libro.
El autor pone al servicio de la comunicación de la fe su extensa experiencia en enseñanza, investigación y práctica de la retórica, condensando en 160 páginas las reglas más esenciales de la buena dicción para aquellos que buscan mejorar su competencia comunicativa en la transmisión de la fe.
Gil utiliza como ejemplo un problema común en la traducción, en el que es proverbial la expresión “Les belles infidèles” (“las bellas infieles”), que se remonta al filólogo Gilles Ménage. En 1654, al referirse a la traducción que un tal Nicolas Perrot d’Ablancourt hizo del escritor satírico griego Luciano de Samosata (muerto hacia el año 200), dijo: Esta traducción me recuerda a una dama de Tours de la que me enamoré. Era hermosa (belle), pero infiel (infidèle). En toda traducción surge el conflicto de escribir de manera inteligible, hermosa y cercana a la lengua a la que se traduce, sin sacrificar la fidelidad al original.
Gil destaca que la predicación es esencialmente una traducción o transferencia de la revelación o enseñanza de la Iglesia al entendimiento de los destinatarios.
Pero, ¿debe esto ir acompañado de deslealtad hacia el original? Los buenos traductores procuran que su traducción no sólo sea fácil de leer, es decir, “bella” (belle), sino también fiel al texto original (fidèle), porque los traductores no son los autores originales. La pregunta fundamental es: ¿cómo lograr que la traducción de la fe se convierta en “Les belles fideles” (las bellas fieles)?
En un primer capítulo, titulado “Hermenéutica y responsabilidad”, se aborda lo que técnicamente se denomina hermenéutica, es decir, interpretación: quien desea hablar de manera clara y comprensible, debe entender e interpretar primero el mensaje que quiere transmitir.
El autor, y en esto radica lo original de su mensaje, habla en este contexto de una hermenéutica sub specie communicationis; es decir, para llegar correctamente a los destinatarios de un mensaje se debe comprender con la mente y los ojos de los oyentes, involucrándolos virtualmente en la preparación del discurso.
Como ejemplo menciona que no se trata de responder a preguntas que nadie le haría, por parafrasear al Papa Francisco. Esto requiere una gran responsabilidad, para no cambiar la revelación o la enseñanza de la Iglesia, sino para hacerla más comprensible y atractiva, de modo que los oyentes se identifiquen con lo que oyen y se despierte en ellos un mayor interés en su recepción, ofreciendo ideas y soluciones para transmitir la fe con mayor claridad y accesibilidad, manteniéndose fiel a la Revelación.
En el segundo capítulo se aborda otra dimensión del receptor, su emotividad. Los sólidos argumentos del emisor son ineficaces si el destinatario no se beneficia de ellos, es decir, si no reconoce ningún efecto útil para su vida. Esta “utilidad”, según el autor, debe distinguirse claramente del puro utilitarismo de búsqueda de beneficios. Lo útil es un bien, lo que los latinos denominaban “bien útil” (bonum utile).
Esta utilidad abarca desde la solución de problemas materiales, pasando por la ayuda espiritual, hasta el beneficio más elevado para la humanidad: la redención por la muerte de Cristo. Gil propone ideas y da consejos para que las charlas de formación religiosa motiven más a los oyentes, al percibirlas como una ayuda concreta para su propio progreso espiritual.
Sólo sobre esta base resultan útiles las técnicas clásicas de la retórica, a las que se refiere el tercer capítulo, en el que el autor subraya especialmente la importancia de centrarse en un problema o aspecto del tema en torno al cual girará toda la conferencia.
Muchos sermones o conferencias resultan aburridos por parecer demasiado generales o moralizantes. Tras la fase de reflexión sigue una fase de estructuración, para que el oyente no se pierda en la maraña de argumentos, sino que pueda seguir siempre un hilo conductor comprensible.
Las técnicas de producción del discurso, tanto verbales como no verbales, que se aprenden en la retórica clásica y moderna, sólo son eficaces sobre esa base de buena orientación.
El cuarto capítulo contiene guiones como ejemplo para charlas de formación, agrupadas según dos tipos diferentes de oyentes: jóvenes en el periodo de formación y profesionales tanto en su vida familiar como en el ejercicio de su trabajo.
Para los primeros se presentan temas como la sinceridad en la dirección espiritual, el orden en el plan de vida, la santa pureza y el pudor, el estudio y el trabajo, así como la relación entre libertad y responsabilidad.
Para el segundo grupo se ofrecen guiones sobre la vida sobrenatural, la oración, la presencia de Dios durante el día, la mortificación, el Espíritu Santo y la Iglesia, así como la virtud de la alegría y su dimensión apostólica.
El presente libro no es una simple guía, sino que se adapta al nivel intelectual que suelen tener los catequistas y todos aquellos que dan clases de religión o son formadores en la fe, sin llegar a ser un libro científico para especialistas.
Una lectura y un estudio atentos de este libro, traducido ya al alemán, italiano y portugués, puede contribuir significativamente a mejorar los medios de formación espiritual. Por lo tanto, se recomienda vivamente a todos aquellos que se toman muy en serio su función de formadores y desean mejorar constantemente en esta labor tan importante.
La entrada Las “bellas fieles” o cómo trasmitir hoy el atractivo de la fe de manera fiel y creativa se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Santa Eduvigis, la santa que une el mundo germánico y eslavo se publicó primero en Omnes.
]]>Lo mismo ocurre con santa Eduvigis (Eduviges), tía de Isabel de Turingia, pues la madre de ésta, Gertrudis, era su hermana. En Baviera, se la conoce como Eduvigis de Andechs, por la población -en aquel entonces, tan sólo un castillo- situada a orillas del lago Ammersee, en que nació en 1174, como hija del conde Berthold IV de Andechs. Sin embargo, generalmente pasó a la historia como Eduvigis de Silesia, donde vivió la mayor parte de su vida. En polaco se la denomina Święta Jadwiga Śląska: debido a la influencia de su esposo Enrique I de Silesia, la región, originalmente eslava, experimentó una mezcla de población polaca y alemana hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.
Después de pasar su infancia en la abadía de Kitzingen, educada por monjas benedictinas de las cuales su tía era la abadesa, su padre la casó -como se acaba de decir- con el futuro conde Enrique I de Silesia y «princeps» de Polonia. A finales del siglo XII, la infancia terminaba pronto: Eduvigis tenía 12 años cuando contrajo matrimonio y 13 cuando dio a luz a su primer hijo; a lo largo de los años, tuvo cinco hijos más. Según la tradición, después de 22 años de matrimonio, Eduvigis y Enrique hicieron voto de continencia; sin embargo, esto no afectó a la felicidad de su matrimonio. A diferencia de la creencia común sobre los matrimonios políticos, muchos de ellos resultaron ser felices; sin ir más lejos, así lo fue también el de su sobrina Isabel con el landgrave Luis de Turingia.
En 1201, Enrique I se convirtió en duque de Silesia y obtuvo la parte meridional de la Gran Polonia y el ducado de Cracovia, razón por la que se hacía llamar “duque de Silesia, Polonia y Cracovia” y por la que, en diversas crónicas medievales y modernas, Eduvigis suele aparecer como “duquesa de Polonia”.
Mientras su esposo se dedica a consolidar sus posesiones, Eduvigis se esfuerza por difundir las ideas cristianas, atiende devotamente a pobres y enfermos, funda monasterios femeninos y apoya a diversas órdenes religiosas en el establecimiento de filiales. Según la tradición, llevaba siempre consigo una estatuilla de la Virgen María para contemplarla con devoción, incluso en medio de adversidades como la destrucción de su lugar de nacimiento, el castillo de Andechs. Su hermana Gertrudis -la madre de Isabel de Hungría o de Turingia- fue víctima de un intento de asesinato. Además, tuvo que asumir la muerte prematura de sus tres hijos y dos de sus hijas, pues la única de sus seis hijos que la sobrevivirá será una hija, también llamada Gertrudis. Eduvigis lo lleva con el consuelo de la fe y la oración diaria, que con el tiempo la condujo al deseo de llevar una vida consagrada.
Después de la muerte de su esposo en 1238 y la pérdida de su hijo primogénito, sucesor de su padre como Duque de Silesia y «princeps» de Polonia, en la batalla de Liegnitz contra los mongoles tres años después, Eduvigis ingresó al monasterio cisterciense de Trebnitz, que ella misma había fundado en 1202, siendo el primer convento femenino de Silesia. El monasterio crecerá rápidamente hasta albergar a unas mil monjas, alumnas y sirvientas. Allí morirá, el 15 de octubre de 1243, a la edad de casi 70 años.
Además de la fundación de Trebnitz, por lo que suele representarse con una iglesia sobre la mano -como es usual en muchas imágenes de santos de la Edad Media- y así aparece en la estatua del monasterio de Niedernburg, de comienzos del siglo XV, también construyó hospitales y asilos, como el Hospital del Espíritu Santo en Breslavia (Breslau, en alemán; Wrocław, en polaco) y un hospital para mujeres leprosas cerca de Neumarkt.
La fama de santidad de Eduvigis no se debe sólo a la vida monástica a la que se retiró los últimos años de su vida, sino principalmente a su servicio a los pobres y a su constante generosidad para con ellos. Según relatan las crónicas, además de construir hospicios y albergues, también se esforzaba personalmente por ayudarles; incluso, aprendió el polaco para atenderlos mejor. Su modestia y su sobriedad en el vestir la hace llamativamente ajena a su estatus. Hedwig no se avergüenza de llevar ropa usada, calzado viejo o incluso ir descalza: en algunas representaciones lleva los zapatos en la mano, como alusión a dicha circunstancia. Eduvigis no quiere distinguirse de los pobres porque, como dice a su hija Gertrudis, los pobres “son nuestros amos”.
Estas afirmaciones se basan en la principal fuente sobre la historia de su vida, la «Vita beate Hedwigis», escrita en latín hacia 1300 por un erudito desconocido, y que ha sido traducida al alemán varias veces desde finales del siglo XIV. Estas afirmaciones se ven respaldadas por el documento de canonización del Papa Clemente IV, quien la canonizó el 26 de marzo de 1267; su fiesta se celebra el 16 de octubre.
Además de ser la patrona más importante de Silesia y Polonia junto con san Adalberto y san Estanislao, su veneración se extendió hacia el occidente, desde Gdansk y Cracovia hasta Viena, Trento y Amberes, favorecida por las monjas cistercienses y la dinastía polaca de los Piast.
En 1773, Federico el Grande, rey de Prusia, construyó la Catedral de Santa Eduvigis en Berlín, actual sede de la arquidiócesis de Berlín, principalmente para los católicos inmigrantes de Silesia. Así, Eduvigis se convirtió también en la patrona de Brandeburgo y Berlín, además de su lugar de nacimiento, Andechs en Baviera. De este modo, santa Eduvigis tiende un puente especial entre el mundo germánico y el eslavo.
La entrada Santa Eduvigis, la santa que une el mundo germánico y eslavo se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Número de abusos sexuales en la Iglesia evangélica alemana superior al esperado se publicó primero en Omnes.
]]>El resultado más destacado de dicho estudio, que consta de 871 páginas, es que el número de víctimas de abusos sexuales es muy superior a lo esperado. Pero antes de entrar en un análisis de este estudio es importante señalar dos particularidades.
En primer lugar, mientras que el estudio sobre los abusos sexuales en la Iglesia católica (“estudio MGH”, 2018) se circunscribía a persona consagradas, el estudio “ForuM” afecta no solamente a pastores protestantes, sino también a empleados de la denominada “Diaconía”, la institución protestante equiparable a ”Cáritas” en el ámbito católico.
En segundo lugar, el “estudio MGH” se hizo a partir de los expedientes personales que obran en las curias diocesanas, un total de 38.156 expedientes. En el caso del estudio “ForuM” sólo se ha dispuesto de datos exhaustivos en el caso de una de las iglesias regionales de las 20 que configuran la EKD. En total se examinaron 4.300 expedientes disciplinarios, 780 expedientes de personal y unos 1.320 documentos de otro tipo. Según la presidenta del Consejo de la EKD, Kirsten Fehrs, las iglesias protestantes no se negaron a cooperar, pero lo hicieron “peor” que las diócesis católicas: no hubo “falta de voluntad deliberada”, sino simplemente una “desafortunada incapacidad”.
Se trata, por lo tanto, de “proyecciones”. En el estudio se dice al respecto: de aquí se desprende “un número total estimado de 3.497 personas acusadas (incluidos 1.402 pastores) y 9.355 personas afectadas” desde 1946.
Es por esto que, aunque esas cifras sean muy superiores a lo que se suponía hasta ahora, pues se partía de unas 900 víctimas de abusos, se trata tan sólo –según el coordinador del estudio, Martin Wazlawik, profesor de Trabajo Social en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Hannover–de la “punta de la punta del iceberg” y una “muestra muy selectiva”.
El estudio “ForuM” hace referencia a que la iglesia evangélica había considerado los abusos sexuales (“violencia sexualizada”) como un problema específico de la Iglesia católica o, por el contrario, como un problema de la sociedad en su conjunto, pero que no les afectaba especialmente.
En el prólogo al Estudio se habla también de una tendencia “historicista”: considerarlo como un problema circunscrito a los orfanatos de los años 50 y 60, o bien como un fenómeno pasajero de la “liberación sexual” tras “el 68”.
Como una de las causas “sistémicas” o específicas de las iglesias evangélicas se indica la falta de un suficiente control: al no tener un líder religioso se concede una amplia autonomía a cada pastor, lo que lleva a “una difusión de la responsabilidad en las complejas estructuras de una Iglesia que en muchos lugares concede gran importancia a construirse a sí misma desde abajo y no prevé una supervisión fuerte con posibilidades de intervención”. Además, un cierto “laissez-faire” en la educación sexual podría haber sido una característica del abuso específicamente protestante. Concretamente, el estudio “ForuM” habla de un mayor auge de la “liberación sexual” que en el catolicismo, así como de la influencia de pedagogos como Helmut Kentler, Gerold Becker y Hartmut von Hentig que, con su “superación de límites” en los contactos entre adultos y niños, favorecieron una influencia “paidosexual” sobre la pedagogía reformadora protestante y la ética sexual. Ahora bien, el estudio admite que “aún está por hacer un análisis y reflexión más detallados sobre la influencia de diversas corrientes pedagógicas reformistas y posibles corrientes paidosexuales».
En cualquier caso, en lo que coinciden los estudios MHG y ForuM es en que las víctimas de abusos sexuales son, en aproximadamente dos tercios, de sexo masculino: así lo eran el 64,7% de las víctimas de la Iglesia protestante. El 99,6% de los agresores también eran hombres; lo específico de las iglesias evangélicas es que tres cuartas partes de los agresores sexuales estaban casados cuando cometieron su primer delito.
De este resultado se infiere que el celibato no es, como se ha venido repitiendo en los últimos años a raíz del estudio MHG, un factor de suma importancia y aún menos el más determinante. Incluso un periódico no conocido precisamente por su simpatía hacia la Iglesia católica como el berlinés “Der Tagesspiegel” subrayaba en su editorial que la iglesia protestante no puede aducir como principal motivo de los abusos sexuales el celibato, el argumento más recurrente, pues no existe en ella.
La iniciativa de laicos católicos «Nuevo Comienzo”, que se ha dado a conocer sobre todo por su oposición al Camino Sinodal de la Iglesia católica en Alemania, decía en un comunicado que este nuevo estudio ha acabado por fin con el “persistente relato del Camino Sinodal, según la cual los abusos tienen causas sistémicas de carácter específicamente católico”. Si bien estructuras sistémicas como “los desequilibrios de poder, los modelos de roles poco claros, la capacidad de manipular a los autores potenciales en relaciones asimétricas” pueden favorecer los abusos, no son “ni específicamente católicas ni confesionales”. Allí donde se hace una labor con niños y jóvenes, estos factores podrían favorecer “sistémicamente” los abusos; pero, según la iniciativa, no hay indicios de factores adicionales “específicamente católicos de eficacia significativa e importante” ni en el estudio protestante ForuM ni en el católico MHG. La iniciativa concluye: “Ambos estudios muestran que las iglesias no han afrontado ni respondido bien al problema de los abusos durante mucho tiempo”.
En el semanario católico “Die Tagespost”, Regina Einig comentaba que si bien este estudio “no debe ser motivo de satisfacción para los católicos”, el hecho de que también haya casos de abusos en el ámbito protestante plantea cuestiones objetivas a los obispos alemanes y permite sacar conclusiones para el Camino Sinodal, “pues las premisas bajo las que se inició éste están demostrando ser insostenibles”. El estudio MHG señaló –prosigue Einig– tres características de la Iglesia católica como factores que facilitaban los abusos sexuales: el celibato, la estructura jerárquica de la Iglesia y la falta de mujeres en el liderazgo. Ninguna de ellas las tienen las iglesias protestantes y, sin embargo, esto no ha evitado que se produjeran aquí abusos; “ni siquiera la casa pastoral protestante con un pastor casado y una familia tradicional garantiza un espacio seguro”.
Para la redactora de “Die Tagespost”, en una cosa coinciden la Iglesia católica y las protestantes: “les cuesta reconocer las consecuencias negativas de la revolución sexual y la ideología de 1968”. Las “aberraciones de la educación sexual, que a partir de los años 60 fueron responsables de los experimentos de los sexólogos con menores” que negaron el sufrimiento de los afectados, son “inconcebibles sin el rumbo ideológico marcado por el movimiento de 1968”. En este contexto aboga por una rehabilitación póstuma de Benedicto XVI: “Sus críticas al 68 en relación con la crisis de los abusos no fueron exageradas”.
La entrada Número de abusos sexuales en la Iglesia evangélica alemana superior al esperado se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Los “Niños Cantores de la Estrella”, una costumbre muy extendida en Centroeuropa se publicó primero en Omnes.
]]>
De acuerdo con la tradición, la bendición se escribe de manera preestablecida: “20*C+M+B+24”; el asterisco simboliza la estrella. Es parte de la tradición que, en una ceremonia de bendición, el obispo o el párroco envíe a los niños, ya que cada parroquia, además del nivel diocesano, envía a sus propios “Sternsinger”. Últimamente, los Sternsinger llevan la “bendición” preparada en adhesivo. Después, la inscripción o la cartela se inciensa y los “Reyes Magos” cantan villancicos.
Esta tradición se remonta a mediados del siglo XVI: el documento más antiguo sobre esta costumbre es un registro de la abadía de San Pedro de Salzburgo correspondiente a 1541. Se debió de extender rápidamente: en Wasserburg am Inn hay constancia de ello en 1550, en Laufen y Eggenburg en 1552; en la abadía benedictina de Ettal en 1569 y en Burghausen en 1577.
Desde mediados del siglo XX esta tradición se asocia con campañas de la Iglesia católica para recaudar fondos destinados a proyectos de ayuda al desarrollo para niños necesitados de todo el mundo. En Alemania, desde 1958 las campañas están coordinadas por la organización misionera infantil “Die Sternsinger”, con sede en Aquisgrán, junto a la Asociación de la Juventud Católica Alemana (BDKJ).
Cada año participan alrededor de 300.000 niños en Alemania, quienes en 2023 recolectaron exactamente 45.454.900,71 euros. Desde su inicio en 1958, se estima que se han recaudado unos 396 millones de euros, con los que se financiaron unos 40.000 proyectos.

