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安东尼·姆维图里亚神父:“如果说有什么是必需的,那就是一位训练有素的神父。”

Omnes entrevista al sacerdote Antony Mwituria, director del Fondo de Dotación para Seminarios (SEF, por sus siglas en inglés), una entidad dedicada a garantizar la sostenibilidad financiera de los seminarios nacionales de Kenia.

弗朗西斯·尼亚通多·27 de 5 月 de 2026·阅读时间: 6 分钟

El padre Antony Mwituria es un 牧师 keniano. Es el director del Fondo de Dotación para Seminarios (SEF, por sus siglas en inglés), una entidad dedicada a garantizar la sostenibilidad financiera de los seminarios nacionales de Kenia. Omnes le entrevistó sobre la experiencia de su creación, sus perspectivas y sus retos.

A lo largo de los años, ha desempeñado diversas funciones. ¿De qué manera le ha preparado esa experiencia para el cargo que ocupa actualmente?

– Fui vicario parroquial durante muy poco tiempo. No diría que eso tuviera una gran influencia.Pero el hecho de haber sido administrador financiero (procurador) de la Archidiócesis de Nairobi durante casi dos décadas me ha marcado profundamente.

Uno de los grandes retos de aquella época era la sostenibilidad financiera de la Iglesia en África. Poco después de mi nombramiento como procurador en 1999, recuerdo que el arzobispo Ndingi Mwana ‘a Nzeki me entregó un folleto elaborado por la conferencia de la AMECEA (Asociación de Conferencias Episcopales de África Oriental) de 1999, titulado “Sobre la autosuficiencia”.

En aquel momento era evidente que la financiación de los donantes internacionales estaba disminuyendo, mientras que las necesidades financieras de la Iglesia iban en aumento. Mi misión en la oficina del procurador era lograr que la Arquidiócesis de Nairobi fuera autosuficiente. Creo que logramos un buen grado de sostenibilidad financiera.

Quizás lo que más ha influido en lo que hago ahora fue mi destino en el Seminario Mayor de San Agustín, en Bungoma, como profesor y formador. En Bungoma me encontré con unas instalaciones en muy mal estado. El edificio nunca se construyó para ser un seminario, por lo que hay mucho por hacer para adaptarlo a las necesidades de un seminario.

Era evidente que el seminario atravesaba dificultades económicas. Las necesidades más básicas —reparaciones y compras— suponían un reto. La pregunta era: ¿de dónde se sacaba el dinero para eso?

Así que la idea del fondo surgió cuando trabajabas en el seminario…

– Sí. Pronto nos dimos cuenta de que no solo el seminario de San Agustín estaba pasando por dificultades. Otros seminarios nacionales, como el de Santa María en Molo, el de Santo Tomás de Aquino en Nairobi y el de San Matías Mulumba en Tindinyo, se encontraban en una situación similar.

Así es como se nos ocurrió la idea del Fondo de Dotación para los Seminarios (SEF). Básicamente, todos los fondos recaudados se invierten de forma adecuada. Solo se utilizan los intereses que genera el dinero para el funcionamiento y la mejora de los seminarios. La Conferencia Episcopal de Kenia (KCCB) apoyó plenamente la idea y puso en marcha el fondo en noviembre de 2018.

¿Cómo se financiaban históricamente los seminarios de Kenia?

– Durante mucho tiempo, Kenia se consideró un territorio de misión. Eso significaba tener acceso a financiación procedente del extranjero. Cada año, los seminarios recibían una subvención. Si se quería construir algo, bastaba con redactar una propuesta, conseguir el dinero y construir.

Nos hemos vuelto dependientes de los donantes. Kenia ya no es un territorio misionero. Ahora se espera lo contrario: deberíamos ser nosotros quienes ayudemos a otros territorios misioneros. La respuesta a este reto ha sido muy positiva. El lema que nos une ahora es la autosuficiencia.

¿Cuáles son las perspectivas más prometedoras del fondo de dotación?

– Nuestro mayor activo son los 15 millones de católicos de Kenia (las estimaciones varían). El mensaje clave es que, a diferencia de antes, cuando eran otros quienes financiaban la formación de nuestros sacerdotes, ahora esa responsabilidad recae sobre nosotros. Animamos a los fieles a que hagan aportaciones al fondo.

Con la ayuda de un consejo de administración competente, intentamos ser lo más prudentes posible a la hora de invertir los fondos. En estos momentos, invertimos en instrumentos financieros. Además, organizamos actividades y eventos —torneos deportivos y una cena anual— para complementar las contribuciones de los fieles y difundir el mensaje.

Por ahora, el fondo es bastante reducido, ya que asciende a unos 50 millones de chelines kenianos (387 000 dólares). Esperamos duplicar esa cantidad antes de que termine el año.

¿Cuál es el tamaño objetivo del fondo?

– Mil millones de chelines kenianos (7,73 millones de dólares). Cuando empezamos, éramos muy ingenuos. Pensábamos que podríamos recaudar mil millones en un año. El razonamiento era muy sencillo: si 200 000 de los 15 millones de católicos donaran 5000 chelines cada uno, se obtendrían mil millones. Descubrimos que no era tan sencillo.

Mucha gente no conoce la SEF. Hemos visitado 22 de las 28 diócesis de Kenia. Hemos hablado con los sacerdotes sobre la SEF. El año pasado abrimos cuentas en TikTok, YouTube y Facebook. El esfuerzo está empezando a dar sus frutos. El año pasado, por primera vez, las contribuciones individuales superaron las recaudaciones de los torneos y la cena.

Has mencionado algunos de los retos a los que te has enfrentado. ¿Qué otros retos hay?

– En primer lugar, enviar mensajes a todas las personas que contribuyen al fondo (más de 4.000 personas) resulta muy costoso. Nos esforzamos por dar las gracias y animar a nuestros colaboradores. Seguimos trabajando con Excel, y es una pesadilla. Pero, de alguna manera, el equipo ha logrado mantener el ritmo. El software adecuado para ello es bastante caro; aún no lo hemos comprado.

En segundo lugar, el país es sencillamente enorme. Hay mucha gente a la que llegar, pero nuestro equipo es bastante reducido.

En tercer lugar, las parroquias y las diócesis ya organizan numerosas campañas de recaudación de fondos para construir iglesias, escuelas, hospitales y otras obras de caridad. Es comprensible que la gente no esté muy dispuesta a oír hablar de otra contribución más. Nos espera una ardua tarea para convencer a la gente de que, si hay algo que necesitan, es un sacerdote bien formado. Sería una verdadera lástima construir una iglesia y no tener un sacerdote que celebre la Misa. Por el momento, no contamos con suficientes sacerdotes.

¿Hay falta de vocaciones en Kenia?

– No, de hecho, estamos viviendo un auge de vocaciones. En este momento contamos con 1.100 seminaristas, pero, lamentablemente, cada año tenemos que rechazar a muchos aspirantes al seminario porque no tenemos capacidad para acogerlos. Este año vamos a rechazar a 200 aspirantes. El año pasado rechazamos a 64. Se podría decir que es un “buen problema”.

Además de mejorar el estado de los seminarios, debemos ampliar su capacidad. También debemos velar por la formación de los seminaristas.

Nuestros seminarios suelen sufrir escasez de personal. Por ejemplo, el seminario de San Agustín en Mabanga cuenta con 269 seminaristas y una plantilla de tan solo ocho sacerdotes, que desempeñan a la vez funciones de profesores y formadores. Además, este personal, ya de por sí sobrecargado, tiene que hacer frente a la falta de equipamiento.

Tenemos que fijarnos metas ambiciosas. Hoy en día, se exige a los sacerdotes que se especialicen: por ejemplo, como capellanes de hospital, capellanes escolares, formadores, etc. La sociedad contemporánea nos plantea cada día nuevos retos —como la inteligencia artificial y las redes sociales—, que influyen en la forma en que se vive el sacerdocio hoy en día. Los seminaristas deben estar debidamente preparados para todo esto. Esto requiere una inversión.

La necesidad de aumentar la capacidad de nuestros seminarios no podría ser más urgente, ya que las iglesias del mundo desarrollado nos están pidiendo sacerdotes. Ya hemos enviado a algunos sacerdotes a América, Australia y algunas zonas de Europa.

¿Ha habido alguna historia conmovedora en estos seis años al frente del fondo?

– Muchas. El año pasado fuimos a Narok para animar a la gente a contribuir al fondo. Les dijimos: lo único que tienen que hacer es aportar un chelín al día. Si todos los católicos de Kenia dieran un chelín al día, eso supondría 15 millones de chelines al día; superaríamos nuestro objetivo en seis meses. Ese mensaje tuvo muy buena acogida. La gente sigue enviándonos un chelín cada día. Algunas personas piensan que un chelín es muy poco, así que envían cinco o diez chelines en su lugar. Al terminar la presentación ese día, algunas personas enviaron 365 chelines (unos 3 dólares); un chelín por cada día del año por adelantado.

Ha sido muy emotivo. Es algo que nos gustaría repetir en otras parroquias que visitamos. A menudo, cuando se pide a la gente que colabore, piensan: “No puedo daros diez chelines, ni cien chelines, es muy poco”. Pero cuando oyen que nos alegramos mucho de recibir un solo chelín, eso cambia todo. Empiezan a colaborar.

Hay un tipo que empezó a colaborar en 2019. Cada semana enviaba cantidades variables. Una semana te mandaba 23 chelines, otra 45 chelines, y así sucesivamente. Pero ha sido muy constante. Además, ha ido aumentando la cantidad que envía. Ahora no envía menos de cien chelines a la semana.

Además, hay dos mujeres, una de Bungoma y otra de Nairobi. Ambas vivieron experiencias similares. Nos contaron: “No sé cómo explicarlo, pero desde que empecé a aportar, mi negocio va muy bien”.

También celebramos cada año una Misa en honor a san Carlos Borromeo, patrón de la SEF. Los fieles siguen la celebración de la Misa desde los seminarios a través de diversas retransmisiones en directo. Envían sus intenciones para la Misa. La primera vez que celebramos la Misa, tardamos casi 30 minutos en leer todas las intenciones. La segunda vez, recibimos miles de intenciones. No las leímos durante la Misa. Habría llevado demasiado tiempo; solo pudimos asegurar a los fieles que rezábamos por sus intenciones. La gente desea que se celebre una Misa por sus intenciones. Realmente quieren apoyar la formación de los seminaristas, pero al mismo tiempo les gustaría que alguien rezara por ellos.

Los seminaristas también se han organizado en lo que se conoce como el Fondo de Dotación de los Amigos de los Seminarios. Rezan a diario por quienes contribuyen al fondo.

¿Cómo pueden los lectores contribuir al fondo?

– Los lectores de Kenia pueden hacerlo de forma muy cómoda a través de M-PESA. También es posible dar de alta una orden permanente en su banco para realizar aportaciones periódicas. Además, contamos con una solución para las aportaciones internacionales. Encontrará toda la información al respecto en nuestra página web. También puede ponerse en contacto directamente con la oficina a través de info@sef.or.ke.

¿Alguna última reflexión?

– Lo he dicho una o dos veces y la gente me ha mirado un poco sorprendida: el Fondo de Dotación para los Seminarios (SEF) es, en estos momentos, la iniciativa más importante de la Iglesia en Kenia.

作者弗朗西斯·尼亚通多

看台Cardenal José Cobo

Visita del Papa León XIV: Una oportunidad para responder a Jesucristo que le amamos

La Iglesia que peregrina en Madrid se prepara para acoger al Santo Padre. La llegada del Papa León XIV, que estará en nuestra diócesis del 6 al 9 de junio, dentro de una visita a España que se prolongará hasta el día 12 de ese mes, es una invitación a alzar la mirada.

27 de 5 月 de 2026·阅读时间: 3 分钟

他 viaje del Papa a España exige superar la tentación de hacer un gran espectáculo, aun sabiendo que algunos de los actos que se llevarán a cabo pueden ser vistos de ese modo. La llamada a alzar la mirada puede ser entendida como el contrapunto a no quedarnos en lo espectacular.No podemos continuar mirando a ras de suelo, enredados en lo que ocurre cada día o absortos en nuestras propias soledades. Somos desafiados a reunirnos, escuchar, acoger y alzar juntos la mirada, como nos propone el lema de la visita. Podremos mirar este acontecimiento como un evento más dentro de un calendario apretado. Pero también podremos ayudarnos unos a otros a contemplarlo con más profundidad.

El Santo Padre nos ayudará a ir más allá de lo que simplemente “se ve” para dirigirnos hacia Dios. Y desde Dios podremos viajar al corazón de nuestra vida y la de tanta gente buena que está a nuestro alrededor. La presencia del Papa León XIV nos ayudará a vislumbrar el sentido de la vida, anunciará una esperanza trascendente a nuestros jóvenes y a nuestra sociedad cansada y nos situará ante el regalo de la vida eterna que celebramos en la Pascua. 

Un mirar más alto, con los pies en la tierra, que nos permitirá redescubrir el significado de la dignidad humana y de la ética del amor como piedra angular imprescindible para nuestro tiempo.

Abrazar al sucesor de Pedro

Estamos ante una oportunidad para responder a Jesucristo. Cada uno de nosotros somos invitados, con Pedro delante, presente en su sucesor, a responder a la pregunta que Pedro escuchó junto al lago: “¿Me amas?”. Una pregunta que desde entonces atraviesa la historia de la Iglesia, resuena en cada generación de creyentes y llega también hasta nosotros. Hoy somos nosotros quienes tenemos la oportunidad de ponernos delante de Jesús, con todos sus discípulos y con toda su Iglesia, participar de ese coloquio, y así responder a esa pregunta que Jesucristo nos hace. Una respuesta que debe dar cada uno, pero que también podemos y debemos hacer juntos, como comunidad cristiana.

Una respuesta que sea expresión de comunión, que muestre la armonía presente en nuestra Iglesia. Más allá de la tentación del individualismo, somos llamados a manifestar en nuestra respuesta que la Iglesia es una gran armonía. La visita del Santo Padre nos ofrece la oportunidad de volver a escuchar aquella pregunta y de responder, personal y comunitariamente, desde lo más profundo de nuestro corazón. Una expresión de comunión con aquel que viene a confirmar la fe y a hacernos ver la necesidad de profundizar más en el sentido de la Iglesia.

Una visita que se produce pocos días después de finalizar el tiempo pascual. Durante la Pascua tenemos la ocasión de renovar la fe de todos los bautizados, fortalecer la esperanza y reavivar la caridad de cada uno de nosotros y de todas nuestras comunidades. Junto con la Iglesia universal, por la que nos sentimos abrazados en la figura del sucesor de Pedro, somos desafiados a responder a ese abrazo, alargando los brazos de nuestra diócesis y uniendo nuestro corazón al suyo.

La ilusión, esperanza y espíritu de servicio se han convertido en una tónica en la vida de nuestra diócesis que prepara este acontecimiento. De hecho, la visita del Santo Padre, que hemos venido preparando en las últimas semanas con gran generosidad por parte de mucha gente, es una oportunidad para fortalecernos en la fe como Iglesia que camina unida y que mira a nuestro mundo como campo de misión.

Asumir la misión

Este viaje del Papa León XIV a nuestro país y nuestra diócesis viene a sacar de nosotros el compromiso cristiano para decir que tenemos una responsabilidad delante del mundo de cómo hacemos crecer el Reino de Dios en medio de esta realidad. Puede ser un momento para ponernos en el horizonte la misión de la Iglesia y ver cómo cada uno desde su realidad podemos responder.

Un testimonio que pueda ofrecer respuestas en medio de una situación social y mundial compleja. La humanidad sufre ante el drama de la violencia y de las muchas guerras abiertas en distintas regiones del mundo. Siguiendo el eco de las palabras pascuales del Señor Resucitado: “Paz a vosotros” (Jn 20, 19), el Santo Padre, que, desde el inicio de su pontificado asumió la prioridad de la paz, de “una paz desarmada y desarmante”, llega a nosotros para confiarnos la misión de ser artesanos de la paz.

Esta es una tarea que somos llamados a acometer con responsabilidad. Es una misión común. Todavía más ante una visita en la que el sucesor de Pedro vendrá a recordarnos que nuestro mundo tiene futuro y que los cristianos tenemos mucho que ofrecer desde la espiritualidad, el encuentro y la fraternidad. Que este viaje, cada día más cercano, sea oportunidad para dar un mensaje fundamental, que es que la fe está por encima de otras individualidades, que la fe nos une y nos pone al pie de la Cruz, nos pone en la Resurrección.

作者Cardenal José Cobo

Arzobispo de Madrid

福音传播

San Felipe Neri y el secreto de la felicidad: una elección de amor

Monseñor Edoardo Cerrato, de la Congregación del Oratorio, reflexiona en esta entrevista sobre el carisma filipino, el desafío educativo y la verdadera alegría sacerdotal.

Lorenzo Iorfino·26 de 5 月 de 2026·阅读时间: 3 分钟

Hoy, 26 de mayo, con motivo de la fiesta de San Felipe Neri, la redacción de «Omnes» tiene el placer de ofrecer a sus lectores una entrevista exclusiva a Mons. Edoardo Aldo Cerrato, de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, obispo emérito de Ivrea (Italia).

En este diálogo, el obispo repasa, junto con el periodista Lorenzo Iorfino, la actualidad del carisma filipino, el gran desafío educativo hacia los jóvenes y el profundo secreto de la alegría cristiana y sacerdotal.

Excelencia, la obra iniciada por San Felipe Neri ha atravesado los siglos. ¿Cuál es el corazón de su mensaje espiritual y de la experiencia del Oratorio?

La obra de San Felipe, instituida y dirigida directamente por él, era el Oratorio, es decir, una escuela de espiritualidad en la que Cristo es el centro absoluto. Felipe decía siempre que quien quiere otra cosa que no sea Cristo, no sabe lo que quiere. Quien se esfuerza tanto pero no busca a Cristo, no sabe lo que hace, porque Él no es una referencia vaga o el recuerdo de un grande del pasado, sino el verdadero centro de la vida. Como recuerda San Pablo, la vida es Cristo.

Habiendo vivido durante años la misión de la enseñanza, ¿cuál es, en su opinión, el mayor desafío al que se enfrenta un educador con los jóvenes de hoy?

La escuela y la sociedad han cambiado mucho, pero lo que nunca cambia es el corazón del hombre. Los jóvenes de hoy no están tan ideologizados como en el pasado, y esto los sitúa en una actitud de espera y de apertura hacia la búsqueda de lo que hay más allá. Ciertamente, hoy hay una gran fragilidad, pero el verdadero reto del profesor es responder de manera clara y amistosa a sus aspiraciones profundas: la aspiración a la libertad, al amor y al saber, hablando no solo a su inteligencia, sino directamente a su corazón.

Las distintas Congregaciones del Oratorio están unidas en una Confederación. ¿Cómo se expresa este paralelismo y cómo se concilia la unidad con la pluralidad y las características locales de vuestras comunidades?

Existe un paralelismo muy fuerte con la relación que existe entre la Iglesia universal y las diócesis, las cuales no son una simple parte de la Iglesia universal, sino la Iglesia misma que vive en un lugar determinado. Del mismo modo, la Congregación del Oratorio no es una filial de una casa madre o de una casa generalicia, sino que ha sido erigida directamente por la Santa Sede como domus sui iuris, es decir, como una casa autónoma dentro de una relación de fraternidad que es la Confederación. Así se entra a formar parte de una gran familia, pero permaneciendo uno mismo con sus propias características, determinadas por las situaciones y las necesidades locales. Desde los orígenes, nuestras Constituciones definen la comunidad como un Familiaris coetus, un grupo familiar basado en la ayuda mutua y en el afecto que permite superar las dificultades. La Confederación representa el gran abrazo que la Iglesia universal da a estas familias individuales para que vivan plenamente su vocación.

Al contemplar la misión universal de la Iglesia, ¿podemos decir que esta centralidad de Cristo sigue siendo la única respuesta verdadera para orientarnos en el mundo contemporáneo?

Sin duda, bastaría con partir de los Hechos de los Apóstoles: los primeros fieles fueron llamados cristianos por los paganos de Antioquía precisamente porque seguían a Cristo. El cristianismo abraza y acoge a todos aquellos que escuchan esta palabra de salvación. La historia de la Iglesia se caracteriza por la diversidad de épocas y personalidades de los pontífices, pero existe una unidad sustancial en su tarea suprema: anunciar y dar testimonio de que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Esta es la realidad de siempre dentro de la Iglesia.

Muchos hoy huyen de la vocación por miedo a renunciar a su propia felicidad. ¿Cuál es el secreto para que un sacerdote, y más en general un cristiano, pueda decirse verdaderamente feliz?

Ser feliz no significa que todo vaya siempre bien o estar exultante en todo momento. La felicidad es esa paz, serenidad y confianza profunda que se siente incluso en los momentos más duros de la vida. San Felipe Neri, de hecho, es el profeta de la alegría cristiana profunda, más que de la alegría pasajera. El secreto es la conciencia de haber sido elegidos antes incluso de haber elegido: se nos llama el Señor del cosmos y de la historia no para desempeñar un papel de funcionario, sino para vivir una vida de servicio y de amor hacia las personas.

作者Lorenzo Iorfino

periodista y estudiante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz.

教廷

Magnifica Humanitas o la vulnerabilidad humana en tiempos de la IA

通谕 伟大的人类 reivindica la vulnerabilidad no como un defecto a superar, sino como el núcleo de una humanidad capaz de cuidar, amar y resistir frente a la lógica tecnocrática de la optimización absoluta.

Jorge Martín Montoya Camacho·26 de 5 月 de 2026·阅读时间: 5 分钟

La gran pregunta de nuestra época quizá ya no sea si las máquinas llegarán a pensar como nosotros. La verdadera cuestión es otra: si nosotros seguiremos comprendiendo qué significa ser humanos.

La reciente encíclica 伟大的人类 de León XIV ha sido presentada, con razón, como el gran documento del Magisterio sobre inteligencia artificial. Sin embargo, una lectura más atenta permite descubrir algo todavía más profundo: el verdadero centro del texto no es la tecnología, sino la pregunta antropológica que se esconde detrás de ella.

La cuestión decisiva de la encíclica no es únicamente qué puede hacer la inteligencia artificial, sino qué idea de humanidad estamos comenzando a asumir en una cultura dominada por la lógica tecnológica.

Y precisamente ahí emerge una de las intuiciones más originales y provocadoras del documento: la rehabilitación filosófica y espiritual de la vulnerabilidad humana.

Porque el problema de nuestra época quizá no sea solamente que la técnica pueda deshumanizarnos. El problema más profundo es que empezamos a considerar la humanidad misma ‒al menos en su dimensión vulnerable‒ como algo que debería ser superado.

El sueño de una humanidad sin límites

Buena parte de la cultura contemporánea interpreta el límite como un fallo. La enfermedad, el sufrimiento, la ancianidad, la dependencia o la fragilidad aparecen fácilmente como realidades negativas que deben ser corregidas cuanto antes.

No es casual que hoy vivamos rodeados de lenguajes obsesionados con la optimización permanente: mejorar el rendimiento, maximizar la eficiencia, eliminar la vulnerabilidad, controlar el propio cuerpo, evitar cualquier forma de dependencia. Incluso el cansancio cotidiano parece haberse convertido en algo casi moralmente sospechoso.

En ese contexto, la técnica se presenta como promesa de liberación: más control sobre la propia vida y destino, más eficiencia para nuestro trabajo, más autonomía para nuestros deseos, menos necesidad de los demás. El horizonte cultural dominante parece empujarnos hacia una humanidad cada vez menos vulnerable.

Por eso resulta tan significativa esta afirmación de 伟大的人类:

“Todo lo que representa un ‘límite’ ‒incapacidad, enfermedad, ancianidad, sufrimiento, vulnerabilidad‒ tiende a ser leído principalmente como un defecto que hay que corregir, más que como un espacio en el que el ser humano madura y se abre a la relación. En cambio, debemos recordar que el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite” (伟大的人类, n. 118).

Estas palabras contienen una auténtica crítica antropológica de la modernidad tardía.

Porque la encíclica no se limita a pedir cuidado para los vulnerables. Tampoco presenta la fragilidad únicamente como un problema moral que exige compasión. Va mucho más lejos: afirma que el límite puede ser un lugar de verdad sobre el ser humano. Y esto cambia completamente nuestra visión sobre la vulnerabilidad.

La vulnerabilidad no es un accidente

Durante siglos, gran parte del pensamiento moderno ha identificado la plenitud humana con la autosuficiencia. El ideal dominante ha sido el individuo autónomo, capaz de construirse a sí mismo sin depender radicalmente de otros.

La inteligencia artificial y el imaginario transhumanista parecen radicalizar esta lógica. El cuerpo aparece como algo optimizable, la dependencia se muestra como una deficiencia, y la fragilidad es vista como una limitación que la técnica acabará neutralizando.

然而,, 伟大的人类 propone una antropología distinta. El ser humano no es plenamente humano cuando deja de necesitar a los demás, sino precisamente cuando reconoce que su vida está tejida de relaciones, cuidados y dependencias mutuas.

En uno de los pasajes más importantes del documento, León XIV advierte contra: “el riesgo de la deshumanización ‒construir el futuro excluyendo a Dios y reduciendo al otro a un medio‒” (伟大的人类, n. 10).

La frase es especialmente lúcida porque identifica el verdadero peligro del paradigma tecnocrático: no sólo producir máquinas más poderosas, sino terminar interpretando al ser humano desde criterios puramente funcionales. Y esto viene ocurriendo cada día sin darnos cuenta de ello.

Cuando la eficiencia se convierte en el valor dominante, inevitablemente algunas vidas comienzan a parecer menos valiosas. Se pone en duda el lugar mismo de quienes son improductivos, dependientes, ancianos o frágiles, de quienes no responden a la lógica del rendimiento. Poco a poco, la vulnerabilidad deja de ser una experiencia humana compartida para convertirse en algo que debe ocultarse, minimizarse o incluso eliminarse.

El problema ya no es sólo tecnológico. Es cultural y profundamente espiritual. La técnica contemporánea no quiere únicamente ayudarnos a vivir mejor, comienza también a redefinir, poco a poco, qué significa vivir humanamente.

Babel o Jerusalén

全部 encíclica está estructurada sobre una gran oposición simbólica: Babel y Jerusalén.

Babel representa la pretensión de autosuficiencia, el sueño de una humanidad que quiere alcanzar el cielo mediante su propio poder. Una civilización fascinada por la uniformidad, el dominio y el control: una clausura en el deseo de poder que termina volviendo todo manipulable.

Jerusalén, en cambio, simboliza algo muy distinto: una comunidad que se reconstruye desde la cooperación, la responsabilidad compartida y el reconocimiento del propio límite, una apertura a la trascendencia del amor que conduce hacia Dios.

Por eso resulta tan significativa la imagen de Nehemías reconstruyendo la ciudad. León XIV subraya que no impone soluciones desde arriba, sino que convoca a todos, escucha, coordina esfuerzos y hace posible una obra común.

La verdadera reconstrucción humana no nace del poder absoluto, sino de la interdependencia reconocida.

Y quizá aquí aparece una de las intuiciones más profundas de la encíclica: el gran desafío contemporáneo no consiste en elegir entre tecnología o antitecnología. La verdadera elección es otra: construir una nueva Babel tecnocrática o reconstruir Jerusalén, es decir, una convivencia humana capaz de reconocer el valor del límite, del cuidado mutuo y de la apertura a una verdad que trasciende al propio ser humano.

La vulnerabilidad como resistencia

Quizá aquí se encuentre la aportación más provocadora de 伟大的人类.

En una cultura obsesionada con la optimización permanente, aceptar la vulnerabilidad se convierte casi en un acto de resistencia antropológica. Resistencia ante una lógica del rendimiento que mide el valor de las personas según su productividad, ante la creciente mercantilización de la vida humana, ante la ilusión de autosuficiencia absoluta que domina buena parte del imaginario contemporáneo y, finalmente, frente a una cultura que acaba interpretando toda dependencia como una forma de fracaso.

La encíclica no idealiza el sufrimiento ni glorifica la precariedad. Lo que afirma es algo mucho más profundo: que la fragilidad humana puede abrir espacios de humanidad que una lógica puramente técnica nunca puede producir.

Sólo quien reconoce que necesita de otros puede aprender verdaderamente la solidaridad. Sólo quien experimenta el límite descubre la importancia del cuidado. Sólo quien deja de pensarse como absolutamente autosuficiente puede abrirse a la gratuidad, la amistad y la misericordia.

Por eso León XIV insiste: “Ninguna mano, por sí sola, basta para sostener el peso de los desafíos que atraviesa el mundo” (伟大的人类, n. 13).

En el fondo, la encíclica recuerda algo que nuestra cultura había comenzado a olvidar: no florecemos eliminando toda dependencia, sino aprendiendo a habitar humanamente nuestra condición vulnerable.

Permanecer humanos

Quizá haya llegado también el momento de dejar de identificar lo peor de nosotros con aquello que llamamos “demasiado humano”, una expresión que arrastra todavía ciertos ecos reductivos de la modernidad. Con frecuencia la utilizamos para referirnos a la mezquindad, la debilidad moral o la banalidad. Y, sin embargo, la intuición más profunda de 伟大的人类 parece apuntar en la dirección contraria: lo más plenamente humano ‒la capacidad de cuidar, de amar, de reconocer el propio límite y abrirse al otro‒ no nos aleja de Dios, sino que puede conducir precisamente hacia Él.

Por eso, el reclamo más profundo de 伟大的人类 aparece probablemente condensado en una de las frases más importantes del actual Magisterio social: “Tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos” (伟大的人类, n. 15).

La frase impresiona porque señala exactamente el problema de fondo de nuestra época. El auténtico riesgo no es únicamente que las máquinas se parezcan cada vez más a nosotros. El riesgo es que nosotros mismos terminemos aceptando una idea de humanidad cada vez más parecida a una máquina: eficiente, calculable, optimizable, incapaz de asumir el límite.

Frente a ello, León XIV propone recuperar una verdad elemental y radical, afirmando que la vulnerabilidad no es una deficiencia que la técnica deba abolir, sino una dimensión constitutiva de la vida humana. Porque, aunque la realización del bien no esté necesariamente reñida con el poder en este mundo, nunca puede surgir únicamente de él, sino de una verdad más profunda sobre el ser humano: la de una vida que necesita ser cuidada, acogida y amada.

Y quizá precisamente ahí ‒en la capacidad de cuidar, de depender, de sufrir con otros y de amar desde la fragilidad‒ siga habitando aquello más profundamente humano que ninguna inteligencia artificial podrá reemplazar jamás.

作者Jorge Martín Montoya Camacho

Universidad de Navarra. Línea de investigación Antropología y ética de la vulnerabilidad. Facultad Eclesiástica de Filosofía / Grupo Ciencia, Razón y Fe (CRYF).

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Saiz Meneses alienta la comunión de obispo y movimientos, como Ratzinger

El arzobispo de Sevilla, Mons. Saiz Meneses, recordó en el Vaticano hace unos días, que los movimientos son “una respuesta suscitada por el Espíritu Santo a los desafíos del presente”, como dijo el cardenal Ratzinger, y que la relación del obispo con ellos “tiene un nombre teológico preciso: comunión”.

弗朗西斯科·奥塔门迪·26 de 5 月 de 2026·阅读时间: 3 分钟

En el mismo encuentro en el que el Papa León XIV se dirigió a los responsables de las asociaciones de fieles, movimientos eclesiales y nuevas comunidades, el arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, impartió la ponencia titulada ‘Relación entre moderadores y obispos. La conciliación como estilo de gobierno’.

Saiz Meneses partió de su experiencia personal, cuando a los diecisiete años se incorporó al Movimiento de 基督教中的灵修活动 -ahora es asesor espiritual de su organismo mundial-. Y compartió su convicción de que los movimientos, asociaciones y comunidades “son, para la Iglesia diocesana, una forma privilegiada mediante la cual el Espíritu Santo renueva, una y otra vez, la vida de la Iglesia”.

El Pastor de la Iglesia en Sevilla añadió que “el obispo debe contemplar a los movimientos no con la sospecha del administrador ante algo que no controla, sino con la gratitud del pastor ante lo que el Espíritu suscita”. 

Dicho de otra manera, “el obispo no es el propietario del Espíritu en su diócesis”; al contrario, “es su primer servidor y primer garante de discernimiento”. 

Cardenal Ratzinger: los movimientos, respuesta del Espíritu Santo

El arzobispo de Sevilla recordó la ponencia que el cardenal Ratzinger dirigió en 1998 a los miembros de las asociaciones de fieles, movimientos eclesiales y nuevas comunidades.

En esa intervención, se refirió a la dimensión institucional y la dimensión carismática de la Iglesia, y “no las presentó como polos en tensión, sino como dos dimensiones co-esenciales de un único misterio”.

El entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, luego Benedicto XVI, dijo que los movimientos son “una respuesta suscitada por el Espíritu Santo a los desafíos del presente”. Por tanto, “su aparición en la historia de la Iglesia no es fruto de planificaciones humanas, sino el signo de que el Espíritu sigue siendo el protagonista de la misión”. 

Dicho esto, añadió también que todo carisma auténtico necesita purificarse, necesita la mediación del discernimiento eclesial. Esto último, su integración eclesial, “no siempre resulta fácil”. 

A continuación, Saiz Meneses destacó las tres tareas fundamentales del obispo en su relación con las asociaciones, movimientos y comunidades: discernimiento, integración y misión.

Conciliación: comunión y sinodalidad

A su juicio, la relación que el obispo está llamado a mantener con los responsables de asociaciones, movimientos y comunidades “tiene un nombre teológico preciso: comunión”.

En alusión al magisterio de san Juan Pablo II, Saiz Meneses afirmó que esta comunión y “conciliación (entre el obispo y los responsables de movimientos) no es un ejercicio de habilidad diplomática ni un equilibrio de fuerzas en tensión”. 

Es, más bien, el “reconocimiento mutuo, anclado en la fe, de que ambos son servidores de un mismo Espíritu que los precede a ambos y que actúa de un modo inagotable”

Recordando el magisterio del papa Francisco, el arzobispo de Sevilla afirmó que la comunión, en su forma histórica, tiene hoy un nombre: “sinodalidad”. De hecho, “el mismo encuentro del obispo con los responsables de movimientos es un acto sinodal”.

“Gramática de la escucha”

El arzobispo de Sevilla aludió asimismo al magisterio del Papa León XIV, quien desde su elección, ha insistido en que “la sinodalidad es una categoría espiritual y misionera”. 

En su intervención ante alrededor de doscientos responsables de asociaciones de fieles y movimientos, convocados por el 教部 de los Laicos, la Familia y la Vida, Monseñor Saiz Meneses destacó lo siguiente. “No basta con que coexistan en paz (el obispo y los movimientos), ni siquiera con que colaboren en proyectos comunes, es preciso que sean capaces de engendrarse mutuamente en la fe, de corregirse con caridad, de interpelarse con la verdad”. 

Además, el arzobispo aludió a lo que el Papa León denomina “gramática de la escucha” para explicar “la disposición a ser sorprendido, a descubrir que el Espíritu habla por las voces que no habíamos previsto”. Esta conciliación entre obispo y movimientos es, a juicio del ponente, “un proceso dinámico que necesita ser renovado con realismo continuamente”.

Experiencia pastoral en Sevilla. El obispo, “acoger y discernir”

Monseñor Saiz Meneses concluyó volviendo la mirada a su experiencia pastoral en Sevilla. “Allí conviven asociaciones, movimientos y comunidades de orígenes y espiritualidades muy diversos junto con las hermandades y cofradías, las cuales -señaló- constituyen un tejido de pertenencia religiosa que no puede ser ignorada y que reclama, también ella, un discernimiento pastoral permanente”.

Como arzobispo de Sevilla, recordó que su tarea consiste en acoger y discernir, reconociendo los dones e integrándolos en “un proyecto común de evangelización”, sin temer la diversidad. 

Por último, subrayó que el obispo que acoge a las asociaciones, movimientos y comunidades en su diócesis, “no está gestionando recursos pastorales”. Su labor consiste, según el sitio web del arzobispado sevillano, en reconocer que “el don del Espíritu es más grande que cualquier programa diocesano; que la Iglesia que él preside no es suya, sino de Cristo. Y que su tarea no es limitar la acción del Espíritu, sino servirle con todo el amor y toda la lucidez de que es capaz”.

作者弗朗西斯科·奥塔门迪

签名拉斐尔·桑斯·卡雷拉

“Magnifica humanitas”: la dignidad humana ante la inteligencia artificial

La encíclica "Magnifica humanitas" propone una idea de fondo: el desarrollo tecnológico solo es auténticamente humano cuando sirve a la persona y no la sustituye.

26 de 5 月 de 2026·阅读时间: 2 分钟

La nueva encíclica “伟大的人类” sitúa el debate sobre la inteligencia artificial en un horizonte que va más allá de lo técnico. No se trata solo de una reflexión sobre innovaciones disruptivas, sino de una pregunta de fondo: qué significa ser humano en un mundo mediado por algoritmos.

El documento se inscribe claramente en la tradición de la doctrina social de la Iglesia, especialmente en la estela de “Rerum Novarum”. Si entonces la cuestión social se articulaba en torno a la revolución industrial, hoy el desafío se formula en torno a la revolución digital y la expansión de la inteligencia artificial.

Tecnología con rostro humano

他 análisis de la encíclica subraya un punto clave: la tecnología no es neutral en sus efectos culturales. La IA no puede entenderse únicamente como una herramienta eficiente, sino como un fenómeno que reconfigura la manera de trabajar, relacionarse y decidir.

En este contexto, el texto magisterial insiste en un principio decisivo: la dignidad humana no se deduce del progreso tecnológico, sino que lo precede y lo juzga. Este criterio actúa como eje de discernimiento ético ante cualquier desarrollo digital.

Una cuestión antropológica

Más allá de los riesgos laborales o económicos, la encíclica plantea una cuestión más profunda: la transformación de la imagen del hombre. La automatización de decisiones, la mediación algorítmica de la vida cotidiana y la creciente delegación de tareas cognitivas plantean interrogantes sobre la libertad, la responsabilidad y el sentido del trabajo humano.

No se trata, por tanto, de una postura tecnófoba, sino de una llamada a reubicar la técnica dentro de una visión integral de la persona.

Continuidad y novedad

El documento se presenta, además, como un ejercicio de continuidad histórica. Del mismo modo que la Iglesia acompañó críticamente el nacimiento del mundo industrial, ahora asume el reto de iluminar el mundo digital. La clave no es la oposición al progreso, sino su orientación hacia el bien humano.

En este sentido, la encíclica propone una idea de fondo: el desarrollo tecnológico solo es auténticamente humano cuando sirve a la persona y no la sustituye.

Una pregunta abierta

El diagnóstico no es meramente teórico. La expansión de la 人工智能 plantea ya hoy decisiones concretas en educación, trabajo, economía y comunicación. La cuestión que deja abierta el texto es si la sociedad contemporánea será capaz de mantener un criterio humano estable en medio de una aceleración tecnológica sin precedentes.

La respuesta, sugiere la encíclica, no dependerá solo de la tecnología, sino de la capacidad de la cultura para seguir reconociendo la dignidad irreductible de cada persona.

作者拉斐尔·桑斯·卡雷拉

教会法学博士

福音传播

Rod Dreher: de la arrogancia intelectual a la fe encarnada

Rod Dreher, escritor americano, reflexiona sobre su recorrido vital, su amistad con J.D. Vance y la necesidad de recuperar una fe vivida, no solo intelectual

完美的桑乔·26 de 5 月 de 2026·阅读时间: 5 分钟

Rod Dreher no habla de la fe desde la comodidad. Periodista y escritor americano afincado en Europa, autor de tres “bestsellers” en el 《纽约时报》, ha pagado un precio alto por sus convicciones: una crisis que sacudió sus cimientos, un matrimonio roto, el distanciamiento de su familia. Su último libro, “Vivir en el asombro”, del que hablaba en la entrevista publicada por Omnes, es el intento de quien ha perdido mucho de encontrar a Dios en lo que queda. Entre sus interlocutores más cercanos está J.D. Vance, el vicepresidente americano quien entró en la Iglesia Católica gracias, entre otros, al propio Dreher.

Rod Dreher aprendió a diferenciar el pensar en Dios de tener un verdadero encuentro con Él tras perder la capacidad de creer en la fe católica. Cuenta a Omnes que cuando empezó a interesarse por el catolicismo, en 1991, trabajaba como periodista en Louisiana. Una compañera de más edad le animó a trabajar como voluntario en el comedor de las Misioneras de la Caridad: la obra de la Madre Teresa. Aceptó y, aunque no era lo que él esperaba, se puso el delantal y comenzó a fregar ollas y pelar patatas: “Recuerdo que pensé: soy un intelectual; mi tiempo estaría mejor empleado leyendo libros de teología. Nunca volví al comedor”.

Muchos años después, con su fe católica en ruinas, se preguntó si no habría sido más sólida su fe de haber dedicado al comedor tanto tiempo como a los libros de teología: “Fue una lección importante sobre la trampa de vivir demasiado en la cabeza. No creo que haya nada malo en leer teología —es importante conocer la fe—, pero hay otras formas de conocer”, asegura. “Puedes conocerla intelectualmente, que es importante, pero creo que la religión no se trata fundamentalmente de un concepto sino de una percepción: lo que aprendemos a través de los sentidos. Por eso la liturgia es tan importante. Por eso las devociones son tan importantes. Trabajar en un comedor o encarnar la fe en el cuerpo es más importante que vivirla solo en la cabeza. Ambas cosas importan, pero una importa más que la otra. Porque cuando vives la fe en el cuerpo, la historia sagrada y la religión penetran hasta los huesos de una manera que no ocurre mientras te quedas en la abstracción intelectual”, sostiene.

A los jóvenes que dicen ser cristianos pero viven como si no lo fueran, no les da opción: “No se pueden tener las dos cosas a la vez. O Cristo es el Señor de tu vida, o no lo es. No hay término medio”. Él mismo quiso rebelarse contra este pensamiento en sus años universitarios, cuando quiso poner condiciones a Dios —entre ellas, que le permitiese vivir su libertad sexual—, hasta que comprendió la contradicción. Se convirtió formalmente al catolicismo en 1993 y abrazó una vida de castidad: “Es muy difícil tener poco más de veinte años en Washington y de repente ser casto. Pero supe que ese era el precio de seguir a Jesús”. Añade: “No os mintáis a vosotros mismos. O estáis con Cristo, o no lo estáis. Pero al mismo tiempo, no es solo un mensaje duro: hay una vida en Cristo que el mundo no puede ofreceros. Y cuanto más muráis a vosotros mismos —yendo a confesaros, a 大量的, intentando vivir una vida cristiana en todos los ámbitos—, más cambiará la manera en que os veis a vosotros mismos y al mundo. Empezaréis a ver el gran don que es la fe. Y es infinitamente más poderoso que lo que el mundo ofrece”.

Crisis de fe

Dreher describe su paso del metodismo al catolicismo y luego a la ortodoxia oriental como un proceso de desaprender el hábito de intelectualizar a Dios. Durante años fue un católico convencido: conocía la doctrina a fondo y creía que, mientras tuviera los dogmas claros en la cabeza, su fe era inexpugnable. Pero no resultó así. Nueve años después de su conversión, empezó a investigar el escándalo de los abusos sexuales en la Iglesia americana. Un sacerdote que le ayudó en esa investigación le advirtió desde el principio: “Rod, veo que eres un católico serio. Quiero advertirte: si sigues por este camino de investigación, te llevará a lugares más oscuros de lo que imaginas”. Dreher respondió que sentía que debía hacerlo para que las víctimas obtuvieran justicia. El sacerdote le dijo: “Bien. Te ayudaré en todo lo que pueda, pero prepárate”.

No estaba preparado. El caso que más le marcó fue el del cardenal McCarrick, a quien 若望保禄二世 puso al frente de la lucha de los obispos americanos contra los abusos. Dreher sabía desde 2002 que el propio McCarrick era un abusador de seminaristas, pero sin declaraciones públicas ni documentos no podía publicarlo: “Tenía que soportar ver a McCarrick aparecer en televisión diciendo: ‘Estamos tan conmocionados por lo que está pasando, nos entristece tanto’, sabiendo que él lo era. De hecho, su abogado llamó a mi editor para pedirle que detuviera mi investigación. Tuve que llevar en mi interior, como católico, el peso de saber que era un mentiroso mientras todos le creían. Vi esa actitud en tantísimos obispos de aquella época: les importaba más proteger la imagen de la institución que a las víctimas y sus familias. Vi familias arruinadas por los juicios. La Iglesia ponía abogados a trabajar para hundir a esas víctimas”.

Con todo, Dreher reconoce que no toda la Iglesia miraba para otro lado. Está de acuerdo en que el Papa Benedicto XVI hizo mucho por enfrentarse a esos escándalos: “Sí, lo hizo. Amo a Benedicto. Y aunque años después, la Iglesia expulsó a McCarrick del estado clerical, lo que yo había visto y aprendido fue simplemente devastador. Es como si coges una sartén de hierro con las manos desnudas sobre el fuego: al final tienes que soltarla. Y eso fue lo que me pasó”.

En su caso intentó salir de la crisis intelectualmente, leyendo libros sobre el catolicismo y la autoridad papal, luego libros ortodoxos, sin poder decidirse. Entonces, un día, en oración, llegó a una certeza que lo cambiaría todo: “Si alguno de nosotros se salva, es porque tiene una relación transformadora con Jesucristo. La verdad no son proposiciones; la verdad es ese hombre encarnado, Dios hecho carne”. Y le dijo al Señor: “No sé si estoy tomando la decisión correcta al hacerme ortodoxo, pero si me equivoco, ten misericordia de mí, porque no puedo encontrarte en la Iglesia católica. No porque Cristo no esté en la Iglesia católica —creo que está, incluso hoy—, sino por mi propia fragilidad y por la de la Iglesia en aquel momento. Había un muro”, explica.

En la ortodoxia admite que encontró un camino más místico, más cercano al cuerpo y a la oración. Y una lección de humildad que no esperaba: “Como católico había sido intelectualmente arrogante. Eso es culpa mía, no de la Iglesia. Fue una gran gracia que Dios me quebrara en esa arrogancia. Ahora amo la ortodoxia, pero veo mi trabajo como un intento de ayudar a todos los cristianos —católicos, protestantes y ortodoxos— a conocer y amar más a Jesús. Tenemos mucho más en común de cara al mundo poscristiano que lo que nos separa”. Lo aprendió estudiando a los cristianos encarcelados por los comunistas: cuando llegaban a prisión, comprendían que no estaban allí por ser católicos u ortodoxos, sino por confesar a Jesucristo.

Fe y política

Hay una historia que Dreher cuenta con una mezcla de afecto y preocupación. Fue él quien buscó al sacerdote que instruyó al vicepresidente J.D. Vance en la fe católica. Le conoce bien. Y precisamente por eso reza por él: “Le conozco lo suficiente como para saber que se toma la fe en serio, y debe estar atormentado por dentro por lo que está ocurriendo. Ningún vicepresidente puede ir nunca contra el presidente. Pero creo que, en última instancia, las personas tienen que elegir, y deben elegir la fe por encima del poder mundano”.

El pasado noviembre, Dreher estuvo en casa de Vance. En aquel momento, el antisemitismo y el racismo crecían entre algunos “influencers” de la derecha americana —un sector que odia a Vance precisamente porque se casó con una mujer de origen indio—. Dreher le suplicó directamente: “Como amigo mío, como hermano en Cristo, eres católico: tienes que pronunciarte contra esto”. Todavía no lo ha hecho. “No creo que haya nada racista ni antisemita en J.D. Vance, pero creo que le preocupa su futuro político. Recuerdo cuando tuvo un desacuerdo con el Papa Francisco sobre la migración: discrepó con el Santo Padre, pero lo hizo con inteligencia, usando argumentos de 圣奥古斯丁, de manera respetuosa. Trump no tiene respeto por el Papa ni por nadie. Y por eso creo que debe ser muy doloroso para J.D. vivir con esa tensión”. Solo puede esperar y rezar, concluye, para que comprenda que su lealtad primera es hacia Jesucristo: “Al final, como dice la Biblia, no se puede servir a dos señores”.

作者完美的桑乔

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教廷

Que el Espíritu de paz, misión y unidad abra las puertas, invoca el Papa

El Papa León XIV ha rezado este domingo, en la solemnidad de Pentecostés, para que “el Espíritu del Resucitado”, que es el Espíritu de la paz y de la misión, abra las puertas de Dios, de la Iglesia y de nuestros corazones. En el Regina caeli ha orado por la Iglesia en China y la gracia de la unidad.

弗朗西斯科·奥塔门迪·2026年8月25日·阅读时间: 4 分钟

El Papa León XIV ha definido esta mañana en Roma, en la Santa Misa de la solemnidad de Pentecostés, celebrada en la Basílica de San Pedro, la identidad del “Espíritu del Resucitado”. Es “el Espíritu de la paz”, al que pedimos que “nos salve del mal de la guerra, que es vencida no por una superpotencia, sino por la omnipotencia del amor”.

En su Pascua, “Cristo reconcilia a Dios y a la humanidad, y el Espíritu Santo infunde la paz en los corazones y la difunde en el mundo”, ha dicho.

Además, “la santa ley de Dios se inscribe en nuestros corazones, grabada por el Espíritu con caracteres de amor en la carne de Cristo y en su cuerpo, que es la Iglesia”. Y “esta ley es el código de la paz; es el doble mandamiento del amor, que el Espíritu nos recuerda en cada latido del corazón”.

El papa León XIV en la procesión de la Santa Misa de la Solemnidad de Pentecostés en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, el 24 de mayo de 2026. (Foto de OSV News/Matteo Minnella, Reuters).

Espíritu de misión, de verdad

En segundo lugar, ha manifestado el Pontífice en 讲道, “el Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la misión: ‘Como el Padre me envió a mí’, dice el Señor, ‘yo también los envío a ustedes’. Somos así partícipes en la misión de Jesús; la de Aquel que sale de Dios y vuelve a Dios con el poder del Espíritu, que procede del Padre y del Hijo, con ellos es adorado y glorificado, único Dios. 

El Espíritu Santo es la caridad viviente de Cristo, y mientras da a los apóstoles el poder de expresarse en la variedad de las lenguas, enseña a la humanidad la palabra de la salvación, ha señalado el Papa León.

Unidad para su Iglesia, que promueve el Espíritu

Esta misión, ha añadido el Sucesor de Pedro, “comienza afirmando la verdad de Dios y del hombre, porque el Espíritu del Resucitado es el ‘Espíritu de la verdad’ (Jn 14,17). 

“El Señor mismo nos lo ha prometido, pidiendo unidad para su Iglesia, una unidad fundada en el amor de Dios, fuente de nuestro amor”, ha subrayado León XIV. “El Espíritu, que habló por medio de los profetas, promueve siempre la unidad en la verdad, porque suscita en nosotros comprensión, concordia y coherencia de vida”.

Al concluir, el Papa ha rezado para que el Espíritu “libere a la humanidad de la miseria, para “que nos sane del flagelo del pecado, para la redención anunciada a todos los pueblos en el nombre de Jesús. Esta es la gracia que infunde valentía a los apóstoles; que lo infunda también a nosotros, hoy y siempre, por intercesión de María, Madre de la Iglesia”.

Regina caeli: oración por la Iglesia en China, por Líbano, Oriente Medio

在其中 Regina caeli, tras la alocución relativa a la solemnidad de Pentecostés, el Papa ha recordado que hoy, fiesta de María, Auxilio de los cristianos, es la jornada de oración por la Iglesia en China.

“En la memoria litúrgica de la Virgen María Auxiliadora, venerada por grandísima devoción en el santuario de Sheshan, en Shanghai, unimos nuestras oraciones a las de los católicos en China, como signo de nuestro afecto por ellos, y de su comunión por la Iglesia universal y con el Sucesor de Pedro”.

Que la intercesión de la Reina del Cielo obtenga para la comunidad creyente en China “la gracia de la unidad y conceda a todos la fuerza para dar testimonio del Evangelio en las dificultades cotidianas, para ser semilla de esperanza y de paz. En particular, invoco la paz eterna para las víctimas del accidente ocurrido en días pasados en una mina en el norte de China”, ha rogado el Papa León XIV.

“A María Santísima, Auxilio de los cristianos, confiamos también», ha concluido, «las comunidades cristianas de Tierra Santa, del Líbano y de todo Oriente Medio, que sufren a causa de la guerra”.

Invocar la ayuda del Espíritu Santo para que abra las tres puertas

Antes de rezar la oración mariana con los romanos y peregrinos en la Plaza de San Pedro, el Papa se ha referido a “las puertas que abre el Espíritu Santo”.

La primera puerta es la del mismo Dios, en el sentido en que nos abre el acceso al misterio de Dios, así como se ha revelado en Jesucristo. Con el don de su Espíritu, Dios nos concede la verdadera fe, y el Espíritu Santo nos ayuda a tener una experiencia de Dios personal; a encontrarlo en Jesús y no sólo en la observancia de una ley; a reconocerlo en nosotros y a descubrir los signos de su presencia en la vida ordinaria”.

La segunda puerta “es la del cenáculo, es decir de la Iglesia. Sin el fuego del Espíritu, la Iglesia permanece prisionera del miedo, temerosa ante los desafíos del mundo, cerrada en sí misma y por tanto también incapaz de entrar en diálogo con los tiempos que cambian. El Espíritu abre las puertas de la Iglesia para que pueda acoger y recibir a todos, incluso a aquellos que le han cerrado las puertas a Dios, a los demás, a la esperanza, a la alegría de vivir”, tal como recordaba el Papa Francisco.

Por último, “el Espíritu Santo abre las puertas de nuestros corazones, ayudándonos a vencer las resistencias, los egoísmos, las desconfianzas y los prejuicios, y haciéndonos capaces de vivir como hijos de Dios y hermanos entre nosotros”.

El Papa ha pedido que “en este día de Pentecostés, debemos invocar al 圣灵 para que abra todas las puertas que aún permanecen cerradas. Necesitamos redescubrir a Dios como Padre que nos ama; edificar una Iglesia en donde todos se sientan en casa; y hacer crecer un mundo fraterno en el que reine la paz entre todos los pueblos”.

作者弗朗西斯科·奥塔门迪

教廷

《人道颂》对今天的天主教徒意味着什么? 

教宗良十四世的第一部通谕,, 伟大的人性,, 它对教会的社会教义以及在人工智能绝对化和新型贫困的时代背景下社会所面临的挑战进行了当代解读。.

玛丽亚·何塞·阿蒂恩扎·2026年8月25日·阅读时间: 16 分钟

近期教宗,特别是圣保禄六世、圣若望保禄二世和方济各的教导,以及圣奥古斯丁和阿奎那等教父的教导,都体现在这篇通谕中,该通谕还引用了瓜尔迪尼、教会训导文件,甚至还有《指环王》。. 

伟大的人类 这份通谕被定位为应对人工智能时代社会挑战的通谕,而非关于人工智能的通谕——尽管人工智能时代被一些人称为第四次工业革命。事实上,通谕中反复提及教宗利奥十三世的通谕《新事通谕》(Rerum Novarum),普雷沃斯特教宗的名字也来源于此。.

如果说《新事通谕》标志着我们所知的教会社会训导系统化的开始,那么人类正在经历的社会劳动、关系和文化变革,特别是随着人工智能的爆发和普及,是理解利奥十四世第一部通谕的关键。该通谕开篇便指出:“新兴技术的力量和无处不在与日常生活交织在一起,塑造着决策过程,并深刻地影响着集体想象。”

教宗在他的第一篇通谕中,首先简要概述了他将在这份文件中阐述的所有方面:教会社会训导的发展史、教会训导在人们生活的各种境况中陪伴和引导人们的工作、对“没有天主的进步”的危险的先知式谴责,以及“建设一个以共同利益为中心的城市”的呼吁,这“首先需要建立在与天主的关系的磐石之上(……),接受人性的局限性和脆弱性,而不将其视为必须纠正的错误(……),并建设一个每个人都能‘蓬勃发展’的世界’。. 

教会社会训导的作用

“教宗在通谕的第一章中强调:”人工智能不应被理解为一个主题附录,或需要处理的紧急情况,而应被理解为一种变革,它从内部挑战社会训导的范畴,并要求在忠于福音的前提下对其进行更大的发展。”在这一章中,他追溯了教会发展社会训导的道路。. 

教宗在此引用教宗方济各的话回顾道:“在许多具体问题上,教会不打算给出«最终定论»,而是认识到重视科学研究的重要性,以及在学术界促进严肃和诚实的对话,并接受意见的多样性。”.

罗伯特·普雷沃斯特明确阐述了社会训导的性质,“它并不寻求取代政治和机构的责任,而是为共同的辨别力提供支持,帮助人们认识和促进那些有助于维护个人尊严、增强社区活力和造福所有人的事物。”.

在这部通谕的开头几页中,利奥十四世广泛而深刻地概述了教会关于教会社会教义的重要文件,从Rerum Novarum开始,随后是庇护十一世于1931年出版的Quadragesimo anno等文件,庇护十二世的广播信息,Mater et Magistra和约翰二十三世的Pacen in Terris;重要的使徒宪法《Gaudium et Spes》,随后,在第二次梵蒂冈大公会议之后,保禄六世撰写了《人民进步》(Populorum Progressio),保禄六世还撰写了在《Rerum novarum》80周年之际撰写的《Octogesima Adveniens》,而在接近现在的时候,《Rerum novarum》出版九十年后,由圣约翰·保罗二世、Sollicitudo Rei Socialis和Centessimus撰写了通谕《Laborem exercens》。年。教宗回顾了本笃十六世在他的《明爱》中的关键政治和社会应用,最后,教宗方济各的《福音福音》、《愿您受赞颂》、《全体兄弟》和《迪莱西特》。.

在教宗看来,这一切构成了一种清晰和谐的教育理念:“每一位教宗都勇于面对时代的挑战,并以福音之光诠释历史变迁,从而凸显了这一独特遗产的不同方面:人的尊严、工作的价值、财产的普世用途、团结互助与辅助性原则、关爱受造物、和平与友爱的核心地位。其结果是一种和谐的、尽管并非总是线性的发展,其特点在于不同的侧重点、逐步深化,以及有时视角的变化——这些变化并非与前人背道而驰,而是使其内涵得以成熟。”. 

人的尊严

在第二章中,教宗着重阐述了教会社会训导的基础,并回顾道:“教会社会训导引领我们走向信仰的核心:永生天主的奥秘,在耶稣基督里启示为人与人之间的共融。”. 

从这个意义上讲,他强调人的尊严“不取决于他所拥有的能力、财富或所扮演的角色,也不取决于他所做出的决定是对是错,而是上帝赐予的先于他、超越他的礼物”,并谴责那些将人视为取得成果的手段的意识形态。. 

教宗警告说,人权保护若仅停留在形式上的宣言,其普世基础若缺乏坚实原则,将会受到动摇。教宗在此特别谴责世界各地许多妇女的处境,指出“遭受排斥、虐待和暴力的妇女处境更加艰难,因为她们往往缺乏捍卫自身权利的机会”(……)教宗普雷沃斯特强调:“只要这种不平等存在,我们就不能说社会真正深刻地承认妇女与男子享有同等的尊严。”. 

在本章中,教宗探讨了在政治领域追求共同利益的意义,并提醒我们,“当政治放弃长远眼光,沦为短期算计或无谓的极化时,关于共同利益的论述就会失去可信度,与此同时,不平等和社会分裂也会加剧。”教宗在此邀请我们“思考更有效的合作形式和国际机构,以便在不否定各国人民和国家合法多元性的前提下,维护全球共同利益。”. 

基于此,它更新了教会几十年前发出的呼吁,强调“当国家财富越来越依赖于知识和技术时,当这些财富集中在少数人手中,缺乏足够的交换和获取方式时,就会产生新的不平衡,这与财富的普遍用途相悖,加剧了被纳入和被排除在外的人之间的差距,加剧了能够参与数字革命的人和仍然处于边缘的人之间的差距。”.

教宗特别强调团结互助的原则,解释说博爱是一种“必须体现在共同决策和共同路径中的社会和政治形式。因此,团结互助是对每个人命运与所有人命运息息相关的具体认识;的确,«没有人能独自得救»”,并强调“团结互助既是一项原则,也是一种美德。作为一项原则,它表达了人、群体和民族之间关系的客观秩序,并暗示着相互依存的意识,即每个人的福祉都通过他人的福祉而实现。另一方面,作为一项美德,它要求人们«坚定不移的决心»¹⁰²为共同利益而努力。”. 

“社会正义必须直面数字技术”

在本章中,他回顾了圣若望保禄二世及其前任教宗对社会正义概念的教导:“近期的教会训导强调,社会正义要求我们以最弱势群体为出发点。圣若望保禄二世谈到,个人和社会决策必须优先考虑穷人,而教宗方济各则谴责了«一次性文化“(……)”社会正义’的理念帮助我们认识到,不公正不仅源于个人的错误决定,也源于几乎自动产生不平等的结构、机制以及经济和文化体系。圣若望保禄二世正是从这个意义上谈到了违背天主旨意的罪恶结构,并指出这些结构需要个人和社会的皈依。“. 

教宗良十四世认为,“在当今时代,社会正义也必须正视数字技术所创造的环境。全球网络、平台和人工智能系统的普及改变了我们获取信息、沟通和服务的方式。(…) 数字时代公正的社会秩序,应当保障人人平等享有机会,保护弱势群体,反对仇恨和虚假信息,并将数据和技术的使用置于公共监督之下,使评判标准不仅在于利润,更在于每个人的尊严和全人类的福祉。”.

接收移民

对社会正义概念的更新,当然直接关系到移民群体。必须保护移民的希望权,保障他们获得安全合法的途径、有尊严的接待条件和真正的融入进程。此外,至关重要的是促进他们在自己的土地上和平安全地居留的权利,解决迫使他们移民的根源问题,包括与经济不公和气候危机相关的根源问题。.

真正的社会发展

在本章中,利奥十四世阐述了“整体人类发展”的概念。他解释说:“以牺牲他人利益为代价来增加部分人消费的发展,或者将整个地区置于从属地位、使其无法发挥自身潜力的发展,是不人道的。”相反,教宗肯定道:“发展的质量确实在于它能否在不造成分裂的前提下,维护对人的公正和对我们共同家园的守护,营造有尊严的生活条件,确保人们获得必需品,并促进公正的社会关系。”. 

他以此为出发点,强调道:“技术创新——包括人工智能——并非中立的;它们既可以促进参与和公平,也可以加剧不平等、控制和排斥。因此,我们必须用一个关键问题来审视它们:它们是否真正有助于个人和社区在人道主义和博爱精神方面取得进步,是否真正有助于尊重我们共同的家园和子孙后代?”. 

教会中也存在一种以服务为导向的权力。 

教宗在他的第一份通谕中,没有回避责任,也没有回避教会需要反省自身并为历史上犯下的错误请求宽恕这一问题。. 

在这一点上,教宗也捍卫了一种为社群服务的权威: 执事职“必须提倡对部长履行职责情况进行定期评估,这种评估不是对部长的评判,而是面向使命的培训和纠正工具。”. 

建造耶路撒冷,而不是新的巴别塔。

教宗用两个强有力的意象来说明人类进步的可能路径:巴别塔所代表的自私和缺乏沟通,“共同劳动被一个最终导致非人化的统治计划所引导(参见创世纪 11:1-9);另一方面,耶路撒冷的废墟,在尼希米的带领下,一块一块地重建,这是一项共同承担责任的工作(参见尼希米记 2-6)。”.

“教宗在通谕的第三章中强调:«圣保罗六世已经清楚地认识到人类有成为自身成就的受害者的危险,他曾警告说:”最非凡的科学进步、最惊人的技术成就、最巨大的经济增长,如果不能伴随真正的社会和道德进步,最终都会对人类不利。’”.

教宗倡导对技术进步的“人类学视角”进行“辨别“。他指出:”如果技术发展缺乏足够的伦理和社会成熟度,就可能出现资源增加而人性却没有相应提升的情况:我们“拥有更多”,但我们”变得更强大’,个人的价值也可能主要取决于其产出。”. 

人工智能 

正如之前所宣布的,《伟大的人性》(Magnifica Humanitas)并非一篇关于人工智能的通谕,教宗在第三章中也重申了这一点。“我只是重申一些道德和社会辨别的基本要素,以维护人的首要地位,从而使人类的智慧,凭借其良知和自由,始终引领技术创新,并负责任地确立其用途和界限,”利奥十四世强调说。. 

在这篇通谕的第99段中,教宗明确指出:“我们无法对人工智能给出一个完整而单一的定义。我们只能说,我们必须避免将这种“智能’等同于人类智能的错误。” 教宗还提醒我们:”人工智能基于数据处理,但它不会体验喜怒哀乐,也不会成熟。它也没有道德良知:它不会判断善恶。它可以模仿语言、行为和价值观;它可以模拟同理心或理解力,但它并不知道自己产生了什么,因为它并不处于人类获得智慧的情感、关系和精神层面。“. 

人工智能的一些危险

教宗并未回避我们可能赋予人工智能某种绝对权威的领域。在这方面,他着重强调了三个方面,“尤其需要特别关注:达成结果的便捷性、客观性的假象以及对人类交流的模拟。”他指出,第一点“可能使我们习惯于过度授权和寻求快速答案”,第二点“有可能使我们忘记这些结果反映了设计者的文化参数”,而第三点“当引入一个缺乏人际关系和真挚情感的环境时,可能会带来危险”。. 

教宗呼吁在人工智能机制中实行合乎伦理的治理和特别透明的管理:“为了使人工智能尊重人类尊严并真正服务于公共利益,至关重要的是,在各个阶段都应明确责任:从系统设计和编程人员到系统使用者,再到决定将具体决策委托给人工智能的人员(……)要求谨慎行事、严格控制,有时甚至放慢人工智能的普及速度,并不意味着反对进步,而是对人类大家庭尽到负责任的关怀。”.

新财富与新贫困

在这种新的数据社会背景下,“谈论商品的普遍用途意味着要找到确保人人都能获得技术和培训的方法。谈论辅助性原则需要保护社区的决策和纠正能力,而不是将他们的干预降格为在其他地方制定标准之后的后续监督。”. 

解除人工智能武装,守护人类

教宗谈到要“解除”人工智能的武装,这“并非意味着放弃技术,而是防止技术主宰人类。这意味着要打破人工智能的垄断,使其可以被讨论、被反驳,从而变得宜居,并在其中恢复人类文化的多样性。”. 

基于此,教宗向人工智能系统开发者发出“强烈呼吁”。他认为,技术创新在某种程度上可以成为人类参与神圣创造的一种方式。因此,在教宗看来,这些开发者具有“伦理和精神上的重要意义,因为每个项目选择都体现了人类的愿景”。.

利奥十四世敦促我们不要丧失人性。他明确指出,“衡量一个文明的品质,不在于其手段的强弱,而在于它懂得如何关怀他人,在于它能否在他人身上看到面孔,而不是仅仅关注其功能。”. 

超人类主义和后人类主义 

在这篇通谕中,教宗汇集了训导文件、历任教宗的教导以及外部参考资料,并对我们社会中存在的两种潜在叙事——超人类主义和后人类主义——进行了有趣的思考。“超人类主义,”利奥十四世解释道,“设想通过技术——生物医学、人体工程学、设备、算法——来增强人类,以期提高人类的性能和能力。后人类主义,尤其是其更为激进的版本,则走得更远:它批判人类中心主义,并提出人类、机器和环境之间融合的理念,甚至设想人类将跨越超越自身的门槛,进入一个新的进化阶段。”. 

这两种思想体系都直接攻击人类尊严,甚至导致人们接受某些人被认为不那么有用、不那么受欢迎、不那么有价值的观点。以进步之名,人们可能会认为存在“必要的牺牲“,并让最弱势的群体为所谓物种的优化付出代价。. 

教宗认为,此时“有必要明确区分:一是将技术融入以人为本、以关系为导向的愿景;二是受一种蔑视限制、承诺纯粹技术“救赎’的想象力所引导。.

教宗在此提醒我们,必须谨记人类“并非在局限中蓬勃发展,而是常常在局限中蓬勃发展”。因为正是在这些局限之中,我们才能展现真正的人性:关怀、怜悯和爱。在此,教宗以充满希望的视角回顾历史,从中我们可以发现,一个人的奉献精神如何能够改变社会。他提到了马丁·路德·金、多萝西·戴等人物,也提到了圣马克西米连·科尔贝、圣奥斯卡·罗梅罗和方济·沙勿略·阮文顺。. 

我们“最有人性”的人就是基督。

因此,教宗总结道:“人类——既伟大又伤痕累累——不应被取代或超越;人类可以拥抱科技进步来减轻痛苦、开辟新的可能性,前提是它不放弃自身本质,即建立关系和爱的能力。此时,一个至关重要的问题浮现出来:如果存在一种真正的“超越人类’的存在,它在哪里?基督信仰的答案是,它指向一种圆满,这种圆满并非源于科技的神化,而是源于天主的恩典,这恩典是在基督内领受的。”.

沟通生态学:教会也应注重透明度

第四章重点探讨工作的本质及其在人类发展和自由中的作用。. 

在这一章中,罗伯特·普雷沃斯特重点讨论了充斥在我们社会中的两极分化现象,这种现象往往是由算法造成和加剧的。

教宗指出,”虚假信息并非起源于人工智能,但如今人工智能却为其提供了强大的放大效应。“ 对此,他指出,”那些掌控数字平台和媒体的人拥有非凡的能力,能够影响大众的集体想象,并将某种特定的现实图景包装成人们所向往的。“ 教宗认为,在这种情况下,”构建传播生态”至关重要,它需要制定规则,使内容选择和传播的标准更加透明。.

教宗还指出,教会必须“致力于透明沟通和诚实地探求事实。遗憾的是,情况并非总是如此。我们羞愧地目睹了痛苦真相的艰难揭露,这些真相甚至涉及教会成员和教会的现实。尤其值得一提的是,一些致力于追求真相的记者在揭露不公正和滥用职权的行为方面发挥了至关重要的作用。”.

教育人们不要使用人工智能

教宗还提出了一个有趣的呼吁:“因此,要教育人们如何使用人工智能,从而决定何时以及在什么情况下不应该使用它。”. 

从这个意义上讲,他鼓励开展一项教育活动,教导我们“摆脱人工智能,保护我们的年轻人免受完美机器的承诺的诱惑,免受那种微妙的诱惑——这种诱惑恰恰在最需要人类思考的时候,使人类的思考显得毫无用处”。.

教育是这份教皇文件的关键主题之一,该文件倡导确保人人享有受教育的权利,以及家庭有权按照其信仰接受教育。. 

提倡就业,而非福利

关于工作问题,教宗提醒我们,“工作不仅仅是一种工具,而是表达和提升我们生命的尊严”,因此,“在紧急情况下,向穷人提供经济援助有时仍然是必要的,但这不能成为唯一的应对措施,因为我们的目标是让每个人都能通过自己的工作过上有尊严的生活。”. 

在这一领域,教宗的立场尤为明确,他强调需要促进体面且人人可及的工作,避免“不受约束的资本主义”,因为这种资本主义会导致“为了追求更高利润而做出系统性牺牲就业岗位的决定”。他还特别呼吁工会“向新的工作形式和新的劳动者敞开大门,代表并捍卫他们的权益”。.

财富的真正参数

在这封信中,利奥十四世承认全球财富的增长,但他同时指出,“全球财富的绝对值虽然增长了,但财富更加集中在少数人手中,国家之间以及国家内部的不平衡现象也更加明显。”在人工智能时代,这一现实呈现出新的维度,因此需要“以公共利益为导向的经济和技术发展模式,促进体面劳动、社会包容以及创新成果的公平分配。”. 

