Una vez más, esta vez en el accidente ferroviario de Urda, me viene a la cabeza el pensamiento recurrente en estas ocasiones: “cuando te toca, ni aunque te quites. Cuando no te toca, ni aunque te pongas”. Se ve que las tragedias y las desgracias son muy caprichosas y selectivas a la hora de elegir a los que se lleva. ¿Por qué a unos sí y a otros no? Pues eso, porque “te toca” a ti y no al otro.
Y además, los que se libran, son por motivos caprichosos, milagrosos, peregrinos, incluso lógicos: se durmió, no cogió el tren, estaba lejos del impacto, no ha sido mortal para él,… Y otros, en cambio, mueren en el acto o al cabo de las horas o días, como si estuviera previsto. ¿Por qué a unos sí y a otros no? Y el dicho nos sigue dando luz, “le tocaba”. Algunos lo llamamos providencia divina, porque pensamos que el que nos llama es Dios.
El caso es que la muerte es tan enigmática que «nadie sabe el día ni la hora» (San Mateo 24,36) de su llegada. Y tan rotunda que nos sobresalta y muestra su certeza, la de que nos visitará a todos, tarde o temprano.
Escribo esto unas horas después de la noticia del fallecimiento de Carlos Ortiz Sanchidrián, uno de los afectados en el trágico accidente de Urda. No hablo de él porque sea mejor, sino porque este me toca de cerca, ya que es mi concuñado (el hermano de mi cuñado). Y aunque no le he tratado de manera habitual, su pérdida la he sentido como propia. He sufrido los casi cuatro días de espera hasta que se ha notificado su fallecimiento. He sentido intensamente la tensa pero serena espera de su familia más cercana. Y estoy convencido de que no ha sido mala suerte, sencillamente «le tocaba”, y además, de que deja un legado ejemplar con 43 años y que más que lamentarse por su pérdida (aunque le echaremos de menos), hay que tomar su ejemplo y continuar su estela.
Carlos tenía una proyección pública excelente, ya que era director del Área de Colegios CEU y director del Colegio CEU San Pablo Sanchinarro. Era muy querido y apreciado por parte de sus alumnos, de los padres, las madres y los compañeros (una de ellos su mujer, Mónica), como hemos visto en el homenaje que le han hecho, compartiendo una carta que las familias del colegio le han dirigido, que comienza así: «Querido director, cada viernes recibimos un comunicado tuyo, pero hoy, por primera vez, somos las familias quienes te escribimos para contarte cómo estamos viviendo estos días y, sobre todo, para hacerte llegar nuestro cariño…». Y como se pudo ver en la multitudinaria misa funeral en el funeral. ¡Más arropado difícilmente se puede estar!
Fue un reconocido profesor, excelente gestor y fue un gran formador de docentes. Su labor ha tenido una gran trascendencia, ya que su trabajo con personas -configurándolas y transformándolas-, ha permitido formar a muchos de los futuros líderes, con valores y con virtudes. Algo que tiene una gran repercusión e impacto, ya que puede cambiar la sociedad a todos los niveles.
Si la muerte es caprichosa, a su “amigo” el “tiempo” le gusta dar sorpresas, cuando quiere y claro, sin avisar. «Tempus breve est». Sí, el tiempo es breve, como dice San Pablo (1 Corintios 7:29). Es limitado y por tanto hay que aprovecharlo. Y varía según cada persona. Unos en apariencia tienen más, pero es algo relativo, ya todos tenemos el suficiente para desarrollar nuestro propósito vital, que nos trae nuestra propia felicidad y la de los demás. Dicen que los mejores se van antes, quizá porque en menos tiempo cumplen su tarea. Carlos es un claro ejemplo de esto. Nos falta perspectiva para ver su legado, pero ya se atisba su fructífera labor.
Pero como todo en la vida, este artículo también se acaba.
W wideo que se ha hecho viral estos días, Carlos afirmaba a los asistentes a una conferencia, que la expresión «no tengáis miedo”, aparece 365 veces en la Biblia, cantidad que nos invita a recordarla una vez al día. Y entre los miedos que nos invitaba a superar en la vida, está la muerte, quizá el mayor miedo a superar. Sigamos su ejemplo (y el de sus familiares más cercanos) y esperemos serenos, sin miedo y en paz, aprovechando el tiempo, a lo que “nos tocará” a todos, porque es ley de vida, aunque no sepamos el día ni la hora. ¡Carlos, no te olvides de los que nos quedamos!





