Vangelo

La expectativa del padre: “tendrán respeto a mi hijo”. Domingo XXVII del tiempo ordinario (A)

Vitus Ntube nos comenta las lecturas del Domingo XXVII del tiempo ordinario (A) correspondiente al día 4 de octubre de 2026.

Vitus Ntube-1 de Ottobre de 2026-Tempo di lettura: 2 minuti

Las lecturas de estos tres últimos domingos forman una hermosa progresión. Hemos permanecido en la viña del Señor. Primero escuchamos la invitación: “Andate anche voi nella mia vigna”. Después vino la llamada a responder con obras y no solo con palabras. Hoy descubrimos la finalidad de nuestro trabajo: Dios espera que su viña dé fruto.

El Evangelio retoma la imagen presentada en la primera lectura del profeta Isaías. La viña es la posesión más querida del Señor, plantada con esmero, protegida y cuidada con todo cariño. Como dice Isaías: “La viña del Señor del universo es la casa de Israel".

Jesús desarrolla ahora esta imagen a la luz de la historia de la salvación. La viña ha sido dada a unos labradores, responsables de cultivarla y de entregar a su dueño los frutos que le corresponden. El privilegio de trabajar en la viña lleva consigo la responsabilidad de dar fruto.

Llega entonces el momento más conmovedor de la parábola: “Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’”. Estas palabras nos revelan algo muy profundo del corazón de Dios. No expresan ignorancia ni ingenuidad, como si Dios no supiera lo que iba a suceder. Revelan, más bien, la asombrosa generosidad del amor divino. Dios nunca deja de invitar y de ofrecer nuevas oportunidades para la conversión. En lugar de responder a la rebeldía con un castigo inmediato, responde con el don más grande que podía hacer: envía a su propio Hijo amado.

Los labradores piensan que, matándolo, podrán quedarse con la herencia. Ante el mayor acto de amor de Dios, responden con el mayor acto de violencia de la humanidad.

Pero la viña no es solamente el antiguo Israel. Es también la Iglesia de hoy y, más aún, cada uno de nosotros.  La pregunta que nos deja el Evangelio no es simplemente si estamos trabajando en la viña, sino si nuestro trabajo está dando fruto. No basta con pertenecer a la Iglesia. No basta con estar ocupados en actividades religiosas. Dios espera los frutos de una vida transformada y de una santidad que se haga visible en la vida cotidiana.

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