家庭是社会的中心

虽然这在正文中看似离题,但教宗强调家庭是“首要的社会福祉。家庭建立在男女之间稳定的结合之上,是每个人发展自身潜能、认识自身尊严并学习真善美的最初形式的最初环境。”. 

教宗在此呼吁各国推广和鼓励支持家庭的社会劳动模式,以实现工作与生活的平衡、教育以及家庭的维系。“我们必须支持社会纽带:支持伴随人生选择而建立的人际网络和教育社群,防止不确定性导致孤独和依赖,”教宗总结道。. 

新型奴隶制和新型殖民主义

在人工智能时代,教宗特别反思了新型奴役形式,无论是算法生成的奴役如何困住并“决定”许多人的生活,还是“在人工智能的世界里,没有什么是虚幻的或神奇的。每一个看似即时完美的反应都源于漫长的中间环节、庞大的自然资源网络、能源基础设施,以及最重要的——人。数字经济的运转很大程度上依赖于数百万人的默默劳动,他们从事着大多不为人知的活动”,收入微薄,而且其中大部分是女性。. 

从这个意义上讲,它突显了网络在人口贩运等新型奴隶制或“新殖民主义”出现中的力量:“一旦关联起来,这些至关重要的信息就可以用来训练预测模型、指导投资策略、预测危机,最重要的是,选择重要的人和事。”.

“教宗强调:”正是在这里,我们这个时代最紧迫的道德问题之一岌岌可危:将共享知识转化为共同利益,而不是统治的工具;不仅将描述他们的数据归还给人民,还将决定如何使用这些数据、谁将使用它以及为谁使用这些数据的可能性归还给他们。“.

教宗良十四世在这篇通谕的结尾呼吁人们建立一个爱的文明。从这个意义上讲,他再次提及巴别塔的意象,认为它不仅象征着全球化的技术官僚范式,也象征着对立帝国主义之间的遥远对抗,象征着那些渴望维护自身霸权的强权与那些渴望征服霸权的强权之间的对抗,以及由此引发的诸多局部冲突。面对这一切,人类中很大一部分人挺身而出,希望继续守护建立在神圣血脉之上的人性。. 

人工智能不能充当道德主体。 

教宗毫不回避这样的证据:“我们正在目睹公共话语和重新武装决策中真正的范式转变,令人担忧的是,战争作为国际政策工具正在被重新启用”,这种好战心态助长了社会两极分化和战争工业本身的增长。. 

教宗解释说,从这个意义上讲,人工智能不能控制道德决策,因为“道德判断不能简化为计算;它涉及良知、个人责任以及对他人作为人的认可”。.

个人责任的五个方面

在此,为了总结对当前社会及其道德影响的诊断,教宗强烈呼吁个人承担责任,提出了“五条日常和公共责任之路:消除言辞的敌意,在正义中建设和平,从受害者的角度出发,培养健康的现实主义,以及重新启动对话和多边主义”。. 

利奥十四世回忆道:“语言的力量是巨大的,我们在日常交流中就能感受到这一点,当有人说了一些话,改变了我们的心情,无论是好是坏。”他还鼓励“在信息和教育中,给予受害者的目光和声音以空间,有助于真正意识到战争以及一切形式的暴力所蕴含的邪恶深渊;不接受冲突的逻辑是正常的;当人类尊严受到冒犯时,不要视而不见;并恢复受影响人民被认可和被倾听的尊严。”.

自教宗任期伊始,罗伯特·普雷沃斯特就一直呼吁开展真诚对话:从日常事务到高级外交,宗教间的对话在其中扮演着决定性的角色,因为伟大精神道路的核心是和平的信息。任何以神的名义为恐怖主义、暴力或战争辩护的人都是在自毁前程;以宗教之名作战,实际上就是在攻击宗教本身。.

圣体灵修

最后,教宗强调,“没有任何时刻或人类境况不配得上天主”。他进一步阐述这一观点,邀请我们“在圣子的面容中默想那伟大的人性,这人性也照亮了人工智能时代。在基督内,我们明白人蒙召成为创造工程的合作者。”.

教宗强调,“我们所需要的灵修是圣体圣事灵修,即在爱中教会合一的灵修。(…)这份恩赐在圣体圣事中临在并发挥作用,在圣体圣事中,主与教会相通并聚集教会,使祂的自我奉献成为合一的原则和新生命的源泉。基督徒的团结也由此而生”,因为“圣体圣事激励我们走向正义和分享,尤其关注那些遭受贫困和边缘化之苦的人。”. 

通谕以一段深刻的圣母玛利亚反思作结,其中圣母玛利亚被描绘成一位“救赎的诗人和先知”,尽管她的世界似乎没有任何改变,她仍然在《圣母颂》中歌唱。. 

教廷

«Magnifica humanitas». Texto íntegro de la primera encíclica de León XIV

"Magnifica humanitas", la primera encíclica del Papa León XIV sobre la inteligencia artificial ha sido presentada hoy en el Vaticano.

Omnes 编辑部·2026年8月25日·阅读时间: 132 分钟

Apenas un año después de su elección como pontífice de la Iglesia católica, León XIV ha publicado 伟大的人性,, su primera encíclica, sobre la protección de la persona humana en la era de la inteligencia artificial.

La carta encíclica fue firmada por el Santo Padre el pasado 15 de mayo, coincidiendo con el 135.º aniversario de la promulgación de la carta encíclica 新事物 的 教宗利奥十三世. Si esta última supuso la reflexión de la Iglesia en la era de la revolución industrial, el primer gran documento magisterial del Papa León XIV se centra en la nueva revolución social en la que está inmerso el mundo y en el que la digitalización y la Inteligencia Artificial, están cambiando los paradigmas básicos.

Texto íntegro de «Magnifica humanitas», primera encíclica de León XIV

介绍

1. La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos. Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto. Allí donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, sabiendo que «el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado». [1] En Jesucristo, esta magnífica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud.

2. Cimentados en Cristo, la piedra viva, experimentamos la acción poderosa y misteriosa del Espíritu Santo, y creemos que todo esfuerzo humano auténtico por cooperar con Él en pro del bien será bendecido por el Padre celestial, en quien ponemos nuestra esperanza. Por este motivo, podemos contribuir con determinación a todas aquellas iniciativas que construyen un mundo más justo, y podemos invitar a otros a colaborar con nosotros en la promoción del desarrollo integral de cada ser humano. Deseamos entrar en diálogo con todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo, con quienes participamos juntos en los acontecimientos, las preguntas y las aspiraciones de la humanidad. [2] Queremos identificar, junto con ellos, nuevos caminos para el bien común y la promoción de una vida digna para todos. Esta actitud de diálogo es parte integrante de la vocación de la Iglesia, ya que ella, constituida «en Cristo como un sacramento, […] de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano», [3] reconoce en la historia el lugar donde el Evangelio interpela y acompaña la experiencia humana.

3. Con este espíritu, en 1891 León XIII publicó la Encíclica Rerum novarum, cuyo 135° aniversario celebramos este año con profunda gratitud. Con ese documento, mi querido Predecesor impulsó aquella reflexión sobre la sociedad, la economía y la política que hoy llamamos “Doctrina social de la Iglesia”. Y cuando algunos objetaban que la Iglesia no debía desperdiciar energías en cuestiones mundanas, sino preocuparse por comunicar un mensaje de vida eterna, él respondía con realismo y sabiduría que el anuncio del Evangelio no puede olvidar la vida concreta de los pueblos. [4] Han pasado muchas décadas desde entonces, y el Magisterio, los pastores, los teólogos y los fieles han seguido reflexionando sobre las cuestiones sociales a la luz del Evangelio. Hoy, la Doctrina social de la Iglesia es un patrimonio de sabiduría, en el que encontramos principios para pensar, criterios para discernir y juzgar, y orientaciones concretas para actuar. Se fundamenta en la Sagrada Escritura y en la Tradición y, en diálogo con las ciencias, nos ayuda a leer con lucidez los desafíos del presente, identificando caminos adecuados para vivir un testimonio cristiano límpido, con alegría y al servicio del mundo. No es un conjunto estático de conceptos, sino un corpus vivo de verdades, que custodia e interpreta la vocación de la humanidad a una vida plena y justa. A esta tradición viva deseo, por tanto, sumar mi voz, invocando la asistencia del Espíritu de sabiduría, que habita en el mundo desde su creación (cf. Pr 8,22-31).

Las “res novae” de nuestro tiempo

4. Si en su momento León XIII hablaba de “nuevos asuntos” ( rerum novarum), hoy no podemos limitarnos simplemente a repetir sus valiosas enseñanzas, sino que debemos pedirle a Dios la sabiduría para interpretar las grandes tendencias de nuestro tiempo, en particular los avances de la técnica. En los últimos años se ha hecho cada vez más evidente cuán rápida y profundamente la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la robótica están transformando nuestro mundo. La técnica no debe considerarse, en sí misma, como una fuerza antagónica respecto a la persona; por el contrario, está arraigada en nuestra historia desde el principio, en cuanto es «un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre». [5] A lo largo de los siglos, el desarrollo tecnológico ha contribuido a una mejora significativa de las condiciones de vida de la humanidad; al mismo tiempo, cada etapa del progreso también ha puesto de manifiesto el lado ambiguo de instrumentos capaces de causar daño cuando no se orientan hacia el bien. Hoy, sin embargo, nos encontramos ante una situación nueva, en la que el poder y la omnipresencia de las tecnologías emergentes se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo: «Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma». [6]Las nuevas tecnologías abren un horizonte que se extiende en direcciones que, aunque intuibles, aún no podemos prever por completo. Esto hace que sea más complejo evaluar su impacto y sus efectos a largo plazo sobre la dignidad de las personas y el bien común.

5. Ahora nos corresponde asumir con lucidez y responsabilidad los retos de nuestro tiempo. Es necesario adoptar instrumentos normativos adecuados, capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico. Pero la cuestión no se limita a la regulación. Como advertía el 教宗方济各, debemos preguntarnos con realismo quién detenta hoy ese poder y hacia qué fines lo orienta: «No podemos ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido […] dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para explotarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero». [7] En el pasado, eran principalmente los estados los que impulsaban y orientaban la innovación. Hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente “privado”, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común.

6. Por esta razón es preciso iniciar un discernimiento compartido capaz de profundizar en las raíces espirituales y culturales de las transformaciones que se están produciendo. Si nos limitamos a las circunstancias contingentes, corremos el riesgo de dejar que la sucesión de emergencias decida por nosotros la dirección del camino. Estamos viviendo una rápida fase de transición, un “cambio de época” en el que —mientras algunos se disputan el futuro de las nuevas tecnologías y otros se dedican a reflexionar sobre ellas— la mayoría de las personas permanece a la espera, observa desde lejos y simplemente aguarda a que todo salga bien. Precisamente por eso se imponen en nuestra conciencia preguntas decisivas, que ya no pueden eludirse: ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?

Dos imágenes bíblicas

7. Para responder a estas preguntas y discernir cómo vivir con responsabilidad en la era de la IA, me gustaría evocar dos imágenes bíblicas: la construcción de la torre de Babel (cf. 格恩 11,1-9) y la reconstrucción de los muros de Jerusalén (cf. Ne 2-6). En el libro del Génesis, el relato de Babel se sitúa en los orígenes de la humanidad, inmediatamente después de las genealogías de los hijos de Noé. Los seres humanos, habiéndose establecido en la llanura de Senaar, deciden construir una ciudad y una torre «cuya cúspide llegue hasta el cielo» (格恩 11,4). Quieren así asegurarse estabilidad y poder, y sobre todo “perpetuarse un nombre”, temiendo ser dispersados por la tierra. La empresa parece imponente: una sola lengua, una sola tecnología, una sola dirección. Sin embargo, el proyecto esconde un profundo engaño: es una obra concebida sin referencia a Dios, sustentada por una uniformidad que elimina la diversidad y que, en lugar de la comunión, elige la homogeneización. Cuando la ciudad se edifica sobre el orgullo y la pretensión de bastarse a sí misma, la comunicación se rompe, las lenguas se confunden y los seres humanos ya no se comprenden. El resultado no es la unidad, sino la dispersión. Babel revela así el límite de toda construcción que, por grandiosa que sea, surge de la absolutización de lo humano y de su pretensión de autosuficiencia, sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia y aspira a alcanzar el cielo sin la bendición de Dios.

8. El libro de Nehemías, a su vez, comienza en un momento de gran vulnerabilidad en la historia del antiguo Israel. Tras el exilio babilónico, una parte del pueblo ha regresado a Jerusalén, pero la ciudad sigue en ruinas, las murallas se han derrumbado y las puertas han sido quemadas (cf. Ne 1-2). Nehemías, un judío al servicio del rey persa Artajerjes, recibe la noticia del desastroso estado de la ciudad de sus padres. Antes de actuar, ayuna, reza e intercede por el pueblo; luego pide permiso al rey para regresar a Jerusalén y, una vez allí, examina en silencio los lugares destruidos. No impone soluciones desde lo alto. Convoca a las familias, confía a cada una un tramo de muralla para reconstruir, escucha los temores, coordina los esfuerzos y hace frente a las oposiciones. El relato muestra cómo la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo: sacerdotes, artesanos, jefes de familia, mujeres y jóvenes. Es una obra que tiene a Dios en el centro y reconstruye los vínculos incluso antes que las piedras. La antigua Jerusalén recupera así un lenguaje común, no el de la uniformidad, sino el de la comunión: la armonía que nace cuando cada uno asume su parte y todo el pueblo reconoce que su fuerza viene del Señor.

9. A la luz de estas dos imágenes, el Espíritu Santo hoy nos interpela acerca de nuestra relación con la tecnología y con la revolución digital en curso. Los descubrimientos científicos son un talento entregado a la humanidad para que lo haga fructificar (cf. 公吨 25,14-30). La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias. En abstracto, esta, en sí misma, no es una solución a los problemas de la humanidad, como tampoco es un mal en sí; pero, concretamente, no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza. Por eso, la primera elección no es entre un “sí” o un “no” a la tecnología, sino entre construir Babel o reconstruir Jerusalén: entre un poder que pretende dominar el cielo y un pueblo que, en presencia de Dios, se pone a trabajar unido para levantar de nuevo las murallas de la convivencia fraterna.

10. Evitemos, por tanto, el “síndrome de Babel”: la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único —incluso digital— capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos. Este es el riesgo de la deshumanización —construir el futuro excluyendo a Dios y reduciendo al otro a un medio—, una tentación antigua y siempre nueva, que hoy también toma un rostro técnico. Elijamos, en cambio, el “camino de Nehemías”, que pone de relieve el valor del trabajo compartido para hacer que la ciudad de Dios sea un lugar seguro para los exiliados que regresaron. Hoy, reconstruir significa reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersión de las lenguas, existe, sin embargo, una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad. Y, en esta obra compartida, los cristianos encuentran su propia forma de construir: orientar la acción hacia Dios, para que, bajo su luz, el pluralismo no se disperse en el desorden, sino que, en la práctica de la sinodalidad, se convierta en el espacio en el que la humanidad recupere sus cimientos sólidos y su fin último. En el Apocalipsis, Juan ve la nueva Jerusalén «que descendía del cielo y venía de Dios» (艾普 21,2) como un regalo para toda la humanidad. Y esta visión de gracia es para nosotros, los cristianos, una llamada a trabajar juntos, cultivando una vida común pacífica, justa y digna en las “ciudades” de hoy.

Edificar en el bien

11. Edificar una ciudad centrada en el bien común exige, ante todo, edificar sobre la roca de la relación con Dios. Significa reconocer que la verdad de su amor nos llama a una vida «en abundancia» ( 约翰 10,10) y a la comunión con Él. Junto con san Agustín, también nosotros podemos decir: «Porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». [8] En efecto, Dios ha inscrito en nuestro corazón un deseo de felicidad que abraza todas las dimensiones de la vida; y la Iglesia, en el diálogo con los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, siente la urgencia de custodiar y orientar esa aspiración hacia su verdad más profunda.

12. En segundo lugar, edificar en el bien significa aceptar los límites y la fragilidad de la humanidad sin considerarlos un error que haya que corregir. Hoy en día, el deseo de plenitud del ser humano corre el riesgo de desviarse hacia metas engañosas: la ilusión de una tecnología que promete liberarnos de toda fragilidad o modelos de bienestar que “dejan atrás” a pueblos enteros. No es raro que pongamos nuestra esperanza en un potencial ilimitado, en formas de progreso que pueden agudizar las desigualdades, en soluciones inmediatas incapaces de sanar las heridas de los pueblos. Así, mientras algunos persiguen la quimera de una autoafirmación ilimitada, muchos carecen de lo necesario. La Iglesia recuerda, con voz humilde pero firme, que la verdadera realización no nace de la eliminación de las fragilidades, sino de un crecimiento armonioso: allí donde la libertad y la responsabilidad se entrelazan con el cuidado recíproco y la verdadera solidaridad, y donde el progreso se mide por la dignidad de cada uno y por el bien de los pueblos.

13. En tercer lugar, edificar un mundo en el que todos puedan “florecer” exige una corresponsabilidad valiente. Ninguna mano, por sí sola, basta para sostener el peso de los desafíos que atraviesa el mundo; y ninguna es tan débil como para no poder ofrecer su contribución: «Mi poder triunfa en la debilidad» (2 Co 12,9). A cada uno corresponde su tramo de muralla: científicos e investigadores, empresarios y trabajadores, educadores y legisladores, sociedad civil, movimientos populares y comunidades de fe. Esta es la lógica de la subsidiariedad, que valora la cooperación entre generaciones, entre pueblos, entre disciplinas y culturas como el camino privilegiado para hacer crecer la estabilidad, la prosperidad y la paz. Las tensiones y las diferencias no deben intimidar; pueden convertirse en energías creativas cuando están orientadas por una responsabilidad compartida.  

14. Por último, edificar en el bien requiere un lenguaje evangélico. Evitemos las palabras que humillan o enfrentan. Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos. No bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos estériles. Más bien, indiquemos criterios de discernimiento —la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común, la paz— y traduzcámoslos en prácticas: planificación responsable, evaluaciones del impacto humano y social, inclusión de los más frágiles, alfabetización digital, investigación e industria orientadas a la justicia y la paz.

Permanecer siendo humanos

15. En el reciente Jubileo ordinario del 2025, hemos caminado como peregrinos de la esperanza y hemos sido colmados de gracias. Fortalecidos por estos dones, podemos avanzar con ánimo confiado ante las arduas tareas y los exigentes desafíos que se perfilan en nuestro futuro. En la era de la inteligencia artificial, en la que la dignidad humana corre el riesgo de verse eclipsada por nuevas formas de deshumanización, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor. El verdadero progreso nace siempre de un corazón abierto al otro, de una inteligencia dispuesta a escuchar, de una voluntad que busca lo que une más que lo que separa.

16. A todos los fieles católicos, a todos los cristianos, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad les dirijo un vehemente llamamiento: no temamos ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo. Como Nehemías, oremos, proyectemos con sabiduría, trabajemos con perseverancia, poniendo a Dios en el horizonte de nuestro actuar y al ser humano en el centro de nuestras decisiones. Entonces las piedras desechadas —los pobres, los enfermos, los migrantes, los pequeños— se convertirán en piedras angulares, y sobre la tierra surgirá un hogar común sólido y hospitalario, donde el amor y la verdad finalmente se encontrarán, y la justicia y la paz se besarán (cf. 盐 85,11). Esta es la bendición que imploramos a Dios y la tarea que tenemos por delante: ser constructores de comunión, no arquitectos de Babel; siervos del Reino que viene, no dueños de torres destinadas a derrumbarse. Y, con ánimo de pastor y de padre, pido a todos que detengan la construcción de la enésima Babel y que unan fuerzas para edificar en el bien, para que la humanidad nunca pierda su propia belleza y el mundo pueda reconocer una vez más, en el corazón del ser humano, el lugar donde Dios desea habitar.

CAPÍTULO PRIMERO

UN PENSAMIENTO DINÁMICO FIEL AL EVANGELIO

17. En este primer capítulo mi intención es recorrer, de manera sintética, el camino a través del cual la Doctrina social de la Iglesia ha ido tomando forma en el Magisterio reciente de los Papas y del 第二次梵蒂冈大公会议, para poner de relieve su carácter dinámico. En cada época, de hecho, las 新事物 instan a esta enseñanza a medirse con las preguntas de la historia a la luz de la Verdad revelada. Por eso, también la IA debe entenderse no como un apéndice temático, o como una emergencia que hay que gestionar, sino como una transformación que interpela desde dentro las categorías de la Doctrina social y exige un mayor desarrollo de la misma, en fidelidad al Evangelio.

18. Sin embargo, este itinerario no sería realmente comprensible si, antes de detenernos en la contribución de cada uno de los Pontífices y en los documentos más relevantes, no aclaráramos algunas convicciones fundamentales sobre la forma en que la Iglesia habita la historia y se relaciona con el mundo. Sin esta aclaración, la Doctrina social correría el riesgo de parecer una injerencia indebida en cuestiones temporales o un código ético externo que se aplica arbitrariamente. En realidad, surge de una Iglesia que camina con la humanidad, reconoce la autonomía de las realidades terrenas y la distinción entre comunidad eclesial y comunidad política y, precisamente por eso, aspira a servir al bien común.

Una Iglesia en camino en la historia de la humanidad

19. La Iglesia, presente en el mundo como signo de unidad para toda la familia humana, reconoce en los interrogantes y los desafíos de la época actual el ámbito en el cual ejercer su vocación a la escucha, al diálogo y al servicio, dejándose interpelar por todo lo que concierne a la existencia de los hombres y las mujeres de hoy. Este entrelazamiento de vida con los pueblos le hace comprender cada vez más que su misión tiene un alcance histórico e implica una responsabilidad respecto a la forma en que se tejen las relaciones sociales. Por ello no puede considerarse ajena a las dinámicas que configuran el rostro de la sociedad. Más bien, participa con compromiso en los caminos a través de los cuales la sociedad misma crece y se organiza, y ofrece su contribución al logro de una convivencia más justa y fraterna. El 教宗方济各 recordaba con fuerza esta dimensión histórica de la misión eclesial, señalando que «nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos». [9]

20. La llamada y el compromiso de caminar con la humanidad en lo concreto de la historia llevan a la Iglesia a reconocer que las realidades terrenas poseen una consistencia y un orden propio. El 第二次梵蒂冈大公会议 expresó con especial precisión este principio en la Constitución pastoral Gaudium et spes, cuyo 60° aniversario celebramos con grato recuerdo el pasado 7 de diciembre de 2025: «Si por autonomía de la realidad se quiere decir que las cosas creadas y la sociedad misma gozan de propias leyes y valores, […] es absolutamente legítima esta exigencia de autonomía». [10]Este énfasis pone de manifiesto que la creación lleva impresa una bondad originaria que la mirada humana debe custodiar, cultivar y hacer madurar. En este horizonte, la Iglesia se ofrece como una presencia que ayuda a leer en profundidad la realidad, sosteniendo con humilde firmeza aquellas decisiones que promueven la dignidad de cada persona, la cohesión de las comunidades y el bien de todos. Así, se sitúa a la par del mundo sin imponerse sobre él, para que en cada acontecimiento humano pueda germinar la promesa de justicia y paz que el Espíritu Santo sigue suscitando en el corazón de la humanidad.

21. Al reconocer que Dios acompaña la libertad de los seres humanos en el desarrollo de la historia, el 第二次梵蒂冈大公会议 afirmaba la distinción entre comunidad eclesial y comunidad política, subrayando que cada una de ellas debe actuar con la más plena autonomía. La presencia de la Iglesia en el mundo se expresa así también en su relación con la sociedad civil y con las instituciones públicas. Al dialogar con ellas, la Iglesia reconoce el valor de las realidades sociales y políticas y respeta su propia responsabilidad, apoyando todo lo que protege la vida de las personas y fortalece los cimientos del tejido social. No pretende asumir las funciones que competen al Estado; por el contrario, valora su servicio al bien común y reconoce con convicción la responsabilidad que las instituciones civiles ejercen en la sociedad. Al mismo tiempo, la misión que se le ha confiado la lleva a no permanecer distante de los sufrimientos concretos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Su cercanía no nace de la intención de suplir a las instituciones, ni mucho menos de una crítica implícita a su labor, sino de la caridad evangélica que la impulsa a acercarse a las heridas de la humanidad en los momentos en que estas se manifiestan con mayor gravedad. Cuando interviene, lo hace imitando al buen samaritano, con discreción y cercanía, consciente de que lo que surge de una necesidad inmediata no puede convertirse en norma, ni sustituir las responsabilidades institucionales propias de la comunidad civil.

22. A partir de este doble reconocimiento —la autonomía de las realidades terrenas y la distinción de competencias entre la comunidad eclesial y la política— se comprende mejor la orientación que el 第二次梵蒂冈大公会议 ha dado a la Iglesia en su relación con el mundo. Gaudium et spes recuerda que «es propio de todo el Pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los teólogos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la Palabra de Dios, a fin de que la Verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma más adecuada». [11] Escuchar los “diferentes lenguajes” no es una mera atención sociológica, sino que implica un discernimiento espiritual en el que, con la ayuda del Espíritu, el Pueblo de Dios reconoce en las transformaciones culturales y sociales tanto los signos de la presencia de Cristo, que viene y guía la historia hacia su plenitud, como aquellas desviaciones que oscurecen su rostro. Así, la Verdad revelada no se modifica en su núcleo esencial, sino que se explicita y se asume como criterio vivo para orientar elecciones concretas, inspirar caminos de conversión personal y comunitaria, promover reformas de las estructuras y apoyar nuevas formas de testimonio evangélico en la vida pública. La historia es, por tanto, uno de los lugares en los que la Iglesia se deja instruir por el Espíritu sobre el alcance humanizador del Evangelio y aprende a adaptar su enseñanza al servicio de la dignidad de cada persona y del bien de los pueblos.

La sabiduría de la Palabra y el diálogo con las ciencias humanas

23.La Iglesia considera compañeros de camino a todos aquellos que buscan sinceramente «la verdad, la bondad y la belleza», considerándolos «preciosos aliados» [12] en la defensa de la dignidad de cada persona y en la custodia de la creación. Asumiendo el estilo pastoral del 第二次梵蒂冈大公会议, que invita a escuchar, discernir e interpretar los signos de los tiempos, la Iglesia, iluminada por la sabiduría de la Palabra, no teme el encuentro con el saber humano. La Palabra de Dios ofrece criterios fiables para orientar los caminos de la justicia y abrir vías de reconciliación y paz entre los seres humanos. Cuando se trata de aplicar estos criterios a las complejas situaciones de nuestro tiempo, resulta esencial la contribución de la filosofía y de las ciencias humanas y sociales, que ayudan a comprender y analizar más a fondo las dinámicas culturales, económicas y políticas. 圣若望保禄二世 recordaba que la Iglesia acoge la aportación de las ciencias sociales «para sacar indicaciones concretas que le ayuden a desempeñar su misión de Magisterio». [13] El diálogo con esos conocimientos no resta fuerza al Evangelio; al contrario, permite identificar con mayor claridad lo que realmente promueve la vida de las personas y las comunidades. El 教宗方济各, en consonancia con esta perspectiva, subrayaba que, en muchas cuestiones específicas, la Iglesia no pretende ofrecer «una palabra definitiva», [14] pero reconoce la importancia de prestar atención a la investigación científica y de fomentar un diálogo serio y leal entre los académicos, aceptando la diversidad de opiniones.

24. Alimentada por este diálogo fecundo entre el Evangelio y los conocimientos humanos, la Iglesia ha profundizado progresivamente en su Doctrina social, madurando con el tiempo un patrimonio de sabiduría dotado de una coherencia teológica y antropológica arraigada en la visión cristiana de la persona. Precisamente porque nace de la fe y de su comprensión de la realidad, este patrimonio no se traduce en un repertorio de soluciones técnicas ni en un modelo económico o político que se oponga a otros: tiene una categoría propia, [15] la de los principios que orientan la lectura de los acontecimientos y sustentan una interpretación evangélica de los procesos históricos y de las decisiones que estos implican. De ahí surge la función propia de la Doctrina social, que no pretende sustituir las responsabilidades de la política y de las instituciones, sino que se ofrece como apoyo al discernimiento común, ayudando a reconocer y promover lo que contribuye a la dignidad de las personas, a la vitalidad de las comunidades y al bien de todos.

La Doctrina social como discernimiento comunitario

25. La comprensión de la verdad como un don que hay que compartir y no como una posesión que hay que reclamar, libera a la Iglesia de la tentación de añorar formas de presencia basadas en el poder. 圣若望保禄二世 invitaba a mirar con sinceridad hacia aquellos tiempos en los que se cedió a «métodos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio a la verdad», [16] para reencontrar el camino evangélico del anuncio apacible y de la verdad que no se impone. En la misma línea, he reiterado que la Iglesia «no quiere levantar la bandera de la posesión de la verdad», [17] porque la verdad no es un territorio que hay que defender, sino un bien que hay que compartir. Esta misma perspectiva la resumió el 教宗方济各 en sus famosas palabras, según las cuales «el tiempo es superior al espacio»: [18] lo importante no es, ante todo, ocupar puestos de poder o controlar bastiones culturales, sino iniciar procesos de bien y dejar que maduren; así, la verdad del Evangelio no se impone desde lo alto, sino que crece con el tiempo, en el entretejido concreto de las vidas, las comunidades y las culturas. Es una verdad que no teme a la diversidad, sino que la acoge y la ordena; que no elimina los conflictos, sino que los transfigura; que recompone lo que la historia tiende a dispersar. De ahí también la imagen del poliedro, una figura de muchas caras donde se refleja, desde diferentes ángulos, la misma verdad del Evangelio. [19]

26. Esta actitud de apertura a la verdad, única y a la vez multifacética, expresa en lo más profundo la catolicidad de la Iglesia, que abarca a toda la familia humana y, al mismo tiempo, vive inmersa en las condiciones concretas de los pueblos y las culturas. El 第二次梵蒂冈大公会议 recuerda que, precisamente en virtud de esta catolicidad, «cada una de las partes colabora con sus dones propios con las restantes partes y con toda la Iglesia», [20] y que, de este modo, tanto en su conjunto como en cada comunidad individual, crece gracias a un intercambio recíproco y a un esfuerzo mutuo hacia una comunión cada vez más plena. De ello se desprende que el Pueblo de Dios no sólo está compuesto por muchos pueblos, sino que en su interior está tejido de funciones, vocaciones, culturas y tradiciones diversas, llamadas a apoyarse y enriquecerse mutuamente. En esta perspectiva, san 保罗六世 reconocía que, dada la gran variedad de situaciones históricas, no es realista pensar que la Doctrina social pueda «pronunciar una palabra única», [21] una respuesta exclusiva y válida para todos los contextos; por eso invitaba a cada comunidad cristiana a leer con lucidez y responsabilidad la realidad de su propio país. La tensión fecunda entre la universalidad de la misión y el arraigo local forma parte íntima de la vida de la Iglesia: ella lleva en su aliento el horizonte del mundo entero, pero asume las preguntas de cada contexto como el lugar real en el que el Evangelio cobra vida.

27. A la luz de lo dicho hasta ahora, la Doctrina social de la Iglesia se muestra en su faceta más auténtica: no es un manual de principios y normas que hay que aplicar, sino un camino de discernimiento comunitario. Nace del encuentro entre la verdad eterna del Evangelio y las preguntas de la historia, se deja interpelar por los signos de los tiempos; se nutre de la contribución de las ciencias, las culturas y las experiencias humanas. Por eso, cuando la dignidad de los hermanos se ve desfigurada, cuando la política no responde a los dramas de la humanidad, cuando la economía se vuelve contra la persona o la ciencia traspasa los límites de su método, [22] la Iglesia —junto con las demás confesiones cristianas y los creyentes de otras religiones— debe hacer oír su voz no para dominar, sino para servir a la comunión. Entendida así, la Doctrina social se convierte en una teología de la comunión a; un lugar en el que la Palabra, hecha carne, sigue convirtiéndose en diálogo, memoria y profecía.

El desarrollo del Magisterio social desde León XIII hasta hoy

28. Tras haber recordado la forma en que la Iglesia se sitúa en la historia y entabla diálogo con el mundo, deseo ahora detenerme en el desarrollo de la Doctrina social en el Magisterio, que, desde el siglo XIX hasta nuestros días, ha acompañado las grandes transformaciones sociales. Evidentemente, no podré dar cuenta de toda la riqueza de esta enseñanza, cuyos principios fundamentales se presentan en el Compendio de la doctrina social de la Iglesia y se profundizan aún más en el Magisterio reciente. Tampoco podré retomar de manera sistemática lo que se ha elaborado en las Encíclicas de mis últimos venerados Predecesores, en particular en Laudato si'’ 并且 Fratelli tutti. Sin embargo, quiero recordar algunas líneas esenciales, para mostrar que lo que escribo se coloca en continuidad con esta tradición y, al mismo tiempo, para destacar cómo en ella el núcleo estable de las verdades reveladas sobre la persona y la convivencia humana se entrelaza con una capacidad siempre renovada de escuchar las situaciones históricas y de dejarse interpelar por las preguntas que surgen del presente. Recorreré, por tanto, algunas etapas decisivas de este desarrollo, comenzando por la etapa inaugurada por la Encíclica Rerum novarum.

Los primeros pasos de la Doctrina social de la Iglesia

29. Lo que hoy llamamos “Doctrina social de la Iglesia” no surge de improviso en la era contemporánea, sino que recoge y organiza una larga tradición de reflexión eclesial sobre la vida social, que hunde sus raíces en la Sagrada Escritura, en los Padres de la Iglesia y en las elaboraciones teológicas y jurídicas de la Edad Media y la Edad Moderna. La expresión “Doctrina social de la Iglesia” fue empleada por primera vez por 庇护十二世 en 1950, [23] pero el contenido que encierra, entendido como un corpus orgánico de enseñanzas sociales, comenzó a perfilarse con la Encíclica Rerum novarum 的 León XIII. Ante los “nuevos asuntos” de su tiempo —el conflicto entre el capital y el trabajo, la cuestión obrera, las transformaciones económicas y sociales—, León XIII no se limitó a constatar el malestar, sino que asumió esas situaciones como ámbito de la misión pastoral de la Iglesia, las sometió a un discernimiento riguroso e iluminó sus causas y las posibles vías de salida a la luz del Evangelio y de una visión integral de la persona, creada a imagen de Dios. 圣若望保禄二世 vio en esta forma de proceder un «paradigma permanente» [24] de la Doctrina social: una praxis ejemplar mediante la cual la Iglesia, ante tóricas, ejerce su derecho y deber de examinar las realidades sociales, pronunciarse sobre ellas e indicar caminos hacia una solución justa. De este modo, los contenidos perennes de la fe y de la antigua sabiduría eclesial se articulan en una doctrina viva que, permaneciendo fiel al Evangelio, crece en el diálogo con los “nuevos asuntos” de cada época.

30. La Encíclica Rerum novarum 的 León XIII constituye un hito en la evolución del Magisterio social. El documento sitúa en el centro de su reflexión la dignidad del trabajo y del trabajador, afirma el derecho a un salario justo para uno mismo y para la propia familia, reconoce en las personas un valor esencial que prevalece sobre el capital y el beneficio, defiende la propiedad privada junto con su indispensable función social, aprecia las asociaciones de trabajadores y propone formas de colaboración entre los diversos componentes de la sociedad como alternativa a la lógica de la “lucha de clases”. No sorprende, por tanto, que Pío XI la haya definido como la « Magna Charta» [25] de la acción social de los cristianos: en Rerum novarum, la sabiduría ancestral de la Iglesia sobre la persona y la vida en sociedad adquiere una nueva forma, capaz de enfrentarse a la era industrial y de ofrecer el primer gran marco sistemático de esa Doctrina social que las décadas siguientes desarrollarían aún más. Aunque muchas de las condiciones históricas descritas por León XIII han cambiado, al menos dos de sus principios siguen siendo de gran actualidad: la primacía del trabajo humano sobre cualquier lógica puramente productiva o financiera, con la consiguiente atención a las personas y a las familias más expuestas a la explotación, y el vínculo indisoluble entre el anuncio evangélico y la búsqueda de un orden social más justo. Así, Rerum novarum sigue recordándonos que no hay auténtica evangelización que no toque también las estructuras de la convivencia humana.

31. La Encíclica Quadragesimo anno 的 Pío XI, publicada en 1931 con motivo del 40° aniversario de Rerum novarum y en pleno apogeo de la gran crisis económica mundial, da un paso más en el desarrollo del Magisterio social. No se limita a retomar la “cuestión obrera”, sino que amplía su mirada a la configuración general del orden económico y político. Denuncia la concentración del poder económico en manos de unos pocos; critica tanto la competencia sin límites como aquellos proyectos colectivistas que anulan la libertad y la responsabilidad de las personas; recuerda con fuerza el derecho de asociación de los trabajadores y reitera la exigencia de que el salario sea proporcional no sólo al rendimiento, sino a las necesidades del trabajador y de su familia. En este marco, formula de manera sistemática el principio de subsidiariedad, destinado a convertirse en uno de los referentes fijos de la Doctrina social, según el cual lo que puede ser realizado por las personas, las familias, los organismos intermedios y las comunidades locales no debe ser absorbido por instancias superiores. Junto a estas contribuciones, Pío XI recuerda con claridad la función social de la propiedad y, con diversas intervenciones de su Magisterio —desde las Encíclicas Non abbiamo bisogno y Mit brennender Sorge hasta la Divini Redemptoris—, denuncia los totalitarismos que atropellan la dignidad de la persona, sofocan la vida social, exaltan al Estado por encima de su justo valor y adoptan la categoría discriminatoria de la raza. Para nuestra época siguen siendo particularmente actuales al menos tres intuiciones de su enseñanza social: la conciencia de que las injusticias no se refieren sólo a los comportamientos individuales, sino también a las estructuras económicas e institucionales; el valor del principio de subsidiariedad, que invita a fortalecer el tejido asociativo y comunitario, evitando nuevas concentraciones de poder; y el vínculo entre la dignidad del trabajo, la justa remuneración y la posibilidad real para las familias de llevar una vida humana digna.

32. En el contexto dramático de la Segunda Guerra Mundial y de los años de la reconstrucción, el Magisterio de 庇护十二世 ofrece una contribución significativa al desarrollo de la Doctrina social, sobre todo a través de los Mensajes radiofónicos navideños, en los que esboza las líneas generales de un orden internacional basado en el reconocimiento de la dignidad humana, la justicia y la paz. En esas ocasiones, el Papa propone un diálogo con la sociedad a partir de una exigente referencia al derecho natural, entendido como un conjunto de principios objetivos que preceden a los intereses de los individuos y de los estados y que deben regular la vida interna de las naciones y sus relaciones recíprocas. 庇护十二世 atribuye además un papel decisivo a las asociaciones profesionales, a las uniones de trabajadores y a los diversos cuerpos intermedios de la vida económica y social, reconociendo en estas formas organizadas de la sociedad un baluarte esencial para el equilibrio civil y para la tutela del bien común. Él sostiene la necesidad de un estado de derecho sólido para prevenir los abusos de poder y reconoce en la democracia un instrumento adecuado para favorecer el ejercicio correcto de la autoridad. Al mismo tiempo, advierte contra toda pretensión de fundar el derecho en el interés o en la fuerza, recordando que un orden internacional regulado por el beneficio de los más fuertes expone a los pueblos más débiles a la opresión y socava de raíz la confianza entre las naciones. Por último, identifica en los profundos desequilibrios económicos entre los países uno de los factores que alimentan los conflictos. [26] En nuestra época, marcada por nuevas formas de poder global y por desigualdades crecientes, siguen siendo especialmente significativos tres principios: la exigencia de que el derecho prevalezca sobre el interés, la conciencia de que las disparidades económicas son terreno fértil para las tensiones y la violencia, y el valor de un tejido asociativo capaz de mediar entre el individuo y el Estado. Estos siguen ofreciendo a la Doctrina social criterios importantes para interpretar las dinámicas de la globalización y para promover un orden internacional más justo y pacífico.

Los años del Concilio Vaticano II

33. Con san Juan XXIII se abre una nueva etapa del Magisterio social, marcada por una atención más explícita a la dimensión mundial de las cuestiones sociales y al lenguaje de los derechos. En Mater et magistra presenta la fe cristiana como una luz capaz de unir el cielo y la tierra, recordando que la Iglesia, aunque tiene como misión principal la santificación y el anuncio de los bienes eternos, no por ello descuida las necesidades concretas de la vida cotidiana de las personas, sino que se interesa por todo auténtico bien humano. [27]  Partiendo de esta visión unitaria del ser humano, subraya que la vida social exige un equilibrio entre la iniciativa de los ciudadanos y de los grupos, llamados a autoorganizarse y colaborar, y la acción del Estado, que debe coordinar y sostener sin sofocar la libertad y la responsabilidad de los sujetos; por ello, presta atención a la justa remuneración del trabajo, a la participación de los trabajadores y a las crecientes disparidades entre los países. Pocos años después, con Pacem in terris, dirigiéndose por primera vez no sólo a los fieles sino a todos los hombres de buena voluntad, san Juan XXIII vincula de manera orgánica la dignidad de la persona con el reconocimiento de los derechos y deberes fundamentales y propone un orden de convivencia —también en el plano internacional— fundado en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. [28] En nuestra época, marcada por conflictos generalizados y nuevas formas de interdependencia global, siguen siendo especialmente significativos el alcance universal de su llamamiento, la referencia a los derechos humanos como lengua común y la convicción de que una paz duradera requiere instituciones y relaciones entre los pueblos inspiradas en la dignidad de cada persona.

34. El 第二次梵蒂冈大公会议 marcó un punto de inflexión en la forma en que la Iglesia se entiende a sí misma en el mundo contemporáneo. En la Constitución pastoral Gaudium et spes nos presentó la imagen de una Iglesia cercana a la humanidad, comprometida con el mundo y dedicada a reflexionar no a partir de esquemas abstractos, sino de la realidad concreta de las situaciones históricas. El texto aborda las grandes cuestiones del matrimonio y la familia, de la vida económica y social, de la comunidad política, de la guerra y la paz, insistiendo en que las estructuras económicas e institucionales son justas sólo en la medida en que sirven al desarrollo integral de la persona y favorecen la participación responsable de todos. [29] La importancia de este documento conciliar para la Doctrina social de la Iglesia radica no sólo en haber abierto perspectivas de reflexión temática, sino también en haber proporcionado un método de discernimiento que invita a interpretar las transformaciones históricas con una mirada evangélica y competencia humana. Este estilo muestra que el diálogo con el mundo no es para la Iglesia una opción táctica, sino una forma concreta de su misión, porque el Evangelio, como levadura, puede transformar desde dentro las estructuras de la convivencia y abrir caminos hacia una mayor humanidad. En este horizonte se inscribe también la Declaración 人类尊严, en la que el Concilio reconoce que la libertad religiosa es un derecho fundamental arraigado en la dignidad de la persona, que debe ser garantizado por el ordenamiento jurídico para que nadie sea obligado a actuar en contra de su conciencia ni impedido de buscar y profesar la verdad en privado y en público. [30] Este principio, de gran relevancia para nuestro tiempo, sigue ofreciendo a la Doctrina social criterios decisivos para la protección de la persona y para la construcción de sociedades pluralistas y pacíficas.

35. En el Pontificado de san 保罗六世 surge una concepción de la paz que no se reduce a la ausencia de guerra, sino que se concreta en el camino hacia un desarrollo humano integral. En Populorum progressio, describe el desarrollo como el paso de condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas y lo entiende como un proceso que atañe a «todos los hombres y a todo el hombre», [31] es decir, a todas las dimensiones de la persona y a todos los pueblos, sin excepción. Sobre esta base, 保罗六世 puede afirmar que un desarrollo así concebido es, en realidad, «el nuevo nombre de la paz», [32] porque tiene como objetivo eliminar las raíces de la injusticia y el conflicto y abrir espacios para una vida más digna para todos. También la creación de la Pontificia Comisión Iustitia et Pax debe interpretarse en este sentido, como un intento de dar una forma estable, a nivel eclesial e internacional, a esta intuición, manteniendo viva la conciencia sobre la brecha creciente entre países ricos y países pobres y sobre la necesidad de políticas que promuevan condiciones de vida realmente más humanas para todos.

36. Con la Octogesima adveniens, escrita con motivo del 80° aniversario de la Rerum novarum, 保罗六世 traslada esta perspectiva a la sociedad postindustrial, marcada por transformaciones urbanas, nuevas formas de pobreza, cambios en el mundo laboral y rápidos cambios culturales que ponen en tela de juicio el futuro de las personas y las comunidades. Para 保罗六世, el Evangelio, a pesar de haber sido anunciado, escrito y vivido en un contexto histórico-cultural muy diferente al nuestro, no se trata de un mensaje “superado”, sino de una visión de la persona humana, de las relaciones, de la autoridad y del bien común capaz de orientar también hoy las decisiones económicas, políticas y culturales. [33] En otras palabras, el Evangelio sigue siendo actual porque proporciona los criterios para reconocer lo que humaniza o deshumaniza, lo que libera u oprime, en situaciones siempre nuevas. Para la Doctrina social de la Iglesia, el legado más exigente de 保罗六世 es precisamente este: mientras en el mundo haya pueblos excluidos de un desarrollo digno del ser humano, la comunidad cristiana no podrá contentarse con proclamar la paz en abstracto, sino que deberá dejar que el Evangelio juzgue, a partir de quienes quedan al margen, aquellas estructuras económicas y políticas que, como recordaría Juan Pablo II, pueden convertirse en auténticas «estructuras de pecado», [34] para que ninguna persona ni ningún pueblo sea tratado como prescindible en los procesos de desarrollo.

El Magisterio reciente

37. El fecundo Magisterio social de 圣若望保禄二世 se sitúa en la encrucijada entre la crisis de los grandes sistemas ideológicos del siglo XX y el inicio de la globalización económica. En la Encíclica Laborem exercens, escrita noventa años después de la publicación de Rerum novarum, se abre una nueva vía de reflexión sobre el trabajo. El salario justo se presenta en ella como una prueba concreta de la equidad de todo el sistema socioeconómico, ya que muestra si al trabajador se le trata como persona o como un simple costo de producción. [35] El trabajo no es considerado sólo un problema que hay que gestionar o un medio para obtener ingresos, sino un bien fundamental para la persona, principio de la actividad económica y clave de toda la cuestión social. En él, el ser humano pone en juego su libertad, su creatividad y su capacidad de cooperar, contribuyendo a la elevación cultural y moral de la sociedad. [36] En vista de ello, las diversas formas de precariedad, la fragmentación de las trayectorias profesionales y la automatización no pueden evaluarse únicamente en términos de eficiencia, sino partiendo de la dignidad del trabajador, del derecho a una remuneración suficiente y de la posibilidad efectiva de participar en la vida social.

38. En el 20º aniversario de la Populorum progressio, con la Encíclica Sollicitudo rei socialis, Juan Pablo II vuelve a abordar la lacra del subdesarrollo y reconoce el fracaso de muchos intentos por reducir el retraso económico de los pueblos pobres y acompañar su industrialización, constatando la persistencia y, en ocasiones, la ampliación de la brecha entre el Norte y el Sur del mundo. [37] Denuncia, además, los mecanismos económicos, financieros y comerciales que, gestionados por los países más fuertes, favorecen estructuralmente sus intereses y asfixian a las economías más débiles, y pide que sean sometidos también a un juicio ético riguroso, y no sólo técnico. [38] En este contexto, la solidaridad se entiende como una corresponsabilidad concreta entre personas, pueblos y naciones, una forma de amistad social o caridad política orientada hacia la “civilización del amor” invocada por 保罗六世. [39]

39. En el centenario de Rerum novarum, la Encíclica Centesimus annus ofrece, por último, una reflexión sobre el colapso del sistema soviético y el afianzamiento de la democracia y la economía de mercado. San Juan Pablo II retoma el mensaje de 庇护十二世 según el cual la Iglesia puede valorar la democracia en la medida en que garantiza la participación efectiva de los ciudadanos, permite elegir y sustituir pacíficamente a los gobernantes e impide que el poder sea monopolizado por élites reducidas movidas por intereses particulares o ideológicos. [40] Del mismo modo, reconoce el potencial positivo del mercado y de la iniciativa privada sólo si se mantienen subordinados a la ley moral y guiados por el principio de solidaridad, sin sacrificar a los más débiles en aras de la lógica del lucro. [41] Para la Doctrina social de la Iglesia esto supone un legado de especial actualidad: la afirmación del vínculo entre la dignidad del trabajo, la solidaridad entre los pueblos y la evaluación crítica de la democracia y la economía de mercado sigue ofreciendo criterios para juzgar las nuevas formas de explotación, exclusión y crisis de la representación política.

40. El Papa 本笃十六世, en su Encíclica social 真理中的爱, quiso retomar y profundizar en el concepto de desarrollo presentado en Populorum progressio, reinterpretándolo en el contexto de la globalización. Recuerda que dicho desarrollo debería traducirse en «un crecimiento real, extensible a todos y concretamente sostenible», [42] es decir, en un progreso económico verdaderamente inclusivo y respetuoso con los límites de la creación. Constata, sin embargo, que en los países ricos surgen nuevas categorías de pobres y se multiplican formas inéditas de exclusión, mientras que en las regiones más pobres pequeños grupos viven en un bienestar consumista que convive con situaciones de miseria deshumanizante. [43] Observa, además, que el nuevo sistema económico-financiero mundial, caracterizado por una gran movilidad de los capitales y los medios de producción, ha reducido el poder político de los estados y su capacidad para orientar los procesos económicos. [44] Por eso reitera que la actividad económica no puede pretender resolver los problemas sociales simplemente ampliando la lógica del mercado, sino que debe estar orientada al bien común, respecto al cual la comunidad política tiene una responsabilidad propia e insustituible. [45]

41. En el centro de esta reinterpretación, 本笃十六世 sitúa la caridad, afirmando que esta «es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia», [46] siempre que vaya unida a la verdad; y observa con preocupación que, precisamente en los ámbitos social, jurídico, político y económico, se tiende a declarar su irrelevancia moral. La novedad de su aportación radica en mostrar que el desarrollo, la justicia, las instituciones y el mercado no son realidades neutras, sino espacios en los que la caridad en la verdad debe tomar forma histórica. En la actualidad ―marcada por crecientes desigualdades, la presión de los mercados financieros, la crisis medioambiental y la desconfianza en la política―, esta enseñanza sigue vigente porque exige juzgar cada modelo de desarrollo por su capacidad de ser inclusivo y sostenible, recomponer la relación entre economía y política en torno al bien común y reconocer a la caridad un papel crítico y generativo en la vida pública.

42. El Magisterio social del 教宗方济各 se desarrolla en la línea de Gaudium et spes, que invita a contemplar la historia partiendo de las heridas y las esperanzas de las personas y a ponerlas en diálogo con el Evangelio. Esta orientación se pone de manifiesto con especial claridad en 福音的喜乐, donde se afirma que el anuncio cristiano tiene una dimensión social intrínseca y hace referencia a una Iglesia capaz de escuchar el clamor de los pobres, de los migrantes y de las víctimas de las nuevas formas de esclavitud. En esta perspectiva se inscribe también la insistencia de 弗朗西斯 en una Iglesia sinodal, una Iglesia en la que se “camina juntos”, que busca leer los signos de los tiempos a la luz del Evangelio y se deja evangelizar por los pobres con quienes comparte la historia. [47]

43. En Laudato si'’, 弗朗西斯 ofrece el primer gran análisis sistemático de la crisis medioambiental en una Encíclica social, demostrando que no se trata de una cuestión sectorial, sino del aspecto ecológico de la crisis socioeconómica contemporánea. Su propuesta de «ecología integral» aúna el cuidado de la Casa común y la opción preferencial por los pobres, y afirma con determinación que «tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres» [48] no pueden separarse. En este sentido, vuelven a cobrar protagonismo el destino universal de los bienes, la crítica a un paradigma tecnocrático que pretende reducirlo todo a un objeto de dominio, la defensa del trabajo humano amenazado por la lógica del descarte, la exigencia de una justicia intergeneracional y el llamamiento a un diálogo auténtico entre política y economía, para que ninguna de las dos se encierre en su propia autorreferencialidad.

44. Ante la desintegración del tejido social, la “guerra mundial a pedazos”, la globalización individualista y las consecuencias de la pandemia sobre los lazos comunitarios, 弗朗西斯 relanza en Fratelli tutti el sueño de una humanidad capaz de optar por la amistad social y la fraternidad universal. Propone la cultura del encuentro, una “mejor política” capaz de buscar el bien común, caminos de reconciliación y un mundo que garantice «tierra, techo y trabajo para todos». [49] 和 Dilexit nos, por último, muestra que estos grandes compromisos sociales no pueden separarse de la relación personal con Cristo: al volver a la Palabra de Dios, recuerda que la respuesta más auténtica al amor del Corazón de Jesús es el amor concreto hacia los hermanos y afirma que «no hay mayor gesto que podamos ofrecerle para devolver amor por amor». [50]

Una lectura de la historia a la luz de la fe

45. Al contemplar este recorrido en su conjunto, se comprende que la Doctrina social de la Iglesia no es fruto de un proyecto elaborado en un escritorio, sino el resultado de un proceso paciente, en el que cada Pontífice —junto con el 第二次梵蒂冈大公会议— ha aportado una contribución original a la luz de los “nuevos asuntos” de su tiempo. Cada uno, asumiendo los retos de su época e interpretando los cambios históricos a la luz del Evangelio, ha puesto de relieve diferentes aspectos de un patrimonio único: la dignidad de la persona, el valor del trabajo, el destino universal de los bienes, la solidaridad y la subsidiariedad, el cuidado de la creación, la centralidad de la paz y la fraternidad. El resultado es un desarrollo armonioso, aunque no siempre lineal, marcado por diferentes acentos, por profundizaciones progresivas y, a veces, por cambios de perspectiva que no rompen con lo anterior, sino que hacen madurar sus implicaciones. Si hoy podemos hablar de un corpus de principios y criterios compartidos, es porque esta lectura de la historia a la luz de la fe nunca se ha interrumpido y ha sabido dejarse interpelar por las preguntas de cada generación. Es a este núcleo fundamental —los grandes principios de la Doctrina social que orientan el discernimiento de los creyentes en la vida personal y pública— al que deseo ahora dirigir la atención, para captar mejor su coherencia interna y su fuerza generadora para nuestro tiempo.

CAPÍTULO SEGUNDO

FUNDAMENTOS Y PRINCIPIOS DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

46. La Doctrina social de la Iglesia es una realidad viva, en diálogo con la historia, las culturas y las ciencias y, al mismo tiempo, conserva un núcleo de verdad que no declina. Por eso puede ser considerada una forma de sabiduría capaz de orientar todavía hoy la vida personal y social de los creyentes. En este segundo capítulo quisiera detenerme en algunos fundamentos y principios de la Doctrina social que ayudan a leer los “nuevos asuntos” de nuestro tiempo a la luz de la dignidad fundamental de la persona humana. Pienso que actualmente, para custodiar a la persona humana en el tiempo de la IA, debemos volver a reflexionar sobre el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad y la justicia social. Estoy convencido de que la relación armoniosa entre estos principios requiere que sean analizados conjuntamente, para que se evidencie con claridad cómo se reclaman y se iluminan mutuamente.

47. Al proponer estas reflexiones deseo, sobre todo, ayudar a los fieles laicos y a todas las mujeres y los hombres de buena voluntad a redescubrir la propia tarea de hacer presente en lo cotidiano —en las relaciones familiares, en el trabajo y en la participación social— los principios que voy a señalar, dejándose animar por el propósito de encarnar el amor de Dios en la trama concreta de la historia. Al mismo tiempo, quisiera alentar a las academias y a las universidades a revitalizar tales principios, reconsiderándolos de forma que se adapten a los tiempos actuales y sean eficaces para afrontar la revolución digital. De este modo, la investigación teológica y filosófica podrá profundizar y sostener el camino pastoral de la Iglesia, contribuyendo a la tarea del Magisterio de iluminar la conciencia de los creyentes y orientar su compromiso para hacer más justa y fraterna la vida de nuestras sociedades. 

Los fundamentos de la Doctrina social

El ser humano, imagen del Dios trinitario

48. La Doctrina social de la Iglesia nos conduce al corazón mismo de nuestra fe: el misterio del Dios viviente, revelado en Jesucristo como comunión de personas; Padre, Hijo y Espíritu Santo: amor en relación, que se da recíprocamente y se comunica al mundo. [51] Como recuerda el 理事会, el ser humano está llamado a la comunión con Dios y «no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo»; [52] su vocación más profunda es la de entrar en el movimiento trinitario del amor recibido y compartido.

49. Si el misterio de Dios-Amor es la fuente de la Doctrina social, su rostro más concreto lo contemplamos en Jesucristo, Verbo encarnado. Haciéndose hombre, el Hijo de Dios entra en la historia y en nuestra carne, trayéndonos el amor que lo une al Padre y al Espíritu Santo. «El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado», [53] porque su humanidad es plenamente libre, abierta a los demás, capaz de construir relaciones solidarias y preciosas, y entregada al don total de sí. Quien cree en Él está involucrado en la gran obra de renovación inaugurada por el misterio de su pasión, muerte y resurrección, y coopera en la edificación del Reino de Dios, aprendiendo a acoger a toda mujer como hermana y a todo hombre como hermano, hijos de un mismo Padre. Así, tanto el anuncio como la experiencia cristiana, guiados por la acción del Espíritu Santo, tienden a generar en el mundo consecuencias sociales. [54]

50. En el centro de la visión cristiana del ser humano está la gran afirmación según la cual el hombre y la mujer son creados “a imagen y semejanza” (cf. 格恩 1,26-27) del Dios trinitario. Cada persona, hecha constitutivamente para la relación, es pensada y querida por Dios para entrar en una historia de comunión con Él, con los demás y con la creación. Su dignidad no depende de las capacidades que posee, de las riquezas o del rol que desempeña, ni de las decisiones justas o equivocadas que toma, sino que es un don que la precede y la excede, dado por Dios como expresión de su amor que nunca falla. Por eso, la persona humana permanece siempre como «el camino primero y fundamental de la Iglesia» [55] y el corazón de toda auténtica vía de desarrollo humano integral. [56]

La igual dignidad de todos los seres humanos

51. 圣若望保禄二世 afirmaba que «el sentido más profundo de la dignidad de la persona humana y de su unicidad, así como del respeto debido al camino de la conciencia, es ciertamente una adquisición positiva de la cultura moderna». [57] Esta afirmación sigue las huellas ya trazadas por el 第二次梵蒂冈大公会议, que había constatado un crecimiento en la conciencia de la excelsa dignidad de toda persona, de su valor superior a las cosas y de sus derechos y deberes universales e inviolables. [58] Es importante vigilar para que este crecimiento en la conciencia de la dignidad humana no sea ofuscado bajo la presión de nuevas ideologías o de determinados intereses de gran poder en el mundo de hoy. Entre estas ideologías considero particularmente insidiosa la que sugiere que toda persona deba ganarse o justificar su propio valor, hasta el punto de atribuir mayor valía a quienes son más eficientes y productivos. En semejante perspectiva, la persona termina reduciéndose a un medio para obtener resultados, a un recurso para ser usado y explotado, y no es reconocida como fin en sí misma, jamás instrumentalizable. Pero el valor de la persona no depende de lo que realiza o produce; existen derechos que corresponden a todos por el mero hecho de ser personas. Ningún poder humano puede legítimamente negarlos o limitarlos arbitrariamente. [59]

52. Cuando hablamos de dignidad no siempre usamos la palabra de la misma manera; en ocasiones nos referimos a la dignidad moral, es decir, al modo en el que la persona orienta sus propias decisiones y su propio obrar; otras veces pensamos en la dignidad social, es decir, en las condiciones de vida de la persona y en el respeto concreto que le es reconocido por la sociedad; en otros casos indicamos la dignidad existencial, que alude al modo en el que una persona percibe el valor de sí y de su propia vida. Estas dimensiones de la dignidad pueden crecer o disminuir. Pero más allá de estos significados hay un nivel más profundo, el más importante, que consiste en la dignidad ontológica. Es la dignidad que pertenece a todo ser humano simplemente por el hecho de existir, de haber sido querido, creado y amado por Dios; [60] ningún pecado, ningún fracaso, ninguna humillación, ninguna exclusión puede afectar el valor profundo de una vida humana que Él ha querido y llamado al ser. [61]

53. Por lo tanto, la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada. La reciente Declaración 无限的尊严 ha ofrecido una síntesis de las convicciones de la Iglesia sobre este tema: «Una dignidad infinita, que se fundamenta inalienablemente en su propio ser, le corresponde a cada persona humana, más allá de toda circunstancia y en cualquier estado o situación en que se encuentre», [62] es decir, siempre e ineludiblemente. Esta dignidad de todo ser humano puede definirse infinita, como dijo 圣若望保禄二世, [63] por dos razones: porque es infinito el amor de Dios que lo llama a la amistad con Él, y porque es absolutamente incondicionada, en el sentido de que, aun buscando hasta el infinito, nunca se encontrará nada que pueda suprimirla o negarla.

El altísimo valor de los derechos humanos

54. La Iglesia reconoce con gratitud que «el movimiento hacia la identificación y la proclamación de los derechos del hombre es uno de los esfuerzos más relevantes para responder eficazmente a las exigencias imprescindibles de la dignidad humana». [64]Y, como afirmó 圣若望保禄二世, , 这 Declaración Universal de los Derechos del Hombre, proclamada por las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, continúa siendo en nuestros días una de las más altas expresiones de la conciencia humana. [65]Esta es «unapiedra miliar en el camino del progreso moral de la humanidad». [66]Por eso, en la perspectiva cristiana, los derechos humanos no son un añadido externo a la persona, sino una traducción histórica de su dignidad intrínseca, que la comunidad internacional está llamada a tutelar y promover.

55. Los derechos humanos son inviolables, porque son «inherentes a la persona humana y a su dignidad». [67]En consecuencia, son universales e inalienables. [68] Precisamente porque están fundados en la común dignidad de todo hombre y de toda mujer, estos derechos comportan consecuencias prácticas y efectos jurídicos, porque «sería vano proclamar derechos, si al mismo tiempo no se pone en práctica todo lo necesario para asegurar el deber de respetarlos, por todos, en todas partes y para todos». [69]Entre estos, el primer derecho humano es el derecho a la vida, desde la concepción hasta su fin natural, [70]sin el cual es imposible ejercitar cualquier otro derecho. Cuando este derecho fundamental es negado —como sucede con el aborto provocado, el asesinato de inocentes y la eutanasia— nos encontramos frente a decisiones que la Iglesia juzga gravemente ilícitas. [71]

56. Al observar nuestro tiempo, no podemos ignorar que la tutela de los derechos humanos hoy está expuesta a dos riesgos particularmente graves. El primero es el de una declaración puramente formal, mientras que, junto con el progreso tecnológico, avanzan de manera disimulada o evidente violaciones de la dignidad humana. El segundo, que en realidad está en la base del primero, es el de no poder reconocer el fundamento de su universalidad, porque se ha renunciado a la «búsqueda de los fundamentos más sólidos que están detrás de nuestras opciones y también de nuestras leyes». [72]他 教宗方济各 invitaba a no subestimar este último problema. Recordaba que, cuando la razón se deja interrogar seriamente sobre la naturaleza humana, es capaz de descubrir valores aplicables a todos, porque derivan de ella. Si este trabajo de búsqueda fuera abandonado, podría suceder que derechos hoy considerados intocables, en el futuro terminaran siendo cuestionados o negados por quienes ostentan el poder, quizá después de haber obtenido un consenso sólo aparente por parte de poblaciones aterrorizadas o manipuladas. [73]

57. Junto a una mayor conciencia del valor de toda persona humana y de sus derechos, ha crecido también el reconocimiento de los derechos de las minorías. Sin embargo, todavía hay mucho camino por recorrer para que los derechos de una gran parte, por ejemplo, los de las mujeres, estén realmente garantizados en todo el mundo. Es una realidad que «doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos». [74]Por lo tanto, no es suficiente afirmar con palabras que hombres y mujeres tienen la misma dignidad y los mismos derechos; es necesario que esto se traduzca en decisiones concretas, en las leyes, en el acceso al trabajo, a la instrucción, a las responsabilidades sociales y políticas, en el modo en el que la sociedad escucha y valora el aporte de las mujeres. Mientras exista esta disparidad, no podremos decir que la sociedad reconoce realmente y en profundidad que las mujeres tienen la misma dignidad que los hombres.

58. Son las personas concretas las que cuentan, cada una de ellas y sus familias. Los movimientos sociales, las grandes proclamas políticas en favor del pueblo y las ideologías comunitarias no sirven para nada si no están orientadas a la promoción de las personas —hombres y mujeres— con sus derechos inalienables. Del mismo modo, no basta con exaltar la libertad individual o la iniciativa privada, si después se acepta que una multitud de personas siga viviendo sin un trabajo digno, sin tutelas y sin acceso a los bienes fundamentales.

Los principios de la Doctrina social

El principio del bien común

59. Reconocer que toda mujer y todo hombre poseen una dignidad inalienable y derechos que ningún poder humano puede perjudicar o eliminar requiere configurar el modo en el que vivimos juntos, nuestras decisiones económicas y políticas, el rostro concreto de nuestras ciudades. De aquí nace el primer gran principio de la Doctrina social al que deseo referirme: el bien común. Podemos describirlo como la forma social de la dignidad que se reconoce a cada uno. Cuando 本笃十六世 hizo alusión a los valores no negociables que la Iglesia siempre debe defender, incluyó entre estos «la promoción del bien común». [75]Para un cristiano, en efecto, salir del pequeño mundo de sus propios intereses y comprometerse por el bien común —en los límites de sus propias posibilidades— es un valor no negociable, como lo es la promoción de la vida.

60. El 第二次梵蒂冈大公会议 ha afirmado que el bien común consiste en «el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección». [76] Esta definición nos ofrece una primera orientación valiosa, porque el bien común no se puede reducir a un simple listado de condiciones o de instituciones. No coincide con la suma de méritos de los individuos, ni con la unión de sus intereses particulares; es un bien mayor, que pertenece a todos, y que sólo juntos podemos construir, acrecentar y custodiar. Podemos decir que la acción social alcanza su plenitud cuando tiende a este bien compartido, así como la acción moral de la persona encuentra cumplimiento en la elección del verdadero bien. [77]

61. En este sentido, podemos afirmar que «el todo es más que las partes» [78] y que precisamente por eso «la mera suma de los intereses individuales no es capaz de generar un mundo mejor para toda la humanidad». [79] Es una ilusión pensar que sea suficiente con buscar el propio progreso para contribuir al bien de todos, sin tener que preocuparse realmente de los demás. Esta visión ignora el valor propio y específico del bien común; este es fruto de la «interdependencia» [80] que provoca una red de bien social que se difunde e incide en las personas. El bien común es un plus, resultado de la interacción y de la influencia recíproca que une diferentes acciones, iniciativas, esfuerzos y decisiones. Si se sumaran simplemente los bienes individuales, no se podría explicar la existencia de este plus que los supera y al mismo tiempo los enriquece.

62. La búsqueda del bien común es lo que da vida a un pueblo, entendido no como una mera suma de individuos, sino como una realidad viva donde las personas aprenden a reconocerse vinculadas las unas a las otras y corresponsables de la res publica. En este sentido, cada persona contribuye a construir su propio pueblo con «un trabajo lento y arduo que exige querer integrarse y aprender a hacerlo hasta desarrollar una cultura del encuentro en una pluriforme armonía». [81] Trabajar juntos en pos del bien de todos significa tener un proyecto compartido. Es evidente que entre las diversas personas hay muchas diferencias ideológicas y pragmáticas, hay variedad de intereses y frecuentes contrastes, pero eso no significa que sea imposible un proceso de diálogo para configurar una base de consenso que permita constituir un proyecto para todos y caminar juntos.

63. Corresponde al Estado garantizar la cohesión, la unidad y una justa organización de la sociedad civil, para que el bien común realmente pueda ser procurado con la contribución de todos. Esto significa, en concreto, que el poder público tiene la delicada tarea de «armonizar con justicia» [82]los diversos intereses en juego, buscando el equilibrio entre bienes particulares y bienes de conjunto, sin dejar atrás a los más débiles. Cuando la política renuncia a una visión a largo plazo y se reduce a cálculos de corto plazo o a polarizaciones estériles, los discursos sobre el bien común pierden credibilidad, y al mismo tiempo crecen las desigualdades y las fracturas sociales.

64. Esto vale también para la política internacional. Mientras las distancias entre los pueblos aumentan, se abren camino lógicas de confrontación y de agresividad, y el difícil recorrido hacia un mundo más unido y fraterno sufre nuevos y dolorosos contratiempos. En este marco, hablar de un camino compartido hacia un desarrollo más justo para toda la familia humana «suena a delirio». [83]Pero no podemos perder la esperanza. Invito a todos a pensar en formas de cooperación y de instituciones internacionales más eficaces, capaces de cuidar el bien común global sin anular la legítima pluralidad de los pueblos y de los estados. En efecto, la promoción del bien común nunca puede separarse del respeto al derecho de los pueblos a existir, a custodiar su propia identidad y a contribuir con su propia originalidad a la familia de las naciones. [84]Cualquier intento o proyecto de eliminar o someter una nación es gravemente inmoral y, por lo tanto, inaceptable.

El principio del destino universal de los bienes

65. «Entre las múltiples implicaciones del bien común, adquiere inmediato relieve el principio del destino universal de los bienes». [85] Este principio nos recuerda sobre todo que los bienes de la tierra —el suelo, el agua, el aire y los recursos naturales— han sido dados por Dios a toda la familia humana para sostener la vida de todos, hoy y en las futuras generaciones, y que toda persona tiene un derecho originario al uso de dichos bienes. 圣若望保禄二世 recordaba que «Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno». [86] En consecuencia, «no es conforme con el designio de Dios, usar este don de modo tal que sus beneficios favorezcan sólo a unos pocos». [87]Hoy estamos llamados a reconocer que este destino universal no se refiere sólo a los bienes materiales, sino también a los bienes inmateriales y culturales.

66. Existe un derecho a la propiedad privada que tiene su sentido y su función propia, pero siempre subordinado al destino universal de los bienes. Según 圣若望保禄二世, dicha subordinación es la regla de oro del comportamiento social y el «primer principio de todo el ordenamiento ético-social». [88] La tradición de la Iglesia ha visto en la propiedad un medio para custodiar y administrar los bienes de manera que puedan servir mejor al bien común. Dado que «la tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada», [89] su función social no debe ser considerada como una mera opinión teológica, sino como una doctrina cierta de la Iglesia, ya presente en las Sagradas Escrituras y en los Padres. Por eso, el 教宗方济各 recordó que la solidaridad, vivida en profundidad, significa también «devolverle al pobre lo que le corresponde». [90]

67. Hoy, entre los bienes que están destinados universalmente a todos, debemos incluir también las nuevas formas de propiedad: patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas, datos. En un contexto donde la riqueza de las naciones depende cada vez más de conocimientos y tecnologías, cuando estos bienes quedan concentrados en las manos de unos pocos, sin adecuadas formas de intercambio y de acceso, se crea un nuevo desequilibrio que contradice el destino universal de los bienes y alimenta la brecha entre incluidos y excluidos, entre quienes pueden participar en la revolución digital y quienes permanecen al margen. Además, el cuidado de la Casa común y la responsabilidad hacia los pobres y hacia las generaciones futuras requieren que el uso de los bienes de la creación y de las nuevas posibilidades ofrecidas por la técnica esté regulado de tal modo que respete el ambiente y evite despilfarros y nuevas formas de estafa.