Con el objetivo de familiarizar a los participantes en estas campañas con las condiciones de vida de los niños necesitados, cada año la campaña de Reyes se centra en un tema y un país diferentes.
Así, el lema de la campaña de 2024 ha sido: “Juntos por nuestra Tierra, en la Amazonia y en todo el mundo”. Sin embargo, las donaciones no se destinan solo a esta región, sino a 1.179 proyectos de ayuda a la infancia en todo el mundo, abarcando más de 90 países, desde Iberoamérica hasta Oceanía, pasando por el Este de Europa, el Próximo Oriente y Asia.
Tradicionalmente, los “Sternsinger” son recibidos por el Presidente de la República Federal, así como por el Canciller, por otros miembros del Gobierno Federal en sus ministerios, por algunos Ministros-Presidentes de los Länder y por alcaldes.
El número tres de los Reyes Magos se refiere a la donación de oro, incienso y mirra que los Magos ofrecieron al Niño Jesús en Belén.
Desde aproximadamente el siglo VI aparecen, por ejemplo, en la basílica de Sant’ Apollinare Nuovo de Ravena con los tres nombres clásicos: Baltasar, Melchor, Gaspar; presentan rasgos orientales, acentuados por el gorro frigio.
Ya aquí hay una cierta diferenciación de edades. Sin embargo, desde Beda Venerable (siglo VIII) se considera que simbolizan las tres edades del hombre, así como los tres continentes conocidos hasta entonces: el más anciano, Asia; el de mediana edad, Europa; el más joven, África, aunque éste, en la historia del Arte, no se represente como negro hasta el siglo XVI, aproximadamente.
Si bien hasta hace no mucho, uno de los “reyes magos” solía pintarse la cara de negro, como consecuencia de la cultura woke, esta práctica está prácticamente desaparecida. Sin embargo, este año genraron bastante revuelo en Alemania las declaraciones de la teóloga protestante Sarah Vecera: “Para los negros, es hiriente que la negritud se vea como un disfraz y que los blancos se pinten la cara de negro”, dijo en conversación con “Evangelischer Pressedienst (epd)”.
A esto respondió, por ejemplo, Sebastian Ostritsch en “Die Tagespost”: “Calificar la representación de un rey negro que rinde homenaje a Cristo y reparte bendiciones a las familias como ‘blackfacing’ carece de sentido tanto por razones histórico-culturales como teológicas. Histórica y culturalmente hablando, el ‘blackfacing’ se refiere a los ‘minstrel shows’ del siglo XIX en Estados Unidos. En esta forma de teatro, muy popular en la época, los negros eran representados por blancos de una forma no precisamente halagadora y cargada de estereotipos negativos. Sin embargo, el negro entre los Reyes Magos se sitúa en un contexto completamente distinto: no se trata de ridiculizar a los negros, sino todo lo contrario. (…) La diversidad de los Magos, que se manifiesta también en el color de su piel, deja claro que todos los pueblos sin excepción están invitados a acercarse al Salvador. Mientras que la cultura woke predica la “diversidad”, en realidad sólo promueve un igualitarismo destructivo. Por el contrario, los Sternsinger revelan la gloriosa unidad en la diversidad que podemos encontrar en Cristo”.
En 2015, los Sternsinger se incluyeron en la lista del patrimonio cultural inmaterial de Alemania.
La entrada Los “Niños Cantores de la Estrella”, una costumbre muy extendida en Centroeuropa se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Peregrinar a Alemania: la catedral de Aquisgrán se publicó primero en Omnes.
]]>El “Himno de Aquisgrán” resalta la importancia significativa que tuvo esta ciudad, especialmente durante la época de Carlomagno, a finales del siglo VIII y principios del IX.
En aquel entonces, el reino franco (anterior al alemán) no tenía una capital fija, siendo una monarquía itinerante para mantener proximidad con los vasallos. El rey y su séquito se trasladaba de un “Pfalz” (palacio real) al siguiente; el tiempo que pasaba en uno u otro variaba mucho.
Aquisgrán se destacó como lugar de residencia, no solo por su ubicación geopolítica, sino también por la preferencia personal de Carlomagno, quien, afectado por la gota, encontraba alivio en las aguas termales con propiedades medicinales desde la época romana.
El nombre “Aquae Granni” o “Aquisgrani”, del cual derivan tanto la denominación española como la italiana de la ciudad, hace referencia a las aguas termales asociadas al dios celta “Grannus”. El nombre alemán «Aachen» o el neerlandés «Aken» también aluden a las aguas termales.

La construcción del “Pfalz” de Aquisgrán comenzó con Pipino el Breve, rey franco desde 751 y padre de Carlomagno (747/748-814). Sin embargo, fue este último quien le dio el impulso decisivo al convertirlo en su residencia invernal ya desde el primero de su reinado en 768.
Desde 777, la “curia” real albergó a destacados eruditos de toda Europa (Alcuino, Paulino II de Aquilea, Paulus Diaconus, Teodulfo de Orleans). Se convirtió en un centro de erudición latina (teología, historiografía, poesía), a lo que contribuyó muy particularmente la nueva escritura, la denominada letra “minúscula carolingia”, y la inspiración se extendió desde allí a todo el Imperio franco. Da comienzo así el denominado “renacimiento carolingio”, tras décadas de declive cultural.
Una de las grandes empresas llevadas a cabo por Carlomagno fue la construcción de la capilla palatina (“Pfalzkapelle”), precursora de la actual Catedral de Aquisgrán.
El edificio octogonal, erigido entre los años 795 y 803, tomó como modelo las iglesias bizantinas, en especial San Vitale de Ravena.
Construido sobre los restos de un complejo termal romano, utilizó materiales de construcción provenientes de diversas partes del Imperio franco, incluyendo “espolios” como antiguas columnas y otros materiales de construcción romanos.
El octógono interior está rodeado por una construcción hexadecagonal (polígono de 16 lados), coronado por una imponente cúpula.
Con sus 31,40 metros de altura, la capilla no sólo no tenía parangón al norte de los Alpes; pasarían más de 200 años para que se construyera un edificio similar.
La relación 1:1 entre altura y anchura de la construcción central alude a la armonía de la Jerusalén celestial: “la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales”(Ap 21, 16).
La capilla palatina será el lugar de coronación de los reyes alemanes entre 936 y 1531. Más que la entrega de la corona y demás insignias imperiales, el acto constitutivo es la entronización en el trono de Carlomagno.

Especialmente en los primeros siglos, hasta que con la “Querella de las investiduras” (1075-1122) se logra la división entre “trono” y “altar” –uno de los hitos más significativos de la cultura occidental, considerado por algunos como su hecho fundacional–, la coronación/entronización tiene un carácter sacro.
Según uno de los “ordines” de coronación más antiguos, utilizado para los Otones en el siglo X, el rey era aclamado con las palabras “Tu es Melchisedech”, el paradigma de la unión personal entre rey y sacerdote.
En la Misa de coronación, el rey leía el Evangelio y utilizaba la mitra episcopal. Por este motivo, Enrique II mandó construir, entre 1002 y 1014, el púlpito revestido de oro, piedras preciosas y marfiles, uno de los tesoros más espléndidos del arte otoniano, y más preciados de la actual catedral, junto al altar con el frente (“Pala d’oro”) del siglo IX y al “candelero de Barbarroja”, donado por el emperador Federico I “Barbarroja” con ocasión de la canonización de Carlomagno.
Además de ser el lugar del descanso eterno de Carlomagno y de Otón III (fallecido en 1002), la actual catedral de Aquisgrán destaca por ser uno de los más importantes lugares de peregrinación desde la Edad Media.
En Aquisgrán se veneran cuatro reliquias textiles (vestido de la Virgen, pañales del Niño Jesús, perizonium o lienzo de la crucifixión y el paño empleado en la decapitación de San Juan Bautista), que probablemente llegaron a Aquisgrán bajo Carlomagno.

