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Pobre como Cristo, rico en alegría: san Francisco de Asís

El Año Jubilar de san Francisco convocado para 2026 invita a redescubrir la pobreza evangélica, la identificación con Cristo y la alegría profunda que brota de una vida vivida en paz.

José Carlos Martín de la Hoz·30 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos
san francisco de asís

©CNS/Pablo Esparza

Hace unos días recibíamos la agradable noticia de que el santo Padre León XIV había convocado para este año 2026 un año jubilar dedicado a san Francisco, que durará desde el 10 de enero de 2026, hasta el 10 de enero de 2027. Ojalá que al final de este tiempo nos conceda el regalo de una encíclica o documento apostólico sobre la enseñanza del santo de Asís tan querido por todo el pueblo cristiano. 

La pobreza franciscana

El santo Padre con ese año dedicado a san Francisco desea recordar sencillamente el octavo centenario de la muerte del “Poverello”, como denominan en Italia a uno de sus santos más venerados y queridos y visitados en Asís donde se guardan sus restos y también ahora los de Carlo Acutis.

Precisamente, en el decreto publicado el 16 de enero por la Penitenciaria apostólica se recuerdan las ilusiones del santo Padre expresadas en unas palabras muy sintéticas, pero muy precisas, que “cada fiel cristiano, siguiendo el ejemplo del Santo de Asís, se convierta en modelo de santidad de vida y testigo constante de paz”.

Finalmente, en ese decreto se recuerda que para lucrar la indulgencia plenaria basta con visitar cualquier lugar relacionado con san Francisco o la familia franciscana, finalmente el decreto recuerda las condiciones generales que han de observarse para lucrar la indulgencia “con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), aplicable también en forma de sufragio por las almas del Purgatorio”.

Precisamente, en el trabajo de Giogio Agamben, al que nos vamos a referir seguidamente, se tratará exhaustivamente de la relación entre la primitiva regla franciscana y el derecho, y en esas páginas descubriremos el alto concepto de la pobreza para san Francisco y para los grandes autores de la espiritualidad cristiana. Precisamente, en el siglo XXI con las grandes desigualdades entre el Norte y el Sur y dentro de los propios países occidentales, es muy importante que apliquemos las enseñanzas de la pobreza a la vida de los cristianos de toda clase y condición en ese año jubilar dedicado a san Francisco de Asís.

Identificación con Cristo

De muy diversas maneras nuestro autor, Giogio Agamben, tratará del concepto “Altísima pobreza”, puesto que el total desprendimiento de los bienes de la tierra es una de las características más esenciales de san Francisco. Esa “Altísima pobreza” tiene mucho que ver con la vida de Jesús narrada con toda naturalidad en los Evangelios y en el Nuevo Testamento.

El desprendimiento y, a la vez, la libertad en el uso de los bienes materiales tan necesarios para poder vivir y desarrollar la intensa actividad de la vida oculta y pública de Jesús, marcará la pobreza de los primeros cristianos.

Señora pobreza “Dama del corazón”, la denominaba san Francisco, y con esas palabras, tomadas en toda su dignidad y categoría está tratando una cuestión tan delicada, pues, como explicará Giorgio Agamben muchos sabios teólogos y canonistas se enzarzaron duramente tras la muerte de san Francisco para discutir sobre la regla y el derecho, sobre el uso y la propiedad de los bienes materiales (119).

Esas grandes diatribas, vistas ahora con la perspectiva del tiempo, pueden parecernos discusiones bizantinas o debates de escuela sin el mayor interés. Pero la lectura de aquellas apasionadas quoadlibetales nos está hablando de la radicalidad de la santidad de la vida cristiana (162). 

Ciertamente, se trata de una cuestión que afecta de lleno al corazón: “Ubi thesaurus cor” (Mt 6,21) “Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón”. En ese sentido, la solución la dio el propio san Francisco cuando afirmaba que amar e imitar a Jesucristo era la regla básica del cristiano, la regla de vida de todo aquel que desee amar e imitar a Jesucristo es identificarse plenamente con Él (152).

La alegría y la paz como esencia del carisma franciscano

Inmediatamente, hemos de recordar que, como afirmaba muchas veces el venerado cardenal Carlos Amigo Vallejo, Arzobispo de Sevilla, franciscano desde sus tiempos de de la universidad de Valladolid, la esencia de los franciscanos no era la pobreza sino la alegría. En efecto, lo más importante que aprenderemos de este año jubilar de san Francisco era su profunda alegría, su buen humor y su optimismo, frutos de un inmenso amor a Dios y a las almas.

Siempre recordaré la anécdota que me contó fray Carlos Amigo Vallejo en una de nuestras largas conversaciones. Refería cómo en una de las primeras reuniones de los franciscanos a las afueras de Peruggia, en el césped, estaban unos trescientos llegados de todos los lugares donde estaban establecidos. Estaban en silencio y oración cuando san Francisco se levantó y exclamó: “Grandes promesas hemos hecho a Dios”. Al cabo de un rato volvió a levantarse: “Más grandes aún son las promesas que Dios nos ha hecho a nosotros”. Finalmente volvió a hablar por tercera y última vez, antes de bendecirles y despedirles a todos: “¡Seamos fieles a nuestras promesas y Él será fiel a las suyas!”.

Siempre se suele afirmar que la alegría es la resultante, la consecuencia de tener la paz en el corazón fruto de estar viviendo la oración, el padrenuestro, que Jesús nos enseñó: “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”. Si procuramos pensar en lo que Jesus y los demás puedan necesitar de nosotros y nos aprestamos a dárselo descubriremos que lo primero que necesitan los demás es una sonrisa (173).

Precisamente, el santo Padre León XIV lo primero que hizo al ser elegido desde el balcón de la plaza de san Pe4dro fue recordarnos:”La paz sea con vosotros” y pedirnos que fuéramos constructores de la unidad y de la paz.

Es significativo que ese es el objetivo de este nuevo año jubilar que sucede al año jubilar de la esperanza. Recordemos las palabras de León XIV al convocar el año de san Francisco: que “cada fiel cristiano, siguiendo el ejemplo del Santo de Asís, se convierta en modelo de santidad de vida y testigo constante de paz”.

La alegría es consecuencia de sabernos hijos queridísimos de Dios como tantas veces subrayó san Josemaría desde que descubrió la confianza en Dios Padre en uno de los momentos de mayor vida mística, en un tranvía cerca de la calle Atocha de Madrid.

Altísima pobreza. Reglas monásticas y forma de vida.

Autor: Giorgio Agamben
Editorial: Adriana Hidalgo editora
Páginas: 219
Año: Buenos Aires, 2018
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