El principio de subsidiariedad

68. El principio de subsidiariedad nace de la misma visión sobre la persona que ha guiado nuestra reflexión sobre la dignidad y el bien común. Si toda mujer y todo hombre están llamados a ser protagonistas de su propia vida y a participar en la construcción de la sociedad, entonces también la organización social debe respetar y favorecer esta responsabilidad. La Doctrina social de la Iglesia llama “subsidiariedad” al principio según el cual aquello que pueden hacer las personas, las familias, las comunidades locales y los cuerpos intermedios no debe ser absorbido por instancias superiores. Las instituciones de nivel superior deben reconocer, proteger y promover la libertad y la creatividad de los niveles inferiores, coordinando sus aportaciones para que cooperen eficazmente al bien común. [91]

69. Desde el inicio del Magisterio social moderno, a partir de León XIII, la Iglesia ha insistido en el hecho de que ni la persona ni la familia deben ser absorbidas por el Estado, sino que deben actuar libremente, en la medida de lo posible, sin causar daño al bien común. [92]  圣若望保禄二世 retomó y profundizó esta perspectiva, recordando que la comunidad política está al servicio de la sociedad civil y que el Estado debe velar por el bien común, interviniendo cuando sea necesario, pero sin sustituir de manera permanente la responsabilidad de los cuerpos intermedios y de las entidades sociales. [93]La subsidiariedad no justifica el desinterés del Estado, sino que orienta su acción; la intervención pública se requiere precisamente para permitir que todos los sujetos sociales desarrollen su misión sin ser aplastados. Corresponde a la comunidad política crear las condiciones para que personas, familias, asociaciones y cuerpos intermedios puedan realizar su propia vocación social, sin ser sustituidos o reducidos a meros ejecutores. [94]

70. Este principio alienta a superar toda forma de gestión paternalista o asistencialista de la vida social, promoviendo un estilo de corresponsabilidad: un Estado que valora la iniciativa de los ciudadanos y una sociedad civil capaz de generar vínculos y activar energías al servicio del bien común. En una lógica de subsidiariedad, las decisiones se toman al nivel más cercano posible a las personas involucradas, valorando la vida asociativa, de modo que el pueblo no se encuentre frente a decisiones ya tomadas, sino que pueda entrar en su camino de construcción. Allí donde familias, asociaciones, comunidades locales, realidades del voluntariado y del denominado “tercer sector” son reconocidas y sostenidas, la vida social se vuelve más cercana a las personas, los servicios se brindan con mayor atención a las necesidades reales y las respuestas son más creativas y respetuosas de la dignidad de cada uno. [95]

71. El principio de subsidiariedad vale de manera particular en el contexto de la revolución digital. Aquí el nivel superior no es el Estado, sino todo gran actor económico y tecnológico que ejerce un poder fáctico sobre las condiciones de la vida común. El nivel que absorbe competencias, datos y capacidad decisional está constituido por empresas y plataformas, que definen condiciones de acceso, reglas de visibilidad, formas de relación e incluso oportunidades económicas. La subsidiariedad requiere que dichos procesos no se impongan desde lo alto de modo opaco y unilateral, sino que estén orientados al bien común mediante la transparencia, la responsabilidad y formas reales de participación (auditorías independientes, transparencia en los algoritmos, acceso equitativo a los datos, herramientas de apelación). [96]

72. En este contexto, los estados y las instituciones supranacionales están llamados a garantizar reglas justas y mecanismos de protección eficaces para que las comunidades locales, los cuerpos intermedios, las escuelas y las universidades, así como las realidades eclesiales y asociativas puedan tener voz y contribuir al discernimiento de las decisiones que inciden en la vida de las personas: trabajo, acceso a los servicios, gestión de los datos y ambientes digitales. En las decisiones que se refieren a los flujos económicos, las plataformas digitales, la gestión de los datos y los algoritmos, no se puede dejar que pocos actores por sí solos orienten los procesos, sino que es necesario construir formas de cooperación que respeten los diversos niveles de la comunidad mundial y los hagan corresponsables del bien común. [97]

El principio de solidaridad

73. Después de haber considerado el bien común y la subsidiariedad, deseo detenerme en el principio de solidaridad. Este principio nace de la visión de persona concebida por la fe; todo ser humano es creado a imagen de Dios e incorporado a una red de relaciones que lo vinculan a los demás, a los pueblos y a la creación. San 保罗六世 recordaba que las obligaciones de solidaridad, justicia y caridad están radicadas en la fraternidad humana y sobrenatural que une a los hombres y a los pueblos entre ellos. [98] La fraternidad no es solamente una aspiración interior del que cree, sino una forma social y política que se ha de encarnar en decisiones e itinerarios compartidos. La solidaridad, pues, es el reconocimiento concreto de que el destino de cada uno está ligado al destino de todos; realmente «nadie se salva solo». [99] Así se manifiesta de manera evidente el estrecho vínculo entre subsidiariedad y solidaridad. Cuando la subsidiariedad no está acompañada de la solidaridad, termina por transformarse en la simple protección de intereses particulares; cuando la solidaridad no está sostenida por la subsidiariedad, degenera en asistencialismo que no promueve la responsabilidad. [100] Este entramado remite también a la responsabilidad de una auténtica participación; la solidaridad se expresa cuando cada uno, personalmente y junto con los demás, toma parte en la vida de la comunidad —se informa, se asocia, hace sentir su propia voz, contribuye a las decisiones y a las opciones públicas— asumiendo responsabilidades reales para que el bien común se traduzca en toma de decisiones compartidas.

74. En muchos ámbitos experimentamos ya una especie de “solidaridad de hecho”; nuestras vidas están entrelazadas, las economías y las comunicaciones globales hacen que aquello que sucede en un lugar produzca efectos lejanos, y las redes digitales unen en tiempo real a personas y comunidades de todas partes del mundo. Sin embargo, esta trama de relaciones no es aún solidaridad en sentido pleno si no se convierte en una decisión consciente. La fe nos invita a leer esta realidad como una llamada; no somos simplemente vecinos unos de otros, sino que estamos confiados los unos a los otros, para que cada uno se haga cargo, en la medida de lo posible, de la vida y de las heridas del hermano y de la hermana. La solidaridad nace precisamente cuando decidimos no permanecer indiferentes frente a aquello que le sucede a nuestro prójimo y transformamos vínculos inevitables —económicos, culturales y tecnológicos— en itinerarios de intercambio, de cooperación y de cuidado mutuo, aprendiendo a «pensar y actuar en términos de comunidad». [101]

75. El Magisterio social ha insistido en el hecho de que la solidaridad es al mismo tiempo un principio y una virtud. En cuanto principio, expresa el orden objetivo de las relaciones entre personas, grupos y pueblos, y alude a la conciencia de una interdependencia, por lo que el bien de cada uno pasa a través del bien de los demás. En cuanto virtud, requiere en cambio una «determinación firme y perseverante» [102] de trabajar por el bien común, con una atención particular a los más débiles. El 教宗方济各 ha recordado que la solidaridad es «un modo de hacer historia» [103] que construye pueblos y no simples masas de individuos. Por eso, implica estilos de vida sobrios y compartidos, capacidad de renunciar a beneficios inmediatos para abrir espacios de futuro a los demás, y disponibilidad para cuestionar hábitos y privilegios —incluidos aquellos que están vinculados al consumo digital y al uso de las tecnologías— cuando impiden que los demás vivan con dignidad.

76. En un mundo marcado por relaciones cada vez más estrechas entre personas, comunidades y naciones, la solidaridad asume también una dimensión global. 本笃十六世 señaló con fuerza el nexo entre desarrollo, justicia y responsabilidad hacia las generaciones futuras, recordando que el auténtico progreso requiere una solidaridad intergeneracional [104] y una atención a los lazos que nos unen con el ambiente natural. Hoy esta responsabilidad se extiende también a las infraestructuras digitales e informativas; como el ambiente natural, también el “ecosistema digital” puede ser cuidado o explotado, compartido o monopolizado. La solidaridad requiere que las decisiones en materia de datos, algoritmos, plataformas e IA tengan en cuenta no sólo el beneficio inmediato de algunos, sino el impacto en todos los pueblos y en las generaciones futuras. 

El principio de la justicia social

77. Para la comunidad cristiana, la justicia social es una forma concreta de seguimiento de Jesús y de fidelidad a su Evangelio. En el Nuevo Testamento, Jesús anuncia una «Buena Noticia a los pobres» ( 液化石油气 4,18) y se identifica con los pequeños, los enfermos, los presos y los extranjeros (cf. 公吨 25,31-46). Así nos enseña que la justicia nace y se realiza en la fraternidad, porque el modo en el que nos acercamos a los últimos y nos relacionamos con ellos se convierte, en concreto, en la medida de nuestra relación con Dios y con los hermanos. La justicia, sin embargo, no se refiere solamente al comportamiento de los individuos, sino también al modo en el que son concebidas y organizadas las estructuras de la convivencia. A este respecto, el 第二次梵蒂冈大公会议 recuerda que toda institución está llamada a servir a la persona humana y a su dignidad. [105] La justicia social se reconoce, entonces, por la capacidad de un orden social, económico y político que permita a todos —y en particular a los más frágiles— vivir de manera realmente humana, sin que ninguno se quede atrás.

78. El Magisterio reciente ha insistido en el hecho de que la justicia social exige una mirada cuyo punto de partida sean los últimos. 圣若望保禄二世 habló de una opción preferencial por los pobres [106] que debe marcar las decisiones personales y sociales, mientras el 教宗方济各 denunció una «cultura del “descarte”» [107] que provoca cada vez más formas nuevas de exclusión. En esta perspectiva, la justicia social exige mirar a las personas y a los pueblos comenzando por los que son más vulnerables: los pobres, los migrantes, los refugiados, los desplazados internos, las víctimas de la violencia, las personas que viven en periferias urbanas o existenciales.

79. La idea de “justicia social” ayuda a reconocer que las injusticias no nacen sólo de decisiones equivocadas de los individuos, sino también de estructuras, mecanismos, sistemas económicos y culturales que producen desigualdad casi automáticamente. 圣若望保禄二世 habló en este sentido de estructuras de pecado [108] que se oponen a la voluntad de Dios y requieren un esfuerzo de conversión personal y social. En esta perspectiva, la justicia no concierne sólo a la distribución equitativa de los bienes o a la corrección de las injusticias presentes, sino que asume también una dimensión reparadora. Ella mira a recomponer los vínculos rotos y a reintegrar al que ha sido excluido, teniendo en cuenta las heridas provocadas por las injusticias: guerras, colonialismo, discriminaciones raciales o de género, violencia contra pueblos enteros y explotación. Esto puede significar restituir dignidad y voz a quienes han sido ignorados, favorecer procesos de sanación de la memoria colectiva, combatir leyes y prácticas discriminatorias, y sostener concretamente a quienes cargan aún con las consecuencias de agravios sufridos en el pasado.

80. En este tiempo, la justicia social debe confrontarse también con el ambiente creado por las tecnologías digitales. La difusión de redes globales, plataformas y sistemas de IA cambia el modo de informarse, de comunicar y de acceder a los servicios. La justicia exige que se impida el surgimiento de nuevas formas de exclusión y privación de la libertad: personas y pueblos a los que se les niega o dificulta el acceso a las tecnologías básicas, comunidades expuestas a vigilancia invasiva y grupos sociales perjudicados por algoritmos opacos que reproducen prejuicios y discriminaciones. Un orden social justo en la era digital es aquel que garantiza a todos un acceso igualitario a las oportunidades, protege a los más pequeños y a los más frágiles, se opone al odio y a la desinformación, y somete a control público el uso de los datos y de las tecnologías, de modo que el criterio no sea sólo el beneficio sino la dignidad de cada persona y el bien de los pueblos. 

81. Un examen decisivo para la justicia social hoy está representado por la condición de los migrantes, de los refugiados y de cuantos son obligados a desplazarse a causa de la pobreza, la violencia, el cambio climático y los desastres naturales. El modo en el cual una sociedad los trata muestra si su idea de justicia está guiada por el miedo o por la fraternidad. El 教宗方济各 invitaba a reconocer en los migrantes no simplemente un problema a resolver, sino «una imagen viva del Pueblo de Dios en camino»; [109] personas con dignidad, recursos y sueños, que tienen derecho a ser tratadas con respeto y piden la oportunidad de poder formar parte activa de las sociedades que las reciben. La justicia social, en este campo, implica al menos dos compromisos complementarios. Por una parte, proteger el derecho a la esperanza de quien está obligado a partir, garantizándole vías seguras y legales, condiciones de acogida dignas y procesos reales de integración. Por otra, promover también el derecho a permanecer en la propia tierra en paz y seguridad, afrontando las causas profundas que obligan a migrar, incluidas las causas vinculadas a las injusticias económicas y a la crisis climática. Cuando estos derechos son respetados, las migraciones pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos.

El desarrollo humano integral 

82. En la Encíclica Populorum progressio, san 保罗六世 afirma que el desarrollo es auténtico sólo si es “integral”, es decir, dirigido a «promover a todos los hombres y a todo el hombre». [110] En los decenios sucesivos, la Doctrina social de la Iglesia ha retomado y profundizado esta expresión para indicar el modo concreto en el cual los grandes principios —dignidad, bien común, destino universal de los bienes, subsidiariedad, solidaridad y justicia social— se aplican en la historia. Por “desarrollo humano integral” entendemos un proceso en el cual el crecimiento de las personas y de los pueblos abarca todas las dimensiones de la existencia y abre el futuro también a las generaciones venideras.

83. El desarrollo, tanto para las personas como para las naciones, es una tarea y al mismo tiempo un derecho; requiere condiciones mínimas que hagan posible a cada persona y a cada pueblo madurar según la propia dignidad, sin ser mantenidos en dependencia o excluidos del acceso a los bienes necesarios. El desarrollo es humano cuando pone en el centro a las personas y no la acumulación de bienes, y cuando se refiere también a los pueblos, no sólo a los individuos. La justicia exige el reconocimiento de los derechos sociales y de los derechos de los pueblos, e incluye la responsabilidad hacia los que vendrán después de nosotros. Por eso no es humano un desarrollo que aumenta el consumo de algunos a expensas de costos y heridas en otros, o que relega regiones enteras a roles subordinados impidiéndoles expresar sus propias potencialidades. [111] El desarrollo es integral cuando no se reduce al ámbito económico, sino que promueve la calidad de vida en sus dimensiones espirituales, culturales, morales y relacionales, en el respeto a la Casa común, a la diversidad de los pueblos y a sus modos de vivir. [112]

84. La idea de desarrollo humano integral encuentra hoy un criterio decisivo de verificación en la ecología integral, convertida en una dimensión imprescindible de la Doctrina social de la Iglesia. La calidad del desarrollo, de hecho, se mide por su capacidad de mantener unidos, sin separar, la justicia hacia las personas y la custodia de la Casa común, favoreciendo condiciones de vida digna, acceso a los bienes necesarios, relaciones sociales justas, cuidado de la creación y atención a las generaciones futuras. De ahí se sigue que no es verdadero progreso aquello que aumenta el bienestar de algunos degradando los ecosistemas, descargando costos sobre las comunidades más vulnerables o comprometiendo las condiciones de vida de quienes vendrán después de nosotros. 

85. Así comprendido, el desarrollo humano integral es el horizonte en el cual se han de leer las transformaciones de nuestro tiempo, incluyendo las de la revolución digital. Las innovaciones tecnológicas —incluida la inteligencia artificial— no son neutrales; pueden aumentar la participación y la justicia, o ampliar las desigualdades, el control y la exclusión. Por eso, han de ser examinadas con una pregunta decisiva: ¿contribuyen realmente a hacer crecer a las personas y a los pueblos en humanidad y fraternidad, en el respeto a la Casa común y a las generaciones futuras? Es aquí donde los principios de la Doctrina social se vuelven criterios concretos de discernimiento en los ámbitos que afrontaremos en los próximos capítulos.

Un examen para la Iglesia

86. En conclusión, deseo tocar un punto que me preocupa de manera particular. La Doctrina social no es sólo una palabra dirigida a la sociedad; es también un examen de conciencia para la Iglesia, casa y escuela de comunión, siempre llamada a verificar que los principios expuestos en este capítulo se vivan sobre todo en su interior. El bien común, en el ámbito eclesial, toma el rostro de un estilo sinodal para la misión al servicio del Reino. La Iglesia, en efecto, es «el sujeto comunitario e histórico de la sinodalidad y de la misión». [113] Esto requiere atención al modo de tomar decisiones y de ejercer la responsabilidad. El Documento final del Sínodo identifica, entre las prácticas decisivas para la transformación misionera, la cultura de la transparencia, la rendición de cuentas y la evaluación. [114]

87. En esta perspectiva, la subsidiariedad se convierte en un criterio de gobierno y de vida pastoral, que reconoce y sostiene la responsabilidad de los fieles y de los cuerpos intermedios eclesiales, valorando carismas y competencias, y evitando todo paternalismo que sofoca la libertad evangélica. Concretamente, la participación de los bautizados en los procesos de decisión y la corresponsabilidad en la misión pasan a través de organismos de participación reales, no nominales. [115]

88. La solidaridad, para la comunidad cristiana, tiene su fuente en el misterio de Cristo y se nutre de la Eucaristía. Esta nace de la comunión en la fe y en los sacramentos: el Bautismo y la Confirmación nos unen en Cristo, para que seamos un solo cuerpo y un solo espíritu, un solo corazón y una sola alma (cf. 能量 4,4; Hch 4,32). La Eucaristía, sacramento de la unidad, alimenta nuestra pertenencia al cuerpo de Cristo y nos enseña a compartir. Las diversas sensibilidades presentes en la Iglesia, las convicciones fuertes que animan a cada uno, son una riqueza si permanecen ancladas en la certeza de la unidad como don recibido y como tarea por asumir.

89. Vivir la justicia en la Iglesia significa sanear las relaciones y las estructuras eclesiales de aquellas distorsiones que generan desigualdades, falta de claridad y atropellos. Al respecto, la escucha de las víctimas de abusos espirituales, económicos, institucionales, sexuales, de poder y de conciencia es parte integrante de un camino de justicia, que comprende el reconocimiento del daño, la reparación justa y la prevención. Todo poder está al servicio de la comunión y la misión. Toda autoridad está al servicio del Pueblo de Dios. Esta diaconía se manifiesta no sólo en la fe celebrada y vivida en los sacramentos, y en la adopción de un estilo sinodal, sino también en el hecho de compartir concretamente los bienes. Siguiendo el ejemplo de la Iglesia primitiva, los recursos eclesiales están llamados a ser realmente comunes, para que entre nosotros no haya necesitados (cf. Hch 4,34) y para que su administración sostenga la misión de anunciar el Evangelio a los más pobres. Han de promoverse formas regulares de evaluación del ejercicio de las responsabilidades ministeriales, que no sean un juicio sobre las personas, sino instrumentos de formación y de corrección orientados a la misión. [116] Estos principios de la Doctrina social se encarnan en la vida eclesial en la medida en que estemos abiertos a la acción del Espíritu Santo. De ese modo, la Iglesia es capaz de ofrecer a la sociedad un signo creíble: porque buscar juntos el bien de todos, en la corresponsabilidad y en la fraternidad, no es una utopía, sino una posibilidad real. [117]

CAPÍTULO TERCERO

TÉCNICA Y DOMINIO.
LA GRANDEZA DE LA PERSONA HUMANA
ANTE LAS PROMESAS DE LA IA

90. Después de haber recordado los principios que iluminan la Doctrina social, deseo dirigir la mirada hacia algunos desafíos que afectan a nuestro modo de vivir este tiempo. La imagen bíblica que acompaña estas páginas es la de una construcción: por un lado, la torre de Babel, donde la obra común está guiada por un proyecto de dominio que termina por deshumanizar (cf. 格恩 11,1-9); por otro lado, las ruinas de Jerusalén, que con Nehemías se reconstruyen pieza por pieza, como una labor de responsabilidad compartida (cf. Ne 2-6). Estamos llamados a interrogarnos sobre el gran proyecto de nuestra época: ¿qué estamos construyendo? Mientras el desarrollo tecnológico cambia rápidamente lenguajes, relaciones, instituciones y formas de poder, nosotros, los creyentes, debemos y podemos elegir en qué proyecto trabajar y con qué estilo, para custodiar y valorar la magnífica humanidad que nos ha sido brindada como don. No se trata de una decisión sobre nuestro futuro, sino sobre nuestro presente, porque la IA y las demás tecnologías emergentes ya son parte de nuestra vida cotidiana.

91. Me acompaña la convicción de que el modo concreto de vivir las relaciones sociales a la luz del Evangelio no está establecido de una vez para siempre, sino que sigue siendo una tarea confiada de generación en generación a la comunidad cristiana. Bajo la guía del Espíritu Santo, la Iglesia se deja iluminar por la Palabra, para leer los signos de los tiempos y buscar con creatividad nuevos caminos para que las relaciones entre las personas y los pueblos estén cada vez más de acuerdo con las exigencias del Reino de Dios. [118]Por eso animo a todos, de manera particular a los fieles laicos, a no tener miedo de dejarse interpelar por la realidad, de ponerse a la escucha recíproca y de asumir con firmeza la propia responsabilidad en la construcción de una sociedad más humana y fraterna.

El paradigma tecnocrático y el poder digital

92. En la Encíclica Laudato si'’ 他 教宗方济各 denunciaba el creciente afianzamiento de un paradigma tecnocrático [119] en el mundo globalizado: la tendencia a dejar que la lógica de la eficiencia, del control y del lucro gobierne por sí sola las decisiones personales, sociales y económicas. Así se manifiesta con mayor evidencia que la técnica no es un simple instrumento y que, cuando se vuelve criterio, termina por establecer qué cuenta y qué puede descartarse, reduciendo la creación a un objeto de explotación y a las personas a engranajes de un sistema que sea cada vez más eficaz.

93. Este paradigma se ha extendido rápidamente en los últimos años, también como efecto de la difusión de la IA, las ciencias cognitivas, la nanotecnología, la robótica y la biotecnología. En sí mismas, dichas innovaciones pueden ser una gran ayuda para el desarrollo humano integral y el cuidado de la Casa común. Pero, precisamente por su poder, pueden actuar como un acelerador del paradigma tecnocrático y, por ello, necesitan un nuevo marco espiritual, ético y político. Más poderoso no significa necesariamente mejor. En este sentido, siguen siendo actuales las palabras de Romano Guardini: «El hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto». [120]

94. El peligro de que la humanidad sea víctima de sus propias conquistas había sido ya percibido con lucidez por san 保罗六世, cuando advertía que «los progresos científicos más extraordinarios, las proezas técnicas más sorprendentes, el crecimiento económico más prodigioso, si no van acompañados de un auténtico progreso social y moral, se vuelven, en definitiva, contra el hombre». [121] Por eso el progreso técnico, valioso en sí mismo, requiere un discernimiento sobre la visión antropológica que lo guía y los fines que persigue. Si el desarrollo tecnológico avanza sin una adecuada maduración ética y social, puede suceder que aumenten los medios sin que crezca en la misma medida la humanidad: se “tiene más”, pero no se “es más”, y la persona corre el riesgo de ser valorada principalmente en base al rendimiento que ofrece. [122]

95. Aquí es necesario reconocer un aspecto decisivo, que ya he mencionado antes: en muchos casos, en el contexto digital, el control de las plataformas, las infraestructuras, los datos y la capacidad de cálculo no es prerrogativa de los estados, sino de grandes actores económicos y tecnológicos que, de hecho, determinan las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las mismas posibilidades de participación. Cuando un poder de tal magnitud se concentra en pocas manos, tiende a hacerse opaco y a eludir el control público, y crece el riesgo de un desarrollo distorsionado que provoca nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones y desigualdades.

96. Frente a esta concentración de poder en el mundo digital, los grandes principios de la Doctrina social se convierten en criterios para juzgar y discernir el nuevo escenario: la dignidad inalienable de la persona, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social. Estos principios exigen verificar si el poder de las infraestructuras digitales y de los algoritmos favorece realmente la participación y la responsabilidad, protege a los más vulnerables, asegura un acceso equitativo a las oportunidades y se ordena al bien de todos. Con estas premisas podemos entonces considerar más de cerca qué es la inteligencia artificial, qué posibilidades abre y qué riesgos comporta. 

La inteligencia artificial

97. No es mi intención ofrecer aquí un tratado sobre la inteligencia artificial, ni recorrer una bibliografía que ya es muy amplia; existen actualmente contribuciones importantes, también en el ámbito eclesial, a las que es posible hacer referencia. [123] Me limito a recordar algunos elementos esenciales para un discernimiento moral y social que proteja el primado de la persona, con el fin de que sea siempre la inteligencia humana, con su conciencia y su libertad, la que guíe las innovaciones técnicas y establezca con responsabilidad su uso y sus límites.

98. Es oportuno anteponer dos consideraciones: la primera es que cualquier afirmación sobre la IA corre el riesgo de quedar obsoleta en poco tiempo, dada la impresionante velocidad de desarrollo de estos sistemas. En segundo lugar, todos nosotros, incluidos quienes los diseñan, sabemos muy poco sobre su funcionamiento efectivo. Las inteligencias artificiales modernas están más “cultivadas” que “construidas”: los desarrolladores no diseñan directamente cada detalle, sino que crean una arquitectura sobre la cual la IA “crece”. En consecuencia, los aspectos científicos fundamentales —como las representaciones internas y los procesos computacionales de estos sistemas— siguen siendo desconocidos. Se manifiesta, por tanto, la urgencia de un doble compromiso: por una parte, una profundización de la investigación científica; por otra, un ejercicio de discernimiento moral y espiritual.

99. No es posible dar una definición única y completa de la IA. Lo que podemos decir es que hay que evitar el equívoco de equiparar esta “inteligencia” a la humana. Estos sistemas imitan ciertas funciones de la inteligencia humana. Al hacerlo, a menudo la superan en velocidad y amplitud de cálculo, ofreciendo beneficios concretos en numerosos campos. Y, sin embargo, esta potencia sigue ligada exclusivamente al tratamiento de datos: las denominadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias. Pueden imitar lenguajes, comportamientos, valoraciones; pueden simular empatía o comprensión, pero no conocen lo que producen, porque no residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se vuelve sabio. Incluso cuando dichos instrumentos se presentan como capaces de “aprender”, lo hacen de modo diferente al de la persona humana. No es la experiencia de quien se deja modelar por la vida y crece en el tiempo por medio de decisiones, errores, perdón y fidelidad; es más bien una adaptación estadística a partir de datos y retroalimentaciones, que puede ser muy eficaz, pero no implica un crecimiento interior.

Una ayuda valiosa que requiere atención

100. A la luz de cuanto se ha dicho, podemos comprender mejor por qué la IA puede ser una valiosa ayuda y, al mismo tiempo, exija un enfoque prudente y cauteloso. En los últimos años su uso privado ha crecido notablemente, y desde distintos ámbitos se reflexiona sobre las oportunidades y los riesgos vinculados a su rápida difusión. En el uso personal, tres aspectos, en particular, deben ser tenidos en especial consideración: la facilidad para lograr el resultado, la impresión de objetividad y la simulación de la comunicación humana. La velocidad y la sencillez con la que es posible obtener indicaciones, elaboraciones complejas, contenidos mediáticos y formas de asistencia concreta simplifican nuestras vidas, pero también pueden acostumbrarnos a delegar demasiado y a buscar respuestas rápidas, debilitando el juicio personal y la creatividad. La impresión de objetividad que las respuestas y las propuestas de estos sistemas pueden suscitar, corre el riesgo de hacernos olvidar que estas reflejan los parámetros culturales de quienes las han proyectado y adiestrado, con todas sus virtudes y defectos. La imitación artificial de una comunicación humana positiva —palabras de consejo, de empatía, de amistad, de amor— puede resultar gratificante e incluso útil, pero en usuarios poco conscientes puede inducir a engaño y dar la falsa impresión de estar en una relación con un auténtico sujeto personal. Cuando la palabra es simulada, esta no construye una relación, sino una apariencia. La imitación artificial de la relación de cuidado o de acompañamiento puede ser peligrosa cuando se introduce en un contexto pobre de relaciones y de afectos reales; entonces el riesgo no es tanto que una persona crea que está hablando con otra persona, sino que pierda el deseo mismo de buscar realmente al otro.

101. Ampliando la mirada al uso de la IA en nuestras sociedades, constatamos que ya está presente en procesos de decisión en todos los ámbitos y a diversos niveles: en la comunicación, la gestión y el control. Las ventajas en términos de eficiencia y las potencialidades de mejora de algunos servicios son evidentes; sin embargo, una adopción rápida y acrítica nos expone a diversos riesgos, como el de subestimar el impacto ambiental. Los actuales sistemas de IA requieren grandes cantidades de energía y agua, inciden de manera significativa en las emisiones de anhídrido carbónico y consumen recursos de manera intensiva. Con el aumento de la complejidad, sobre todo en los grandes modelos lingüísticos, crecen también las necesidades de potencia de cálculo y capacidad de almacenamiento, que se apoyan en un conjunto de máquinas, cables, centros de datos e infraestructuras consumidoras de energía. Por eso es esencial desarrollar soluciones tecnológicas más sostenibles para reducir el impacto sobre el medioambiente y cuidar nuestra Casa común. [124]

Responsabilidad, transparencia y gobernanza de la IA

102. El uso de la IA nunca es un hecho puramente técnico: cuando entra en procesos que inciden en la vida de las personas, afecta a sus derechos, oportunidades, reputación y libertad. Las decisiones delicadas que repercuten en el trabajo, el acceso a créditos y a otros servicios, y la reputación de las personas, corren el riesgo de ser confiadas completamente a sistemas automatizados que no conocen «la compasión, la misericordia, el perdón y, sobre todo, la apertura a la esperanza de cambio en el individuo», [125] pudiendo así producir nuevas formas de descarte. Puede haber usos evidentemente antihumanos, como la manipulación de la información o la violación de la privacidad, pero puede haber también un engaño menos evidente, cuando los sistemas de IA, presentándose como neutrales y objetivos, reflejan y refuerzan estereotipos o posiciones ideológicas de quienes los han diseñado y programado.

103. Confiar, en la práctica, a un algoritmo el poder de seleccionar quién es digno y quién no, sin que nadie asuma el peso de la decisión, significa encomendarle la tarea de redefinir los límites de las posibilidades humanas. Lo que disminuye, en este proceso, no es sólo la empatía hacia el excluido, que puede ser imitada artificialmente, sino la responsabilidad política, porque el descarte de los débiles queda revestido de una neutralidad y una objetividad ante las cuales es imposible protestar. Y, de ese modo, la injusticia se realiza silenciosamente y la compasión, la misericordia y el perdón, no como simple apariencia, sino como gestos políticos, desaparecen del horizonte.

104. De esto se deriva una consecuencia sencilla pero apremiante: no podemos considerar a la IA como moralmente neutra. En realidad, todo artefacto técnico lleva consigo decisiones y prioridades: lo que mide, lo que ignora, lo que optimiza y el modo en que clasifica personas y situaciones. Si un sistema se concibe o emplea tratando algunas vidas como menos dignas, o las excluye sin posibilidad de apelación, no es un simple instrumento que “hay que usar correctamente”; introduce ya un criterio que contradice la dignidad inalienable de la persona. Por eso, el discernimiento ético no se puede limitar a preguntarse si usamos un determinado sistema para un fin bueno o malo, sino que debe interrogarse también sobre el modo en el que está diseñado y qué idea de persona y de sociedad queda inscrita en los datos y en los modelos que lo guían. [126]

105. Para que la IA respete la dignidad humana y sirva realmente al bien común, es esencial que las responsabilidades estén claras en todas las etapas: desde quienes diseñan y programan los sistemas hasta quienes los utilizan y quienes resuelven confiarles las decisiones concretas. En muchos casos, sin embargo, los procesos internos que conducen a un resultado pueden ser poco transparentes, y eso hace más difícil atribuir responsabilidades y corregir los errores. Es aquí donde se vuelve decisivo lo que llamamos “responsabilidad”( accountability): la posibilidad de identificar quién debe “rendir cuentas” de las decisiones, motivarlas, controlarlas y, cuando es necesario, cuestionarlas y remediar los daños que derivan de ellas. [127]

106. Pedir prudencia, controles rigurosos y, en ocasiones, también una ralentización en la adopción de la IA no significa estar en contra del progreso, sino ejercitar un cuidado responsable hacia la familia humana. Esta exigencia es aún más urgente porque existe a menudo un desequilibrio entre la velocidad del desarrollo tecnológico y el ritmo al que maduran la conciencia, las normas, los controles y las instituciones capaces de gobernar sus efectos. No basta invocar genéricamente la ética; se necesitan marcos jurídicos adecuados, vigilancia independiente, educación de los usuarios, una política que no renuncie a su tarea. De otro modo, el cambio será gobernado sólo por lógicas tecnocráticas y presentado como necesario e imprescindible, terminando por imponer reglas dictadas por quienes poseen datos, infraestructuras y capacidad de cálculo.

107. No podemos limitarnos a invocar la moralización de la máquina, la denominada “alineación” de la IA con los valores humanos, sin tener la valentía de poner una condición ulterior: la posibilidad de discutir el código ético que debe ser usado, sometiéndolo a criterios de justicia social compartida. De lo contrario, quien controla la IA impondrá su propia visión moral, que se convertirá en la infraestructura invisible de los sistemas. No serviría de nada una IA más moral, si esta moral es decidida por unos pocos. Se necesita una política más presente, capaz de ralentizar donde todo acelera y de proteger los espacios en los que las comunidades pueden seguir participando e interrogándose.

108. En efecto, como ocurre con todo gran avance tecnológico, la IA tiende a aumentar sobre todo el poder de quien ya dispone de recursos económicos, competencias y acceso a los datos. A la luz del bien común y del destino universal de los bienes, este fenómeno suscita seria preocupación: pequeños grupos muy influyentes pueden orientar informaciones y consumos, condicionar procesos democráticos e incidir en las dinámicas económicas en beneficio propio, contradiciendo la justicia social y la solidaridad entre los pueblos. Por eso es indispensable que el uso de la IA —sobre todo cuando involucra bienes públicos y derechos fundamentales— esté acompañado de criterios claros y controles efectivos, inspirados en la participación y la subsidiariedad; las comunidades y los cuerpos intermedios no pueden ser reducidos a destinatarios de decisiones tomadas en otros lugares, sino que deben poder contribuir al discernimiento y a la vigilancia. Además, la propiedad de los datos no puede confiarse sólo al sector privado, sino que debe reglamentarse. Estos son fruto del aporte de muchos y no pueden ser vendidos o confiados a unos pocos. Hace falta una creatividad capaz de gestionarlos como uno de los bienes comunes o colectivos, en la lógica del compartir, como ya sugería 圣若望保禄二世 a propósito de los bienes colectivos. [128]

109. Los principios de la Doctrina social nos ayudan a leer esta nueva realidad. En un mundo donde pocos sujetos concentran datos, capital informático y capacidad normativa, hablar de bien común significa desenmascarar esta nueva asimetría epistémica, económica y política, nombrando los nuevos monopolios de la IA. Hablar de destino universal de los bienes significa encontrar modos de asegurar el acceso universal a las tecnologías y a la formación. Hablar de subsidiariedad exige proteger la capacidad de las comunidades de decidir y corregir, sin relegar su intervención a una vigilancia posterior, una vez que los estándares hayan sido establecidos en otro sitio. Hablar de solidaridad obliga a reconocer el trabajo invisible, a menudo explotado, que alimenta los modelos algorítmicos. Hablar de justicia pide cuestionar las geografías del poder que definen quién puede programar los modelos y quién es sólo objeto de esa programación, y reconocer que la justicia social no es sólo un objetivo que hay que tutelar después de la adopción de las tecnologías, sino una condición que se debe poner en práctica desde su diseño.

110. Quisiera, por último, usar una palabra muy importante para mí: “desarmar”. Desarmar la IA significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es sólo militar sino económica y cognitiva. Es la carrera por el algoritmo más eficaz y por el banco de datos más amplio, para consolidar una ventaja geopolítica o comercial sobre todos los demás. Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano. Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable, y por tanto habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas y de las formas de vida. La tarea, hoy, no es sólo ética o técnica; es ecológica en el sentido más radical, porque interpela una nueva dimensión de nuestra Casa común. La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora.

111. Hago un vehemente llamamiento a quienes desarrollan sistemas de IA. La innovación tecnológica puede ser, en cierto modo, una forma humana de participación en el acto divino de la creación. Los desarrolladores llevan, por tanto, un importante peso ético y espiritual, ya que cada elección de proyecto expresa una visión de la humanidad. Así como el autor de una obra artística o literaria está obligado a considerar los valores que manifiesta, así también ellos están llamados a tratar con la debida seriedad los valores que infunden en sus proyectos: con transparencia, con responsabilidad hacia las comunidades involucradas y con atención a verificar que lo que se cultiva sea realmente un bien.

Lo que no podemos perder

112. Después de haber recordado las cuestiones de la responsabilidad y del gobierno de la IA, es necesario volver a nuestro tema central: qué significa custodiar lo humano. El riesgo no es sólo que algunas tecnologías se usen mal, sino que el paradigma tecnocrático en el que estamos inmersos, potenciado por la revolución digital y la IA, haga parecer justa y normal una visión antihumana, según la cual la plenitud de la vida consistiría en tener más, reducir la fragilidad, eliminar lo imprevisto y controlarlo todo. Cuando la eficiencia se vuelve medida de valor, el ser humano es tentado a considerarse como un proyecto que debe optimizarse más que como una criatura llamada a la relación y a la comunión.

113. En realidad, absolutizar una sola dimensión del ser humano es siempre erróneo. En efecto, no es sólo la carencia lo que genera desorden. También aquello que crece sin medida puede convertirse en una forma de pobreza. En un ecosistema, la armonía se rompe cuando una sola especie prolifera en detrimento de las demás; en lo humano, ocurre lo mismo cuando una facultad pretende ser la medida de todo. Así, la inteligencia, si se absolutiza, termina por velar otras dimensiones esenciales de la vida: el afecto, la voluntad, la entrega y la relación. El poder técnico, si no se equilibra, no nos hace más capaces; nos aísla, y nos expone aún más a lógicas de dominio y de exclusión. No se trata ciertamente de oponerse a la inteligencia, sino de recordar que, cuando se repliega en sí misma, olvida que ha sido hecha para servir a la vida y a la persona humana. 

114. La calidad de una civilización se mide no por el poder de sus medios, sino por el cuidado que sabe ofrecer, por la capacidad de reconocer un rostro en el otro y no una función. La capacidad de saber cuidarnos los unos a los otros es una dimensión importante de nuestro ser humano. Esta capacidad se aprende y se perfecciona con la experiencia. Leer cuentos a un niño, acompañar a una persona anciana o hacer acogedor un espacio, son gestos que se viven en un ambiente familiar, pero que nos ayudan a aprender y a interiorizar la importancia del cuidado a nivel social y nos entrenan para reconocer al otro como persona digna de atención. La tecnología puede sostener también el cuidado mutuo entre personas, por ejemplo si ofrece instrumentos que ayuden a prever y organizar, sin despojar al ser humano de su libertad y de su juicio, en cuanto sujeto de relaciones y responsable de decisiones.

Narrativas de fondo: transhumanismo y posthumanismo

115. Tratando de hacer emerger los presupuestos culturales que acompañan la revolución digital en curso, quisiera ahora dirigir la atención a algunas corrientes que interpretan el progreso como una superación del ser humano y que podemos clasificar con los nombres de transhumanismo y posthumanismo. Estas corrientes constituyen el trasfondo ideológico que reside en algunos centros de poder tecnológico y colonizan el imaginario colectivo de forma simplificada, especialmente en los medios y en las redes sociales, induciendo el entusiasmo por las nuevas tecnologías con una visión futurista de “humanidad potenciada” o de “hombre hibridado” con la máquina.

116. El transhumanismo y el posthumanismo comprenden en su interior una pluralidad de corrientes y sensibilidades, y resulta difícil hacer una descripción unívoca de ellas. Pueden ser comparadas con un archipiélago de islas conceptuales diferentes, pero unidas por el mismo mar de presupuestos: la centralidad de la técnica y el sueño de superar los límites de la condición humana. En general, el transhumanismo imagina una potenciación del ser humano por medio de las tecnologías —biomedicina, ingeniería del cuerpo, dispositivos, algoritmos—, con la aspiración de incrementar el rendimiento y las capacidades. El posthumanismo, sobre todo en sus versiones más radicales, va más allá: critica el antropocentrismo y plantea una forma de hibridación entre el ser humano, la máquina y el ambiente, hasta imaginar que atravesará el umbral en el que la humanidad se superará a sí misma, entrando en una nueva etapa evolutiva. Aun cuando estas hipótesis siguen siendo en gran parte especulativas, van adquiriendo relevancia, porque modifican el imaginario colectivo y, en consecuencia, orientan las decisiones sociales, económicas y políticas. [129]

117. El punto crítico, a la luz de la Doctrina social de la Iglesia, no es el uso de la técnica en cuanto tal, sino la visión que allí subyace; si el ser humano es tratado como materia para ser perfeccionada o superada, entonces se vuelve más fácil aceptar que algunos sean considerados menos útiles, menos deseables, menos dignos. En nombre del progreso se puede llegar a pensar en “sacrificios necesarios”, y hacer pagar a los más vulnerables el precio de una presunta optimización de la especie. La ya mencionadaadvertencia de san 保罗六世 sigue siendo una gran intuición: realmente las conquistas de la ciencia y de la técnica, desvinculadas del progreso moral y social, terminan por volverse contra el hombre. [130] Por ello es necesario distinguir con claridad: una cosa es integrar las tecnologías en una visión humana y relacional; otra es dejarse guiar por un imaginario que desprecia el límite y promete una “salvación” puramente técnica.

El límite, el corazón, la grandeza del ser humano

118. Hoy nuestra relación con la vida parece estar en crisis. Todo lo que representa un “límite” —incapacidad, enfermedad, ancianidad, sufrimiento, vulnerabilidad— tiende a ser leído principalmente como un defecto que hay que corregir, más que como un espacio en el que el ser humano madura y se abre a la relación. En cambio, debemos recordar que el ser humano no florece 尽管 极限,但通常 通过 del límite. Una visión de la realidad a la luz de la fe ayuda a reconocer lo que llamamos “contingencia” de las cosas de este mundo. Si por un lado es necesario tratar de eliminar el sufrimiento que marca la vida humana, por el otro, es sabio reconocer nuestra finitud constitutiva, sabiendo que «la experiencia religiosa, en particular la fe cristiana, proponen habitar sin simplificaciones esta ambivalencia entre la grandeza y el límite de lo humano, interpretándola a la luz de la relación originaria y fundante con Dios». [131]

119. Es precisamente en nuestro ser limitados donde encuentran lugar la compasión, la sincera preocupación ante las necesidades de los demás, la generosidad que sorprende incluso en medio de la oscuridad y el fracaso, la experiencia espiritual y la adoración a Dios. Lo vemos en tantos momentos en los que el límite se hace tangible en nuestra vida: cuando recibimos un rechazo, cuando sufrimos a causa de la enfermedad o la muerte de una persona amada, cuando experimentamos la incapacidad o el error. Misteriosamente, es en estos casos que podemos encontrar una nueva sabiduría, palpar el afecto de las personas y experimentar la presencia del Señor.

120. Aun cuando el límite se manifiesta como dolor interior, la sensatez humana enseña a no negarlo ni eliminarlo, sino a integrarlo. Para eliminar totalmente el dolor sería necesario, a fin de cuentas, apagar también el amor y el deseo. Quien ama y desea, en efecto, no puede evitar atravesar la prueba y el sufrimiento, y por eso, a lo largo de los años conservamos en nosotros enseñanzas que quedan marcadas como cicatrices, memoria del camino realizado entre libertad y caídas, sueños y decepciones. Sólo gracias al entramado de estos elementos, se realizan en el corazón esas maravillas interiores que nos hacen saborear el gusto más dulce de nuestro ser humanos. [132] Renunciar a esta aventura, al mismo tiempo dramática y espléndida, en nombre de una presunta superación de todo límite podría ser cualquier cosa, pero no significaría ser humanos.

121. La corrupción moral de nuestro límite creatural —el mal que evidentemente agita el corazón del hombre— arruina la sociedad y la vida, llegando incluso a extremos de deshumanidad. Y, sin embargo, también esta dolorosa forma de límite deja resquicios al bien. Aun cuando el ser humano se deshumaniza y provoca tragedias, una pequeña luz sigue brillando en la humanidad y sigue siendo capaz de reavivarse, con la gracia de Dios, recorriendo caminos de conversión y reconciliación. Viktor Frankl decía justamente que en los momentos de horror «hemos llegado a conocer al hombre en estado puro: el hombre es ese ser capaz de inventar las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas mismas cámaras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shemá Israel en los labios». [133]

122. La finitud, cuando se acoge en la verdad, no empobrece al ser humano, sino que lo abre al reconocimiento del rostro de Dios y del otro. Por lo demás, precisamente porque experimenta el límite —la vulnerabilidad, el dolor, el fracaso— puede reconocer la dignidad propia y ajena como inviolable. Y en la misma experiencia del límite, sigue siendo capaz de intuir una fraternidad más grande que él mismo y de reconocer la injusticia como escándalo. La cultura y el arte, cuando son auténticos, custodian esta chispa, impidiendo la normalización del mal. De ese modo, algunas obras han asumido un valor casi profético: la Novena Sinfonía de Beethoven como deseo de unidad; Guernica como denuncia de la deshumanización; 这 lista de Schindler como una invitación a no entregar el pasado al olvido.

123. La historia no se presenta sólo como el catálogo de nuestras acciones violentas, sino también como la prueba de que el ser humano sabe fundar instituciones capaces de proteger la vida común. En los últimos dos siglos lo vemos en algunos acontecimientos emblemáticos: el nacimiento del Comité Internacional de la Cruz Roja (1863), cuya neutralidad operativa garantiza un cuidado compasivo para todos; el largo proceso que ha llevado a la abolición de la esclavitud, que no ha sido un simple cambio jurídico, sino una transformación de la conciencia; la fundación de la Organización de las Naciones Unidas (1945) y la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), que han fijado un lenguaje común para decir, al menos como ideal compartido, que la dignidad es universal; la Convención sobre los refugiados (1951), que reconoce un deber de protección hacia los que huyen de persecuciones y amenazas. En estos ejemplos, el deseo de bien se traduce concretamente en formas públicas —normas, instituciones, prácticas— capaces de limitar la fuerza y defender a los vulnerables. Pero nada de eso ha surgido sin ser enfrentado por resistencias, intereses mezquinos e inercias culturales. Las conquistas morales tienen casi siempre el rostro de un camino largo y fatigoso, marcado también por contratiempos; pensemos en los procesos de paz interrumpidos o en la lenta aplicación de los compromisos ambientales. Aun así, precisamente la fragilidad de estos resultados demuestra cuán preciosa es la responsabilidad de quienes los inician y los sostienen.  

124. Algunos acontecimientos ayudan a ver que la historia puede cambiar cuando al menos un solo hombre o una sola mujer se toma realmente en serio la dignidad de todos: el movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos de América, vinculado al testimonio de Martin Luther King Jr., o el fin del 种族隔离 en Sudáfrica después de la liberación de Nelson Mandela y su decisión de no poner el futuro en manos del odio. En diversos contextos se han distinguido además mujeres valientes y generosas como santa Laura Montoya, santa Teresa de Calcuta, Dorothy Day, Maria Skłodowska-Curie, Maria Montessori, Elisabeth Elliot, Wangari Maathai, Benazir Bhutto y tantas otras de todos los continentes, que con su esfuerzo han contribuido a hacer más humana la historia.

125. Junto a estos signos públicos, existe una trama más discreta pero decisiva: las comunidades religiosas que eligen lugares pobres y peligrosos; los mártires de la fraternidad y de la justicia como san Maximiliano María Kolbe, san Óscar Romero y el beato Enrique Angelelli, junto con testigos que han encarnado, en condiciones duras y a menudo inhumanas, la esperanza del Evangelio y la dignidad del hombre, como el venerable François-Xavier Nguyễn Văn Thuận. Y, sobre todo, los “mártires de lo cotidiano” que curan, educan, acompañan y consuelan discretamente, como los padres de familia, los enfermeros, los médicos, los voluntarios y las personas que están junto a los ancianos o a los excluidos. Su testimonio muestra que el bien no progresa de manera automática, sino que requiere perseverancia, memoria y una conversión que hace capaces de recomenzar incluso después de las derrotas.

126. Precisamente esta convergencia de instituciones justas, testimonios creíbles y fidelidades cotidianas mantiene viva la esperanza e indica una dirección: hacer que la técnica crezca sin que se repliegue el corazón. Por eso la humanidad —magnífica y herida— no debe ser sustituida ni superada; puede acoger los progresos de la técnica para aliviar los sufrimientos y abrir posibilidades nuevas, siempre que no reniegue de aquello que la hace ser ella misma, es decir, la capacidad de relación y de amor. A este punto se impone una pregunta decisiva: si existe un auténtico “más que humano”, ¿dónde se encuentra? La fe cristiana responde indicando una plenitud que no deriva de una divinización tecnológica, sino de aquella que produce la gracia de Dios, recibida en Cristo.

El verdadero “más que humano”: gracia y humanismo cristiano

127. La expresión “más que humano” no pertenece sólo al lenguaje de las promesas técnicas. Desde hace siglos, la tradición cristiana afirma que el ser humano no está encerrado en los límites de la propia naturaleza, sino que está llamado a trascenderse a sí mismo; no para huir de la realidad o despreciar el límite, sino para realizarse en el amor. La fe conoce un “más allá” que nace del don de Dios. Esta transformación es obra del Espíritu Santo. Como enseñaba santo Tomás de Aquino, este proceso de elevación y transformación «sobrepasa la capacidad de la naturaleza humana» [134], porque hay una distancia infinita [135] entre nuestra naturaleza y la vida de Dios. Sin embargo, es posible ser introducidos en el seno de esa vida inextinguible, incluso mientras caminamos entre los límites de este mundo. Y quien hace posible este camino sólo puede ser el Infinito que se da: es Dios mismo quien supera la desproporción “infinita”. [136] Así se realiza la re-creación de lo humano: «El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente» ( 2 Co 5,17).

128. Cuando aceptamos esta posibilidad de trascendernos a nosotros mismos con la gracia de Dios no renegamos de nosotros mismos, no nos volvemos menos humanos. Por el contrario, como explicaba el 教宗方济各, «llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero». [137] Aquí se encuentra la diferencia radical respecto a los sueños prometeicos: lo que salva lo humano no es la autosuficiencia potenciada, sino una relación que libera, una comunión que transforma. Frente a esto, una tecnología que clasifica y optimiza lo que ya existe puede ser, sin querer, un obstáculo al cambio y al crecimiento. Para un algoritmo, el error es algo que hay que corregir; para una persona, puede ser el inicio de un cambio profundo. El futuro de una persona no es calculable, sino que está confiado a su libertad ―elevada por la inagotable gracia divina― y a las relaciones que cultiva.

Dos ciudades y dos amores

129. El humanismo cristiano no rechaza la ciencia ni la técnica, sino que las asume con gratitud y realismo, y las sitúa “con los pies en la tierra” dentro de una vocación más alta. La inteligencia creativa del ser humano es un don que puede aliviar sufrimientos y abrir nuevas posibilidades, pero debe permanecer ordenada al bien común, a la justicia, al cuidado de los frágiles y de la creación. En este sentido, la verdadera alternativa no está entre el entusiasmo y el miedo, sino entre dos modos de construir: un progreso que sirve a la persona y a los pueblos, o un progreso que los doblega a lógicas de poder. Al final, la pregunta decisiva sigue siendo la indicada por 圣若望保禄二世: la IA, ¿«hace la vida del hombre sobre la tierra, en todos sus aspectos, “más humana”?; ¿la hace más “digna del hombre”?». [138] Si la respuesta es “sí”, entonces podemos reconocer en ella una posibilidad buena para usar con responsabilidad, en un camino de reconstrucción compartida y paciente, según el modelo del renacimiento de Jerusalén narrado en el libro de Nehemías. Si, en cambio, el poder crece mientras el corazón se marchita y los vínculos se rompen, entonces estamos frente a una nueva versión de Babel: una construcción grandiosa, pero inhumana.

130. Interrogarnos sobre esta alternativa de progreso y sobre nuestro modo de interpretarlo y vivirlo significa siempre, a fin de cuentas, examinar también nuestro corazón. De hecho, el modo en el que pensamos y estructuramos las relaciones, el trabajo y las instituciones, manifiesta nuestros valores fundamentales y, en definitiva, nace de lo que tenemos en el corazón. Es un amor que nos guía: aquello que amamos realmente, como individuos y como sociedad, orienta nuestra vida y nuestras acciones. San Agustín describe la historia humana como un lugar de lucha entre dos amores, que han construido dos modos de habitar el mundo y de convivir, dos “ciudades”: por un lado, el amor a Dios y al prójimo; por otro, únicamente el amor a sí mismo. «Dos amores han dado origen a dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial». [139] Como en toda la historia humana, también hoy estos dos amores luchan en nuestro corazón por el predominio. El tiempo de la IA no escapa a esta regla: la construcción de Babel o la de Jerusalén comienza en cada uno de nosotros.

CAPÍTULO CUARTO

CUSTODIAR LO HUMANO EN LA TRANSFORMACIÓN.
VERDAD, TRABAJO, LIBERTAD

131. Tras haber esbozado el panorama en el que se inscribe el reto de la transformación tecnológica, en particular el vinculado con la IA y las corrientes transhumanistas y posthumanistas, no podemos limitarnos a simples análisis generales. Cuando cambian los lenguajes y las herramientas, también cambian los gestos cotidianos y las relaciones sociales. Por ello, es necesario detenerse en algunos ámbitos en los que estas transformaciones tienen repercusiones muy concretas, a veces dramáticas. A la luz de los principios de la Doctrina social de la Iglesia, la transformación digital nos pide redescubrir la verdad como bien común, proteger la dignidad del trabajo y salvaguardar la libertad frente a toda dependencia y mercantilización.

La verdad como bien común

Verdad y democracia

132. El uso de las plataformas digitales y los sistemas de IA acelera los profundos cambios en la comunicación pública y política. Herramientas que podrían favorecer el debate y la participación se utilizan a menudo para construir narrativas sesgadas y difuminar los límites entre lo verdadero y lo falso, mezclando datos y opiniones. La desinformación no surge con la IA, pero encuentra hoy en ella un potente multiplicador. La posibilidad de manipular contenidos, imágenes y vídeos expone a los ciudadanos a perspectivas parciales o engañosas. El problema afecta a la dimensión cultural y moral, ya que la calidad de la comunicación pública depende directamente de la confianza social y repercute en ella. Una información veraz, de hecho, no surge de un control centralizado o automatizado. En el discurso público, la verdad de los hechos tiene una dimensión racional, ya que requiere verificación, cotejo de fuentes y responsabilidad argumentativa; pero es aún más relacional: se construye a través de vínculos de confianza y prácticas compartidas, en un diálogo honesto con los demás y con el mundo. Sólo la búsqueda compartida de la verdad de los hechos, asumida como bien común, puede sentar las bases de una comunicación justa.

133. Quienes disponen de poderosos recursos técnicos y económicos —y, con ellos, también de muchos recursos humanos para intervenir— tienen una gran capacidad para provocar cambios culturales y, en última instancia, para convencer a un número significativo de personas acerca de cuál es la verdad sobre el ser humano, sobre el mundo, sobre el sentido de la existencia, sobre la familia, e incluso sobre Dios. Se trata de puro poder carente de verdad, que impone sutil o abiertamente lo que quiere que los demás consideren como verdadero. Detrás de todo ello hay una raíz enferma difícil de reconocer: el hecho de que «el hombre moderno tiene la errónea convicción de ser el único autor de sí mismo, de su vida y de la sociedad. Es una presunción fruto de la cerrazón egoísta en sí mismo». [140] Por ello, cree que puede construir la realidad y que lo que mejor se adapte a sus pretensiones es válido. 圣若望保禄二世 reflexionó sobre las consecuencias de la “crisis en torno a la verdad”, llegando a afirmar que, «abandonada la idea de una verdad universal sobre el bien, que la razón humana puede conocer, ha cambiado también inevitablemente la concepción misma de la conciencia». [141]De este modo, disminuye el reconocimiento de verdades universalmente válidas que nos preceden y que la conciencia debe aceptar. Esto llevó al 教宗方济各 a preguntarse con realismo: «¿Qué es la ley sin la convicción alcanzada tras un largo camino de reflexión y de sabiduría, de que cada ser humano es sagrado e inviolable?», y a concluir: «Para que una sociedad tenga futuro es necesario que haya asumido un sentido respeto hacia la verdad de la dignidad humana, a la que nos sometemos. Entonces no se evitará matar a alguien sólo para evitar el escarnio social y el peso de la ley, sino por convicción. Es una verdad irrenunciable que reconocemos con la razón y aceptamos con la conciencia. Una sociedad es noble y respetable también por su cultivo de la búsqueda de la verdad y por su apego a las verdades más fundamentales». [142]

134. La búsqueda de la verdad es un elemento esencial para la democracia, que es en sí misma un instrumento de participación en el bien común. Cuando la pregunta sobre lo que es verdadero pierde interés y se impone un pragmatismo que se conforma con lo que parece útil o eficaz, la vida democrática se debilita. Esta, en efecto, no se sustenta únicamente en normas y procedimientos, sino, ante todo, en una relación leal con los hechos y en una orientación real hacia el bien de las personas y del conjunto de la sociedad. El desinterés por la verdad conduce lenta pero inexorablemente hacia el totalitarismo, para el cual, como escribió la filósofa Hannah Arendt, los súbditos ideales no son tanto aquellos ideológicamente convencidos, sino «las personas para quienes ya no existe la distinción entre el hecho y la ficción (es decir, la realidad de la experiencia) y la distinción entre lo verdadero y lo falso (es decir, las normas del pensamiento)». [143]

Comunicación e imaginario colectivo

135. En este horizonte es importante recordar que la comunicación «no es sólo transmisión de informaciones, sino creación de una cultura». [144] Los contenidos que circulan en los entornos digitales influyen en la forma en que las personas perciben el mundo e introducen en la conciencia colectiva imágenes y relatos que orientan los deseos e influyen en las decisiones cotidianas. «No es un mundo paralelo o puramente virtual», [145] porque lo que surge en internet pasa a formar parte de la vida de las personas, sobre todo de los más jóvenes.

136. Por eso, quienes controlan las plataformas digitales y los medios de comunicación tienen una notable capacidad para influir en el imaginario colectivo y presentar como deseable una determinada visión de la realidad. Es un poder que debe ser continuamente iluminado por la búsqueda de la verdad y el respeto de la dignidad humana, para que la cultura que se genera en la red no se convierta en instrumento de distracción excesiva, de homogeneización y de dominio, sino en un espacio en el que puedan madurar la libertad interior y el pensamiento crítico.

Por una ecología de la comunicación

137. La primera tarea que nos corresponde es no demonizar ni idolatrar los medios, sino gestionarlos a partir de un punto fijo: la verdad es un bien común y no una propiedad de quienes tienen poder o visibilidad. Por lo tanto, es necesario promover una ecología de la comunicación: en el ámbito de las normas públicas, esto significa establecer reglas que hagan más transparentes los criterios con los que se seleccionan y amplifican los contenidos y que protejan los datos personales; en el ámbito social y cultural, en cambio, implica el fortalecimiento de los organismos intermedios, un periodismo serio y espacios de debate en los que primen la argumentación y la verificación por encima de la reacción inmediata; en el ámbito de la escuela y la familia, la creciente necesidad de una nueva conciencia educativa y la formación en el uso correcto y crítico de las herramientas digitales, la IA y las plataformas de compra e inversión; en el ámbito de la universidad, el gran reto de la integración de los conocimientos, formando tanto en la capacidad de conectar y fusionar saberes para interpretar la complejidad, como en las técnicas de verificación de los hechos.

138. Las comunidades cristianas también deben comprometerse con una comunicación transparente y con la búsqueda honesta de los hechos. Lamentablemente, no siempre ha sido así. Hemos sido testigos, con vergüenza, del arduo descubrimiento de verdades dolorosas incluso sobre miembros de la Iglesia y sobre realidades eclesiales. En particular, algunos periodistas comprometidos con la verdad han desempeñado un papel fundamental a la hora de sacar a la luz injusticias y abusos. A ellos quisiera reiterar las palabras del 教宗方济各 al dirigirse a los vaticanistas: «Les agradezco también por lo que dan a conocer de lo que no funciona en la Iglesia, por lo que nos ayudan a no ocultar bajo la alfombra y por la voz que han dado a las víctimas de abusos». [146] Sin embargo, la vigilancia y la transparencia son, ante todo, una grave responsabilidad de la propia Iglesia y no debemos esperar a que otros nos obliguen a afrontar verdades incómodas sobre nosotros mismos.

Una alianza educativa para la era digital

139. En una época en la que la verdad suele verse supeditada a intereses y estrategias comunicativas, el mundo de la educación adquiere una importancia decisiva. Sin embargo, las rápidas transformaciones tecnológicas ponen de manifiesto lo poco preparados que estamos en el ámbito educativo. La omnipresencia de los medios digitales genera una cultura de la inmediatez y la sobreestimulación, que alimenta el cansancio, el aburrimiento y la apatía ante el esfuerzo que supone buscar la verdad.

140. Los procesos educativos, en cambio, requieren tiempo para madurar, una confrontación con la realidad más allá de las apariencias y un camino paciente. La cuestión es fundamental, porque toda tecnología educa a quien la utiliza. Educar en el uso de la IA implica, por tanto, educar para decidir cuándo y para qué 不 utilizarla. La rapidez y la facilidad con las que se obtiene una respuesta o una síntesis hacen correr el riesgo de que se apague el deseo de plantear preguntas, que sólo da fruto con el tiempo. Como escribe Platón, las cosas más profundas e importantes sólo se aprenden tras mucho tiempo y mucho esfuerzo, comprometiéndose en la discusión con los demás para “frotar” los conceptos y las experiencias como si fueran pedernal, hasta que en nosotros salte la chispa de la comprensión. [147] Debemos aprender a prescindir de la IA y proteger a nuestros jóvenes de la promesa de la máquina perfecta, de esa sutil seducción que hace parecer inútil el pensamiento humano precisamente cuando más se necesita.

141. En los últimos años, la literatura psicológica y psiquiátrica ha documentado con creciente insistencia cómo una exposición precoz y sin supervisión a los dispositivos digitales y a las redes sociales puede afectar negativamente al sueño, a la atención, a la regulación emocional y a las relaciones, especialmente en las edades más vulnerables, con consecuencias a veces dramáticas. A esto se suma la facilidad de acceso a escenas violentas o crueles que hieren la sensibilidad, a contenidos pornográficos e hipersexualizados, a mensajes que banalizan el cuerpo y la afectividad, y a propuestas que normalizan comportamientos de riesgo. En la red no son raros los fenómenos de captación, chantaje y explotación sexual de menores, que se vuelven más insidiosos por el uso de perfiles falsos, de algoritmos que amplifican contactos peligrosos y de herramientas de IA capaces de manipular imágenes y vídeos. Tener un teléfono móvil personal demasiado pronto y utilizarlo sin el control de los adultos puede acentuar la fragilidad y favorecer las adicciones en los jóvenes, exponiéndolos a dinámicas de aislamiento, acoso y ciberacoso, así como a la presión para compartir imágenes íntimas o datos sensibles.

142. A los padres de familia les resulta difícil resistir por sí solos al condicionamiento de modelos de negocio que monetizan la atención y el tiempo. Por eso es indispensable una alianza entre la política, las instituciones educativas y las familias, capaz de sostener de manera concreta a los adultos en su tarea. Es necesario oponerse, con decisiones públicas de largo alcance, a los intereses inmediatos de las plataformas —concentradas en pocas manos— cuando estos entran en conflicto con el bien de los menores. En esta perspectiva, son oportunas intervenciones legislativas que establezcan límites de edad, responsabilicen a los proveedores de servicios ―sin descargar, sobre las familias, el peso de la limitación― y prevean protecciones específicas contra toda forma de explotación y violencia sexual en internet, de modo que la infancia y la adolescencia se custodien verdaderamente como bienes preciosos confiados a nuestro cuidado. [148] Al mismo tiempo, es necesario educar a los niños, adolescentes y jóvenes para que aprendan a reconocer las manipulaciones, a defender su propia dignidad y a respetar la de los demás, también en los entornos digitales. [149]

Rol central de la escuela

143. La escuela es el lugar donde las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse el sentido de la vida y la dignidad de cada persona. Por eso, muchos padres de familia, que desean que sus hijos crezcan siendo capaces de relacionarse, de pensar con espíritu crítico y de tener valores sólidos, depositan en ella grandes esperanzas, como una valiosa aliada en la educación de sus hijos. En efecto, los padres tienen el derecho primario e inalienable de elegir el tipo de educación y de formación que se imparte a sus hijos, en coherencia con sus propias convicciones morales, culturales y religiosas. El mundo educativo se encuentra hoy frente a algunos retos impostergables.

144. El primer reto es de carácter sociopolítico. Tanto dentro de cada país como entre las distintas regiones del mundo, persisten fuertes desigualdades en el acceso a la educación básica y a los estudios superiores. En no pocos países, el Estado todavía no ha invertido los recursos necesarios para garantizar una educación de calidad para todos, ya sea apoyando adecuadamente el sistema escolar público o sosteniendo a las instituciones privadas que ofrecen este servicio fundamental. Cuando una parte importante de la educación, en varios niveles, se encomienda a instituciones privadas, puede ocurrir que, a falta de un apoyo público adecuado, el acceso a la escuela dependa demasiado de las posibilidades económicas de las familias. Frente a este riesgo, sin embargo, se debe reconocer y sostener la contribución de muchas obras educativas católicas que, aunque sean instituciones privadas, garantizan una acogida inclusiva a niños y jóvenes de todas las procedencias, incluso cuando las condiciones económicas de las familias no lo permitirían.

145. El segundo gran reto es de carácter pedagógico. Muchos sistemas educativos tienen dificultades para actualizarse al ritmo de los cambios y para apoyar un crecimiento integral de los alumnos. El desarrollo de las tecnologías de la información y de la IA hace que los planes de estudios concebidos para otra época queden rápidamente obsoletos, mientras que la organización de la escuela, los espacios, los métodos de evaluación y la propia figura del docente deben replantearse con vistas a una educación verdaderamente integral, abierta a todas las dimensiones de la persona. Es necesario favorecer la formación continua de los docentes a lo largo de toda su vida profesional, para que sepan dialogar de manera positiva con las nuevas tecnologías, ayudando a los alumnos a hacer un uso responsable, crítico y creativo de ellas, y a no sufrir pasivamente su influencia.

146. El tercer gran desafío es de carácter intelectual y sapiencial. Si no estamos atentos, puede surgir un sistema educativo carente de amor por la verdad, en el que el flujo incesante de información sustituya al ejercicio de la investigación, la reflexión y el discernimiento. Se multiplican los conocimientos fragmentarios, pero se hace más difícil captar la realidad en su conjunto, plantear preguntas sobre el sentido de las cosas y desarrollar un auténtico pensamiento crítico y creativo. Muchos educadores perciben ya los signos de una posible deshumanización, en la que las personas “saben muchas cosas” pero tienen dificultades para dar un sentido a su vida ―también debido a la incapacidad de conectar la información y los conocimientos― y para no perder de vista el horizonte de sentido. Es necesario promover una verdadera higiene de la atención: ritmos que incluyan silencio, estudio reflexivo, lectura, análisis ponderado; sin estos elementos, la libertad interior puede verse comprometida.

147. La Doctrina social de la Iglesia invita a las familias, las escuelas, las comunidades cristianas y las instituciones públicas a una alianza educativa renovada. Esta se hace realidad cuando los principios fundamentales se traducen en objetivos educativos: educar en la sobriedad y en el sentido de los límites; educar en el reconocimiento del derecho del otro y de quienes vendrán después de nosotros a disfrutar de los bienes que nos han sido dados, o que el ingenio humano pone a nuestra disposición; educar en la libertad y en la responsabilidad; educar en el sentido de la trascendencia y del bien común. La escuela no está llamada a perseguir la velocidad del mundo digital, sino a ofrecer aquello que lo digital por sí solo no puede dar: tiempo compartido para aprender y relaciones fiables.

La dignidad del trabajo en la transición digital

El valor del trabajo

148. Desde el nacimiento de la Doctrina social, con la Rerum novarum, la Iglesia ha llamado la atención sobre la protección de los trabajadores y la necesidad de combatir toda forma de explotación. Pero, sobre todo, el Magisterio ha reconocido en el trabajo «la clave esencial» [150] para comprender la cuestión social en su totalidad, ya que a través de él la persona desarrolla muchas dimensiones de su propia existencia. Desde esta perspectiva se comprende también la gran intuición de san Benito de Nursia, quien unió la oración y el trabajo, señalando la actividad cotidiana como parte de la respuesta de la persona a la llamada de Dios. Creados a imagen del Creador, mediante nuestras obras prolongamos de algún modo la suya: contribuimos al progreso de la sociedad y a la construcción del bien común, ponemos en práctica las capacidades recibidas, mejoramos y embellecemos el mundo, sostenemos a nuestras familias, entablamos relaciones de cooperación y aprendemos a construir juntos, en la escucha y el diálogo, algo que nadie podría realizar por sí solo.

149. Por estas razones, el trabajo no es un simple instrumento, sino que expresa y acrecienta la dignidad de nuestra vida. Es una necesidad inherente a la condición humana, un camino habitual hacia la madurez, el desarrollo y la realización personal. En esta óptica, las ayudas económicas a los pobres siguen siendo a veces necesarias en situaciones de emergencia, pero no pueden convertirse en la única respuesta, ya que el objetivo es ofrecer a cada persona las condiciones para vivir dignamente a través de su propio trabajo. [151]

150. Hoy en día, la combinación de la automatización, la robótica y la IA está transformando rápidamente la estructura misma del trabajo. Se dice que esto traerá grandes mejoras para todos. En realidad, los “nuevos modos” de trabajar no son necesariamente mejores, porque «mientras la IA promete impulsar la productividad haciéndose cargo de tareas ordinarias, a menudo los trabajadores se ven obligados a adaptarse a la velocidad y a las exigencias de las máquinas, en lugar de que estas últimas estén diseñadas para ayudar a quienes trabajan. Así, contrariamente a los beneficios anunciados sobre la IA, los enfoques actuales de la tecnología pueden paradójicamente desespecializar a los trabajadores, someterlos a una vigilancia automatizada y relegarlos a tareas rígidas y repetitivas. La necesidad de seguir el ritmo de la tecnología puede erosionar el sentido de la propia capacidad de obrar de los trabajadores y ahogar las capacidades innovadoras que están llamados a aportar en su trabajo». [152] Precisamente para evitar esta deriva, es necesario diseñar sistemas centrados en la persona y no sólo en el rendimiento.

