Vaticano

15 ideas sobre la restricción de derechos humanos y libertades que denuncia el Papa

En un denso discurso ante el Cuerpo Diplomático, que sintetizamos en 15 puntos, el Papa León XIV ha denunciado hoy el “cortocircuito de derechos humanos” en el mundo, contra las libertades de expresión, de conciencia, religiosa, y la persecución y discriminación de los cristianos. Y ha rechazado con firmeza el “llamado derecho al aborto seguro”, la subrogación y la eutanasia, para defender la familia.

Francisco Otamendi·9 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos
El Papa durante el consistorio de Cardenales en enero de 2026-

El Papa León XIV celebra Misa en la Basílica de San Pedro en el Vaticano el 8 de enero de 2026, durante el consistorio con cardenales de todo el mundo. (Fote OSV News/Simone Risoluti, Vatican Media).

La restricción y “cortocircuito” de derechos humanos en el mundo, la lesión de libertades fundamentales, en especial la de expresión y la libertad religiosa, con la objeción de conciencia, la defensa de la vida humana y de la familia, con el rechazo del “llamado derecho al aborto seguro”, de la maternidad subrogada y de la eutanasia, han sido aspectos nucleares del amplio Discurso del Papa León XIV ante el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Sante Sede, que se resumen aquí.

Diplomacia basada en la fuerza

Junto a ello, el Pontífice ha denunciado que “la diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso entre todas las partes está siendo sustituida por una diplomacia basada en la fuerza, ya sea por parte de individuos o de grupos de aliados”. 

“La guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende”, ha señalado al principio de su discurso. “Se ha roto el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas”. 

“La paz sigue siendo un bien difícil, pero posible”

A juicio del Papa, “la paz ya no se busca como un regalo y como un bien deseable en sí mismo (..). En cambio, se busca mediante las armas como condición para afirmar el propio dominio. Esto compromete gravemente el estado de derecho, que es la base de toda convivencia civil pacífica”, y ha reivindicado la importancia de respetar el “derecho internacional humanitario”.

Sin embargo, tras analizar alqunos de los conflictos más conocidos que sacuden el mundo, como el de Ucrania, Israel y Palestina en Oriente Medio, Haití, la región africana de los Grandes Lagos, Myanmar, o Venezuela, el Papa ha concluido señalando que “a pesar de la trágica situación que tenemos ante nuestros ojos, la paz sigue siendo un bien difícil, pero posible”.

Como nos recuerda san Agustín, ha subrayado, “nuestros supremos bienes consisten en la paz, porque es el objetivo mismo de la ciudad de Dios, a la que aspiramos, incluso inconscientemente, y de la que podemos disfrutar un anticipo incluso en la ciudad terrenal”.

Venezuela: buscar soluciones políticas pacíficas

Al referirse a Venezuela, León XIV ha renovado su “vehemente llamamiento para que se busquen soluciones políticas pacíficas a la situación actual, teniendo presente el bien común de los pueblos y no la defensa de intereses partidistas. Esto es especialmente válido para Venezuela tras los recientes acontecimientos”. 

Renuevo mi llamamiento, ha dicho, “para que se respete la voluntad del pueblo venezolano y se trabaje por la protección de los derechos humanos y civiles de todos y por la construcción de un futuro de estabilidad y concordia, encontrando inspiración en el ejemplo de dos de sus hijos, a quienes tuve la alegría de canonizar el pasado mes de octubre, José Gregorio Hernández y la hermana Carmen Rendiles”. 

De este modo, “se podrá construir una sociedad fundada en la justicia, la verdad, la libertad y la fraternidad, y así salir de la grave crisis que aflige al país desde hace muchos años”. 

El tráfico de drogas, lacra para la humanidad

“Entre las causas de esta crisis se encuentra, sin duda, el tráfico de drogas, que es una lacra para la humanidad y requiere el compromiso conjunto de todos los países para erradicarlo y evitar que millones de jóvenes de todo el mundo se conviertan en víctimas del consumo de drogas”, ha manifestado el Papa. 

