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5 claves del encuentro «Diez años después de Amoris laetitia: anunciar el Evangelio con las familias hoy»

La escucha de los jóvenes, el acompañamiento de los matrimonios y la atención a las familias en situaciones difíciles han centrado las reflexiones del encuentro convocado por León XIV en el Vaticano del 7 al 14 de octubre.

Rédaction Omnes-15 de octobre de 2026-Temps de lecture : 5 minutes
encuentro familias

©CNS/Vatican Media

Diez años después de la publicación de Amoris laetitia, el Papa León XIV ha reunido en el Vaticano a los presidentes de las conferencias episcopales y a los jefes de las Iglesias católicas orientales para reflexionar sobre cómo anunciar el Evangelio a las familias de hoy. Durante las jornadas, los participantes han compartido experiencias pastorales y han abordado cinco grandes temas: la realidad de las familias, la vocación matrimonial de los jóvenes, los primeros años de matrimonio, las situaciones familiares complejas y la misión de las familias cristianas.

En su discurso de apertura, León XIV invitó a reconocer lo aprendido durante estos diez años, incluidos los frutos, las dificultades y las preguntas que han surgido. El Papa recordó que la experiencia familiar también puede enseñar a la Iglesia y planteó la necesidad de acompañar a las personas en sus circunstancias concretas, especialmente cuando atraviesan momentos de fragilidad.

1. Escuchar a las familias para comprender su realidad

El jueves 8 de octubre, el cardenal Filipe Neri Ferrão, arzobispo de Goa y Damán, abordó la realidad, la belleza y los desafíos de las familias en Asia, especialmente en la India. Partiendo de su experiencia pastoral, destacó que la familia es un lugar privilegiado para acoger la vida, establecer relaciones, transmitir los valores evangélicos y vivir la fe.

Ferrão señaló tres grandes transformaciones: los cambios en la composición de las familias, el paso de comunidades arraigadas a una mayor movilidad y las modificaciones en las condiciones de vida. La urbanización, la migración y la búsqueda de oportunidades hacen que muchas familias ya no estén vinculadas a una única parroquia.

Ante estas realidades, el cardenal subrayó la importancia de escuchar a las familias para reconocer la presencia y la acción de Dios en sus vidas. Su intervención invitó también a mirar tanto los retos como la belleza de las relaciones familiares, la resiliencia, la esperanza y el diálogo.

2. Acompañar a los jóvenes en el descubrimiento del matrimonio

El viernes 9 de octubre, las intervenciones se centraron en los jóvenes y el descubrimiento de la vocación matrimonial. El obispo Stephen Fernandes, de Bombay, partió de una distinción fundamental: los jóvenes siguen deseando amar, pero muchos han perdido la confianza en que el amor pueda durar.

«Lo que para muchos se ha debilitado es la confianza en que el amor pueda perdurar», afirmó. Por eso, propuso que la Iglesia no se limite a preguntarse por qué los jóvenes dudan del matrimonio, sino que intente comprender qué buscan cuando hablan de amor, libertad, dignidad y futuro.

Entre los factores que dificultan la decisión de casarse mencionó la inseguridad económica, las dificultades laborales y de vivienda, la migración y las experiencias dolorosas de ruptura familiar, violencia o abandono. Fernandes defendió una formación que ayude a descubrir el matrimonio como vocación y entrega libre, y no simplemente como una obligación.

El obispo Timothy Costelloe, por su parte, insistió en la importancia de escuchar a los jóvenes como personas con historias y experiencias distintas, y de crear relaciones de respeto, acogida y acompañamiento. También destacó el valor del testimonio de los matrimonios: una pareja que vive bien su matrimonio puede ser, señaló, el argumento más convincente para mostrar su belleza.

3. Preparar para el matrimonio también significa acompañar después de la boda

El sábado 10 de octubre, el cardenal José Cobo Cano, arzobispo de Madrid, puso el foco en los primeros años de matrimonio. Su intervención partió de una pregunta dirigida a la pastoral familiar: cuando una pareja acude a la parroquia para casarse, ¿en qué momento de su historia ha llegado la Iglesia?