El problema del desempleo

151. 圣若望保禄二世 recordó que el desempleo es un mal grave y que, sobre todo cuando adquiere proporciones masivas, puede convertirse en una verdadera calamidad social, lo que pone especialmente de relieve la responsabilidad del Estado. [153] Hoy en día, en la “cuarta revolución industrial”, esta preocupación se agudiza, ya que la innovación suele acogerse únicamente con el fin de reducir costes y aumentar los beneficios. [154]En algunos contextos, es realista temer una reducción significativa y rápida de los puestos de trabajo disponibles, con un efecto en cadena que afecta profundamente a las familias, a los jóvenes y a las economías locales. En muchos sectores, esto ya se traduce en nuevas formas de precariedad y desigualdad, con remuneraciones muy elevadas para una minoría altamente especializada y salarios cada vez más bajos para una gran parte de la población activa.

152. Sin duda, es deseable que la tecnología libere al hombre de trabajos especialmente pesados, repetitivos o peligrosos y que ofrezca un apoyo inteligente a la actividad humana, pero la norma general debe seguir siendo la protección de los puestos de trabajo y del papel insustituible de la persona. El objetivo de obtener mayores beneficios no puede justificar decisiones que sacrifiquen sistemáticamente el empleo, porque la persona humana es un fin y no un medio, y el orden económico debe permanecer subordinado a su dignidad y al bien común.

153. Simultáneamente, debemos reconocer que toda transición real se produce a través de una discontinuidad: es desigual, fragmentaria y, a veces, conflictiva. Por lo tanto, no existe un modelo de cambio único, ni una solución global; hay territorios e historias que exigen respuestas diferentes. Dada la desigualdad que caracteriza a nuestro mundo, la difusión de la IA y de los sistemas computacionales produce efectos distintos en cada lugar. Las sociedades ricas se automatizan rápidamente y de forma caótica, reduciendo la necesidad de mano de obra y generando zonas de desempleo y fricciones institucionales. En cambio, vastas regiones del mundo permanecen atrapadas en economías híbridas, donde el trabajo humano mal remunerado y las tecnologías parciales conviven sin llegar a transformarse realmente. Estos territorios se convierten en reservas de mano de obra precaria y focos de inestabilidad y migraciones forzadas. Las soluciones, por tanto, deben encontrarse a nivel nacional y local, involucrando a las comunidades intermedias. Se necesitan herramientas capaces de adaptarse: modelos articulados, experimentos locales, redistribuciones progresivas, nuevos derechos de acceso a los bienes esenciales. Sin perseguir una armonía abstracta, se trata de construir formas concretas de convivencia humana en la transformación.

154. El trabajo sigue siendo una dimensión fundamental de la experiencia humana; no es sólo un medio de subsistencia, sino también un espacio de expresión, de relaciones y de contribución a la comunidad. Por eso, los problemas vinculados con el trabajo no se limitan únicamente a los ingresos necesarios para la supervivencia de las familias. Una sociedad que garantizara trabajo sólo a una pequeña parte de la población expondría a muchos a una situación de inactividad forzada, de ausencia de responsabilidades, de falta de compromiso y de estímulos cotidianos, con consecuencias de empobrecimiento humano y cultural en contraste con el elevado nivel de desarrollo técnico. Nos encontraríamos ante una paradoja de progreso material y regresión antropológica, en la que desaparecerían las condiciones para una paz social justa y estable. Por eso, la Doctrina social de la Iglesia insiste en que el acceso al trabajo para todos debe seguir siendo un objetivo prioritario de las políticas públicas y de los procesos económicos, criterio de juicio para evaluar la calidad humana de un modelo de desarrollo. [155]Por otra parte, en aquellas partes del mundo en las que el empleo tiende a reducirse o a transformarse radicalmente, como consecuencia de procesos tecnológicos y organizativos que escapan al control democrático, es necesario replantearse el propio concepto de trabajo y su relación con la ciudadanía, para que la falta de empleo no menoscabe la participación social.

155. A la luz de esta convicción, podemos también reinterpretar la historia de la Doctrina social de la Iglesia tras la Rerum novarum. Las iniciativas surgidas en ese contexto —asociaciones, sindicatos, cooperativas, obras de asistencia social— han contribuido de manera decisiva a mejorar la legislación laboral, a proteger a los más vulnerables y a promover condiciones más humanas. [156]Hoy en día, sin embargo, tales instrumentos ya no bastan por sí solos ante las transformaciones provocadas por la IA, la nueva organización de los mercados y la competitividad que rara vez se preocupa por la sostenibilidad social. Es necesario un nuevo esfuerzo conjunto por parte de los responsables políticos, las organizaciones de trabajadores, el mundo empresarial y la comunidad científica para elaborar con celeridad normas y medidas de protección adecuadas y consensuadas, también a nivel internacional. [157]Las organizaciones sindicales, a las que la Iglesia siempre ha apoyado, están llamadas a abrirse a las nuevas formas de trabajo y a los nuevos trabajadores, para representarlos y defenderlos en un contexto en el que, sin decisiones valientes, surgen más pobreza y más desigualdades, con una multitud de excluidos rodeados de máquinas y sistemas automatizados que han ocupado su lugar.

156. En esta transición, no basta con reaccionar cuando desaparecen los puestos de trabajo, sino que es necesario gestionar la transformación de forma proactiva. Una forma viable consiste, en primer lugar, en establecer criterios sociales para la innovación: toda introducción de automatización y de IA debería ir acompañada de medidas verificables de protección del empleo, de recualificación y de participación de los trabajadores, para que la tecnología se oriente a liberar tiempo y capacidades humanas, no a generar exclusión. En segundo lugar, es necesario que políticas activas hagan accesibles a todos la formación continua y las transiciones profesionales, sin descargar sobre los individuos todo el coste de la adaptación a las transformaciones. Por último, se necesita una responsabilidad empresarial que incluya la calidad y la dignidad del trabajo entre los indicadores de éxito. Cuando se dan estas condiciones, la innovación puede convertirse en aliada de un trabajo más seguro, más creativo y más digno; cuando faltan, tiende a transformarse en una aceleración de la injusticia.

Una economía que valore la dignidad

157. El mercado laboral es uno de los ámbitos en los que los riesgos de las nuevas tecnologías se manifiestan con mayor claridad. Por eso es necesario recordar que la libertad económica no es absoluta y debe medirse siempre en función del bien común y de la dignidad de cada persona. La iniciativa empresarial puede ser una verdadera vocación, capaz de generar riqueza y mejorar la vida de todos, siempre que reconozca la creación de empleo digno y de valor como parte esencial de su servicio a la sociedad, y no como una variable dependiente únicamente del beneficio. [158]

158. Con espíritu profético, el 教宗方济各 advirtió acerca de una libertad económica proclamada sólo de palabra, mientras que las condiciones reales impiden que muchos se beneficien realmente de ella. [159]Los modelos económicos que resaltan la eficiencia y el éxito individual tienden a considerar inútil o poco rentable invertir en las personas que parten de situaciones de desventaja o que siguen trayectorias de crecimiento más lentas, como si su destino dependiera exclusivamente de su capacidad para seguir el ritmo de los ganadores. En realidad, una sociedad justa requiere un Estado presente e instituciones civiles capaces de superar la mera lógica de la eficiencia, orientando explícitamente los recursos, la creatividad y las normas a favor de los más vulnerables. [160]En lugar de esperar los beneficios de un crecimiento que “al final” llegará también a los pobres, se necesitan decisiones que hagan que el crecimiento sea inclusivo desde el principio. Las experiencias de las últimas décadas demuestran que, en las crisis económicas y financieras, son siempre los pobres quienes pagan el precio más alto, mientras que las teorías que prometen un bienestar general automático suelen resultar ilusorias.

159. Se observa la necesidad de superar los actuales parámetros de medición del grado de desarrollo —anclados desde hace más de ochenta años en el concepto de Producto Interno Bruto— que hacen que se pasen por alto, de forma casi sistemática, aspectos esenciales para el bienestar general de las personas y del medioambiente. Al mismo tiempo, dichos parámetros valoran actividades que tienen un impacto, a corto o largo plazo, en la vida de nuestro planeta. El desarrollo de parámetros y métricas complementarios al PIB es decisivo para mejorar los datos de base utilizados para realizar análisis, tomar decisiones políticas y de política económica, así como para seleccionar las prioridades regionales, nacionales e internacionales. La introducción de nuevos parámetros permitirá evaluar, con una visión amplia y adecuada a los tiempos, los efectos de las deliberaciones legislativas y normativas sobre la dignidad del trabajo, la prosperidad compartida, la reducción de las desigualdades y la protección del medioambiente. Repercutirá en el propio concepto de desarrollo, en los procesos formativos, en la mentalidad y en la opinión pública, y también en la paz, que sólo es verdadera si se basa en la justicia.

160. Las finanzas han adquirido una importancia creciente en los últimos años y han experimentado una innovación significativa, incluso después de la introducción de las criptomonedas. Las reflexiones y directrices contenidas en el Magisterio de mis Predecesores, particularmente en sus Encíclicas, han puesto de relieve el funcionamiento de la intermediación financiera «cuyo funcionamiento, habiéndose desvinculado de fundamentos antropológicos y morales apropiados, no sólo ha producido abusos e injusticias evidentes, sino que se ha demostrado también capaz de crear crisis sistémicas en todo el mundo». [161] Y es igualmente cierto que la renta del capital corre el riesgo de sustituir a los ingresos del trabajo, que a menudo quedan relegados a un segundo plano respecto a los principales intereses del sistema económico. Sin embargo, el ahorro que se transforma en crédito para la economía real, y por ende para crear empleo tanto por cuenta ajena como por cuenta propia, sigue siendo fundamental para el desarrollo y para las inversiones que deben acompañar a las transiciones en curso. La función social del crédito sigue siendo insustituible. La financiación por la financiación misma es algo muy distinto de la financiación para el desarrollo y para la creación y evolución del trabajo.

161. Esta perspectiva debe considerarse dentro de una visión más amplia de las dinámicas globales. La riqueza mundial ha crecido en términos absolutos, pero su concentración en pocas manos ha aumentado y los desequilibrios se han acentuado, tanto entre países como dentro de un mismo país: «pocos tienen demasiado y demasiados tienen poco, esta es la lógica de hoy». [162] Los avances científicos y tecnológicos, incluso en el ámbito médico, no son fácilmente accesibles para la gran mayoría de la población, como se vio de forma dramática durante la reciente pandemia. Mientras que en algunas regiones se invierte en intervenciones superfluas o en sueños de superación personal que pocas personas pueden permitirse, en otras partes del mundo aún faltan equipos esenciales para salvar millones de vidas humanas. Pensar que las nuevas tecnologías beneficiarán automáticamente a todos significa ignorar una evidencia: si no se gestionan las transformaciones fijando como objetivo prioritario, desde la fase de planificación, la prevención de nuevas y mayores desigualdades, el progreso tecnológico genera automáticamente desigualdades estructurales. Hoy la justicia pasa también por el acceso a los beneficios de la innovación: cuidados, conocimiento, herramientas y oportunidades.

162. No cabe duda de que se necesitan leyes justas e instrumentos de redistribución que corrijan los desequilibrios, incluso mediante sistemas fiscales que alivien la carga sobre los más débiles y exijan más a quienes disponen de mayores recursos. Pero no hay que considerar la búsqueda de la justicia social como un tema separado y posterior a la producción de riqueza, como si la economía debiera limitarse a crear valor y la política interviniera sólo después para distribuirlo. Por el contrario, la justicia afecta a todas las fases de la actividad económica, desde la obtención de recursos hasta la financiación, desde la producción hasta el consumo, y cada elección tiene consecuencias morales. [163]

163. Más aún, en la era de la IA y de la robótica, ya no es posible confiar únicamente en la “mano invisible” del mercado: [164] la política tiene la tarea de orientar las dinámicas económico-tecnológicas hacia el bien común, promoviendo el trabajo digno, la inclusión social y una distribución equitativa de los beneficios de la innovación. Dado que muchas decisiones económicas traspasan las fronteras de los estados, también es necesaria una cooperación internacional capaz de definir estrategias comunes, sobre todo en favor de los países y los grupos más vulnerables, para promover el desarrollo y superar el asistencialismo. La lógica que inspira estas decisiones es la de la inmensa dignidad de cada persona, del bien común y de un mundo verdaderamente pensado para todos. La interdependencia entre paz y desarrollo, como escribió proféticamente san 保罗六世 en 1967, [165] podría actualizarse hoy así: la prosperidad puede contribuir a construir y fortalecer la paz sólo si es generalizada, inclusiva y sostenible.

164. En términos concretos, orientar la economía hacia la dignidad significa adoptar algunos criterios de actuación estables incluso en la era de la IA. En primer lugar, transparencia y responsabilidad: cuando los datos y los algoritmos influyen en la concesión de créditos, la selección de personal o el acceso a servicios u oportunidades, es necesario que las decisiones sean comprensibles, cuestionables y sometidas a control, para que la persona no quede reducida a un perfil. En segundo lugar, inclusión y acceso: los beneficios de la innovación deben ir acompañados de inversiones en competencias, infraestructuras y servicios esenciales, para que la tecnología no amplíe la brecha entre quienes tienen y quienes no tienen. Por último, medidas de equidad: la fiscalidad, las protecciones sociales y las políticas industriales deben corregir los desequilibrios creados por la concentración de riqueza y poder. Estos criterios no son un freno a la innovación; en realidad, la hacen viable y humana.

Familia y jóvenes: condiciones sociales de la esperanza

165. La familia es un bien social primario. Fundada en la unión estable entre un hombre y una mujer, es el primer entorno en el que cada persona desarrolla su potencial, toma conciencia de su dignidad y aprende las primeras formas de verdad y bondad, interiorizando hábitos que la preparan para la vida en sociedad. [166]La familia, la primera sociedad natural, dotada de derechos originales, es la célula fundamental e insustituible de toda organización comunitaria. [167]En consecuencia, cuando los proyectos políticos y las decisiones económicas importantes la relegan a un papel marginal o secundario, se compromete el crecimiento auténtico de todo el cuerpo social. [168]

166. La familia es, sin embargo, un bien social frágil, que se ve afectado de forma inmediata por las transformaciones económicas y tecnológicas que están cambiando el mundo laboral, y que requiere apoyo cultural, jurídico y económico. Es bien conocido el impacto devastador del desempleo y la precariedad en el tejido familiar. A corto plazo puede parecer ventajoso reducir el coste laboral o maximizar la eficiencia financiera, pero a largo plazo esto socava los cimientos mismos de la convivencia: mientras se celebran los avances tecnológicos, la estructura social se ve progresivamente erosionada como por un virus silencioso.

167. Para los jóvenes, la precariedad laboral es especialmente grave. Como recuerdan los obispos de Estados Unidos de América, el trabajo no es sólo fuente de ingresos, sino un ámbito decisivo en el que se forma la identidad, se tejen amistades y relaciones, se aprenden responsabilidades concretas y se discierne la propia vocación. [169] Cuando el acceso al empleo se ve obstaculizado por altas tasas de desocupación, sistemas de formación inadecuados o barreras estructurales, muchos jóvenes ven bloqueado su camino hacia la realización personal y profesional. La necesidad de cambiar de trabajo varias veces a lo largo de la vida exige itinerarios de actualización y recualificación permanentes, que hagan capaces a las nuevas generaciones de asumir, con competencia y autonomía, los riesgos de un contexto económico cambiante y a menudo impredecible. [170]

168. De ahí se deriva una específica responsabilidad pública. El Estado tiene el deber de apoyar la actividad de las empresas creando condiciones favorables para el empleo, fomentando el trabajo donde escasea y defendiéndolo en tiempos de crisis, ya que este es un bien primario para las familias y para la sociedad. [171] Especialmente en una época de profundos cambios tecnológicos, se necesita una creatividad política “a favor del empleo” que sitúe en el centro a la familia y a las nuevas generaciones, si no queremos que los avances económicos se traduzcan en nuevas formas de inseguridad y exclusión.

169. Sostener a las familias y a los jóvenes en esta transición requiere medidas que hagan posible la estabilidad. Como ya se mencionó anteriormente, se necesitan políticas laborales que favorezcan la continuidad y la calidad del empleo, combatiendo la precariedad como condición normal de vida y promoviendo itinerarios realistas de acceso y desarrollo profesional. En segundo lugar, se necesitan medidas que garanticen ritmos humanos: sin un equilibrio entre trabajo, servicios y descanso, la familia se debilita y a los jóvenes les cuesta madurar el sentido de responsabilidad. Además, es fundamental invertir en formación y capacitación profesional accesibles, para que la movilidad profesional que exige la economía digital no se convierta en una selección cruel entre quienes pueden actualizarse y quienes no. Por último, hay que apoyar los vínculos sociales: redes y comunidades educativas que acompañen las elecciones de vida e impidan que la incertidumbre genere soledad y dependencias. Así, la transformación tecnológica puede ser atravesada sin romper aquello que hace generativa una sociedad: la capacidad de construir el futuro.

Custodiar la libertad frente a la dependencia y la mercantilización

Dependencias y control social

170. Tras haber analizado la verdad y la educación, el trabajo y las familias, debemos hablar del efecto de la revolución digital sobre la libertad humana, reflexionando sobre cómo abordar tanto los riesgos relacionados con la psicología individual como los grandes dramas sociales. No deben subestimarse las formas más sutiles de dependencia vinculadas a la economía digital de la atención, donde las plataformas y los servicios están diseñados para captar el tiempo y la mirada de los usuarios, explotando sus fragilidades y debilitando la libertad interior. Cuando los modelos de negocio prosperan a costa de la debilidad humana, la persona es tratada como un medio y no como un fin, y quienes diseñan o financian estos sistemas asumen una responsabilidad moral de la que no pueden eximirse. Es urgente promover un uso de las tecnologías que refuerce la libertad interior: educación en la sobriedad digital, protección de los menores y lucha contra los modelos que prosperan a costa de la vulnerabilidad.

171. Un riesgo adicional, menos visible pero no menos grave, es el del control social que la recopilación masiva de datos y el uso de sistemas algorítmicos hacen posible. Cuando cada gesto deja huellas ―desplazamientos, compras, relaciones, preferencias― se crea un poder nuevo: el de perfilar, prever y orientar los comportamientos, a menudo sin que las personas tengan plena conciencia de ello. Si estos datos se utilizan para tomar decisiones que inciden en oportunidades concretas (acceso al crédito, selección de personal, servicios), existe el riesgo de socavar la libertad y discriminar a los más vulnerables. Además, el control no pasa sólo por prohibiciones explícitas, sino por la arquitectura de la visibilidad: lo que se amplifica o se vuelve invisible, lo que se recompensa o se penaliza, termina moldeando opiniones y elecciones, generando conformismo y autocensura. Por eso la libertad, en la era digital, no es sólo una cuestión interior; es también un asunto público, que exige normas claras, transparencia, vías de recurso y límites proporcionados al uso de tecnologías invasivas, para que la tecnología siga estando al servicio de la persona y no se convierta en una forma de dominio de las conciencias.

172. La raíz de estos problemas es una mentalidad tecnocrática y posthumanista, que tiende a considerar a la persona como un objeto manipulable o un recurso para optimizar, [172]eliminando todo lo que pone límites a la maximización del beneficio: lo que importa es la eficiencia, no el respeto a la libertad y a la dignidad humana. Algunas corrientes posthumanistas llegan incluso a plantear la existencia de seres humanos “de segunda clase”, al servicio de los intereses de élites que se perciben a sí mismas como superiores: una perspectiva inquietante, más grave aún si se combina con instrumentos tecnológicos que amplían de forma exponencial el poder de control y de selección. También ciertas lógicas de endeudamiento estructural, que mantienen a pueblos enteros en condiciones de dependencia, revelan la misma mentalidad que acepta, bajo nuevas formas, relaciones de subordinación cercanas a la esclavitud.

Romper las cadenas de las nuevas esclavitudes

173. Esta visión distorsionada del ser humano se traduce hoy en diversas formas de sometimiento vinculadas directamente a la economía digital. En el mundo de la IA nada es inmaterial o mágico. Cada respuesta que parece inmediata y perfecta proviene de una larga cadena de mediaciones, de una extensa red de recursos naturales, de infraestructuras energéticas y, sobre todo, de personas. Una parte significativa del funcionamiento de la economía digital se sustenta en el trabajo silencioso de millones de seres humanos, empleados en actividades poco visibles pero esenciales: etiquetado de datos, moderación de contenidos —a menudo pésimos— y entrenamiento de modelos. En muchos casos se trata de jóvenes, en su mayoría mujeres, que trabajan duro a cambio de remuneraciones mínimas. A este arduo trabajo invisible se suma la tarea, aún más brutal, de la extracción de los recursos necesarios para la producción de los dispositivos y microprocesadores en los que se basa la IA. En algunas regiones del mundo, adolescentes y niños trabajan en condiciones peligrosas en la trituración de los materiales de los que se obtienen las tierras raras. Cuerpos marcados, mutilados, consumidos para que el flujo de los cálculos no se interrumpa. Además, las redes criminales utilizan plataformas en internet, sistemas de mensajería, pagos anónimos y técnicas de perfilado para reclutar, controlar y trasladar a víctimas de la trata, muchas veces menores de edad, convirtiendo a hombres y mujeres en “datos” que rastrear y “paquetes” para transferir dentro de los mismos circuitos digitales que sustentan gran parte de la economía global. Esta realidad interpela profundamente la conciencia moral de nuestro tiempo. No basta con invocar la eficiencia ni con alabar los beneficios de la innovación, si estos se basan en una cadena de explotación que se mantiene deliberadamente oculta. Si una tecnología promete emancipación, pero produce nuevas formas de subordinación global, contradice el principio fundamental de la dignidad de la persona.

174. La lucha contra las nuevas formas de esclavitud constituye una prueba de fuego decisiva para el discernimiento ético de la IA y la transformación digital. Siguiendo la tradición iniciada por León XIII, la Iglesia renueva su firme condena de toda forma de esclavitud, trata y mercantilización de las personas, y recuerda la urgencia de un amplio movimiento de reflexión y acción que sitúe en el centro la dignidad inalienable de todo ser humano y el bien común, como fines de la sociedad y como criterios de toda decisión personal, social y política. Sin esta reflexión ética y humanizadora, el creciente poder de los sistemas digitales corre el riesgo de conducirnos hacia nuevas atrocidades, no menos vergonzosas que las del pasado que hoy deploramos, mientras seguimos presentándonos como sociedades “avanzadas” y “civilizadas”.

175. La trata debe reconocerse como una forma contemporánea de esclavitud y como una grave violación de la dignidad humana; no reaccionar con firmeza o tolerar de cualquier modo estas prácticas significa, en cierta medida, hacerse cómplice hoy de las culpas cometidas ayer, cuando la esclavitud se justificaba o se silenciaba. [173]

176. La Iglesia, a medida que su doctrina fue madurando, fue tomando conciencia, progresivamente, de la gravedad de estas realidades. Es cierto que los acontecimientos del pasado no pueden juzgarse de forma ahistórica, como si todos los criterios que se han ido madurando con el tiempo hubieran estado siempre disponibles. Sin embargo, no podemos negar ni minimizar el retraso con el que la Iglesia y la sociedad condenaron el flagelo de la esclavitud. Si en la Antigüedad y en la Edad Media muchas personas e instituciones eclesiásticas tuvieron esclavos, ya en la Edad Moderna la Sede Apostólica romana, instada por las peticiones de los soberanos, intervino en varias ocasiones para regular y legitimar las modalidades de sometimiento y, en algunos casos, de reducción a la esclavitud de los “infieles”. [174] Hubo que esperar hasta el siglo XIX para encontrar una condena formal, absoluta y universal de la esclavitud, en particular con León XIII. [175] Esto constituye un claro ejemplo de los progresos de la Iglesia en la comprensión de las verdades perennes de la Revelación que ella custodia. Aunque no encontramos homogeneidad en la cuestión en sí —habiendo tolerado durante mucho tiempo la esclavitud y llegando sólo posteriormente a condenarla de manera absoluta—, existe una continuidad a lo largo de toda la historia en cuanto a la convicción acerca de la dignidad de todo ser humano, creado a imagen de Dios, aunque sin haber logrado, en dieciocho siglos, explicitar de manera oficial la total incompatibilidad de la esclavitud con dicha dignidad. Se trata de una herida en la memoria cristiana a la que no podemos considerarnos ajenos. [176] Es inevitable sentir un profundo dolor al considerar el enorme sufrimiento y humillación que la esclavitud ha significado para tantas personas, en contraste con la dignidad sin límites de cada una de ellas, amadas infinitamente por el Señor. Por eso, en nombre de la Iglesia, pido sinceramente perdón.

177. Precisamente por eso, el recuerdo de la complicidad y la ceguera del pasado ante la injusticia de la esclavitud se convierte para nosotros en un llamamiento a la vigilancia: lo que hemos aprendido debe traducirse en discernimiento y responsabilidad en el presente. Si no queremos pedir perdón en el futuro por no haber sido fieles al tesoro de la dignidad humana que contiene nuestra fe, hoy nos corresponde ser directos y firmes a la hora de denunciar la trata en sus múltiples manifestaciones y de apoyar, paso a paso, junto con todos aquellos que se comprometen con esta causa, caminos reales de prevención, protección, liberación y rehabilitación.

178. El colonialismo muestra en la actualidad un rostro inédito. No sólo domina los cuerpos, sino que se apropia de los datos, transformando las vidas personales en información explotable. Territorios enteros, sobre todo aquellos con menos relevancia geopolítica y mayor fragilidad estructural, se ven, en el presente, atravesados por una nueva lógica de extracción: la de los flujos sanitarios, perfiles epidemiológicos, mapas genéticos y datos demográficos. Estas son las nuevas “tierras raras” del poder: informaciones vitales que, una vez correlacionadas, pueden utilizarse para entrenar modelos predictivos, orientar estrategias de inversión, anticipar crisis y, sobre todo, seleccionar quién y qué importa. Quien posee los datos sanitarios de poblaciones enteras, hoy recopilados a menudo bajo el pretexto de la ayuda, la investigación o la innovación, posee en realidad una palanca estructural sobre el futuro: puede moldear las necesidades y los mercados. Y puede decidir, antes que los demás, a quién destinar medicamentos, inversiones y protecciones. Es aquí donde se juega una de las cuestiones morales más urgentes de nuestro tiempo: transformar el conocimiento compartido en bien común, no en herramienta de dominio; devolver a los pueblos no sólo los datos que los describen, sino también la posibilidad de decidir cómo se utilizarán, quién los utilizará y para quién. De lo contrario, la era digital no será postcolonial, sino colonial bajo otra forma.

179. Las nuevas esclavitudes se alimentan de cadenas económicas e infraestructuras digitales. Por lo tanto, es necesario actuar en varios frentes: en primer lugar, para exigir una mayor transparencia de las cadenas de suministro que sustentan la industria tecnológica y la economía digital, de modo que ninguna ventaja competitiva se construya sobre la explotación invisible. En segundo lugar, es necesario que las empresas y los inversionistas adopten criterios claros de verificación ética preventiva (due diligence), incluyendo entre las prioridades la protección de los trabajadores, la lucha contra el trabajo forzoso y el impacto social de los modelos de negocio basados en datos. Además, se debe exigir a las plataformas digitales que cooperen de manera responsable con las autoridades y con la sociedad civil para impedir que las herramientas de comunicación, pago y elaboración de perfiles se conviertan en canales de captación y control de las víctimas. Cuando estas decisiones convergen, el entorno digital puede transformarse de espacio de depredación en espacio de protección, prevención y promoción de la dignidad.

Una responsabilidad compartida

180. Los distintos ámbitos considerados —la búsqueda de la verdad en la vida pública, la educación en el entorno digital, las transformaciones del mundo laboral, la fragilidad de las familias y las nuevas formas de esclavitud— no son fenómenos aislados. Todos ellos ponen en juego lo mismo: si la técnica se convierte en criterio absoluto, la persona corre el riesgo de ser tratada como un dato, un engranaje o una mercancía; si, por el contrario, la técnica se inscribe en un horizonte de sabiduría, puede convertirse en una oportunidad de crecimiento, justicia y fraternidad.

181. Desde esta perspectiva, la Doctrina social de la Iglesia propone una responsabilidad compartida. Pide que estos procesos sean gestionados con visión de futuro: por instituciones capaces de regular sin asfixiar y de proteger sin suplantar; por empresas que reconozcan en el trabajo y en la dignidad un criterio de éxito; por organismos intermedios y comunidades educativas que reconstruyan la confianza y los vínculos; por ciudadanos que cultiven la responsabilidad, la sobriedad, el discernimiento y el sentido de la verdad. Sólo así la innovación podrá convertirse realmente en desarrollo humano integral y no en factor de exclusión y dominio; y sólo así la promesa del progreso podrá ser reconocida como verdadera, porque estará medida en función de la dignidad inviolable de cada hombre y cada mujer.

CAPÍTULO QUINTO

LA CULTURA DEL PODER Y LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR

182. Tras haber analizado cómo la IA está transformando algunos aspectos de la vida y de la sociedad, con graves repercusiones para la dignidad humana, es necesario dirigir la mirada hacia un ámbito aún más dramático: la guerra. Aquí la cuestión no se refiere únicamente a la eficiencia de los nuevos instrumentos, sino al riesgo de que la tecnología, separada de la ética y de la responsabilidad, haga más rápida e impersonal la decisión sobre la vida y la muerte, y presente el uso de la fuerza como una opción inmediata y viable. En un mundo cada vez más interdependiente, la paz no es un tema entre otros, sino una condición del bien común universal y una prueba para la madurez moral de los pueblos, y especialmente de quienes son llamados a puestos de responsabilidad en el gobierno.

183. La revolución digital está modificando la gramática de los conflictos. A la guerra visible se suman formas híbridas: ataques cibernéticos, manipulación de la información, campañas de influencia y automatización de decisiones estratégicas. La IA entra en estos procesos como factor de aceleración, en un contexto en el que muchas tecnologías son intrínsecamente ambivalentes: lo que nace para proteger puede convertirse rápidamente en ataque, y la frontera entre protección y agresión tiende a difuminarse. La IA puede potenciar la defensa y la protección de los civiles, pero también puede bajar el umbral del uso de la fuerza, hacer opacas las responsabilidades y alimentar una cultura en la que el enemigo queda reducido a un dato y la víctima a un “daño colateral”. Ante estas transformaciones, debemos recurrir a los principios de la Doctrina social —dignidad de la persona, bien común, destino universal de los bienes, subsidiariedad, solidaridad y justicia— como criterios para juzgar si las tecnologías sirven realmente a la humanidad o terminan por someterla, y considerarlas como orientaciones para nuestras decisiones.

184. En este capítulo pretendo, por tanto, comparar dos lógicas opuestas, que ya he evocado con imágenes bíblicas: por un lado, la tentación de construir la torre de Babel, confiando en el poder y en el orgullo; por otro, la paciencia de reconstruir Jerusalén, como en tiempos de Nehemías, “pieza por pieza”, cuidando lo humano y el bien común.

185. Si observamos las dinámicas mundiales, reconocemos cada vez con mayor claridad la expansión de una cultura del poder, hecha de polarizaciones y violencias. La Babel moderna no es sólo el paradigma tecnocrático globalizado, sino también el enfrentamiento a distancia entre imperialismos contrapuestos, entre potencias que quieren conservar su primacía y potencias que aspiran a conquistarla, con una multiplicidad de conflictos locales. Es, además, la carrera por desarrollar tecnologías cada vez más poderosas, o por asegurarse su control, según una dinámica deshumanizante que parece no conocer límites. Y, sin embargo, junto a esta deriva, vislumbramos a gran parte de la humanidad que trata de seguir siendo humana y de esforzarse por construir la ciudad de la convivencia y la paz. De ella, todos somos a menudo artífices inconscientes y arquitectos desunidos, capaces de gestos generosos pero carentes de una visión de conjunto: es una construcción más lenta, menos visible y menos llamativa, que espera ser mejor comprendida y más coordinada, para convertirse así en el compromiso consciente y articulado de cada comunidad, desde la familia hasta el gobierno de los estados y sus relaciones. Es a este horizonte de compromiso, a esta obra de esperanza, al que damos el nombre de “civilización del amor”.

La civilización del amor en la era digital

186. Cuando san 保罗六世 introdujo la expresión “civilización del amor”, [177] el mundo se veía marcado por la Guerra Fría, la carrera armamentista y fuertes desequilibrios económicos. En ese contexto, la Iglesia indicaba un camino alternativo a la oposición ideológica entre sistemas, imaginando un orden social en el que la justicia y la caridad se entrelazan y el amor se convierte en principio de organización de la vida económica, política y cultural. Hoy debemos recuperar con fuerza esta visión: la civilización del amor no es una utopía ingenua, sino un proyecto exigente. Consiste en traducir la caridad en estructuras de justicia, en dar cuerpo institucional a la fraternidad y en considerar al otro —ya sea persona o pueblo— como un aliado necesario para la construcción del bien común. Como nos ha recordado la Encíclica Fratelli tutti, sólo este amor social, capaz de convertirse en cultura y norma, puede generar un orden internacional estable, transformando la convivencia de simple coexistencia armada en comunidad de destino. [178]

187. Hoy, en el contexto de la revolución digital, esta intuición resulta aún más decisiva. Las redes digitales, la economía globalizada y el desarrollo de la IA crean vínculos cada vez más estrechos, conectando en tiempo real las decisiones tomadas en un lugar con los efectos que producen en otro. Por eso, siguen siendo actuales las palabras del 第二次梵蒂冈大公会议 sobre la creciente interdependencia entre los pueblos: el bien común adquiere cada vez más una dimensión universal, con derechos y deberes que conciernen a toda la familia humana. [179] El proyecto de la civilización del amor asume aquí la tarea decisiva de transformar esta interdependencia padecida en una solidaridad deseada y elegida. Es el criterio para orientar los procesos tecnológicos: no basta con que la IA nos haga más eficientes o conectados, debe servir para edificar esa familia humana universal, con derechos y deberes compartidos, donde la proximidad digital se convierta en una ocasión real de encuentro y de cuidado recíproco.

La cultura del poder

188. En los tiempos que vivimos se está consolidando una cultura del poder, en la que la disponibilidad de medios y la capacidad de dominar tienden a dictar la agenda y los criterios de decisión, relegando el bien común de la humanidad a un segundo plano y reduciendo el drama concreto de los pueblos en guerra a una variable secundaria respecto a los intereses estratégicos. Esta cultura del poder penetra en la sociedad, modifica las relaciones y los comportamientos, se expande normalizando la guerra, persiguiendo un poder militar cada vez mayor, aprovechándose de la crisis del multilateralismo y alimentando un falso realismo, el cual repite que no existen alternativas.

La normalización de la guerra

189. En 1965 resonó con fuerza el grito de san Pablo VI ante la Asamblea de la ONU: «¡Nunca más la guerra, nunca más la guerra!». [180] Debemos reconocer que, a pesar de los deseos y las proclamas de paz, los últimos sesenta años han estado marcados por conflictos de una ferocidad impresionante, que a menudo han afectado masivamente a las poblaciones civiles, causando víctimas inocentes, oleadas de refugiados, desestabilización social y heridas de larga duración. Sin embargo, en el discurso público prevalecía la convicción de que la guerra debía seguir siendo una extrema ratio, sujeta a rigurosos límites éticos y jurídicos y, en cualquier caso, a un horizonte político orientado a la paz. A raíz de los acontecimientos ocurridos en el período de entreguerras, tras la Segunda Guerra Mundial se produjo un giro: la paz se situó en el centro del orden internacional, como lo atestigua en particular la Carta de las Naciones Unidas, que se propone «preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra». [181] Muchas Constituciones nacionales, en la misma línea, habían relegado el uso de las armas a casos extremos y rigurosamente delimitados. Incluso durante la Guerra Fría, a pesar de la presencia de conflictos graves, persistía la conciencia de que había que evitar a toda costa un nuevo conflicto mundial.

190. Hoy, en cambio, asistimos a un verdadero cambio de paradigma en el discurso público y en las decisiones de rearme, con una preocupante rehabilitación de la guerra como instrumento de política internacional, mientras se erosionan precisamente aquellos criterios éticos que habían limitado su uso. Los conflictos regionales que se prolongan en el tiempo, la escalada de tensiones y las amenazas cruzadas se vuelven casi habituales, y resurgen formas de conflicto por la expansión territorial que se creían superadas. La opinión pública se orienta y acostumbra progresivamente a narrativas mediáticas polarizadas, a menudo amplificadas por algoritmos que valoran el enfrentamiento y la oposición.

191. También asistimos a una preocupante pérdida de la memoria histórica. La desaparición gradual de los testimonios directos del Holocausto y de las dos guerras mundiales facilita la reescritura selectiva o distorsionada del pasado, en un clima en el que las noticias falsas y las manipulaciones narrativas empañan las lecciones aprendidas. Sin una memoria viva de los horrores de la guerra, las decisiones políticas corren el riesgo de tomarse sobre la base de cálculos de fuerza, carentes de una visión de las consecuencias a largo plazo.

192. A todo esto se suma un elemento nuevo y decisivo: la dimensión mediática y digital. Las redes de comunicación, los entornos informativos fragmentados y los algoritmos que premian el enfrentamiento pueden amplificar la polarización y el resentimiento, acelerar la propaganda y dificultar el discernimiento común. Así, la guerra no sólo se libra, sino que también se prepara culturalmente a través de narrativas simplistas, lógicas de amigo-enemigo, desinformación y miedo. Cuando se atenúa la memoria histórica y se debilitan los criterios éticos que protegen a los civiles y a los más frágiles, se vuelve más fácil presentar la violencia como necesaria, inevitable o incluso “limpia”. Es en este clima donde la humanidad está cayendo en la cultura violenta del poder, donde la paz ya no se presenta como una tarea por asumir, sino como un intervalo precario entre conflictos. Hoy más que nunca es importante reiterar la superación de la teoría de la “guerra justa”, invocada con demasiada frecuencia para justificar cualquier guerra, sin perjuicio del derecho a la legítima defensa, entendida en el sentido más estricto. [182] La humanidad cuenta con instrumentos mucho más eficaces y capaces de promover la vida humana para afrontar los conflictos, como el diálogo, la diplomacia y el perdón. El recurso a la fuerza, a la violencia y a las armas testimonia una pobreza relacional que siempre tiene consecuencias desastrosas para las poblaciones civiles.

La fuerza sin límites

193. Un elemento decisivo del panorama actual es el crecimiento de la industria bélica, que se ha convertido en un sector clave de la economía de algunos países. La estrecha conexión entre los intereses económicos, los aparatos militares y las decisiones políticas genera una “nación armada”, en la que la guerra parece casi una prolongación natural de la política y el mercado de las armas se convierte en un motor autónomo de las decisiones bélicas. No podemos ignorar los enormes intereses económicos que están detrás de la guerra. Las industrias armamentísticas y los países que suministran armas se benefician de un mercado que prospera precisamente gracias a los conflictos. En este sentido, existe también una lógica económica que contribuye a alimentar tensiones en diversas regiones del mundo.

194. Los arsenales militares están en el centro de la atención. En el pasado, el reconocimiento de la amenaza que representaban las armas capaces de destruir a toda la humanidad había favorecido vías de distensión y de negociación sobre el desarme. Lamentablemente, hemos salido de ese horizonte y la evolución de los arsenales nucleares —incluida la perspectiva de usos “tácticos”— hace que el recurso a tales artefactos parezca una posibilidad cada vez menos remota. En este contexto, la entrada en vigor en 2021 del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, respaldado por más de setenta países, representa una señal importante, pero corre el riesgo de quedar en gran parte simbólica, ya que las principales potencias atómicas no se han adherido a él. Así se ha extendido la creencia, errónea, de que la disuasión nuclear es una condición indispensable para la seguridad, lo que ha alimentado una nueva y difícilmente controlable carrera armamentística, acompañada del desmantelamiento progresivo de los acuerdos de reducción de las armas nucleares y del desarrollo de armas “miniaturizadas”, que hacen más fácil considerar su uso como una opción viable.

195. La misma lógica se observa en los conflictos convencionales: la fuerza militar, la debilidad de las iniciativas diplomáticas y la complejidad de los intereses en juego favorecen conflictos que tienden a hacerse crónicos, con un costo humano y ambiental altísimo. Es mucho más fácil iniciar una guerra que detenerla y, sin embargo, la reflexión sobre la prevención de conflictos sigue siendo dramáticamente marginal.

196. El panorama se vuelve aún más inestable por la presencia de nuevos actores armados —grupos yihadistas, milicias privadas, redes criminales— que marcan el fin del monopolio estatal de la fuerza. A menudo, estos sujetos entrelazan motivaciones ideológicas vagas con intereses económicos muy concretos, transformando la guerra en un verdadero modo de vivir para generaciones enteras de jóvenes y niños: el objetivo ya no es una victoria definitiva, sino la perpetuación del conflicto como fuente de poder y beneficios.

Armas e IA

197. A este panorama se suma el desarrollo incesante de los sistemas de armas y en particular de las armas relacionadas con la IA. La Santa Sede ha señalado recientemente que la creciente facilidad con la que se pueden emplear los sistemas de armas con autonomía operativa hace que la guerra sea más “viable” y menos sujeta al control humano, lo que contradice el principio de que recurrir a la fuerza armada debe ser un último recurso en caso de legítima defensa. [183] Por ello, el desarrollo y el uso de la IA en el ámbito bélico deben estar sujetos a las restricciones éticas más rigurosas, y al respeto de la dignidad humana y de la sacralidad de la vida, evitando una carrera armamentista. [184]

198. A veces se habla de “agentes morales artificiales”, como si una máquina pudiera garantizar, con mayor coherencia que un ser humano, la distinción entre el bien y el mal. Pero el juicio moral no se puede reducir a un cálculo: implica conciencia, responsabilidad personal y reconocimiento del otro como persona. Por eso no es lícito confiar a sistemas artificiales decisiones letales o, en cualquier caso, irreversibles. No existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable. La IA no libera al conflicto de su intrínseca inhumanidad: sólo puede hacerlo más rápido e impersonal, bajando el umbral del recurso a la violencia y transformando la defensa en previsión operativa, con las víctimas reducidas a datos. Así, nos acostumbra a la idea de que la violencia sea inevitable y sólo deba optimizarse. Por tanto, es de máxima importancia infundir valores y un juicio prudente en la programación de los sistemas artificiales que construimos; estos pueden contribuir a un ecosistema moral en el que los seres humanos estén mejor preparados para escuchar su propia conciencia y en el que los modelos de IA establezcan límites adecuados.

199. No es suficiente invocar la ética de manera genérica: es necesario indicar criterios precisos de discernimiento. El primero se refiere a la responsabilidad personal. Cuando la decisión de atacar se automatiza o se vuelve opaca, aumenta el riesgo de que se pierda el sentido de la responsabilidad. Por eso, la cadena de responsabilidades debe seguir siendo identificable y verificable: quienes planifican, entrenan, autorizan y emplean deben poder rendir cuentas de sus decisiones. El segundo criterio se refiere al tiempo del juicio moral. La IA tiende a acortar los tiempos de decisión; pero, en la guerra, las decisiones irreversibles no pueden tener como criterios supremos la rapidez y la eficiencia. El tercer criterio es la distinción y la protección de los civiles. Toda tecnología que facilite atacar sin ver el rostro del otro baja el umbral moral del conflicto. La selección de objetivos y el uso de la fuerza no pueden confundir a combatientes y no combatientes, ni ignorar el impacto sobre las poblaciones indefensas.

200. De estos criterios se derivan algunas exigencias ineludibles. En primer lugar, para cada sistema empleado en el ámbito bélico deben garantizarse la trazabilidad y la posibilidad de reconstruir las decisiones, de modo que la responsabilidad y las posibles culpas no se disuelvan “en la máquina”. En segundo lugar, la decisión de emplear la fuerza letal no puede delegarse en procesos turbios o automatizados, sino que debe permanecer bajo un control humano efectivo, consciente y responsable. Por último, es necesario establecer reglas compartidas, incluso a nivel internacional, que frenen la carrera armamentística tecnológica y aseguren una protección especial a los civiles y a las infraestructuras esenciales para su supervivencia.

La crisis del multilateralismo

201. La cultura del poder surge también de la crisis del sistema multilateral. Las instituciones creadas para salvaguardar la idea de un destino común de los pueblos y de un bien común a nivel mundial parecen debilitadas, no sólo por limitaciones estructurales, sino porque a menudo falta una voluntad compartida de apoyarlas, reformarlas y reconocer su autoridad moral. En lugar de avanzar, estamos retrocediendo con respecto al giro histórico del siglo XX. Después de 1989, el colapso de los regímenes comunistas en Europa vino acompañado de una globalización predominantemente económica, carente de una arquitectura política adecuada capaz de sostener el diálogo y la paz. Se confió casi ciegamente a los mercados la capacidad de producir bienestar, democracia y estabilidad, mientras que, en realidad, la globalización no ha generado automáticamente unidad y paz, sino que ha suscitado reacciones fundamentalistas, identitarias y nacionalistas. El resultado está lejos de un auténtico multilateralismo: se presenta más bien como un multipolarismo desordenado y conflictivo, donde prevalece la desconfianza hacia el otro.

202. Reaparece la tentación de construir la identidad colectiva contra un enemigo, alimentando narrativas en las que cada uno se presenta como víctima legitimada para la revancha. La simplificación en esquemas —“yo primero”, “amigo-enemigo”, “nosotros-ustedes”— facilita decisiones, a menudo irresponsables, que minan la confianza recíproca entre las naciones. La fuerza del derecho internacional es así sustituida por el supuesto “derecho del más fuerte”, y sus instrumentos —desde los tribunales competentes en crímenes de guerra hasta los tribunales llamados a resolver las controversias entre estados— son a menudo eludidos o debilitados, con consecuencias devastadoras para la cultura política y la convivencia. [185]

203. En este contexto, la construcción de la paz ha pasado a un segundo plano: la cooperación para el desarrollo, el desarme, la prevención de conflictos y el fomento de la confianza mutua quedan relegados, en nombre de lógicas de poder. Así se debilitan también los logros del derecho humanitario: el principio de proporcionalidad en la respuesta a las agresiones, la protección del acceso al agua, los alimentos y los bienes esenciales, y el respeto por la vida de los civiles y de los niños son tratados como ingenuas reminiscencias del pasado.

Un supuesto realismo político

204. Vivimos en una época de notable ceguera espiritual y cultural. Un falso pragmatismo invita a cortar las raíces de la memoria, como si se pudiera inaugurar una especie de “nueva creación” desvinculada del pasado; incluso quienes invocan grandes principios morales pueden caer en este nihilismo histórico, creyendo ilusoriamente que las atrocidades del siglo XX ya no pueden repetirse. En realidad, las mismas dinámicas resurgen bajo nuevas formas. Parece volver a imponerse la lógica del equilibrio armado y de la disuasión. Pero, a diferencia del escenario bipolar de la Guerra Fría, hoy la multiplicación de los actores y de los frentes de conflicto hace que esta lógica sea cada vez más frágil. La conflictividad exacerbada empuja hacia guerras asimétricas e “híbridas”, libradas también en el terreno económico, financiero e informático, con el uso de la desinformación y campañas que alimentan el miedo para influir en la opinión pública. En muchos países, incluso en el Sur global, el aumento del gasto militar se presenta como la única respuesta a un futuro incierto o a amenazas percibidas, mientras que el costo real recae sobre los más pobres, que ven reducirse los recursos destinados a la salud, a la educación y a los servicios sociales.

205. Detrás de todo esto se esconde un falso “realismo”, basado no sólo en la lógica arraigada de la fuerza, sino también en una convicción cultural y antropológica, como si la guerra fuera inevitablemente parte de la naturaleza humana. Siempre ha sido así —se dice— salvo breves paréntesis, ¡y así será siempre! Por lo tanto, el problema ya no es la paz, perdida como referencia en el horizonte internacional, sino cómo y cuándo actuar militarmente, mientras se sostiene que sería irresponsable no prepararse para el enfrentamiento. En cambio, lo que es verdaderamente irresponsable es la 现实政治, esta forma de “realismo” político, que siembra en las conciencias y en la cultura la resignación ante una guerra ineludible, y califica la paz y el diálogo como posiciones utópicas o irracionales, que ignoran los riesgos en juego. Por el contrario, la paz no es una esperanza ingenua ni sólo una ausencia de guerra: es fruto, siempre posible, de la justicia y la caridad.

206. En este clima, el nihilismo y el pragmatismo terminan entrelazándose y normalizando errores gravísimos: los extremismos religiosos y los fanatismos identitarios se alían con un economicismo irracional, mientras que la política recurre con facilidad a la desinformación, a la ridiculización del adversario y a la construcción sistemática de miedos y resentimientos. Así, la diversidad del otro se vive cada vez más como una amenaza, alimentando el deseo de posesión, la voluntad de dominio, las ambiciones hegemónicas, los abusos de poder y el miedo a la diferencia, y preparando un terreno en el que pueden madurar nuevos conflictos sin apenas darnos cuenta. [186]

207. Este es un terreno fértil para nuevas guerras, tal vez aún más peligrosas que las anteriores, ya que tienden a perder todo límite ético. Lo que antes se consideraba inaceptable hoy puede llevarse a cabo casi sin vacilaciones, mientras que la reacción internacional se adapta a la conveniencia de cada gobierno más que a la gravedad objetiva de los hechos. Las decisiones ahora parecen ser guiadas casi exclusivamente por cálculos económicos, defendidas a través de ilusiones mediáticas, euforias artificiales y “sueños” que inevitablemente se desvanecen, generando frustración y nueva violencia. Cuando uno se persuade de que nada es verdaderamente real y de que los “principios” no son más que un envoltorio vacío, la mecha de nuevas explosiones de intolerancia y agresividad se enciende en el corazón mismo de las personas.

208. En este escenario, la pregunta sobre las garantías reales contra nuevas violencias sigue abierta. Cuando una cultura normaliza y justifica el conflicto, se abre una deriva peligrosa: lo que hoy parece impensable puede volverse mañana aceptable en base a cálculos de utilidad o de seguridad. En países marcados por graves tensiones sociales, no podemos excluir que alguien termine considerando el conflicto armado como una forma eficaz de desviar la atención de los problemas internos y como un instrumento de gestión cínica de las dificultades.

209. Una responsabilidad particular recae sobre quienes trabajan en el mundo de la investigación. Todos los protagonistas de este ámbito —científicos, empresarios, inversionistas, autoridades académicas, políticos, entre otros— están llamados a trabajar con una lógica de transparencia y responsabilidad, manteniendo viva la conciencia del amplio marco en el que se inscriben los avances tecnológicos a los que contribuyen, incluidos los relacionados con la IA. Cuando uno se limita a mirar sólo a su propio sector, se engaña a sí mismo creyendo que realiza una tarea moralmente neutra y evita las preguntas sobre los fines últimos que orientan determinados experimentos: así se corre el riesgo de cooperar, tal vez sin quererlo, en proyectos oscuros que alimentan nuevas formas de violencia, manipulación y dominio.

Construir la civilización del amor

210. La construcción de un mundo en estado de beligerancia permanente es un mal, y hay que llamarlo por su nombre. Esta forma de describir la realidad que vivimos puede parecer sombría o pesimista, pero considero que es una denuncia necesaria. La perspectiva cristiana, sin embargo, no se agota en la denuncia del mal. Nosotros miramos la historia a la luz del Crucificado Resucitado, a quien el Padre ha dado «todo poder en el cielo y en la tierra» (公吨 28,18). No interpretamos el presente como un destino cerrado, sino como un campo abierto a la conversión personal y colectiva. Y creemos en la fuerza del Reino, que se desarrolla a partir de la pequeñez de un grano de mostaza, como una semilla que, una vez sembrada, brota y crece (cf. 麦克 4,26-32). Mientras el ruido de la confusión nos rodea, el bien crece silenciosamente desde la tierra. Con las palabras del profeta: «Yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?» (Is 43,19).

211. Una lectura atenta de la historia lo confirma. Incluso en las noches más oscuras, el Señor suscita hombres y mujeres capaces de no resignarse y de perseverar en el bien: personas que protegen a los frágiles y abren caminos de reconciliación. La memoria de los santos y de los justos, de los constructores de paz a menudo olvidados, muestra que la gracia no elimina el conflicto con un gesto mágico, sino que genera una resistencia activa al mal y una creatividad sorprendente en el bien. Los cristianos ven las tinieblas y las llaman por su nombre, pero no se quedan paralizados contemplándolas: conocen la luz y saben que las tinieblas no la recibieron y no pueden vencerla (cf. 约翰 1,5). Por eso, sirven al bien incluso donde el dolor parece tener la última palabra, sostenidos por una esperanza teologal que da a la realidad un horizonte y una dirección.

Todos podemos dar nuestro aporte

212. En este punto, sin embargo, se insinúa una tentación sutil: pensar que los problemas son demasiado grandes y nosotros demasiado pequeños, y que, por tanto, nuestras decisiones no cambian nada. Es una forma elegante de rendirse, a menudo disfrazada de realismo. Claro, no todos tienen el mismo poder de influir sobre la realidad: hay quienes gobiernan, quienes deciden inversiones, quienes dirigen instituciones, quienes investigan, quienes educan, quienes informan, quienes producen; y hay quienes parecen tener sólo su propia vida cotidiana. Sin embargo, nadie está exento de responsabilidad. Cada uno dispone de un ámbito propio de acción, y ahí —no en otro lugar— está llamado a elegir si alimenta la lógica de la fuerza —aunque sea sólo con indiferencia, cinismo, mentira y odio—; o si promueve la lógica de la paz —con verdad, sobriedad, cercanía y cuidado—.

213. Un escritor católico del siglo XX, John Ronald Reuel Tolkien, por boca de uno de los protagonistas de una de sus novelas, describió así nuestra responsabilidad: «No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza». [187] La civilización del amor no nace de un gesto único y espectacular, sino de una suma de fidelidades pequeñas y tenaces, que hacen frente a la deshumanización. Por eso vale la pena detenerse y considerar algunos aspectos de cómo, cada uno en su ámbito, podemos colaborar en su construcción. Sin pretender agotar el tema, propongo cinco vías de responsabilidad cotidiana y pública: desarmar las palabras, construir la paz en la justicia, asumir la mirada de las víctimas, cultivar un sano realismo y relanzar el diálogo y el multilateralismo.

Desarmar las palabras

214. La primera contribución que podemos hacer a una civilización más humana es prestar atención a nuestras palabras. «Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar la tierra». [188] El poder de las palabras es enorme y lo experimentamos en nuestra comunicación cotidiana, cuando alguien nos dice algo que cambia nuestro estado de ánimo, ya sea para bien o para mal. «La paz comienza por cada uno de nosotros, por el modo en el que miramos a los demás, escuchamos a los demás, hablamos de los demás; y, en este sentido, el modo en que comunicamos tiene una importancia fundamental; debemos decir “no” a la guerra de las palabras y de las imágenes, debemos rechazar el paradigma de la guerra». [189] Todos debemos, por tanto, hacer un examen de conciencia sobre las palabras que usamos, sobre los prejuicios de los que están impregnadas y sobre la agresividad, abierta o encubierta, que las motiva. Tenemos una posibilidad real de contribuir al bien cada vez que decimos la verdad, que damos un consejo sabio, que apoyamos a quien necesita consuelo, que denunciamos una injusticia o damos voz a quien no la tiene.

Construir la paz en la justicia

215. Todos, a cualquier nivel, podemos contribuir al fundamento de la paz, que es la justicia. De hecho, no buscamos una paz cualquiera, una ausencia de conflicto a cualquier precio, sino esa paz verdadera que nace de la justicia. «Hay una estrecha relación entre la justicia de cada uno y la paz para todos». [190] Al comentar el versículo del salmo «la justicia y la paz se besarán» ( 盐 85,11b), san Agustín escribe: «Nadie hay que no desee estar en paz, pero no todos quieren practicar la justicia. […] Pero tú debes practicar la justicia, ya que la paz y la justicia se besan, no están en discordia. Y tú, ¿por qué no estás de acuerdo con la justicia? Por ejemplo, te dice la justicia: no robes, y tú no le haces caso; no cometas adulterio, y te haces el sordo; no hagas a otro lo que tú no quieres que te hagan; no comentes de otros lo que no quieres que comenten de ti. […] ¿Quieres encontrarte con la paz? Practica la justicia». [191] ¡No nos cansemos, entonces, de buscar la justicia!

Asumir la mirada de las víctimas

216. Hay situaciones en las que, para seguir siendo humanos, debemos abandonar las vacilaciones y tomar partido. Hay conflictos en los que no es justo permanecer neutrales y no basta pensar en “no ser cómplices”. [192] Cuando nos enfrentamos a bombardeos contra civiles, a ataques contra hospitales, escuelas o infraestructuras vitales, a abusos que afectan a los niños, nos encontramos ante escándalos que hieren a la humanidad misma. Por eso no podemos quedarnos a nivel de análisis abstractos. Como recordó el 教宗方济各, debemos “tocar la carne” de quienes sufren: [193] mirar los rostros, escuchar las historias, reconocer las heridas. Los acontecimientos dolorosos necesitan tanto de historia como de memoria: la una para tratar de relatar los hechos, la otra para dar testimonio de lo vivido.

217. Dar espacio, en la información y en la educación, a la mirada y a la voz de las víctimas ayuda a tomar verdadera conciencia del abismo de maldad que encierra la guerra y, en general, toda forma de violencia; a no aceptar como normal la lógica del conflicto; a no apartar la mirada cuando se comete una afrenta contra la dignidad humana; y a devolver a las personas afectadas la dignidad de ser reconocidas y escuchadas. [194] La atención a estas voces alimenta la convicción de que, más allá de las minorías violentas, la humanidad no desea la guerra. La Iglesia puede ser de modo especial un lugar de memoria viva de las víctimas. Como recordaba san 保罗六世, ella siente que debe hacer suyas tanto la voz de los muertos de las guerras pasadas como la de los vivos que aún llevan sus heridas, para que su grito se convierta en un llamamiento a la paz y a la concordia, y no en un preludio de nuevos conflictos. [195]

Cultivar un sano realismo

218. Necesitamos un sano realismo, que evite tanto el idealismo político como el cinismo. De hecho, existe un idealismo que, para salvar su propia visión del mundo, selecciona los hechos, los manipula, los renombra y termina habitando una realidad construida a la medida de sus propias convicciones. Por otro lado, existe también un realismo degradado que confunde la constatación con la resignación: dado que la fuerza domina, concluye que debe dominar. El realismo auténtico no renuncia a cambiar el mundo: comienza por ver con claridad los intereses, los miedos, las limitaciones y las relaciones de poder, precisamente para calcular qué es posible lograr y con qué pasos. No reduce la política a la moralidad, pero tampoco la entrega a la violencia: busca modos viables para que la paz sea más que una palabra, es decir, instituciones creíbles, garantías verificables, negociaciones pacientes, prevención de conflictos y protección de los civiles.

Relanzar el diálogo

219. Para construir la civilización del amor debemos ejercitar el diálogo. Este es el principal instrumento de la convivencia entre las personas y entre los pueblos, y es la alternativa al conflicto abierto. Ya lo recordaba 庇护十二世 en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, cuando afirmaba que con la paz no se pierde nada, mientras que con la guerra todo se puede perder, y que los hombres deben volver a dialogar, porque un diálogo sincero y perseverante abre siempre la posibilidad de una solución honorable. [196]

220. El diálogo es una dimensión ordinaria de la vida humana, y no se refiere únicamente a las relaciones entre los estados. Se trata de adquirir una actitud para construir lazos de fraternidad, hechos de escucha, de miradas sinceras, de tiempo dedicado, incluso de tiempo perdido juntos. Porque, si experimentamos el encuentro auténtico con el otro, el diferente, el extranjero, el migrante, se vuelve incluso mucho más difícil siquiera imaginar la guerra.

221. A nivel político, es urgente pasar de la “cultura del poder” a una auténtica “cultura de la negociación”, en la que el diálogo y las relaciones diplomáticas se conviertan en la vía habitual para afrontar los conflictos, tal como deseaba Giorgio La Pira: «Al método de la guerra habrá que sustituirlo por el método de la paz: el método de la negociación, del encuentro, de la convergencia; ¡es decir, el método auténticamente humano!». [197] La conciencia de un destino común de los pueblos exige que la cultura de la negociación se convierta cada vez más en un compromiso compartido, político y cultural, capaz de alejar gradualmente a la humanidad de la espiral de la violencia.

222. A quienes tienen el honor y la responsabilidad de gobernar, quisiera repetir unas palabras que dije al inicio de mi Pontificado: «Los pueblos quieren la paz y yo, con el corazón en la mano, digo a los responsables de los pueblos: ¡encontrémonos, dialoguemos, negociemos! La guerra nunca es inevitable, las armas pueden y deben callar, porque no resuelven los problemas, sino que los aumentan; porque pasarán a la historia quienes siembran la paz, no quienes cosechan víctimas; porque los demás no son ante todo enemigos, sino seres humanos: no son malos a quienes odiar, sino personas con quienes hablar. Rechacemos las visiones maniqueas típicas de los relatos violentos, que dividen el mundo entre buenos y malos». [198]

223. Al rechazar la lógica de la violencia, el diálogo entre las religiones tiene un papel decisivo, porque en el centro de los grandes caminos espirituales se encuentra un mensaje de paz. [199] Quien utiliza el nombre de Dios para legitimar el terrorismo, la violencia o la guerra traiciona su rostro; luchar en nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la religión misma. [200] El “espíritu de Asís”, promovido por 圣若望保禄二世 y continuado en el compromiso del 教宗方济各 —por ejemplo, en el diálogo con el Gran Imán de al-Azhar—, muestra que los creyentes pueden volver a beber de las fuentes más auténticas de sus tradiciones espirituales, donde no hay lugar para el odio sacralizado.

La necesidad de la diplomacia y el multilateralismo

224. En las relaciones internacionales, el diálogo es el instrumento insustituible de la diplomacia para prevenir los conflictos y restablecer los lazos de confianza. Frente a las comunicaciones impulsivas, las retóricas agresivas y las lógicas de poder que marcan nuestro tiempo, «la vocación de la diplomacia es aquella de favorecer el diálogo con todos, incluidos los interlocutores que se consideran más “incómodos” o que no se estiman legítimos para negociar», [201] utilizando hasta el extremo la humildad y la paciencia para recuperar los más tenues signos de buena voluntad de las partes en conflicto, a fin de iniciar una pacificación.

225. También el ciberespacio se ha convertido en terreno de enfrentamiento: los ataques informáticos, la manipulación de datos y las campañas de influencia orquestadas con la ayuda de la IA pueden desestabilizar países enteros, incluso antes de que se llegue a un enfrentamiento armado abierto. En este ámbito, además, la atribución de responsabilidades es a menudo incierta: cuando no está claro quién ha atacado, crece el riesgo de reacciones desproporcionadas, errores de evaluación y espirales de escalada. Por eso hace falta una diplomacia capaz de operar también en este nuevo entorno, negociando reglas compartidas sobre el uso de las tecnologías digitales, protegiendo a los civiles y a los más vulnerables de formas de violencia invisibles, pero no por ello menos reales.

226. Las organizaciones internacionales, en particular la ONU, siguen siendo instrumentos esenciales para promover una civilización del amor, al apoyar el diálogo entre las naciones, la solución pacífica de los conflictos, el desarrollo integral de los pueblos, la protección de las personas más vulnerables, el desarme y el cuidado de la creación. A través de estas instancias, la comunidad internacional puede tratar de reducir las desigualdades, defender los derechos de los refugiados y de las minorías, liberar recursos destinados al armamento para destinarlos a la promoción humana y proteger la Casa común. La Santa Sede apoya y acompaña este compromiso, aunque reconoce que la actual debilidad de la ONU y del sistema político internacional revela la necesidad de reformas profundas: no se trata sólo de ajustes técnicos, porque la crisis de convicciones y de valores afecta también a los fundamentos éticos de la vida de las naciones y dificulta orientar el multilateralismo hacia el verdadero bien común. [202]

227. En el contexto internacional, la diplomacia de la Santa Sede asume el principio evangélico de la misericordia como criterio concreto de la acción política. Es una de las formas en que la Santa Sede se pone al servicio de la humanidad, llamando a las conciencias a la caridad y a la verdad, defendiendo la dignidad de cada persona y haciéndose voz de los pobres, de los migrantes y de las víctimas de las guerras. De este modo, la diplomacia pontificia expresa la catolicidad de la Iglesia y contribuye a la construcción de una civilización del amor en la que también las nuevas tecnologías estén orientadas al bien común.

Orar y esperar

228. Estas vías de compromiso se nutren de la oración y la alimentan. Para nosotros, en efecto, la paz, ante todo, «proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente». [203] Es un don entregado por Jesús a sus discípulos el día de Pascua: «¡La paz esté con ustedes! Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante». [204] Con estas palabras saludé a la Iglesia y al mundo el día de mi elección a la Sede de Pedro, y deseo repetirlas para invitar a todos a pedir este don. No nos cansemos de orar por la paz y de comprometernos a hacerla realidad en nuestras relaciones y en la sociedad.

CONCLUSIÓN

229. «Que cada cual se fije bien de qué manera construye» (1 Co 3,10): son palabras de san Pablo, que exhorta a los cristianos de Corinto a custodiar la unidad. Amadísimos hermanos y hermanas, nos hemos interrogado sobre el mundo que estamos construyendo, preguntándonos qué significa custodiar a la persona humana en el tiempo de la IA. Al final de este camino, deseo entregarles un itinerario de vida cristiana sobrio y exigente con el cual vivir este cambio de época a la luz del Evangelio. Es un camino que nace de la contemplación del designio de Dios, vive la unidad eclesial nutriéndose de la Palabra y de la Eucaristía, construye el bien en el mundo y ora junto con la Virgen María.

El Verbo se hizo carne

230. En un mundo atravesado por tantas maniobras que apuntan a conquistar mercados y espacios de influencia, a menudo revestidas de retórica tranquilizadora y construcciones ideológicas seductoras, nuestro corazón siente la necesidad de descubrir un proyecto diferente, sabio y benévolo, semejante al que María contempla en el Magníficat, cuando proclama que la misericordia de Dios se extiende de generación en generación sobre aquellos que le temen. [205] Este designio de misericordia atraviesa la historia también hoy, dentro de los cambios más rápidos y frenéticos marcados por los algoritmos y las redes globales, y se convierte en la brújula para orientar una existencia evangélica en la era digital.

231. En el centro está el misterio de la Encarnación: el Verbo se hizo carne y puso su morada entre nosotros. La carne del Hijo, pobre y vulnerable, evoca la carne de tantos hermanos y hermanas despojados de su dignidad y reducidos al silencio. [206] Y a través de esta cercanía, el don de la paz entra en el mundo de modo paradójico: como el poder de llegar a ser hijos de Dios, que se aviva cuando nos dejamos conmover por el llanto de los pequeños, por la fragilidad de los ancianos, por el silencio de las víctimas, por el esfuerzo de quienes luchan contra el mal que no querrían hacer. [207] En esta carne herida y amada, el Padre nos muestra la verdadera humanidad de una vida que se realiza en la apertura y en la comunión, hasta el punto de hacernos desear que su voluntad se cumpla en la tierra como en el cielo. [208]

232. En las promesas del transhumanismo y de algunas corrientes posthumanistas, que persiguen una humanidad potenciada y casi desencarnada, reconocemos un deseo que nos interpela: la necesidad de una vida más plena, menos expuesta a la fragilidad y al sufrimiento. Pero la Encarnación abre un camino diferente. Mientras las ideologías antiguas y nuevas empujan al hombre a la superación técnica del límite y a elevarse por encima de los demás para afianzar un dominio, el misterio del Hijo de Dios que entra en nuestra condición narra un movimiento opuesto: el Dios vivo que desciende a nuestra historia para liberarnos de toda esclavitud, [209] asume nuestra debilidad y la transforma en lugar de salvación. No hay un momento ni una condición humana que no sea digno de Dios: «De manera que tenemos, como nos enseña nuestra fe y dilucidamos en nuestros misterios, a Dios que nace en la cuna, un Dios que vive y viaja por Judea, un Dios que muere en la cruz y un Dios muerto y sepultado». [210] El futuro de la humanidad encuentra así su criterio en la capacidad de acoger este modo divino de hacerse cercano, de compartir el peso del mundo, de transformar las relaciones desde dentro. ¡Qué maravilla!, «este hombre es Dios, y Dios-Hombre pasa por estos escalones, ¡los santifica y deifica en sí mismo!». [211] Lo que salva al hombre es el amor divino que desciende hasta el punto más frágil de su historia y la regenera desde lo profundo.

233. Por eso, como creyente entre creyentes, invito a contemplar en el rostro del Hijo una magnífica humanidad que también ilumina la época de la IA. En Cristo comprendemos que el hombre está llamado a ser colaborador en la obra de la creación, y no espectador resignado ante los procesos tecnológicos que limitan su libertad y su responsabilidad. [212] La dignidad que el Espíritu Santo esculpe en cada uno de nosotros se reconoce también en la capacidad de reflexionar críticamente, de elegir y amar gratuitamente, y de establecer relaciones auténticas. Ningún sistema de cálculo, por sofisticado que sea, genera un corazón que se entrega, ni una conciencia capaz de discernir el bien. Incluso cuando las máquinas sobresalen en eficiencia, el centro de la historia sigue siendo un rostro humano que exige ser contemplado. Este rostro humano es la plenitud hacia la que camina la historia. Es el misterio de la recapitulación, la certeza de que el Padre ha establecido recapitular en Cristo ―única Cabeza― todas las cosas, las del cielo y las de la tierra (cf. 能量 1,10). En este designio, nada de lo que es verdaderamente humano se perderá, sino que todo será purificado y reunido en Aquel que recoge cada fragmento de vida, cada lágrima y cada auténtica conquista humana para sustraerlos de la nada y entregarlos, redimidos, al Padre.

Un solo cuerpo en Cristo

234. La espiritualidad que necesitamos es una espiritualidad eucarística, es decir, una espiritualidad de la unidad eclesial en el amor. La Encarnación y la Pascua revelan a Dios que entra en nuestra condición humana y la transfigura en el don de sí mismo. Este don permanece presente y operante en la Eucaristía, en la cual el Señor se comunica y reúne a la Iglesia, para que su entrega se convierta en principio de unidad y fuente de vida nueva. De esta comunión nace también la solidaridad cristiana, porque la «unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que él se entrega». [213] Como explica san Agustín a los nuevos cristianos de su Iglesia, el pan y el vino sobre el altar son el sacramento de la unidad de los fieles en Cristo: «Lo que vemos tiene aspecto corporal; lo que entendemos, fruto espiritual. Por tanto, si quieres entender el cuerpo de Cristo, escucha al Apóstol que dice a los fieles: Vosotros sois el cuerpo de Cristo y sus miembros ( 1 Co 12,27). En consecuencia, si vosotros sois el cuerpo de Cristo y sus miembros, sobre la mesa del Señor está puesto el misterio que vosotros mismos sois: recibís el misterio que sois vosotros. A eso que sois, respondéis “Amén”, y al responder (así) lo rubricáis. Escuchas, pues: “Cuerpo de Cristo”, y respondes: “Amén”. Sé miembro del cuerpo de Cristo, para que tu “Amén” responda a la verdad». [214]

235. El “Amén” que decimos en la liturgia, el Cuerpo que comemos y la Sangre que bebemos, dan forma a toda nuestra vida. La Eucaristía «es elencuentro personalísimo con el Señor y, sin embargo, nunca es un mero acto de devoción individual». [215] En ella se muestra visiblemente que nosotros «somos la Iglesia de Cristo, somos sus miembros, su cuerpo. Somos hermanos y hermanas en Él. Y en Cristo, aun siendo muchos y diferentes, somos uno: “ In Illo uno unum”». [216]La Eucaristía nos mueve a la justicia y al compartir, con una atención preferencial hacia quienes sufren el peso de la pobreza y de la marginación. Y mientras las nuevas redes económicas y tecnológicas pueden generar exclusión, aislamiento y dependencias, la Iglesia, alimentada por la Eucaristía, está llamada a hacer visible otro tipo de medida, custodiando los vínculos, devolviendo la voz a los invisibles y orientando los procesos hacia la dignidad de las personas.

