Por qué rezar en familia, incluso cuando cuesta

La oración en familia, pese al cansancio y las dificultades del día a día, ayuda a los padres a transmitir la fe a sus hijos y a sembrar en sus corazones una confianza en Dios que les acompañará toda la vida.                

26 de Oktober de 2026-Lesezeit: 2 Minuten
Rezar en familia

En numerosas ocasiones, empezamos a contar los minutos para que llegue la hora de dar la cena y acostar a nuestros hijos.

​Sin embargo, cuando terminamos de cenar, hay un paso previo a esa «batalla» de acostar a los pequeños: rezar en familia.

​Muchos se preguntarán: ¿para qué hacerlo en casa si ya rezan en el colegio (quienes van a centros educativos de ideario cristiano), en la catequesis o en la misa dominical?

​En el Evangelio según San Mateo, Jesús nos dice: «Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 20). Del mismo modo, el Venerable Patrick Peyton acuñó una frase célebre: «Familia que reza unida, permanece unida», máxima que más tarde popularizó San Juan Pablo II en su carta apostólica Rosarium Virginis Mariae en 2002.

​A primera vista, parece sencillo sentarse y ponerse a rezar; pero, en la práctica, suele convertirse en una auténtica batalla campal. Los pequeños no paran quietos, los mayores discuten, otros piden cosas sin sentido… y, mientras tanto, nuestro cansancio acumulado nos recuerda que el día llega a su fin y todo se hace cuesta arriba.

​Y, sin embargo, resulta increíble comprobar cómo, en ese breve rato de oración, se piden perdón mutuamente, recuerdan a sus amigos o familiares enfermos y rezan por quienes atraviesan situaciones complicadas.

​De ahí surgen momentos valiosos de diálogo en los que los padres podemos ofrecerles una palabra orientadora para que descubran cómo actúa Dios en su día a día. Incluso a menudo nos sorprenden con su propia mirada: más sencilla que la de los adultos, pero infinitamente más profunda.

​Por eso se dice que la familia es la iglesia doméstica: el espacio donde los padres transmiten la fe a los hijos que Dios les ha encomendado, educándolos con la mirada puesta en el cielo.

​Quienes hemos recibido este cometido nos preguntamos con frecuencia si lo estamos haciendo bien, si nos pasamos de duros o de blandos, o si les prestamos menos atención de la que necesitan. Nos preocupamos por llevarlos a un buen colegio que les proporcione un alto nivel académico y refuerce los valores cristianos del hogar. En definitiva, intentamos darles las herramientas para que un día salgan de casa y se enfrenten a la vida lo mejor posible.

​Sin embargo, la herramienta fundamental para ser felices, a pesar de las dificultades que encontrarán, es la fe. Una fe que habrá dejado una semilla imborrable en sus corazones gracias, precisamente, a esas batallas previas a la cama en las que la familia se reunía a rezar.

Der AutorMiguel Pedro Gil Calvo

Vater von sechs Töchtern. Sprachtherapeut und Sohn gehörloser Eltern (CODA). Meine persönliche und berufliche Geschichte sind eng mit meiner Berufung verbunden: Kommunikationsbarrieren abzubauen.

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