Cobo planteó la necesidad de preguntarse si se prepara más a las parejas para la boda que para el matrimonio. No se trata solo de revisar los contenidos de los cursos prematrimoniales, sino de acompañar los procesos humanos, creyentes y vocacionales de los novios y de los esposos.

En este sentido, destacó dos aspectos señalados por Amoris laetitia: el acompañamiento y el discernimiento. La cuestión no es únicamente qué deben saber los novios para casarse, sino qué necesitan descubrir para saber si están llamados a entregarse definitivamente el uno al otro.

El cardenal también subrayó la importancia de cuidar la relación de pareja durante los primeros años, cuando los esposos aprenden a conocerse, afrontar las diferencias, perdonarse y construir una vida común. La pastoral matrimonial, por tanto, no debería terminar con la celebración de la boda, sino continuar a lo largo de las distintas etapas de la vida familiar.

4. Acompañar las situaciones difíciles sin emitir juicios precipitados

El lunes 12 de octubre, el encuentro abordó las dificultades de la vida familiar. En la introducción a la jornada, el cardenal Kevin Farrell recordó que Amoris laetitia invita a priorizar la escucha, evitar los juicios precipitados y reconocer la acción de la gracia de Dios en la vida de las personas.

El cardenal Pablo Virgilio Siongco David, obispo de Kalookan, compartió una experiencia de su Iglesia local: lo que a primera vista puede parecer una familia irresponsable o disfuncional puede mostrar una realidad muy distinta cuando se entra en su casa y se escucha su historia. Conocer las circunstancias concretas resulta, por tanto, esencial para acompañar a las familias.

La profesora Julie Hanlon Rubio profundizó en la fragilidad familiar y en la acogida dentro de la Iglesia. Recordó que algunas personas sienten que no pertenecen plenamente a la comunidad eclesial debido a sus circunstancias familiares. Antes de poder dar otros pasos, explicó, necesitan sentirse parte de ella.

Rubio también destacó que quienes han recibido acompañamiento pueden convertirse después en acompañantes de otras personas. Las familias que antes necesitaban ayuda pueden pasar a ofrecerla. De ahí su invitación a que la Iglesia no espere siempre a que las personas acudan a ella, sino que vaya allí donde viven, sufren y esperan.

5. Reconocer a las familias como protagonistas de la misión

El martes 13 de octubre, la última jornada temática se dedicó a las familias cristianas como sujetos de la misión de la Iglesia. El cardenal Protase Rugambwa invitó a considerarlas no solo como destinatarias de la pastoral familiar, sino como protagonistas de la misión evangelizadora.

La transmisión de la fe dentro del hogar, la educación de los hijos y el testimonio cotidiano del amor conyugal son algunas de las formas en que las familias contribuyen a la vida de la Iglesia. Su misión también se manifiesta en el servicio a la sociedad y en la atención a quienes viven situaciones de soledad, fragilidad o dificultad.

La jornada puso así de relieve que la misión familiar no se limita a iniciativas organizadas o actividades parroquiales. También se desarrolla en la vida diaria, a través de las relaciones, el cuidado, la fidelidad y la forma de afrontar las dificultades. Las familias pueden, además, acompañar a otras parejas y transmitir desde su propia experiencia que es posible construir un amor duradero.

Una pastoral que aprende de las familias

Las cinco líneas de reflexión convergen en una misma invitación: escuchar la experiencia concreta de las familias para discernir cómo acompañarlas mejor. El encuentro ha planteado la necesidad de atender a los jóvenes antes de su decisión matrimonial, sostener a los esposos después de la boda, acercarse a las familias que atraviesan dificultades y reconocer su papel en la misión de la Iglesia.

Diez años después de Amoris laetitia, el objetivo no es solo revisar lo realizado, sino discernir nuevos caminos pastorales a partir de las experiencias compartidas. Como recordó León XIV en su discurso de apertura, la Iglesia tiene mucho que aprender de las familias y está llamada a anunciarles el Evangelio también en medio de su fragilidad, sus esperanzas y sus dificultades.

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