La obra de nuestro tiempo

236. La espiritualidad que deseo entregar es la del “arquitecto sabio” que, animado por la esperanza en el Reino de Dios, se compromete a construir el bien en el mundo (cf. 1 Co 3,10). Como escribí al comienzo de esta reflexión, [217] hoy nuestra edificación debe tener como fundamento la relación con Dios, como norma la aceptación del límite humano en cuanto realidad natural y positiva, y como estilo la corresponsabilidad y el lenguaje evangélico. Al final del camino, el proyecto de una civilización del amor se perfila más claramente y la obra se muestra ya iniciada, sobre todo gracias a tantas piedras vivas sólidamente unidas en Cristo, la piedra angular (cf. 1 P 2,4-6). En esta obra estamos llamados a asumir un papel activo, sin refugiarnos en el espiritualismo ni en nuestros pequeños mundos: debemos ser fieles a la verdad, invertir en la educación, cuidar las relaciones, y amar la justicia y la paz.

237. ¡Permanezcamos fieles a la verdad! Viviendo inmersos en flujos incesantes de información, opiniones e imágenes, sabemos lo fácil que es influir en decisiones y preferencias a través de algoritmos cada vez más sofisticados. [218] En este escenario es importante custodiar un corazón que ama la verdad, que desea lo justo más que los contenidos de mayor atractivo, que busca la sabiduría más que el impacto inmediato. La verdad que no debemos perder es la de Dios y la del ser humano, tal como Cristo nos la ha revelado. Es necesario abandonar una visión del hombre individualista y técnica, como si la realidad fuera solamente materia para modelar con base en intereses egoístas, tanto individuales como de grupo. [219] Cultivemos en cambio lo que el 教宗方济各 ha definido como un «antropocentrismo situado», [220] que reconoce al ser humano como criatura inserta en una trama de relaciones con los demás seres vivos y con la totalidad de la creación. La fidelidad a la verdad exige integrar las posibilidades que ofrece la técnica en un camino de sabiduría, capaz de custodiar juntos la dignidad de cada persona y el futuro de nuestra Casa común.

238. ¡Invirtamos en la educación que empieza por nosotros mismos! Todos necesitamos formarnos para vivir en el mundo digital de manera humana, como parte integrante de la educación en la fe y en la vida virtuosa del Evangelio. Debemos educarnos para considerar el mundo digital como un nuevo continente por evangelizar, que requiere misioneros generosos y maduros en la fe. De modo particular, además, se necesitan adultos que redescubran su vocación de artesanos de la educación, dispuestos a un trabajo diario, paciente y sostenido por amplias y compartidas alianzas educativas. Acompañar a los niños y jóvenes para que utilicen las tecnologías como espacio de relación responsable, ayudándoles a reconocer los riesgos y a elegir lo que hace crecer la libertad interior, representa hoy una forma concreta de caridad y de salvaguardia de su dignidad. Educar a las nuevas generaciones para que logren creer que la evolución de las tecnologías no sigue un camino inevitable, sino que puede estar orientada por la responsabilidad personal y colectiva, constituye uno de los servicios más valiosos al bien común.

239. ¡Cuidemos las relaciones! En una época que tiende a acelerar y a fragmentar, la carne humana sigue pidiendo ser cuidada y reconocida por manos capaces de ternura, por mentes atentas y buenas palabras. La cultura digital multiplica las conexiones y ofrece nuevas posibilidades de encuentro; sin embargo, el corazón humano conserva una necesidad irrenunciable de proximidad. Invito a salvaguardar los espacios y los momentos en que la presencia física sigue siendo decisiva: la mesa compartida, la comunidad cristiana que se reúne, la visita a quien está solo, el servicio a los pobres. Son signos de una humanidad que sigue creyendo que cada cuerpo es templo del Espíritu y casa de Dios, y precisamente esta alianza entre gloria y fragilidad se convierte en criterio para evaluar los modelos antropológicos propuestos por la cultura actual.

240. ¡Amemos la justicia y la paz! Las mismas tecnologías que facilitan la comunicación y el acceso a los recursos pueden sustentar modelos que explotan a los más vulnerables, alimentan nuevas esclavitudes y transforman el conflicto en oportunidad de lucro. Cada decisión técnica o económica se convierte en un punto de discernimiento espiritual, una ocasión para verificar si los avances de la IA abren espacios de justicia y participación o concentran la riqueza y el poder en manos de unos pocos. Invito a mirar con lucidez las redes de producción digital, las condiciones de trabajo ocultas detrás de nuestros dispositivos, los mecanismos que se aprovechan de la manipulación y la guerra y, al mismo tiempo, a buscar vías concretas para hacer crecer la equidad, la participación y el cuidado de la creación. «La esperanza que anunciamos […] viene del cielo, pero para generar aquí abajo una historia nueva»: precisamente por esto quien cree se compromete para que, en lugar de las desigualdades, haya más justicia y para que «en vez de la industria de la guerra se afirme la artesanía de la paz». [221]

241. Mirando al mañana, deseo evocar la imagen de Nehemías, que al comienzo de este itinerario elegimos como compañero y guía. Nehemías escucha el grito de una ciudad herida, lleva ese dolor a la oración, discierne ante Dios, pide ayuda, obtiene permiso para ponerse en marcha, organiza el trabajo, afronta resistencias internas y externas y, ladrillo tras ladrillo, reconstruye con el pueblo las murallas de Jerusalén. En él reconozco una parábola luminosa de nuestra vocación a ser, en el tiempo de la transformación digital, no espectadores resignados a las fracturas sociales y culturales, ni simples comentaristas de las ruinas, sino mujeres y hombres que entran en las obras de la historia ―laboratorios de investigación, empresas tecnológicas, escuelas, medios de comunicación, instituciones, comunidades locales― para levantar lo que se ha derrumbado y proteger lo que está expuesto. Como Nehemías, también nosotros estamos llamados a unir escucha y valentía, oración y responsabilidad, para que la ciudad de los hombres se vuelva más habitable, incluso cuando las lógicas tecnocráticas y los intereses partidistas parecen prevalecer.

242.La imagen de la reconstrucción de Jerusalén evoca la promesa del Nuevo Testamento, de la ciudad santa que nos es dada ante todo como un don. En el Apocalipsis, la nueva Jerusalén desciende hacia nosotros como don para todo el Pueblo de Dios, «embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo» (艾普 21,2).Los muros de Jerusalén ya no son fortificaciones para la defensa, sino adornos preciosos de la Esposa del Cordero.Sus puertas, que Nehemías protegía con tanta atención, se mantienen permanentemente abiertas a todas las naciones. La presencia de Dios ofrece a todos luz y vida. La ciudad es un nuevo Edén, con su agua viva donada a los sedientos y con su árbol de la vida, cuyas hojassirven «para curar a los pueblos» (艾普 22,2).En espera de su plenitud, esta visión está ante nosotros como una exhortación, un llamado a superar nuestras divisiones y a trabajar juntos: este es el camino de Jesucristo, ayer, hoy y siempre.

El canto de la esperanza: el “Magníficat”

243. El cuarto punto de este programa de vida cristiana —después de la fe que contempla el designio de amor del Padre, la caridad que nos une en un único cuerpo eclesial y la esperanza que sostiene nuestra acción en el mundo— es la oración. El cántico de María acompaña nuestro compromiso. Ante Isabel, que le anuncia que se ha convertido en la madre del Señor, María prorrumpe en un himno de alabanza y de alegría: su alma proclama la grandeza del Señor y su espíritu exulta en Dios su Salvador, porque Él eligió a una joven pobre y pequeña para su plan de salvación. De repente, María ve toda la historia con los ojos de este descubrimiento. Nada ha cambiado a su alrededor: la situación sociopolítica de su época sigue siendo la misma, con los romanos que dominan su tierra y su pueblo dividido y humillado. Sin embargo, todo ha cambiado dentro de ella, y eso le permite ver lo invisible. Dios ya ha hecho proezas con el poder de su brazo, ya ha dispersado a los soberbios, ha derrotado a los poderosos, ha elevado a los humildes, ha colmado de bienes a los hambrientos y ha despedido a los ricos con las manos vacías. Él ya ha auxiliado a Israel, su siervo. Dios «se pone de parte de los últimos. Su proyecto a menudo está oculto bajo el terreno opaco de las vicisitudes humanas, en las que triunfan “los soberbios, los poderosos y los ricos”. Con todo, está previsto que su fuerza secreta se revele al final». [222]

244. La Virgen María no sólo nos enseña a ver la obra invisible de Dios, sino que dirige también nuestra mirada «a los puntos de fractura de la humanidad, allí donde se produce la distorsión del mundo, en el contraste entre humildes y poderosos, entre pobres y ricos, entre sacios y hambrientos», enseñándonos «a adquirir un punto de vista diferente para mirar el mundo desde abajo, con los ojos de quien sufre, no con la óptica de los potentes; para ver la historia con la mirada de los pequeños y no con la perspectiva de los poderosos; para interpretar los acontecimientos de la historia desde el punto de vista de la viuda, del huérfano, del extranjero, del niño herido, del exiliado, del fugitivo». [223] De esta manera, la Virgen se convierte en «poetisa y profetisa de la redención», porque de sus labios brota «el himno más fuerte e innovador que jamás se haya pronunciado, el Magníficat; es ella quien revela el diseño transformador de la economía cristiana, el resultado histórico y social, que aún hoy deriva del cristianismo su origen y su fuerza». [224]

245. Con la misma fe de María, convirtámonos en tejedores de esperanza en nuestro mundo, compartiendo lo que somos y lo que tenemos, para que la presencia de Jesús crezca entre nosotros y su Reino tome forma. En la fidelidad humilde de cada día, también el tiempo de la IA puede ser un paso en el que el Espíritu haga madurar la civilización del amor en nuestras vidas; el Señor sigue haciendo nuevas todas las cosas y mantiene abierta para cada época la posibilidad de convertirse en historia de salvación a la luz de la Encarnación. Encomiendo este deseo a la Madre de Cristo, a la mujer del Magníficat, para que acompañe nuestros pasos en el presente que cambia y custodie en cada uno de nosotros la confianza en el Evangelio, de modo que podamos testimoniar la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 15 de mayo del año 2026, segundo de mi Pontificado.

莱昂 PP. XIV

教宗的训诫

通谕究竟是什么?

Una encíclica es una carta pastoral dirigida por el Papa a toda la Iglesia. Las encíclicas suelen tratar temas de fe o moral, o sociales, animan a realizar una conmemoración o devoción particular, o abordan cuestiones de disciplina de la Iglesia que deben observarse universalmente.

OSV / Omnes·2026年8月25日·阅读时间: 3 分钟

– Padre Joseph L. Parisi

Los apóstoles utilizaron cartas para dirigirse a los fieles de las diversas iglesias que habían ayudado a fundar. En particular, San Pablo escribió varias cartas (epístolas), 21 de las cuales forman parte del canon del Nuevo Testamento. Evidentemente, durante muchos siglos no se llamaron encíclicas.

Los sucesores de los apóstoles, los obispos, siguieron esta práctica y solían enviarse cartas entre sí y a los miembros de las iglesias a su cargo pastoral para asegurar la coherencia en la fe y la práctica, especialmente en lo referente a la celebración de la liturgia. 

El propio obispo de Roma escribía cartas que se hacían circular entre todos los obispos. También recibía cartas de los obispos, las cuales, a su vez, hacía llegar a otros obispos.

Declive y resurgimiento

Durante la Edad Media, la práctica de enviar estas cartas cayó en desuso. En aquella época, los Papas solo enviaban cartas a obispos individuales sobre asuntos específicos de sus diócesis. Los obispos respondían por escrito únicamente al Papa.

El Papa Benedicto XIV (1740-1758), haciendo uso inteligente del poder de la recién inventada imprenta, revivió la antigua práctica del Papa de escribir cartas a todos los obispos del mundo. 

Fue el Papa Gregorio XVI quien aplicó el término “encíclica” a estas cartas, del latín ‘encyclicus’, o circular, porque estaban dirigidas a toda la Iglesia.

Desde 1740, los papas han publicado cerca de 300 encíclicas que abordan diversos temas relacionados con la vida y el ministerio de la Iglesia.

“Quien te escucha a ti, me escucha a Mí”

Las encíclicas no se consideran de inspiración divina ni contienen revelaciones nuevas. Sin embargo, se consideran instrumentos del magisterio ordinario que contienen la enseñanza autorizada del Vicario de Cristo.

En cuanto a la cuestión de la autoridad vinculante de la enseñanza contenida en una encíclica, el Papa Pío XII afirmó lo siguiente en su encíclica «Humani generis», del 12 de agosto de 1950:

“Tampoco debe pensarse que lo que se contiene en una encíclica no exige por sí mismo asentimiento, con el pretexto de que los Papas no ejercen en ellas la suprema potestad de su magisterio. Más bien, tales enseñanzas pertenecen al magisterio ordinario, del cual es cierto decir: “El que os oye a vosotros, me oye a Mí” (Lc 10,16)”.

“Además, en su mayor parte, lo que se expone e indica en las encíclicas ya pertenece a la doctrina católica por otras razones”.

Magisterio del Romano Pontífice, aunque no sea ‘ex cathedra’

El Concilio Vaticano II declaró en «Lumen gentium»: “La sumisión religiosa de la voluntad y del pensamiento debe manifestarse de manera especial a la auténtica enseñanza del Romano Pontífice, incluso cuando no habla ex cathedra”. 

“Es decir, debe manifestarse de tal forma que se reconozca con reverencia su Magisterio supremo y se acaten sinceramente sus juicios, según su manifiesta voluntad y pensamiento. Su voluntad y pensamiento en la materia pueden conocerse principalmente por el carácter de los documentos, por su frecuente repetición de la misma doctrina o por su manera de hablar”.

Fuentes de alegría y desafío

En ocasiones, la Iglesia ha recibido con alegría las encíclicas papales, pues abordaban temas de piedad o devoción popular. 

En otras, los Papas han escrito encíclicas sobre las grandes cuestiones morales de su tiempo. Estas cartas han sido a menudo objeto de intensos debates entre diversos eruditos y teólogos.

Las encíclicas no se consideran, en sí mismas, pronunciamientos infalibles del pontífice. Y si bien las enseñanzas que contienen pueden resultar a veces difíciles de aceptar y seguir para algunos, los católicos de buena voluntad de todo el mundo están obligados a reconocer su autoridad apostólica y a esforzarse por aceptar humildemente su enseñanza.

¡Qué bendecida ha sido la Iglesia al recibir la enseñanza del Señor y la guía del Espíritu Santo que se encuentran en las encíclicas de los Papas a lo largo de los siglos!

———————

– El padre Joseph L. Parisi recibió su maestría en teología pastoral de la Universidad de Santo Tomás de Aquino en Roma en 1974 y la licenciatura en derecho canónico de la Universidad de San Psblo en Ottawa, Canadá, en 1986. Es un sacerdote jubilado de la Arquidiócesis de San Luis.

作者OSV / Omnes

卷宗

Mi experiencia del diaconado desde la vida familiar

Manuel López narra su diaconado permanente como una vocación compartida con su esposa e hijos, destacando el apoyo familiar y la entrega conjunta como pilares esenciales de su ministerio.

Manuel López·2026年8月25日·阅读时间: 4 分钟

Para hablar del diaconado permanente es imprescindible comenzar por la familia. La llamada de Dios no se recibe en soledad, sino en el seno de un hogar concreto, con nombres, rostros y una historia compartida. En nuestro caso, podemos decir con sencillez que Dios ha llamado a la puerta de nuestra casa y que, hasta el día de hoy, hemos intentado responderle con fidelidad y generosidad. Le pedimos al Señor que nos mantenga firmes en la entrega a los hermanos y en la fidelidad a la Iglesia.

Nada de lo vivido habría sido posible sin la presencia de la magnífica mujer que Dios ha puesto en mi camino. Su confianza, su disponibilidad y su acompañamiento constante han sido un verdadero pilar en este proceso vocacional. Su testimonio de fe viva, de amor a la Iglesia y de entrega silenciosa ha sostenido nuestro caminar común. Junto a ella, el Señor nos ha bendecido con dos hijos, verdadero reflejo de su amor y signo de su gracia derramada en nuestra familia.

El origen de la vocación

La primera vez que se nos planteó la posibilidad del diaconado permanente fue en el año 1998. Nuestro párroco nos habló de la opción de solicitar la admisión como aspirante al diaconado. Tras un tiempo de reflexión compartida en familia, decidimos aceptar la propuesta. Sin embargo, el posterior cambio de párroco hizo que aquella decisión quedara aplazada y no llegara a concretarse en ese momento.

En el año 2006, un nuevo párroco volvió a plantear la cuestión. De nuevo, lo reflexionamos en familia, compartiendo dudas, inquietudes y esperanzas. Un paso particularmente significativo fue el consentimiento explícito de mi esposa, quien, con alegría y plena disposición, firmó el documento en el que aceptaba mi disponibilidad para ser admitido al diaconado. Su apoyo fue, una vez más, una confirmación clara de la llamada compartida.

El día de san Juan, el 24 de junio de 2006, nuestro párroco recibió la citación para una audiencia familiar con don Antonio Ceballos, entonces obispo de Cádiz y Ceuta. Aquella jornada quedó grabada para siempre en nuestra memoria. En esa audiencia, el obispo recibió, por una parte, la solicitud de admisión al Seminario Conciliar de Cádiz de nuestro hijo Antonio Jesús y, por otra, mi admisión como aspirante al diaconado permanente. Como solemos decir, el Señor no se deja ganar en generosidad y, cuando se entrega a Él, siempre devuelve el ciento por uno.

En febrero de 2008 fui ordenado diácono permanente, y en octubre de 2013 nuestro hijo mayor fue ordenado presbítero. Resulta profundamente conmovedor vivir la experiencia de pedir la bendición a tu propio hijo sacerdote para proclamar el Evangelio. Recuerdo que, en tono de broma, le decía que el día de su primera Eucaristía, antes de proclamar el Evangelio, le diría: “Hijo, dame la bendición”, en lugar del habitual “Bendígame, padre”. Finalmente, la escena quedó solo en la anécdota, pero expresa bien la hondura y la belleza de este misterio vocacional compartido.

El día a día

La vida de un diácono permanente en familia está llena de momentos de profunda alegría y satisfacción, especialmente cuando la fe se vive y se celebra en común. También en los momentos de dolor y dificultad, la experiencia de la fe compartida se convierte en una fuente de unidad, consuelo y fortaleza.

Hay un momento que suele llamar la atención cuando acudimos a la Eucaristía. Mi esposa suele sentarse sola en el banco, mientras yo, como diácono, asisto al celebrante en el altar. En ocasiones, algunas personas le preguntan: “¿Siempre estás sola en Misa?”. Ella suele responder con serenidad que, cuando su esposo, como diácono, eleva el cáliz en la doxología, ambos están unidos de manera especial, sellados por la alianza matrimonial, que también es un signo visible de la gracia de Dios.

Nuestro hijo menor, junto a su esposa y su hija, forma hoy una familia con profundas convicciones cristianas y una vida de fe coherente. Compartimos con gratitud la alegría de sentirnos bendecidos por Dios y elevamos una sincera acción de gracias por los dones que nos concede cada día para ser, en medio de la sociedad, presencia suya y anuncio de que Dios nos ama más allá de nuestros fallos y pecados. Los amigos ante el bautizo de nuestra nieta preguntan “¿Quién la bautizará?” y algunos se sorprenden de que el tío de la sobrina celebró la Eucaristía y el abuelo es el que bautizó. 

En el camino del diaconado permanente no faltan las anécdotas que ponen de manifiesto el desconocimiento que aún existe sobre este ministerio, a pesar de que en alguna plegaria eucarística se menciona expresamente a los diáconos junto al Papa, los obispos y los presbíteros. En las celebraciones de la Palabra en ausencia de presbítero, no es raro que alguien se acerque al finalizar y diga: “Padre, se le ha olvidado consagrar”. O que, al ver llegar al diácono acompañado de su esposa, alguien se escandalice comentando: “¿Y esa señora quién es?”.

Normalización de la realidad diaconal

Aun así, desde la propia experiencia puedo afirmar que el diaconado permanente va abriéndose camino de manera constante y esperanzadora. Poco a poco se van incorporando nuevos diáconos y se percibe cómo este ministerio comienza a ser valorado y acogido en la vida diocesana. También es motivo de alegría constatar que las diócesis donde hasta ahora no se había restaurado el diaconado permanente están dando pasos decididos para hacerlo realidad. Así ha sucedido recientemente en archidiócesis como Granada o Mérida‑Badajoz, signo elocuente de que el Espíritu sigue suscitando servidores y mostrando nuevos caminos de servicio a la Iglesia.

Y aunque no exista una pastoral vocacional específicamente orientada al diaconado permanente, siguen apareciendo hombres dispuestos a servir. Son pocos, pero de una calidad humana, familiar y eclesial admirable. Cada aspirante es motivo de auténtico asombro: hombres con una vida ya entregada a la familia, al trabajo y a la comunidad cristiana, que desean ofrecerse todavía más a la Iglesia. En ellos se percibe con claridad que la vocación no nace de la planificación, sino de la fidelidad de Dios y de una respuesta generosa al servicio. Cada uno de estos candidatos es un regalo y una confirmación de que el diaconado permanente es, ante todo, obra del Espíritu Santo en la Iglesia.

作者Manuel López

Diácono permanente de la diócesis de Cádiz y Ceuta

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文化

万神殿:一座属于所有人的神庙

El Panteón: cuatro funciones, cuatro épocas, cuatro sistemas de valores que han convivido a lo largo de los siglos en armonía bajo una cúpula abierta al cielo.

杰拉尔多·费拉拉·24 de 5 月 de 2026·阅读时间: 6 分钟

Pasé por el Panteón hace solo unos días. En realidad, es casi imposible no pasar por allí si se frecuenta el centro de Roma. Y, ante las increíbles colas de turistas, recordaba lo bonito que era, hace años (antes de la invasión turística), entrar por la mañana temprano, cuando la luz del óculo dibujaba un círculo casi perfecto en el suelo; o por la tarde, para la Misa, cuando las naves se llenaban de una penumbra dorada y el ir y venir de los visitantes daba paso al silencio de los fieles. Ahora…

Antes de continuar, una pequeña aclaración: ¡en Roma tenemos el Panteón, no el Partenón! ¡Y me da risa pensar que un cómico estadounidense ha hecho un vídeo precisamente sobre este malentendido en el que caen muchos turistas!

Un abrazo milenario

En los artículos que hemos dedicado a las basílicas de San Clemente y 圣塞巴斯蒂安 hemos definido ciertos edificios de Roma —si no toda la ciudad— como una “lasaña arqueológica”, debido a las diferentes capas artísticas e históricas que caracterizan las construcciones de la ciudad, desde lo arcaico, en las profundidades, hasta llegar al barroco y lo moderno en la superficie. Pues bien, el Panteón es una excepción, ya que hoy se presenta exactamente como era hace dos mil años: un monumento romano convertido en iglesia cristiana y mausoleo renacentista sin que la capa más antigua quedara sepultada bajo las más recientes.

El templo de todos los dioses

El Panteón deriva del griego “pan” (“todo”) y “theòs” (“dios”). Era, de hecho, el templo de todos los dioses, incluso de los menos conocidos de los rincones más recónditos del Imperio romano. Roma, de hecho, era como una esponja: conquistaba, sí, pero absorbía los usos, costumbres y tradiciones religiosas de los territorios sometidos: una auténtica globalización “ante litteram”.

El edificio actual no es el más antiguo. El primero fue construido por Marco Vipsanio Agripa entre los años 27 y 25 a. C., pero fue destruido por un incendio. Adriano lo reconstruyó entre los años 118 y 125 d. C., conservando en el frontón la inscripción original de Agripa: M·AGRIPPA·L·F·COS·TERTIVM·FECIT.

Lo que llama la atención de inmediato del Panteón es su sencilla perfección, o su perfecta sencillez: un pórtico con dieciséis columnas de granito rosa y blanco, y a continuación la rotonda (la plaza que se encuentra frente a ella se llama Piazza della Rotonda), es decir, un cilindro coronado por una cúpula hemisférica de 43,3 metros de diámetro, lo que equivale exactamente a la altura interior del edificio: una esfera ideal. 

En el centro de la cúpula, el óculo: un orificio circular de 8,7 metros, única fuente de luz. El óculo carece de cristal. Cuando llueve, el agua entra pero se escurre a través de los orificios del suelo de mármol, sin inundar el interior. Cuando hace sol, en cambio, un círculo de luz se desplaza lentamente por las paredes a lo largo del día como un gigantesco reloj de sol. Se ha calculado que, el día del Natale di Roma, el 21 de abril, el círculo ilumina con precisión la entrada principal.

Cuando hay poca gente, el ambiente es increíble: la tenue luz que se filtra por el óculo crea una penumbra amortiguada, casi palpable, y la acústica refuerza esa sensación de protección, casi como un abrazo en el que el sonido y la luz se unen en perfecta armonía para acoger a quienes desean disfrutar de un momento de tranquilidad en medio del bullicio de la ciudad.

609: de templo pagano a iglesia cristiana

En el año 609 d. C., el emperador Foca donó el Panteón al Papa Bonifacio IV, quien lo consagró como iglesia cristiana: Santa María ad Martyres. Probablemente a esto se deba que el edificio haya llegado intacto hasta nuestros días, a diferencia de tantos otros monumentos de la antigua Roma.

De hecho, no se le tocó: simplemente, los nichos que antes habían albergado las estatuas y efigies de los dioses romanos se convirtieron en capillas de los santos cristianos. 

Foca también donó al papa un icono bizantino de la Virgen con el Niño, que probablemente ya se encontraba en el interior del Panteón, adorado al igual que otras figuras sagradas y que aún hoy se conserva allí

Al ser época de Pentecostés, podemos recordar lo que sigue siendo hoy una tradición secular en Roma: el Domingo de Pentecostés, los bomberos suben a la cúpula del Panteón y lanzan, a través del óculo, miles de pétalos de rosas rojas sobre los fieles reunidos en el templo, para simbolizar las llamas del Espíritu Santo que descendieron sobre los apóstoles reunidos en el Cenáculo. Esta tradición se remonta a la más antigua de las ceremonias florales romanas, las Rosalia, que se celebraban en primavera con motivo de las fiestas de los difuntos.

El panteón árabe convertido en templo del monoteísmo

Incluso la Kaaba de La Meca, es decir, el cubo de piedra en torno al cual se celebran los ritos de la oración islámica y del Hayy, la peregrinación, era, en la época preislámica, un santuario politeísta que albergaba estatuas y efigies de numerosas deidades tribales, entre ellas Alá, considerado en aquella época como una más de ellas. A La Meca, y a la Kaaba, acudían peregrinos y fieles de toda Arabia, especialmente con motivo de los certámenes poéticos, en los que famosos poetas locales, en representación de las diferentes tribus, se reunían en la ciudad para competir con versos y composiciones maravillosas: ¡unas auténticas olimpiadas poéticas árabes!

En el año 630, Mahoma conquistó La Meca y ordenó destruir las estatuas de las deidades paganas, pero no la estructura que las albergaba, es decir, la Kaaba, y ordenó también preservar la Piedra Negra y el rito de la circunvalación alrededor de la estructura cuadrangular. Las fuentes islámicas medievales, entre ellas Al-Azraqi, transmiten además una importante anécdota: en el interior de la Kaaba se habría encontrado, en el momento de la conquista islámica, también la efigie de una Virgen con el Niño, que Mahoma no destruyó, sino que mandó cubrir con un paño. La veracidad histórica de este episodio es objeto de debate, pero resulta del todo verosímil si tenemos en cuenta que el cristianismo ya se había arraigado en diversas zonas de la península arábiga, al igual que el judaísmo, que la Kaaba era precisamente un panteón para todas las deidades conocidas y veneradas en aquellos lugares y que, sobre todo, la veneración a María se habría mantenido en la época islámica, hasta el punto de que la madre de Jesús fuera la única figura femenina mencionada explícitamente en el Corán.

Ese Panteón árabe estaba destinado a la misma continuidad que su homólogo romano, y precisamente en el mismo siglo, ya que Bonifacio IV, unos años antes de Mahoma, había dejado en el nuevo templo cristiano únicamente la imagen de la 处女, tras haber retirado los ídolos paganos.

Para quienes vivimos en nuestra época, marcada lamentablemente, como ya se mencionó en un artículo anterior, por fundamentalismos de toda tradición, las sociedades politeístas, Roma en primer lugar, pueden parecer más inclinadas a la tolerancia religiosa. La base teológica del politeísmo, de hecho, es la de la coexistencia de muchas divinidades. Es más, en la llamada “interpretatio romana”, ¡siempre era mejor tener una más! La divinidad extranjera, por tanto, se integraba y se asimilaba (desde las griegas hasta Mitra y otros cultos orientales, entre ellos el propio cristianismo).

El monoteísmo, en cambio, parte del supuesto contrario: existe un solo Dios, todos los demás son falsos. Tal sería, según diversos estudiosos, la causa de la deriva monoteísta de la intolerancia religiosa: no una patología cultural, sino la consecuencia de una revelación exclusiva. De ello estaban convencidos David Hume y otros pensadores como el filólogo Maurizio Bettini, quien, en su Elogio del politeísmo, define el politeísmo no como “más primitivo” que el monoteísmo ni menos complejo, sino simplemente diferente.

Obviamente, no se trata de hacer una apología del politeísmo, entre otras cosas porque cada forma de politeísmo y cada forma de monoteísmo deberían analizarse por separado y en profundidad.

La cúpula y el mundo

La cúpula del Panteón mantuvo, durante más de mil trescientos años, un récord imbatido: la mayor cúpula de hormigón sin armar (aligerada hacia la cima con toba y piedra pómez) jamás construida y que se conservara intacta.

En ella se inspiraron los constructores de Santa Sofía en Constantinopla, Isidoro de Mileto y Antemio de Tralles, entre los años 532 y 537, con la diferencia de que la cúpula del Panteón cubre un círculo, mientras que la de Santa Sofía cubre un cuadrado, lo que provocó el derrumbe de la primera cúpula de Constantinopla en el año 558, posteriormente reconstruida.

El Panteón solo fue superado, como ya escribimos, por Filippo Brunelleschi en 1436, con la cúpula de Santa Maria del Fiore en Florencia, pero el modelo siguió siendo imitado en todo el mundo: Villa Capra en Vicenza (Palladio), la Rotonda de la Universidad de Virginia (Jefferson), el Capitolio de Washington, el Panteón de París y la basílica de San Francisco de Paula en la plaza Plebiscito, en Nápoles, y su forma se convirtió en un símbolo arquitectónico no solo religioso, sino también político y cultural.

Rafael, los reyes y el memorial de una nación

El propio Panteón romano, además de ser un antiguo templo pagano y una basílica cristiana, es un monumento conmemorativo de la cultura y la historia de Italia. En 1520 fue enterrado allí Rafael Sanzio, cuyo epitafio, atribuido a Pietro Bembo, reza: “Aquí yace Rafael: de él, cuando vivió, la naturaleza temió ser vencida; ahora que ha muerto, teme morir con él”. 

En 1878 fue enterrado allí Vittorio Emanuele II, primer rey de Italia, y después de él Umberto I, en 1900. Esto permitió que el Panteón se convirtiera también en santuario civil de la joven nación italiana.

El Panteón: cuatro funciones, cuatro épocas, cuatro sistemas de valores que han convivido a lo largo de los siglos en armonía bajo una cúpula abierta al cielo.

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家庭

明尼苏达州大主教鼓励大家看看亲人的脸

“¿Cómo serían nuestras familias y nuestra sociedad si dedicáramos tan solo una fracción de lo que gastamos en pantallas a mirar los rostros de nuestros familiares?”, ha escrito el arzobispo de Minnesota, Bernard A. Hebda tras diez años al frente de la arquidiócesis de St. Paul y Minneapolis.

OSV / Omnes·24 de 5 月 de 2026·阅读时间: 7 分钟

– Rebeca Omastiak (St. Paul, Minnesota), OSV News 

“Lo primero es la vida familiar, las familias», declaró el arzobispo de Minnesota a ‘The Catholic Spirit’, el periódico arquidiocesano, en una entrevista el 26 de mayo de 2016, con motivo de su toma de posesión el 13 de mayo, hace diez años.

“En la medida en que podamos ayudar a nuestras familias o a nuestras parejas casadas a ver la vida que están viviendo como una vida vocacional, en la medida en que podamos lograr que oren para que sus hijos puedan responder de la manera en que Dios los llame a servir”, dijo, “creo que eso tendrá un impacto positivo en las vocaciones”.

Ésta era entonces la reflexión del arzobispo Bernard A. Hebda en la arquidiócesis de St. Paul y Minneapolis. Ahora, diez años después de su investidura en la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, el arzobispo ha publicado su más reciente carta pastoral, titulada “Solo una cosa es necesaria”, dirigida a las familias.

Matrimonios y familias alegres

El hecho de que el arzobispo haya hablado del apoyo a las familias desde el momento de su toma de posesión hasta la publicación de su última carta pastoral demuestra “que ésa es la prioridad del arzobispo”, afirmó Corey Manning, director ejecutivo de la Oficina de Discipulado y Evangelización de la archidiócesis.

“Él realmente desea que los matrimonios y las familias se llenen de alegría, de esa vida divina y de ese amor”, declaró Manning, miembro de la parroquia de San Miguel en Stillwater, a ‘The Catholic Spirit’. El deseo del arzobispo “no ha cambiado en 10 años: acompañar y caminar junto a” las familias fieles.

El título de la carta se inspira en el Evangelio de Lucas, en el que Jesús le dice a Marta que, en medio de su angustia, “solo hay una cosa necesaria” (Lc 10:42). “Jesús mismo es esa única verdad”, escribió el arzobispo.

En un vídeo del 4 de mayo titulado “Juntos en el camino”, el arzobispo Hebda dijo que “Nuestro Señor es el camino a través del cual las familias católicas pueden unirse en esta vida y en la venidera”.

Ejemplo de los santos Zélie y Luis Martín

A lo largo de la carta, el arzobispo se remite al ejemplo de los santos Zélie y Louis Martin –padres de Santa Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia- para guiar a las familias.

“He sido constante en mis oraciones para que intercedieran por las familias de esta arquidiócesis”, escribió el arzobispo Hebda en el prefacio de la carta.

Basándose en su propia experiencia familiar, el arzobispo escribió: “Mis hermanos y yo hablamos a menudo de lo mucho que les debemos a nuestros padres su testimonio de fe y su disposición a sacrificarse por la familia. Siempre estaremos agradecidos por cómo nos introdujeron al amor de Dios y se aseguraron de que encontráramos un hogar en nuestra Iglesia”

El arzobispo Hebda escribió que ha visto a muchos padres expresar este mismo fervor durante las sesiones de oración y escucha que dieron lugar al Sínodo Arquidiocesano de 2022. “Escuché una y otra vez el amor y la preocupación que residen en los corazones de tantos padres de esta Iglesia local, que no desean nada más que guiar a sus familias hacia Jesús”, escribió.

Fieles oran durante una misa en la Basílica de Santa María en Minneapolis el 1 de febrero de 2026, para celebrar el centenario de la ordenación de la iglesia como basílica menor por el Papa Pío XI (Foto de OSV News/Dave Hrbacek, The Catholic Spirit).

‘Los padres, primeros maestros de sus hijos en los caminos de la fe’

Un elevado número de votos durante el Sínodo Arquidiocesano de 2022 indicó interés en la propuesta de que “los padres sean los primeros maestros de sus hijos en los caminos de la fe”.

Los siguientes pasos incluyeron la formación de una Comisión de Alto Nivel, integrada por clérigos, religiosos, educadores, padres y abuelos, para asesorar al arzobispo sobre cómo apoyar a los padres.

En respuesta al Sínodo Arquidiocesano y a la carta pastoral del arzobispo de 2022, “Seréis mis testigos”, una de las recomendaciones de la comisión fue la que finalmente se convirtió en la carta pastoral “Solo una cosa es necesaria”. El arzobispo escribió que la nueva carta es “una expresión de aliento a los padres y a todos aquellos que los apoyan pastoralmente”.

Una batalla cuesta arriba

El arzobispo Hebda reconoció lo que las familias le han expresado como “lo que puede parecer una batalla cuesta arriba”, vivir en medio de “un declive social generalizado en la práctica religiosa y la afiliación a la iglesia”.

Según el Estudio sobre el Panorama Religioso 2023-24, publicado en 2025 por el Centro de Investigación Pew, los cristianos -que representan la mayor parte de los adultos con afiliación religiosa en Estados Unidos-, “han ido disminuyendo como porcentaje de la población adulta estadounidense, mientras que la proporción de personas sin afiliación religiosa ha ido en aumento».

La proporción de católicos en la población adulta de EE. UU. disminuye

Mientras tanto, la proporción de católicos en la población adulta de EE. UU. también había disminuido en los últimos años, según investigadores de Pew. Del 24 % en 2007 al 20 % en 2014 y al 19 % en el estudio de 2023-24. Sin embargo, según informaron los investigadores de Pew, estos descensos parecían haberse estabilizado con los datos más recientes del estudio RLS de 2023-24.

Junto con los cambios en la afiliación y la práctica religiosa, el arzobispo señaló los desafíos que enfrentan las parejas modernas, incluyendo que “(e) hay una disminución significativa en el número de parejas que buscan el Sacramento del Matrimonio o incluso que eligen casarse por lo civil”.

El arzobispo Bernard A. Hebda de St. Paul y Minneapolis, el 27 de febrero de 2026 en la Universidad de St. Thomas en St. Paul, Minnesota. Junto a él, de izquierda a derecha, el padre jesuita Christopher Collins, vicepresidente saliente de misión de la Universidad de St. Thomas en St. Paul; el cardenal Robert W. McElroy de Washington; el cardenal Christophe Pierre, nuncio apostólico en Estados Unidos; y el cardenal Joseph W. Tobin de Newark, Nueva Jersey (Foto de OSV News/Dave Hrbacek, The Catholic Spirit).

Tendencias

Según los datos de la Oficina del Censo de EE. UU. publicados en 2025, el 47 % de los hogares estadounidenses en 2025 estaban formados por parejas casadas, lo que la oficina calificó como «un cambio significativo» con respecto a hace 50 años, cuando el 66 % lo estaban en 1975.

En su carta, el arzobispo incluyó las palabras del difunto Papa Francisco, según las cuales «el ritmo frenético de hoy, los temores sobre el futuro, la falta de seguridad laboral y de políticas sociales adecuadas, y los modelos sociales cuya agenda está dictada por la búsqueda de beneficios en lugar de la preocupación por las relaciones» podrían considerarse factores que contribuyen al descenso de las tasas de natalidad.

Disminución del número de hogares formados por parejas casadas en Estados Unidos

Los datos del censo indicaron que la proporción de hogares estadounidenses formados por parejas casadas con hijos menores de 18 años había disminuido del 54% en 1975 al 37% en 2025.

El arzobispo también reconoció que muchas familias se enfrentan a problemas propios de la época actual.

En 2023, el Cirujano General de los Estados Unidos, Vivek Murthy, relacionó una “epidemia de soledad y aislamiento” con la disminución de la conexión social durante la pandemia de COVID-19, así como con una disminución general de la participación social. 

También la disminución durante décadas del tamaño de las familias y las tasas de matrimonio; las tendencias decrecientes en la participación comunitaria, “incluidos los grupos religiosos, los clubes y los sindicatos”; y las tecnologías en auge, incluidas “las redes sociales, los teléfonos inteligentes, la realidad virtual, el trabajo remoto, la inteligencia artificial y las tecnologías de asistencia”, que «han cambiado rápida y drásticamente la forma en que vivimos, trabajamos, nos comunicamos y socializamos».

En su carta, el arzobispo Hebda reconoció tanto los “desafíos perennes” como los “desafíos particulares de nuestro tiempo” que experimentan los católicos modernos. Y abogó por dedicar tiempo a participar en dinámicas presenciales.

Mirar los rostros de los miembros de la familia

“¿Cómo serían nuestras familias y nuestra sociedad si dedicáramos tan solo una fracción de lo que gastamos en pantallas a mirar los rostros de nuestros familiares?”, escribió.

El arzobispo Hebda animó a las familias a “tener ánimo”, citando, entre otras cosas, las palabras de San Juan Pablo II en su carta: “El futuro de la humanidad pasa por la familia2.

El arzobispo sugirió que las familias deben abrazar el “camino angosto” que Jesús menciona en Mateo 7:13-14. “Sin duda, perseverar en el camino angosto requiere la gracia que brota de nuestra profunda amistad con Jesucristo. Solo dentro del contexto de esa relación esencial pueden nuestras demás relaciones orientarse hacia nuestra más alta vocación: la vida eterna con Dios”.

Llamados a acompañar a las familias

“Ustedes, queridas familias, están hechos para la vida eterna”, escribió. En el vídeo sobre “Solo una cosa es necesaria”, el arzobispo Hebda dijo que “cada uno de nosotros, independientemente de nuestro estado de vida, está llamado a acompañar a las familias”.

“¿Cómo sabemos que las familias son tan importantes? Nuestro Señor eligió la familia como el medio por el cual entró en nuestra experiencia humana”, dijo, animando a los fieles a leer la carta y a orar con ella.

Cultura de la vida familiar

Junto con la publicación de la carta pastoral, se ofrecen herramientas para que todos los fieles participen en el esfuerzo por “fortalecer la cultura de la vida familiar en la Iglesia y en las comunidades locales”.

Las oficinas arquidiocesanas de Discipulado y Evangelización y de la Misión de la Educación Católica elaboraron una serie de pasos para la implementación de la carta pastoral.

Recomendaciones a padres y familias, sacerdotes, consagrados

Los pasos ofrecen recomendaciones a padres y familias; clérigos; personal parroquial; grupos pequeños parroquiales; personal de escuelas católicas; seminaristas; mujeres y hombres consagrados; y miembros de ministerios y apostolados católicos; entre otros en la arquidiócesis, al leer y reflexionar sobre la carta.

Alison Dahlman, directora asociada de calidad y excelencia educativa de la Oficina para la Misión de la Educación Católica, destacó los pequeños grupos parroquiales como una vía para leer y reflexionar sobre la pastoral.

“Si cada pequeño grupo utiliza esto como contenido para el año, ¡qué poder unificador tendría!”, dijo.

———————

– Rebecca Omastiak es la editora de noticias de ‘The Catholic Spirit’, periódico de la arquidiócesis de St. Paul y Minneapolis. Este artículo fue publicado originalmente por ‘The Catholic Spirit’ y distribuido en colaboración con OSV News.

作者OSV / Omnes

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世界

Sviatoslav Shevchuk: “Me convertí en la voz de la vida desde una ciudad asediada”

El líder de la Iglesia greco-católica ucraniana, ofrece a Omnes su testimonio sobre la resistencia espiritual y humanitaria en Kiev frente a la invasión rusa.

玛丽亚·何塞·阿蒂恩扎·24 de 5 月 de 2026·阅读时间: 10 分钟

Cuando las sirenas antiaéreas rompieron el silencio de Kiev la madrugada del 24 de febrero de 2022, 斯维亚托斯拉夫·舍夫丘克的真福 no salió de la ciudad. Se quedó en la cripta de la Catedral de la Resurrección, convertida de la noche a la mañana en un búnker para miles de civiles. Hoy, tras años de una invasión a gran escala que ha dejado cicatrices profundas en el alma de 乌克兰, el Primado de la Iglesia greco-católica ucraniana comparte su testimonio de lo que define como un «milagro de resistencia» y un «nuevo Holodomor».

Nacido en Stryi (región de Leópolis) en 1970, 舍夫丘克 fue formado en el seminario durante la clandestinidad de su Iglesia bajo el régimen soviético, su vocación es tanto espiritual como científica: es médico de formación y doctor en Teología Moral por la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino en Roma.

Tras una etapa como obispo en Argentina —donde forjó una estrecha amistad con el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio—, fue elegido en 2011, con apenas 40 años, como el jefe más joven de su Iglesia. Esta combinación de rigor clínico y compasión pastoral es la que hoy utiliza para diagnosticar el estado de una nación que, según sus palabras, ha aprendido a «vencer al miedo con la esperanza». En esta entrevista con Omnes, Shevchuk analiza el recrudecimiento de los ataques rusos contra civiles, el papel heroico de las madres ucranianas y el poder de la palabra en una ciudad asediada.

El próximo 25 de mayo, Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk  presentará su “Crónica de una guerra sacrílega”, con Omnes en el Salón de Grados de la Universidad CEU San Pablo en un encuentro único.

El 24 de febrero de 2022 Ucrania despertó invadida, ¿qué recuerda de esas primeras horas? 

–Efectivamente. Llevamos ya casi 5 años lo que llamamos guerra en plena escala. En realidad el conflicto empezó en 2014, con la anexión de Crimea y la ocupación del territorio de Dombás por parte de Rusia.

Pero fue el 24 de febrero de 2022 cuando realmente empezó una guerra a plena escala. Eso quiere decir que más de 200.000 soldados rusos invadieron el país. El objetivo era Kiev. Rusia quería un ataque rápido, destruir el país. Destruir el país como sujeto del derecho internacional. Ocupar la capital y, después, dominar todo el territorio. 

Nos despertamos ese día con una realidad completamente distinta, que seguimos viviendo. Cada día, en la parte ucraniana recibimos noticias de los caídos de las tropas rusas. Unos mil al día. Esto significa que las tropas rusas no han podido con Ucrania. Hemos sobrevivido y eso ha sido un milagro. Lo puedo testimoniar. Los rusos pensaron que iban a conquistar un territorio y se encontraron con una nación. Ucrania es, realmente, un gran país. 

En aquel momento, en 乌克兰 vivían unos 36 millones de habitantes. No se esperaba un ataque de este tipo. No hubo un diálogo diplomático. Nuestro gobierno tampoco creyó que Rusia iba a llevar a cabo una invasión de este tipo militar. 

Recuerdo la gran perplejidad que produjo el ataque porque, en unas horas, la ciudad de Kiev fue rodeada por los rusos. Sólo había un pequeño camino para salir de la ciudad. Yo me quedé, obviamente. Pero fue realmente un éxodo en masa.

Kiev contaba con unos 4 millones de habitantes. Y después de estos primeros días, se quedó en 800.000. La ciudad se convirtió en un desierto. 

… y la Iglesia se convirtió en un refugio improvisado.

–Desde el primer momento, las iglesias se convirtieron en el refugio principal de la gente. Nuestra catedral está situada a la izquierda del río Dniéper. Con los ataques, se cerraron los puentes. Los rusos avanzaban por la parte oriental y el río mismo fue una barrera natural.

Nosotros estábamos en el “paso”, como en una trampa, y vinieron a refugiarse casi 3000 personas a la catedral. Escuchábamos los helicópteros rusos sobrevolar la catedral; la tierra temblaba. 

Recuerdo cómo veía, desde las escaleras de la catedral, la ciudad en llamas al otro lado del río Dniéper (donde se encuentran, por ejemplo, la catedral ortodoxa de Santa Sofía de Kiev o la sede del gobierno) y tenía la sensación de estar viendo lo que contempló Jeremías cuando tuvo la visión de Jerusalén arrasada por los babilonios.

Yo me preguntaba,”Señor, ¿por qué? ¿Por qué me trajiste de Buenos Aires aquí?¿Por qué me eligieron jefe de la Iglesia en 乌克兰? ¿Me pusiste aquí para ver esto?¿Qué significado tiene todo?” ¡Pero supimos resistir!

Hemos salvado tantas vidas…, y hemos perdido tantas otras. Todavía no sabemos con certeza cuántas personas han perdido la vida estos años. Se habla de millones. No sólo militares sino también civiles. 

La guerra de Ucrania ya no ocupa portadas extranjeras, ¿cómo es la situación hoy?

–En los últimos ocho meses la situación ha ido empeorando. Vivimos en una paradoja: cuanto más se habla de que Estados Unidos está negociando con Rusia, peor estamos. La línea del frente está más o menos estable, aunque la intensidad del enfrentamiento es muy alta. Lo peor lo está sufriendo la población civil, sistemáticamente golpeada por Rusia.

Según han constatado en su monitorización las Naciones Unidas, en el año 2025, justamente cuando se empezó a hablar mucho sobre la paz en Ucrania, el número de las víctimas civiles aumentó en un 35% con respecto al año anterior. No pasa un sólo día sin que las principales ciudades sufran bombardeos: no sólo Kiev, sino también Járkov y Odesa, o más al sur, Dnipro, Donetsk o Zaporiyia. Son ataques que no tienen objetivos militares sino que atacan bloques de apartamentos, civiles. 

Este invierno en Ucrania hemos vivido un invierno muy difícil, muy duro. El año que empezó la guerra, el río no se congeló. Fue un milagro. Pero este año no ha sido así. Al contrario, la capa de hielo del río medía más de 25 centímetros. Las temperaturas bajaron por debajo de los 20 grados bajo cero… 

Los rusos iniciaron entonces una destrucción sistemática de la estructura de la calefacción, convirtiendo la ciudad de Kiev en una trampa fría para congelar y matar a la gente. Yo lo puedo testimoniar porque vivo aquí. Cada barrio de la ciudad de Kiev tiene un sistema de calefacción que parte de una central que manda el agua caliente a las casas.

Estas centrales fueron construidas en tiempo soviético. Moscú tiene todas las cartas. Imaginen la situación. Con 25 grados bajo cero, destruyeron centrales de calefacción y, en cuestión de horas, todo el barrio se congelaba. Más aún, cuando en estos tubos el agua se congela, revientan. Eso quiere decir que, ahora, hay que reconstruir todo el sistema de calefacción en muchos lugares. 

Ha sido realmente un desastre humanitario. Nosotros lo llamamos un nuevo holodomor, como aquella hambruna artificial que Stalin provocó en Ucrania y que mató a 12 millones de personas. Ahora están matando a gente por el frío. En este contexto, la Iglesia volvió a ser el centro de salvación para mucha gente. A pesar de la situación, no hubo un gran éxodo. 

Enero de 2026. Varios vecinos se calientan las manos en una estufa ante la falta de calefacción en las casas por los ataques rusos. © OSV News photo/Thomas Peter, Reuters

¿Cómo ha podido sobrevivir la población a una situación cada vez más complicada?

–Le cuento dos historias para que vea cómo han sobrevivido. Vino a la catedral un niño de unos cinco años. Traía un abrigo muy pesado, muy gordo. Le pregunté ¿Hace mucho frío en tu casa? y me respondió: “Si: Hace mucho frío. Pero yo voy a vencer al frío, y Ucrania va a vencer”. No se me olvidará nunca esta imagen, de este niño que tenía frío, pero que se enorgullecía de tener el coraje de vencerlo. 

Otra de las imágenes las hemos vivido en los centros de resistencia: unos campamentos que se han instalado frente a estos edificios en los que han reventado las tuberías y están congelados. Allí, con generadores podíamos ofrecer lugares un poco más calientes y las personas venían a tomar un té, recargar los móviles…

Allí, hemos experimentado muchas muchas veces, que la gente comenzaba a cantar, a bailar.

Rusia quería acabar con el ánimo, con el espíritu de los ucranianos, y no lo ha conseguido. 

En este tiempo, como pastor, ¿qué le resulta más duro?

–Como pastor, obispo, tengo que decir que la cosa más difícil es enterrar nuevas víctimas. Todos los días lloramos con tantas madres que están perdiendo a sus hijos. Estamos descubriendo un nuevo tipo de pastoral de la Iglesia: la pastoral del luto, o de duelo. 

Yo soy médico y recuerdo que la pastoral de duelo era la propia de los capellanes de hospitales: los sacerdotes tenían que conocer la psicología, el estado de ánimo para ofrecer una cura pastoral adecuada a estas personas. A día de hoy, este tipo de pastoral nos toca a todos nosotros: ya sea en las parroquias, en los monasterios, en las ciudades, en los pueblos pequeños. Somos una nación sufrida y sufriente. Pero somos un pueblo creyente. La fe nos da esperanza, y la esperanza nos da la fuerza.

¿Cómo se vive, desde la fe, este tiempo de prueba?

–Según las estadísticas recientes, el 52 % de la población ucraniana se profesa ortodoxa. Entre los ortodoxos, en Ucrania, hay dos confesiones:la Iglesia autocéfala ucraniana y otro grupo que pertenece a la Iglesia ortodoxa del patriarcado de Moscú. Los católicos somos una minoría. Dentro de los católicos estamos los de rito bizantino, que somos la mayoría de los ucranianos, los grecocatólicos, un 12 % de la población, y por otra parte, los católicos de rito latino que son un 1 % aproximadamente.

También hay presencia de grupos protestantes: bautistas, pentecostales…, eso entre los cristianos. Además tenemos una población judía importante y grupos islámicos en el sur, sobre todo. Así que, cuando hablamos del papel de la Iglesia en Ucrania, siempre hablamos de una cooperación interconfesional e interreligiosa. Hoy, la Iglesia está jugando un papel clave en la resistencia de Ucrania y la atención a las víctimas de la guerra. donde no llegan las organizaciones internacionales, llega la Iglesia. 

Quiero subrayar que estos momentos de dolor, están siendo también momentos de conversión. Las iglesias, sobre todo las de la parte oriental, que vivió más duramente el comunismo, están llenas de gente. ¿Por qué? Porque el dolor hace emerger las grandes preguntas. Y están encontrando la respuesta en la Palabra de Dios que les transmiten sus sacerdotes. 

Soy sacerdote desde 1994. Y he de decir que, nunca hasta ahora, había experimentado, con tanta fuerza, el poder de la Palabra de Dios. No son simplemente conceptos, tampoco es una ideología humana, es la fuerza de Dios que te salva. 

En Crónica de una guerra sacrílega, usted recoge los mensajes que, casi diariamente, dirigía por vídeo, ¿Cómo nacen estos mensajes? 

–Cuando empezó la guerra, ante la visión de una ciudad en llamas, los gritos…, lo último que podrías plantearte era escribir algo. Sin embargo, tras uno de los primeros ataques a Kiev, el móvil no dejaba de sonar con la misma pregunta “¿Cómo están?”. No me daba tiempo a responder a todos. Le dije a mi secretario que teníamos que grabar un vídeo para decir a la gente como estábamos. Una especie de “prueba de vida”. 

No podíamos comprometer la seguridad nuestra ni de las personas que se refugiaban con nosotros, por lo que escogimos un fondo muy “neutral”, una cortina. Frente a ella fuimos grabando todos esos mensajes que conforman el libro. El “éxito” del vídeo fue impresionante: millones de personas en todo el mundo compartieron esas palabras. Al día siguiente pidieron otro; y otro,… Así fue como empezó este servicio de la Palabra, del testimonio, de un decir que estamos vivos. 

Me convertí en la voz de la vida que hablaba al mundo desde una ciudad asediada. 

A las dos semanas aproximadamente pensé en dejarlo. Pero entonces fui a visitar a la comunidad de una ciudad que está a unos 100 kilómetros de Kiev. Allí, una señora mayor me agarró de la mano y me dijo: “Monseñor, estamos aterrorizados, tenemos mucho miedo pero gracias por esos vídeos”. Yo le dije “Ya no sé qué más decir, ¿qué puedo decir?” y ella me respondió: “Lo importante es que nos habla. No tanto lo que nos diga”.

Recordé entonces un suceso que me ocurrió cuando ejercía como médico: un hombre ingresó tras un atropello de tren. Tuvimos que amputarle las dos piernas y no teníamos los calmantes necesarios para su dolor. Vino su esposa y él le rogó “María, háblame”. Ella cogió un libro y comenzó a leerlo. Y esa voz amada hizo de calmante para el dolor de aquel hombre. 

Entendí que la Iglesia tenía que hablar a aquellas personas que sufrían. Y comencé, cada día, a transmitir el Evangelio a través de estos mensajes. El libro muestra cómo estos mensajes eran al mismo tiempo, un diario del dolor y una palabra de esperanza. Expliqué todo el Catecismo de la Iglesia católica. Hablé también de la ecología, porque Ucrania vive una catástrofe ecológica con la guerra.

En sus mensajes, se refiere en muchas ocasiones a esos sacerdotes que viven la guerra junto a sus comunidades y las alientan 

–La presencia del sacerdote para la gente supuso la presencia viva y visible de Dios. Si veían que un sacerdote empezaba a prepararse para huir, la gente abandonaba la ciudad. Para nosotros supuso una pregunta dolorosa y complicada “¿Qué debemos hacer?”. 

Una tercera parte de mi diócesis fue ocupada, pero estoy muy orgullosos de que ninguno de mis pastores abandonó a sus fieles. Ellos han sufrido, también psicológicamente, pero han estado junto a su pueblo. 

El Papa León XIV con el Arzobispo mayor Sviatoslav Shevchuk el 15 de mayo de 2025.

También habla con frecuencia del papel de la mujer, de las madres, en este tiempo

–En estos años he podido ser testigo de la maternidad heroica de muchas mujeres ucranianas. En el metro, convertido en refugio, veías a tantas madres protegiendo, intentando alimentar a sus hijos. 

Le cuento una historia. Uno de nuestros sacerdotes, casado (en el rito grecocatólico existen los sacerdotes casados), vive en una zona que se halla cerca de Chernóbil, a unos 20 kilómetros de Bielorrusia. Esta zona fue asediada rápidamente ya que, al estar casi despoblada, las tropas rusas apenas encontraron resistencia.

Yo sabía que ese sacerdote esperaba su tercer hijo para poco después. Le llamé para “animarle” a evacuar la ciudad junto a su familia y me dijo: “Frente a mi parroquia tengo 40 mujeres con niños pequeños. Estamos cocinando para esos niños porque estas jóvenes madres dejaron de producir leche a causa del estrés de la guerra”.

Su esposa no quiso dejar a estas chicas. Dio a luz el quinto día de ocupación, en un hospital en el que no había electricidad, los médicos alumbraban con velas. Pude visitar a esta familia poco después y abracé a esa mujer diciéndole “usted es realmente imagen de la maternidad heroica”.

En el contexto de la muerte más grande, las madres siguen siendo fuentes de la vida. Con su coraje protegen a sus niños. ¡Nos hemos encontrado con tantos cadáveres de madres que habían intentado cubrir a sus hijos con su cuerpo entre escombros! 

La mayor parte de las personas que se han ido de Ucrania son mujeres con hijos pequeños. La joven madre es hoy el rostro del emigrante ucraniano. 

¿Ve cercano el fin de la guerra? 

–Es una pregunta difícil. La guerra de Ucrania concluirá como cuando cayó ese gigante de pies de barro que era la URSS. La guerra va a terminar, pero no sabemos cuándo. Pero hay un feeling, una sensación espiritual que indica que la guerra terminará cuando menos lo “esperemos”.

La victoria de Ucrania es la resistencia. Resistimos porque no tenemos otro modo de actuar. Es muy fácil decir “hay que hacer acuerdos”, pero la verdad es esta, la guerra puede terminar en dos minutos, cuando los rusos paren de matarnos. Porque entonces Ucrania parará su defensa.

En cierto modo, es una experiencia ascética de la vida monástica. ¿Cómo podemos vencer al diablo cuando nos ataca? Porque no podemos vencerlo de manera total, pero podemos resistir sus ataques. Si uno resiste el mal, el mal termina por huir. Creo que eso va a ser una imagen de nuestra victoria. 

世界

Eduardo Roca: «Los cristianos de Mozambique tienen una admirable capacidad de resistencia»

A pesar de las dificultades, hay grandes alegrías y razones para la esperanza. El año pasado se celebraron cerca de trescientos bautismos de jóvenes y adultos. Estos hechos constatan que la Iglesia sigue siendo edificada por Dios, independientemente de los intentos externos por destruirla.

哈维尔·加西亚·埃雷里亚·23 de 5 月 de 2026·阅读时间: 6 分钟

La Iglesia católica en 莫桑比克 opera en un contexto de extrema complejidad, marcado fuertemente por la inestabilidad humanitaria y la violencia en el norte del país, especialmente en la región de Cabo Delgado.

En estas zonas, la institución se ha convertido en un actor clave de resistencia y ayuda de emergencia, asumiendo la acogida de miles de familias desplazadas por el terrorismo y coordinando la reconstrucción de viviendas tras el paso de devastadores ciclones.

En el contexto de la diócesis de Pemba y la provincia de Cabo Delgado, la misión de San Luis Gonzaga sufrió unos enormes ataques, en los que se incendiaron los lugares de culto, las residencias de los misioneros y el convento de las religiosas, además de destruir las infraestructuras sociales y sanitarias asociadas a la Iglesia que daban servicio a toda la comunidad de la zona. Este ataque provocó una nueva oleada de miles de desplazados internos hacia el sur y hacia la propia ciudad de Pemba.

Conversamos con Eduardo Roca, un sacerdote español de la diócesis de Zaragoza enviado como misionero hace 14 años a la diócesis de Pemba. Llegó de la mano de Mons. Ernesto Magengue, con quien coincidió estudiando en Roma. Asumió la dirección de un proyecto de ética, ciudadanía y desarrollo vinculada a la universidad católica de la diócesis. También atiende una pequeñísima comunidad en la periferia de Pemba, de mayoría musulmana, y donde ha levantado una gran iglesia. 

¿En qué consiste su trabajo en Pemba?

–Como a todo misionero, me corresponde asumir múltiples funciones. En mi condición de sacerdote y pastor, presido los sacramentos e intento hacer accesible la Palabra de Dios a la comunidad. Sin embargo, en un entorno tan complejo, uno también se convierte en un referente para la población; un guía que debe transmitir seguridad y la certeza de que el Señor no los abandona. Afirmar esto es sencillo, pero experimentarlo en un contexto de persecución, bajo la constante amenaza del extremismo islámico, resulta sumamente difícil.

Además de mis funciones pastorales, ejerzo como profesor y gestiono las instituciones educativas de la parroquia. Contamos con un centro infantil para niños de dos a cinco años y con un complejo que abarca educación primaria y secundaria, el cual supera los dos mil alumnos. Es una institución de la misión, aunque la mayoría del alumnado es de confesión musulmana. Asimismo, dedico gran parte de mi tiempo al diálogo interreligioso y a la mediación en conflictos para la construcción de la paz, que es una de mis líneas de acción prioritarias.

¿Qué labores destacaría de la Iglesia en esa región?

–Nuestra labor en Pemba y en toda la provincia de Cabo Delgado constituye una respuesta directa al sufrimiento de las comunidades. Esta asistencia se ha materializado en diversas áreas. Por ejemplo, tras el paso de dos ciclones que causaron una profunda destrucción debido a la precariedad de las construcciones locales, nos centramos en la reconstrucción de viviendas. A través de 明爱, de la parroquia, de mi archidiócesis de origen y de varias congregaciones, hemos logrado restituir los techos de numerosas familias que lo habían perdido todo.

Por otro lado, gestionamos la emergencia alimentaria. Al ser una zona afectada por el conflicto, las opciones de empleo son casi inexistentes. La mayoría de la población es campesina y depende de los ciclos agrícolas; cuando estos fallan a causa de las inclemencias climáticas, el desabastecimiento es crítico. El centro infantil, por ejemplo, atiende a cerca de doscientos niños diarios, garantizando que regresen a sus hogares habiendo recibido, al menos, un plato de comida.

Finalmente, la Iglesia asume la acogida humanitaria. Hemos recibido a miles de familias que se han refugiado aquí huyendo de los ataques terroristas del norte, los cuales se han intensificado notablemente; hace apenas una semana se registró una agresión a solo cincuenta kilómetros que destruyó por completo una misión. Esta realidad nos exige un discernimiento constante y una relectura teológica sobre cómo manifestar la presencia de Jesús Resucitado en medio del dolor.

El padre Roca junto a un grupo de niños y jóvenes.

¿Qué es lo que más admira de la fe de los mozambiqueños?

–Sintetizaría su actitud en un concepto de la lengua macúa: ulipe, que se traduce como la capacidad de resistir, pero que implica, fundamentalmente, el acto de levantarse de la herida y de la destrucción.

Es conmovedor observar a un pueblo que, en medio de la cruz y de la miseria más absoluta, es capaz de entonar cantos de alabanza. Con el sonido de los tambores parecen quebrar la realidad del sepulcro y convocar de nuevo a la Resurrección. Esa fortaleza espiritual es lo que más me impresiona.

¿Cuáles han sido los momentos más difíciles que le ha tocado vivir?

–El periodo más complejo coincidió con una de las primeras oleadas de ataques terroristas, cuando los insurgentes alcanzaron el distrito de Metuge, justo al otro lado de la bahía de Pemba. Nos encontrábamos desprotegidos y carecíamos de seguridad. La incertidumbre sobre si irrumpirían en nuestra zona generó una angustia tremenda. En esos momentos, ante la preocupación por el destino de los niños y de las familias, la única opción viable era la oración y el abandono en la misericordia divina. Esa experiencia supuso un quiebre emocional importante, un impacto psicológico del que requería reconstruirme, debido al temor a que se repitiesen las atrocidades que ya sabíamos que ocurrían en el norte.

El otro momento crítico estuvo ligado a los factores climáticos. La noche del segundo ciclón, con la incertidumbre de no saber qué destrucción hallaríamos al amanecer o si nuestra propia estructura resistiría, albergamos en la casa parroquial a numerosos niños y mujeres cuyos hogares ya habían sido arrasados por el viento y la lluvia. Son situaciones límite donde la fe y la resistencia humana son puestas a prueba de manera extrema.

¿Le ha tocado vivir de cerca la violencia en su misión?

–Sí, la violencia ha marcado de forma definitiva nuestra realidad. Aunque nuestra comunidad de San Carlos Lwanga de Mahate fue erigida canónicamente como parroquia hace solo tres años, llevo casi quince trabajando en la zona, dedicando los últimos tiempos a la acogida de miles de refugiados.

El inicio del éxodo de estas familias representó un fuerte impacto para mi conciencia. Los relatos que transmitían eran desoladores; describían ejecuciones sumarias de familiares directos presenciadas por los propios niños. Nos vimos en la necesidad de organizar de inmediato la acogida de numerosos menores huérfanos, labor que iniciamos en colaboración con las misioneras benedictinas que residen en la misión.

A pesar del trauma y del dolor con el que llegan estas personas, muestran una asombrosa capacidad de recuperación y resiliencia, muy superior a la que solemos tener los europeos. Actualmente, nuestra misión se ha expandido para dar soporte a este flujo migratorio interno; de las siete comunidades que atiendo, cuatro están integradas exclusivamente por familias desplazadas por el conflicto del norte. Es un entorno de pérdida y vulnerabilidad donde se aprende el verdadero sentido del sacerdocio.

Iglesias así de bellas son posibles gracias a Ayuda a la Iglesia Necesitada.

¿Cómo valora la evolución y el futuro de la Iglesia en Mozambique?

–La Iglesia mantiene su compromiso asistencial a través de iniciativas habitacionales y de comedores comunitarios gestionados por Cáritas y la parroquia. Sin embargo, más allá de la asistencia material, la coyuntura actual ha generado un notable fortalecimiento espiritual. Históricamente, estas comunidades han estado muy desatendidas por la escasez de clero, dependiendo casi exclusivamente de la valiosa labor de catequistas y animadores locales con una formación limitada. Por ello, profundizar en la vida sacramental y eclesial requiere un esfuerzo constante en catequesis y formación litúrgica.

Este trabajo nos reporta grandes alegrías y fundadas razones para la esperanza. El año pasado se celebraron cerca de trescientos bautismos de jóvenes y adultos. Estos hechos constatan que la Iglesia sigue siendo edificada por Dios, independientemente de los intentos externos por destruirla.

Por último, considero fundamental consolidar el diálogo interreligioso como una prioridad pastoral diocesana. Tras mi experiencia previa en Angola, donde el islam no era una realidad cercana, aquí me encuentro inmerso en comunidades musulmanas, algunas de ellas con tendencias fundamentalistas.

Esto ha supuesto para mí un proceso de conversión interior y de aproximación al misterio que encierran las distintas religiones, siempre desde la perspectiva del Concilio Vaticano II y del magisterio de los últimos pontífices. Al final, se trata de descubrir los valores más profundos de la condición humana en los entornos más inverosímiles. Tal como solía afirmar un hermano sacerdote ya fallecido: «Las flores más hermosas crecen, a veces, en los lugares más insospechados». Esa capacidad de asombro ante la bondad humana y la necesidad de mantenernos firmes ante las dificultades resumen nuestra experiencia actual aquí.

教廷

¿Qué es Anthropic? La empresa que presenta la encíclica del Papa sobre IA

Cuando León XIV publique el lunes su esperada primera encíclica, “Magnifica Humanitas”, estará presente él mismo en la rueda de prensa, algo atípico en este tipo de anuncios. Además, acompañará al Papa, entre otros, un ejecutivo del sector de la IA, Christopher Olah, cofundador de Anthropic. ¿Qué es Anthropic?

OSV / Omnes·23 de 5 月 de 2026·阅读时间: 6 分钟

——吉娜·克里斯蒂安,OSV新闻

El lunes 25 de mayo habrá al menos dos novedades en la presentación de la primera encíclica, «Magnifica Humanitas», del Papa. Una, León XIV estará presente. Además, estará acompañado, entre otros, por un ejecutivo del ámbito de la inteligencia artificial: Christopher Olah, cofundador de Anthropic.

Anthropic es la empresa de investigación y desarrollo de inteligencia artificial responsable del asistente virtual Claude, que ha proporcionado un incremento a sus ventas, debido a la capacidad de su agente Mythos para detectar vulnerabilidades informáticas.

En un comunicado de prensa del 19 de mayo, Anthropic afirmó que “durante los últimos meses” había estado “organizando diálogos con grupos cuyo trabajo y tradiciones guardan relación con las cuestiones que plantea la IA”.

La compañía informó que su “primera ronda de conversaciones ha sido con tradiciones de sabiduría, incluyendo académicos, clérigos, filósofos y especialistas en ética de más de 15 grupos religiosos e interculturales, y esperamos colaborar con un abanico más amplio de personas en el futuro».

‘Seguridad en la frontera’

El ascenso de Anthropic, desde ser una startup disidente de OpenAI en 2021,  hasta una posible valoración de 900.000 millones de dólares (pendiente del resultado de las negociaciones en curso con los inversores), ha sido meteórico.

Pero lo que ha diferenciado a la empresa de sus competidores de Silicon Valley es, como señala la página web de Anthropic, un compromiso declarado y reiterado de “poner la seguridad en primer plano»”en su investigación y sus productos.

Se trata de un compromiso sobre el que el fundador de Anthropic, Dario Amodei, ha insistido durante mucho tiempo, llegando incluso a abandonar su puesto de alto nivel en OpenAI debido a desacuerdos sobre su énfasis en la seguridad y la moderación. Y puede ser una razón clave para que Olah esté presente cuando el Papa León presente su encíclica al mundo.

Alianza Anthropic-Vaticano 

Algunos analistas han descrito la presencia de Anthropic en la presentación oficial del documento como una astuta jugada empresarial, con la que la compañía, actualmente enfrentada a la administración Trump, busca ganar terreno tanto moral como cuota de mercado, particularmente en los países europeos.

Sin embargo, la alianza entre Anthropic y el Vaticano se inscribe en el contexto de un diálogo continuo que se remonta a varios años atrás, anterior a la elección del papa León. Un diálogo en el que responsables eclesiásticos, profesionales del sector tecnológico, teólogos y especialistas en ética han reflexionado sobre el auge de la tecnología de la inteligencia artificial en un mundo en el que los derechos humanos y la dignidad se ven cada vez más amenazados.

