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Los peligros del macartismo

Ningún fin justifica medios injustos, y el caso McCarthy recuerda los peligros de sacrificar la justicia en nombre de la seguridad.

Santiago Leyra Curiá·19 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos
Macartismo

Joseph McCarthy y Roy Cohn ©Wikimedia Commons

El término macartismo se refiere a acusaciones de deslealtad, comunismo, subversión o traición a la patria en las que no se tiene el debido respeto a un proceso legal justo donde se consideren los derechos humanos del acusado.

Tiene su origen en un episodio de la historia de Estados Unidos que se desarrolló entre 1950 y 1956, durante el cual el senador republicano Joseph McCarthy (1908-1957) desencadenó un proceso de declaraciones, acusaciones infundadas, denuncias, interrogatorios, procesos irregulares y listas negras contra personas sospechosas de ser comunistas. Los sectores que se opusieron a los métodos irregulares e indiscriminados de McCarthy denunciaron el proceso como una «caza de brujas», episodio que quedó descrito, entre otros, en la obra Las brujas de Salem (1953), del dramaturgo Arthur Miller.

Qué es el macartismo

Por extensión, el término se aplica a veces de forma genérica a aquellas situaciones donde se acusa a un gobierno conservador de perseguir a los oponentes políticos o no respetar los derechos civiles en nombre de la seguridad nacional.

Joseph Raymond McCarthy fue el quinto hijo de una familia numerosa católica formada por su padre, Timothy McCarthy (nacido de padre irlandés y madre alemana), su madre, Bridget Tierney (irlandesa de County Tipperary, en la provincia de Munster), y siete niños. Joseph nació en una granja de Grand Chute, Wisconsin, cerca de la ciudad de Appleton. Tuvo que dejar los estudios a los catorce años para ayudar a su familia en el campo. Cuando pudo reanudar las clases en la preparatoria (High School) consiguió, gracias a su natural inteligencia, graduarse en sólo un año, a los 21 años.

Estudió primero ingeniería, sin acabar la carrera, y posteriormente estudió Derecho en la Universidad Católica (dirigida por los Jesuitas) de Marquette, Milkwakee, hasta terminar la carrera en 1935, y ser admitido el mismo año para poder ejercer la abogacía.

En 1936, trabajando para un bufete de Shawano (Wisconsin), se presentó por el Partido Demócrata para el puesto de Fiscal de Distrito pero perdió las elecciones. En 1939 se presentó para la elección del puesto de juez del 10th District Circuit (juzgado de Segunda Instancia o de Apelación) y resultó elegido, encontrando en su nuevo puesto un considerable retraso de casos, que se esforzó por solucionar en ocasiones con maneras poco ortodoxas.

Según el Premio Pulitzer David M. Oshinsky (A Conspiracy So Immense: The World of Joe McCarthy) el juez McCarthy redondeaba sus ingresos mediante su afición al juego, lo que se explica, al menos en parte, por las difíciles condiciones económicas de la América que pugnaba por salir de la Depresión.

En 1942, y pese a que su oficio le convertía en exento del Servicio Militar, McCarthy se alistó como voluntario en el Cuerpo de Marines de los EE. UU. Posteriormente declararía que eligió este cuerpo por considerarlo el destino que mejor podría ayudarle en una carrera política que ya había decidido realizar. Gracias a su posición como juez experimentado, automáticamente obtuvo los galones de oficial —segundo teniente, equivalente a alférez— tras el período de instrucción. Sirvió como oficial de información en un escuadrón de bombarderos en las islas Solomon y Bouganville (Solomon), y se licenció con el grado de capitán. Se ha demostrado que posteriormente McCarthy mintió repetidamente sobre su carrera militar.

El legado de McCarthy

Posteriormente fue senador estadounidense representante del estado de Wisconsin desde 1947 a 1957. Durante sus diez años en el Senado, McCarthy y su equipo se hicieron famosos por perseguir personas en el gobierno de los Estados Unidos y otros sospechosos de ser agentes soviéticos o simpatizantes del comunismo infiltrados en la administración pública o el ejército.

Dado a la bebida, el senador McCarthy no calculó sus fuerzas al tratar de investigar a las fuerzas armadas en 1953. Ese mismo año, en calidad de presidente del Subcomité de Investigaciones del Senado, McCarthy continuó con sus denuncias de la actividad e influencia comunista —que llegaron a afectar al presidente Eisenhower— y en abril de 1954 acusó al secretario (ministro) de Defensa de encubrir actividades de espionaje extranjeras. El presidente republicano Dwight D. Eisenhower decidió actuar en su contra. La conciencia de que esta «caza de brujas» ponía en peligro la esencia de la democracia llevó además a los líderes de su propio partido a permitir que prosperara una moción de censura contra él en 1954.

Ese mismo año, McCarthy perdió el poco prestigio que le quedaba al ser retransmitida por televisión la audiencia del senado contra oficiales del ejército por su presunta actividad comunista. Su estilo demagógico y brutal quedó al descubierto. Continuó otros dos años en sus tareas de senador, pero sus colegas lo evitaban, y lo sucedido pesó como una losa en su ánimo y en su salud. Sus biógrafos señalan que, tras la reprobación, ya nunca fue el mismo; hospitalizado en el Hospital Naval de Bethesda por problemas de alcoholismo crónico, murió a los 48 años víctima de cirrosis y hepatitis.

Existe un antiguo principio ético que afirma que el fin no justifica los medios. Nunca se deben emplear métodos injustos para lograr supuestos fines buenos. Ni siquiera en la política o en la empresa, bajo la excusa de que es un mundo muy difícil y donde todos los emplean. Puede que utilizar medios inmorales (mentir, tratar mal a las personas, ejercer un estilo de gobierno bonapartista) parezca rentable a corto plazo, pero a la larga siempre sale mal y el daño que se hace es muy superior al supuesto bien perseguido. El caso McCarthy no debería ser olvidado.

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