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Mons. Francisco Conesa: “Los jóvenes han roto el silencio impuesto por el laicismo agresivo”

El obispo de Solsona, Francisco Conesa, ha reflexionado sobre la sed de Dios en las XI Jornadas de Actualización Pastoral en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. “Aunque algunos hablan de “giro católico”, se trata más bien de una “exploración”, que la Iglesia ha de “acoger y acompañar”, ha declarado a Omnes.  

Rédaction Omnes-21 de octobre de 2026-Temps de lecture : 7 minutes
Obispo Francisco Conesa en la Universidad de Navarra.

Un momento de la intervención de Monseñor Francisco Conesa en las XI Jornadas de Actualización Pastoral en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, el 20 de octubre de 2026 (@Universidad de Navarra).

“La evangelización reclama de nosotros estar atentos para desvelar dónde aparece hoy la sed de Dios. Uno de los lugares donde aflora esta sed es en el deseo de una experiencia espiritual que sea capaz de integrar y dar sentido a la vida”, ha manifestado Monseñor Francisco Conesa, obispo de Solsona, a Omnes, tras su presencia en las XI Jornadas de Actualización Pastoral en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

La entrevista se realiza al hilo de algunas ideas que acaba de exponer el obispo Conesa, presidente de la Comisión episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española, en el encuentro de Navarra, que tiene como título ‘Responder a una generación sedienta”. En su opinión, es precipitada la expresión «giro católico». “Pienso que más que ante una vuelta, estamos ante una ‘exploración’”, señala.

A su juicio, “se observa entre los jóvenes de la generación Zeta un renovado interés por la espiritualidad y, específicamente por el cristianismo, en el seno de una cultura secularizada”. Estos jóvenes “han roto el silencio impuesto por el laicismo agresivo”, y “resulta muy importante que la Iglesia demuestre una gran capacidad de acogida”.

Éstas son sus declaraciones.

En estas Jornadas pastorales, su intervención de apertura versa sobre la búsqueda de Dios en el siglo XXI. ¿Cómo es esa sed de Dios de la que ha hablado?

– El punto de partida de la reflexión ha sido la convicción de que nada podrá apagar la sed de Dios que anida en el corazón del ser humano. El Papa León, ante el Parlamento español, subrayó que en el ser humano persiste una profunda sed de Dios, una sed de eternidad que ninguna realidad temporal logra extinguir.

La pregunta por Dios permanece en nuestro tiempo, pero ha cambiado de forma y, por eso, la evangelización reclama de nosotros estar atentos para desvelar dónde aparece hoy la sed de Dios. Uno de los lugares donde aflora esta sed es en el deseo de una experiencia espiritual que sea capaz de integrar y dar sentido a la vida. Son muchas las personas que se consideran “espirituales”, aunque no tienen una relación personal con Dios. En las nuevas generaciones apreciamos también un acercamiento al cristianismo sin prejuicios movidos por el deseo de encontrar un fundamento sólido de la propia existencia. 

Aunque algunos hablan de “giro católico”, en mi opinión se trata más bien de una “exploración”. Perdidos en el bosque del nihilismo, los jóvenes buscan un terreno firme en el que asentar la vida. Aparece también en nuestro tiempo un deseo de salvación, de encontrar paz y felicidad, de alcanzar la plenitud personal, que revela también el deseo del absoluto. Incluso en las propuestas transhumanistas se advierte un deseo de salvación, de mejorar al ser humano y de alcanzar la inmortalidad, aunque se equivocan confiándolo todo a la tecnología. 

Otro signo de la sed de Dios en nuestros días es la búsqueda de una experiencia intensa de trascendencia. No interesan tanto los largos discursos cuanto el contacto con aquello que desborda el “yo” ordinario. Muchas personas buscan también la belleza auténtica y esta búsqueda es una puerta que abre al misterio, que invita a detenerse y contemplar. Finalmente, me he referido también a la religiosidad popular, que ha facilitado a muchas personas el tránsito de una era de cristiandad a una sociedad secular.