Los anales imperiales francos cuentan que un legendario tesoro de reliquias fue enviado desde Jerusalén para la consagración de la Capilla Palatina en 799.
Aunque ya se llevaban a cabo peregrinaciones en esa época, experimentaron un gran impulso en el siglo XIII, durante el reinado del emperador Federico II.
La devoción a las reliquias tuvo también repercusiones constructivas. Aunque se exhibían desde la galería de la torre desde 1322, en 1355 se inició la construcción del coro gótico, ya que el edificio carolingio resultaba insuficiente para acoger al gran número de peregrinos que visitaban Aquisgrán.
Esta construcción se completó en 1414 y tiene dimensiones notables: 25 metros de largo, 13 de ancho y 32 de alto. Su muro exterior, en gran parte dividido por vidrieras, cuenta con 25,55 metros de altura, siendo una de las más altas de estilo gótico en Europa.
Con más de 1.000 metros cuadrados de cristal, se le conoce como la “Casa de Cristal de Aquisgrán”. Simultáneamente, se erigió un conjunto de capillas alrededor del octógono para ofrecer a los peregrinos un espacio de devoción y oración.
Tras la devastadora epidemia de peste que azotó Europa, a partir de 1349, las peregrinaciones se celebran cada siete años. En los siglos XIV y XV, Aquisgrán se convirtió en el tercer destino de peregrinación más importante de Occidente junto con Santiago de Compostela y Roma.
La última estaba programada para 2021, pero debido a las restricciones de la COVID, se pospuso a junio de 2023. No obstante, la próxima peregrinación está planeada para 2028, retomando el ciclo original.
La dedicación de la Capilla Palatina o Iglesia de la Virgen como catedral es relativamente reciente, ya que Aquisgrán no se convirtió en sede episcopal hasta el siglo XIX. Hasta entonces estuvo bajo la jurisdicción de la diócesis de Maastricht/Lieja o la de Colonia.
Fue Napoleón quien designó a Aquisgrán como sede episcopal de la diócesis que fundó en 1802 para los nuevos departamentos de Roer y Rhin et Moselle. Sin embargo, en 1821, la diócesis fue abolida mediante la bula papal “De salute animarum” e incorporada al arzobispado de Colonia.
El restablecimiento de la diócesis de Aquisgrán no se llevaría a cabo hasta el 13 de agosto de 1930, por decisión del papa Pío XI. Joseph Vogt se convirtió en el primer obispo de la diócesis después de su elección en diciembre de 1930. Desde septiembre de 2016 ocupa la sede episcopal Helmut Dieser, hasta entonces obispo auxiliar de Tréveris.
La actual Catedral de Aquisgrán fue reconocida Patrimonio de la Humanidad en septiembre de 1978, durante la segunda sesión del comité de la UNESCO.
La entrada Peregrinar a Alemania: la catedral de Aquisgrán se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada La Teología debe volver a estar en consonancia con la Iglesia se publicó primero en Omnes.
]]>La última que se ha fundado, entre estas últimas, es la Escuela Superior de Teología Católica de Colonia (KHKT, por sus siglas en alemán), sucesora de la Facultad de Teología de la Sociedad del Verbo Divino. Estas gozan de reconocimiento estatal.
Durante la carrera, los futuros sacerdotes pueden vivir en comunidad (“Konvikt”); pero en el seminario sólo residen una vez terminados los estudios.
Este sistema tiene la ventaja de que la Teología interrelaciona con otras disciplinas que se imparten y en las que se investiga en la Universidad. Sin embargo, también tiene su lado negativo debido a la tensión entre la libertad de investigación y cátedra, por un lado, y el sometimiento a la doctrina de la fe, por otro.
Para el nombramiento de profesores de Teología en las universidades estatales se requiere el visto bueno de la Iglesia, según lo estipulado en los concordatos. Concretamente, esto significa que el Ministerio de Ciencia de un Estado federado consulta al obispo diocesano correspondiente si tiene alguna reserva sobre la enseñanza o el estilo de vida de un determinado candidato o si no hay nada que impida su nombramiento (“nihil obstat”).
Según las indicaciones de la Congregación vaticana para la Educación Católica (actualmente, “Dicasterio para la cultura y la educación”) del 25 de marzo de 2010, anteriormente el obispo diocesano ha de solicitar el “nihil obstat romano”: presentar una solicitud al mencionado dicasterio, quien lo estudia en un procedimiento “interdicasterial”, con la participación de otros dicasterios vaticanos, en particular el de la Doctrina de la Fe.
Sin embargo, durante las últimas décadas, en las facultades de Teología parece prevalecer la “libertad de investigación” sobre la obediencia o la lealtad al Magisterio. Esto tiene consecuencias concretas, por ejemplo, en el “Camino Sinodal” alemán.
Uno de sus principales representantes, Thomas Söding, vicepresidente del Comité central de los católicos alemanes (ZdK) y del propio Camino Sinodal, es catedrático de exégesis del Nuevo Testamento en la universidad de Bochum.
En la última asamblea del ZdK pudo apreciarse claramente cómo funciona esta “exégesis”: en relación con una carta enviada el 16 de enero de 2023 por el Cardenal Secretario de Estado y los cardenales prefectos de los dicasterios para la Doctrina de la Fe y para los Obispos, con la aprobación expresa del Papa Francisco, se decía: “Ni el Camino Sinodal, ni un organismo designado por él, ni una conferencia episcopal tienen competencia para instituir un Consejo Sinodal ni a nivel nacional ni diocesano ni parroquial”.
En lugar de reflexionar sobre su claro contenido y sacar las conclusiones oportunas, se interpretan las supuestas razones por las que el Papa o los cardenales de la Curia podrían haber dictado tal prohibición. Thomas Söding, literalmente: “En esta carta, en mi opinión, se formulaba muy claramente la objeción expresada desde Roma de que no debe haber ni un Consejo Sinodal a nivel federal, que sea, por así decirlo, una autoridad superior a la Conferencia Episcopal, ni que el obispo –por decirlo con mis propias palabras– sea una especie de Gerente de un Consejo Sinodal. El Comité sinodal precisamente no tiene como objetivo relativizar y quitar poder al obispo”.
En un ensayo publicado en la página web oficiosa de la Conferencia Episcopal alemana “katholisch.de”, Ulrich Körtner, catedrático de Teología Sistemática (Teología Reformada) en la Facultad de Teología Protestante, y Jan-Heiner Tück, catedrático de Dogmática e Historia del Dogma en la Facultad de Teología Católica, ambos de la Universidad de Viena, abordan la situación actual en las facultades de Teología.
Según los autores, “se aprecia desde hace mucho tiempo una cierta tendencia a ‘profundizar’ en la teología en el sentido de investigación religiosa interdisciplinar, que cada vez se distancia más de las iglesias y prefiere ocuparse de la religión ‘vivida’ o ‘invisible’”.
Más que en criticar a la jerarquía –“los días en que la teología académica era principalmente una crítica al Papa y a la Iglesia probablemente también hayan pasado, dado que las pocas personas que se interesan por la teología eclesiástica hoy en día acuden cada vez más a centros de formación eclesiásticos o evangélicos para estudiar”– exponen que la actual teología “está resultando ser una forma mediocre de sociología religiosa”.
En un proceso de secularización y también de “individualización de la religión” surge una opinión generalizada –continúan diciendo los autores– de la existencia de una “religión invisible”, que califican de “mito basado en la idea errónea de que toda respuesta a cuestiones de sentido es religiosa”.
Por un lado, la idea de que es posible vivir el cristianismo al margen de la Iglesia ha resultado “en gran medida una ilusión”, porque “sin una conexión con la Iglesia, las creencias y sus prácticas se evaporan”.
Por otro, también en la Iglesia y en la teología “existe el peligro de que la fe cristiana se evapore en un cristianismo sin Cristo”, pues en lugar de hablar del Dios de la revelación, en muchos casos se habla de la cuestión de las migraciones y de la protección del clima.
En este caso, “Dios es sobre todo una vaga ‘cifra’ que sirve para elevar la moral, pero de la que también se puede prescindir si es necesario a la hora de forjar alianzas con otras partes de la sociedad civil”.
La solución, según estos autores, es “una teología académica que piense desde y hacia la Iglesia, que sin embargo no se limite a los ámbitos eclesiásticos internos, sino que busque el intercambio académico con otras disciplinas universitarias. Sin embargo, en lugar de aceptar acríticamente las teorías de la sociología y la filosofía y utilizar el vocabulario de moda para darse un barniz más interesante, es necesario reapropiarse hermenéuticamente de los fundamentos de la fe e incorporarlos al diálogo”.
Körtner y Tück concluyen: si bien “debe prestarse mayor atención al tema de la Iglesia en todas las disciplinas teológicas, esto no debe confundirse con una clericalización de la teología académica”. Esto está, más bien, en consonancia con los descubrimientos de la sociología religiosa, según los cuales la religiosidad y la afiliación eclesiástica van mucho más unidas de lo que se pensaba.
Por tanto, “una teología actual debe entenderse como un estímulo para implicarse públicamente y dar testimonio de palabra y obra del evangelio del amor de Dios, que ha encontrado una forma concisa en la persona y la historia de Jesús”.
La entrada La Teología debe volver a estar en consonancia con la Iglesia se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada La corona de Adviento, una tradición muy arraigada en Alemania se publicó primero en Omnes.
]]>El teólogo protestante Johann Hinrich Wichern (1808 -1881) fundó en su Hamburgo natal una especie de aldea para “rescatar a niños abandonados y difíciles de educar” –los “golfillos” que pueblan la literatura del siglo XIX–, la denominada “Rauhes Haus”. Con una concepción educativa revolucionaria para la época, aprendían a leer y escribir, pero también a dejar atrás su pasado. Quienes ingresaban en la Rauhes Haus”, “debían perdonar todo por completo y para siempre”.
Wichern colocó la primera corona de Adviento en dicha casa, en 1839, colgándola de la sala dedicada a la oración, con el fin de preparar a sus pupilos para la Navidad. La corona “original” o también llamada “de Wichern” consistía en una rueda de carreta revestida con ramas de abeto, con cuatro velas blancas grandes, que simbolizaban los domingos; entre ellas se intercalaban otras más pequeñas y rojas, que representaban los días laborales. La primera vela se encendía el primer domingo de Adviento y la última, el 24 de diciembre.
La “corona de Wichern”, con sus cuatro velas blancas y 20 rojas más finas, sigue siendo utilizada en algunos edificios especialmente significativos como el Bundestag o Parlamento Alemán, el Ayuntamiento de Hamburgo o “Sankt Michaelis”, la iglesia evangélica más importante de la misma ciudad. Sin embargo, principalmente por razones prácticas, pronto se sustituyó por el de cuatro velas, una para cada domingo de Adviento.
Iniciado el siglo XX, lo que era una costumbre en el mundo protestante se extendió también al ámbito católico: en 1925 se coloca una corona de Adviento por primera vez en una iglesia católica, en Colonia; en 1930, Múnich seguiría el ejemplo.
Durante la época nacionalsocialista (1933-1945), los ideólogos nazis intentaron adueñarse de la Navidad y trasformar la Navidad cristiana en una “Navidad alemana”, “Fiesta de Yule” o “Fiesta del solsticio de invierno”.
La corona de Adviento pasó a representar las cuatro estaciones. Además, en lugar de la corona clásica de ramas de abeto impusieron formas alternativas a la estructura portante tal como la rueda del sol o decoraciones vikingas que simbolizaban el origen germánico; en otros casos se empleó una peana en forma de cruz gamada. También se intentó sustituir por un especial símbolo pagano: el “Julleuchter” (“Candelero de Yule”). Este candelero de arcilla, decorado con runas germánicas, estaba relacionado con la “fiesta del solsticio de invierno”; aunque se trata de un símbolo antiguo, el nazismo se apropió de él.
La estrecha relación entre este símbolo pagano y el terror nacionalsocialista llevó a que después de 1945 fueran destruidos casi en su totalidad. Sorprendentemente, quizá debido a los esfuerzos actuales por desvirtuar el carácter cristiano de la Navidad, dichos candeleros vuelven a fabricarse hoy en día.
A pesar de dichos esfuerzos, la corona de Adviento estaba ya tan extendida que los nazis no lograron desplazarla. Aunque actualmente se pueden hacer de todas formas –no solo en círculo–, con otro tipo de soporte, como la madera o el metal, y con velas de diferentes colores, la corona tradicional de Adviento tiene forma circular, con el soporte verde formado por ramas de abeto y las velas rojas o también blancas, al menos así en las casas privadas o también en comercios, etc.
Para el uso litúrgico; es decir en las iglesias, la corona de Adviento puede tener las velas del color de la liturgia, el violeta o morado. En este caso –siguiendo también el uso litúrgico–, la tercera tiene un color más claro o incluso rosa, pues es el color de los ornamentos que se emplean en el tercer domingo de Adviento, o domingo “gaudete”. En algunos casos se añade una vela blanca, en el centro de la corona, que se enciende en la Nochebuena.
Con menos frecuencia pueden verses en iglesias coronas de Adviento con velas en los cuatro colores litúrgicos: blanco, verde, rojo y violeta. Sin embargo, también en las iglesias alemanas siguen predominando las coronas tradicionales con velas de color rojo.
La corona colgante de Adviento más grande del mundo –al menos tradicionalmente considerada así- se encuentra sobre la fuente de la plaza principal de la ciudad austríaca de Mariazell. Tiene un diámetro de 12 metros y pesa seis toneladas. Está inspirada en la corona de Adviento original de Wichern y decorada con 24 luces: cuatro para los domingos de Adviento y 20 para los días laborables.

Sin embargo, como ésta es de materiales artificiales, la mayor corona de Adviento “real” del mundo está en Kaufbeuren: se coloca en la Fuente de Neptuno desde el primer domingo de Adviento hasta la fiesta de los Reyes Magos y tiene un diámetro de ocho metros.
Esta corona está hecha con auténticas ramas de abeto y decorada con velas de cera de casi dos metros de altura.