Diálogos de Minerva

Bajo el pontificado del papa Francisco, el Vaticano puso en marcha en 2016 los Diálogos de Minerva –llamados así por Santa María sopra Minerva, la basílica romana donde se inauguraron–, que se convirtieron en debates anuales entre responsables de la Iglesia y líderes tecnológicos sobre la ética de la IA.

En 2020, la Academia Pontificia para la Vida, con sede en el Vaticano, celebró un congreso sobre IA titulado «RenAIssance: Por una inteligencia artificial centrada en el ser humano”. El encuentro culminó con la firma del Llamamiento de Roma para la Ética de la IA, un documento que recoge seis principios fundamentales —transparencia, inclusión, rendición de cuentas, imparcialidad, fiabilidad, seguridad y privacidad— que deben regir la IA. Firmaron el documento la Academia Pontificia, Microsoft, IBM, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Ministerio de Innovación de Italia.

Ese mismo año se creó el Grupo Norteamericano de Investigación en IA, convocado por el obispo Paul Tighe, secretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación del Vaticano. En 2023, el grupo publicó “Encuentro con la Inteligencia Artificial: Investigaciones Éticas y Antropológicas”.

Elegido en mayo de 2025, el Papa León XIV ha dado a entender que la inteligencia artificial es una cuestión prioritaria de su pontificado.

Logo de Anthropic en esta ilustración tomada el 1 de marzo de 2026. En un comunicado de prensa del 19 de mayo, Anthropic afirmó que, “durante los últimos meses”, había estado “organizando diálogos con grupos cuyo trabajo y tradiciones guardan relación con las cuestiones que plantea la IA”. (OSV Newsillustration/Dado Ruvic, Reuters).

Revolución tecnológica

El propio nombre de Anthropic –un adjetivo que designa lo humano– reafirma sus prioridades en el desarrollo de la IA, las cuales coinciden significativamente con las expresadas por el Vaticano. En su sitio web, la compañía declara que su propósito es “el desarrollo y mantenimiento responsable de la IA avanzada para el beneficio a largo plazo de la humanidad».

“Nos tomamos muy en serio la tarea de guiar al mundo de forma segura a través de una revolución tecnológica que tiene el potencial de cambiar el curso de la historia de la humanidad, y estamos comprometidos a ayudar a que esta transición se desarrolle sin problemas”, señala la compañía.

Anthropic, con sede en San Francisco, es una corporación de beneficio público, un tipo de entidad con fines de lucro que equilibra la rentabilidad con una misión beneficiosa para las partes interesadas y las comunidades. (En mayo de 2025, la organización sin fines de lucro OpenAI, competidora de Anthropic, transformó su filial de responsabilidad limitada con fines de lucro en una corporación de beneficio público).

Anthropic ha elaborado un “documento fundamental” para su asistente de IA, Claude (llamado así, según algunos informes, en honor al matemático estadounidense del siglo XX Claude Shannon, a menudo llamado el “padre de la teoría de la información”).

La Constitución de Claude, como se titula el texto, “expresa y da forma» al asistente de IA, que Anthropic pretende que sea “útil sin dejar de ser, en general, seguro, ético y conforme a nuestras directrices”.

Influencia católica 

La constitución refleja las aportaciones de expertos católicos, entre ellos el padre Brendan McGuire, antiguo ejecutivo de Silicon Valley, y otros líderes religiosos.

En una entrevista concedida en marzo al Observer, el padre McGuire, cuya parroquia en Los Altos, California, alberga a varios profesionales de la tecnología, relató cómo Olah se había puesto en contacto con él para hablar sobre el desarrollo de la ética de la IA.

El padre McGuire declaró al Observer que los miembros del equipo de Anthropic “básicamente estaban pidiendo ayuda directa al Vaticano para reunirse y ayudar a la industria, porque la industria estaba avanzando muy rápido por este camino”.

Los contactos

El sacerdote había contribuido a la creación del Instituto de Tecnología, Ética y Cultura en el Centro Markkula de Ética Aplicada de la Universidad de Santa Clara, una colaboración entre el Centro Markkula y el Dicasterio para la Cultura y la Educación del Vaticano. El instituto brindó apoyo para el libro del Grupo Norteamericano de Investigación en IA sobre ética y antropología de la IA.

Según el Observer, el obispo Tighe también dio su opinión sobre la Constitución de Claude, junto con Brian Patrick Green, director de ética tecnológica de Santa Clara.

Green se unió a varios académicos católicos para presentar un escrito de amicus curiae en nombre de Anthropic, después de que la administración Trump ordenara en febrero a todas las agencias estadounidenses que dejaran de usar la tecnología de inteligencia artificial de Anthropic, argumentando que representaba un riesgo para la seguridad nacional en la cadena de suministro.

Disputa entre el Pentágono y Anthropic

Anthropic replicó que había sido vetada por negarse a permitir que su tecnología se utilizara para la vigilancia masiva interna o en armas autónomas. En los meses transcurridos desde entonces, la disputa ha derivado en un litigio continuo entre el Pentágono y Anthropic, en el que el primero afirmó en documentos judiciales presentados este mes que las preocupaciones éticas de Anthropic eran “ideológicas”.

La empresa respondió que la justificación del Pentágono para designarla como zona de riesgo en su cadena de suministro, una designación que normalmente se reserva para adversarios extranjeros, ha cambiado.

La pasión de Amodei, fundador de Anthropic, por garantizar que la IA siga siendo una fuerza para el bien se remonta a años atrás, y es muy profunda, según una extensa entrevista que concedió en julio de 2025 al periodista tecnológico Alex Kantrowitz.

‘Un fuerte sentido de responsabilidad’

Amodei, biofísico de formación, señaló en la entrevista que busca moldear la propia industria de la IA. La mayor parte de los ingresos de Anthropic no provienen de Claude, sino de la venta de su interfaz de programación de aplicaciones (API) a empresas que luego utilizan los modelos de IA para sus productos.

Recordó a Kantrowitz (cuyo artículo fue el resultado de más de dos docenas de entrevistas con Amodei, además de varios conocidos personales y profesionales) que sus padres lo criaron con “un sentido del bien y del mal y de lo que era importante en el mundo”, un sentido que le inculcó “un fuerte sentido de la responsabilidad”.

Según la entrevista de Kantrowitz, la pérdida de su padre a causa de una enfermedad rara –para la cual se descubrió un avance médico tan solo unos años después– impulsó a Amodei a creer que la ciencia puede salvar vidas.

Aunque se le ha acusado de tener una visión pesimista sobre la IA, dijo Kantrowitz, el plan de Amodei “es acelerar”.

“La razón por la que advierto del riesgo es para que no tengamos que bajar el ritmo”, dijo Amodei en la entrevista. “Comprendo perfectamente lo que está en juego. En cuanto a los beneficios, en cuanto a lo que puede lograr, las vidas que puede salvar. Lo he visto con mis propios ojos”.

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Gina Christian es corresponsal multimedia de OSV News. Síguela en Twitter: @GinaJesseReina. Contribuyeron a este reportaje Courtney Mares, editora del Vaticano para OSV News (en Twitter: @catholicourtney), y Kate Scanlon, reportera de OSV News en Washington (en Twitter: @kgscanlon).

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作者OSV / Omnes

世界

圣地的基督教领袖谴责“直到胜利为止”的战争理念。”

El patriarca de Jerusalén, el cardenal Pizzaballa, denuncia en una importante carta pastoral que la violencia se haya aceptado como el modo de resolución de conflictos

何塞·玛丽亚·纳瓦尔波特罗·23 de 5 月 de 2026·阅读时间: 4 分钟

“Hoy escuchamos amenazas de que la guerra continuará ‘hasta la victoria’. Nos preguntamos, ¿qué tipo de victoria? ¿La muerte, la destrucción, la desolación? A quienes promueven la guerra como el único camino, les decimos: la guerra no es el camino. Reiteramos nuestro llamado a poner fin al derramamiento de sangre y a la destrucción”. Un conjunto de líderes religiosos de diferentes Iglesias cristianas en Tierra Santa ha hecho pública una carta en la que exigen el fin de la guerra que afecta Israel, Estados Unidos, Líbano, Irán y Palestina.

La carta se ha hecho pública con motivo del aniversario de la Nakba palestina (el fin del Mandato británico en 1948) el 15 de mayo, y la firma un destacado grupo de líderes cristianos, entre los cuales está el patriarca emérito de Jerusalén Michel Sabbah, el arzobispo greco-ortodoxo, y el obispo luterano emérito, entre otros.

El texto recuerda que “si realmente buscamos el fin de la guerra en el Medio Oriente, debemos enfocarnos en el problema central: la difícil situación del pueblo palestino, que viene sufriendo desde 1948. Después de octubre de 2023, la catástrofe que enfrentan se ha intensificado en medio de una guerra en curso en Gaza, librada para borrar a Palestina y a los palestinos. Y la guerra se ha extendido a Cisjordania, el Líbano y más allá”.

“Nuestra Tierra Santa anhela igualdad, justicia y paz. La paz de la que hablamos es una paz que garantiza la libertad y la dignidad de cada ser humano”, subrayan los líderes cristianos.

Pastoral del patriarca Pizzaballa

El texto coincide con algunas de las consideraciones expresadas hace unas semanas, el 25 de abril, por el actual patriarca católico de Jerusalén, el cardenal Pizzaballa en una extensa y clara carta pastoral en la que insistía igualmente en la necesidad de la paz: “Rechazamos toda complicidad con la cultura de la violencia. Venga de donde venga, la violencia nunca es un camino evangélico”.

La larga carta del cardenal, titulada “Volvieron a Jerusalén con gran alegría”, de impacto entre los católicos de Tierra Santa, supone una revisión del estado actual de la Iglesia Católica allí. Sin análisis políticos, el cardenal se muestra firme al condenar la guerra, que obliga a “replantear formas y tiempos de nuestro ministerio” y se pregunta, más allá de “análisis y denuncias necesarias”, “qué nos pide el Señor en este momento”.

El texto señala que el 7 de octubre de 2023 y la posterior guerra en 环形 han cerrado una época. Según el patriarca, para los palestinos este periodo representa “la última y dramática fase de una larga historia de humillaciones y éxodos», mientras que para los israelíes ha supuesto “algo inédito: una violencia que ha revivido los horrores ocurridos en Europa hace ochenta años”. 

El Patriarca denuncia que el uso de la fuerza se haya consolidado como el método principal de resolución de disputas: «Estamos asistiendo al resurgimiento del uso de la fuerza como instrumento considerado decisivo para la resolución de los conflictos… La guerra se ha convertido en objeto de un culto idólatra».

Factores de la crisis actual

他 cardenal Pizzaballa señala algunas consecuencias principales de lo que califica como “caos” que hoy reina en Tierra Santa:

  • Dolor, odio y desconfianza: La carta habla de una “dolorosa deshumanización del otro: cuando este se convierte solo en ‘el enemigo’, todo se vuelve lícito”. “La violencia no ha destruido solo ciudades y hogares, personas y esperanzas: ha marcado las conciencias, ha envenenado el lenguaje público”. Se crea una desconfianza entre todos que hace difícil la reconciliación.
  • Fragmentación y miedo: el cardenal señala un fenómeno preocupante: “la creciente polarización. No solo entre israelíes y palestinos -que conocemos bien-, sino en el interior de ambos tejidos sociales, donde solo se encuentran personas que piensan del mismo modo, que hablan el mismo lenguaje”.
  • Desgaste del lenguaje: para el patriarca, ahora, términos como “diálogo”, “justicia” o “dos Estados” han perdido vigencia en el discurso público.
  • Dificultad del diálogo interreligioso: a consecuencia del conflicto, “los Lugares Santos, que deberían ser espacios de oración, se convierten en campos de batalla identitarios. Se invocan los textos sagrados para justificar la violencia, las ocupaciones y el terrorismo”. Sentencia el cardenal: “Creo que este abuso del nombre de Dios es el pecado más grave de nuestro tiempo”. 

Sin embargo, señala, “el diálogo es nuestra vocación y nuestro destino. Es una de las formas en que nuestra fe se manifiesta y se alimenta”.

Gaza, Palestina e Israel

El patriarca latino pasa revista al estado de diferentes territorios del patriarcado: Gaza, “en una situación de extrema tribulación” y en 巴勒斯坦, donde “la situación se deteriora día a día”; así como en Israel, donde “la sociedad está traumatizada desde el 7 de octubre, y este trauma ha generado recelo hacia todo lo relacionado con el mundo árabe, con la consiguiente desconfianza creciente entre ambas poblaciones”.

Un aspecto relevante de la carta es la mención al uso de la Inteligencia Artificial en el conflicto. El cardenal plantea las implicaciones éticas de la automatización de la guerra: “¿Qué sucede cuando quien decide quién vive y quién muere es una máquina? ¿Qué responsabilidad le queda al hombre?”

El documento concluye con una llamada a la convivencia. «No hay alternativa. Esta Tierra es el hogar de todos», afirma el Cardenal, quien sostiene que la misión de la Iglesia allí debe ser convertirse en espacio de reconciliación.

“Redimir las consecuencias del conflicto – el odio, el miedo, la ‘memoria tóxica’- es la tarea específica y sublime de la Iglesia de Jerusalén para el mundo entero”, apunta. Advierte que “los cristianos de Tierra Santa no son un tercero incómodo, ni un amortiguador neutral entre israelíes y palestinos, ni un grupo separado de sus hermanos no cristianos. Son, más bien, sal, luz y levadura dentro de las sociedades a las que pertenecen de pleno derecho. Comparten la historia, la lengua, las heridas y las aspiraciones de sus pueblos. No están llamados a encerrarse en un enclave protegido, ni a huir, sino a vivir hasta el fondo su vocación: permanecer dentro de la sociedad, compartiendo su destino, para fermentarla desde dentro con una visión del hombre -y de la sociedad- arraigada en el Evangelio”.

El cardenal hace finalmente un llamamiento a la comunidad internacional: “tiene el deber y el derecho de interesarse por Jerusalén, porque es de todos. El corazón del mundo está en Jerusalén y lo que allí ocurre afecta a miles de millones de creyentes”.

“La Iglesia de Jerusalén, pequeña y resiliente, se encuentra viviendo aquí y ahora el estilo de la Jerusalén celestial: ser un lugar acogedor, luz pascual que ilumina las tinieblas del rencor; ser una casa de puertas abiertas, instrumento de sanación en el mundo. Este es su sueño, su misión, su don a la humanidad”, concluye.

教廷

10 puntos del Papa a los líderes laicos de movimientos y asociaciones

León XIV se ha reunido este jueves con “los responsables, a nivel internacional, de diversas realidades laicales”, como les ha llamado el Papa, movimientos y asociaciones de fieles convocados por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. Se resumen aquí diez indicaciones del Santo Padre.

弗朗西斯科·奥塔门迪·22 de 5 月 de 2026·阅读时间: 3 分钟

Con el precedente de alguna gran Vigilia de Pentecostés celebrada en Roma con movimientos y realidades eclesiales de laicos, impulsadas por san Juan Pablo II (1998), y Benedicto XVI (2006), el Papa León se ha reunido este jueves con doscientos responsables de movimientos y asociaciones de fieles. El encuentro ha sido promovido por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

Entre las realidades que ahora se han dado cita -también entonces- se encuentran el Movimiento de los Focolares, Camino Neocatecumenal, Comunión y Liberación, Comunidad de Sant’Egidio, Renovación Carismática, el Movimiento de Schoenstatt, etcétera.

Entre los mensajes que ha transmitido el Papa León XIV, y que pueden encontrar íntegramente en su 演讲, se encuentran los siguientes, necesariamente sintetizados, y prácticamente textuales. Comenzamos por el final.

Un don inestimable para la Iglesia

1) Queridísimos, les agradezco todo lo que son y lo que hacen. Las asociaciones de fieles y los movimientos eclesiales son un don inestimable para la Iglesia. Hay una gran riqueza entre ustedes, muchas personas bien formadas y muchos buenos evangelizadores; muchos jóvenes y diversas vocaciones a la vida sacerdotal y matrimonial.

2) La variedad de carismas, dones y métodos de apostolado desarrollados a lo largo de los años les permite estar presentes en los ámbitos de la cultura, el arte, lo social y el trabajo, llevando a todas partes la luz del Evangelio. ¡Cuiden y, con la gracia de Dios, hagan crecer todos estos dones! La Iglesia los sostiene y los acompaña.

3) Gobernar: se trata de marcar un rumbo seguro, de modo que la comunidad sea un lugar de crecimiento para las personas que la integran. Así, también en la Iglesia hay quienes están encargados del gobierno. Aquí el gobierno se confía generalmente a los laicos (…). Se pone al servicio de los demás fieles y de la vida asociativa, y es fruto de elecciones libres.

El gobierno, don del Espíritu Santo

4) El gobierno es un don particular del Espíritu Santo, que los miembros de una comunidad reconocen presente en algunos de sus hermanos en la fe, de ello se derivan al menos tres consecuencias. 

5) La primera es que debe ser para el bien de todos (…). La segunda es que nunca puede ser impuesto desde arriba, sino que debe ser un don reconocible en la comunidad y libremente acogido. La tercera consecuencia es que, como todo carisma, también el gobierno de una asociación está sujeto al discernimiento de los Pastores, quienes velan por la autenticidad y el ejercicio razonable de los carismas.

6) Queridísimos, quienes dirigen sus asociaciones y movimientos asumen una tarea delicada: por un lado, están llamados a custodiar y valorizar la memoria de un patrimonio vivo; por otro, tienen un papel “profético”, que implica estar atentos a las urgencias pastorales actuales para comprender de qué manera responder a los nuevos desafíos y a las sensibilidades culturales, sociales y espirituales de nuestro tiempo. 

7) Una parte de la tarea profética de quienes gobiernan consiste, por lo tanto, en favorecer la apertura de la asociación o del movimiento, y de cada uno de sus miembros, a las situaciones históricas. 

圣餐

8) Otro elemento de vital importancia  es la comunión. Quisiera subrayar la importancia de la dimensión de la comunión con toda la Iglesia. A veces encontramos grupos que se encierran en sí mismos y piensan que su realidad específica es la única o es la Iglesia, pero la Iglesia somos todos nosotros, ¡es mucho más! 

9) Por lo tanto, nuestros movimientos deben buscar verdaderamente cómo vivir en comunión con toda la Iglesia, a nivel diocesano. Y por eso el obispo es una figura de referencia muy importante. Debemos tratar de vivir en comunión con toda la Iglesia, tanto a nivel diocesano como a nivel universal.

10) Desde esta perspectiva podemos comprender mejor el sentido de la fidelidad al carisma fundacional, que constituye una referencia imprescindible para el gobierno de una realidad eclesial. Gobernar de manera fiel al carisma fundacional significa, por lo tanto, encontrar en él la inspiración para abrirse al camino que la Iglesia recorre en el presente (…), dejándose interpelar por nuevas realidades y desafíos, en diálogo con todos los demás componentes del cuerpo eclesial.

作者弗朗西斯科·奥塔门迪

福音传播

Ramiro Pellitero: “La evangelización no es un debate de ideas, sino un encuentro con la persona de Jesucristo”

Ramiro Pellitero, profesor de Teología Pastoral en la Universidad de Navarra, habla con Omnes sobre la evangelización hoy, sus retos y conceptos esenciales para esta misión que interpela a todos los católicos.

Omnes 编辑部·22 de 5 月 de 2026·阅读时间: 4 分钟

A juzgar por el lema (“Alzad la mirada”) y el logo de la visita pastoral de León XIV a España, el mensaje que desea transmitir gira en torno a la 美丽, la unidad y la acogida. Por otra parte, vivimos, en España como en muchos otros países y ambientes, tiempos de polarizaciones y conflictos, que pueden desanimar a quien intenta compartir su fe. En este contexto, entrevistamos al profesor Ramiro Pellitero, profesor de Teología pastoral en la 纳瓦拉大学.

¿Cómo podemos entender la evangelización (el anuncio de la fe cristiana) hoy, para que sea una fuente de luz y no un motivo de disputa?

– Una clave está en comprender que la 传福音 no es una mera transmisión de información intelectual o un debate de ideas, sino un encuentro vivo con la persona de Jesucristo, que transforma la existencia humana.

Ante los conflictos, el discernimiento eclesial actúa como brújula para leer los «signos de los tiempos» y realizar el anuncio de la fe, teniendo en cuenta la realidad concreta de las personas y de las culturas.

Para evangelizar al mundo de forma auténtica, la Iglesia en su conjunto y cada uno debemos primero dejarnos evangelizar continuamente por el Espíritu Santo.

Cuando nos enfrentamos a desafíos sociales o divisiones internas, ¿qué papel juega ese discernimiento que usted menciona?

– El discernimiento eclesial no es una técnica de organización, sino una práctica espiritual compartida que permite a cualquier comunidad cristiana (ya sea una familia, una escuela o una parroquia) reconocer lo que el Espíritu está diciendo en relación con los problemas o los proyectos que surgen. Se puede ver como ejercicio cristiano de la virtud clásica de la prudencia, en su verdadero significado de guía de la acción.

En una Iglesia sinodal, este diálogo ayuda a interpretar la vida y la realidad humana a la luz del “kerygma” (el anuncio de Cristo), ayudando a tomar decisiones que realmente impulsen la misión.

¿Qué actitudes personales ayudarían a rebajar la tensión en estos ambientes tan polarizados?

– Se requieren actitudes fundamentales como la humildad para la conversión personal y una disposición sincera para la escucha. Debemos escuchar primero a Dios en la 祷告 y a la Iglesia en su magisterio, también es vital escucharnos a nosotros mismos y a los demás.

Esta «pedagogía del discernimiento» nos recuerda que Dios se comunica con nosotros de forma gradual, con lo que los Padres de la Iglesia llaman la «condescendencia» divina, adaptándose a nuestra capacidad humana.

Hay quienes se sienten alejados de la Iglesia por verla como un conjunto de normas rígidas. Por el contrario, otros tienen miedo de que se diluya la doctrina cristiana. ¿Cómo podemos mostrarles que el mensaje del Evangelio es verdad y amor, y que pide la cercanía a las personas?

– ¡Absolutamente! Debemos privilegiar el «camino de la belleza» (Via Pulchritudinis). La educación de la fe es eficaz cuando atrae el corazón humano mostrando el resplandor y la bondad de la verdad cristiana. Además, debemos superar la dicotomía entre doctrina y vida, reconociendo que la existencia cotidiana es «lugar teológico» donde Dios sigue hablando, a través de los acontecimientos de la vida y la oración, también con la ayuda de los criterios luminosos de la tradición eclesial y el lenguaje propio de la fe.

Una formación de estilo catecumenal, como se hacía en los primeros siglos (es decir, con estilo iniciático), no solo instruye la mente, sino que ayuda a madurar la identidad y el sentido de pertenencia.

En el entorno digital, donde las discusiones son a veces agresivas, ¿cómo podemos ser heraldos de paz?

– La cultura digital es un nuevo «areópago» que nos desafía a ser comunicadores de fe. En esta comunicación, la primacía la tiene el testimonio (“martyria”), que es más elocuente que las palabras y que se puede ofrecer en medio de las actividades cotidianas, sin la actitud de dar lecciones, a través de la amistad y las tareas culturales y sociales, con serenidad y sentido positivo.

Es célebre la expresión de san Pablo VI: “el hombre contemporáneo escucha más a los testigos que a los maestros”. Como repetía el 教宗方济各, debemos usar el «lenguaje vivo» de la misericordia, actuando como un «hospital de campaña» que cura heridas y se hace asequible a los más alejados, centrando todo en el amor salvífico de Dios. Por otra parte, nada de esto quita valor a los razonamientos y a la formación intelectual.

Finalmente, ¿cómo mantenemos el equilibrio entre ser fieles a la doctrina cristiana y ser sensibles tanto a los problemas actuales como a las situaciones personales, sin caer en extremos que nos sacan de la realidad?

– Podemos visualizar la misión cristiana como una elipse con dos focos: uno es la 忠诚 al plan salvífico de Dios (la voluntad divina revelada) y el otro, la atención a la condición concreta y compleja de la historia. Esta tensión es fecunda y pide una formación integral que una la solidez doctrinal con la madurez humana y la sensibilidad social.

Como he señalado antes, es importante tener en cuenta las condiciones de las personas, tantas veces vulnerables, y de las culturas, con sus luces y sus sombras. También para fomentar el diálogo que nos puede enriquecer, a la vez que nos da nuevas luces y nos ayuda a profundizar en las cuestiones –escuchando cómo las ven otros– y a purificar nuestras intenciones.

Además, muchas cuestiones no tienen una solución única y pueden enfocarse de modos diversos. En una autopista se puede ir más o menos deprisa, en un lado u otro de nuestro carril, pero sin estorbar la marcha ni poner en peligro la vida propia o la de los demás.

La vida cristiana es una autopista que puede estar muy bien iluminada. Al unir la Palabra de Dios, cuya plenitud es Cristo, con la acción del Espíritu Santo (Palabra y Espíritu forman la “misión doble” que viene de Dios Padre), la fe se convierte en una realidad interior o «connaturalidad», que nos permite ver con más claridad, juzgar mejor los acontecimientos, elegir hacer el bien con sabiduría y vivir con mayor plenitud. Anuncio de la fe y experiencia cristiana, doctrina y vida, se unen así en nuestra existencia. Y participar en la evangelización es un servicio a todos para que puedan descubrir que la vida en Cristo es un camino de plenitud y belleza.

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世界

Obispo Barron: 250 años de Estados Unidos, hijos de Dios con igual dignidad

Mientras la nación se prepara para celebrar su 250 aniversario, debería reflexionar sobre cómo la comprensión estadounidense de la igualdad se basa en la creencia de que todas las personas son igualmente hijos de Dios, dijo el obispo Robert E. Barron, de Winona-Rochester (Minnesota), el 17 de mayo.

OSV / Omnes·22 de 5 月 de 2026·阅读时间: 5 分钟

——凯特·斯坎伦,华盛顿,OSV新闻

“Al reflexionar sobre nuestra historia, desde la fundación del país, pasando por las tribulaciones de la Guerra Civil, hasta la lucha por los derechos civiles, podemos observar un hilo conductor constante. La convicción de que la dignidad humana, la igualdad, los derechos, la libertad y el estado de Derecho tienen su fundamento en Dios”, afirmó el obispo Robert E. Barron, en una concentración de oración en el National Mall, previa a los 250 años de Estados Unidos.

Los organizadores del evento, “Rededicate 250: A National Jubilee of Prayer, Praise & Thanksgiving”, declararon su objetivo. Conmemorar el próximo 250 aniversario de la nación “con pasajes bíblicos, testimonios, oración y la reafirmación de la dedicación de nuestro país como una sola nación a Dios”. El acto fue organizado por Freedom 250, una colaboración público-privada con la Casa Blanca para celebrar el 250 aniversario de Estados Unidos.

El acontecimiento contó principalmente con la presencia de líderes religiosos protestantes. Intervinieron además el obispo Barron, el cardenal Timothy Dolan, arzobispo emérito de Nueva York, por videoconferencia, y el rabino Meir Soloveichik, en persona. La directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, quien se identifica como hindú, también se dirigió a través de un mensaje en video.

Participantes en el acto “Rededicate 250: A National Jubilee of Prayer, Praise & Thanksgiving”, en el National Mall de Washington, el 17 de mayo de 2026. (Foto de OSV News/Eric Lee, Reuters).

Todas las personas son igualmente hijos de Dios

Aludiendo al uso que hizo Abraham Lincoln de la expresión «bajo Dios»en el discurso de Gettysburg, el obispo Barron argumentó que lo hizo porque sabía “que Dios es esencial para cualquier explicación coherente de la democracia, la libertad y la igualdad”.

Según señaló, ese sentimiento de libertad también se remonta a la fundación del país, citando la frase de la Declaración de Independencia: “Dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, entre los cuales se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

“Lo que los fundadores sabían gracias a su formación cristiana es que todas las personas, a pesar de sus enormes desigualdades, son igualmente hijos de Dios y, por lo tanto, iguales en dignidad”, dijo el obispo Barron.

Intervención de políticos de la administración

El vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio, ambos católicos, así como el secretario de Defensa Pete Hegseth y Tulsi Gabbard, figuraban entre los funcionarios de la Administración que intervinieron en el evento mediante mensajes de vídeo. 

“Siempre hemos sido, y seguimos siendo, una nación de oración, y le damos gracias a Dios por ello”, dijo Vance en un mensaje de vídeo. Rubio afirmó en otro vídeo que la nación fue “moldeada por esta idea cristiana”.

Señaló a los astronautas del Apolo 8 —Frank Borman, Jim Lovell y Bill Anders— leyendo el libro del Génesis durante su histórica misión de 1968 para orbitar la luna.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en una pantalla durante el evento “Rededicate 250: A National Jubilee of Prayer, Praise & Thanksgiving”, en el National Mall de Washington, el 17 de mayo de 2026. (Foto de OSV News/Eric Lee, Reuters).

“Así somos”, dijo Rubio. “Así hemos sido siempre. Estados Unidos sigue siendo una nación joven, si lo comparamos con su historia, y desde sus inicios hemos creído que nuestro país representa algo nuevo en el mundo. Pero el alma de nuestra nación siempre ha estado arraigada en una fe ancestral”. 

Los organizadores reprodujeron un mensaje en vídeo que Trump había grabado previamente en abril para un evento llamado “Estados Unidos lee la Biblia”, en el que leyó 2 Crónicas 7:11–22. Usó la Biblia King James Easy Read de Whitaker House Publishers, una traducción protestante. “Espero que todos en la reinaguración 250 lo estén pasando bien”, publicó Trump en su sitio web de redes sociales, Truth Social. 

Los críticos: separar iglesia y estado

Los críticos del evento argumentaron que el nivel de participación de la administración Trump mezclaba indebidamente la iglesia y el estado.

Rachel Laser, presidenta y directora ejecutiva de Americans United for Separation of Church and State, declaró: “Si al presidente Trump y a sus aliados les importara realmente el legado de libertad religiosa de Estados Unidos, estarían celebrando la separación entre la iglesia y el estado como el invento estadounidense único que ha permitido que la diversidad religiosa florezca en nuestro país”.

Personas oran durante un servicio religioso el día del “Rededicate 250: A National Jubilee of Prayer, Praise & Thanksgiving” en el National Mall de Washington, el 17 de mayo de 2026. (Foto de OSV News/Seth Herald, Reuters).

Arraigados en nuestra identidad como pueblo de Dios

El cardenal Dolan afirmó en su mensaje de vídeo que “en cada capítulo de la historia estadounidense, nuestra fe en Dios ha sido la base de nuestra grandeza, la fuente de nuestro éxito”.

“Desde los tiempos de la Guerra de Independencia, nuestra forma de vida se ha definido en parte por algunos principios clave. La oración, la confianza, el culto, el sábado, la lealtad a la familia, la libertad religiosa, el poder y la fortaleza de la democracia, el principio de subsidiariedad y la devoción al bien común”, dijo el cardenal Dolan. 

“En otras palabras, nuestros valores más profundos como país siempre han estado arraigados en nuestra identidad como pueblo de Dios. Y están anclados en la realidad de que no solo somos ciudadanos estadounidenses —por supuesto que lo somos, y estamos agradecidos por ello— sino que algún día seremos ciudadanos del cielo”.

El cardenal Dolan señaló que los obispos católicos estadounidenses planean dedicar la nación al Sagrado Corazón de Jesús el 11 de junio.

“Religiosamente vibrante, políticamente sana”

Además del obispo Barron y el cardenal Dolan, otros miembros de la Comisión de Libertad Religiosa de Trump que hablaron en el evento fueron Ben Carson, la reverenda Paula White-Cain, el reverendo Franklin Graham, Eric Metaxas y el rabino Soloveichik. 

Durante una oración en el evento, el obispo Barron dijo: “Una América religiosamente vibrante es una América políticamente sana”.

“Ésa es también la razón por la que valoramos tanto la libertad religiosa, una convicción que nos ha convertido en un refugio para personas que huyen de la persecución religiosa en todo el mundo”, afirmó.

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– Kate Scanlon es reportera nacional de OSV News y cubre la actualidad de Washington. Síguela en X @kgscanlon.

作者OSV / Omnes

文化

萨拉·巴雷纳:上帝的拥抱

Merece la pena repensar una y otra vez nuestra relación con Dios para, con la gracia, ahondar en su ternura. Los escritores, quizá por su especial sensibilidad, nos adelantan a menudo en ese camino y pueden enseñarnos a ser con audacia más creativos.

萨拉·巴雷纳和海梅·努比奥拉·22 de 5 月 de 2026·阅读时间: 4 分钟

La escritora y filósofa Sara Barrena abre su corazón a los lectores de 奥姆内斯. Por mi parte me limito a transcribir con emoción lo que me escribe:

Dicen que vuelve a estar de moda lo católico: Rosalía, con lo que llaman estética “christiancore”, y 哈库那, con cientos de jóvenes llenando los auditorios de canciones religiosas, son solo algunos ejemplos. Ojalá fuera verdad que Dios está de moda, pero muchas veces, por desgracia, todavía le tratamos a patadas.

Agradezco lo que mi familia me regaló en mi infancia. Recuerdo a mi madre planchando mientras en la radio sonaba el rezo del Santo Rosario; el “Jesusito de mi vida”, los tebeos del domingo por la mañana en el quiosco antes de ir a Misa. Recuerdo a mi abuela agarrándose a Dios para sobrellevar la pérdida de dos de sus hijos; a mi abuelo diciendo a sus nietos -yo tenía nueve años- que esta vida es un valle de lágrimas. Íbamos en el coche camino de Irún, donde pronto enterraría a su hijo pequeño. Quizá ahí es donde se nota la grandeza de un hombre, en la forma que tiene de sobrellevar los golpes que te da la vida. En el valle de lágrimas, mis abuelos encontraron, a pesar de todo, las fuerzas para enseñarme a rezar y a reír, para quererme con desmesura. Fueron probablemente lo mejor de mi infancia.

Antes pensaba que ser católica era un asunto complicado. Ahora, sin embargo, tengo una nueva lucidez, y eso que estoy entrando en esa edad que dicen que es difícil para las mujeres. A veces, desde la atalaya de los cincuenta, miro atrás y veo los enormes fracasos de mi vida, las veces en las que he estado perdida o he equivocado el camino, los cuatro hijos que se me pidió enviar directos desde mi vientre hasta el Cielo, las preocupaciones inevitables por los dos hijos que quedan a mi lado, los sinsabores en el trabajo, los amores imposibles, las crisis extraordinarias y las ordinarias, el matrimonio nulo y el que saqué adelante con muchas dificultades, los amigos que desaparecieron, los libros que no conseguí publicar y los que publiqué y pocas personas leyeron. El enorme cansancio que a veces te da vivir. Lo agotador que es a veces cuidar. Las cosas que no salen como uno quiere, como espera o como se las imagina. “Todo el mundo tiene una misión en la vida”, dice el cura en la iglesia, y aquí estoy yo con un montón de años y las manos vacías, sin saber todavía qué es lo que se espera de mí.

Sin embargo, el otro día entendí, ahora lo sé, que los aparentes fracasos no son tales. Son más bien las ocasiones en las que Dios se te hace presente y te da un abrazo. Él no ha sido indiferente a una sola de mis lágrimas, aunque a veces me haya enfadado y no le haya querido ni hablar. Cuando más perdida estás, es precisamente cuando Dios se hace el encontradizo. Aparece por sorpresa a la vuelta de la esquina o al doblar un recodo. En cada uno de los fracasos viene con un abrazo reanimante, que reconforta y consuela.

Ahora entiendo que Dios incide directamente en nuestra sensibilidad. Que somos amados por Él no es algo racional; no hacen falta grandes disquisiciones para entenderlo. Para querer a Dios con amor de hijo, de madre, de hermano, de amante, tampoco. Basta con dejarse abrazar. A veces nos quedamos con lo externo, con lo más feo, con lo más duro. Lo que puede hacerse y lo que no. No nos acordamos de extender la mano y rozar apenas el manto de Jesús, como aquella mujer del Evangelio.

    En medio de una multitud, con todas las cargas, pesadumbres y obligaciones, a veces se nos olvida tocarle. Alarga tu mano, sólo Él y tú lo sabréis, en lo más hondo del corazón, y rózale una vez y otra, hasta dejarle la túnica deshilachada. 

Dios nos regaló la sensibilidad, aunque a veces la anestesiemos. Ir a Misa ya no es aburrido, es el contacto físico que necesitamos. Sangre, cuerpo, alma y divinidad —como me enseñaron— que se pegan a tu vida. El corazón que se repara y el cuerpo que se alivia. Das un paseo y Dios te hace una señal. Los nubarrones se abren por un instante y aparece una estrella. Siempre hay una de guardia. “Yo estoy contigo”, te dice. Todo lo pegado que se puede estar. No solo con nosotros, sino en nosotros. Dios nos regala una sonrisa, una mirada, como esas de otras personas que nos quieren y que atesoramos. Un abrazo de alguien a quien amas sin que tenga que acabar. Un “te quiero” que miramos y remiramos, que un día cualquiera se nos queda grabado a fuego, sin saber por qué ese y no otro. 

No significa que el camino no sea duro a veces. Se sufre. Pero León XIV nos dio hace poco el secreto de la verdadera alegría: la vida entregada, el amor que no hace ruido. 

Hay algo tan reconfortante en entrar en una iglesia, en arrodillarse ante un Sagrario, como quien apoya la cabeza en las rodillas de Cristo; en la frase de un salmo que se te repite dentro como un mantra. La luz, el refugio, la salvación. Mi pastor. Mi nombre, que repites. Me doblo y me enderezas. Con amor eterno te quiero. Hay algo tan consolador en recibir la Comunión y marcharse, aunque sea un poco más sonriente, de la mano del mismo Dios. Rezar un padrenuestro, persignarse y seguir adelante. No hacen falta grandes acciones, ni es un conjunto de normas. Se trata, simplemente, de recibir los regalos que nos llegan. Y, aunque siempre me enseñaron que rezar es hablar con Dios, ahora he comprendido que quizá la forma mejor de oración es dejarse abrazar por Él.

作者萨拉·巴雷纳和海梅·努比奥拉

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西班牙

Alvaro Moreno 和 Patricia Trigo «Pati.te» 联手推出一款特别的 T 恤,庆祝 DOMUND 成立 100 周年。

La marca textil Alvaro Moreno y la ilustradora Pati.te han sido los artífices de una camiseta especial conmemorativa del I Centenario del DOMUND, cuyo importe íntegro será donado a Obras Misionales Pontificias (OMP) para apoyar esta labor misionera.

玛丽亚·何塞·阿蒂恩扎·21 de 5 月 de 2026·阅读时间: 2 分钟

Una camiseta «misionera». Así han querido celebrar y hacer celebrar el primer centenario del 多蒙德, Álvaro Moreno y la ilustradora Patricia Trigo.

La camiseta, diseñada por Patite, muestra al 教宗利奥十四世 rezando sonriente sobre un mundo que está sostenido por las manos de la Virgen María.

En una inscripción pone “María, Reina de las Misiones, estamos en tus manos”.

El diseño de la prenda es de Alvaro Moreno e incluye esta ilustración en la espalda, con el signo de las llaves de San Pedro, las banderas de España y del Vaticano y el título “Domund 100”.

La camiseta, a la venta en las tiendas de Álvaro Moreno, cuesta 12,95 euros y su importe íntegro –descontado el 21% de impuestos–  será donado a Obras Misionales Pontificias (OMP) para apoyar la labor misionera del DOMUND.

A pocos días de la llegada de León XIV a España, OMP anima a recibir al Papa, que ha sido misionero en Perú y es el responsable de estas Obras que sostienen las misiones, con esta camiseta solidaria.

Colaboración desinteresada

Esta original y moderna manera de unirse al centenario de la labor del DOMUND, que lleva a cabo Obras Misionales Pontificias, quiere celebrar estos «cien años en los que los cristianos de todo el mundo dedicamos un día a rezar, todos juntos, y a concienciarnos que… ¡la Iglesia es misionera!”, como ha querido resaltar 何塞·玛丽亚·卡尔德隆, director de OMP en España. 

Tanto Álvaro Moreno como la diseñadora han realizado esta colaboración de manera completamente desinteresada: Patricia ha donado la ilustración, y Alvaro Moreno ha asumido el diseño y los costes de producción, fabricación y logística.

100 años del Domund

El Domund (Domingo Mundial de las Misiones) fue instituido por el Papa Pío XI en 1926. Con esta iniciativa, el pontífice quería que la misión no fuera solo un asunto de los misioneros, sino que toda la Iglesia se uniera un domingo al año (el penúltimo de octubre) en oración y cooperación económica con ellos.

El Papa encomendó a OMP encauzar la generosidad de todos los fieles para ayudar en su nombre de una forma equitativa cada año a las diócesis que habían sido creadas por los misioneros, conocidas como Territorios de Misión.

Desde entonces, el DOMUND se ha vivido con intensidad en la sociedad española, siendo uno de los países que, anualmente, más dinero aporta a esta labor. Además, España cuenta en la actualidad con cerca de 9.000 misioneros repartidos por el mundo. El centenario del Domund rinde homenaje a su entrega y servicio silencioso.

教廷

El Vaticano lanza la implementación del Sínodo en las diócesis en 2027-2028

Con un documento de 18 páginas titulado ‘Hacia las Asambleas 2027-2028’, la Secretaría general del Sínodo ha lanzado la fase de implementación o puesta en marcha en dos años en las diócesis. Se trata de un camino lanzado por el Papa Francisco, y confirmado por León XIV.

弗朗西斯科·奥塔门迪·21 de 5 月 de 2026·阅读时间: 5 分钟

El documento de la Secretaría General del Sínodo sobre las Asambleas que se van a celebrar en 2027 y 2028, precisa en su subtítulo de lo que se trata en esta fase de implementación del Sínodo: “Etapas, criterios e instrumentos para la preparación” de estas fases.

Los encabezamientos de cada una de las cuatro fases de estos dos próximos años, definen el ámbito y las personas:

Se trata sucesivamente de:

  • ‘Hacer memoria’ (etapa de las iglesias locales o eparquías, primer semestre de 2027); 
  • ‘interpretar’ (etapa de las Iglesias locales de una Conferencia Episcopal, segundo semestre de 2027); 
  • ‘orientar’ (etapa de las Iglesias locales de cada continente, primer cuatrimestre de 2028).
  • y ‘celebrar’ (octubre de 2028). Es el punto culminante de la asamblea eclesial en el Vaticano, “donde la Iglesia toda está llamada a reconocer, celebrar y revitalizar los frutos alcanzados en el camino de implementación del Sínodo».

Pregunta clave

A la luz del camino recorrido desde la conclusión del Sínodo 2021-2024, señala el texto de la Secretaría general que dirige el cardenal Mario Grech, y “con vistas a ofrecer sus frutos como un don a las demás Iglesias y al Santo Padre”, la pregunta clave es la siguiente:

“¿Qué rostro concreto de Iglesia sinodal misionera y qué nuevos caminos de sinodalidad están surgiendo en su comunidad?”

La pregunta se plantea en la introducción, y también al final del texto, al referirse a la dimensión celebrativa: “Cada grupo será invitado a ofrecer su propia contribución basada en la pregunta que anima todo el proceso”.

Raíz evangélica

La Secretaría general ancla su introducción en el Evangelio, en textos de san Lucas y de los Hechos de los Apóstoles.

De este modo, recuerda que “reunir a la Iglesia para reflexionar comunitariamente sobre lo sucedido y compartir las maravillas obradas por el Señor es una práctica arraigada en la experiencia del regreso de la misión relatada en el Evangelio: después de ser enviados de dos en dos, “los setenta y dos regresaron llenos de alegrı́a” (Lc 10,17), contando lo que el Señor habı́a realizado por medio de ellos.

Posteriormente, añade, “la Iglesia apostólica también retomó esta misma práctica, como leemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles: ‘Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron. Al dı́a siguiente, Pablo fue con nosotros a ver a Santiago, junto con todos los ancianos. Después de saludarlos, comenzó a contarles con detalle lo que Dios había hecho entre los gentiles por medio de su ministerio» (Hch 21,17-19; cf. Hch 14,27 y 15,4.12)”.

Sesión de trabajo de la segunda sesión del Sínodo sobre la Sinodalidad, presidida por el Papa Francisco en 2024 (CNS photo, Lola Gómez).

Tercera etapa del proceso, tras la consulta y las dos sesiones en Roma

El documento señala textualmente que “las Asambleas de 2027-2028, a cuya preparación se dedica este texto, forman parte de la fase de implementación del Sínodo, que constituye la tercera etapa del proceso delineado por la constitución apostólica Episcopalis communio, tras la consulta y escucha del Pueblo de Dios (2021-2023) y la fase de celebración, finalizada en las dos sesiones de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sinodo de los Obispos en octubre de 2023 y octubre de 2024”.

Documento final, y etapa confirmada por el Papa León

Con la entrega del 最终文件, el Papa Francisco inauguró esta nueva etapa, posteriormente confirmada y promovida por el Papa León XIV, recoge el texto.

这 线索 para la Fase de Implementación del Sínodo (del 29 de junio de 2025 y disponibles en el sitio web www.synod.va) “delimitaron con mayor precisión el horizonte y el estilo de este camino, ofreciendo criterios y orientaciones iniciales”.

Ahora, “las reflexiones aquı́ presentadas buscan dar forma más concreta al proceso en curso, clarificando la participación de las Iglesias locales y los diversos ámbitos de la comunión eclesial”.

Papel de las Asambleas: paso decisivo, maduración

Las Asambleas previstas para los próximos años “constituyen un paso decisivo en la implementación del 宗教会议”, dice el documento preparatorio.

Como ya se destacó en las Pistas, “no se trata de añadir un paso formal ni de repetir lo vivido en fases similares del Sı́nodo 2021-2024, sino de ayudar a las Iglesias a transformar su experiencia en sabidurı́a compartida”. 

“Lo que está en juego no es simplemente la continuidad de un proceso, sino su maduración”, añade.

El propósito es “a la vez sencillo y exigente: reconocer lo que el Espı́ritu Santo ha realizado, comprender los retos que aún marcan el camino e identificar, con realismo y confianza, los pasos a seguir.”

En este sentido, aclara el texto, “las Asambleas no son una verificación técnica, sino oportunidades de discernimiento, de corresponsabilidad y de acción de gracias, dentro de un proceso compartido por toda la Iglesia”.

Miembros del Sínodo junto al Papa, en la primera sesión de la Asamblea general, en el aula Pablo VI (©CNS photo/Lola Gomez).

Más precisiones: no es repetir la fase de consulta

Las Asambleas y su preparación “no consisten en repetir la fase de consulta del Sı́nodo, sino en aprender de la experiencia vivida, reconocer los frutos y las dificultades, reajustar las prioridades y los procesos a la luz de un discernimiento cuidadoso, fortalecer la corresponsabilidad entre las entidades eclesiales y fomentar un auténtico intercambio de dones entre las Iglesias”.

Escuchar la voz del Espíritu Santo

En todo esto, prosigue el texto, “sigue siendo crucial mantener una escucha atenta a la voz del Espı́ritu Santo a la luz de la Palabra de Dios: las Asambleas no son una consulta sociológica ni un dinamismo deliberativo. 

La calidad de la oración, de la escucha y del compartir es más importante que la cantidad de materiales producidos, que deben ser esenciales y con objetivos bien enfocados”.

Responsabilidad: el obispo diocesano, clave

Como podía imaginarse, la mayor responsabilidad del proceso recae en el obispo diocesano o eparquial, para las Asambleas diocesanas y eparquiales, en el presidente de la Conferencia Episcopal para las Asambleas nacionales o regionales, y en los responsables de las instancias continentales para las Asambleas a ese nivel, señala el documento.

También se aclara que los equipos sinodales “no son simples estructuras operativas, sino organismos que han desarrollado una experiencia de escucha y corresponsabilidad que debe preservarse y desarrollarse”.

Por lo tanto, “donde aún no se haya hecho, es fundamental reactivar y apoyar a los equipos sinodales diocesanos, nacionales y continentales, comunicando su composición a la Secretarı́a General del Sı́nodo”.

Como nota a pie de página, el texto indica que “el registro para la inscripción de equipos sinodales diocesanos, nacionales y continentales está disponible” 这里.

Composición de las asambleas

El texto subraya que “la composición de las Asambleas debe ser coherente con su propósito. No se trata simplemente de representar a una diócesis o a la Iglesia de un paı́s o región, sino de asegurar la presencia de personas conocedoras de los procesos en curso y capaces de interpretarlos teológica y pastoralmente”. 

La selección de participantes, añade, “debe garantizar una atención adecuada a las relaciones entre hombres y mujeres y entre diferentes generaciones, la diversidad cultural y eclesial -incluidos sacerdotes, diáconos, consagrados y consagradas, miembros de asociaciones, movimientos y nuevas comunidades, ası́ como fieles no integrados en estructuras organizadas –y a la presencia de personas en situación de vulnerabilidad o marginación”.

Se debe prestar especial atención a la participación de los párrocos, precisa asimismo, y es importante valorar “las voces que no proceden directamente de estructuras eclesiales y, cuando sea el caso, incluir la participación de representantes de otras Iglesias y comunidades cristianas o de otras religiones”.

Sobre la Asamblea eclesial de 2028

Más que un punto de llegada, “la Asamblea Eclesial es el momento en el que el camino recorrido se reconduce a la unidad, se abre a nuevos desarrollos y se confía al discernimiento de la Iglesia toda, bajo la responsabilidad del Santo Padre”

Un Instrumentum laboris específico propondrá el contenido y el método de trabajo a la luz del camino emprendido.

En esta etapa, por lo tanto, “la acción eucarística y el discernimiento se entrelazan: lo vivido se reconoce como un don, se comparte con alegría y se confía a la responsabilidad de toda la Iglesia, para que continúe generando vida bajo la guía del Santo Padre”.

作者弗朗西斯科·奥塔门迪

资源

La resurrección del cuerpo en el centro de la pascua

La pascua nos llama a contemplar la vida como una realidad a la que la muerte no pone fin: nuestra alma es inmortal y nuestro cuerpo resucitará.

瓦列·罗德里格斯·卡斯蒂利亚·21 de 5 月 de 2026·阅读时间: 6 分钟

Parece que esta realidad del cuerpo resucitado en su destino final no resuena con mucha contundencia y claridad en nuestros tiempos, tampoco en este tiempo litúrgico de la Pascua en el que es aun más propio.

En Navidad, por ejemplo, la fe, la liturgia y la cultura se dan la mano y no hay quien dude de lo que estamos celebrando. Algo parecido sucede en Semana Santa. Los misterios del nacimiento, la pasión y la muerte de nuestro Señor Jesucristo se desbordan de la liturgia y se expresan en una nutrida y enraizada cultura de tradiciones que la piedad popular secunda: luces, belenes, árboles de Navidad, cabalgatas, cenas, villancicos y regalos, procesiones, nazarenos, mantillas, penitencias, morados y negros, y velas. Todos estos signos y otros más son parte de los mismos significados que la Iglesia rememora en estos tiempos litúrgicos. 

Por otro lado, el Domingo de Resurrección abre la Pascua y, dentro de las iglesias, se estrena el cirio pascual, el blanco se erige en protagonista y se canta el Aleluya. Mas allá de estos signos de la liturgia, llega el final de la Pascua con el Domingo de Pentecostés y los pueblos —en sus calles y en sus gentes— apenas han expresado la alegría de la resurrección. Bueno, sí, quizás con escaso conocimiento del sentido, lo hacen los huevos de Pascua.

No cabe duda que, para aumentar la resonancia de la resurrección de Jesucristo (y la nuestra), faltan tradiciones (y catequesis) en la vida de la Pascua. Para poder poner la resurrección de los cuerpos en el centro de la Pascua, se echa en falta una verdadera y experiencial pedagogía de la Pascua.

La luz de la Teología del Cuerpo sobre la resurrección del cuerpo.

Hoy por hoy, las catequesis de san Juan Pablo II sobre el amor humano son una onda antropológica expansiva que alcanza y enfoca con más luz la resurrección de nuestros cuerpos.

Si nuestros cuerpos son teológicos, si —como descubrimos en la Teología del Cuerpo— el cuerpo es una vía de conocimiento de Dios, si se puede hacer teología desde el cuerpo… el cuerpo no puede llegar y topar con el límite de la muerte, el cuerpo ha de resucitar, ha de llegar hasta Dios y poder permanecer en Él para la vida eterna.

Para ello, la primera lámpara que enciende el Papa polaco es la de la Revelación. Juan Pablo II da al ON en aquel «caso práctico» que los saduceos plantearon al Señor sobre la ley del levirato, sobre aquella mujer que había sido esposa de siete maridos que eran hermanos: «Después de todos ellos, murió la mujer. Entonces, en la resurrección, ¿de cuál de los siete será esposa?, porque la tuvieron todos» (Mt 22, 27-28; Mc 12, 22-23; Lc 20, 32-33).

Desde la respuesta del Señor (te animo a meditarla en el pasaje de Lc 20, 34-38), Juan Pablo II inicia el tercer ciclo de su Teología del Cuerpo sobre la resurrección de la carne y, a través de nueve catequesis, hace una «reconstrucción teológica» de lo que será el «hombre escatológico», el varón y la mujer resucitados en sus cuerpos para la vida eterna. Resumimos en doce, algunos de sus rasgos:

1. La resurrección como estado del todo nuevo de la misma vida humana.

La resurrección, a pesar de que significa la recuperación de la corporeidad y el restablecimiento de la vida humana en su integridad mediante la unión del cuerpo con el alma, es un estado del todo nuevo de la misma vida humana. (Por eso, los discípulos no reconocían al Señor resucitado)

2. La resurrección como perfección de lo personal.

En la futura resurrección, los hombres reasumirán sus cuerpos en «la plenitud de la perfección propia de la imagen y semejanza de Dios». La resurrección consistirá en la perfecta realización de lo que en el hombre es personal, propio y exclusivo de cada uno.

3. La resurrección de la masculinidad y la feminidad.

En la resurrección se mantendrá la peculiaridad masculina o femenina: resucitaremos como varones o como mujeres. Aunque el sentido de ser en el cuerpo varón o mujer será constituido y entendido en el «otro mundo» de un modo nuevo y diferente a como lo fue «desde el principio» y en toda la dimensión de la existencia en la tierra.

4. El matrimonio y la procreación no son parte de este futuro de resurrección.

Por eso, «cuando resuciten de entre los muertos, no tomarán mujer ni marido» (Mc 12, 25). El matrimonio pertenece exclusivamente a «este mundo», es una realidad histórica. En el «mundo de Dios», Dios lo llenará «todo en todos» (1 Cor 15, 28).

La procreación tampoco es parte del futuro escatológico del hombre. El «otro mundo» es el cumplimiento definitivo del género humano, el cierre definitivo de los seres que fueron creados a imagen y semejanza de Dios.

Puede ser complicado de entender, pero así es: el matrimonio y la procreación en sí mismos no determinan definitivamente el significado originario y fundamental de ser cuerpo ni del ser, en cuanto cuerpo, varón y hembra —lo que Juan Pablo II llama en su Teología del Cuerpo el «significado esponsal» del cuerpo. El matrimonio y la procreación dan solamente una realidad concreta a aquel significado en las dimensiones de la historia. La resurrección indica el final de la dimensión histórica.

Por tanto, las palabras «cuando resuciten de entre los muertos, no tomarán mujer ni marido» (Mc 12, 25) no solo expresan qué significado no tendrá el cuerpo humano en el mundo futuro; sino que nos permiten también deducir que el significado esponsal del cuerpo en la resurrección corresponderá de modo perfecto tanto al hecho de que el hombre, como varón-mujer, es persona creada a «imagen y semejanza de Dios», como al hecho de que esta imagen se realiza en la comunión de las personas: el significado esponsal del cuerpo como un significado perfectamente personal y comunitario a la vez.

5. La perfecta espiritualización del hombre resucitado.

El ser «como ángeles en el cielo» nos permite deducir una espiritualización del hombre según una dimensión diferente a la de la vida terrena (y a la del mismo «principio»). Esto no significa que la naturaleza humana se transforme en una naturaleza angélica (puramente espiritual). Seguiremos conservando nuestra naturaleza psicosomática pero con otro grado de espiritualización: nuestro cuerpo será un «cuerpo espiritual»: sin oposición recíproca del espíritu y el cuerpo, con la perfecta participación de todo lo que en el hombre es corpóreo en lo que en él es espiritual; siendo un cuerpo impregnado de espíritu; con una perfecta armonización de la actividad del espíritu con la del cuerpo; en una perfecta sensibilidad de los sentidos… Las cotas más altas y perfectas de todo lo humano en el cuerpo, una verdadera trans-humanización por la supremacía de las fuerzas del espíritu en el cuerpo.

6. La fundamental divinización de la humanidad.

La divinización de lo humano tiene raíces de filiación divina. Los hijos de la resurrección son hijos de Dios. Por ello, la divinización en la vida eterna es incomparablemente superior a la de la vida terrena, no solo en grado sino también en género. Esto es un fruto de la gracia, del comunicarse de Dios a todo el hombre (alma, cuerpo y espíritu), en el más personal donarse de Dios al hombre.

7. La glorificación del cuerpo:

El fruto en la otra vida de esta espiritualización divinizante es la simplicidad y el esplendor del cuerpo glorioso, la glorificación del cuerpo: toda la alegría y la paz y la luz de los cuerpos como signos distintivos de haber sido creados en el mundo visible; de haber experimentado nuestros cuerpos como medios para el recíproco comunicarnos entre las personas, como expresión auténtica de la verdad y del amor con que hemos construido la comunión de las personas.

8. La comunión con Dios, «la visión cara a cara».

La comunión con Dios es la plena participación en la vida interior de Dios, en la misma realidad trinitaria. Así, del don de sí mismo por parte de Dios al hombre y el recíproco don de sí del hombre a Dios nacerá en el hombre un amor de tal profundidad y fuerza de concentración sobre Dios mismo que absorberá completamente su entera subjetividad psicosomática, todo su yo, también su cuerpo (estado virginal del cuerpo).

9. La comunión de los santos.

Tal concentración del conocimiento y del amor sobre Dios será la fuente del redescubrimiento de sí mismo por parte del hombre (de la subjetividad de cada uno); y, desde ella, el redescubrimiento de esa unión que es propia del mundo de las personas y que es una unión de comunión (la intersubjetividad de todos), la comunión de los santos.

10. La vida en el Espíritu.

Cada uno, con la Resurrección del cuerpo, participaremos plenamente del don del Espíritu vivificante, es decir, del fruto de la Resurrección de Cristo.

11. Todos llevamos la imagen de Adán y la imagen de Cristo resucitado.

Lo que el cuerpo humano es en la experiencia histórica del hombre no está totalmente desligado de las otras dos dimensiones de su existencia: el origen y el destino final. El hombre lleva, en cierto sentido, estas dos dimensiones en lo profundo de la experiencia del propio ser. 

La humanidad del primer Adán lleva en sí una particular potencialidad para llegar a ser el segundo Adán, Cristo. Nuestra humanidad corruptible lleva en sí la potencialidad de la incorruptibilidad. La experiencia terrena (incluida la muerte y la destrucción del cuerpo) son el substrato y la base del nuevo estado de la existencia en el «otro mundo».

En este sentido, el filósofo y teólogo ruso Solovyev decía que el artista cristiano es el que ve en lo que tiene delante lo que será cuando resucite y transmite la intuición de la resurrección. 

12. Las llagas de los cuerpos resucitados.

La nueva plenitud de la humanidad en el otro mundo no es solo restitución, no es sin más una vuelta al principio. Esto dejaría de lado la experiencia del pecado (y su huella).

La plenitud del otro mundo contará con toda la historia del hombre: una historia formada por el drama del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal y, al mismo tiempo, impregnada por el misterio de la redención. La redención es camino a la resurrección. Por eso nuestras llagas prevalecerán como las de Cristo, y pasará por ellas la luz de la Gloria Eterna.

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La causa de don Giussani va de Milán a Roma: “un hombre de Dios”

Miles de personas acompañaron en la basílica de San Ambrosio de Milán la clausura diocesana de la causa de beatificación y canonización de don Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación. El arzobispo Mario Delpini le calificó como “un hombre de Dios que guió a muchos al encuentro con Cristo”.

弗朗西斯科·奥塔门迪·21 de 5 月 de 2026·阅读时间: 3 分钟

La basílica de San Ambrosio de Milán y su pórtico exterior acogieron el pasado jueves a más de diez mil personas que no quisieron perderse un nuevo paso eclesial de la causa de beatificación y canonizaciòn del siervo de Dios Luigi Giussani (Desio, 1922 – Milán 2005), fundador del movimiento Comunión y Liberación.

Se trató de la clausura de la fase diocesana del proceso, presidida por el arzobispo de Milán, Mario Delpini, ante personas de edades, historias y procedencias muy diversas, unidas por el encuentro con don Giussani y con el movimiento.

La documentación relativa a la fase diocesana ocupa miles de páginas reunidas en 27 cajas, selladas y lacradas, que serán enviadas estos días a Roma, al Dicasterio de las Causas de los Santos de la Santa Sede, donde el proceso continuará su camino.

Tres motivos de alegría

“Es un momento de alegría que nace de la experiencia de una gracia”, afirmó el arzobispo Mario Delpini.

“Un primer motivo de alegría es reconocer en Luigi Giussani a un hombre de Dios, es decir, un sacerdote que con su vida, sus palabras y su carisma guió a otros hacia el encuentro con Cristo”.

Un segundo motivo se debe al reconocimiento de don Giussani como un hombre de Iglesia, como han recogido la propia Fraternidad de 共融与解放 (CL), y la agencia vaticana. El proceso, por tanto concluye en Milán, y pasa al discernimiento de la Iglesia,.

El tercer motivo de gracia es el reconocimiento de la historia que a través del carisma de don Giussani “os hace protagonistas”, manifestó el arzobispo.

Un mensaje que tocaba lo más profundo de su humanidad

“Mediante su carisma, muchas personas de todas las edades y de todos los países han reconocido una palabra dirigida personalmente a ellos, un mensaje que tocaba lo más profundo de su humanidad, una apertura de horizontes que llegaba a su corazón”, añadió el arzobispo Delpini.

达维德·普罗斯佩里, presidente de la Fraternidad de CL, manifestó la gratitud y alegría de todo el movimiento. “Quiero expresar la inmensa alegría de todos los miembros de CL por este paso fundamental en el recorrido con que la Iglesia reconoce la bondad del testimonio de vida cristiana de don Giussani, para la propia Iglesia y para el mundo”.

El agradecimiento llegó también al arzobispo Delpini, a monseñor Apeciti, a la postuladora Chiara Minelli y a todos los miembros de la diócesis ambrosiana que han trabajado en la causa de beatificación y canonización.

Ahora hay que mirar adelante, hacia el camino trazado por don Ciussani. “Queremos continuar con más decisión aún en comunión con el Papa y con toda la Iglesia”, dijo en presencia de la Dra. Linda Ghisoni, Subsecretaria del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, así como representantes de otros movimientos.

Al acto asistieron autoridades civiles de Milán y la Región de Lombardía, y varios obispos. Entre ellos, Andrea Bellandi, arzobispo de Salerno-Campagna Acerno; Massimo Camisasca, obispo emérito de Reggio Emilia-Guastalla; Ivan Maffeis, arzobispo de Perugia-Città della Pieve y consejero espiritual de la Fraternidad de CL; Giovanni Paccosi, obispo de San Miniato; Corrado Sanguineti, obispo de Pavía; y Filippo Santoro, Arzobispo Emérito de Taranto.

Libros de don Giussani

El 15 de octubre de 2022 se cumplieron 100 años de su nacimiento, y miles de miembros de CL llenaron la Plaza de San Pedro en un encuentro con el Papa Francisco. El Santo Padre manifestó, entre otras cosas, su “personal gratitud por el bien que me hizo, como sacerdote, meditar algunos libros de don Giussani, cuando era un joven sacerdote; y lo hago también como Pastor universal por todo lo que él supo sembrar e irradiar en todas partes por el bien de la Iglesia”.

作者弗朗西斯科·奥塔门迪

福音

心意相通。圣灵降临节主日(甲年)

Vitus Ntube nos comenta la lecturas del Domingo de Pentecostés (A) correspondiente al día 24 de mayo de 2026.

Vitus Ntube·21 de 5 月 de 2026·阅读时间: 2 分钟

El tiempo de Pascua culmina con el envío del Espíritu Santo, que desciende sobre María y los Apóstoles en el Cenáculo. Este acontecimiento poderoso marca, no solo el comienzo de la misión de la Iglesia en el mundo, sino también un nuevo inicio en la vida de cada creyente.

A primera vista, la primera lectura y el Evangelio parecen presentar dos relatos distintos de la venida del Espíritu Santo, casi como si hubiera dos Pentecostés. En el Evangelio de Juan, Jesús resucitado se aparece a los apóstoles y sopla sobre ellos, diciendo: “Recibid el Espíritu Santo”. En los Hechos de los Apóstoles, en cambio, el Espíritu desciende con viento y fuego en Pentecostés. No se trata de relatos contradictorios, sino complementarios. Juan nos muestra la fuente del Espíritu -Cristo resucitado-, mientras que Lucas nos muestra la dirección de la acción del Espíritu, que conduce a la Iglesia hasta los confines de la tierra.

En la primera lectura escuchamos que judíos de todos los pueblos bajo el cielo se encontraban en Jerusalén. Esta reunión ya señala la dimensión universal de la Iglesia y de la misión cristiana. El pueblo está confundido, pero no como en Babel. En Babel, la confusión condujo a la división y a la dispersión de los pueblos. Aquí, en cambio, la confusión da paso al asombro y a la admiración. Se preguntan: “¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa?”. Lo que experimentan no es división, sino unidad en la diversidad. La división que comenzó en Babel ahora es deshecha por el Espíritu Santo.

A los Apóstoles se les concede el don de lenguas: la capacidad de hablar de modo que todos puedan comprender. Pero Pentecostés no trata solo de hablar; también trata de escuchar. Junto al milagro del habla está el igualmente importante milagro de la comprensión. La gente es capaz de escuchar, acoger y entender. Así como vemos lenguas de fuego posarse sobre los Apóstoles, también podemos imaginar corazones encendidos entre quienes escuchan: corazones abiertos para oír y comprender las maravillas de Dios.

San Pablo, en la segunda lectura, nos recuerda que hay muchos dones, pero un mismo Espíritu. Entre estos dones está el de la comprensión, la capacidad de captar el sentido de la acción de Dios en nuestras vidas. Esta es la obra del Espíritu: no solo hablar, sino hacernos comprender.

Hoy, entonces, pedimos al Espíritu Santo este don de la comprensión: reconocer la presencia de Dios en nuestras vidas, conocer más profundamente a Jesucristo y permitir que nuestros corazones ardan dentro de nosotros al escuchar su palabra. Pedimos corazones que puedan ser tocados, incluso traspasados, por la verdad del Evangelio.

Pero este don no es solo para nuestra relación con Dios. También necesitamos comprensión en la vida cotidiana, en nuestras familias, en nuestros trabajos, en nuestras comunidades. La capacidad de escuchar verdaderamente, de comprender a los demás y de entrar en su experiencia es también obra del Espíritu Santo.

La misión de la Iglesia es anunciar a Cristo a todas las naciones. Esto requiere el don de lenguas. Pero, con la misma importancia, requiere el don de la comprensión: que quienes escuchan puedan realmente recibirlo. Por eso, no pedimos sólo el don de lenguas para nosotros, sino también el don de la comprensión para quienes nos escuchan, y para nosotros mismos cuando escuchamos a los demás.

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教廷

教宗开始讲解礼仪,并为圣灵降临节做准备。

El Santo Padre León XIV ha comenzado esta mañana un ciclo de catequesis sobre la liturgia, y ha implorado al Espíritu Santo, al dirigirse a los peregrinos de diversas lenguas, que les colme con sus dones.

弗朗西斯科·奥塔门迪·20 de 5 月 de 2026·阅读时间: 3 分钟

La próxima Pentecostés, que la Iglesia celebra este domingo 24 de mayo, ha impregnado casi todas las palabras del Papa León XIV a peregrinos de diversas lenguas. Pero la noticia está en que el Santo Padre ha comenzado una catequesis sobre la Sagrada Liturgia, que desarrollará en las próximas semanas.

“Hoy comenzamos una serie de catequesis sobre el primer documento promulgado por el Concilio Vaticano II: la Constitución sobre la sagrada liturgia Sacrosanctum Concilium (SC)”, ha dicho el Pontífice.

Al elaborar esta Constitución, “los Padres conciliares quisieron no solo emprender una reforma de los ritos, sino también llevar a la Iglesia a contemplar y profundizar en ese vínculo vivo que la constituye y la une: el misterio de Cristo”. 

Armenia, y oración por la paz en Líbano y Oriente Medio

En la Audiencia ha estado presente, en lugar preeminente junto al Santo Padre en la Plaza de San Pedro, Aram I, Catolicós de la Iglesia Apostólica Armenia de Cilicia, que fue recibido el lunes en el Vaticano por el Papa.

Hoy, León XIV ha manifestado el deseo de que esta visita constituya “un paso más hacia la plena unidad”.

Asimismo, el Sucesor de Pedro ha pedido que recemos “también por la paz en el Líbano y en Oriente Medio, nuevamente asolados por la violencia y la guerra”.

A los de lengua inglesa, española, portuguesa, polacos…

En sus palabras a los fieles y peregrinos de diversas lenguas, el Papa se ha referido a la próxima fiesta de Pentecostés, con diversos matices. A los de lengua inglesa ha dicho que “invoca la alegría y la paz de Jesús Resucitado”. A los de lengua española, ha invitado a pedir “al Espíritu Santo que nos ayude a dejarnos formar intensamente por la liturgia, para que toda nuestra vida sea una continua acción de gracias”.

A los de lengua portuguesa, ha animado a pedir “una renovada efusión del Espíritu Santo sobre la Iglesia”. Y a los polacos, les ha recordado que “hace cuarenta años, san Juan Pablo II publicó la encíclica ‘Dominum et vivificantem’». En ella recordaba que el Espíritu Santo es la ‘Luz de los corazones’ y nos permite ‘llamar por su nombre al bien y al mal”.

Ética en el deporte: el verdadero objetivo, el respeto del adversario

El Papa ha saludado también, en lengua italiana, al movimiento de la ética en el deporte. Les ha dicho: “ustedes tienen una misión noble, custodiar el alma del deporte. Recuerden que el verdadero objetivo no es la victoria material sino el respeto del adversario, la lealtad del juego, y la inclusión de todos”.

En la santa liturgia, con el poder del Espíritu, Él sigue actuando 

En la catequesis de 法院, el Papa ha comenzando diciendo que la liturgia “toca el corazón mismo de este misterio (el misterio de Cristo). Es a la vez el espacio, el tiempo y el contexto en el que la Iglesia recibe de Cristo su propia vida. En la liturgia, de hecho, «se ejerce la obra de nuestra Redención» (SC, 2), que nos convierte en linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido por Dios (cf. 1Pt 2,9)”.

Cristo mismo es el principio interior del misterio de la Iglesia, el pueblo santo de Dios, nacido de su costado traspasado en la cruz, ha continuado el Papa. “En la santa liturgia, con el poder de su Espíritu, Él sigue actuando. Santifica y asocia a la Iglesia, su esposa, a su ofrenda al Padre. Ejerce su sacerdocio absolutamente único, Él que está presente en la Palabra proclamada, en los sacramentos, en los ministros que celebran, en la comunidad reunida y, en grado sumo, en la Eucaristía (cf. SC, 7)”.