Ha mencionado usted, entre otras, una cita: Dios envuelve al hombre por todas partes…

– “Dios envuelve al hombre por todas partes. No hay solamente un camino, como hacia un oasis a través del desierto, o hacia una nueva idea matemática a través de la extensión de la ciencia del número; para el hombre hay tantas vías de aproximación a Dios como pasos sobre la tierra o caminos hacia su propio corazón”.

Es una reflexión preciosa de Maritain, que subraya que los caminos que conducen a Dios no sólo son múltiples, sino que tienen un carácter profundamente personal. En cada persona la sed de Dios se manifiesta de una manera distinta. Cada persona ha de recorrer su propio camino para alcanzar a adentrarse en el misterio de Dios. Por eso, en este tema no puede haber recetas, sino sólo orientaciones para realizar la búsqueda correctamente.

Se ha referido también, entre otros temas, a la fascinación por el misticismo oriental en algunos sectores de la sociedad, a la ‘new age’, y a lo que llama la “espiritualidad” del ateísmo. ¿Qué quiere decir con esto?

– Considero que todos estos fenómenos, cada uno a su manera, están en las raíces de la actual búsqueda de una espiritualidad sin Dios. Cada vez son más las personas que se consideran “espirituales, pero no religiosas”. 

Las religiones son concebidas como instrumentos de poder, asfixiantes e incluso corruptas, mientras que la espiritualidad parece no comprometer ni siquiera la idea de un Dios personal. En esta búsqueda de espiritualidad confluyen diversas corrientes de pensamiento. Pienso que al menos podemos identificar tres de ellas.

Desde hace dos siglos las religiones orientales han ido adquiriendo un prestigio creciente, sobre todo por su oferta de meditación. En el hinduismo y el budismo, de manera especial, se han desarrollado unas técnicas de concentración y relajación, que favorecen el bienestar personal. Occidente ha ido recogiendo este misticismo del oriente, si bien lo ha adaptado a la mentalidad del hombre postmoderno. 

La “nueva era”, y desde el ateísmo

La segunda corriente es la llamada “nueva era”, una tendencia sincrética, con contornos muy difusos, que busca la autorrealización del individuo mediante la síntesis y superación de los dualismos propios de la era de Piscis (sujeto-objeto, materia-espíritu, sagrado-profano, etc). Para ello, conjugan elementos de la psicología (sobre todo de Jung) con ejercicios terapéuticos de sanación (como el reiki o el taichí). 

Finalmente, se da el caso ciertamente sorprendente que también desde el ateísmo se reivindica la espiritualidad. El autor más representativo es André Compte-Sponville quien, en su obra “El alma del ateísmo”, invita a que los ateos desarrollen una vida del espíritu. Una última variante de esta tendencia se puede detectar en el atractivo que tiene para muchos el estoicismo.

Hablemos un momento del denominado ‘giro católico’. ¿Qué busca la gente, artistas, intelectuales, jóvenes, a su juicio?

– Se observa entre los jóvenes de la generación Zeta un renovado interés por la espiritualidad y, específicamente por el cristianismo. En el seno de una cultura secularizada, crece la presencia de lo religioso en el mundo juvenil, en las redes sociales y en algunas propuestas pastorales innovadoras. La religión reaparece en lugares donde no lo esperábamos. 

En mi opinión, en todo ello se revela, en primer lugar, que el ansia de trascendencia sigue habitando en el corazón de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que la sed de Dios no se ha apagado del todo. Son precisamente las generaciones más jóvenes, que han crecido en medio de un desierto espiritual, las que sienten con más fuerza la necesidad de saciar esa sed en que consiste el ser humano. El rumor de Dios continúa escuchándose en nuestros días. La muerte de Dios ha dejado un ser humano líquido, manipulable, entregado a las sensaciones, vacío y roto. 