La corona de Adviento acoge diversos símbolos; el hecho de que, al ir encendiendo cada vela, vaya aumentando la luz simboliza la llegada de quien es la “luz del mundo”.
Sus diferentes elementos también tienen una cierta simbología: la forma circular –el círculo no tiene principio ni fin– recuerda la unidad y eternidad de Dios.
Las ramas verdes representan a Cristo vivo, pues el verde simboliza la esperanza y la vida, y remiten ya al árbol de Navidad.
Incluso el color de las velas tiene su simbología: el más usual, el rojo, simboliza que Jesucristo dio su vida por los hombres; a las de color violeta como símbolo del Adviento ya nos hemos referido anteriormente.
La entrada La corona de Adviento, una tradición muy arraigada en Alemania se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada El “Comité Central de los Católicos Alemanes” da la vuelta a los argumentos de la Santa Sede se publicó primero en Omnes.
]]>Mientras que los obispos se reunirán en Asamblea plenaria a comienzos del próximo año, el ZdK mantuvo su asamblea semestral los días 24 y 25 de noviembre, en Berlín. Como era de esperar, los Estatutos de dicho Comité sinodal se aprobaron por una abrumadora mayoría. La presidenta de la ZdK, Irme Stetter-Karp, declaró: “Hemos despejado el camino para que el Camino Sinodal continúe”.
El principal objetivo del Comité sinodal es preparar, durante tres años, un “Consejo Sinodal” que perpetúe el denominado Camino Sinodal alemán. Sin embargo, el Vaticano prohibió explícitamente el establecimiento de dicho “Consejo sinodal”: así lo manifestaron el Cardenal Secretario de Estado y los cardenales prefectos de los dicasterios para la Doctrina de la Fe y para los Obispos en una carta del 16 de enero de 2023, enviada con la aprobación expresa del Papa Francisco: “Ni el Camino Sinodal, ni un organismo designado por él, ni una conferencia episcopal tienen competencia para instituir un Consejo Sinodal ni a nivel nacional ni diocesano ni parroquial”.
A dicho escrito se refirió el Papa en una carta enviada a cuatro exparticipantes del Camino Sinodal, fechada el 10 de noviembre: el Santo Padre hablaba de “numerosos pasos con los que gran parte de esta Iglesia local amenaza con alejarse cada vez más del camino común de la Iglesia universal”. Francisco incluía entre dichos pasos “la constitución del Comité sinodal, que tiene como objetivo preparar la introducción de un órgano consultivo y decisorio que no puede conciliarse con la estructura sacramental de la Iglesia católica”.
Con un nuevo escrito, fechado el 23 de octubre, pero que no se dio a conocer públicamente hasta el 24 de noviembre, el Cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, se dirigía a la Secretaria General de la DBK, Beate Gilles. El cardenal Parolin afirmaba que tanto la doctrina de reservar el sacerdocio a los hombres como la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad –dos de los principales cambios que quiere introducir el Camino Sinodal– son “innegociables”.
A estos nuevos dos documentos, el ZdK reaccionó sin inmutarse. En lugar de reflexionar sobre su claro contenido y sacar las conclusiones oportunas, se dedica a una especie de exégesis de dichos textos para interpretar las supuestas razones por las que el Papa o los cardenales de la Curia podrían haber dictado tal prohibición. El vicepresidente del ZdK, Thomas Söding, explicó al comienzo de la rueda de prensa celebrada en el marco de la Asamblea General de la ZdK: “En su última carta a cuatro ex miembros del Camino Sinodal, el Papa subrayó su preocupación por la unidad de la Iglesia. La sinodalidad que estamos estableciendo en Alemania quiere reforzar y reforzará esta unidad, tanto interna como externamente. La sinodalidad católica nunca lo será sin o contra el Papa y los obispos, sino siempre con el Papa y los obispos”.
En respuesta a la pregunta concreta que le planteé sobre cómo se pueden conciliar estas palabras con las afirmaciones de la carta del Papa, el vicepresidente del ZdK respondió que el Papa se remitía a la carta de los tres cardenales del 16 de enero. “En esta carta, en mi opinión, se formulaba muy claramente la objeción expresada desde Roma de que no debe haber ni un Consejo Sinodal a nivel federal, que sea, por así decirlo, una autoridad superior a la Conferencia Episcopal, ni que el obispo –por decirlo con mis propias palabras– sea una especie de Gerente de un Consejo Sinodal”. El Comité sinodal “precisamente no tiene como objetivo relativizar y quitar poder al obispo”.
En su intervención en la asamblea plenaria, Thomas Söding reiteró esta afirmación: “El Sínodo romano es para nosotros un espaldarazo”, y con respecto a la carta del Papa del 10 de noviembre, dijo: el hecho de que el Papa afirme que “ni se puede socavar el oficio episcopal ni quitar poder a la Conferencia Episcopal, confirma en última instancia el rumbo que estamos tomando aquí”. En respuesta a la pregunta de un delegado de la ZdK, añadió que la sospecha de que los obispos iban a ser desautorizados estaba siendo difundida “por partes interesadas”. Y continuaba: “Estamos entrando en un proceso: la sinodalidad en términos católicos siempre significa sinodalidad con el Papa y los obispos, pero también sinodalidad con el pueblo de la Iglesia. Eso es lo que ha faltado hasta ahora, y eso es lo que hay que impulsar”.
La presidenta del ZdK, Irme Stetter-Karp, también intentó relativizar las declaraciones del Papa y de los cardenales. En la citada rueda de prensa, se refirió a una “dinámica” en la Curia romana: “Me gustaría recordar la dinámica dentro de la Curia en Roma, y también entre la Curia y el Papa”. Recordó que el cardenal Parolin también se había opuesto a la “apertura y al derecho de voto de laicos y mujeres para el Sínodo Mundial”, pero el Papa lo hizo de todos modos: “de repente era legal y posible”. Cree que es importante no pasar por alto esta “dinámica” en la Curia.
En este contexto, el ZdK cita al arzobispo de Berlín, Mons. Heiner Koch, quien es el nuevo Asistente Espiritual del ZdK, con las siguientes palabras: “Los obispos estamos a favor de los estatutos del Comité sinodal. ¡Es un sí consciente!”. Sin embargo, cuando habló en la asamblea plenaria del ZdK, su mensaje fue bastante distinto. Decía que se solía hablar de “los obispos” como algo uniforme, pero que el debate que se mantiene en la DBK es heterogéneo, aunque no se haga público.
“Hay diferencias teológicas, eclesiológicas y también psicológicas. También se pueden observar preocupaciones y reservas sobre el tema, según el posicionamiento respecto de la tradición y la doctrina”. Mons. Koch hacía referencia a que estas diferencias existen también entre los laicos: “Recibo muchas cartas y correos electrónicos que dicen: no estamos de acuerdo con el Camino sinodal, no queremos ir por este camino. Y no se crean que son sólo unos pocos”.
Sobre el carácter vinculante de la carta del Papa Francisco y la nota del cardenal secretario de Estado Pietro Parolin, Stefan Mückl, profesor de Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, expone:
“El derecho canónico obliga a todos los fieles –clérigos y laicos, hombres y mujeres– ‘a observar siempre la comunión con la Iglesia’ (c. 209 § 1 CIC). En particular, ‘están obligados a seguir, por obediencia cristiana, todo aquello que los Pastores sagrados, en cuanto representantes de Cristo, declaran como maestros de la fe o establecen como rectores de la Iglesia‘ (c. 212 § 1 CIC). Mientras que el primer aspecto (‘maestros de la fe’) se refiere al magisterio eclesiástico, el segundo (‘rectores de la Iglesia’) se refiere al ejercicio del oficio eclesiástico de gobierno.
Las disposiciones del derecho canónico no son ‘invenciones’ de juristas, sino la formulación jurídica de la sustancia de la fe de la Iglesia, tal como se describe en la Constitución eclesiástica ‘Lumen gentium’ del Concilio Vaticano II.
Por lo tanto, cuando los ‘pastores sagrados’, especialmente el Papa como pastor supremo de la Iglesia (o su colaborador más cercano, el cardenal secretario de Estado) ‘declaran’ o ‘determinan’, son vinculantes para todos los miembros de la Iglesia, independientemente de a quién se haya dirigido en detalle el anuncio correspondiente. Declaraciones como ‘sólo era una carta a cuatro mujeres’ o ‘el Vaticano prohíbe cosas que no hemos decidido’ no vienen al caso.
La Santa Sede ha dejado claro durante años y en repetidas ocasiones, tanto a través del propio Papa como (con su conocimiento y voluntad) a través de los principales responsables de los dicasterios romanos, lo que es (o no es) compatible con la doctrina y la disciplina de la Iglesia. Por tanto, es incomprensible cómo se puede construir un contraste (‘dinámica’) entre el Papa y la Curia. Los mensajes de Roma son claros”.
La entrada El “Comité Central de los Católicos Alemanes” da la vuelta a los argumentos de la Santa Sede se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Preocupación del Papa por el Comité sinodal alemán se publicó primero en Omnes.
]]>Francisco manifiesta su malestar después de que, a principios del año, el Cardenal Secretario de Estado y los cardenales prefectos de los dicasterios para la Doctrina de la Fe y para los Obispos expusieran, con la aprobación expresa del Papa Francisco, en una carta que la creación de un “Consejo sinodal” no es compatible con la estructura jerárquica de la Iglesia.
El Santo Padre comparte su “preocupación por los numerosos pasos concretos, con los que amplias partes de esta Iglesia local amenazan con alejarse cada vez más del camino común de la Iglesia universal”.
La carta del Papa, escrita en alemán y firmada de su puño y letra, resalta la prohibición de un Comité sinodal, pues éste “no puede armonizarse con la estructura sacramental de la Iglesia católica”. El Papa recuerda su “Carta al pueblo que peregrina en Alemania”, en la que se refería a la “necesidad de la oración, la penitencia y la adoración”
Dicha carta fue escrita por el Papa el 29 de junio de 2019; le siguieron varias intervenciones de diversos Dicasterios del Vaticano que culminaron en las reuniones con motivo de la visita ad limina de los obispos alemanes en noviembre de 2022.
Sin embargo, como el Camino sinodal alemán continuaba con su pretensión de crear un Consejo sinodal, el Cardenal Secretario de Estado y los cardenales prefectos de los dicasterios para la Doctrina de la Fe y para los Obispos, con la aprobación expresa del Papa Francisco, comunicaron al Presidente de la DBK el 16 de enero de 2023: “Ni el Camino Sinodal, ni un organismo designado por él, ni una conferencia episcopal nacional” están autorizados a crear tal organismo. Esto se debe a que dicho consejo sería “una nueva estructura de gobierno de la Iglesia en Alemania, que (…) parece situarse por encima de la autoridad de la Conferencia Episcopal y sustituirla de facto”.
El Camino sinodal trató de sortear esta prohibición erigiendo no directamente el Consejo sinodal, sino un Comité sinodal… cuya finalidad es la creación de dicho Consejo sinodal. En el comité estaba previsto la participación de los 27 Obispos titulares de las diócesis alemanas. Cuatro renunciaron por principio y otros cuatro no asistieron a la constitución del Comité, el 11 de noviembre, con lo cual estuvieron presentes 19 de los 27 obispos.
En los estatutos se aprobó que las decisiones se tomarían por una mayoría de dos tercios de todos los miembros presentes, eliminando así el poder de veto que los obispos tenían en las asambleas del Camino sinodal, donde las decisiones requerían el respaldo de dos tercios de los obispos presentes.
Las teólogas Katharina Westerhorstmann y Marianne Schlosser, así como la filósofa Gerl-Falkovitz y la periodista Dorothea Schmidt – las cuatro formaron parte del Camino sinodal, pero se dieron de baja de él – se dirigieron al Papa el 6 de noviembre.
En una conversación mantenida con “Die Welt”, Westerhorstmann ha dicho: “Nos ha sorprendido que el Papa nos contestara en un plazo de pocos días”. El hecho de que la carta del Papa lleve la misma fecha en la que se constituyó el Comité sinodal “posiblemente no sea una coincidencia”. Agradecemos la claridad de las palabras del Papa, dijo Westerhorstmann. La preocupación por la unidad no sólo es relevante para Alemania, “sino que es de gran importancia para toda la Iglesia mundial”.
El presidente de la DBK, Georg Bätzing, ha subrayado en repetidas ocasiones que los obispos alemanes no buscan un camino especial. A principios de año, dijo: “Estoy seguro de que no habrá una secesión. Sencillamente porque nadie la quiere”.
El texto literal de la carta del Papa Francisco fechado el en Vaticano el 10 de noviembre de 2023 es el siguiente:
Estimada Prof. Westerhorstmann,
estimada Prof. Schlosser,
estimada Prof. Gerl-Falkovitz,
estimada Sra. Schmidt:
Les agradezco su amable carta del 6 de noviembre. Me transmiten su preocupación por la evolución actual de la Iglesia en Alemania. También yo comparto esta preocupación por los numerosos pasos concretos que están dando ahora y con los que amplias partes de esta Iglesia local amenazan con alejarse cada vez más del camino común de la Iglesia universal. Entre estos se encuentra, sin duda, la constitución del Comité sinodal que mencionan, que tienen como objetivo preparar la introducción de un órgano consultivo y decisorio que, en la forma esbozada en el correspondiente texto de resolución, no puede armonizarse con la estructura sacramental de la Iglesia católica y cuya erección, por tanto, fue rechazada por la Santa Sede con la carta del 16 de enero de 2023, que aprobé de forma específica. En lugar de buscar “soluciones” con nuevos organismos y de tratar los mismos temas con cierta auto-referencialidad, en mi “Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Alemania” quise recordar la necesidad de la oración, la penitencia y la adoración e invitar a abrirse y salir “al encuentro de nuestros hermanos y hermanas, especialmente de aquellos que se encuentran en los umbrales de las puertas de nuestras iglesias, en las calles, en las cárceles, en los hospitales, en las plazas y en las ciudades” (n. 8). Estoy convencido de que es ahí donde el Señor nos mostrará el camino.
Les agradezco su labor teológica y filosófica y su testimonio de fe. Que el Señor les bendiga y que la Santísima Virgen María les guarde. Por favor, continúen rezando por mí y por la unidad, nuestra causa común.
Unidos en el Señor
Francisco
La entrada Preocupación del Papa por el Comité sinodal alemán se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada El genio multifacético de san Alberto Magno se publicó primero en Omnes.
]]>Arrodillado ante dicha tumba, Juan Pablo II rezó: “Oh Dios, creador nuestro, autor y luz del espíritu humano, tú has enriquecido a san Alberto en el fiel seguimiento de Jesucristo, nuestro Señor y Maestro, con un profundo conocimiento de la fe. La creación misma era para él revelación de tu omnipotente bondad, mientras iba aprendiendo a conocerte y a amarte más profundamente en las criaturas. Asimismo, investigó las obras de la sabiduría humana, como también los escritos de los filósofos no cristianos, que le abrieron paso hacia un encuentro con tu gozoso mensaje. Especialmente lo capacitaste con el don del discernimiento para defenderse del error, profundizar en la verdad y difundirla entre los hombres. Por eso, lo has constituido en maestro de la Iglesia y de todos los hombres”.
A continuación, Juan Pablo II se dirigió a la catedral, donde sostuvo un encuentro con profesores y estudiantes universitarios. Su discurso adelantaba un tema crucial para su sucesor, Benedicto XVI: las relaciones entre la fe y la razón. San Juan Pablo II elogió el esfuerzo de Alberto Magno en este sentido: “Alberto lleva a cabo la admirable apropiación de la ciencia racional, trasvasándola a un sistema en el que conserva y consolida su peculiaridad, propia, aun quedando orientada hacia el objetivo de la fe, de donde ella recibe su planteamiento decisivo. Alberto realiza así el estatuto de una intelectualidad cristiana, cuyos principios siguen teniendo todavía validez”. Y concluía sugiriendo que la solución ”a las apremiantes preguntas por el sentido de la existencia humana” sólo es posible “en la unión renovada del pensamiento científico con la fuerza de la fe, que impulsa al hombre hacia la verdad”.
San Juan Pablo II presentó a Alberto Magno como un símbolo de la conciliación entre la ciencia (o la razón) y la fe. En su época, fue un pionero en esta búsqueda y puede considerarse como el primer científico en el sentido contemporáneo del término.
Alberto nació en Lauingen, a orillas del Danubio, en Suabia (actualmente forma parte del estado federado de Baviera y cuenta con algo más de 11.000 habitantes). Su vida ejemplifica la extraordinaria movilidad en la Edad Media: en el año 1222 residía con su tío en Venecia y Padua, donde estudió artes liberales y posiblemente medicina. Un año después, ingresó en la Orden Dominicana. Terminó su noviciado en Colonia, donde estudió teología y fue ordenado sacerdote. Posteriormente, enseñó y estudió en varias escuelas monásticas dominicas en Hildesheim, Friburgo de Brisgovia, Ratisbona y Estrasburgo.
Durante sus estudios se encontró con la obra de Aristóteles. Alberto buscó conciliar el pensamiento filosófico natural del filósofo griego con la fe cristiana. Gracias a él, las ideas de la Antigüedad regresaron a la cultura europea tras siglos de olvido, lo cual tendría importantes repercusiones para la Filosofía medieval y también posterior. Sería un discípulo de Alberto, Tomás de Aquino, quien llevaría a cabo la más importante síntesis entre la filosofía aristotélica y la religión cristiana, dando un considerable impulso a la filosofía escolástica. Tomás fue discípulo de Alberto en París, donde éste estuvo durante cinco años, a partir de 1243.
Su experiencia en la universidad de París sirvió para que Alberto dirigiera el “Studium Generale” de su orden en Colonia, cuando regresó a esta ciudad en 1248. Este fue el germen de la Universidad de Colonia, fundada en 1388, por lo que Alberto Magno está considerado como el precursor de la universidad. Actualmente, una estatua se alza en su honor frente al edificio principal de la Universidad de Colonia. Durante este tiempo, se colocó también la primera piedra de la célebre catedral, el 15 de agosto de 1248.
Pero sus títulos de doctor de la Iglesia, “Magnus” y “doctor universalis” se refieren a sus amplios conocimientos –hoy diríamos enciclopédicos– de este dominico, también en ciencias naturales: aprovechaba los amplios desplazamientos a los que nos referimos anteriormente para observar la naturaleza. Entre otras cosas, realizó estudios botánicos, mineralógicos y metalúrgicos, destacándose por sus descripciones sistemáticas y experimentos alquímicos, como la pura representación del arsénico. Estos logros lo consagraron como uno de los más importantes científicos naturales medievales. Durante dos años fue incluso obispo de Regensburg (Ratisbona): de 1260 a 1262.
Ningún otro estudioso del siglo XIII superó a Alberto en universalidad de intereses, conocimientos y producción intelectual. Como científico, fortaleció el fundamento filosófico de la teología y abogó por una filosofía independiente de la teología. Se adelantó a su tiempo en campos como botánica, zoología, geografía, geología, mineralogía, astronomía, fisiología, psicología y meteorología.
Se conservan 70 de sus tratados, que llenan alrededor de 22.000 páginas impresas. El Instituto “Albertus Magnus” trabaja en una edición crítica de sus obras completas desde 1931.
San Alberto Magno fue canonizado por el Papa Pío XI en 1931; su sucesor, Pío XII, le declaró patrono de los científicos naturales en 1941.
La entrada El genio multifacético de san Alberto Magno se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Constituyen en Alemania un Comité sinodal se publicó primero en Omnes.
]]>La duración de tres años está establecida con el fin de preparar un “Consejo sinodal” que extienda el trabajo realizado durante el “Camino sinodal” llevado a cabo entre 2019 y 2023. Sin embargo, el establecimiento de este “Consejo sinodal” fue explícitamente prohibido por el Cardenal Secretario de Estado y los cardenales prefectos de los dicasterios para la Doctrina de la Fe y para los Obispos, con la aprobación expresa del Papa Francisco, y comunicado en una carta fechada el 16 de enero de 2023: “Ni el Camino Sinodal, ni un organismo designado por él, ni una conferencia episcopal nacional” están autorizados a crear tal organismo. Esto se debe a que dicho consejo sería “una nueva estructura de gobierno de la Iglesia en Alemania, que (…) parece situarse por encima de la autoridad de la Conferencia Episcopal y sustituirla de facto”.
A pesar de esta prohibición, 19 de los 27 obispos titulares de las diócesis alemanas participaron en la reunión constitutiva, junto con 27 representantes del Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK) y otras 20 personas elegidas por la asamblea del Camino sinodal. Según la comunicación para la prensa, todos ellos “debaten conjuntamente sobre el futuro de la Iglesia”.
Un aspecto notable de los estatutos discutidos fue resaltado por Irme Stetter-Karp, Presidenta del ZdK, al final de la reunión: “Me complace que el comité haya acordado, entre otras cosas, tomar decisiones futuras con una mayoría de dos tercios de todos los miembros presentes. Esto implica un gran avance en la promoción de la sinodalidad”. Además, esto significa la eliminación del poder de veto que los obispos tenían en las asambleas del Camino sinodal, donde las decisiones requerían el respaldo de dos tercios de los obispos presentes.
No obstante, para que los estatutos sean efectivos, aún deben ser aprobados por los organizadores del Camino sinodal; es decir, por la Conferencia Episcopal Alemana (DBK) y el ZdK. No parece caber duda en que el ZdK los apruebe; sin embargo, queda por verse cómo serán tratados en el seno de la DBK, considerando que ocho de los obispos no han participado en esta reunión constitutiva del Comité sinodal.
Al finalizar la reunión, Mons. Georg Bätzing, Presidente de la DBK, expresó optimismo: “El Comité sinodal ha ganado impulso. Agradezco haber entrado en una nueva fase. Por ello, me complace retomar unas palabras del Sínodo Mundial: ‘Iglesia en marcha’, un sentimiento que experimentamos en Roma y también ahora en Essen. Las decisiones sobre los estatutos y el reglamento interno son un claro indicio de que hemos aprendido y practicado la sinodalidad, con su requisito fundamental: la confianza mutua”.
Al inicio de la reunión, Irme Stetter-Karp recalcó que el Camino sinodal en Alemania está estrechamente vinculado a la Iglesia universal: “El Papa Francisco nos anima a mantenernos firmes en nuestra palabra. Progresamos con perseverancia”. Añadió: “las consultas en Roma han dejado en claro la necesidad de cambios concretos y visibles en la Iglesia”. Mons. Bätzing subrayó la conexión entre el Sínodo universal y el Camino sinodal alemán: “La sinodalidad debe reforzarse y concretarse como ‘modus vivendi et operandi’ para toda la Iglesia. Sólo desde esta perspectiva, el Camino sinodal de la Iglesia en Alemania puede ser considerado como un esfuerzo genuino por desarrollar precisamente la sinodalidad que tanta importancia tiene para toda la Iglesia en el siglo XXI”.
Llama la atención, sin embargo, que a pesar de que los representantes del Camino —o ahora del Comité sinodal— se refieren continuamente al aliento del Sínodo universal y del Papa para continuar, no adoptan las claras palabras del Pontífice sobre la sinodalidad: “No estamos aquí para llevar a cabo una reunión parlamentaria o un plan de reformas”, expresó Francisco al inicio de la Congregación General del Sínodo a principios de octubre. No obstante, el Comité sinodal sigue el mismo patrón que el Camino sinodal: con votaciones sobre propuestas y enmiendas, y, por supuesto, con un “plan de reformas”.
A ello se refirió expresamente la Presidenta del ZdK, al excluir el “formato” del Sínodo universal: “no consideramos apropiado limitarnos a escuchar durante una semana, y luego otra”. Irme Stetter-Karp no cree que “necesitemos aprender algo del Sínodo universal en cuanto a métodos de trabajo”.
A mediados de semana, la iniciativa “Nuevo Comienzo” (Neuer Anfang), un grupo de teólogos y laicos que apoyan proyectos de reforma en la Iglesia católica, preocupados por la dirección del Camino sinodal, emitió una nota de protesta contra el Comité sinodal, afirmando que ”podría fragmentar a la Iglesia católica en Alemania y poner en peligro la unidad con el Papa y la Iglesia universal”. Según la iniciativa, la renovación de la Iglesia “no puede consistir en crear una Iglesia a la manera alemana”.
Califica la creación del Comité sinodal como un “acto escandaloso e ilegítimo en todos los sentidos” que pretende usurpar el poder sobre la Iglesia. En la nota expresa su protesta “contra la presunción de este grupo de hablar en nombre de todos los católicos de Alemania”.
Citando a la Presidenta de la ZdK, quien señaló que el objetivo es encontrar una “forma permanente en la que obispos y laicos, es decir, el ministerio y el pueblo de Dios juntos, no solo se consulten, sino que también tomen decisiones”, indican que esto reduciría, e incluso destruiría, el oficio apostólico de liderazgo de los obispos. Sólo los obispos, asesorados por los fieles, tienen la autoridad para dirigir la Iglesia, concluye la nota de “Nuevo Comienzo”.
La reunión constitutiva del “Comité sinodal” se llevó a cabo a puerta cerrada. No obstante, según Irme Stetter-Karp, se acordó en su reglamento interno que, en general, las reuniones estarán abiertas a la prensa en el futuro. “Esto generará una transparencia que considero crucial”, afirmó.
La entrada Constituyen en Alemania un Comité sinodal se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Consagración del nuevo altar de la catedral de Berlín se publicó primero en Omnes.
]]>El nuevo altar tiene forma semiesférica, que se corresponde con la cúpula que cubre el edificio. Una característica especial de este altar es que está construido con “piedras vivas” donadas por fieles de Berlín, otras partes de Alemania y otros países. Sin embargo, la remodelación de la catedral aún no ha concluido, por lo que ha vuelto a cerrarse al público para finalizar los trabajos.
Leo Zogmayer, el artista austríaco responsable del interior de la catedral, explicó en un recorrido para la prensa, el mismo día 1 de noviembre, que el altar se hizo utilizando el proceso de fundición de piedra: “Las piedras donadas se añaden a una mezcla de arena, grava y cemento blanco. Esta masa se vierte en un molde negativo. Una vez endurecida la masa y desmoldado el molde, aún hay que acabar a mano el vaciado en bruto para dejar al descubierto las piedras que se encuentran cerca de la superficie”. El altar pesa unas dos toneladas y media, pero casi parece flotar, al tiempo que transmite una presencia maciza.
Una reliquia de Santa Eduvigis de Andechs, patrona de la iglesia, fue incrustada en la mensa del altar durante la consagración. El ambón es de la misma piedra que el altar; su reducida forma se corresponde con la semiesfera geométrica minimalista del altar.
Mons. Heiner Koch, arzobispo de Berlín, recordó en su homilía que “Jesús es el centro y la medida de la vida de la humanidad. En él encontramos apoyo y orientación en los desafíos de nuestro tiempo, el centro y la medida de nuestras vidas. En el sacrificio de la cruz, Jesús nos une con Dios en el tiempo y la eternidad; une el cielo y la tierra y nos da la redención”.
En el altar se celebra su muerte, no sólo como un recuerdo, sino como una presencia real: aquí, el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo por el Espíritu de Dios; aquí está realmente presente. “Aquí se hace presente lo que sucedió en la Cruz y en el Cenáculo, porque Él amó a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta la perfección. Eso se hace presente aquí, en este altar cuando el sacerdote, llamado por la consagración, pronuncia las palabras de la consagración en nombre de Jesús, en su autoridad. Cristo está en medio de nosotros”. El altar mantiene la comunión con el cielo: la comunión de Dios, que es la única que da la paz. Y también mantiene la comunión “con nosotros y entre nosotros”.
La catedral católica de Berlín, la Sankt Hedwigs-Kathedrale (catedral de Santa Eduvigis), se encuentra en el centro de la ciudad, formando parte del llamado Forum Fridericianum, una plaza planificada por el rey prusiano Federico II (1712-1786) al comienzo de la emblemática avenida Unter den Linden, cuya ejecución se confió a uno de los más destacados arquitectos alemanes del siglo XVIII, Georg Wenzeslaus von Knobelsdorff, artífice también de la iglesia.
La construcción de la catedral comenzó en 1747 y representó la primera iglesia católica en Berlín desde la Reforma. Federico II decidió dedicar la iglesia a Santa Eduvigis en honor a los nuevos habitantes católicos de Berlín que llegaron tras la Segunda Guerra de Silesia, finalizada ese mismo año.
El rey Federico II donó los terrenos y sugirió la forma circular, inspirada en el Panteón romano. Se ha afirmado que inicialmente Federico II consideró dedicar el edificio a “todos los dioses” (como el Panteón), para ser empleado por diferentes religiones, siguiendo su principio de tolerancia. Sea esto cierto o no, Knobelsdorff mantuvo la forma circular del Panteón.
La construcción se vio obstaculizada por dificultades financieras y la Guerra de los Siete Años, lo que retrasó la finalización hasta noviembre de 1773. La cúpula y el friso del frontón se completaron a finales del siglo XIX, y en 1886-1887, Max Hasak terminó el edificio, cubriendo la cúpula con una capa de cobre y coronándola con una linterna y una cruz. El interior se decoró en estilo neobarroco. En 1927, el Papa Pío XI otorgó a la iglesia el título de basílica menor.
Con la creación de la diócesis de Berlín, el 13 de agosto de 1930 (hasta entonces formaba parte de la de Breslau, la actual Wrocław, en Polonia), la iglesia de Santa Eduvigis se convirtió en la catedral de la nueva diócesis. En 1930-1932, el interior fue remodelado por el arquitecto austriaco Clemens Holzmeister.
Durante el periodo nacionalsocialista (1993-1945), el deán Bernhard Lichtenberg destacó como opositor al régimen: tras el pogromo, denominado eufemísticamente como “Noche de los cristales rotos”, que tuvo lugar la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, rezó públicamente por los judíos. Al día siguiente, Lichtenberg fue apresado por el gobierno nazi y murió camino al campo de concentración de Dachau. En 1965 los restos de Lichtenberg fueron llevados a la cripta de la catedral. Durante los trabajos de remodelación, en 2018, sus reliquias se trasladaron a otra iglesia berlinesa dedicada a los mártires; regresarán a la cripta de la catedral cuando se completen las obras.

