Blickpunkt Evangelium

La Jerusalén celeste. Solemnidad de Todos los Santos (A)

Vitus Ntube nos comenta las lecturas de la Solemnidad de Todos los Santos (A) correspondiente al día 1 de noviembre de 2026.

Vitus Ntube-29 de Oktober de 2026-Lesezeit: 2 Minuten

Hoy la Iglesia celebra la solemnidad de Todos los Santos. Nuestra mirada se dirige hacia la Jerusalén celeste, donde una gran multitud de nuestros hermanos se reúne para ofrecer a Dios una alabanza eterna. Hacia esa misma Jerusalén celeste nos dirigimos también nosotros, como peregrinos, con esperanza y anhelo.

La solemnidad que celebramos hoy pone ante nuestros ojos la inmensa multitud de los santos que ya contemplan a Dios cara a cara. El libro del Apocalipsis nos permite vislumbrar esta asamblea celestial: “eine unermessliche Schar, die niemand zählen konnte, aus allen Nationen, Rassen, Völkern und Sprachen”. ¡Qué hermosa imagen! La Jerusalén celeste atraviesa la historia, las generaciones, las culturas, las lenguas y los pueblos. En ella están los santos del Antiguo y del Nuevo Testamento, los mártires de la Iglesia primitiva, los grandes santos cuyos nombres conocemos, aquellos que han sido beatificados y canonizados en nuestros propios tiempos, y la innumerable multitud de hombres y mujeres santos cuyos nombres solo Dios conoce.

Entre ellos están también aquellos a quienes el Papa Francisco llamó los “santos de la puerta de al lado”; personas corrientes que viven su fe silenciosa y fielmente en medio del mundo; personas que, viviendo entre nosotros, reflejan la presencia de Dios. Podríamos llamarlos “la clase media de la santidad”. Nos recuerdan que la santidad no está reservada para circunstancias extraordinarias ni para personas extraordinarias. La santidad puede vivirse en las circunstancias ordinarias de nuestra vida cotidiana.

Al contemplar la inmensidad, la diversidad y la riqueza de la Jerusalén celeste, comprendemos que sus puertas están abiertas a todos.  Todos estamos llamados a formar parte de esta ciudad, a convertirnos en ciudadanos de ella. Esta es la llamada universal a la santidad que la Iglesia proclama continuamente. Al celebrar a todos los santos, se nos recuerda que todos estamos llamados a ser santos.

Esta llamada a la santidad es, fundamentalmente, una invitación a la alegría. Nos llama a encarnar las bienaventuranzas que se nos presentan en el Evangelio de hoy. Las bienaventuranzas no son simplemente ideales elevados o enseñanzas abstractas; son una realidad que se vive. El día de hoy nos ofrece a cada uno de nosotros una oportunidad para reflexionar sobre cómo estamos viviendo estas bienaventuranzas y para renovar nuestro deseo de vivirlas con una convicción nueva. Es Dios quien nos hace santos. Él es la “fuente de toda santidad”. Este amor de Dios que se derrama sobre nosotros es lo que san Juan expresa con tanta admiración en la segunda lectura de hoy: “Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!"

Hoy es un día para dar gracias a Dios también por los santos y para acudir a su intercesión mientras ellos celebran en el cielo. Al alegrarse en el cielo, su alegría se convierte en nuestra esperanza; y también nosotros contribuimos a su alegría cada vez que renovamos nuestro propio empeño por alcanzar la santidad.

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