Un momento de la intervención de Monseñor Francisco Conesa, obispo de Solsona, en las XI Jornadas de Actualización Pastoral en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra (@Foto Universidad de Navarra).

Es posible plantear la cuestión de Dios

Muchos jóvenes se sienten insatisfechos y vacíos. No es de extrañar que algunas voces reclamen sentido, lo que ha llevado a algunos jóvenes a ansiar la luz y hallar un fundamento sólido para su existencia, a desear a Alguien que les acoja incondicionalmente y sane sus heridas. 

De hecho, los jóvenes de la generación Z, nacidos en los albores del nuevo milenio, han perdido todo temor a hablar abiertamente de Dios, han roto el silencio impuesto por el laicismo agresivo. En la conversación entre ellos o en ámbitos como la universidad o los foros culturales, es posible hoy plantear sin pudor la cuestión de Dios, sin parecer un retrasado mental o un hombre de las cavernas. 

Una oportunidad y un desafío

Algunos medios de comunicación han calificado precipitadamente esta tendencia como “giro católico”. Tras años de considerar la fe como una reliquia del pasado, estaríamos ante un “revival” de lo católico. 

Sin embargo, pienso que más que ante una vuelta, estamos ante una exploración. No parece que sea un regreso a anteriores formas de religiosidad y, desde luego, no tiene rasgos de un “giro católico”. Para nosotros es una oportunidad y un desafío. Nos ofrece la posibilidad de conectar con sus búsquedas para mostrarles que en el encuentro con Cristo podrán encontrar lo que secretamente desea su corazón. Pero tenemos también el reto de atender y acompañar a cada uno, de acogerles incondicionalmente y ofrecerles un trato personal.

Por último, le pregunto sobre alguna propuesta pastoral para una generación sedienta de Dios. ¿Qué destacaría usted?

– Lo primero es acoger y acompañar a todos los que sienten alguna sed. Resulta muy importante que la Iglesia demuestre una gran capacidad de acogida de todas ellas. La acogida en sí misma ya es un signo para una sociedad que vive muchas veces a la intemperie. 

Para ello, es conveniente que nuestras parroquias dispongan de estructuras de acogida, que haya grupos de personas que, de manera amable y discreta, acojan a quienes se acercan a informarse, a pedir un servicio, a demandar una caridad o simplemente a desahogarse. A este propósito resultaría muy oportuno que existieran entre nosotros personas capaces de detectar a quienes están buscando un sentido a su vida, a los “temerosos de Dios”, de los que habla el libro de Hechos y a los que el Papa Benedicto se refería con frecuencia; son los gentiles que se acercan al atrio del templo atraídos por la fe judía. 

Escuchar a las nuevas generaciones

Christoph Theobald habla de un carisma particular, el de “los detectores de buscadores de sentido”, es decir, de personas que posean el arte de la conversación espiritual, del sentimiento de gratuidad y la discreción y sean capaces de establecer relaciones profundas con los demás.

En el Sínodo sobre la sinodalidad se habló de la posibilidad de instaurar un ministerio de la escucha y el acompañamiento, que se dirigiría especialmente a acoger a los que están al margen de la comunidad eclesial, a los que vuelven después de haberse alejado, a los que buscan la verdad y desean que se les ayude a encontrarse con el Señor. 

Resulta indispensable una escucha real, atenta y vulnerable de las nuevas generaciones, de sus inquietudes y proyectos; una escucha desinteresada, que no sea utilizada como instrumento para otra cosa, que ha de ser practicada sin motivos ocultos, sin buscar ninguna forma de contraprestación. 

Nuestras iglesias muestran una gran incapacidad para conversar con los jóvenes, lo que implica dejarse transformar por ellos, por la cultura que viven, por su diversidad real. Si no nos dejamos tocar por los jóvenes, también por sus aspiraciones a una espiritualidad, aunque sea ambigua, no podremos acercarles al mensaje de Jesús.

L'auteurRédaction Omnes

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