En la Segunda Guerra Mundial, la catedral sufrió graves daños durante un ataque aéreo aliado en la noche del 2 de marzo de 1943, que destruyó la cúpula y dejó el interior y la cripta completamente calcinados.
Tras la división de Berlín después de la Segunda Guerra Mundial, la catedral quedó en el Berlín oriental. Fue restaurada entre 1952 y 1963, por el arquitecto alemán occidental Hans Schwippert, quien reconfiguró el espacio de manera inusual, creando una apertura circular en la iglesia que conducía a la cripta, donde se instalaron ocho capillas. El exterior se reconstruyó siguiendo el modelo histórico.
A principios del siglo XXI, se decidió llevar a cabo una restauración para sanear la construcción. En el concurso organizado en 2013, el proyecto del estudio Sichau & Walter de Fulda, en colaboración con el artista Leo Zogmayer, propuso cerrar la apertura a la cripta, ubicar el descenso a la cripta cerca de la entrada y crear un amplio espacio en la iglesia superior con el altar en su centro.
Este proyecto fue controvertido, especialmente entre los católicos que habían sufrido persecución durante el período comunista y tenían un fuerte vínculo con la catedral tal como la remodeló Hans Schwippert. Después de años de consultas, protestas y estudios, Mons. Heiner Koch, arzobispo de Berlín, y el cabildo catedralicio aprobaron el proyecto; los trabajos comenzaron en 2018.

En una visita a las obras para la prensa en septiembre de 2022, el deán de la catedral, Tobias Przytarski, destacó el principio detrás de la “nueva” catedral: en la cripta, la pila bautismal ocupa el centro, sobre la cual –en la iglesia– se encuentra el altar, de dos metros de diámetro. Justo encima del altar, en la cúpula, está la claraboya cubierta por un cristal diáfano que se abre al cielo: el bautismo y la Eucaristía conducen –“esperemos”, decía Przytarski con un guiño– al cielo. Los confesionarios se encuentran en la iglesia inferior.
En el exterior, el cambio más significativo es que la nueva cruz dorada, de tres metros de altura, se colocará sobre el tímpano del pórtico en lugar de la cúpula, lo que la hará más visible. Además, las pesadas puertas de bronce anteriores se reemplazarán por puertas de cristal transparente, que proporcionarán una transparencia luminosa y simbolizarán transparencia. Przytarski también mencionó una particularidad de las vidrieras, que son opacas, pero contienen burbujas de aire que mostrarán el cielo estrellado de Berlín el día del nacimiento de Jesús.
Tras la ceremonia de consagración del altar, la catedral se ha vuelto a cerrar al público, y se espera su reapertura antes de la Navidad de 2024, cuando también se haya instalado el órgano, que se desmontó al comienzo de las obras.
La entrada Consagración del nuevo altar de la catedral de Berlín se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada La Catedral católica de Dresde. El mayor templo en una ciudad protestante se publicó primero en Omnes.
]]>El calificativo “Florencia del Elba” también se debe a la arquitectura de Dresde. Muchos de los edificios característicos, especialmente los del “barroco de Dresde”, fueron construidos bajo la influencia italiana, en particular florentina. Incluso la arquitectura de principios del siglo XIX en Dresde se inspiró en estos modelos.
La iglesia protestante “Frauenkirche” (“Iglesia de Nuestra Señora”), construida entre 1726 y 1743 según los planos de George Bähr, es un ejemplo emblemático. Fue el primer edificio al norte de los Alpes en tener una gran cúpula de piedra, similar a la de la catedral de Florencia.
Fue completamente destruida en los bombardeos de la noche del 13 al 14 de febrero de 1945; sus ruinas calcinadas sirvieron, durante la República Democrática Alemana, como monumento conmemorativo contra la guerra y la destrucción. Sin embargo, tras la extinción de la RDA, fue reconstruida entre 1994 y 2005, según los planos originales, con donativos procedentes de todo el mundo.
Junto al Palacio de Dresde, la residencia de los príncipes electores (1547-1806) y reyes (1806-1918) de Sajonia, construido en diversos estilos, desde el Románico hasta el Barroco, se encuentra la catedral de Dresde, que fue originariamente la Iglesia de la Corte (“Hofkirche”), nombre con el que se sigue conociendo actualmente.