“Junto a estos esfuerzos, debe haber una mayor inversión en desarrollo humano, educación y creación de oportunidades de empleo para personas que, en muchos casos, se ven envueltas en el mundo de las drogas sin saberlo”. 

Otros ejes centrales de su discurso: derechos fundamentales y libertades

Como se ha mencionado, la crítica profunda a las amenazas a los derechos humanos, y la defensa de derechos fundamentales como la libertad religiosa y la vida han sido ejes centrales de su discurso. 

“Estamos asistiendo a un auténtico “cortocircuito” de los derechos humanos”, ha diagnosticado el Papa. “El derecho a la libertad de expresión, la libertad de conciencia, la libertad religiosa e incluso el derecho a la vida están siendo restringidos en nombre de otros pretendidos nuevos derechos, con el resultado de que el propio marco de los derechos humanos está perdiendo su vitalidad y dejando espacio para la fuerza y la opresión. Esto ocurre cuando cada derecho se vuelve autorreferencial y, especialmente, cuando se desconecta de la realidad, la naturaleza y la verdad”.

La objeción de conciencia no es rebelión

En su reflexión ante el Cuerpo Diplomático, el Papa ha criticado con dureza la restricción de derechos humanos fundamentales, “empezando por la libertad de conciencia. En este sentido, la objeción de conciencia permite a las personas rechazar obligaciones legales o profesionales que entran en conflicto con principios morales, éticos o religiosos profundamente arraigados en sus vidas personales”. 

La objeción de conciencia no es rebelión, sino un acto de fidelidad a uno mismo, ha dicho. “En este momento de la historia, la libertad de conciencia parece ser cada vez más cuestionada por los Estados, incluso por aquellos que dicen basarse en la democracia y los derechos humanos”. 

Una sociedad verdaderamente libre no impone la uniformidad, sino que protege la diversidad de conciencias, previniendo las tendencias autoritarias y promoviendo un diálogo ético que enriquece el tejido social, ha subrayado.

Libertad religiosa restringida: una petición a las naciones

De manera similar, la libertad religiosa corre el riesgo de verse restringida, ha manifestado más adelante. Como recordó Benedicto XVI, este es “el primero de todos los derechos humanos, porque expresa la realidad más fundamental de la persona”.

Los datos más recientes muestran que las violaciones de la libertad religiosa están aumentando y que el 64 % de la población mundial sufre graves violaciones de este derecho. “Al solicitar que se respeten plenamente la libertad religiosa y el culto de los cristianos, la Santa Sede pide lo mismo para todas las demás comunidades religiosas”. 

En este apartado, el Papa no ha querido pasar por alto que “la persecución de los cristianos sigue siendo una de las crisis de derechos humanos más extendidas en la actualidad, que afecta a más de 380 millones de creyentes en todo el mundo”.

Discriminación de los cristianos

Al mismo tiempo, el Papa no ha olvidado “una forma sutil de discriminación religiosa contra los cristianos, que se está extendiendo incluso en países donde son mayoría, como en Europa o América. 

Allí, a veces se les restringe su capacidad de proclamar las verdades del Evangelio por razones políticas o ideológicas, especialmente cuando defienden la dignidad de los más débiles, los no nacidos, los refugiados y los migrantes, o promueven la familia”. 

Defensa de la familia 

Una parte importante del discurso del Papa se ha centrado en la familia. Desde una perspectiva cristiana, los seres humanos han sido creados a imagen y semejanza de Dios, quien, “al llamarlos a la existencia por amor, los ha llamado al mismo tiempo al amor”, ha recordado, citando a san Juan Pablo II. 

“Esta vocación se manifiesta de manera privilegiada y única dentro de la familia. Es en este contexto donde aprendemos a amar y desarrollamos la capacidad de servir a la vida, contribuyendo así al desarrollo de la sociedad y a la misión de la Iglesia. A pesar de su importancia, la institución de la familia se enfrenta hoy en día a dos retos cruciales”, ha señalado el Santo Padre.