En la Eucaristía, la Iglesia se convierte en lo que recibe

Aquí ha citado a San Agustín, quien escribió que al celebrar la Eucaristía, la Iglesia “recibe el Cuerpo del Señor y se convierte en lo que recibe”: se convierte en el Cuerpo de Cristo, “morada de Dios en el Espíritu” (Ef 2,22). Esta es “la obra de nuestra redención”, que nos configura a Cristo y nos edifica en la comunión. 

La ritualidad de la Iglesia expresa su fe —según el célebre dicho lex orandi, lex credendi— , ha proseguido León XIV. Y al mismo tiempo, “plasma la identidad eclesial: la Palabra proclamada, la celebración del Sacramento, los gestos, los silencios, el espacio, todo ello representa y da forma al pueblo convocado por el Padre, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo. Cada celebración se convierte así en una verdadera epifanía de la Iglesia en oración, como recordó san Juan Pablo II”.

Queridísimos, ha alentado el Papa, “dejémonos moldear interiormente por los ritos, por los símbolos, por los gestos y, sobre todo, por la presencia viva de Cristo en la liturgia, que tendremos ocasión de profundizar en las próximas catequesis”.

作者弗朗西斯科·奥塔门迪

图书

欢乐的历史

El historiador Alain Corbin traza un viaje al interior de la intimidad humana para analizar la evolución y el impacto de la alegría a lo largo de los siglos. Desde las fuentes bíblicas hasta el pensamiento ilustrado y la filosofía de Spinoza.

何塞·卡洛斯·马丁·德拉霍兹·20 de 5 月 de 2026·阅读时间: 4 分钟

El profesor de la Universidad de la Sorbona, Alain Corbin, realiza en este trabajo un viaje al interior de la intimidad que resulta de una gran actualidad, pues aborda en directo la importancia y la historia de la alegría.

Es muy interesante que Corbin no tenga ningún reparo en reconocer que la mejor fuente para conocer la verdad y la sustancia de la alegría está en la Sagrada Escritura y, por supuesto, en el Nuevo Testamento y, especialmente, en las palabras directas de María Santísima, en el maravilloso canto del Magnificat: canto de alegría y de agradecimiento infinito al Creador: “Mi espíritu se estremece de alegría en Dios, mi Salvador” (Lc 1,47).

El camino hacia la visión beatífica

Después de un recorrido por el Medievo llega a la inolvidable figura de Chateaubriand en su Genio del cristianismo, para describir bellamente el increíble paraíso que nos tiene preparado Dios, nada menos que la visión beatífica (35).

Efectivamente, Bossuet afirmará que, como dice el mandato bíblico, si amamos a Dios con todo corazón, con toda nuestra inteligencia y con todas nuestras fuerzas, regocijándonos en Su gloria, la alegría no nos puede ser arrebatada, pues es “la alegría que tenemos del Ser de Dios” (40).

Tiempo después, Pascal hablará de la fuerza del amor de Dios y de la alegría del converso: “Así el alma se regocija por haber encontrado un bien que no le puede ser arrebatado mientras lo desee: ella se aniquila, adora y bendice a Dios en silencio” (42).

Liturgia y festividades comunitarias

Enseguida, traerá nuestro autor a colación la liturgia y los tiempos destinados a la alegría por la Iglesia: “La autoridad religiosa prescribe entonces varios momentos en los que se invita al fiel a experimentar la alegría en lo más profundo de su ser, al tiempo que el conjunto de los fieles manifiesta colectivamente una gran alegría” (43). En concreto, se detendrá a hablar de las fiestas personales: “desde la Edad Moderna, la celebración solemne de la primera comunión es una gran alegría, en primer lugar, para el comulgante, pero también para toda su familia” (46).

Como contraste fuerte, se referirá a continuación a la alegría “satánica” y pone como ejemplo la envidia, presente en la historia humana desde Caín y Abel: “¿Quién no ha experimentado alguna vez en su vida un sentimiento de alegría, más o menos oscuro, ante los reveses de un competidor o de una persona que había despertado envidia, o incluso temor?” (51).

Intrigas y ambiciones de poder

La obtención del capelo cardenalicio por parte de Retz en 1652, en franca y abierta competencia con el cardenal Mazarino, es narrada con tanto detalle que hace sospechar al lector una crítica mordaz a las envidias y a las peleas tanto en la Curia romana como en la corte francesa: “este episodio de la vida del nuevo cardenal, cuya alegría se adivina a pesar de su reserva, demuestra la tenacidad de las intrigas en el seno de la Corte y del Vaticano, ya sea para impedir o para obtener el tan deseado ascenso” (58).

Cambiando de tercio se referirá a Baruch Spinoza, un autor actualmente de moda y muy cotizado, pues cada semana hay novedades editoriales que lo ensalzan, que editan sus textos y los comentan. Siempre siguiendo la estela de Hegel, quien lo tenía como el pensador clave de la historia.

La perspectiva filosófica de Spinoza

En primer lugar, recordará que, para Spinoza, Dios no se ve afectado por ningún sentimiento de alegría o de tristeza y por tanto deberíamos eliminar de la Escritura toda veleidad al respecto, como todo milagro. Por eso, para Spinoza, la Escritura debe ser interpretada de manera racional y no literal.

Enseguida aportará estos textos de Spinoza: “Todos los atributos de Dios son eternos y Dios es la causa de la existencia y de la esencia de las cosas”. Es más, afirmará Spinoza: “el hombre ya no es la unión del alma y del cuerpo, sino parte del universo homogéneo, parte que tiene su estructura singular” (61).

También afirmará que el hombre está dominado por la pasión de la alegría y de la tristeza. Además, las definirá así: “la alegría es la pasión por la cual el espíritu alcanza una mayor perfección; por tristeza, por el contrario, entiendo la pasión por la cual alcanza una menor perfección”. Por tanto, afirmará que conviene esforzarse por vivir con alegría y evitar la tristeza (61).

Lógicamente, añadirá poco después que “entender es entender a Dios, por quien todo existe, Dios que es la verdad y, por tanto, la fuente viva de la alegría más elevada (…). Amar a Dios no implica ninguna reciprocidad”. Pero señala Corbin: “Dios, según Spinoza, no ama ni odia a nadie. Se ama a sí mismo” (62). Aquí radica el gran error de Spinoza, que prescinde de la Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia y por tanto de la experiencia vital de millones de cristianos que creemos que “Dios es Amor” y que nos lo ha revelado y nos ha concedido experimentarlo.

Terminará recogiendo el profundo subjetivismo de Spinoza: “Cuanto mayor es la alegría que nos embarga, mayor es la perfección a la que nos elevamos y, por consiguiente, más participamos de la naturaleza divina” (63).

Del deísmo a la familia cristiana

Al adentrarse en la Ilustración alemana, traerá el interesante testimonio de Schiller con su oda a la alegría de 1785, “donde hablará de la alegría íntima que nos anima bajo la égira de un Dios creador dotado de personalidad. Esta referencia al deísmo se aleja radicalmente del Dios de Spinoza y solo toma prestada una parte del Dios de los cristianos” (69).

No queremos terminar este breve comentario a la historia de la alegría de Alain Corbin sin hacer una referencia a la alegría en el seno de la familia cristiana, es decir, la de siempre, la de toda la vida, donde los hijos crecen en el amor y en la seguridad de unos padres que viven volcados en una esmerada educación y amplia cultura y a quienes procuran formar con muchas dosis de ternura y de confianza (97).


Historia de la alegría. Viaje al corazón de nuestra intimidad

作者: Alain Corbin
社论: Alianza editorial
年: 2026
页数: 179

签名玛丽亚·帕斯·蒙特罗

La tierra sagrada

Los padres a menudo prefieren aferrarse a versiones superficiales o cómodas de la realidad de sus hijos, priorizando los logros visibles y el rendimiento por encima de las verdaderas e íntimas batallas que se libran en el interior del hogar.

20 de 5 月 de 2026·阅读时间: 4 分钟

Una amiga organizó el cumpleaños de su hijo adolescente en su casa. En algún momento de la noche, uno de los invitados bebió de más y terminó vomitando en un baño. Entre varios adultos lo limpiaron un poco, lo dejaron durmiendo en una habitación y llamaron a sus padres para avisarles que el chico no estaba bien.

Del otro lado hubo un pequeño silencio y después una respuesta inmediata, casi aliviada:

—Uy, sí… yo sabía. Debe haberle caído mal la comida.

Mi amiga me lo contaba entre divertida y desconcertada. Porque no estamos hablando de padres ingenuos. Son adultos inteligentes, razonables, perfectamente conscientes del mundo en que viven sus hijos. Han escuchado infinitas veces conversaciones sobre alcohol adolescente, han ido a charlas, han leído correos del colegio. Y, sin embargo, prefirieron otra versión de la historia; una versión menos incómoda. 

La escena da un poco de risa porque todos reconocemos el mecanismo. Hay cosas que intuimos, pero que preferimos no mirar de frente. Y no ocurre solo con el alcohol.

El mecanismo de la negación

Pasa también cuando un profesor intenta mostrarnos algo incómodo sobre nuestro hijo y, antes de terminar de escuchar, empezamos interiormente a defenderlo. Pasa cuando una adolescente cambia de grupo una y otra vez y concluimos demasiado rápido que “le tienen envidia”. Pasa cuando vemos a una niña consumida por las notas, obsesionada con el peso o pendiente de manera enfermiza de la aprobación social, y reducimos todo a perfeccionismo, inseguridad o “presión de esta generación”, como si bastara nombrar las cosas para haberlas entendido.

Vivimos mirando lo visible porque lo visible tranquiliza. Las notas pueden medirse; las medallas se exhiben con facilidad. El rendimiento permite comparaciones rápidas, y las fotos felices en Instagram ayudan a construir la impresión de que todo está bien.

El corazón no tolera ser mirado con liviandad.

Y, sin embargo, el cristianismo siempre ha insistido justamente ahí. Cristo vuelve una y otra vez al corazón: ese lugar misterioso e inaccesible donde una persona decide qué ama, a qué le tiene miedo, cuánto necesita la aprobación de otros para sentirse valiosa, hasta dónde está dispuesta a ceder para pertenecer y qué clase de vínculos termina construyendo. 

El verdadero valor de una persona

“Donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.”

No parece casualidad que el Evangelio insista tanto ahí, precisamente en una cultura obsesionada con lo visible. Porque cuando uno vive mirando solo lo superficial, termina dejando al hijo bastante solo justamente en el lugar donde más necesita compañía.

Y es ahí donde se juega lo importante: no en las calificaciones escolares ni en el podio deportivo. Tampoco únicamente en la universidad a la que logrará entrar o en esa cuenta de Instagram donde parece siempre feliz y rodeado de amigos.

Asómate ahí. Con inmenso cariño y con respeto, porque la tierra que pisas es tierra sagrada. Asómate para mirar qué está pasando realmente en ese corazón: qué cosas lo entusiasman y cuáles lo paralizan. Qué tipo de aprobación necesita desesperadamente. Cuánto miedo tiene a quedarse fuera. Qué dolor intenta esconder detrás de la obsesión por el rendimiento o por un cuerpo perfecto. Qué tan capaz es de sostener una amistad, sacrificarse por otro o reconocer un error sin derrumbarse.

Y también —porque no todo consiste en detectar heridas— asómate para maravillarte.

Conexiones en momentos cotidianos

Asomarse al corazón de un hijo rara vez ocurre en las grandes conversaciones planificadas. Ocurre muchas veces en momentos laterales: en el auto, tarde en la noche, mientras se lavan los platos, cuando el adolescente dice algo aparentemente pequeño y el adulto resiste la tentación inmediata de corregir, explicar o tranquilizar.

A través de muchos años impartiendo clases y tutorías a adolescentes, pocas veces me he encontrado con jóvenes convencidos de que sus padres están profundamente orgullosos de ellos porque luchan por hacer lo correcto, porque son honestos, porque intentan ser leales con sus amigos o porque tuvieron la humildad de reconocer una falta.

En cambio, suelen tener bastante claro cuándo generan orgullo por sus notas, por un triunfo deportivo o por esos logros visibles que cualquier adulto puede comentar delante de otros.

La mirada de la aceptación real

Y no se trata de que los padres sean frívolos o malos. Muchas veces ocurre algo más triste: nosotros mismos hemos aprendido a medir nuestro valor de esa manera. También nosotros vivimos agotados intentando demostrar que merecemos amor a través del rendimiento, del control o del éxito.

Quizá por eso nos cuesta tanto creer —de verdad— que Dios no nos ama principalmente por nuestros triunfos. Que lo que conmueve sus entrañas es otra cosa: el corazón real, frágil y a veces bastante desordenado de sus hijos.

Una de las cosas más decisivas que un niño aprende en su casa es precisamente qué aspectos de sí mismo despiertan amor, alegría, admiración o esperanza en quienes lo quieren. Los hijos terminan intuyendo con gran precisión qué cosas entusiasman a sus padres y cuáles apenas merecen atención. Descubren rápido si el amor parece expandirse con el éxito y retraerse con el fracaso, o si existe algo más estable debajo de todo eso.

Los hijos aprenden cómo mira Dios a partir de cómo son mirados en su casa. Aprenden lentamente –y mucho antes de comprenderlo intelectualmente- si el amor depende de cumplir ciertas expectativas o si puede permanecer incluso cuando aparecen la torpeza, la lentitud o el fracaso. 

Abrazar la imperfección

Quizá una parte importante de educar consista en renunciar al hijo impecable, brillante, equilibrado y siempre exitoso para encontrarse con este otro: más vulnerable, más contradictorio, a veces difícil, pero infinitamente digno de ser amado. 

En el pequeño duelo de abrazar al hijo real y no solamente al hijo imaginado aparece algo muy parecido al corazón de Cristo.

Un amor que no es ciego ni ingenuo, pero sí misericordioso. Un amor capaz de mirar la verdad sin retirar por eso la cercanía. Un amor magnánimo, que no reduce a la persona a su peor momento ni a su mejor rendimiento.

Tal vez eso sea, en el fondo, acompañar el corazón de un hijo: entrar ahí con suficiente delicadeza como para enseñarle —muy lentamente— a amar y también a dejarse amar.

作者玛丽亚·帕斯·蒙特罗

Periodista y profesora de Lenguaje y Literatura. Combina su trabajo docente con proyectos de difusión cultural. Recomienda libros en el Instagram @milesdebuenoslibros

世界

Vietnam, el nuevo pulmón de la Iglesia en Asia

Vietnam es, junto con Corea del Sur y Filipinas, uno de los grandes “motores” del cristianismo en Asia. Su situación actual es fascinante, pues tiene el reto de acompañar el crecimiento espiritual de muchos creyentes y la delicada relación con un gobierno comunista.

弗朗西斯科·奥塔门迪·20 de 5 月 de 2026·阅读时间: 5 分钟

Mientras en no pocas partes del mundo la secularización avanza, la Iglesia católica en Vietnam muestra signos de enorme vitalidad en un contexto marcado por un gobierno comunista y una religión budista que sigue aproximadamente la mitad de la población, según Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) y otras fuentes como 皮尤研究中心.

Los fieles, la mayoría familias católicas, muestran una fe profunda en la vida cotidiana, y mantienen una presencia activa y creciente distribuida en 27 diócesis, con más de 3.400 parroquias y alrededor de 5.000 sacerdotes diocesanos y otros 2.000 religiosos.

En un momento en que en Europa se cierran conventos o parroquias, Vietnam vive una primavera de fe. Con una población de 102 millones de habitantes, el país cuenta ya con más de 7 millones de católicos, lo que le convierte en la quinta comunidad católica más grande de Asia.

¿Cómo se ha llegado hasta aquí? En 1960 la población de Vietnam era de 34 millones, y ahora (2026) se ha triplicado, incluso con una guerra de por medio, que terminó en 1975. Si entonces los católicos eran más o menos 2 millones, y ahora son más de 7, el “secreto” son en gran parte las familias católicas que tienen hijos y la difusión de una fe creciente.

En estas líneas veremos una breve radiografía sobre estos aspectos: “fiebre” constructora, vitalidad sacramental, el “milagro” de las vocaciones, los hitos diplomáticos, y lo que la religiosa vietnamita Tham, de la Congregación de las Misioneras de Cristo Jesús, explica a Omnes: “La Iglesia en Vietnam tiene una historia profundamente marcada por el sufrimiento y la fidelidad. Durante las persecuciones, muchos cristianos dieron su vida por la fe. Es el testimonio de los mártires”, sin el cual no se entiende apenas nada.

200 nuevas iglesias en 2025

El dinamismo católico se traduce en iniciativas pastorales constantes y en un compromiso misionero que trasciende las fronteras. Uno de los fenómenos más visibles es la intensa actividad edificadora.

Vietnam construye una media de 200 iglesias al año, algunas de ellas auténticas catedrales con capacidad para miles de personas. Estas construcciones responden a la demanda de espacio para el culto y reflejan el crecimiento de la comunidad.

Uno de los ejemplos más llamativos es la iglesia de Lang Van, en Ninh Binh, inaugurada en diciembre de 2025. Con estilo neogótico, capacidad para 5.000 personas y un campanario de más de 100 metros, es ya el templo católico más grande del sudeste asiático.

Sorprende que esta “fiebre” constructora, acompasada al crecimiento de la comunidad católica, tenga lugar con un gobierno comunista. Pero esta ha sido la apuesta gubernamental, en especial desde la pandemia.

Avance de relaciones diplomáticas 

En publicaciones oficiales como vietnam.es se ha recogido la audiencia en abril del Papa León XIV al presidente de la Asamblea Nacional de Vietnam, Tran Thanh Man, y su esposa, considerada de “gran importancia”. “Ambas partes buscan establecer relaciones diplomáticas plenas entre Vietnam y la Santa Sede, y facilitar una visita del Papa a Vietnam”, dice la información.

En este contexto, ambas partes “expresaron su satisfacción por los importantes y sustanciales avances logrados en las relaciones entre Vietnam y la Santa Sede, desde las reuniones entre altos dirigentes de ambos países hasta el establecimiento de la Oficina del Representante Permanente de la Santa Sede en Vietnam”. Se trata del arzobispo Marek Zalewski, primer Representante Papal residente en Hanoi (la capital) desde 1975, quien asegura que “la Iglesia en Vietnam está viva porque su gente está viva”.

El sacerdote David Rolo (Toledo, 1974), misionero del Verbum Dei que reside en Roma tras trabajar 6 años en el país vietnamita, ofrece a Omnes un dato: “en tiempos de la pandemia, la Conferencia Episcopal vietnamita hizo una llamada a todos los fieles, para atender las necesidades de las personas que estaban sufriendo”. Y el gobierno reconoció el beneficio social de la Iglesia católica en el país.

Vida sacramental

La vida sacramental muestra igual dinamismo, con más de 100.000 bautizos anuales y una asistencia a Misa dominical que alcanza entre el 64 % y el 90 % en zonas rurales y comunidades dedicadas, donde familias enteras participan en celebraciones litúrgicas de carácter comunitario.

Por experiencia propia, la Hermana Tham asegura que “la fe vivida en las familias y en las parroquias sigue siendo fundamental”. El P. David Rolo añade que “las familias católicas siguen teniendo un buen número de hijos, y hay muchos jóvenes, hombres y mujeres, provenientes de familias católicas, que desean seguir a Jesús en la vida consagrada o en la vida sacerdotal”.

El “milagro” de las vocaciones

Quizá el aspecto más llamativo del crecimiento sea el florecimiento vocacional. Los 11 seminarios mayores del país funcionan a plena capacidad con más de 2.800 seminaristas, a los que se suman unas 31.000 religiosas y religiosos entregados al servicio de la Iglesia. El sacerdote Joseph Dinh Quang Hoan, de la diócesis de Thai Binh y actualmente en Roma estudiando gracias a una beca de la Fundación CARF, dice: “En Vietnam hay muchos jóvenes dispuestos a servir a la Iglesia. El número de vocaciones en la Iglesia vietnamita es muy elevado. En mi diócesis de Thai Binh, una diócesis pequeña, tenemos actualmente cerca de 100 seminaristas y muchos religiosos, monjas y hermanos”.

Este abundante número de vocaciones ha permitido a la Iglesia vietnamita comenzar a exportar sacerdotes y religiosos a Europa y Estados Unidos, donde apoyan comunidades con escasez de clero. El propio Hoan explica su vocación formativa: “Venir a Roma a estudiar no es sólo mi sueño, sino el sueño de muchos creyentes vietnamitas. Quiero estudiar todo lo que pueda para poder volver a servir a la formación intelectual en mi diócesis”. Hoan también menciona que en su diócesis se está construyendo el seminario mayor del Sagrado Corazón, por lo que se necesitan profesores cualificados para acompañar este crecimiento sostenido.

Raíces históricas: la sangre de los mártires

El beato Andrés Phú Yên, primer mártir del país nacido en 1625, sigue siendo referente para la Iglesia en Vietnam. Con ocasión del 400 aniversario de su nacimiento, el Papa León XIV dirigió un mensaje a los más de 64.000 catequistas vietnamitas recordando que Andrés “recibió el bautismo, colaboró con los misioneros jesuitas, fue arrestado por su fe y asesinado a los 19 años tras negarse a renunciar a Cristo. Murió diciendo: ‘Jesús’”. El Pontífice agradeció a los catequistas su entrega: “Con vuestra enseñanza y vuestro ejemplo, atraen a los niños y a los jóvenes a la amistad con Jesús”.

Vietnam cuenta además con 117 mártires canonizados, entre ellos san Andrés Dung-Lac y compañeros, cuyo testimonio en tiempos de dura represión sigue inspirando a las nuevas generaciones. Estos mártires, canonizados por san Juan Pablo II en 1988, corresponden a un período de persecuciones entre 1745 y 1862, durante el cual miles de cristianos vietnamitas fueron ejecutados por su fe. Fides, OMP Press o Asia News han señalado que los catequistas desempeñan un papel clave en la evangelización en áreas remotas donde el acceso a sacerdotes es limitado.

El legado de cardenales vietnamitas

La Iglesia vietnamita también ha dado a la Iglesia figuras cardenalicias de gran relieve. El cardenal François Xavier Nguyen Van Thuan, detenido 13 años en cárceles comunistas entre 1975 y 1988, se convirtió en símbolo de resistencia pacífica al celebrar Misa en secreto con tres gotas de vino y un poco de agua sobre la mano y escribir El camino de la esperanza, compuesto por 1001 pensamientos dedicados a sus fieles durante su cautiverio.

作者弗朗西斯科·奥塔门迪

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西班牙

教皇利奥十四世抵达西班牙的倒计时

La organización del viaje ha presentado una campaña comunicativa que preparará el terreno para la llegada del pontífice.

Omnes 编辑部·19 de 5 月 de 2026·阅读时间: 3 分钟

Dos spots, algo más largos de lo habitual, uno referido a la amistad y el encuentro a pesar de las diferencias y otro, sobre la necesidad de conocer y tratar a los demás “alzando la mirada” serán los dos relatos audiovisuales con los que España prepara la visita del Papa León XIV. 

Rafael Rubio, Coordinador de Comunicación Nacional de la visita; Gabriel González Andrío, Responsable de Marketing y Campañas de la visita; Marcos Tejeiro, Director General de UM (Omnicom Media España) y Sara de la Torre, Directora de Comunicación de la Archidiócesis de Madrid, han compartido con la prensa algunas novedades y avances de los preparativos de la visita del pontífice a España. Durante tres semanas, los martes, se darán a conocer estos avances en las diversas sedes. 

Los spots: “Metro” y “Nuevos (viejos) amigos””

“Metro” y “Nuevos (viejos) amigos” son las dos cápsulas de vídeo, que se proyectarán fundamentalmente en televisiones y redes sociales, con las que la organización de la visita papal “aspira a interpelar tanto a creyentes como a no creyentes”.

La campaña ha contado con Omnicon Media para la planificación estratégica; con Ábside Media para la producción y con TheCyranos para la creatividad. Sobre este aspecto, Gabriel González Andrío ha querido agradecer a los voluntarios, no actores, que protagonizan estos spots y cómo quieren reflejar esta necesidad de superar la polarización y especialmente, a establecer relaciones personales superando las diferencias y prejuicios, como preparación a la llegada del Papa y en consonancia con los mensajes que, en este sentido, ha ido lanzando el Papa León XIV desde el inicio de su pontificado. 

Los actos de Madrid

Sara de la Torre ha avanzado algunos aspectos de los actos y celebraciones que presidirá León XIV en Madrid. 

En este sentido, ha explicado el recorrido de la procesión del Corpus Christi, presidida por el pontífice que partirá desde Cibeles, donde se celebrará la Santa Misa, por la calle Alcalá hasta la altura de la parroquia de San José. Allí dará la vuelta, regresando al punto de partida.  

De la Torre ha querido puntualizar además que “para la distribución de la comunión en la Santa Misa de Cibeles se ha establecido un plan estratégico para evitar que alguien quede sin comulgar. En este sentido, “500 sacerdotes y 1.800 ministros extraordinarios de la comunión, estarán distribuidos a lo largo de todo el espacio y además, 6 parroquias del entorno: San José, la basílica de Jesús de Medinaceli, San Jerónimo, San Manuel y San Benito, Santa Bárbara y el centro cultural de la villa, serán ‘parroquias eucarísticas’, a las que se puede acudir a comulgar en el caso de no llegar a uno de estos ministros”. Hay que apuntar que, a día de hoy, hay 250.000 personas registradas para esta celebración de la Santa Misa en Cibeles. 

La directora de Comunicación de la Archidiócesis de Madrid ha desvelado, además que, en todo el entorno de Castellana se establecerán diversos “puntos de escucha”. Una iniciativa pastoral que se lleva a cabo en la Archidiócesis madrileña hace tiempo y que tendrá su expresión visible en estos días, con el objetivo que cualquier persona que quiera y lo necesite, pueda ser escuchado por agente de esta pastoral, formados para ello, e iniciar un proceso de acompañamiento. 

La participación

Además se han dado a conocer algunas de las cifras de participación de las que se teine constancia. Además del cuarto de millón de asistentes a la Misa y procesión del Corpus, Rafael Rubio ha dado a conocer que hay unos 160.000 inscritos para la Vigilia del sábado; 36.000 en la Santa Misa de Gran Canaria y 25.000 para la de Tenerife. No se han dado los datos correspondiente a los actos en Barcelona. 

Equipaciones de voluntarios y merchandising

La rueda de prensa ha servido para dar a conocer, además, las equipaciones de los voluntarios y la organización de estas celebraciones. Los voluntarios y organización irán equipados con camisetas y gorras de diferente color, según su labor: 

Rojo para el staff general, naranja para los voluntarios, azul para voluntarios de accesibilidad y verde para los voluntarios de información. Junto a esto, el merchandising de esta visita ya está disponible en la tienda online de El Corte Inglés y en la web Conelpapa.es.  Los beneficios irán íntegros a sufragar los gastos del viaje y además gracias a la colaboración de la Fundación 我会仔细考虑。, también están a la venta productos religiosos elaborados por distintos conventos de clausura de España.

福音传播

¿Por qué tengo que ir a un sacerdote para que Dios me perdone en Confesión?

Jesús así lo estableció, instituyendo uno de los siete sacramentos, y confiriendo a los apóstoles el poder de perdonar los pecados. Los sacerdotes, sucesores de esos apóstoles, actuarían en nombre de Jesús.

亚历杭德罗·巴斯克斯-多德罗·19 de 5 月 de 2026·阅读时间: 3 分钟

La Confesión –o sacramento de la Alegría, Reconciliación, Perdón de Dios– es el sacramento de curación. Sana el alma, cura algo que hice mal e hirió a Dios mismo, porque contravino mi naturaleza y la voluntad del Señor. Vuelve a posibilitar la inhabitación de Dios en mi alma si cometí un pecado mortal y por ello  le “expulsé” de mi interior; o la purifica más si le ofendí leventemente. 

Para poder confesarme debe haber materia, o sea consciencia de haber pecado u ofendido a Dios por inobservancia de cualquiera de los Mandamientos que señalan cuál debe ser la actitud del hombre frente a Dios, la del hijo frente al Padre.

Significado de la Confesión

Es un tesoro de valor incalculable, al significar el encuentro con la misericordia infinita de Dios, que me ama y siempre quiere perdonarme y darme la oportunidad de comenzar y recomenzar, una y mil veces. En definitiva, se trata de volver a ser nosotros mismos, reencontrándonos nuevamente con Dios, con quien nuestra naturaleza desea –porque necesita– estar. Por esta simple razón encontraría su justificación que la Iglesia obligue al menos a confesar los pecados mortales, si es el caso, una vez a año.

El pecado mortal debe ser confesado obligatoriamente a un sacerdote para recibir el perdón, mientras que los pecados veniales se recomienda confesarlos para fortalecer la vida espiritual. Porque hay otros modos de purificar esos pecados leves, como la propia recepción de Cristo en la Eucaristía.

¿Por qué no puedo pedir perdón a Dios directamente?

他 天主教教理 en el núm. 1441 recuerda que “sólo Dios perdona los pecados (Mc 2,7). Jesús es el Hijo de Dios, y dice de sí mismo: ‘El Hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados en la tierra’ (Mc 2,10)y ejerce ese poder divino: ‘Tus pecados están perdonados’ (Mc 2,5; Lc 7,48)”.

De otro lado subraya que, al atardecer del día de la Resurrección, el Señor se presentó en medio de los discípulos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos” (Jn 20, 21).

Así, en virtud de su autoridad divina, Jesús confiere este poder a los hombres para que lo ejerzan en su nombre, de modo que los sacerdotes –o mejor, Él a través de los estos– puedan perdonar los pecados y devolver la paz a la conciencia.

Se trata de un contenido sagrado, que pertenece a Dios y al corazón de cada persona. De ahí que el sacerdote esté obligado a guardar el denominado sigilo sacramental o secreto de oficio de lo escuchado en 忏悔.

Razones para confesarse

En síntesis, estas serán las razones por las que según la Fe Católica uno debe confesarse con un sacerdote:

  • Jesús así lo estableció, instituyendo uno de los siete sacramentos, y confiriendo a los apóstoles el poder de perdonar los pecados. Los sacerdotes, sucesores de esos apóstoles, actuarían en nombre de Jesús.
  • La Confesión significa un encuentro directo con la Gracia divina del sacramento, con el mismo Señor, porque el sacerdote en el instante de absolver o conferir el perdón de los pecados actúa en la persona del mismo Cristo.
  • Significa asimismo una medicina para el alma, que cura el pecado y la fortalece para próximos encuentros con la tentación de pecar. El sacerdote actúa de este modo como médico y guía espiritual, aliviando la carga de la culpa toda vez que expresa el perdón que ha conferido el mismo Dios.
  • El pecado rompe lazos con Dios, y, en consecuencia, con la Iglesia. El sacerdote, representando a la Iglesia, manifiesta además la restauración de esa unidad del fiel católico con la Iglesia. 
  • Reconocer el pecado ante otra persona, el sacerdote, en este caso alguien cualificado por su condición de persona consagrada, ayuda a lograr una conversión real a través de la humillación que pueda conllevar la acusación del pecado.

Para alcanzar el perdón del ofendido –Dios mismo en este caso– hay que verificar que existe arrepentimiento cierto por el daño causado, y eso lo hace el sacerdote en Confesión.

  • Por último, nos referiríamos a la certeza del perdón, que alcanza quien escucha las palabras de absolución. Se logra así la seguridad teológica de que los pecados han sido perdonados, han desaparecido, y uno ha vuelto a la comunión con Dios, abrazando su amor misericordioso, recuperando la paz interior.
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Jacek Magiera, ¿un entrenador de futbol, santo?

Muchos de los que entrenaron balo las órdenes de Jacek Magiera repiten lo mismo: «Me ayudó a ser mejor persona».

Stanisław Urmański·19 de 5 月 de 2026·阅读时间: 5 分钟

El día 10 de abril falleció inesperadamente a sus 49 años, Jacek Magiera, el entrenador adjunto de la selección polaca de futbol. Su nombre no sonara a los seguidores de los grandes equipos de futbol, pero sí ha sido un referente de los últimos años a nivel nacional. Magiera no solo tenía resultados en el campo, sino ayudó a crecer como personas a muchos futbolistas. El entrenador no ocultaba que, si ha hecho algo bueno, era porque respondía a lo que Dios le ha dado. 

Es raro que en Przegląd Sportowy, el diario deportivo polaco de referencia aparezca un adjetivo 圣. Desde luego, debido a la irrupción de internet como fuente de noticias de última hora —como los resultados de los partidos—, el diario evolucionó dejando más espacio para entrevistas y artículos de opinión que explican, con mayor profundidad, el porqué de lo que pasa en los campos de fútbol u otras arenas deportivas.

¿Un santo?

Así que vuelven los temas como el trabajo constante, la lucha contra la adversidad o el no perder el ánimo tras la derrota. Pero, ¿santidad? Resulta significativo que, en su comentario sobre el fallecimiento de Jacek Magiera, su colega de la época de la selección juvenil polaca, Kamil Kosowski, lo describa de la siguiente manera: “No quería describir a Jacek solo como entrenador o futbolista porque, independientemente del oficio que desempeñara, sería para mí el mismo compañero: lleno de calidez humana, servicial, inteligente y empático con el otro. Un hombre de fe, profundamente religioso, asiduo lector, hambriento de conocimiento y capaz de entender que el desarrollo futbolístico no lo es todo. Un hombre sin adicciones, cristalino; se puede decir que ha sido un santo”.

Es interesante que su colega, en vez de hablar de sus éxitos como futbolista y entrenador, destaque su lado humano y subraye su profunda fe. Su relación con Dios, normal y sencilla, afectaba a todo lo que hacía. El hecho de que incluso las personas que no compartían su fe se dieran cuenta de que allí había algo más, es muy significativo.

¿Quién fue Jacek Magiera?

Nacido en Częstochowa, junto al santuario de Jasna Góra, Magiera empezó su carrera en el club local Raków, pero pronto se trasladó al Legia de Varsovia, el equipo de la capital, que encabeza el ranking de los clubes polacos con 15 títulos. En el Legia jugó 10 temporadas y ganó 2 veces el campeonato nacional. Ya en su etapa de jugador pensó en dedicarse a los banquillos. A los 32 años terminó su carrera como futbolista y empezó a entrenar. Entre sus logros destaca el campeonato de Polonia de 2017 con el Legia de Varsovia. Siete años más tarde logró el subcampeonato con el Śląsk Wrocław. También colaboró de diversa manera con la selección polaca, de la cual fue entrenador adjunto recientemente.

Pero más que los títulos, lo que realmente vale es el trabajo que hizo con los futbolistas. Los años que más le marcaron fueron 2014 y 2015, cuando estuvo a cargo del segundo equipo del Legia de Varsovia. Allí tenía bajo su tutela a jóvenes jugadores de 17, 18 y 19 años con mucho talento y todo el futuro por delante, que tenían que enfrentarse a la entrada en la vida adulta y corrían el riesgo de echarse a perder. Ahí entraba Magiera con su exigencia y su acompañamiento integral.

Muchos de los que entrenaron con él repiten lo mismo: «Me ayudó a ser mejor persona». En una de sus entrevistas explicaba que su modo de entender el oficio de entrenador consistía en ver en un joven jugador algo que otros no habían visto, para así edificarlo y darle la oportunidad de adquirir experiencia.

Lo que dicen sus jugadores

Y estas no son solo palabras suyas; los jugadores lo confirman. Resulta muy ilustrativo lo que dice Jakub Rzeźniczak, quien empezaba su carrera profesional en el Legia cuando Magiera terminaba la suya y luego lo tuvo como entrenador: “Fue uno de mi mentores, siempre apoyaba a los jugadores jóvenes. Me ayudó a aprobar el examen de bachillerato y me prestaba dinero cuando me faltaba”.

Rzeźniczak cuenta cómo, cuando Magiera ya trabajaba en otro club, le llamaba en los momentos difíciles, incluso en asuntos de su vida privada: “Me ayudó muchas veces: cuando pasaba por un mal momento futbolístico, cuando falleció mi hijo o cuando pasaban cosas malas en mi vida; siempre pude contar con él. Después de llamar al entrenador Magiera, uno simplemente revivía de algún modo; sabía infundir un espíritu muy positivo en las situaciones difíciles”.

A estos jóvenes jugadores, y no solo a ellos, les transmitía la necesidad de actuar a conciencia. En un momento dado se topó con el libro de Álex Rovira y Fernando Trías de Bes, La buena suerte. El libro, en forma de fábula, explica que el éxito profundo —ya sea empresarial, futbolístico o vital— no es una cuestión de azar, sino de decisiones bien tomadas y de integridad. Magiera se fascinó tanto con la obra que compró los 700 ejemplares que quedaban de la edición polaca para regalárselos a sus jugadores y explicárselos en las charlas de los entrenamientos. Hacía pensar a los jóvenes futbolistas para que se cuidaran y no desperdiciaran el esfuerzo del entrenamiento con entretenimientos nocivos.

En cuanto a su modo de dirigir al equipo, también se veía que iba a lo profundo. Por ejemplo, respecto a la disciplina en el vestuario, explicaba en una entrevista que no buscaba imponerla a gritos para que los jugadores hicieran lo que él quería, sino que consideraba que la disciplina debía nacer del interior de los futbolistas. Los buenos jugadores quieren hacer lo que dice el entrenador porque ya lo tienen interiorizado.

El fútbol, en su sitio

En las entrevistas no ocultaba que para él el fútbol no era lo más importante. Antes, desde luego, estaba su familia. Se casó tarde con Małgorzata, quien compartía su pasión por el fútbol, y tuvieron dos hijos. Es significativo que diera mucha importancia a no cambiar de equipo con demasiada frecuencia. Sabía que sus hijos necesitaban a su padre y requerían estabilidad para crear lazos duraderos, algo de lo que, según reconocía, su mujer siempre le advertía.

Y lo primero de todo era su trato con Dios. En una entrevista afirmaba: “Para mí, la fe es el fundamento sobre el cual construyo todo. Construyo la familia, el equipo y a cada jugador individualmente (…) Yo sé que sin Dios no existiría, no existiría todo lo que hago. Confío completamente en que el camino divino es mi camino”.

Circunstancias del fallecimiento

Su muerte fue inesperada: se desplomó durante un entrenamiento individual mientras corría por un parque de Breslavia (Wrocław) a causa de una parada cardíaca. Pocas semanas antes se había sometido a un examen médico exhaustivo que no detectó anomalía alguna.

Su fallecimiento fue ampliamente comentado en los medios de comunicación. A su funeral asistió el presidente de la república, Karol Nawrocki. La Asociación Polaca de Fútbol decretó un minuto de silencio antes de todos los partidos de la Ekstraklasa en la semana de su muerte. Los aficionados del Legia prepararon un tifo con su retrato a gran tamaño para acompañar al club en el partido de liga. En el siguiente encuentro del Śląsk, su último club tras su fallecimiento, el juego se detuvo en el minuto 19 y 47 segundos, en referencia al año de fundación del club (1947).

Un año y medio antes había visitado el santuario de Gietrzwałd, al norte de Polonia, lugar de las apariciones de la Virgen en la segunda mitad del siglo XIX. A partir de aquella visita, la familia Magiera rezaba el rosario diariamente. Jan, su hijo de doce años, de manera espontánea el día del fallecimiento y viendo el ambiente tan cargado de tristeza, dijo: “Oye, ¿por qué no rezamos el rosario? Eso es lo que haría papá”.

作者Stanisław Urmański

Sacerdote polaco.

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¿Hay vida extraterrestre inteligente? Opinan pensadores católicos

Si existen seres extraterrestres racionales, ¿cuál sería la relación de Dios con ellos? La reflexión era antes puramente especulativa, pero podría adquirir un nuevo significado al divulgarse datos del Departamento de Defensa de Estados Unidos sobre supuestos encuentros con “fenómenos anómalos no identificados” o FANI.

OSV / Omnes·19 de 5 月 de 2026·阅读时间: 7 分钟

– María Wiering, OSV News

Los UAP -antes conocidos como ‘objetos voladores no identificados’ u OVNIs- y la inteligencia detrás de su existencia han sido durante mucho tiempo motivo de fascinación pública, incluso antes de que se afirmara el hallazgo de restos de OVNI en Roswell, Nuevo México. 

Pero teólogos y científicos católicos también han reflexionado sobre sus implicaciones en la forma en que la humanidad se percibe a sí misma en relación con su Creador.

Entre los estudiosos que investigan este tema, el consenso general parece ser que la existencia de seres inteligentes extraterrestres no trastoca la teología de la creación de la Iglesia.

Christopher Baglow, director de la Iniciativa de Ciencia y Religión del Instituto McGrath para la Vida de la Iglesia en la Universidad de Notre Dame en Indiana, abordó esta cuestión en una conferencia impartida en 2021 para la Conferencia Anual de la Sociedad de Científicos Católicos, cuya versión publicó en Church Life Journal. 

Humanos y extraterrestres comparten a Dios como su creador

Su punto de partida fue que los humanos y los extraterrestres comparten a Dios como su creador, lo que otorga a los extraterrestres “la capacidad de una relación especial con Dios en la que pueden conocerlo y responderle con libertad y amor”.

“Dios los amaría y querría compartir su vida con ellos”, dijo.

Se dice que San Juan Pablo II expresó una idea similar cuando un niño le preguntó si los extraterrestres eran reales. “Recuerden siempre”, habría dicho el difunto pontífice , “ellos son hijos de Dios, igual que nosotros».

El Papa León XIV visita el Observatorio Vaticano en Castel Gandolfo, Italia, el 20 de julio de 2025, para conmemorar el aniversario de la primera misión tripulada que alunizó en 1969. (Foto de CNS/Vatican Media).

¿Podría la Iglesia bautizar a seres extraterrestres?

Si bien la Iglesia Católica no ofrece una enseñanza definitiva sobre la vida extraterrestre, a lo largo de los siglos los intelectuales católicos han reflexionado sobre el tema. En el siglo XV, el cardenal alemán Nicolás de Cusa, filósofo y teólogo, especuló que la creatividad de Dios hacía probable la existencia de vida inteligente en otros planetas. 

Mucho más recientemente, el astrónomo jesuita Hermano Guy Consolmagno planteó una pregunta clave sin rodeos en el título de su libro de 2014: “¿Bautizarías a un extraterrestre?”. 

Escrito en colaboración con el padre jesuita Paul Mueller, el libro aborda diversas cuestiones de fe y ciencia mediante un formato de preguntas y respuestas. En cuanto a la pregunta que da título al libro, responde afirmativamente, pero solo si el extraterrestre lo solicita, ya que se trata de un sacramento que debe darse y recibirse libremente.

El hermano Consolmagno, oriundo de Detroit, es presidente de la Fundación del Observatorio Vaticano y fue director del Observatorio Vaticano durante una década, de 2015 a 2025. “Cualquier entidad, por muchos tentáculos que tenga, tiene alma”, declaró a The Guardian en 2010, añadiendo que estaría “encantado” si se descubriera vida extraterrestre inteligente.

El Papa León XIV saluda al hermano jesuita Guy Consolmagno, director del Observatorio Vaticano, durante una audiencia con estudiantes de la escuela de verano del observatorio, en el Vaticano, el 16 de junio de 2025. (Foto de CNS/Vatican Media).

¿Existen en el universo otros “hijos de Dios”?

El actual director del observatorio, el padre jesuita Richard D’Souza, comparte una opinión similar. 

“Serían hijos de Dios”, dijo D’Souza refiriéndose a los seres extraterrestres en 2025. “Creo en un Creador benevolente. Él está detrás de todo”.

El padre jesuita José Funes, otro exdirector del Observatorio Vaticano, lidera el Proyecto OTHER, que reúne a científicos, teólogos y filósofos en la Universidad Católica de Córdoba, Argentina, para estudiar la posibilidad y el impacto potencial de la existencia de seres extraterrestres inteligentes.

“Así como existe una multiplicidad de criaturas en la Tierra, puede haber otros seres, incluso inteligentes, creados por Dios. Y esto no contradice la fe, porque –y es importante entenderlo–, no podemos poner límites a la libertad creativa de Dios”, afirmó en un artículo de 2023 publicado por el Observatorio Vaticano. 

Ni necesaria, ni excluida

“La existencia de vida inteligente en planetas distintos de la Tierra no es ni necesaria ni excluida por ningún argumento teológico. Los teólogos, como el resto de la humanidad, deben esperar y ver”.

在 entrevista de 2021 con Catholic News Service, el padre Funes instó a los católicos y a otros a considerar el tema desde una perspectiva académica, no desde teorías de la conspiración.

Entre las preguntas que los teólogos —incluido el célebre teólogo jesuita del siglo XX, el padre Karl Rahner— se han planteado está si la Encarnación se habría repetido en otros planetas para otras especies inteligentes. Tanto el padre Funes como el padre dominico Thomas F. O’Meara, profesor de teología jubilado de la Universidad de Notre Dame y autor de “Vast Universe: Extraterrestres and Christian Revelation”, declararon a CNS que la encarnación de Jesús fue un acontecimiento “único” que no necesariamente tendría lugar más allá de la Tierra.

Se trata de una cuestión que el apologista cristiano C·S·刘易斯, autor anglicano más conocido por su serie “Las crónicas de Narnia”, exploró a través de la ficción a finales de la década de 1930 y en la década de 1940 con su “Trilogía espacial”. Los libros —”Fuera del planeta silencioso”, “Perelandra” y “Esa fuerza espantosa”— abordaban el tema de los extraterrestres, popularizado en la cultura por otros escritores como H. G. Wells, más conocido por “La guerra de los mundos”, una novela publicada por primera vez en 1898 y tristemente famosa por su adaptación radiofónica de 1938.

¿Necesitarían los seres extraterrestres la Redención?

La obra de Lewis plantea la posibilidad de que seres racionales de otros planetas puedan seguir viviendo en una relación con Dios que no se haya visto afectada por la caída y, por lo tanto, no necesiten la redención de la misma manera que los seres humanos.

La trilogía de Lewis también fue un punto de referencia en un documental de 31 minutos titulado “¿Qué deberían creer los católicos sobre los ovnis?”, del Instituto McGrath de Notre Dame. Producido por Brett Robinson, del mismo instituto, el documental reunió a varios científicos, teólogos y otros académicos para debatir sobre la pregunta que da título al mismo.

En el documental, el estudioso de Lewis, Michael Ward, señala las propias dudas de Lewis sobre si el modelo cosmológico actual podría verse desmoronado por nuevos descubrimientos. Tras señalar que la antropología cristiana ha dado cabida a otros avances científicos, como el sistema copernicano y la biología darwiniana, Ward afirmó: “No hay nada nuevo bajo el sol que no pueda integrarse en el marco existente”.

Sabiduría para lidiar con inteligencia no humana

Entre los expertos entrevistados se encuentra Diana Walsh Pasulka, profesora de estudios religiosos en la Universidad de Carolina del Norte en Wilmington y autora de «American Cosmic», publicado en 2019 por Oxford University Press, que explora el fenómeno de la creencia en la vida extraterrestre inteligente.

“Mucha gente piensa que reconocer la existencia de inteligencias no humanas cambiaría la religión, la erradicaría o la desacreditaría por completo, pero yo no lo creo en absoluto”, dijo Pasulka en el documental. “Dentro de las principales religiones existe sabiduría sobre cómo lidiar con la inteligencia no humana”.

Pasulka, católica practicante, ve una conexión entre los informes contemporáneos de fenómenos aéreos no identificados y las descripciones medievales de fenómenos celestes, y su trabajo la ha llevado a mantener correspondencia con ingenieros aeroespaciales y miembros de la Fuerza Espacial de Estados Unidos que buscan explicaciones para sus propias experiencias o investigaciones.

¿Los UAP son ángeles? ¿Demonios? ¿O algo más?

En una entrevista publicada en marzo en el periódico español ‘El País’, Pasulka dijo: “En el gobierno de Estados Unidos ahora mismo hay mucha gente que cree en los ovnis, en los fenómenos aéreos no identificados. Eso es un hecho. Usan el dinero de los contribuyentes para estudiarlo. Pero tienen diferentes interpretaciones.

“Por cierto, hay un alto porcentaje de católicos devotos en el ejército que estudian esto”, añadió. “Creen que probablemente existen diversos fenómenos. Algunos los clasificarían como causados ​​por ángeles y demonios. Y luego están los que consideran una amenaza, proveniente de una civilización extraterrestre desconocida. Solo saben que están aquí, y los tratan como una amenaza porque son militares: si hay algo en su espacio aéreo, quieren saber qué es”.

En marzo, el vicepresisdente J.D. Vance, católico, llamó la atención sobre la teoría de que los extraterrestres son ángeles caídos, diciendo en una entrevista de podcast que pensaba que los supuestos extraterrestres son demonios, y que la guerra espiritual es la explicación más fácil para los «fenómenos extranaturales».

Paul Thigpen, teólogo fallecido a principios de este año, también exploró esa posibilidad en su libro de 2022 , “Inteligencia extraterrestre y la fe católica: ¿Estamos solos en el universo con Dios y los ángeles?”. Pero concluyó que el ámbito espiritual era una explicación improbable para todos los fenómenos aéreos no identificados (FANI). Y expresó su preocupación de que el contacto humano con extraterrestres pudiera llevar a algunos a sustituir su realidad por la de Dios o a considerarlos erróneamente como una fuente de salvación.

En una fotografía de archivo, se ve a personas usando gafas de visión nocturna para observar el cielo durante una excursión para avistar objetos voladores no identificados (OVNI) en el desierto a las afueras de Sedona, Arizona. (Foto de OSV News//Mike Blake, Reuters)

“La Iglesia podría acoger este nuevo conocimiento científico”

“La Iglesia podría acoger este nuevo conocimiento científico, al igual que lo hizo con la revolución científica del siglo XVI que demostró que la Tierra no es el centro del sistema solar”, afirmó en una entrevista de 2022 con el National Catholic Register. 

“Si nos encontráramos directamente con una especie alienígena, con la posibilidad de comunicarnos, la Iglesia, por supuesto, tendría muchas preguntas sobre su condición espiritual y moral. Las respuestas a esas preguntas determinarían la respuesta de la Iglesia ante tales criaturas”.

“Al examinar las cuestiones implicadas, nos vemos obligados a profundizar mucho más en el significado de la enseñanza católica tradicional sobre la omnipotencia y la creatividad de Dios, la imagen de Dios en la humanidad, la caída del género humano, la naturaleza de la Encarnación, los medios y el alcance de la redención y la realidad de los ‘últimos tiempos’”.

Los extraterrestres no son algo imposible para los católicos, pero implican una forma diferente de pensar

El 5 de mayo, Will Rahn de The Free Press publicó un episodio de podcast titulado “Estos dos católicos ven señales de Dios en los ovnis”, en el que participaron Pasulka y el columnista de opinión del New York Times, Ross Douthat, para una serie titulada “¿Qué deberían pensar las personas inteligentes sobre los ovnis?”.

Douthat no se adhirió a ninguna teoría en particular sobre la naturaleza de la vida extraterrestre, en caso de que existiera. Sin embargo, sí reconoció la tensión que podrían sentir los católicos si se demostrara su existencia.

“La mayoría de los católicos se sienten bastante cómodos con un conjunto de categorías que son reales pero invisibles”, dijo Douthat. “Y sería un cambio, digamos, si la Iglesia dijera: ‘Por cierto, algunos de estos seres sobrenaturales pueden aparecer en las cámaras de la Fuerza Aérea’. Eso no sería imposible, pero supondría una forma diferente de pensar sobre estas cosas respecto a la que tienen la mayoría de los católicos actualmente”.

– María Wiering es la editora jefe de OSV News.

作者OSV / Omnes

教廷

León XIV: el camino de la Ascensión es Jesús, la Virgen María y los santos

León XIV ha indicado este domingo el camino para nuestra Ascensión: Jesús, la Virgen María y los santos. Los que la Iglesia ofrece como modelo universal, y los de al lado. En el Día Mundial de las Comunicaciones Sociales, ha animado  al compromiso “con formas de comunicación que respeten la verdad humana”.

Omnes 编辑部·18 de 5 月 de 2026·阅读时间: 2 分钟

En la Solemnidad de la Ascensión del Señor, que celebran muchos países este domingo, el Papa León XIV ha manifestado en el Regina caeli en la Plaza de San Pedro, que “estamos unidos a Jesús, como miembros a la cabeza, en un solo cuerpo, y su ascensión al cielo nos atrae también, junto con él, hacia la plena comunión con el Padre”. 

En este sentido, ha recordado a san Agustín, quien afirmó: ‘El hecho de que la cabeza avance constituye la esperanza de los miembros’”.

La Ascensión, pues, “no nos habla de una promesa lejana, sino de un vínculo vivo que también nos atrae hacia la gloria celestial, expandiendo y elevando nuestros horizontes incluso en esta vida y acercando cada vez más nuestra forma de pensar, sentir y actuar a la medida del corazón de Dios”, ha añadido.

“Conocemos el camino de esta ascensión”, ha subrayado el Santo Padre, mencionando a Nuestra Señor, a la Virgen y a los santos, los ya fallecidos y los que viven junto a nosotros. Así lo ha dicho:

Santos de altar, y los de ‘la puerta de al lado’

 “Lo encontramos en Jesús, en el don de su vida, en sus ejemplos y enseñanzas, así como lo vemos reflejado en la Virgen María y en los santos: aquellos a quienes la Iglesia nos ofrece como modelo universal y aquellos —como le gustaba llamarlos al Papa Francisco, ‘los de al lado’‘, con quienes compartimos nuestros días: padres, madres, abuelos, personas de todas las edades y condiciones, que con alegría y compromiso se esfuerzan sinceramente por vivir según el Evangelio”.

Con ellos, con su apoyo y gracias a sus oraciones, también nosotros podemos aprender a ascender día a día hacia el Cielo, ha subrayado, (…), “haciendo crecer, en nosotros y a nuestro alrededor, la vida divina que recibimos en el Bautismo y que constantemente nos atrae hacia arriba, hacia el Padre, y esparciendo en el mundo preciosos frutos de comunión y paz”.

Que María, Reina del Cielo, que en cada momento ilumina y guía nuestro camino, nos ayude, ha concluido su alocución antes de rezar la oración mariana del Regina caeli.

Comunicaciones Sociales: “Preservar las voces y los rostros humanos” en la IA

Después del Regina caeli, el Pontífice ha recordado que hoy,  en varios países, se celebra el Día Mundial de las Comunicaciones Sociales, “al que este año he decidido dedicar el tema ‘Preservar las voces y los rostros humanos’. 

En esta era de 人工智能, el Papa ha animado “a todos a comprometerse con la promoción de formas de comunicación que siempre respeten la verdad humana, que es el principio rector de toda innovación tecnológica”.

“Cuidar la paz es cuidar la vida”

Desde hoy hasta el próximo domingo, se celebra la Semana 请接受我的赞美’, dedicada al cuidado de la creación e inspirada en la encíclica del Papa Francisco, ha señalado también el Papa.

En este Año Jubilar de San Francisco de Asís, “recordamos su mensaje de paz con Dios, con nuestros hermanos y hermanas, y con todas las criaturas. Lamentablemente, en los últimos años, debido a las guerras, el progreso en este ámbito se ha visto muy ralentizado”.

Por ello, “animo a los miembros del Movimiento Laudato Si’ y a todos aquellos que trabajan por una ecología integral a renovar su compromiso. ¡Cuidar la paz es cuidar la vida”, ha finalizado, antes de saludar a peregrinos y fieles de diversas partes del mundo, e impartir la Bendición.

作者Omnes 编辑部

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¿Cómo es ser esposa de un diácono permanente?

Entrevistamos a Isabel Doménech, esposa de un diácono permanente. Con gran sinceridad y sentido del humor, confiesa cómo pasó de sentir celos por el tiempo que su marido dedicaba a la Iglesia, a entender que su servicio a los enfermos es un carisma que no se puede explicar solo con palabras.

哈维尔·加西亚·埃雷里亚·18 de 5 月 de 2026·阅读时间: 5 分钟

En algunas pocas parroquias españolas, los fieles se han acostumbrado a ver junto al sacerdote a una figura que, sin ser presbítero, participa activamente en la vida litúrgica y pastoral: el diácono permanente. Menos visible, sin embargo, es la vida que hay detrás de esa vocación cuando el diácono es un hombre casado. Porque junto a él hay una esposa, una familia, una historia compartida.

Isabel lo sabe bien. Su marido, Enrique Ten, es diácono permanente de la diócesis de Valencia desde hace catorce años. Ambos llevan más de medio siglo caminando en la Iglesia, dentro del Camino Neocatecumenal. Él tiene hoy 77 años. Y aunque la palabra “diaconado” puede sonar solemne o institucional, en su casa se vive con una mezcla muy humana de servicio, humor y una gran convicción en la importancia de su misión.

Isabel lo cuenta sin solemnidad y con una franqueza que desarma. “Mi marido ha estado siempre metidísimo en la Iglesia, ayudando en lo que le mandaban los sacerdotes y siempre muy ocupado en esto”, recuerda.

Una vocación que llegó casi por sorpresa

La idea del diaconado no surgió como un proyecto que se gestó a lo largo de muchos años. Nació de forma inesperada, durante una peregrinación a Loreto en los años 80. Allí Enrique sintió que la Virgen le llamaba a acrecentar su espíritu de servicio. Sin embargo, como el ministerio del diaconado permanente no estaba todavía instituido en la diócesis de Valencia, no supo cómo concretar esa intuición de Loreto. Además, la complejidad de su vida familiar aumentaba, crecía el número de hijos, y el pequeño, Pepe, nació con una pequeña discapacidad. En ese momento, “Enrique pensó que la Virgen le llamaba a volcarse con ese hijo necesitado, su verdadero diaconado, porque al nacer Pepe vimos las necesidades que suponía un chico con deficiencia y con necesidad de atención especial”, explica Isabel.

Sin embargo, unos años después, “un amigo suyo escolapio asistió a la primera ordenación de diáconos permanentes en Valencia y pensó inmediatamente: ‘esto sería muy bueno para Enrique, le pega todo’”, cuenta Isabel. Enrique se había olvidado del tema, pero aquella sugerencia sembró una inquietud que fue madurando lentamente. Durante un tiempo, la vocación quedó en pausa. Pero la vida siguió su curso, los hijos crecieron y la idea volvió a aparecer. Comenzó entonces un largo proceso de discernimiento y formación.

Un camino largo… y observado con espíritu crítico

Para Isabel, aquel proceso fue largo. Muy largo. “Yo decía: con tanta formación durante tantos años para mí que en la diócesis los están entreteniendo y ya está”, recuerda entre risas. Mientras Enrique acudía a sesiones de preparación y realizaba estudios de teología —que cursó con una seriedad que sorprendía a su propia esposa— ella observaba el proceso desde fuera, con su habitual sentido crítico.

“Me hacía gracia porque cuando estaba estudiando teología se ponía nervioso con los exámenes, como si fuera un chaval de la facultad”, cuenta. Algo especialmente paradójico, ya que tanto él como su mujer se habían dedicado toda la vida a dar clases en secundaria. 

Isabel explica que siempre ha sido muy franca y crítica a la hora de expresar sus opiniones. De hecho, su visión del clero nunca ha sido especialmente reverencial y, como ella misma dice: “Yo soy muy poco clerical y muy crítica”. Por eso, “soy la primera que pongo a Enrique en su sitio cada vez que hace una homilía que me ha parecido un rollo o muy larga”, afirma sin rodeos.

El consentimiento de la esposa

Cuando un hombre casado es ordenado diácono permanente, la Iglesia exige el consentimiento explícito de su esposa, pues es una decisión que afecta muy directamente al matrimonio y a toda la familia.

Isabel recuerda ese momento con naturalidad. Para ella no supuso un gran conflicto, en parte porque su marido ya vivía una intensa vida de servicio en la Iglesia desde hacía muchos años. “Yo lo viví bien porque en realidad él ya dedicaba mucho tiempo a ayudar en la parroquia y la comunidad”, explica.

La ordenación, sin embargo, sí introdujo un cambio: el servicio pastoral se volvió más visible y más organizado. Y ahí apareció un sentimiento inesperado. “Sentí celos del servicio y el tiempo que Enrique dedicaba a la Iglesia”, confiesa con naturalidad. “Había domingos que él tenía que ir a ayudar a Misa y yo pensaba: bueno, ¿y a mí cuándo me dedica tiempo?”, recuerda.

Con el tiempo, sin embargo, su perspectiva cambió. Entendió que el diaconado no era simplemente una actividad más, sino un don. “Yo no había entendido nada de lo que era el diaconado, de lo que suponía la misión. Para mí es un carisma”, reflexiona hoy.

El servicio silencioso

Ese carisma se hace visible especialmente en una de las tareas que Enrique realiza con mayor fidelidad: la visita a enfermos y ancianos. Todos los martes tiene una ruta fija. Después de acudir a Misa, comienza su ronda de visitas.

Isabel ha acompañado alguna vez esas visitas cuando el enfermo es conocido del matrimonio, por lo que ha comprobado muchas veces el don que tiene su marido para tratar enfermos: “Hay personas con un deterioro cognitivo extraordinario y Enrique puede estar media hora con alguien que no sabía si le entiende o no”, cuenta.

Aquello la sorprende profundamente. “A vece le he dicho, ¿cómo puedes estar media hora con esta persona que no sabes si te entiende?”. Pero para Enrique, explica, no se trata de conversación ni de eficacia. Es simplemente presencia. “Ahí percibes que el Señor les da una gracia particular, porque eso humanamente no se puede hacer”, reconoce Isabel.

La agenda semanal de Enrique está lejos de la jubilación tranquila que muchos imaginan a los 77 años. Cada día acude Misa en una iglesia cercana. Allí, aunque no esté oficialmente participando como diácono, ayuda en lo que haga falta: leyendo o distribuyendo la comunión.

“Él siempre es soldado de segunda fila”, dice su esposa. Ese estilo discreto es una de las características que más aprecia de él. Enrique insiste en que el diácono debe estar siempre detrás del sacerdote, nunca buscando protagonismo. “Siempre dice que su sitio es segunda fila, incluso cuando está en el altar”.

Además de las visitas a enfermos, Enrique preside celebraciones de la Palabra en dos comunidades jóvenes del Camino Neocatecumenal, prepara catequesis, participa en reuniones de catequistas y ayuda en su parroquia de Valencia, San Isidoro, Obispo.

Para sus hijos, el diaconado de su padre forma parte de la vida cotidiana. “Lo llevan bien”, dice Isabel. De vez en cuando, eso sí, le piden que controle la duración de sus homilías. “Abuelo, no lo hagas muy largo”, le dicen las nietas cuando celebra el bautizo de algún familiar.

La familia entera está muy vinculada a la vida de la Iglesia, algo que Isabel considera un regalo. “El tener a los hijos en la Iglesia es una gracia, es un don”, 他说道。.

Una esposa “poco clerical”

Isabel no se parece al estereotipo que algunos imaginan para la esposa de un diácono. Ella misma lo reconoce. “Yo no soy una esposa típica de diácono permanente”. No acompaña siempre a su marido en actos parroquiales ni se siente obligada a asumir un papel religioso público. “He visto mujeres de diáconos que iban con ellos a todo, cantaban y participaban en todo… a mí para eso no me pillan”, dice con humor.

El diaconado también trae escenas cotidianas llenas de humanidad. En casa de Isabel se lavan y planchan las albas litúrgicas. “El alba más blanca que he visto en el altar era la tuya”, le dice a veces a su marido. Después de tantos años, Isabel resume la vida de su marido con sencillez: “Su centro son la familia, la comunidad y la parroquia. Es que ya no hay más”. En esa frase cabe toda una existencia dedicada al servicio. Un servicio que no siempre se ve, pero que sostiene silenciosamente la vida de muchas comunidades cristianas.

Y junto a ese servicio, la presencia de una esposa que observa, se ríe, acompaña y sostiene desde un lugar discreto pero fundamental. Una vocación compartida, aunque vivida de maneras muy distintas. Porque detrás de cada diácono permanente, muchas veces, hay también una historia de matrimonio, paciencia y sentido del humor.

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文化

伊斯坦布尔:古老的君士坦丁堡

Estambul es una ciudad de dos continentes, de distintos nombres y pueblos, con millones de historias que desbordan sus calles.

杰拉尔多·费拉拉·18 de 5 月 de 2026·阅读时间: 9 分钟

Este artículo sigue a los dedicados a Meteora y al Monte Athos, completando así el recorrido por lo que he denominado el “triángulo espiritual” greco-ortodoxo, cuyos tres vértices son: la República Monástica del Athos, los monasterios de Tesalia y, el más importante, Constantinopla, la madre, la ciudad de donde todo parte.

Es una ciudad que ha cambiado de nombre tres veces a lo largo de dos mil setecientos años.

El estrecho del Bósforo

En un principio fue Bizancio (“Byzantion”), una ciudad griega fundada por Byzas y colonos de Megara, en un promontorio triangular donde el Cuerno de Oro se une con el Bósforo.

Más tarde pasó a llamarse Constantinopla cuando, en el año 330 d. C., Constantino I decidió establecer una nueva capital para su imperio, que se desplazaba cada vez más hacia Oriente. Eligió Bizancio por su ubicación privilegiada, la mandó reconstruir a escala monumental y la rebautizó como “Nova Roma”, pero este nombre nunca cuajó entre la población: todos llamaban a la ciudad “Kostantinoupolis”, la ciudad de Constantino, y así permaneció durante más de mil años.

El nombre Estambul, por el contrario, tiene una historia particular porque, contrariamente a lo que se cree, no fue impuesto por un conquistador. De hecho, ya se utilizaba incluso antes de que la ciudad cayera en manos otomanas, en 1453. Los griegos de aquella zona, de hecho, utilizaban la expresión “is tin polin” (que en pronunciación clásica sería “eis ten polein”) para indicar el movimiento “hacia la ciudad”, el ir a la ciudad. Y la ciudad por excelencia era precisamente Constantinopla. Esa expresión, por una contracción y una modificación de la “p” en “b”, se convirtió en Istinbolin y luego en Estambul.

Mahoma II, que conquistó la ciudad entrando a caballo en Santa Sofía el 29 de mayo de 1453, siguió utilizando ese nombre, junto con “Constantinopla”.

No fue hasta el 28 de marzo de 1930 cuando el Gobierno de la recién creada República Turca de Atatürk, mediante un comunicado oficial, estableció que Estambul sería, a partir de ese momento, el único nombre de la metrópoli, que ya no era la capital.

El embarcadero

Como europeo, llegar a Estambul —o Constantinopla— atravesando Asia es algo singular, pero es otra de las particularidades de esta ciudad, que, de hecho, se encuentra a caballo entre dos continentes.

Es 2010, el viaje me llevará primero allí y luego al Monte Athos. El vuelo más barato desde Roma, sin embargo, no aterriza en el aeropuerto principal, sino en Sabiha Gökçen, en la parte asiática. Durante la aproximación, observo con asombro, sobre el mar de Mármara, un puñado de islotes con villas blancas y ocres de los ricos de Estambul que dan al agua. Luego, la pista de asfalto, el aterrizaje y una extraña sensación que me acompañará durante toda mi estancia en la Nueva Roma: la de ser extranjero, pero no del todo ajeno.

Desde el aeropuerto asiático, cojo un autobús hasta la terminal de ferris y embarco rumbo a la orilla europea. La tarde es fresca, parece que ha llovido bastante, y sobre el Bósforo sopla el viento del Mar Negro.

La orilla europea que se acerca se me muestra en todo su esplendor: mezquitas, campanarios, el laberinto de tejados de Gálata. Desde el muelle, un taxi me lleva hasta el pequeño apartamento de los frailes dominicos de Gálata, justo debajo de la torre.

De Gálata a Santa Sofía

Torre de Gálata

Gálata, conocida anteriormente como Pera, aún conserva las huellas de la colonia genovesa que dominó esta parte de la ciudad durante siglos: los frailes dominicos están presentes allí desde el siglo XIII, y la torre que se divisa desde casi cualquier punto de Estambul fue construida precisamente por los genoveses en 1348, con el nombre de Torre de Cristo. Nada más llegar, subo las escaleras, a pesar del cielo nublado: desde lo alto, la ciudad se extiende en todas direcciones, el Cuerno de Oro a un lado, el Bósforo al otro, y los minaretes que salpican el horizonte.

Al día siguiente, salgo de Gálata, cruzo el puente sobre el Cuerno de Oro y cojo el tranvía hasta Santa Sofía, que es, literalmente, indescriptible. Puede que hayas visto las fotos, leído las descripciones o conozcas su historia, pero nada se puede comparar con la sensación de tenerla ante ti en una templada mañana de junio, con sus colores claros y la imponencia de su estructura.

Al entrar, lo que más impresiona es la cúpula, suspendida a cincuenta y cinco metros del suelo y sostenida por cuarenta ventanas; se trata de la obra maestra de ingeniería y teología del emperador Justiniano I, construida entre los años 532 y 537 por los matemáticos Isidoro de Mileto y Antemio de Tralles. Se cuenta que Justiniano, en la inauguración, exclamó: “Salomón, te he superado”.

El reto era enorme: nadie había construido jamás una cúpula similar sobre una base cuadrangular en lugar de circular. El punto de referencia era el Panteón de Roma, terminado por Adriano en el siglo II, con sus 43 metros de diámetro: una estructura que mantuvo el récord durante casi mil años. En Santa Sofía, la cúpula es más pequeña, pero descansa sobre cuatro pilares en lugar de sobre una pared circular continua, lo que la hace más audaz desde el punto de vista de la ingeniería.

El primer intento fracasó: la cúpula se derrumbó en el año 558, veinte años después de su inauguración, y fue reconstruida por el sobrino de uno de los diseñadores originales, seis metros más alta y con el peso mejor distribuido a lo largo de las paredes. La que vemos hoy es la segunda. Y se mantiene en pie desde hace mil cuatrocientos años (aunque es más pequeña que la del Panteón, que solo Brunelleschi logró superar con la cúpula de Santa Maria del Fiore, en Florencia, en 1436).

El ambiente en el interior es de solemnidad y asombro. Uno se siente pequeño entre los mosaicos cristianos que emergen junto a los grandes medallones de caligrafía árabe con los nombres de Alá y de los califas, añadidos tras la conquista otomana de 1453. En la planta superior, me quedo embelesado ante la Deesis, el mosaico del Cristo entronizado entre la Virgen y Juan el Bautista, del siglo XIII. Y el rostro de Cristo, consumido por el tiempo, te mira con esa expresión de «”mperturbabilidad” que explica visualmente la inscripción en griego “O ΩN” (o on, “el que es”), como diciendo “siempre he estado aquí y siempre estaré”.

Interior de Santa Sofía

La Mezquita Azul y el descanso sobre la alfombra

Tras la larga visita a Santa Sofía y un pequeño refrigerio a base de sirope de cereza amarga, recorro el barrio de Sültanhamet, el centro histórico de la ciudad, bajando hasta las ruinas del gran hipódromo construido por Septimio Severo en el año 203 d. C. y ampliado por Constantino. Hoy es una plaza con un obelisco egipcio en el centro: casi nada de lo que fue. Lo que más me impresiona es saber que los famosos Caballos de San Marcos de Venecia se encontraban aquí, en la torre de salida de las carreras, hasta 1204, cuando los soldados de la Cuarta Cruzada saquearon la ciudad y se los llevaron. Y fue también aquí, en el año 532, donde Justiniano mandó masacrar a treinta y cinco mil rebeldes que habían devastado la capital y quemado la primera basílica de Santa Sofía, posteriormente reconstruida en su forma actual.