Sajonia fue uno de los primeros territorios en adoptar la “Reforma” de Lutero: precisamente el príncipe elector Federico III –por sobrenombre Federico el Sabio, entre otras cosas por haber fundado la Universidad de Wittenberg– es conocido por haber sido uno de los principales mecenas de Martín Lutero, además del pintor Durero.
Sin embargo, Augusto “el Fuerte” se convirtió en 1697 al catolicismo para acceder al trono de Polonia, lo cual causó tensiones en la protestante Sajonia; por ello, practicaba discretamente la fe católica en la capilla de palacio y, al mismo tiempo, apoyó generosamente la construcción de la mencionada iglesia protestante Frauenkirche, como principal templo de Dresde.
La Iglesia de la Corte fue encargada por su hijo, el príncipe elector Federico Augusto, quien también se había convertido al catolicismo en 1712. Le sucedió en 1733 como Elector de Sajonia y en 1734 por elección también como Rey de Polonia (con el nombre de Augusto III). En 1736 se encargó la planificación de la iglesia al romano Gaetano Chiaveri, quien también trabajaba para el rey en Varsovia.
La catedral actual se construyó entre 1739 y 1755, y fue consagrada el 29 de junio de 1751 por el nuncio apostólico en Polonia, el arzobispo Alberico Archinto, bajo el patrocinio de la Santísima Trinidad. Fue elevada al rango de concatedral en 1964 y se convirtió en la catedral de la diócesis de Dresde-Meissen en 1980, cuando la sede episcopal se trasladó de Bautzen a Dresde.
De este modo, la mayor iglesia de Dresde –cuya nave principal tiene 52 metros de longitud, 18 de ancho y 32 de alto, y cuya torre alcanza una altura de 86 metros– fue una iglesia católica en una ciudad de clara mayoría protestante. Hoy en día, los cristianos apenas representan un 20 por ciento de la población: un 15 por ciento de cristianos evangélicos y sólo un cinco por ciento de católicos.
Es un ejemplo destacado del barroco de Dresde. Es el único gran edificio real diseñado por un arquitecto extranjero, el mencionado Gaetano Chiaveri, y se inspiró en iglesias construidas por Francesco Borromini y la Capilla del Palacio de Versalles. La iglesia tiene tres naves y cuenta con un pasillo procesional de 3,50 metros de ancho que permite realizar procesiones, pues en la protestante Dresde no se podían hacer procesiones católicas al aire libre.
El sencillo interior contrasta con la rica decoración exterior, con 78 figuras de santos de 3,50 m de altura esculpidas en arenisca (1738-46), obra de Lorenzo Mattielli, sobre la balaustrada que rodea toda la nave.
En el interior destaca, contrastando con el blanco de los muros, el altar mayor de mármol con adornos de bronce dorado, obra de los hermanos Aglio, que representa la Ascensión, de 10 metros de alto y 4,50 metros de ancho, obra del pintor de la corte de Dresde Anton Raphael Mengs. El cuadro, comenzado en Roma en 1752 y terminado en Madrid en 1761, llegó a Dresde en 1765.
Al igual que la “Frauenkirche”, también la Iglesia de la Corte sufrió graves desperfectos durante los bombardeos aéreos de febrero de 1945; las cubiertas y bóvedas se derrumbaron y los muros exteriores quedaron en parte completamente destruidos.
La reconstrucción se completó en 1965. Después de más de 50 años se llevaron a cabo, de marzo de 2020 a febrero de 2021, amplias obras de restauración.
Hoy en día, la nave lateral derecha se dedica a la Virgen María, con un altar que presenta una figura de la Virgen con una corona de ángeles, copia de la parte central del altar Mühlhausen de la catedral de Bamberg (realizado por Hermann Leitherer en 1987). En el muro posterior de la capilla se encuentra una escultura de Santa María Magdalena (Magdalena penitente) de Francesco Baratta.
Entre las capillas del ábside destaca la del Santísimo Sacramento –con un retablo sobre la institución de la Eucaristía: el original, realizado en 1752 por Louis de Silvestre, se perdió en 1945 y fue sustituido en 1984 por una recreación del pintor Gerhard Keil– y el de San Benno, en la capilla sureste, presidida por un retablo de Stefano Torelli, también de 1752, que representa al obispo Benno predicando la fe cristiana a los Sorbos, una minoría eslava en la diócesis de Dresde-Meissen. Del santo obispo se conserva una mitra, en un relicario sobre el altar, realizado en 1997 por Paul Brandenburg.
Por último, en la nave izquierda se encuentra el altar de los mártires, que alberga las urnas de los tres mártires Alois Andritzki, Bernhard Wensch y Aloys Scholze. Sus cenizas fueron trasladadas en procesión desde el Antiguo Cementerio Católico el 5 de febrero de 2011. Alois Andritzki fue beatificado en una misa pontifical celebrada ante la catedral, el 13 de junio del mismo año.
En una tabla con las fotos de los tres mártires se dice: “Aquí descansan las urnas de tres sacerdotes mártires de la diócesis de Dresde-Meissen que murieron en el campo de concentración de Dachau”. Debajo de ellos se reproducen las fotografías de “los beatos mártires polacos decapitados en Dresde en 1942/43”.

La entrada La Catedral católica de Dresde. El mayor templo en una ciudad protestante se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Alfred Bengsch y la lucha por la unidad de la Iglesia se publicó primero en Omnes.
]]>El primer obispo que rigió la diócesis durante un prolongado periodo, dejando una huella indeleble, fue Mons. Konrad von Preysing (cardenal desde 1946), nombrado en 1935. Von Preysing no solo destacó como opositor al régimen nacionalsocialista, sino que en los últimos años –gobernaría la diócesis hasta 1950– se tuvo que enfrentar a la división de Alemania y de Berlín: en 1949 se crean la República Federal de Alemania, en el oeste, y la República Democrática Alemana (RDA) en el este.
Berlín se encontraba dividido desde 1945 en cuatro sectores, correspondientes a las cuatro potencias aliadas –Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Unión Soviética–; a pesar de que, hasta la construcción del muro, había relativa libertad de movimientos dentro de todo Berlín, ya en 1948 la antigua capital queda dividida en un Berlín occidental (los tres sectores de potencias occidentales) y otro oriental (el sector soviético). Cuando, en 1949, se crean la República Federal y la RDA, esta proclama a Berlín (oriental) como su capital, mientras que Berlín occidental se convirtió, de facto, en un Estado de la República Federal.
Cuando, en 1952, el gobierno de la RDA prohíbe a los habitantes de Berlín occidental acceder al territorio de la RDA, Berlín occidental se convierte en una especie de “isla” dentro de la RDA. Por esto, incluso antes de la construcción del muro de Berlín, la diócesis –que, desde el punto de vista del derecho canónico, no se dividió en ningún momento: el obispo de Berlín era el obispo de toda la diócesis; es decir, no solo del territorio comprendido en la RDA, sino también de Berlín este y oeste– estaba considerada la más difícil diplomática y administrativamente de las iglesias europeas. En una rueda de prensa celebrada el 15 de junio de 1955, el obispo Wilhelm Weskamm (1951-1956), sucesor del cardenal Von Preysing, describió la situación de su diócesis como un reflejo de la desunión de Alemania. Aunque podía moverse libremente por todo Berlín, necesitaba permiso para cada viaje al territorio de la RDA, donde tenía que presentarse en las comisarías locales.
Por las dificultades que creaba la división de Alemania y de Berlín, y también por el carácter cada vez más anticristiano del régimen en la RDA, que por ejemplo impedía participar a los obispos de la RDA en la Conferencia Episcopal Alemana, ya en 1950 se crea la “Conferencia de Ordinarios de Berlín” (BOK) con los obispos, obispos auxiliares y demás titulares de jurisdicción. En 1957, el sucesor de Weskamm en la sede berlinesa, Julius Döpfner (1957-1961), publica un decreto señalando que el Presidente de la BOK es el único interlocutor para las autoridades de la RDA (“Decreto Döpfner”), con el fin de hacer todo lo posible para que no se divida la Iglesia católica en Alemania.
Döpfner, a quien Juan XXIII concede el capelo cardenalicio en diciembre de 1958, pronto entraría en conflicto con el gobierno de la RDA. En 1958 se elimina la asignatura de religión en las escuelas, al mismo tiempo que se concede mayor peso a la “Jugendweihe” (la “consagración de la juventud” como sustitución ateísta de la Primera Comunión y confirmación). El obispo reacciona con una carta pastoral en la que expone la doctrina de la Iglesia. La confrontación entre el obispo y el régimen de la RDA lleva a prohibir que el obispo, que residía en Berlín occidental, pise el este de la ciudad. “La solución de este problema pastoral será una novedad: el nombramiento de un segundo obispo auxiliar para Berlín”, según refiere el biógrafo de Alfred Bengsch, Stefan Samerski, pues el ya existente, Paul Tkotsch (1895-1963) no se encontraba ya, por motivos de salud, en condiciones de ampliar su radio de acción a la parte este de la ciudad.
Así es como Alfred Bengsch fue nombrado obispo auxiliar de Berlín, el 2 de mayo de 1959. Bengsch había nacido –a diferencia de todos los obispos anteriores– en el mismo Berlín, en el distrito occidental de Schöneberg, el 10 de septiembre de 1921. Había comenzado los estudios de Teología cuando fue llamado a filas en 1941; después de su periodo como prisionero de guerra entre 1944 y 1946, en dicho año reanuda sus estudios y es ordenado sacerdote por el cardenal Von Preysing el 2 de abril de 1950.
A diferencia del cardenal Döpfner, el nuevo obispo auxiliar –al tener su domicilio y sede en Berlín oriental, capital de hecho de la RDA– puede moverse con relativa facilidad por toda la diócesis, que ocupa buena parte del territorio de la RDA, por ejemplo, para administrar confirmaciones o para realizar visitas pastorales.
La confrontación entre el cardenal Döpfner y las autoridades subió rápidamente de tono en el año 1960, tras la carta pastoral con ocasión de la Cuaresma, en la que atacaba directamente al régimen. El fallecimiento del arzobispo de Múnich-Freising, el cardenal Joseph Wendel, el 31 de diciembre de 1960, proporcionó a la Santa Sede –en la que estaba comenzando una “Ostpolitik” de no-confrontación de la Iglesia en los países comunistas– la posibilidad de retirar a Döpfner de Berlín. Si bien el cardenal comunicó al Papa que deseaba continuar en Berlín, Juan XXIII le escribió personalmente una carta el 22 de junio de 1961 para exponer su decisión de transferirle a la capital bávara.
El 27 de julio, el capítulo de la catedral berlinesa elegía al obispo auxiliar Alfred Bengsch como sucesor del cardenal Döpfner, quien había apoyado dicha elección; así lo dijo en la Misa de despedida antes de trasladarse a Múnich: “El hecho de que se nombrara a un obispo que vive en la parte oriental de la diócesis corresponde a imperiosas consideraciones pastorales”.
El nuevo obispo Alfred Bengsch no había tomado aún posesión de la diócesis cuando, el 13 de agosto de 1961, le sorprendió la construcción del “muro” pasando sus vacaciones estivales en la isla de Usedom. Que la división de Berlín, y por lo tanto de la diócesis, era ya un hecho consumado se aprecia en el hecho de que la toma de posesión tuvo que realizarse por separado, el 19 de septiembre en la iglesia del Corpus Christi en Berlín este; el 21 de septiembre, en la de St. Matthias, en Berlín oeste. Si bien el territorio de la diócesis sito en la RDA era muchísimo más extenso que en la parte occidental (Berlín oeste), la proporción de católicos era mucho mayor en ésta; en números absolutos: en todo el este (Berlín oriental y RDA) vivían unos 262.000 católicos; en Berlín occidental eran aprox. 293.000, donde trabajaban 139 de los 358 clérigos en total.
Aunque Döpfner le escribió proponiendo que, dada la situación, para un obispo residente en la RDA era prácticamente imposible regir la parte occidental, por lo que abogaba por una división en dos diócesis, Bengsch se negó a ello, anteponiendo la unidad de la diócesis: “Conservemos la unidad de la Iglesia” se convirtió en el leitmotiv de su gobierno. Para ello tuvo que enfrentarse a la política que las autoridades de la RDA denominaron “de diferenciación” y que no era otra cosa que el intento de dividir a la Iglesia católica: una “política de conversaciones” con el clero para inculcarles la ideología socialista.
Bengsch reaccionó reafirmando el ya mencionado “Decreto Döpfner”: las relaciones con las autoridades estatales se canalizan exclusivamente por el presidente de la BOK. El obispo se limitaba a tratar cuestiones concretas con las autoridades, imponiendo al clero una “abstinencia” política. Lo cual, sin embargo, no quiere decir que no tomaran postura en cuestiones morales, por ejemplo, predicando contra la introducción del aborto.
A diferencia de la situación de la Iglesia católica en otros países comunistas, en la RDA podía contar con la ayuda financiera de la República Federal; gracias a esta podía mantener obras caritativas y hospitales.
Según el biógrafo de Bengsch, este tenía “al menos cuatro triunfos en la manga” frente a las autoridades de la RDA: divisas que tanto necesitaba el régimen, atención médica al nivel de los países occidentales, conexión internacional con la Santa Sede, que “el régimen podía instrumentalizar política-ideológicamente”, y un número relativamente reducido de católicos en la RDA como para inquietar el régimen.
Sería interesante profundizar en cómo influyó el concilio Vaticano II y la llamada revolución del 68 sobre todo en el Berlín occidental; asimismo habría que tratar en este contexto la situación de las diócesis alemanas que se extendían al territorio al este de los ríos Oder y Neisse, que pasaron a formar parte de Polonia tras la Segunda Guerra Mundial: Bengsch estaba a favor de una completa reorganización, lo cual realmente no se llevaría a cabo sino en 1994, tras la caída del muro, la reunificación alemana en 1989/1990 y el reconocimiento definitivo por parte de Alemania de la “línea Oder-Neisse” como frontera con Polonia.
Ahora bien, por motivos de espacio, vamos a ceñirnos al hilo conductor de estas líneas: el esfuerzo de Mons. Bengsch por mantener la unidad de su diócesis, contra todos los intentos de que se “independizara” Berlín occidental, convirtiéndose en una nueva jurisdicción, por ejemplo, nombrándose un Administrador apostólico.
En este contexto hay que mencionar principalmente la denominada “Ostpolitik” del Vaticano, tras e incluso durante el mencionado concilio: desde 1963, la Santa Sede comienza a establecer relaciones con países del Este –en primer lugar, Hungría y Yugoslavia–. La idea de dicha “Ostpolitik” de la Santa Sede era la adaptación de las fronteras eclesiásticas a las fronteras estatales; este sería el tema dominante en las relaciones entre Iglesia y Estados hasta 1978.
Sobre todo el cardenal Agostino Casaroli, desde 1967 una especie de “ministro de Asuntos Exteriores” de la Santa Sede, consideraba su actuación en Alemania oriental como ejemplar para todo el bloque del Este.
La RDA presionaba para que allí se estableciera no solo nuevas diócesis, sino también una conferencia episcopal “nacional”. Si bien, en julio de 1973, se nombran administradores para Erfurt, Magdeburg y Schwerin, gracias a la influencia del (desde 1967) cardenal Bengsch, no se erigen “Administraciones apostólicas”.
Aunque las presiones del gobierno de la RDA llevan a crear una nueva conferencia episcopal, el cardenal Bengsch consigue que, al menos, no se denomine “Conferencia Episcopal en la República Democrática Alemana” o similar, sino “Conferencia Episcopal de Berlín” (“Berliner Bischofskonferenz” BBK), cuyos estatutos aprueba la Santa Sede el 25 de septiembre de 1976, por un periodo de prueba de cinco años.

