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El Papa cierra su segundo día en París celebrando la vida donde antes hubo muerte

León XIV anima a Francia a renovar sus raíces cristianas en una misa multitudinaria en la plaza de la Concordia, donde la antigua guillotina dio paso a una celebración de la vida y la comunión.

冈萨洛·梅萨·26 de 9 月 de 2026·阅读时间: 4 分钟
León XIV Lourdes

©OSV News/Simone Risoluti, Vatican Media

París vivió una jornada histórica en el segundo día de visita del Papa León XIV a la capital francesa, que tuvo su punto culminante en la misa multitudinaria en la plaza de la Concordia. En un lugar donde hubo muerte, hoy se celebró la vida y la comunión.

Por la mañana, el Papa acudió a la Casa Bakhita, un centro de la arquidiócesis de París que acoge y acompaña a refugiados y personas exiliadas. Ahí escuchó el testimonio de refugiados que recibieron apoyo de la institución. El Papa les dijo: «Nadie es tan pobre que no tenga nada que dar; nadie es tan rico que no tenga nada que recibir».

Luego se dirigió al Instituto Católico de París (ICP) para encontrarse con miembros de la Asamblea Sinodal Provincial y con catecúmenos y neófitos. Antes de esta reunión acudió a la iglesia de Saint-Joseph-des-Carmes, dentro del ICP, para rezar ante el Santísimo. Más adelante saludó a miembros de la comunidad universitaria y luego salió para realizar «el recorrido de los mártires», un camino que recuerda a los sacerdotes y obispos asesinados en ese lugar el 2 de septiembre de 1792, durante las masacres de septiembre de la Revolución Francesa y que fueron beatificados en 1926. El Papa se detuvo a rezar unos momentos ante el lugar donde fueron asesinados.

León XIV, maravillado por los nuevos bautizados

Ya en su reunión con miembros de la Asamblea Sinodal Provincial, el Papa se dijo maravillado por el número de jóvenes adultos que en los últimos años se han acercado a la fe en Francia por decisión propia: «Como ustedes y junto con ustedes, estoy maravillado por el número de personas que hoy se acercan al umbral de la fe y los numerosos adultos que piden recibir los sacramentos de la iniciación cristiana». Es un fenómeno que ha sorprendido a la Iglesia en Francia y al propio Papa. En la última Pascua se bautizaron cerca de veintiún mil adultos y adolescentes. «Su experiencia y su testimonio, queridos catecúmenos y neófitos, son un signo tangible de la obra de la gracia de Dios, que supera los análisis estadísticos y sociológicos», les dijo. Pero advirtió que ese asombro no debe llevar a una satisfacción ingenua. Pidió una Iglesia «en estado de iniciación», que acoja a los recién llegados con cercanía, compasión y ternura y que los acompañe también después del bautismo para evitar el vacío que muchos experimentan.

La plaza de la Concordia celebra la vida

El último acto en París fue una misa multitudinaria en la plaza de la Concordia que, según los organizadores, congregó a 800 mil personas a lo largo de unos tres kilómetros, desde la plaza de la Concordia por los Campos Elíseos hasta el Arco del Triunfo. Antes de la misa, el Papa recorrió la avenida en papamóvil, saludando a los fieles y a los bebés y niños que le acercaban. Eran franceses venidos de todo el país solo para esta ceremonia histórica.

Concelebraron con el Papa cerca de cien obispos y participaron unos dos mil cuatrocientos sacerdotes y diáconos. El lugar de la misa fue muy significativo: la plaza de la Concordia, donde antes estuvo la guillotina y fueron ejecutadas más de mil personas durante la Revolución, entre ellas el rey Luis XVI y la reina María Antonieta, fue hoy escenario de una celebración de la vida y la comunión. La guillotina revolucionaria acabó también con la vida de dieciséis carmelitas de Compiègne, ejecutadas en 1794 en la actual plaza de la Nación y canonizadas por el papa Francisco en 2024.

«Son la Iglesia de hoy»

En su homilía, el Papa dijo que Cristo es la fuente de agua viva que sacia la sed más profunda del ser humano, que no es una sed material, sino «una sed de sentido, de verdad y de plenitud». Advirtió sobre los pequeños ídolos que «prometen la luna y las estrellas, pero dejan vacío nuestro corazón» y recordó que para Dios nadie es un número, sino «una persona única e insustituible». Invitó a los franceses a construir una nación renovada a partir de sus raíces de fe y dijo a los jóvenes: «son la Iglesia de hoy».

León XIV pide por Francia ante la Virgen de Lourdes

Al finalizar, el Papa se dirigió al aeropuerto de Orly para volar a Lourdes, segunda etapa de su viaje apostólico. Llegó a las siete de la tarde. Tras el aterrizaje se dirigió al puente que fue rebautizado con su nombre; ahí saludó al alcalde y firmó el libro de honor, para finalmente dirigirse a la gruta de las apariciones de Massabielle y hacer lo que hace todo peregrino que acude a Lourdes: rezar en silencio, tocar la roca, beber del agua del manantial y encender un cirio. Después rezó una oración a la Virgen en la que pidió por Francia, por el fin de la violencia y por la paz:

«Te rogamos, Señora nuestra, por Francia, de la que eres Patrona y a la que durante tantos siglos has rodeado con tu protección. Obtén para su pueblo el don de la concordia fraterna. Que construya una sociedad armoniosa, libre de toda violencia y de todo odio, en la que cada persona pueda trabajar, formar una familia y vivir su vida hasta el final con tranquilidad y serenidad. Que los más desfavorecidos y los pobres encuentren siempre apoyo. Obtén para Francia gobernantes sabios y generosos, dispuestos al sacrificio de sí mismos, capaces de afrontar los desafíos y decididos a servir al bien común. Que conserven al país en paz en el concierto de las naciones. Que hagan oír su voz en defensa de los derechos humanos fundamentales y de la paz en el mundo, rechazando para siempre las lógicas de la guerra».

Al final, depositó la Rosa de Oro a los pies de la imagen de la Virgen.

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