Interior de la Mezquita Azul

¡Después de comer, a descansar! Pero no en una cama, sino sobre la gran alfombra de la mezquita, construida entre 1609 y 1616, a pocos pasos de Santa Sofía: seis minaretes, cincuenta mil azulejos de Iznik azules y azulados, una luz que entra por doscientas sesenta ventanas y que no ilumina, sino que suaviza cada superficie. Y aquí se respira paz de verdad. Me siento en la zona lateral, con la espalda apoyada en la pared y a poca distancia de algunos hombres postrados en oración y de otros sentados en pequeños grupos, conversando en voz baja. La mezquita, al igual que la sinagoga, no es un templo en el sentido estricto del término, un lugar donde habita lo sagrado. De hecho, en árabe,”masjid” significa “lugar donde uno se sienta”, y sinagoga en griego, al igual que “bet ha-kneset” en hebreo, significa “casa de reunión”.

Por las calles de Constantinopla

Escultura de la cabeza de Medusa en la Cisterna Basílica (la imagen está dada la vuelta para poder apreciar la escultura)

Durante los días siguientes recorro la ciudad palmo a palmo, entre Europa y Asia, a pie, en metro, en barco, en tranvía: bajo tierra, en la Cisterna Basílica, donde las trescientas treinta y seis columnas de mármol sostienen una bóveda en medio del silencio y el goteo del agua, con dos cabezas de Medusa que sirven de base a otras tantas columnas que miran de reojo; en la superficie, donde el Palacio de Topkapi, con su Puerta Sublime, se extiende sobre un promontorio entre el Cuerno de Oro y el Bósforo como un laberinto de patios y pabellones, con el harén revestido de azulejos azules.

Entre las cosas que más me impresionan están la iglesia de San Salvador en Chora, con sus magníficos mosaicos del siglo XIV sobre la vida de la Virgen y la infancia de Cristo, y los famosos baños de Sinan, con sus bóvedas salpicadas de óculos que filtran la luz como estrellas mientras un hombre corpulento y musculoso te enjabona enérgicamente la espalda.

Cristo Pantocrátor en una iglesia de Estambul

Una noche, en las callejuelas de Gálata, ceno en un pequeño restaurante georgiano: dentro, la dueña, cantante y pianista, interpreta canciones del Cáucaso en un ambiente que parece un salón privado, y su marido sirve las mesas entre una canción y otra. Aquí pruebo por primera vez los khinkali, unos raviolis rellenos de carne y caldo.

En Fanar, el barrio de la linterna, el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla sobrevive con no pocas dificultades en un pequeño complejo situado alrededor de la iglesia de San Jorge, de 1720. ¡Aquí me encuentro por casualidad con el patriarca Bartolomé I, a quien confundo con un conserje mientras le pido información! Se detiene a charlar conmigo primero en inglés y luego, al descubrir que soy italiano, en mi idioma. Solo después descubro de quién se trata, cuando una mujer a la entrada de la iglesia me mira con la expresión de quien acaba de presenciar algo divertido: “¿sabes quién era?”. No lo sabía.

Las tardes las paso en los tejados de Gálata, en una terraza desde la que se ven las luces encenderse una a una hacia el Cuerno de Oro mientras el cielo cambia de color. Un día, incluso me topé, en un callejón del Gran Bazar, con algunos miembros de la comunidad judía sefardí, con quienes intercambiamos unas palabras en español (yo en español, ellos en judeoespañol), tras la travesía que nos lleva, en Asia, hasta el último asentamiento 亚美尼亚 de la ciudad.

Interior del Gran Bazar de Estambul

La última tarde, antes de subir al tren hacia Salónica, me quedo un rato en el puente de Gálata. Los pescadores están alineados con las cañas en el agua y el sol se pone sobre la ciudad, tiñendo de rojo los minaretes.

El puente es una larga pasarela de dos pisos sobre las tranquilas aguas. El aire huele a mar y la ciudad resplandece de luz y colores. Unos chicos en bañador se zambullen en el mar, mientras una marea de gente llega desde la plaza de la Mezquita Nueva tras la oración. En las aceras, los vendedores de pescado al horno invitan a probar un poco.

Y aquí, en medio del bullicio de gaviotas y gente, bajo el sol rojo fuego que desciende perezosamente sobre el Cuerno de Oro, me asomo a la barandilla y veo a un anciano solitario, con un fez rojo con un lazo de seda negra en la cabeza, y en el rostro una extraña mezcla de felicidad y melancolía. Parece que todos los estados de ánimo se funden en su rostro oscuro y arrugado en una única expresión, un poco como la que tienen todos los ancianos después de haber visto tantas, demasiadas cosas en la vida, ya sean feas, de las que no quieren volver a recordar, o bellas, a las que, por el contrario, intentan aferrarse con todas sus fuerzas para no olvidarlas.

Al igual que Estambul, la ciudad de los dos continentes y de los distintos nombres, de los distintos pueblos y de los millones de historias que desbordan sus calles.

家庭

带着信念骑行:小罗德里得到一辆新自行车,并教会我们什么是快乐

Entrevista con los padres de Rodri, un niño que padece una enfermedad rara llamada ADNP (o Síndrome de Helsmoortel-Van der Aa). Es un trastorno genético del neurodesarrollo. En el caso de Rodri, esta dolencia se manifiesta, a grandes rasgos, en que no habla ni anda.

阿尔瓦罗·吉尔·鲁伊斯·17 de 5 月 de 2026·阅读时间: 8 分钟

Rodri es un niño que padece una enfermedad rara llamada ADNP (o Síndrome de Helsmoortel-Van der Aa). Es un trastorno genético del neurodesarrollo causado por mutaciones en el gen ADNP. En el caso de Rodri, que va a cumplir los seis años, esta dolencia se manifiesta, a grandes rasgos, en que no habla ni anda. Eso no le impide ser el centro de atención de su familia ya que, de una manera inexplicable, se hace querer de una manera inigualable. ¿Cómo es posible que sea tan feliz y que irradie tanta alegría? ¿Qué le “dan” sus padres para que manifieste con sus gestos, sonrisas y palmadas esa gran felicidad? Merece una explicación…

Dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Trasladando esta realidad al caso de Rodri dicen sus padres que es él así, un niño alegre y disfrutón, que ellos no han hecho nada. Pero eso está por demostrar. Ya que Juan y María, son un testimonio vivo de fe y esperanza continua. Detrás de ellos, hay dos historias de testimonio cristiano, dignas de darse a conocer. Y eso es lo que vamos a hacer en esta entrevista, unos días después de la Primera Comunión de su otro hijo, Íñigo. Coincide en el tiempo con la llegada de una bici especial para Rodri, gracias a un “crowdfunding”, que les permite irse en familia al campo.

Juan, usted es converso, gracias a Dios y al Cenáculo, y da testimonio público de su fe, basta buscar en youtube ¿Cómo ha llegado hasta aquí? ¿Qué es el Cenáculo?

– He llegado hasta este punto gracias al Cenáculo, porque antes mi vida era un desastre completo y ya no daba un duro por ella. Llegar al Cenáculo, que es una comunidad cristiana fundada por Madre Elvira, supuso dejar que la gracia de Dios entrara en mi corazón.

Allí pude descubrir que Dios existe de verdad, casi como tocarlo, porque es una 社区 que vive de la providencia. No hay ningún interés económico ni ánimo de lucro, y eso hace que uno vea que todo se hace voluntariamente y sin pedir nada a cambio.

Lo único que se nos pide es esa poca voluntad que nos quede para ponernos en camino. Allí encontré a Dios, a la Virgen María y también a mucha gente maravillosa. Siempre digo que algunos de los mejores seres humanos que he conocido son exdrogadictos cuando dejan salir su mejor versión.

Además, esta comunidad me permite seguir colaborando para ayudar a otros chicos, y eso me hace muchísimo bien.

María, usted en cambio era la rebelde de una familia, y con el tiempo ha conocido su vocación al Opus Dei. ¿Cuál es su historia? ¿Cómo han influido sus padres y amigos?

– Mis padres hicieron conmigo lo mismo que ahora intentamos hacer con nuestros hijos: enseñar, con mucho cariño, lo que es mejor para cualquier persona, que es tener a Dios en el corazón y vivir de cara a Él.

Intentaron ser ejemplo con sus palabras, con sus actos y con su manera de vivir. Todo lo bueno que hoy tengo es fruto de la semilla que plantaron ellos y también muchas personas con las que me he relacionado y que me han ayudado a crecer.

Ahora nosotros intentamos plantar esa misma semilla en nuestros hijos, y después dejar que sea lo que Dios quiera con la libertad que nos regala.

Ahora hablemos de su encuentro, ¿Cómo se conocieron? ¿Cómo nació “lo suyo»?

– [Juan]: Curiosamente, el Espíritu Santo siempre tiene reservada la última palabra.

Cuando salí del Cenáculo pensaba en formar una familia. Conocí a varias chicas y salimos un tiempo, pero me daba cuenta de que no éramos el uno para el otro. Llegó un momento en que pensé: “Bueno, quizá el Señor me quiere así, libre para ayudar a otros y sin formar una familia”.

Entonces un amigo nuestro, sin conocernos todavía María y yo, pensó que podríamos hacer buena pareja. Me dijo: “Te voy a presentar a la mujer de tu vida”. Y yo le pregunté si había tenido una aparición o algo parecido.

La verdad es que no quería una cita a ciegas, pero como era una quedada en la basílica de San Isidro en Madrid, pensé: “Bueno, la conozco y ya está”.

Pero cuando la vi, además de su belleza, me impresionó muchísimo su fe. Sentí algo distinto y volví a tener esperanza de poder formar una familia.

Empezamos a escribirnos por WhatsApp, luego a quedar todos los días. Lo primero que hacíamos era ir a Misa y después nos íbamos a tomar algo y a conocernos mejor. Y así comenzó todo.

¿Cómo fueron sus primeros años de matrimonio? ¿Cómo fue la llegada de Íñigo al mundo -que acaba de hacer su Primera Comunión-? 

– [María]: Los primeros años de matrimonio no fueron fáciles, porque éramos dos personas que ya tenían cierta edad, fuerte personalidad y muchas costumbres diferentes. Eran dos mundos distintos que tenían que unirse en uno solo.

Con la ayuda de Dios hemos ido alcanzando esa comunión en la que uno complementa al otro y le ayuda en sus defectos. Hemos recurrido a cursos para matrimonios, a la oración y al acompañamiento espiritual. Poco a poco hemos encontrado el equilibrio.

Cada día le pedimos a Dios ayuda para continuar con nuestra gran responsabilidad: llevar a nuestros hijos al Cielo.

Ahora hemos vivido un momento muy importante con la Primera Comunión de Íñigo y sentimos que vamos por buen camino.

– [Juan]: La llegada de Íñigo fue la mayor alegría de nuestra vida. Yo ya no pensaba que, con la edad que tenía y la vida que había llevado, pudiera llegar a tener un hijo.

Y de repente llegó él: tan bueno, tan alegre y tan cariñoso. Me ha enseñado muchísimo. A veces pienso que Dios nos habla a través de él.

Tiene la infancia bonita que quizá yo no pude tener, y de alguna manera eso sana también mi propia infancia. Su amor hacia nosotros es completamente puro y desinteresado, y eso llena el corazón de una forma que nunca antes había sentido.

Pero en un momento de su vida, empezó a haber “curvas” y se puso emocionante. Para empezar… ¿Cómo fue el “jarro de agua” fría cuando les dijeron cómo venía Rodri? 

– [María]: Cuando Rodrigo tenía unos dos meses empezamos a notar que algo no iba bien. Fueron amigos y personas cercanas quienes nos dieron las primeras pistas. Le faltaba tono muscular para sujetar la cabeza y tampoco fijaba bien la mirada.

Con el tiempo descubrimos que cualquier pequeño avance para Rodrigo requería muchísimo más esfuerzo que para otros niños.

Tuvimos que asumir que su desarrollo no seguiría el ritmo habitual y que su futuro sería siempre una gran incógnita para nosotros.

Ahora tiene seis años. Todavía no habla y aunque empieza a caminar con apoyos, aún no lo hace con seguridad.

Al principio lo vivimos con mucho dolor. Pero con el tiempo hemos descubierto que este camino, aunque nunca es fácil, está lleno de amor y de sentido.

Los hermanos Íñigo y Rodrigo

Dicen que Rodri vino con un pan debajo del brazo. ¿Es así?

– [Juan]: Al principio todo era incertidumbre. Rodrigo respiraba muy mal y pasamos años entrando y saliendo del hospital porque no tenía suficiente oxígeno en sangre.

Vivimos momentos muy duros, incluida una operación delicada. Pero también vimos muchísima gracia de Dios en medio de todo eso.

Después de un viaje a Medjugorje, empezó a fijarnos mucho más la mirada. Para mí eso fue una señal clarísima de la presencia de la Virgen.

Y sí, decimos que vino con un pan debajo del brazo porque gracias a él pudimos encontrar una casa adaptada a sus necesidades, con jardín y espacio para vivir en paz.

Antes la situación era insostenible porque Rodrigo es muy sonoro y por las noches a veces golpeaba cosas y molestábamos muchísimo a los vecinos. Ahora vivimos tranquilos. 

Además, en uno de los momentos psicológicamente más difíciles de mi vida, mis hijos han sido lo que me ha sacado de la “cueva”. Estoy atravesando una crisis muy fuerte que ha removido heridas profundas de mi infancia y de mi pasado. Pero cuando vuelvo a casa y Rodrigo o Íñigo me abrazan, todo cambia.

Rodrigo no necesita hablar. Con la mirada lo dice todo. Su amor puro me obliga a salir de mí mismo y a seguir luchando.

Y también tengo claro algo: no recaigo en la droga por ellos. Ellos me dan la fuerza para seguir adelante.

¿Qué aprendió de madre Elvira, Juan? ¿Qué vivencias del cenáculo le hicieron cambiar? ¿Qué transmite en su entorno de esta espiritualidad? 

– Madre Elvira entregó su vida completamente por nosotros. Nos enseñó una vida basada en la oración constante, el Evangelio, el rosario y la amistad.

En el Cenáculo se reza por la mañana, al mediodía y por la tarde. También se comparte cada día cómo Dios ha tocado el corazón de cada uno.

Ella decía que los chicos que realmente cambiaban eran los que hacían adoración nocturna. Eso me marcó muchísimo.

Y hoy intento transmitir esperanza a otros chicos. Muchos hablan conmigo y descubren que todavía pueden cambiar de vida. Ver eso sigue sorprendiéndome cada día.

María, usted que pasa tantas horas con Rodri, y que tiene una gran creatividad ¿cómo se le ocurrió el “crowdfunding» de la bici?

– A nosotros nos encanta salir al campo, pasear y montar en bici. Pero muchas veces me daba pena no poder llevar a Rodrigo con nosotros.

Por eso empecé a pensar en conseguir una bicicleta adaptada para él. Me daba miedo hacer un “crowdfunding”, pero un día decidimos grabar un vídeo y lanzarlo.

Y para nuestra sorpresa, en apenas 24 horas habíamos reunido casi todo el dinero.

La generosidad de la gente ha sido impresionante. Muchísimas personas colaboraron, incluso gente que no conocemos.

Encontramos finalmente una bici estupenda que permitirá llevar a Rodrigo detrás, tanto a Juan como a mí o incluso a su hermano Íñigo.

Estamos deseando estrenarla.

María, ¿cómo hace para compatibilizar el cuidado de Rodri con sacar adelante proyectos solidarios? 

– Gracias a la prestación por cuidado de hijo con enfermedad grave puedo dedicar mucho tiempo a mis hijos y también desarrollar mi creatividad.

Soy diseñadora gráfica y web, pero desde que nació Rodrigo no puedo ir a trabajar. El “mono” creativo lo combato con mi pequeño proyecto artístico llamado @leonypio.

Además, Juan y yo hacemos muy buen equipo. Entre los dos conseguimos sacar adelante todo lo que nos proponemos.

También han querido transmitir un mensaje importante sobre la discapacidad y la vida.

– [María]: Sí. A veces hay personas que tienen miedo ante la posibilidad de tener un hijo con problemas.

Yo siempre había pensado que me gustaría cuidar a alguien así, aunque luego vivirlo realmente no es fácil. Pero puedo decir que Rodrigo ha venido verdaderamente con un pan debajo del brazo. Hemos recibido un enorme apoyo humano de grandes profesionales, ayudas, becas, apoyo de la fundación “RUN FOR SMILES” y un colegio público maravilloso.

Dios provee. Cuando llega un niño con necesidades especiales, también llegan los medios necesarios para poder cuidarlo.

Juan, ¿cómo es su vida de fe y esperanza en familia? ¿Cómo la transmiten a sus amigos y familiares?

– [Juan]: Nuestra vida de fe es muy sencilla y muy real. A veces conseguimos rezar juntos el rosario y otras veces no, porque con los niños no es fácil.

Intentamos santificarnos sobre todo en las tareas pequeñas del día a día: preparar desayunos, cuidar de los niños, acompañarnos mutuamente.

Participamos en Misa, retiros, convivencias y grupos cristianos. También seguimos muy unidos al Cenáculo.

Además tenemos amistades creyentes y no creyentes, y compartimos la vida con todos ellos.

¿Qué le dicen a las familias que reciben la noticia de que sus hijos vienen con necesidades especiales? 

– [María]: Yo les diría que esos niños son especiales, sí, pero sobre todo son un regalo.

Para nosotros Rodrigo es un ángel que Dios nos ha confiado para cuidarlo, pero él también cuida de nosotros.

Su sonrisa, sus abrazos, sus risas por cosas pequeñas… todo eso transforma completamente la vida.

– [Juan]: Rodrigo nos enseña a vivir el presente y a olvidarnos de muchas preocupaciones absurdas.

Le encanta la música, se ríe muchísimo, disfruta del sonido de los pájaros, de estar con nosotros. Da unos abrazos de oso sanadores.

Y además vemos cómo su hermano Íñigo le quiere de una manera impresionante.

Una vez María le dijo a Íñigo que en el Cielo Rodrigo podría hablar y correr. Y él respondió que quería que Rodrigo siguiera siendo igual que ahora. Eso dice muchísimo del amor que existe entre ellos.

¿Les haría ilusión ser recibidos por León XIV, en su posible encuentro con los enfermos, en su visita a España?

– [Juan]: Nos haría muchísima ilusión. Además, nuestro hijo mayor se llama Íñigo León, y cuando eligieron al Papa León XIV sentimos algo muy especial.

Nos encantaría poder conocerlo como familia.

Y también queremos aprovechar para ofrecer nuestra ayuda a otras familias: a quienes tienen hijos con necesidades especiales y necesitan orientación, o a quienes tienen un hijo atrapado en las drogas y no saben qué hacer*.

A nosotros nos ayudaron gratuitamente y queremos hacer lo mismo.

Para terminar, ¿con qué les gustaría quedarse de todo lo vivido?

– [Juan]: Damos gracias a Dios por nuestro matrimonio, por nuestros hijos y también por las dificultades.

No le pedimos a Dios que nos quite las cruces, sino que nos dé fuerza para superarlas.

Y ofrecemos todo lo que vivimos para que muchas almas puedan acercarse al cielo.


*Teléfonos de contacto: Juan 680 82 39 00 y María: 654 24 89 98

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SOS牧师

社交媒体会衰落吗? 

Las redes sociales viven una transformación con algunos aspectos preocupantes. El desafío para los cristianos es buscar autenticidad y el encuentro real sobre la simple conexión digital.

何塞·路易斯·帕斯夸尔·17 de 5 月 de 2026·阅读时间: 3 分钟

En los últimos años se repite una pregunta con insistencia: ¿están las redes sociales en declive? Las controversias en torno a Facebook, los giros estratégicos de X (antes Twitter) o la volatilidad de TikTok parecen apuntar a un desgaste estructural. Sin embargo, un análisis más riguroso sugiere que no asistimos a una desaparición del fenómeno social en línea, sino a una transformación profunda de su morfología y de su lógica interna. No se extingue la sociabilidad digital; se reconfigura su intensidad, su arquitectura y su significado cultural.

Durante la primera década del siglo XXI, las redes se presentaron como la nueva “plaza pública” global. Prometían interconexión planetaria, democratización de la palabra y comunidades sin fronteras. En buena medida lo lograron. No obstante, con el paso del tiempo emergieron efectos colaterales: polarización discursiva, simplificación argumentativa, desinformación sistémica, hipertrofia publicitaria y una progresiva mercantilización de la atención. El usuario dejó de ser únicamente sujeto comunicador para convertirse también en objeto de explotación algorítmica.

Hoy observamos síntomas claros de fatiga digital. Se publica menos y se consume más; disminuye la conversación reflexiva y aumenta la reacción impulsiva. La arquitectura algorítmica prioriza el contenido emocionalmente intenso —indignación, miedo, euforia— porque maximiza métricas de permanencia e interacción. Esta lógica es técnicamente eficiente, pero antropológicamente empobrecedora. La comunicación se acelera; la comunión, en cambio, se debilita. 

Metamorfosis digital

Hablar de decadencia absoluta sería impreciso. Lo que se erosiona es el modelo masivo y generalista. Paralelamente, crecen dinámicas más segmentadas: grupos cerrados de mensajería, comunidades temáticas, plataformas de suscripción donde se valora la especialización y el contenido elaborado. Se transita de la plaza abierta al espacio delimitado; del grito colectivo al intercambio más cualificado.

A este escenario se suma la irrupción de la inteligencia artificial generativa. La producción automatizada de textos, imágenes y vídeos multiplica exponencialmente el volumen de contenidos disponibles. Paradójicamente, cuanto mayor es la abundancia digital, más escasa se vuelve la experiencia de lo genuinamente humano. La cuestión decisiva ya no es solo qué se comunica, sino quién comunica y desde qué verdad interior. En un entorno saturado de estímulos, la autenticidad adquiere un valor diferencial.

Desde una perspectiva cristiana, este proceso ofrece luces y sombras. Las redes han posibilitado la difusión del Evangelio, el acompañamiento espiritual a distancia y la continuidad pastoral en contextos críticos —como se evidenció durante la pandemia—. Han ampliado el alcance formativo y catequético de la Iglesia. Sería intelectualmente deshonesto ignorar estos frutos.

Discernimiento cristiano

Sin embargo, la lógica de la inmediatez puede tensionar la pedagogía de la fe, que requiere tiempo, silencio y maduración interior. El riesgo no es únicamente la distracción, sino la fragmentación del yo. Cuando la identidad se construye sobre la aprobación digital, el corazón queda expuesto a una dependencia sutil. El Evangelio propone otra lógica: “Tu Padre, que ve en lo secreto…” (公吨 6, 6). La interioridad precede a la visibilidad.

Quizá la cuestión no sea si las redes decaerán, sino qué tipo de presencia deseamos cultivar mientras existan —y en las formas que las sucedan—. La Iglesia no está llamada a replicar sin discernimiento la dinámica del mercado digital, sino a humanizarla desde dentro. Ello exige criterio: saber cuándo hablar y cuándo callar; cuándo publicar y cuándo privilegiar el acompañamiento personal; cuándo utilizar el medio y cuándo optar por el encuentro directo.

Las redes sociales no están muriendo; atraviesan una fase de maduración crítica tras un entusiasmo inicial quizá ingenuo. Como toda herramienta cultural, pueden favorecer el aislamiento o la comunión. El desafío para el creyente no es predecir su futuro, sino habitar el presente digital con conciencia, prudencia y caridad.

En medio del ruido tecnológico, redescubrimos una verdad permanente: ninguna plataforma sustituye el encuentro real, la mirada directa, la palabra pronunciada sin filtros. Las redes pueden conectar dispositivos; solo el amor construye comunidad.

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教廷

León XIV visitará Francia en septiembre

Esta visita será la primera vez que un Papa viaje a Francia en una visita oficial de Estado desde que el Papa Benedicto XVI viajara a París y Lourdes en 2008.

OSV / Omnes·16 de 5 月 de 2026·阅读时间: 3 分钟

Vatican News, OSV News

El Papa León XIV tiene previsto realizar un viaje apostólico a Francia del 25 al 28 de septiembre de este año, según un anuncio del director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni.

El viaje surge como respuesta a las invitaciones formuladas por el jefe de Estado francés, las autoridades eclesiásticas del país y el director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), según señaló el comunicado de prensa.

Durante su viaje apostólico, el Papa León visitará la sede de la UNESCO.

Reacciones en el país galo

«León XIV viene a Francia: ¡es una gran alegría, pero también una gran responsabilidad!», declaró el cardenal Jean-Marc Aveline de Marsella, presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, en un comunicado del 16 de mayo. El cardenal señaló que el Papa está particularmente interesado en la situación de la Iglesia en Francia, tanto en sus desafíos como en sus oportunidades misioneras. La Conferencia Episcopal Francesa también ha creado un sitio web para compartir detalles sobre el viaje del Papa.

La conferencia episcopal francesa había confirmado en un comunicado de prensa del 6 de mayo que se esperaba un viaje en septiembre, pero no facilitó fechas exactas.

卢尔德

Durante la visita, los obispos franceses sugirieron que el Papa León viajara a París y al Santuario Mariano de Nuestra Señora de 卢尔德. A fecha de 6 de mayo, los preparativos logísticos para la visita del Papa estaban muy avanzados en Lourdes. 

«Hemos elaborado un programa preliminar con la presidencia de la conferencia episcopal y con la archidiócesis de París», declaró a OSV News a principios de mayo el obispo Jean-Marc Micas de Tarbes y Lourdes. «Está previsto que el Papa celebre una misa solemne en el césped del santuario y presida la procesión con antorchas por la noche, antes de pasar la noche allí, aunque estamos a la espera de la confirmación del Vaticano».

«Los 320 empleados del Santuario de Lourdes están encantados con esta perspectiva», añadió el obispo Micas. «Pero ahora necesitamos formar equipos más grandes para gestionar un evento de esta envergadura y seguir acogiendo a los peregrinos y a los enfermos que vendrán en esas fechas. Debemos animar a la gente a que venga, sin dejarse intimidar por las medidas de seguridad», dijo, y añadió con emoción: «¡Será una gran celebración!».

París

En París, se espera que el Papa visite la catedral de Notre Dame, así como el Collège des Bernardins, aunque todavía no hay nada confirmado oficialmente. 

Situado cerca de Notre Dame, el Collège des Bernardins es un antiguo colegio cisterciense de la histórica Universidad de París, que data del siglo XIII y que la Archidiócesis de París ha renovado para que sirva como sede de encuentros intelectuales y culturales de alto nivel. Durante su viaje apostólico a Francia en 2008, con motivo del 150 aniversario de las apariciones de Lourdes, el Papa Benedicto XIV visitó el Collège para pronunciar un discurso ante personalidades del mundo de la cultura y líderes políticos.

联合国教科文组织

El anuncio del Vaticano del 16 de mayo señalaba que el Papa visitaría la sede de la 联合国教科文组织, organismo de las Naciones Unidas creado en la década de 1940 para promover la colaboración en la reconstrucción de la educación, la ciencia y la cultura en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. A medida que las Naciones Unidas aumentaron su número de miembros, sus actividades se ampliaron para facilitar y complementar los esfuerzos nacionales de los Estados miembros para erradicar el analfabetismo y la pobreza, abordar el subdesarrollo y proteger el patrimonio natural y cultural de los países. 

Las visitas de Francisco a Francia

León XIV y el presidente francés Emmanuel Macron se reunieron el 10 de abril por primera vez desde la elección del pontífice a la Sede de Pedro. 

Sin embargo, no fue la primera audiencia papal del presidente. Desde su elección en 2017, el presidente Macron ha realizado varias visitas al Vaticano, donde fue recibido por el papa Francisco en 2018, 2021 y 2022. Ambos se reunieron nuevamente en conversaciones privadas en Marsella en septiembre de 2023, en la cumbre del G7 en Borgo Egnazia en junio de 2024 y, posteriormente, en diciembre de 2024 en Ajaccio, Francia.

La visita del Papa en septiembre tendrá lugar justo antes del inicio de la campaña electoral para las elecciones presidenciales de la primavera de 2027, que pondrán fin a los dos mandatos consecutivos de cinco años de Emmanuel Macron como presidente de la república.

El Papa Francisco realizó tres viajes apostólicos a Francia: a Estrasburgo en 2014, a Marsella en 2023 y a Córcega en diciembre de 2024, para ocasiones específicas y por un breve periodo. Sin embargo, el difunto pontífice nunca realizó una visita de Estado oficial al país. 

作者OSV / Omnes

教廷

El Papa aprueba la creación de una comisión interdicasterial sobre IA

El rescripto fue firmado por el Cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

OSV / Omnes·16 de 5 月 de 2026·阅读时间: 2 分钟

Por Isabella H. de Carvalho, OSV Noticias

El Papa aprobó la creación del organismo interdicasterial tras una audiencia con el Cardenal Czerny el 3 de mayo. El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral coordinará el trabajo de la Comisión durante el primer año.

El Papa aprobó la creación de la comisión teniendo en cuenta «el desarrollo en las últimas décadas del fenómeno de la Inteligencia Artificial y las recientes aceleraciones en su uso generalizado; sus posibles efectos en los seres humanos y en la humanidad en su conjunto; la preocupación de la Iglesia por la dignidad de toda persona humana, especialmente en relación con su desarrollo integral», según consta en el documento, fechado el 12 de mayo.

Dicasterios implicados

El rescripto explicaba que la Comisión está integrada por representantes de siete órganos del Vaticano: el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el Dicasterio para la Cultura y la Educación, el Dicasterio para la Comunicación, la Academia Pontificia para la Vida, la Academia Pontificia de las Ciencias y la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales.

Cada una de estas instituciones se encargará de coordinar la comisión por turnos de un año, que podrán ser renovados. Posteriormente, el Papa decidirá el siguiente organismo que dirigirá los trabajos de la comisión.

El texto explica que «es responsabilidad de la institución coordinadora facilitar la colaboración y el intercambio de información entre los miembros del grupo en relación con las actividades y los proyectos relacionados con la Inteligencia Artificial, incluidas las políticas sobre su uso dentro de la Santa Sede, al tiempo que se promueve el diálogo, la comunión y la participación».

El cardenal Czerny creó este organismo de acuerdo con el artículo 28 de la Constitución Apostólica 宣讲福音, según el cual el superior de un dicasterio puede crear una comisión interdicasterial especial para tratar asuntos que afectan a las responsabilidades de varios dicasterios y que requieren «consulta mutua y frecuente».

Magisterio reciente

Esta no es la primera vez que los dicasterios se unen para abordar este tema. En enero de 2025, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación publicaron la nota doctrinal «古今» («Antiguo y Nuevo») sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana.

Además, este tema ha estado presente a lo largo del pontificado del Papa León XIV, ya que a menudo ha hablado sobre la inteligencia artificial y otros avances tecnológicos, así como sobre los desafíos que pueden plantear a nuestra sociedad.

Ya el 10 de mayo de 2025, pocos días después de su elección, en una reunión con los cardenales, el Papa explicó que su elección de nombre papal estaba inspirada en el Papa León XIII, quien abordó los problemas derivados de la revolución industrial en su encíclica «Rerum Novarum».

A continuación, destacó que «en nuestros días, la Iglesia ofrece a todos el tesoro de su doctrina social en respuesta a otra revolución industrial y a los avances en el campo de la inteligencia artificial, que plantean nuevos desafíos para la defensa de la dignidad humana, la justicia y el trabajo».

作者OSV / Omnes

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美国

美国主教们解释了他们如何使用投资媒体的资金。

Según las encuestas aproximadamente la mitad de los católicos estadounidenses leen el periódico o la revista de su diócesis.

OSV / Omnes·16 de 5 月 de 2026·阅读时间: 2 分钟

OSV新闻 / OMNES

“Al contribuir a la Campaña de Comunicación Católica, usted da visibilidad a la labor de la Iglesia y ayuda a la Iglesia a llevar la luz de Cristo a todos”, dijo el obispo Byrne de Springfield, presidente del Comité de Comunicaciones de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB).

El obispo compartió sus reflexiones en un comunicado para anunciar la colecta de este año, que tendrá lugar en muchas diócesis el fin de semana del 16 y 17 de mayo.

Finalidad de las donaciones

Los donativos se dividen equitativamente entre los esfuerzos de comunicación diocesanos locales y nacionales.

Los donativos financian las lecturas diarias de la Misa, que incluyen recursos de audio y video; la transmisión en vivo de las asambleas anuales de otoño y primavera de los obispos, en las que se discuten las prioridades de la misión de la Iglesia; y el contenido de las redes sociales de la USCCB, que «llega a cientos de millones de usuarios cada año».

Los fondos recaudados también apoyan la oficina en Roma de Catholic News Service, el servicio de noticias oficial de los obispos estadounidenses. CNS Roma produce una cobertura exhaustiva del Papa León XIV, su ministerio y sus viajes.

La campaña también financia una serie de mesas redondas sobre los católicos y la salud mental , en las que obispos y expertos clínicos debaten diversos temas relacionados con este asunto.

Impacto en la audiencia

En 2006, los periódicos católicos estadounidenses sumaban 196, con una tirada de 6,5 millones de ejemplares. En 2020, el número de periódicos se había reducido un 40%, hasta los 118, con una tirada de 3,8 millones de ejemplares.

一个 informe de 2023 del Centro de Investigación Aplicada en el Apostolado (CARA), mostraba que «aproximadamente la mitad de los católicos estadounidenses leen el periódico o la revista de su diócesis».

CARA también descubrió que el 90% de los feligreses que asisten a Misa semanalmente leen el boletín parroquial, es decir 21,2 millones de adultos católicos, o el 40% de todos los adultos católicos en los EE. UU, según Pew Research.

Justificación de la inversión

Esta campaña coincide en un momento en el que los mensajes, los ministerios y los mensajeros de la Iglesia —desde Cáritas y otros ministerios provida hasta los obispos estadounidenses y el propio Papa León XIV— están siendo objeto de crecientes ataques en el ámbito público, incluso por parte de la desinformación alimentada por la inteligencia artificial, lo que hace que la misión de los medios católicos sea aún más vital, según los expertos.

El veterano periodista Greg Erlandson cita como ejemplo la cobertura mediática católica de la reciente visita apostólica del Papa León XIV a varios países de África. El viaje tuvo lugar mientras el presidente Donald Trump lanzaba repetidos ataques contra el Papa a través de los medios de comunicación por su oposición a la guerra entre Estados Unidos e Israel e Irán, incluyendo declaraciones falsas que afirmaban que el Papa apoyaba que Irán tuviera armas nucleares.

作者OSV / Omnes

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世界

El regreso de María: signos de renovación espiritual en Europa del Norte

La reaparición de María en la iglesia luterana no implica necesariamente un retorno a formas tradicionales de devoción. Más bien parece señalar algo más profundo: una renovación espiritual.

安德烈斯·贝尔纳·16 de 5 月 de 2026·阅读时间: 4 分钟

En diversos países europeos comienza a percibirse un fenómeno que, hace apenas unas décadas, habría parecido improbable: un renovado interés por la fe cristiana en contextos profundamente secularizados. 法国, los Países Bajos y, de modo particular, los países nórdicos están experimentando un despertar religioso, especialmente entre jóvenes adultos.

Suecia es un caso significativo. En los últimos años, el número de bautizos y de personas que se incorporan a la Iglesia ha crecido de manera notable, hasta el punto de duplicarse en algunos ámbitos. En paralelo a este fenómeno, otro signo —más silencioso pero igualmente elocuente— empieza a llamar la atención: la reaparición de la Virgen María en iglesias de tradición luterana, espacios donde su presencia había sido eliminada tras la Reforma protestante.

¿Podría hablarse de un “regreso de María” como símbolo de un retorno más amplio a la fe?

Una presencia inesperada en Uppsala

Uno de los ejemplos más significativos se encuentra en la Catedral de Uppsala, el principal templo de la Iglesia de 瑞典. Allí, en el deambulatorio situado detrás del altar mayor, se alza una escultura contemporánea titulada “María (El regreso)”.

La obra, instalada en 2005, es del artista Anders Widoff y representa a la Virgen María de una forma que rompe con las imágenes tradicionales. Realizada en poliéster con una superficie que recuerda a la silicona, la figura tiene un tamaño casi natural y un realismo sorprendente.

María aparece vestida con ropa cotidiana —abrigo, falda, zapatos sencillos— sin corona, sin aureola, sin ningún elemento que la identifique inmediatamente como figura sagrada. El artista quiso representarla como una mujer de nuestro tiempo, “alguien que podrías encontrar en el supermercado”. Una figura cercana, reconocible, incluso vulnerable.

Sin embargo, su ubicación y su orientación están cargadas de simbolismo. La escultura mira hacia el llamado coro de los Vasa, que antes de la Reforma estaba dedicado a María. El título “El regreso” no es casual: alude tanto a la vuelta física de una imagen mariana al templo como a un posible retorno espiritual.

Entre la sorpresa y la contemplación

La escultura ha suscitado reacciones diversas. Muchos visitantes relatan que, al verla por primera vez, creen encontrarse ante una persona real. El realismo de la piel, la postura y la mirada genera una intensa sensación de presencia.

Algunos perciben en esta María una cercanía inédita: no una figura lejana e idealizada, sino una mujer de hoy, accesible y humana. Otros destacan que su presencia invita al silencio y al recogimiento, en parte porque aparece casi de manera inesperada en el recorrido de la catedral.

No faltan, sin embargo, quienes experimentan cierta incomodidad. El estilo rompe con la expectativa de un arte religioso claramente reconocible como “sagrado”. Y en un contexto luterano, donde la devoción mariana fue históricamente minimizada, la presencia de esta imagen plantea interrogantes.

Precisamente por eso, muchos ven en la escultura un puente entre tradiciones cristianas —católica, ortodoxa y luterana—, un recordatorio de una herencia común anterior a las divisiones.

Un símbolo con múltiples lecturas

Más allá de su dimensión artística, la obra invita a una reflexión teológica. La ausencia de símbolos tradicionales plantea una pregunta de fondo: ¿la santidad debe manifestarse de manera visible, o puede descubrirse en lo cotidiano?

El “regreso” al que alude el título puede interpretarse en varios niveles. Por un lado, como recuperación de la dimensión materna y acogedora dentro de la vida eclesial. Por otro, como redescubrimiento de lo encarnado: de un Dios que se hace presente en lo humano, en lo sencillo, en lo cotidiano.

En este sentido, la figura remite a la María del 福音, aquella que “guardaba todas las cosas en su corazón”: una presencia discreta, silenciosa, pero profundamente transformadora.

La luz y la naturaleza: María en Linköping

Otro ejemplo significativo de esta renovada presencia mariana se encuentra en la Catedral de Linköping, donde una vidriera contemporánea ofrece una interpretación profundamente original.

Ubicada en la capilla de María (Mariakapellet), esta obra fue inaugurada en 1998 y es creación de la artista Lisa Bauer, con grabado de Lars Börnesson. No se trata de una vidriera pintada en sentido clásico, sino de un gran grabado sobre vidrio, considerado uno de los mayores de su tipo.

En el centro aparece el rostro de María, coronado por rosas silvestres. Pero lo más llamativo es su manto, formado por una compleja composición de plantas y flores —hasta noventa especies— vinculadas a la tradición popular sueca: flores con nombres marianos, plantas asociadas a leyendas sobre la Virgen, símbolos de pureza, vida y protección.

El resultado es una especie de “cosmos mariano”, donde la naturaleza entera parece reflejar su figura.

Una teología expresada en imágenes

La vidriera ofrece una lectura teológica rica, aunque expresada con lenguaje contemporáneo. El manto de flores evoca a María como la “nueva Eva”: la creación reconciliada, la tierra fecunda que acoge a Cristo.

Al mismo tiempo, la obra integra a María en el paisaje cultural y natural del norte de Europa, acercándola a la sensibilidad local.

Como toda vidriera, su percepción cambia con la luz. A veces apenas se distingue; en otros momentos, emerge con fuerza. Esta variabilidad sugiere una dimensión espiritual: María no se impone, sino que se deja descubrir en la contemplación.

¿Un signo de los tiempos?

La reaparición de María en estos contextos no implica necesariamente un retorno a formas tradicionales de devoción. Más bien parece señalar algo más profundo: una búsqueda de sentido, de cercanía, de encarnación.

En sociedades marcadas por la secularización, la figura de María —humana, cercana, silenciosa— puede convertirse en un punto de encuentro. No tanto como objeto de debate, sino como presencia que invita a detenerse, a mirar, a preguntarse.

Tal vez, en ese redescubrimiento discreto, se encuentre una clave para comprender el actual renacer espiritual en Europa: un retorno que no siempre comienza con grandes afirmaciones, sino con signos humildes… como el de una mujer que vuelve, silenciosamente, a ocupar su lugar.

作者安德烈斯·贝尔纳

福音传播

Anderson Monsalve y la fe sin filtros 

Anderson Monsalve promueve una evangelización digital basada en la autenticidad y el humor, demostrando que la fe se vive desde la cotidianidad y la alegría del encuentro personal con Dios.

胡安·卡洛斯·瓦斯科内斯·16 de 5 月 de 2026·阅读时间: 3 分钟

En un mundo digital saturado de rostros perfectamente editados y mensajes prefabricados, Anderson Monsalve ha encontrado un nicho que pocos se atreven a explorar con honestidad: el de la fe con sentido del humor. 

Este joven, que se define a sí mismo ante todo como “un hijo de Dios que tiene la bendición de estar casado con la mujer más maravillosa del mundo”, está rompiendo esquemas en las redes sociales. A las puertas de estrenar su papel más importante —el de padre de una niña que viene en camino—, Anderson demuestra que la evangelización en el siglo XXI no requiere de un púlpito sino de una conexión real y cercana. 

La infancia de Anderson fue un auténtico laboratorio ecuménico. Su madre era católica por cultura; su padre, Testigo de Jehová, y sus amigos del barrio, evangélicos pentecostales. Este entorno, lejos de confundirlo, le dio una sensibilidad especial para entender las distintas formas en que el ser humano busca lo trascendente. 

Sin embargo, el punto de inflexión llegó en su juventud. No fue un sesudo tratado de Teología lo que lo cautivó, sino una experiencia de comunidad. Durante una “Pascua Juvenil” organizada por la Renovación Carismática Católica, “fue la primera vez que me sentí realmente amado por Él”, confiesa Anderson al recordar aquel encuentro. Ese impacto emocional no se quedó en un sentimiento pasajero; se transformó en un motor de vida: “Salí de ese encuentro con una decisión clara: querer agradar a Dios y buscar hacer su voluntad”. 

Evangelizar a través del humor 

Hoy, esa voluntad se traduce en una presencia en las plataformas digitales. Anderson es un convencido de que la Iglesia debe hablar el lenguaje de la gente de hoy. Por eso, junto a su esposa Cindy, ha lanzado un pódcast donde la naturalidad es la norma. No pretenden dar lecciones magistrales, sino compartir la vida. “En este espacio hablamos de temas de la Iglesia desde nuestra experiencia personal”, explica. 

Su objetivo es la fidelidad al Magisterio, pero con un ingrediente que considera indispensable, “ese toque de humor que tanto nos caracteriza”. Su espiritualidad se nutre de lo cotidiano. No tiene un método infalible, pero sí una actitud: la gratitud. “Busco encontrarme con Él en lo cotidiano: en la oración personal y comunitaria, rezando el Rosario, orando frente al Santísimo Sacramento o incluso en el silencio de mi cuarto”, 他说道。. 

Uno de los momentos más potentes de su testimonio es cuando habla del perdón, un tema que suele sonar a teoría hasta que la vida te pone a prueba. Anderson recuerda el día en que comprendió que el amor de Dios no era solo una idea bonita, sino una fuerza transformadora. “Comprender que Dios me ama tanto que lo dio todo por perdonarme cambió mi forma de ver mi vida”, relata con emoción. 

Pero el reto no terminó ahí. La verdadera madurez espiritual llegó cuando entendió que ese perdón recibido debía fluir hacia los demás. “Fue aún más impactante entender que yo también estaba llamado a perdonar a los demás como Jesús lo hizo conmigo. Ese momento rompió mi corazón de piedra y me llevó a perdonar a la persona que más me había lastimado”. Este testimonio de reconciliación es, quizá, la “red” más grande que Anderson ha lanzado en el mar digital. 

Un legado de autenticidad 

Anderson Monsalve tiene claro qué quiere dejar tras de sí. En un tiempo donde muchos jóvenes asocian la religión con la rigidez o el aburrimiento, él se levanta como un testigo de lo contrario. 

Su mensaje es una invitación a la libertad de ser quienes somos ante Dios. “Me gustaría que las personas entiendan que vivir la fe y acercarse a Jesús nunca significa renunciar a la alegría, al humor o a las experiencias de felicidad”, 他保证道。. 

Su filosofía de vida es un soplo de aire fresco para quienes sienten que no “encajan” en los moldes tradicionales: “Seguir a Jesús implica renunciar al pecado, pero no a nuestra personalidad. Cada uno de nosotros es único, y Dios nos ha creado de manera especial”. 

Con esa convicción, Anderson sigue navegando las redes sociales, recordándonos que se puede ser fiel a la Iglesia siendo, al mismo tiempo, la versión más alegre y auténtica de uno mismo.

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教廷

La «Rerum Novarum» y la defensa de la clase trabajadora

Hoy, hace 135 años se publicó la "Rerum Novarum", un grito que clamaba justicia y que todavía es muy necesario en muchos contextos hoy día.

OSV / Omnes·15 de 5 月 de 2026·阅读时间: 6 分钟

Por David Werning, OSV News

Imagínese trabajar en una fábrica donde, al final de cada semana, el dueño coloca un arreglo floral en la máquina más productiva, en lugar del trabajador. Esto sucedió en Francia durante la Revolución Industrial, y es una anécdota impactante que explica por qué el Papa León XIII consideró necesario defender a la clase trabajadora en su encíclica «Rerum Novarum», publicada el 15 de mayo de 1891.

Durante la mayor parte del siglo XIX, el mundo siguió experimentando grandes cambios sociales, a raíz de las diversas revoluciones que derrocaron regímenes antiguos e incluso despojaron al papado de sus propiedades fuera del Vaticano. El Papa León XIII contextualiza la encíclica «新事物» («De las cosas nuevas») en su párrafo inicial: «Los elementos del conflicto que ahora azota son inconfundibles: la vasta expansión de las actividades industriales y los maravillosos descubrimientos científicos; las relaciones transformadas entre patrón y obrero; las enormes fortunas de unos pocos individuos y la absoluta pobreza de las masas».

El impacto de la industria

El Papa León XIII percibió una amenaza para la clase trabajadora. La revolución industrial transformó la forma en que las personas trabajaban y mantenían a sus familias. Los «maravillosos descubrimientos de la ciencia» dieron como resultado máquinas que producían bienes con mayor eficiencia que los trabajadores, y estas máquinas enriquecieron a sus dueños.

La clase trabajadora, acostumbrada a ganarse la vida con oficios y artesanías, se vio obligada a intercambiar su trabajo por un salario. Mientras que los artesanos contaban con gremios que protegían sus intereses, los obreros no tenían a nadie que los defendiera.

El Papa lamenta que «los trabajadores hayan sido entregados, aislados e indefensos, a la crueldad de los empresarios y a la codicia de la competencia desenfrenada… de modo que un pequeño grupo de hombres muy ricos haya podido imponer a las masas de trabajadores pobres un yugo poco mejor que el de la esclavitud misma».

Propiedad privada y dignidad

Consciente de la situación, el Papa León XIII ilumina la difícil situación de la clase trabajadora con la luz de las Escrituras y la tradición y, basándose en sus reflexiones, ofrece un remedio en «Rerum Novarum». Además de nombrar el remedio, el Papa indica dónde debe encontrarse y cómo debe aplicarse, teniendo debidamente en cuenta «los derechos relativos y los deberes mutuos de ricos y pobres, de capital y de trabajo».

El Papa León XIV ha destacado este documento, considerado por muchos la primera encíclica social, como parte de la inspiración para la elección de su nombre papal.

En esencia, «Rerum Novarum» exhorta a todos a honrar la dignidad que Dios ha otorgado a cada persona, tanto a ricos como a pobres, erradicando la avaricia y fomentando la propiedad privada para todos. Sin embargo, quienes viven en la pobreza merecen especial atención en sus esfuerzos por ganarse la vida, ya que son más vulnerables a la opresión.

El Papa afirma que el remedio para aliviar la situación de las masas debe ser la inviolabilidad de la propiedad privada, un principio arraigado en las Escrituras, que condena la codicia de la propiedad ajena. Además, la ley natural de Dios obliga al hombre a preservar su vida y la de su familia, sin descuidar el bien común. La propiedad privada le permite cumplir con estas obligaciones. En efecto, mediante el don de la razón, cultiva su porción de tierra (o destina su salario) para sus necesidades inmediatas y futuras. Por lo tanto, el hombre tiene el derecho inherente —antes de cualquier consideración del Estado— a adquirir los recursos necesarios para vivir, lo cual le permite la adquisición de la propiedad privada.

Cooperación frente a conflicto

El Papa señala entonces que el derecho a la propiedad privada debe alcanzarse mediante la cooperación entre los miembros de la sociedad. La Iglesia, los gobernantes, los empresarios, los ricos e incluso los propios trabajadores deben participar en el esfuerzo por promover los intereses de la clase trabajadora.

El objetivo no es una utopía ni una sociedad donde todo sea común, como argumentaban algunos detractores del Papa en aquel entonces. Al contrario, existen diferencias reales entre los hombres (por no hablar de la realidad del pecado y el mal). Algunos ganan más dinero que otros. Las personas tienen diversos talentos. Sin embargo, estas diferencias no tienen por qué generar hostilidad entre las clases sociales.

Tampoco significa que una persona deba vivir en la opulencia y otra en la pobreza. Como señala el Papa León XIII, «el capital no puede existir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital». Ambos pueden y deben colaborar por el bien común, según lo determine la justicia. Incluso podría decirse que Dios permite las diferencias precisamente para que las personas aprendan a vivir en comunidad.

El bien común se alcanza cuando cada persona y cada grupo atiende no solo a sus derechos, sino también a sus deberes; en otras palabras, cuando viven una vida virtuosa. La Iglesia contribuye a este esfuerzo formando a los hombres en la práctica de la virtud, que está «igualmente al alcance de todos, de ricos y pobres».

Desde la perspectiva de la eternidad, la posición social no ofrece ninguna ventaja. Dios ama a cada persona por igual. Sin embargo, la forma en que uno vive y utiliza sus dones estará sujeta al juicio divino. La encíclica presenta una lista de deberes tanto para trabajadores como para empleadores que respeta la dignidad de los demás y defiende las obligaciones de justicia. En última instancia, cada persona está llamada al amor fraterno, a seguir el camino de Jesús.

El papel de las instituciones

La encíclica «Rerum Novarum» ofrece diversas aplicaciones prácticas que respetan el derecho a la propiedad privada y promueven el bien común. La clase trabajadora provee los bienes que contribuyen al aumento de la riqueza del Estado. Los empleadores virtuosos buscan no solo el beneficio económico, sino también el bienestar de sus empleados y de la sociedad. La Iglesia crea organizaciones (como Caridades Católicas ) para cuidar y defender a los menos afortunados. Y el Estado tiene el deber primordial de «lograr el bienestar público y la prosperidad privada», considerando los intereses de todos —por igual— como superiores e inferiores.

Según la encíclica «Rerum Novarum», una forma ejemplar en que el Estado apoya a la clase trabajadora es fomentando y protegiendo las organizaciones y sindicatos que reúnen a empleadores y trabajadores. Estos sindicatos tienen la ventaja de permitir que ambas partes celebren acuerdos mutuos que protejan sus derechos y promuevan el cumplimiento de sus obligaciones. El Estado debe intervenir cuando sea necesario remediar un mal o eliminar algún perjuicio, asegurándose de que su intervención no exceda el alcance de la solución.

Retos del mundo actual

El Papa León XIII concluye que cuando los miembros de la sociedad trabajan juntos por el bien común, fundamentados en la virtud y la justicia, de manera que incluso el trabajador puede mantenerse a sí mismo y a su familia cómodamente mediante la adquisición de propiedad privada (tierra, salario), se obtienen excelentes resultados: se cerrará la brecha entre la gran riqueza y la pobreza extrema, todos los hombres serán más productivos en sus labores y los ciudadanos permanecerán en su propio país en lugar de intentar encontrar una vida digna en otro lugar.

Tras exponer el remedio, dónde encontrarlo y cómo aplicarlo, el Papa llama a todos a la acción: «Cada uno debe poner su mano en la obra que le corresponde, y hacerlo de inmediato, para que el mal, que ya es tan grande, no se vuelva, por la demora, absolutamente irremediable».

Pocos discutirían que no hay solución posible en lo que respecta a la distribución de la propiedad (ingresos, riqueza) y el poder en nuestro mundo. Los esfuerzos por aliviar la pobreza y erradicar la codicia y la tiranía nunca han cesado. Sin embargo, pocos discreparían en que aún existen injusticias reales que corregir y desafíos que afrontar.

Por ejemplo, vivimos en una sociedad que tolera que cada uno de los 15 principales gestores de fondos de inversión gane más de 840 millones de dólares al año, mientras que los maestros de primaria necesitan dos sueldos para tener una vivienda digna. La mayoría de los ciudadanos estadounidenses simplemente dan por sentado que el sistema económico favorece injustamente a los políticos, las grandes corporaciones y los ricos. Mientras tanto, quizás como reacción a tales injusticias, tenemos una generación emergente que defiende ideas marxistas como el rechazo a la propiedad privada y la moral cristiana. Claramente, tenemos mucho trabajo por hacer en materia de justicia y amor.

El método de Ver-Juzgar-Actuar

La encíclica «Rerum Novarum» sigue vigente a pesar de haber sido publicada hace 131 años y nos ofrece una forma de responder a las injusticias de nuestro tiempo. Al redactarla, el Papa León XIII empleó un método teológico que aprendió estudiando a Santo Tomás de Aquino. Este método consta de tres pasos: percibir la realidad de los tiempos, juzgar lo que se ve a la luz de la revelación divina (la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición) y actuar según la conclusión alcanzada mediante el discernimiento orante.

El cardenal belga Joseph Cardijn (1882-1967), discípulo y admirador del Papa León XIII, desarrolló el método papal para que los grupos obreros, especialmente los jóvenes trabajadores, se involucraran con la sociedad en los temas importantes de su tiempo. Incluso el Papa San Juan Pablo II, cien años después de «Rerum Novarum», recomendó en «Centesimus Annus» el método de Ver-Juzgar-Actuar «como un paradigma perdurable para la Iglesia», una herramienta para intervenir en «situaciones humanas específicas, tanto individuales como comunitarias, nacionales e internacionales».

De esta forma, la Iglesia cumple su deber como «ciudadana» de contribuir al bien común y mantener al mundo centrado en el plan de salvación de Dios. Es un deber que compartimos todos.

作者OSV / Omnes

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La necesaria autocrítica

El Nuevo Testamento nos llama constantemente a la autocrítica: a no mirar la paja en el ojo ajeno sin fijarnos antes en la viga en el propio

15 de 5 月 de 2026·阅读时间: 3 分钟

«Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio». La frase atribuida a Einstein explica la polarización actual. Para muchos, cambiar su forma de pensar, abrirse a que otros puedan llevar más razón que uno es poco menos que una traición. Hay quien se ama a sí mismo más que a la verdad.

Cada vez es más difícil el diálogo, la confrontación de ideas. Nos aferramos a nuestras razones de forma irracional. Somos de tal o cual forma de pensar como se es de tal o cual equipo de fútbol; no por convencimiento, no por adhesión, sino por mociones del corazón. Nos dejamos llevar por los sentimientos de forma que somos fácilmente manipulables por una sociedad dominada por las redes sociales en donde el impacto emocional es primordial.

Nadie puede dar un argumento sólido para sostener una idea en uno de los miles de vídeos de 20 segundos que alimentan nuestro consumo digital, pero sí que se pueden dar muchos miles de impactos emocionales por esta vía. Lo más seguro, además, es que dichos impactos vayan en el mismo sentido hacia el que hayamos mostrado preferencia con anterioridad. 

Si tenemos miedo a una invasión migratoria, nos saldrán noticias y vídeos sobre los peligros de la inmigración; si, por el contrario, pensamos que las personas tienen derecho a migrar y a buscar nuevas oportunidades en otro país, nos saldrán solo ejemplos de gente estupenda que ayuda a construir la sociedad en la que se establecen.

Si somos creyentes, nuestro feed se llenará de predicadores varios e 影响者 cristianos que nos harán creer que lo más lógico es vivir poniendo a Dios en el centro; pero si no lo somos, solo nos llegarán vídeos de los males cometidos por las religiones e intentos de demostración de que Dios es una invención. 

De esta manera, no es la persona la que analiza la realidad y actúa en consecuencia, sino que construye una realidad a su medida según su criterio preestablecido. Los psicólogos lo llaman “sesgo de confirmación” que no es otra cosa que la tendencia humana a buscar, interpretar y recordar información de una forma que confirme lo que ya creemos, mientras ignoramos o minimizamos la información que nos contradice.

Este sesgo es bien conocido y aprovechado por los creadores de los algoritmos que deciden lo que nos «sale» en el móvil para lograr tenernos el mayor tiempo posible enganchados. Nos adulan, haciéndonos creer que tenemos razón, pero lo que no sabemos es que al que piensa lo contrario se lo dicen igual. Y así, regodeándonos en nuestra propia forma de pensar, vamos despreciando cada vez más al prójimo que cada vez nos resulta más lejano, más extraño, más peligroso incluso.

Encerrados en una burbuja de autorreferencialidad, considerando enemigo a todo quisqui, nos terminaremos ahogando por falta de oxígeno, como Narciso, cada uno en su estanque.

El Nuevo Testamento nos llama constantemente a la autocrítica: a no mirar la paja en el ojo ajeno sin fijarnos antes en la viga en el propio; a examinarnos a nosotros mismos para ver si nos mantenemos en la fe; a no decir que no tenemos fallos, porque nos engañamos y a no hacer nada por egoísmo o vanidad; sino más bien, con humildad, considerando a los demás como superiores a uno mismo.

En el Concilio, la Iglesia reconoció «que le han sido de mucho provecho y le pueden ser todavía de provecho la oposición y aun la persecución de sus contrarios». Así que también hoy, quienes piensan distinto, vienen en nuestra ayuda porque la verdad, como Dios, siempre es más.

En su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (el próximo domingo, 17 de mayo) el Papa denuncia que las redes sociales, «encerrando grupos de personas en burbujas de fácil consenso y fácil indignación debilitan la capacidad de escucha y de pensamiento crítico y aumentan la polarización social» y anima a los católicos a «aportar nuestra contribución para que las personas, especialmente los jóvenes, adquieran la capacidad de pensar críticamente y crezcan en la libertad del espíritu».

Hay que educarse, por tanto, para ser críticos con los medios escuchando de vez en cuando otra emisora o entrando en otro portal; para ser críticos con lo que las redes nos muestran siguiendo también cuentas de quienes piensan distinto; para ser críticos con quienes siempre nos dan la razón, porque algo quieren, y sobre todo para ser autocríticos, para lo que nos hará falta mucha, pero que mucha humildad. Por algo Santa Teresa definía esta virtud como «andar en verdad». ¿No buscamos eso, la verdad? Pues ahí la tenemos.

作者安东尼奥·莫雷诺

记者。拥有传播学学位和宗教学学士学位。在马拉加教区媒体办公室工作。他在推特上发布的许多关于信仰和日常生活的帖子都非常受欢迎。.

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世界

Voluntarios Médicos en África: corazón sí, pero más razón y conocimiento

La Fundación Amigos de Monkole ha organizado, en colaboración con la Clínica Universidad de Navarra, las III Jornadas de Voluntariado Médico en África, el lunes 25 de mayo. El consultor Tomás López-Peña sugiere: “adelante con el corazón, pero hay que meter razón y conocimiento”.

弗朗西斯科·奥塔门迪·15 de 5 月 de 2026·阅读时间: 3 分钟

Coincidiendo con el Día de África, la 蒙科尔基金会之友 ha organizado, en colaboración con la Clínica Universidad de Navarra, las III Jornadas de Voluntariado Médico en África, en las que prestigiosos profesionales de la Sanidad analizarán el presente y futuro del voluntariado médico en el continente africano. 

La jornada tendrá lugar el lunes 25 de mayo a las 14:30 h. en el salón de actos de la Clínica Universidad de Navarra en Madrid, y contará con la participación de prestigiosos profesionales que han trabajado como voluntarios en diversos países africanos.

De varias especialidades

La conferencia inaugural será impartida por D. Tomás López-Peña, Consultor Independiente sobre Salud Global y Desarrollo Humano. En la mesa redonda posterior participará el Dr. Fernando Pereira, Profesor de Cirugía en la Universidad Rey Juan Carlos y Jefe del Servicio de Cirugía del Hospital Universitario de Fuenlabrada, ambos en Madrid.

Otra de las participantes es Ruth Agnoli, odontóloga, que combina su labor como docente internacional y profesora de Odontología en la Universidad Alfonso X el Sabio con el cargo de Responsable de Voluntariado y Cooperación al desarrollo del Grupo Uax y Fundación UAX. 

Intervendrán también Mónica Gutiérrez, especialista en Ginecología y Obstetricia en la Clínica Universidad de Navarra en Madrid, y el Dr. Iván Carabaño Aguado, médico especialista en Pediatría en el Hospital Univ. 12 de Octubre.

Cortesía de @Fundación Amigos de Monkole.

Tomás López-Peña: “voluntariado profesionalizado, bien formado”

“Mi participación en estas III Jornadas de Voluntariado Médico en África surgió a raíz de una intervención mía en la Universidad Alfonso X el Sabio, con motivo del Día de África”, explica a Omnes el consultor Tomás López-Peña. Me invitaron a hacer una ponencia, y me referí a la importancia de un voluntariado profesionalizado, bien formado”.

Pienso que mi conferencia en esas Jornadas va a ir en esta línea, añade: “fenomenal, adelante con el voluntariado, es decir, adelante con el corazón, pero después hay que meter razón y conocimiento. Hablaré, en consecuencia, sobre qué tipo de conocimiento es necesario que adquieran los voluntarios que deseen participar en este tipo de proyectos”.

Tomás López-Peña ha estado 13 años al frente del Departamento de Cooperación Científica y Técnica Internacional del Instituto Nacional de Investigación Sanitaria Carlos III (ISCIII), dedicado íntegramente a potenciar la colaboración en materia de investigación sanitaria con instituciones de investigación de países de ingresos bajos y medios.

“He trabajado en Kenya, Somalia, Tanzania, Mozambique, Angola…”

Le preguntamos en qué materias debe un voluntario médico profundizar, y el consultor explica su trayectoria. 

“Soy médico de familia, hice el MIR cuanto terminé la carrera, fui a trabajar a un centro de salud, y pronto me di cuenta de que había gente que necesitaba conocimiento. Estuve trabajando inicialmente con Médicos sin Fronteras, y luego he seguido en diferentes puestos y proyectos. He estado trabajando en varios países africanos como Kenya, luego en Somalia, Tanzania, Mozambique, Angola…, sobre todo en temas de acción humanitaria o lo que podríamos llamar ayuda de emergencia”.

A su juicio, “desde todas las especialidades se puede aportar, en medicina de familia, etcétera. Lo importante, pienso, es que sea desde la ética, la ética médica, humanitaria, es en el campo de la ética donde tenemos que mejorar”, señala.

Las III Jornadas de Voluntariado Médico en África, que organiza la 蒙科尔基金会之友, tendrán lugar en la Clínica Universidad de Navarra en Madrid (C. del Marquesado de Sta. Marta, 1, San Blas-Canillejas, 28027 Madrid), el día 25 de mayo.

作者弗朗西斯科·奥塔门迪

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佩德罗·巴列斯特·阿雷纳斯封圣案已启动。

La diócesis de Salford anuncia la apertura de la causa de beatificación y canonización de Pedro Ballester Arenas.

帕洛玛·洛佩兹·坎波斯·14 de 5 月 de 2026·阅读时间: 2 分钟

这 diócesis de Salford, en Inglaterra, anuncia la apertura de  la Causa de Beatificación y Canonización de Pedro Ballester Arenas, un 年轻的 numerario del Opus Dei que falleció por un cáncer en 2018.

Desde el 13 de enero de ese año, son muchas las personas que han destacado la santidad de Pedrito y acudido a su intercesión obteniendo favores. Por ello, la diócesis ha aceptado la apertura de la Causa solicitada por el postulador Paul Hayward.

Según la diócesis, este evento “supone un paso importante en el reconocimiento de la vida y el testimonio de un joven cuyo ejemplo de fe, especialmente ante el sufrimiento, sigue resonando hoy en día en muchas personas”.

Para avanzar con la Causa, el tribunal de la diócesis solicita que la gente comparta información sobre Pedro y su vida, que aporten documentos personales suyos o cualquier otro tipo de material adicional relevante. El correo habilitado para ello es tribunal@dioceseofsalford.org.uk

Pedrito y su ejemplo para los jóvenes de hoy

A Pedro le diagnosticaron un osteosarcoma en primero de carrera, cuando estudiaba Ingeniería Química en el Imperial College de Londres. Sin embargo, no quiso detenerse, sino que aceptó el cáncer como una circunstancia más en su vida y reafirmó el “sí” que le había dicho a Cristo unos años antes, cuando pidió la admisión al Opus Dei como numerario.

A partir de ese momento, Pedrito se esforzó por ofrecer los dolores de su 疾病 y cuidar de sus amigos y familiares, poniendo siempre a los demás primero. Se aseguró de que la enfermedad no fuera lo principal en su vida y continuó al servicio de sus seres queridos y de la Obra hasta que, el 13 de enero de 2018, falleció mientras a su alrededor rezaban la Salve.

Desde su muerte los favores son innumerables. Conversiones, problemas que se arreglan, ofertas de trabajo que se materializan, etc. Su fama de santidad se extiende cada vez más y así lo quiere comprobar la diócesis de Salford para lograr la canonización de Pedro Ballester Arenas.

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主业会历史

Cuatro catedráticos ofrecen una valoración rigurosa y exhaustiva de la historiografía del Opus Dei con motivo de su centenario (1928-2028). El resultado es una lección magistral sobre el quehacer histórico y la interpretación de datos e instituciones, tanto en el ámbito civil como eclesiástico.

何塞·卡洛斯·马丁·德拉霍兹·14 de 5 月 de 2026·阅读时间: 3 分钟

Con motivo del centenario del Opus Dei, cuatro catedráticos de la universidad española de reconocido prestigio, coordinados por el subdirector del Instituto Histórico San Josemaría de Roma, Federico Requena, nos ofrecen una valoración de la historiografía del Opus Dei. La cuestión es tan importante que, gracias a los cuatro extensos trabajos aportados, el lector tiene la convicción de haber asistido a una auténtica lección magistral de Historia con mayúscula, del quehacer histórico y de la interpretación de los datos e instituciones, tanto en la sociedad civil como eclesiástica.

Es comentario unánime entre las personas ajenas al ámbito de la historia que los lectores cultos aprecian de este volumen haber aprendido mucho acerca de las ideas religiosas, políticas y culturales de la España de los siglos XX y XXI.

Es lógico que la historia reciente tarde en desvelarse con suficiente claridad ante los ojos de los historiadores, pues todavía son escasos los archivos abiertos disponibles y abundan, en cambio, los libros de memorias, siempre profundamente subjetivos, como lo eran en la antigüedad las crónicas de los reyes.

El «gran relato» construido con mala intención

El primer trabajo, de Jaume Aurell, analiza cómo el «gran relato del Opus Dei» fue construido con muy mala intención por determinados eclesiásticos y políticos al término de la guerra civil, cuando se dirimían las posiciones de dominio en los ámbitos político y eclesiástico, en ese extraño maridaje entre el trono y el altar que tanto daño causó a un país que aspiraba a reconstruirse y a tomar el pulso de la democracia europea.

El trabajo de este catedrático catalán reviste especial importancia porque desvela con hondura y claridad un problema que tardará en resolverse en la conciencia de nuestra ciudadanía. Sembrado desde los años cuarenta, el equívoco fue ahondado desde los primeros tiempos de la Transición por los mismos grupos de poder que se metamorfosearon y se mantuvieron tanto en la esfera civil como en la eclesiástica. Los fieles y los políticos que pertenecieron al Opus Dei nunca actuaron como grupo organizado.

La comparación con el «gran relato del siglo XIX», que durante años distorsionó la imagen del gobierno de Carlos III y la aparición del primer liberalismo en las Cortes de Cádiz de 1812, acaba de encontrar respuesta en la reciente biografía de Jovellanos, publicada dentro de la colección de españoles eminentes que dirigen Javier Gomá, Juan Pablo Fusi y Ricardo García Cárcel.

La recepción en los manuales de historia

El extraordinario y paciente trabajo de Pablo Pérez, catedrático de Historia de la Universidad de Valladolid actualmente en la Universidad de Navarra, se detiene en el estudio de la recepción del Opus Dei en los manuales de historia civil y en los grandes estudios realizados en España y en otros países. Su lectura permite aprender aspectos relevantes de la historiografía española desde el siglo XX hasta nuestros días, así como de otros países de Europa, Estados Unidos y Canadá.

Especial interés reviste el repaso al viraje de grandes historiadores como Santos Juliá en su obra monumental sobre la Transición política española. La publicación de documentos serios y la apertura de archivos le llevaron, al final de su vida, a ofrecer sobre el Opus Dei una versión mucho más rigurosa y documentada que la que otros muchos no han querido o no han podido elaborar.

El Opus Dei en la Historia de la Iglesia

El trabajo de Santiago Casas, profesor ordinario de Historia de la Iglesia en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, estudia la presencia del Opus Dei en los manuales de Historia de la Iglesia, especialmente en los más recientes. Estos son, ciertamente, mucho menos numerosos que los del ámbito civil, también fuera de España y de Europa.

En este apartado se aprecia con claridad la falta de estudios sobre la figura teológica y jurídica del Opus Dei fuera de la propia institución. Se prevé que, una vez profundizada la recepción del Concilio Vaticano II y el fenómeno de la contestación en los archivos sobre el pontificado de Pío XII, podrá conocerse mejor la actuación de las instituciones de la Iglesia en ese periodo y en la etapa más reciente.

Las fuentes originales, clave para el historiador

El último de los trabajos del volumen corresponde a Julio Montero, catedrático de Historia de la Comunicación, quien se centra en estudiar la bibliografía sobre la historia del Opus Dei a la que recurren los autores de la primera historia institucional de la Obra.

Este apartado puede parecer de escaso interés para el lector general, pero resulta capital para el historiador, pues le ofrece la posibilidad de descubrir las fuentes originales en las que se sustentan esas historias y de utilizarlas para profundizar en el conocimiento del Opus Dei: sus fines, sus problemas, sus dificultades y sus aciertos en el mundo entero, así como el contexto en que todo ello sucedió.

Con sentido del humor, el profesor Montero acerca al lector contemporáneo al verdadero Opus Dei histórico y ayuda a entender mejor la institución, incluso a quienes ya son fieles de la Prelatura, gracias al conocimiento de los contextos y los problemas del tiempo que nos ha tocado vivir. El propio autor resume con precisión el alcance de su trabajo: el público principalmente interesado en las publicaciones sobre el Opus Dei es el que conforman sus miembros y las personas cercanas a sus actividades apostólicas.


Historia del Opus Dei. Cien años de vida a través de su historiografía

作者: Federico M. Requena (ed),
社论: 午餐
年: 2026
页数: 328
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