En el tira y afloja que se produjo a continuación, la BBK califica la erección de “tres administraciones apostólicas” como “mal menor”, si la Santa Sede lo considera “inevitable”. En mayo de 1978, el cardenal Casaroli informa al ministro de Asuntos Exteriores de la RDA, Otto Fischer, que la Santa Sede, si bien no erigirá diócesis en Alemania oriental, sí creará administraciones apostólicas.
El cardenal Höffner, en su condición de presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, presenta inmediatamente una protesta en Roma. Tras la decisión definitiva del Papa, de 2 de julio de 1978, se comienza a preparar ese paso canónico. Sin embargo, Pablo VI fallece el 6 de agosto, sin haber firmado los decretos.
La elección de Karol Wojtyła como Papa supuso una alegría enorme para el cardenal Bengsch: se había conocido en el concilio Vaticano II, y ambos habían sido creados cardenales en el mismo consistorio. Además de unirles una personal amistad –se ha conservado una foto que documenta cómo el entonces cardenal de Cracovia visita al de Berlín en la vivienda de este, en septiembre de 1975–, no sólo coincidían en cuestiones teológicas, sino también en las cuestiones de la ”Ostpolitik”: Juan Pablo II trató estos asuntos con un “dilata”, de modo que los correspondientes documentos desaparecieron en un cajón de la Curia. De este modo, el statu quo eclesiástico se mantuvo inalterado en la RDA hasta su final, el 3 de octubre de 1990.
La entrada Alfred Bengsch y la lucha por la unidad de la Iglesia se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Colonia: una catedral como símbolo de la fe de siglos se publicó primero en Omnes.
]]>
Sin embargo, la catedral actual, la gótica, no fue la primera catedral en Colonia. Cuando comenzó a construirse en 1248, el cristianismo tenía ya una historia de al menos diez siglos en esta ciudad del Rin. Como denota su nombre, Colonia fue fundada como colonia romana (Colonia Claudia Ara Agrippinensium, CCAA), en el terreno que ocuparon a comienzos de nuestra era las legiones I Germanica y XX Valeria Victrix. Fue Claudio –emperador entre 41 y 54 d.C.– quien le otorgó el estatus de colonia, con más derechos imperiales que el anterior oppidum. Claudio estaba casado con la Agripina que da nombre a Colonia y que era hija del general Germánico.
Aunque apenas existen fuentes sobre la difusión del cristianismo por el Rin, se parte de la base de que se extendió lentamente, también en Colonia. En cualquier caso, el primer obispo conocido es san Materno, al que se nombra como tal tanto en el sínodo de Roma de 313 como en el de Arles en 314. Tras la caída del Imperio Romano y el surgimiento de nuevos reinos, el primer obispo documentado de la época de los francos es Evergislus (Eberigisil), en el siglo VI. El obispo Hildebold recibió el título de arzobispo de manos de Carlomagno en 794-795. Desde entonces, Colonia es arzobispado.
Aunque existen restos de construcciones anteriores, como un baptisterio de época tardorromana y de una iglesia merovingia del siglo VI, la primera catedral de Colonia –la carolingia– data del siglo IX. Aunque suele denominarse “catedral de Hildebold” probablemente no se comenzó a construir sino después de la muerte de este obispo en 818. Se consagró en el año 870.
Sobre el mismo terreno de esta catedral carolingia, que el arzobispo Konrad von Hochstaden mandó derruir en abril de 1248, comienza a construirse la actual catedral; el mencionado obispo pone la primera piedra el 15 de agosto de 1248. La construcción de una nueva catedral, mucho mayor y más rica, está íntimamente relacionada con los Reyes Magos, cuya reliquia trajo en 1164 el arzobispo Rainald von Dassel de Milán a Colonia. Considerada como una de las reliquias más importantes de la cristiandad, para albergarlas no sólo se crea un lujoso relicario, realizado por el orfebre Nicolás de Verdún entre 1190 y 1225, y que está considerado como el más grande y artísticamente más logrado que se conserva de la Edad Media. Además, esta nueva catedral se concibe como una especie de “sobre-relicario” o de “relicario en piedra”. El cabildo catedralicio decidió que se construyera en el estilo del gótico de las catedrales francesas y que superara en altura a las doce basílicas románicas que ya existían en la ciudad.
La translatio de los Reyes Magos responde a la idea del emperador Federico I Barbarroja de “sacralizar” el imperio, con independencia y en el mismo plano que la sancta ecclesia. Para ello, llevó a cabo tres actos: en primer lugar, en 1157 se añade a imperium el predicado sacrum; desde entonces, se extiende la expresión “Sacro Imperio Romano-Germánico”. En segundo lugar, los “magos de Oriente” (Mt 2,1) se transforman en los “tres Reyes Magos” siguiendo la tradición veterotestamentaria de, por ejemplo, el salmo 72 (71): “Los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; póstrense ante él todos los reyes”. En tercer lugar, Federico I ordena la canonización de Carlomagno: desde que, en 1165, el arzobispo Rainald von Dassel de Colonia le canoniza en Aquisgrán, el emperador puede contar entre sus filas, por así decir, no solo con los reyes magos, sino también con un rey santo.

Hasta finalizar su construcción hubieron de pasar más de seis siglos: aunque entre 1248 y 1528 comienza a edificarse, siguiendo los planos del maestro Gerhard, en dicha fecha se interrumpen los trabajos por casi 300 años: sólo en 1823 se decide finalizar la construcción, siguiendo los planos originales: el 4 de septiembre de 1842, el rey de Prusia Federico Guillermo IV –tras las guerras napoleónicas, Renania se convirtió en una provincia prusiana– y el arzobispo Johannes von Geissel ponen la primera piedra para la construcción de la fachada occidental con las características torres, de 157 metros de altura; la culminación se celebra oficialmente el 15 de octubre de 1880, si bien el mosaico del coro no se terminaría hasta 1899.
Además de la reliquia de los Reyes Magos, la Catedral de Colonia alberga una serie de obras maestras como la Cruz de Gero (“Gerokreuz”), así denominada por haber sido encargada por el arzobispo Gero (obispo entre 969 y 976). Es uno de los crucifijos de grandes dimensiones (2,88 metros) más antiguos que se han conservado al norte de los Alpes: realizado en madera de roble hacia finales del siglo X, iconográficamente está considerado como punto de inflexión en la representación del Salvador; hasta entonces, representado victorioso en posición erguida, aparece ahora sufriente y humano. Posiblemente se debe a nuevas tendencias en la Teología, que a finales del siglo X sitúan la muerte redentora de Cristo en el centro de la doctrina. La Cruz de Gero sirvió de modelo para numerosas representaciones medievales.
Como tercer objeto de veneración, tras los Reyes Magos y la Cruz de Gero, se encuentra en la Catedral la “Virgen de Milán” (“Mailänder Madonna”). Esculpida hacia 1290 en madera policromada, es actualmente la imagen de la Virgen más antigua en la Catedral. Su nombre se debe a que vino a sustituir a una estatua que Rainald von Dassel trajo de Milán junto con los Reyes Magos y que fue destruida en el incendio de la anterior catedral. De estilo gótico, está estrechamente relacionada con las figuras del pilar del coro, un momento culminante del estilo manierista del pleno gótico.

En la capilla de celebración diaria durante los meses de verano –en invierno, las Misas de diario se celebran en la capilla del Santísimo– se alza otra de las joyas que alberga la catedral: el retablo “de los Patronos de la ciudad”, considerado como la obra más importante de Stefan Lochner y una de las más destacadas de la pintura medieval en Colonia. El tríptico, encargado por el concejo municipal en 1426, se encuentra en la catedral desde 1809. Fusionando el colorido italiano con el realismo flamenco, Stefan Lochner representó en la tabla central a los Reyes Magos adorando al Niño Jesús, en el regazo de su madre entronizada. En las alas están representados los patronos de Colonia: a la izquierda Santa Úrsula con sus “once mil vírgenes”; a la derecha, San Gereón con soldados de la Legión Tebaica. En el exterior, cuando el altar está cerrado, puede verse la Anunciación de María.
Una de las imágenes que gozan de mayor devoción es la “Schmuckmadonna” (“Virgen de los exvotos”), como atestigua el elevado número de velas que siempre pueden encontrarse encendidas ante ellas. La imagen está adornada por numerosas piezas de joyería de los siglos XIX y XX como exvotos en acción de gracias por los favores recibidos. La veneración de la imagen se remonta a finales del siglo XVII.

Junto a esta imagen cuelgan los “báculos anuales”: en madera cubierta de oro, están situados sobre la entrada a la Cámara del tesoro e indican cuántos años lleva en el cargo el arzobispo actual. Año tras año, se añade otro báculo en el aniversario de la toma de posesión del arzobispo. Así puede leerse en la inscripción: “Quot pendere vides baculos, tot episcopus annos huic Aggripinae praefuit” (“Cuantos báculos veas colgados, tantos años reside el obispo de Colonia”). El origen de esta costumbre es desconocido, pero aparece reseñada ya en el informe de viaje de Arnoldus Buchelius, de Utrecht, del año 1587.
En la catedral de Colonia están enterrados, además de algunas personalidades como Richeza, reina de Polonia (995-1063), los obispos de la diócesis: desde los mencionados Gero († 976) y Rainald von Dassel († 1167) hasta los últimos, los cardenales Josef Frings († 1978), Joseph Höffner († 1987) y Joachim Meisner († 2017), estos últimos en la cripta construida entre 1958 y 1969.
La entrada Colonia: una catedral como símbolo de la fe de siglos se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Cruces de caminos en Alemania se publicó primero en Omnes.
]]>Entre los numerosos tipos de cruces de caminos, quizá el más típico de las regiones alpinas sea el denominado “Bildstock” o “Bilderstock” (“caseta con imagen/imágenes”). Ahora bien, aunque se suela relacionar con los Alpes, se da también en Franconia, en las partes católicas de Baden, Suabia, en Eichsfeld, en la zona de Fulda, Münsterland, la Alta Lusacia y en Renania: Colonia –donde se encuentran más de 200 de estas cruces– tiene incluso un barrio denominado “Bilderstöckchen” –el sufijo -chen denota diminutivo, un uso bastante usual en la ciudad de la famosa catedral–, así llamado porque allí se encontraba una caseta con imágenes, mencionada por primera vez en 1556.

Estas cruces se suelen alzar preferentemente a lo largo de las carreteras y en los cruces de caminos; frecuentemente son pequeñas obras de arte que invitan a detenerse, pues reconfortan al caminante. En ocasiones han sobrevivido durante siglos; otras son más recientes. A veces se han conservado en su lugar original, a veces se han salvado de la intemperie y se han renovado ampliamente.
Establecer una tipología resulta prácticamente imposible, pues se extienden desde sencillas estelas de piedra hasta auténticas capillas. En muchos casos reproducen sencillamente un crucifijo, con o sin acompañamiento de la Virgen; pero en muchos otros tienen imágenes de santos. En ocasiones están cerrados con rejas, tras las cuales se encuentran valiosos relieves, pinturas u obras pictóricas policromadas. Otras veces, en la base de una cruz de camino se graba el año de construcción, una breve oración, una petición, un agradecimiento, una bendición o una cita bíblica: “Alabado sea Jesucristo, Ave María”, “Santa María, ruega por nosotros”, “Solo en la cruz está la salvación” o “Ten piedad de nosotros”. Muchas veces, la devoción popular concreta la oración: “Dios bendiga nuestros campos y los proteja del granizo, las heladas y la sequía”.
También sus orígenes son muy diversos: desde ser sencillos hitos de camino hasta las célebres “cruces de la peste” en recuerdo a diversas epidemias, pasando por el recuerdo de un accidente o de un difunto, o también el cumplimiento de un voto. En ocasiones, también son lugares de peregrinación y procesión. En el mes de mayo, en muchos lugares se acude a ermitas con imágenes de la Virgen, por ejemplo, de la Piedad.

Las cruces son asimismo lugar de peregrinación con ocasión de las fiestas de la Ascensión y del Corpus Christi. En lugares rurales, los tres días anteriores a la Ascensión se denominan días de rogativas, en los que se celebran procesiones para pedir buen tiempo y buena cosecha; las cruces de los caminos sirven de estaciones de la procesión. Durante las procesiones festivas del Corpus Christi, las cruces de los caminos se decoran y sirven como altar para dar la bendición.
Junto a muchas cruces de caminos suele haber algún banco, que invita a reflexionar sobre las imágenes que allí se representan, que giran en torno a la obra redentora de Cristo. Por tanto, estas cruces no solo ayudan a encontrar el camino en sentido literal, sino también el camino de la vida.
En Baviera, en Frauenberg, hay dos cruces relacionadas con la Primera y la Segunda Guerra Mundial. La primera, denominada “Garma-Kreuz” (“cruz de Garma”) por hallarse en una granja de dicho nombre, fue construida por soldados que volvieron de la Primera Guerra Mundial en memoria de sus compañeros caídos y en agradecimiento por haber sobrevivido a las batallas. Además, cerca de ella crece un tipo de rosa que tiene el significativo nombre de “Paz”.
La llamada “Cruz de Müller” fue erigida por la familia del mismo nombre tras la Segunda Guerra Mundial. Se hizo por doble agradecimiento: por un lado, Fritz Müller había sobrevivido cuando huyó del avance de las tropas rusas desde su Silesia natal hasta la Baja Baviera. Y su esposa Marianne, que había sido expulsada de los Sudetes, también llegó sin novedad. “Los dos estuvimos durante meses de camino, con sólo las posesiones más necesarias y en condiciones adversas”, recuerdan. Después de medio siglo desde su huida, erigieron una cruz en señal de agradecimiento.