Se subestima su papel social fundamental

Por un lado, existe una preocupante tendencia en el sistema internacional a descuidar y subestimar su papel social fundamental, lo que conduce a su progresiva marginación institucional. Por otro lado, no podemos ignorar la creciente y dolorosa realidad de las familias frágiles, rotas y que sufren, afectadas por dificultades internas y fenómenos inquietantes, como la violencia doméstica.

La vocación al amor y a la vida, que se manifiesta de manera importante en la unión exclusiva e indisoluble entre una mujer y un hombre, implica, según el Papa León XIV, “un imperativo ético fundamental para que las familias puedan acoger y cuidar plenamente la vida por nacer. Esto es cada vez más una prioridad, especialmente en aquellos países que están experimentando un dramático descenso de la natalidad”. 

“La vida, un don inestimable” 

“La vida, de hecho, es un don inestimable que se desarrolla dentro de una relación comprometida basada en la entrega mutua y el servicio. A la luz de esta profunda visión de la vida como un don que hay que apreciar, y de la familia como su guardiana responsable”, “rechazamos categóricamente cualquier práctica que niegue o explote el origen de la vida y su desarrollo”, ha dicho el Papa.

“Entre ellas se encuentra el aborto, que interrumpe una vida en crecimiento y rechaza acoger el don de la vida. En este sentido, la Santa Sede expresa su profunda preocupación por los proyectos destinados a financiar la movilidad transfronteriza con el fin de acceder al llamado “derecho al aborto seguro”. 

Asimismo, “considera deplorable que se asignen recursos públicos para suprimir la vida, en lugar de invertirlos en apoyar a las madres y las familias. El objetivo principal debe seguir siendo la protección de todos los niños no nacidos y el apoyo efectivo y concreto a todas las mujeres para que puedan acoger la vida”.

Subrogación: se viola la dignidad de ambos

De manera similar, existe la práctica de la subrogación. “Al convertir la gestación en un servicio negociable, se viola la dignidad de ambos, tanto del niño, que queda reducido a un “producto”, como de la madre, al explotar su cuerpo y el proceso generativo y alterar la vocación relacional original de la familia”. 

Eutanasia: falsa compasión

Consideraciones similares se aplican también a los enfermos y a las personas mayores y solas, que a veces tienen dificultades para encontrar una razón para seguir viviendo. “La sociedad civil y los Estados también tienen la responsabilidad de responder de manera concreta a las situaciones de vulnerabilidad, ofreciendo soluciones al sufrimiento humano, como los cuidados paliativos, y promoviendo políticas de auténtica solidaridad, en lugar de fomentar formas falsas de compasión como la eutanasia”. 

Una reflexión análoga puede aplicarse a tantos jóvenes que se enfrentan a numerosas dificultades, entre ellas la adicción a las drogas. Se necesita un esfuerzo conjunto de todos para erradicar esta lacra de la humanidad y el narcotráfico que la alimenta, ha reiterado el Papa, con el fin de evitar que millones de jóvenes en todo el mundo sean víctimas del consumo de drogas.

Reafirmar la tutela del derecho a la vida

Como conclusión, León XIV ha dicho: “Es necesario reafirmar con fuerza que la tutela del derecho a la vida constituye el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano. Una sociedad sólo está sana y desarrollada cuando protege la sacralidad de la vida humana y se esfuerza activamente por promoverla”. 

Apoyar signos de esperanza para la paz

Tras recordar signos de esperanza valiente en nuestro tiempo para la paz (Acuerdos de Dayton que pusieron fin a la sangrienta guerra en Bosnia y Herzegovina, o la declaración conjunta de paz entre Armenia y Azerbaiyán), y la necesidad de apoyarlos constantemente, el Papa ha recordado la celebración en octubre del octavo centenario de la muerte de san Francisco de Asís, «un hombre de paz y diálogo, reconocido universalmente incluso por quienes no pertenecen a la Iglesia católica». 

“Un corazón humilde y artesano de paz es lo que deseo para cada uno de nosotros y para todos los habitantes de nuestros países al comienzo de este nuevo año”, ha concluido.

El autorFrancisco Otamendi

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