León XIV ha dedicado la Audiencia de esta mañana a profundizar y comentar la Constitución dogmática Dei Verbum del Concilio Vaticano II., sobre la divina revelación. En su catequesis, ha afirmado que “el documento conciliar nos recuerda un punto fundamental de la fe cristiana: Jesucristo transforma radicalmente las relaciones del ser humano con Dios. Nuestro vínculo con Él consiste en una relación dialógica de amistad, cuya única condición es el amor”.
Enseguida, el Papa ha recordado que este texto “nos recuerda también esto: Dios nos habla. (…) Dios se nos revela como Aliado que nos invita a la amistad con Él”.
Desde esta perspectiva, la primera actitud que hemos de cultivar es la escucha, ha proseguido el Santo Padre, “para que la Palabra divina pueda penetrar en nuestras mentes y en nuestros corazones. Al mismo tiempo, estamos llamados a hablar con Dios, no para comunicarle lo que Él ya sabe, sino para revelarnos a nosotros mismos”.
Necesidad de la oración
De ahí “la necesidad de la oración, en la que estamos llamados a vivir y a cultivar la amistad con el Señor. Esto se realiza, primeramente, en la oración litúrgica y comunitaria, en la que no somos nosotros quienes decidimos qué escuchar de la Palabra de Dios, sino que es Él mismo quien nos habla por medio de la Iglesia”.
Además, se cumple en “la oración personal, que tiene lugar en el interior del corazón y de la mente. Durante la jornada y la semana del cristiano no puede faltar el tiempo dedicado a la oración, a la meditación y a la reflexión. Solo cuando hablamos con Dios podemos también hablar de Él”.
Si Jesús nos llama a ser sus amigos, ha invitado León XIV en la Audiencia, “intentemos no desoír su llamada. Acojámosla, cuidemos esta relación, y descubriremos que la amistad con Dios es nuestra salvación”.
San Agustín: la gracia puede hacernos amigos de Dios
Al comentar este pasaje del cuarto Evangelio (“Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos”), “san Agustín insiste en la perspectiva de la gracia, que es la única que puede hacernos amigos de Dios en su Hijo” (Comentario al Evangelio de Juan, Homilía 86), ha añadido el Papa. “Nosotros no somos iguales a Dios, pero Dios mismo nos hace semejantes a Él en su Hijo”.
“Con la venida del Hijo en la carne humana, la Alianza se abre a su fin último: en Jesús, Dios nos hace hijos y nos llama a hacernos semejantes a Él a pesar de nuestra frágil humanidad. Nuestra semejanza con Dios, entonces, no se alcanza mediante la transgresión y el pecado, como sugirió la serpiente a Eva (cfr. Gen 3,5), sino en la relación con el Hijo hecho hombre”.
En el silencio e intimidad del corazón
En su saludo a los romanos y peregrinos, el Papa ha animado “a cultivar la amistad con el Señor, que es fuente de gozo y salvación, dedicando momentos serenos de oración y meditación de la Palabra, para escucharlo y hablar con Él en el silencio y la intimidad del corazón. Que Dios los bendiga. Muchas gracias”.