En Kemoding (al noreste de Múnich), la familia Faltenmaier conserva una cruz germano-rusa: un soldado ruso de ocupación, después de la guerra, descubrió la cruz y se la llevó a su casa. Su nieto Wadim Ulyanov, de Minsk, se la devolvió a Andreas Faltenmaier durante su visita a Bielorrusia: “Debía volver a Alemania para servir de recordatorio para la paz en el mundo”, dice el Sr. Faltenmaier, quien además fabricó una cruz de peregrino, de unos 20 kilos, para poder peregrinar con ella a la romería del distrito cercano de Maria Thalheim, si bien “por las restricciones del COVID hasta ahora solo lo he podido hacer una vez”.
Muy conocida en Baviera es también la “Cruz en el Verde”, cerca de Múnich, que se erigió en el siglo XIX y es un destino popular para caminantes y peregrinos. Se alza sobre una colina, abriéndose a una impresionante vista del paisaje.
Aunque la mayoría de las cruces de caminos tienden a seguir una forma tradicional, también en la población de Kemoding, anteriormente citada, Anton Eibl ha diseñado una cruz muy moderna, situada en el extremo oriental del pueblo, junto a un árbol frutal y dos bancos. Sobre una base de madera a la altura de una persona, hay una obra de arte de metal forjado con una bola dorada en el centro: “Siempre quise poner una cruz –dice Eibl– pero con una forma ligeramente distinta. Creo que ha quedado bien; la esfera simboliza el corazón de Jesús”.
La entrada Cruces de caminos en Alemania se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada La Adoración Eucarística en Alemania desde la JMJ 2005 se publicó primero en Omnes.
]]>Benedicto XVI, elegido Papa cuatro meses antes, el 19 de abril, no sólo ha querido continuar con la tradición de las JMJ iniciada por su antecesor Juan Pablo II, sino que además desea que el lema de la JMJ 2005 “Hemos venido a adorarle” se concrete en un acto de adoración eucarística. Al caer la noche, comienza la Exposición solemne. Allí donde antes se oían cientos de miles de voces, se hace un silencio estremecedor.
Contra el consejo que algunos habían dado a Benedicto XVI, el Papa había confiado en que los jóvenes realmente se tomarían el lema de la JMJ al pie de la letra: éstos –muchos, de rodillas sobre el barro– habían venido a adorar al Señor en la Eucaristía.
La página oficial de las JMJ en Alemania recogía el testimonio de uno de los presentes: “¡Qué sensación cuando la vigilia culminó en una gran adoración al Santísimo Sacramento! ¡Un millón de jóvenes en silencio ante el Señor!”
Del mismo modo que los días previos al tránsito de Juan Pablo II dieron visibilidad a una oración que parecía olvidada en el baúl de los recuerdos “preconciliares”, con cientos de personas –muchos de ellos, asimismo jóvenes– rezando el rosario en la Plaza de San Pedro, la vigilia del sábado 20 de agosto de 2005 marca el comienzo del redescubrimiento de la adoración eucarística en muchos lugares. Ahora, nos ceñiremos al país que acogió esa XX JMJ, a Alemania.
Una de las iniciativas que nacieron tras la JMJ de Colonia fue “Nightfever”: el 29 de octubre de 2005, dos estudiantes universitarios –Andreas Süss, hoy párroco en Neuss, y Katharina Fassler, de la comunidad Enmanuel, ahora casada y madre de cuatro hijos– invitaron a participar a jóvenes de 16 a 35 años en la parroquia de St. Remigius de Bonn. En su página web explican el objetivo de estas “noches de adoración”: “El centro de Nightfever es la oración, la conversación con Dios. Nos reunimos ante el altar para adorar a Jesús en forma de pan. Tal como somos, con todo lo que nos deprime o nos alegra, podemos acercarnos a Jesús y hablarle de todo, como con un buen amigo”.
La extraordinaria acogida de lo que en un principio se planteó como una actividad única hizo que se convirtiera en un evento periódico. Ya en 2006 se extendió a otras ciudades alemanas: Friburgo, Erfurt, Colonia y Maguncia. Actualmente y tras la pausa debido a las restricciones por el COVID, Nightfever se celebra en más de 80 ciudades alemanas. Tras dar el salto a Viena, esta actividad tiene lugar actualmente en 200 ciudades de otros 27 países.
Además, en un buen número de parroquias se ha vuelto a introducir la Adoración ante Jesús Sacramentado. No siempre tiene que ser la adoración perpetua; es decir, las 24 horas del día, como en la iglesia de St. Clemens de Berlín. En otras iglesias se celebra una vez a la semana, principalmente los jueves, viernes o sábados, antes o después de la Misa vespertina.
Sólo en la página web de la archidiócesis de Berlín –en la que los católicos son alrededor del nueve por ciento de la población– se recogen los horarios de adoración eucarística en más de 20 iglesias. Y en la catedral de la capital alemana –en obras desde hace varios años, cuya reapertura está prevista para 2024– se ha previsto una “capilla para adoración”.
Otra de las iniciativas en este contexto es el Congreso “Adoratio”, que se viene celebrando en la localidad de Altötting desde 2019, organizado por el departamento de “nueva evangelización” de la diócesis de Passau, en cuyo territorio se encuentra Altötting.
En su página web se describe de la siguiente manera: “Adoratio es el Congreso sobre la adoración eucarística y la renovación de la fe en el mundo de habla alemana. Está inspirado en el congreso internacional sobre la adoración eucarística perpetua, que se celebró por primera vez en Roma en 2011”.
Reproducimos a continuación un extracto de la entrevista que mantuve con Ingrid Wagner, directora del departamento anteriormente mencionado, con ocasión del último Congreso “Adoratio”, celebrado del 9 al 11 de junio. Así resumía el objetivo del Congreso: “El núcleo del Congreso y nuestra más profunda aspiración es que Dios sea adorado y venerado, que se le dé el lugar que merece, tanto en la vida de cada persona como en la de toda la Iglesia.
Esto se concreta en que durante los tres días en Altötting celebraremos la Santa Misa, tendremos momentos comunes de oración y adoración, y también habrá la posibilidad de adorar en silencio al Señor. Uno de los objetivos del Congreso es también crear muchos lugares de Adoración Eucarística en nuestro país y fuera de él”.
En relación con los procesos de reforma en la Iglesia, Ingrid Wagner decía: “La búsqueda de verdadera renovación consiste siempre en comprender más profundamente quién es Dios y quiénes somos nosotros, y cuál es nuestra respuesta a su búsqueda constante de nosotros. Creemos que la verdadera reforma debe basarse siempre en la oración, porque entonces, como Iglesia, giramos en torno a Dios y no en torno a nosotros mismos. Este encuentro con Él nos cambia, primero a nosotros mismos, y eso a su vez cambiará el mundo”.
Refiriéndose al hecho de que el Congreso se celebre en el santuario mariano más conocido de Alemania, comentaba: “La Virgen desempeña un papel importante en el Congreso, pues es nuestro mayor modelo de renovación y adoración. Su sí ha cambiado el mundo y, con el Congreso Adoratio de este año, queremos renovar también nuestro sí a Dios”.
La entrada La Adoración Eucarística en Alemania desde la JMJ 2005 se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Asociaciones estudiantiles alemanas. “La fe católica es la base que sustenta nuestros valores” se publicó primero en Omnes.
]]>Schnabel criticó la creciente desintegración de la sociedad civil: “Cada vez hay más personas convencidas de estar del lado de los buenos, que también creen saber exactamente quiénes son los malos. Con esta forma de pensar, se sienten tan superiores moralmente que creen que nuestro sistema jurídico no va con ellos”. Las asociaciones de estudiantes deben actuar allí –siguió diciendo el abad Schnabel– donde personas individuales, por una supuesta superioridad moral, se oponen al bien común.
Las asociaciones de estudiantes –“Studentenverbindungen” (uniones de estudiantes)– tienen en Alemania un fuerte arraigo, aunque actualmente solo un uno por ciento de los universitarios pertenezca a una de ellas. Sin embargo, en el siglo XIX y buena parte del XX gozaron de gran empuje como “hermandades” para toda una vida; de hecho, entre los miembros se denominan “Bundesbrüder” (“hermanos de corporación”).
Las corporaciones, que a su vez están organizadas en diferentes federaciones de muy distintas características, tienen su origen a comienzos del siglo XIX, cuando se extendió un sentimiento nacionalista tras las guerras “patrióticas” o “de liberación” contra Napoleón.
Tras estas, muchas personas confiaban en que el Congreso de Viena apadrinara la vuelta a la unidad del Sacro Imperio romano-germánico, superando la fragmentación en pequeños estados que se había ido produciendo a partir de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648).
Aunque Prusia y Austria consiguieron algunos territorios antes independientes, el Congreso de Viena mantuvo la división de “Alemania” en unos 40 estados.
Para protestar contra ello, en 1817 unos 500 estudiantes universitarios se reunieron en el castillo de Wartburg (cerca de la ciudad de Eisenach, en Turingia) –considerado un símbolo nacional por haberse refugiado allí Lutero en 1521/22–. Aunque ya habían acudido allí en varias ocasiones, la reunión de 1817 tenía especial simbolismo pues se celebraba el tercer centenario de la Reforma protestante.
Y es que las corporaciones estudiantiles fueron primeramente un fenómeno protestante. Las primeras asociaciones católicas de universitarios no comenzaron hasta 1844: coincidiendo con la exposición de la “Santa Túnica”, una reliquia muy venerada en Tréveris, se crearon diversas asociaciones católicas, entre ellas el “Congreso Católico” (“Katholikentag”) y también las denominadas “katholische Studentenverbindungen” (asociaciones católicas de estudiantes).
Si bien el “combate cultural” entre el Reich alemán, y en particular el canciller Otto von Bismarck, y la Iglesia católica no alcanzaría su punto álgido hasta 1870, lo cierto es que Prusia –aun a pesar de la tolerancia de la que gozaron los católicos durante la mayor parte de su existencia– se concebía a sí misma como “protestante” en contraposición a Austria-Hungría, considerada como católica.
Por esto, cuando empiezan a notarse los primeros síntomas de la idea de relegar a los católicos al ambiente privado, surgen las asociaciones católicas para darles visibilidad pública. En este contexto se ha de ver el nacimiento de las asociaciones estudiantiles católicas.
Las asociaciones católicas se reúnen a su vez en tres grandes “federaciones”: “Unitas”, el “Kartellverband” y el “Cartellverband”. Sin entrar en las diferencias entre unas y otras –por ejemplo, “Unitas” nace como asociación de estudiantes de Teología y no se abrirá a estudiantes de otras facultades hasta 1887–, todas ellas tienen en común que experimentan un primer auge en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial y que, a diferencia de las organizaciones protestantes, se oponen en general a la dictadura nazi, que las disolverá forzosamente en 1938.
Experimentan un segundo momento de expansión tras la Segunda Guerra Mundial; por ejemplo, los cancilleres Konrad Adenauer y Kurt Georg Kiesinger estarán orgullosos de pertenecer al “Kartellverband”, para experimentar un notable descenso de miembros tras la revolución estudiantil de 1968.
Actualmente, como se dijo inicialmente, no tienen el peso de tiempos pasados; pero siguen cuidando sus tradiciones. Por ejemplo, la federación “Unitas” describe su objetivo como “apoyar a sus miembros para profundizar en su vida religiosa, en la formación científica y compromiso social”.
Con ocasión de la Asamblea de la federación “Cartellverband” a la que nos referíamos al comienzo, su actual presidente Simon Posert decía que, aunque el número de miembros sigue siendo estable, “la disposición de los jóvenes a comprometerse ha disminuido.
Además, las restricciones de los últimos años debidas al COVID no han facilitado las cosas. No obstante, confiamos en que seguiremos siendo un lugar atractivo para los estudiantes universitarios”. Respecto al impacto que las asociaciones católicas de estudiantes puedan desarrollar en la sociedad, comentaba: “la organización no es activista como tal, pero solemos reunir a personas comprometidas con la sociedad, que tienen impacto sobre todo en su entorno directo”.
El abad Nikodemus Schnabel señaló que la situación actual de la sociedad anima a redescubrir el carácter misionero de la Iglesia: sin duda se pueden encontrar jóvenes universitarios que quieran seguir el camino católico de la fe. También criticó “el ambiente depresivo en la Iglesia y en los medios eclesiásticos”. Viendo a personas como los del “Comité central de los católicos alemanes” se puede tener la sensación de que casi se disculpan por seguir existiendo. “Las asociaciones de estudiantes tienen que asumir el reto de adoptar una posición basada en sus valores: la Iglesia no está muerta. Hay curiosidad por la fe”.
También Simon Posert cree que la “Iglesia católica como institución” no está ya en condiciones de enseñar los contendidos de la fe católica –la doctrina de Cristo– a los jóvenes. “Nos encontramos en una espiral descendente, a la que la Iglesia también ha contribuido con los abusos. La Iglesia puede proporcionar apoyo y dar sentido, pero ya no cumple esta misión a gran escala.
Las asociaciones estudiantiles, a pesar de todos sus vínculos, no son organizaciones de las estructuras eclesiásticas, por lo que quizá puedan incluso vivir la fe de una forma más distendida. Se empieza con cosas pequeñas; por ejemplo, cuando estudiantes cocinan juntos y a la hora de comer bendicen la mesa, o cuando acudimos juntos a la Misa dominical. También celebramos el inicio y el final de cada semestre con una Misa. Para nosotros, la fe católica es la base que sustenta nuestros valores”.
La entrada Asociaciones estudiantiles alemanas. “La fe católica es la base que sustenta nuestros valores” se publicó primero en Omnes.
]]>La entrada Desciende el número de católicos en Alemania se publicó primero en Omnes.
]]>Este número de una magnitud sin precedentes se debe principalmente al hecho de que aquella persona que se da oficialmente de baja de la Iglesia (“Kirchenaustritt”) queda eximida del pago del llamado impuesto eclesiástico “Kirchensteuer”), que –dependiendo del land en que viva– asciende al 8-9 por ciento del IRPF… y que no se sustituye por otro gravamen. Es decir, quien no tiene un compromiso real con la Iglesia, se ahorra una cantidad no insignificante en materia fiscal.
Lo que no se conoce, por otro lado, es si el hecho de que el Camino Sinodal alemán pueda haber influido en estas cifras. En cualquier caso, dicho proceso de “reforma” ha creado desilusión en muchas personas al ver que se tratan cuestiones que, en realidad, poco tienen que ver con su vida de fe.
Frente a estas enormes cifras de bajas, el número de adultos admitidos por primera vez en la Iglesia católica asciende a 1.447 en 2002 (2021: 1.465) y el de aquellas personas que se habían dado de baja y que vuelven a ser recibidas asciende a 3.753 (2021: 4.116).
Las cifras mencionadas se desprenden de las estadísticas publicadas el miércoles 28 de junio de 2023 por la Conferencia Episcopal alemana y las 27 diócesis en Alemania. Actualmente, los católicos son ya solo el 24,8 por ciento de la población total (20.937.590 de 84,5 millones). También ha descendido el número de miembros de la iglesia evangélica, que en 2022 era de 19,1 millones, el 22,60 por ciento.
En el año 2021, de los 83,2 millones de la población total, los católicos eran el 25,96 por ciento (21,6 millones), mientras que los miembros de la iglesia evangélica ascendían al 23,68 por ciento (19,7 millones).
Con estas cifras, el número total de cristianos en Alemania ha vuelto nuevamente a decrecer: de 41,30 millones (49,36 por ciento) a 40,1 millones (48,87 por ciento). Ciertamente, a la hora de comparar porcentajes, también hay que tener en cuenta que en el incremento de la población total alemana (de 83,2 millones en 2021 a 84,5 millones en 2022) desempeñan un importante papel emigrantes de otras religiones distintas a las cristianas.
Volviendo a las cifras de la Iglesia católica, se aprecia un ligero aumento en la recepción de los sacramentos, una vez finalizada oficialmente la pandemia del COVID: la asistencia a la Misa dominical asciende al 5,7 por ciento (2021: 4,3 por ciento).
Si en 2021 se administraron 141.992 bautismos, en 2022 fueron 155.173. Recibieron la Primera Comunión 162.506 niños (2021: 156.574) y la Confirmación 110.942 jóvenes (2021: 125.818)
Un incremento significativo se ha producido en el número de matrimonios canónicos: de 20.140 en 2021 a 35.467 en 2022. En cuanto a los entierros canónicos, las cifras se han mantenido prácticamente inalteradas: 240.144 frente a los 240.040 del año anterior.
Desde hace años se viene realizando en las diócesis alemanas un proceso de concentración de parroquias, lo que ha llevado a un descenso de su número de 9.790 en 2021 a 9.624 en 2022. En total viven en Alemania 11.987 sacerdotes (2021: 12.280), de los cuales 6.069 trabajan en la pastoral parroquial (2021: 6.215). El número de diáconos permanentes también ha decrecido: de 3.253 en 2021 a 3.184 el pasado año. El número de ordenaciones sacerdotales en 2022 ascendió a 45 (33 sacerdotes diocesanos y 12 religiosos), tres menos que en 2021.
La entrada Desciende el número de católicos en Alemania se publicó primero en Omnes.
]]>