Solo el 3,7% de las entidades eclesiales de Andalucía responde a los comentarios y mensajes que recibe en redes sociales. El dato procede de la tesis doctoral “Tendencias de comunicación institucional en entornos digitales de la Iglesia católica en Andalucía”, que Carlos Sáenz-Torralba defendió el pasado 9 de octubre en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla y por la que obtuvo sobresaliente cum laude por unanimidad.
La investigación combina entrevistas a delegados diocesanos y expertos, un cuestionario a 215 entidades y el análisis de sus webs y perfiles. El resultado es el retrato de una “transición digital incompleta”: la Iglesia andaluza ha abierto canales casi en todas partes, pero los usa sobre todo para informar de su agenda, a menudo sin profesionales que los gestionen y sin apenas diálogo con quienes la siguen. “La Iglesia publica, pero raramente escucha”, advierte Sáenz-Torralba, “y eso es una paradoja enorme en una institución cuya política sobre la comunicación lleva décadas insistiendo en el diálogo, el encuentro y la escucha como dimensiones constitutivas de la comunicación auténtica”.
De catequista a doctor
Su interés por este campo viene de lejos. Con unos catorce años empezó como catequista de comunión en su parroquia sevillana, Nuestra Señora de la Antigua y Beato Marcelo Spínola. Allí se encargó también de crear su página web: “Esta oportunidad ha permitido que surja en mí la necesidad de formarme académicamente en la materia y de posteriormente investigarla”.
Después de unas prácticas en las delegaciones de comunicación de la Archidiócesis de Sevilla y de los Salesianos, donde trabajó algún tiempo, adquirió una experiencia que le sirvió para conocer desde dentro la estrategia de comunicación de las entidades eclesiales y valorar sus debilidades y fortalezas. Hoy es profesor en el Departamento de Marketing y Comunicación de la Universidad de Cádiz.
Estar donde está el público
Los datos muestran un desajuste entre los canales que usa la Iglesia y los que frecuentan los jóvenes: nueve de cada diez entidades están en Facebook, mientras que TikTok apenas alcanza el 7%. Sin embargo, para Sáenz-Torralba, la cuestión va más allá de abrir perfiles: “El problema no es que la Iglesia no esté en redes (que también), sino que no sabe cómo publicar en ellas para atraer a este sector de la población, que son el futuro. No se puede publicar ‘lo que ya tenemos’ en los perfiles digitales, hay que adaptarlo a los lenguajes de ahora”.
Por eso defiende que cada entidad elija las redes en función de su público: “¿Tiene sentido crear una cuenta de Facebook de un grupo joven de una parroquia o hermandad? Pues no, porque su público está en Instagram y TikTok”. Entre las iniciativas que sí conectan con ellos cita a la diócesis de Getafe, que adapta sus contenidos a cada plataforma, al grupo Vivus de Osuna (Sevilla). También destaca el trabajo de las delegaciones diocesanas de juventud, la cuenta salesiana @amorevolezzate y sacerdotes que comparten su día a día, como @ignadelrey o @sercode.
Publicar y pasar a lo siguiente
La falta de respuesta a los comentarios tiene, a su juicio, dos causas: “Pienso que es principalmente por miedo a la polémica y también porque no hacen un seguimiento de las publicaciones. Publican o programan y pasan a lo siguiente”. Para corregirlo, la tesis propone formar a los responsables de comunicación de las entidades, así como a sacerdotes y seminaristas, con un apartado específico de gestión de crisis.
Algo parecido ocurre con los contenidos. Más de ocho de cada diez publicaciones son agendas o avisos, mientras que los testimonios y los contenidos de profundidad espiritual quedan en un plano marginal. “La comunicación digital eclesial andaluza está todavía demasiado centrada en decirle al mundo lo que hace la Iglesia, antes que en narrar por qué lo hace y qué transforma en la vida de las personas”, señala el investigador.
Para una parroquia pequeña y sin presupuesto, sugiere empezar por lo básico, un grupo de WhatsApp para los feligreses y una web sencilla con horarios y calendario: “Son herramientas gratuitas, que no exigen formación avanzada y que resuelven lo que más busca quien se acerca a una parroquia”. “Para pasar de anunciar a contar basta con cambiar el enfoque”, asegura. En lugar de un cartel que diga “sábado, 17:00 convivencia juvenil”, plantea un vídeo de treinta segundos en el que un joven o el propio párroco cuente qué se hizo el año anterior y por qué merece la pena ir: “Un cartel informa, pero una persona que cuenta su experiencia invita. Y para eso solo hace falta un móvil”.
Laicos con una tarea reconocida
La propuesta de fondo de la tesis, con todo, no es técnica: “Una Iglesia que predica el encuentro, pero no responde a sus seguidores, que anuncia la cercanía, pero comunica solo para los ya convencidos, genera una disonancia que ninguna estrategia técnica puede compensar”. Por eso considera que la transformación más necesaria es ética. “Implica desplazar el foco de los medios (los algoritmos, el alcance o el formato) a las actitudes y responsabilidades de quienes comunican”, argumenta.
En la práctica, eso pasa por reconocer a los laicos como agentes clave y darles una responsabilidad real y profesional. Del mismo modo que existe el ministerio del catequista, instituido por el papa Francisco, Sáenz-Torralba plantea que laicos formados gestionen las cuentas de parroquias, hermandades o colegios, con criterios acordados con el párroco. Así se evitaría improvisar o dejar la tarea en manos de quien “sabe de ordenadores”.
En su opinión, este enfoque responde a la sinodalidad y a la naturaleza del entorno digital, donde la voz de la Iglesia ya no se transmite solo de forma jerárquica, sino también a través del testimonio cotidiano de sus fieles. Los católicos que ya comparten su fe en redes, entre ellos algunos sacerdotes influencer, son para él un ejemplo y un recurso valioso, porque llegan con un lenguaje cercano y con credibilidad propia. “Lo ideal es que la institución los acompañe, los forme y colabore con ellos sin controlarlos ni instrumentalizarlos, y que ellos, a su vez, sean conscientes de que su testimonio también representa a la Iglesia”, subraya.
Del seminario a la parroquia
La formación que propone alcanza también a los seminarios, donde plantea incluir la comunicación digital y la inteligencia artificial. “Pienso que cualquier persona de la sociedad digital en la que vivimos debe estar actualizada”, afirma. Sáenz-Torralba recuerda que León XIV ya ha señalado los retos de la IA en su encíclica Magnifica humanitas y considera que los sacerdotes, como cualquier persona, deben saber usarla y conocer sus beneficios y sus riesgos, porque puede ayudar a muchas entidades a dar su primer paso en lo digital.
Por ahora, las diócesis andaluzas han mostrado menos interés del que esperaba en aplicar sus conclusiones, aunque lo atribuye a que la investigación es muy reciente. En las entrevistas, varias delegaciones diocesanas sí se mostraron interesadas, sobre todo el responsable de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (ODISUR). La tesis propone encomendar a esta oficina un plan regional de comunicación eclesial. Su objetivo es ofrecer ayuda a quien la necesite, empezando por las parroquias, hermandades y colegios, que es adonde acude la gente para pedir un documento o un sacramento. Por eso se ha puesto a disposición de cualquier diócesis, congregación, parroquia o colegio que quiera mejorar su comunicación.





