La gala de los Grammy 2026 no será recordada solo por los récords de ventas o los despliegues tecnológicos, sino por un momento de cruda honestidad espiritual. Jelly Roll, el gigante del country-rock que ha conquistado las listas de éxitos, sorprendió en el Crypto.com Arena al convertir su discurso de agradecimiento en una sentida apología de su fe.
Con una Biblia en la mano, el artista lanzó un mensaje que ha resonado más allá de la industria musical: «Creí que la música tenía el poder de cambiar mi vida y que Dios tenía el poder de cambiar mi vida», afirmó visiblemente emocionado. En un momento de máxima polarización social, Jelly Roll quiso marcar distancias con el uso ideológico de la religión, sentenciando que «Jesús es para todos. Jesús no es propiedad de un partido político».
El mensaje de redención del cantante fue especialmente potente al referirse a su pasado delictivo y sus años en prisión: «Hubo un momento en mi vida en el que todo lo que tenía era una Biblia y una radio en una celda de 2 por 2 metros. Y creí que esas dos cosas podían cambiar mi vida», recordó ante una audiencia que lo ovacionó en pie. Su cierre fue una declaración rotunda de gratitud: «Jesús es Jesús y cualquiera puede tener una relación con Él. ¡Te amo, Señor!».
¿Quién es Jelly Roll?
Detrás del rostro tatuado y la apariencia ruda de Jason Bradley DeFord (Nashville, 1984), conocido como Jelly Roll, se esconde una de las historias de superación más impactantes de la música estadounidense. Criado en un entorno de pobreza y adicciones, pasó gran parte de su juventud entrando y saliendo de la cárcel por delitos graves.
Tras años en el circuito del hip-hop underground, su salto al country le permitió canalizar su pasado a través de letras que hablan de la culpa, la adicción y, sobre todo, la esperanza. Hoy es un icono de la clase trabajadora americana, representando a aquellos que sienten que la sociedad les ha dado la espalda pero que han encontrado en la espiritualidad una tabla de salvación.
Un resurgir espiritual en las listas de éxitos
Las palabras de Jelly Roll no son un hecho aislado, sino la punta de lanza de un fenómeno que los analistas musicales han bautizado como el «nuevo resurgir cristiano» en el pop y el country.
En los últimos meses, hemos asistido a una ruptura de los muros que separaban la música contemporánea de la fe. Artistas como Brandon Lake, que anoche compartió escenario con Jelly Roll, o el fenómeno de Shaboozey y Lainey Wilson, están integrando referencias explícitas a Dios en géneros tradicionalmente seculares. A diferencia de la música cristiana de décadas pasadas, este nuevo movimiento no busca el aislamiento en emisoras religiosas, sino que compite cara a cara en las listas globales, demostrando que existe una audiencia masiva ávida de mensajes de trascendencia en tiempos de incertidumbre.




