Educación

Alfonso Aguiló: “En la educación quizá ha faltado más comunión entre carismas”

Alfonso Aguiló aborda algunos desafíos de la escuela católica en la actualidad: la necesidad de conjugar identidad cristiana con excelencia académica, la autoridad de los padres y profesores, una normativa demasiado garantista y la importancia de la financiación pública.

Javier García Herrería·8 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Entrevistamos a Alfonso Aguiló Pastrana, una de las voces más reconocidas en el ámbito educativo en España y fuera de nuestras fronteras. Ha dedicado gran parte de su vida profesional a la gestión educativa, la reflexión pedagógica y la promoción de proyectos con identidad cristiana. Ha sido director del Colegio Tajamar en Madrid y actualmente preside la Red Educativa Arenales, que agrupa a más de treinta centros en Europa, África y América, así como la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), que representa aproximadamente un tercio de la enseñanza privada y concertada del país. Además, asesora instituciones educativas en decenas de países y es autor de más de cuatrocientos artículos y una docena de libros sobre educación, sociedad y antropología.

Desde tu experiencia como gestor, ¿qué dirías que es hoy lo más difícil para conseguir ofrecer una educación verdaderamente católica?

-Es difícil hacer un diagnóstico general, porque a cada proyecto le ocurren cosas distintas. Pero, de forma global, vemos varios escenarios. Hay proyectos que van muy bien; otros, en cambio, han perdido bastante su identidad cristiana; otros la mantienen en lo pastoral, pero menos en los temas de fondo; otros al revés; y otros han perdido casi toda manifestación pública de la fe.

A eso se suma otro problema importante: hay personas con una identidad cristiana muy clara pero que no son buenos gestores. También hay buenos gestores con una identidad cristiana débil. El reto no es elegir entre una cosa u otra, sino la unidad de todos los aspectos. La visión cristiana atiende a la persona y a la escuela en su totalidad.

Si tuviera que subrayar algo hoy, diría que la escuela católica debería distinguirse especialmente por la buena formación en el uso de la razón y por el interés por todo el conocimiento. Hay problemas morales, sí, pero creo que hay problemas aún mayores relacionados con la falta de pensamiento riguroso. Si una persona aprende a pensar bien y a ser buena persona, la identidad cristiana encuentra un camino bien abonado para el crecimiento.

«Aquí hay un problema creciente: una minoría de familias muy demandantes, amparadas por una normativa demasiado garantista, está generando una cultura de desconfianza. El profesor se siente desprotegido, pierde autoridad, y eso deteriora el encuentro personal, que es lo más valioso de la educación».

Alfonso Aguiló

Has mencionado la dimensión intelectual y académica. ¿Qué otros elementos consideras esenciales para que una escuela sea verdaderamente cristiana?

-La viabilidad del proyecto es esencial. Si una familia da una educación cristiana excelente pero gestiona mal sus recursos, algo falla. Lo mismo ocurre con una escuela. La viabilidad económica y organizativa también forma parte de hacer rendir los talentos. La identidad cristiana no consiste en ser un personaje fuera de la realidad, con discursos muy elevados, pero que luego arruina los proyectos que dirige.

Yo lo relaciono mucho con la parábola de los talentos. Hemos recibido talentos y estamos llamados a hacerlos rendir: en el aspecto más estrictamente de gestión empresarial —porque un colegio también es una empresa— y en el aspecto de identidad, propósito y misión.

¿Cuál es, a su juicio, el papel clave que deben desempeñar los padres en la escuela, y qué problemas o conflictos surgen actualmente en la relación entre familia y centro educativo?

-Es fundamental lograr el protagonismo de los padres, en línea con el magisterio de la Iglesia: familia y escuela deben actuar de forma coordinada. Pero a veces se confunde ese protagonismo con el gobierno del centro.

En un buen hospital, el paciente y su familia están en el centro, pero no son quienes diagnostican, operan o gestionan. En la escuela ocurre algo parecido: la familia debe ser central en la atención educativa, no necesariamente en la gestión técnica.

Aquí hay un problema creciente: una minoría de familias muy demandantes, amparadas por una normativa demasiado garantista, está generando una cultura de desconfianza. El profesor se siente desprotegido, pierde autoridad, y eso deteriora el encuentro personal, que es lo más valioso de la educación.

No es un problema de la escuela católica o en la educación en general; ocurre también en la medicina y en otros ámbitos profesionales.

¿Crees que la normativa actual está influyendo en esta situación?

-Sí. Hay una tendencia a proteger -con toda la buena intención- los derechos del niño, pero con un efecto colateral: el profesor se siente jurídicamente demasiado vulnerable. Sin autoridad no se puede generar cultura, y sin cultura no se educa de verdad. La escuela no es solo transmisión de contenidos —eso cotiza claramente a la baja—. Lo que cotiza al alza es la comunidad humana que se crea, y esa se ve afectada por un exceso de defensividad.

Creo que es necesario revisar ciertas normativas para devolver autoridad al profesor. Sin autoridad no puede generar una cultura educativa sana. No hablo de eliminar normas, sino de ajustarlas. Todas las leyes necesitan revisión; eso es la democracia.

En muchos países parece crecer la idea de que quien quiera educación católica debería pagarla íntegramente. ¿Qué opina al respecto?

-Esa idea es profundamente equivocada. En casi todos los países del mundo existe financiación pública de la educación privada porque, tras la Segunda Guerra Mundial, se entendió que para alejarse de los horrores de los totalitarismo hay que hacer más para que la sociedad sea plural, y para ello necesita una educación plural. Y para que el acceso a ella sea plural, hay que financiarla.

Solo entre el 7 % y el 10 % de la población puede pagarse una educación privada sin apoyo público. Si no hay financiación, no hay libertad real de elección. El Estado no financia a la Iglesia: financia a las familias que quieren un proyecto educativo acorde con sus convicciones. No hacerlo sería discriminatorio. Igual que se financian partidos políticos o sindicatos -instituciones privadas que actúan en el espacio público-, es natural que existan centros educativos privados financiados con dinero público que garanticen pluralismo, libertad y democracia. Negar eso no es moderno ni democrático; es un retroceso en derechos.

«Hay una tendencia a proteger -con toda la buena intención- los derechos del niño, pero con un efecto colateral: el profesor se siente jurídicamente demasiado vulnerable».

Alfonso Aguiló

En Estados Unidos existen organizaciones que evalúan la “catolicidad” de universidades y centros educativos mediante análisis cualitativos y datos objetivos. ¿Crees que algo así ayudaría en otros países?

-Soy partidario de las métricas, porque ayudan a complementar las impresiones. Pero medir quién es “más católico” es arriesgado. Sería como hacer un ranking de quién es mejor persona.

Los criterios para “ser católico” no debería fijarlos una entidad privada, sino la Iglesia, y sinceramente no creo que tenga interés en hacerlo. Lo que sí me parece razonable es analizar elementos objetivos: presencia de sacramentos, oración, acción social, calidad como comunidad humana, cuidado de la creación, etc. Luego cada familia dará más peso a unos u otros según su sensibilidad. Esa pluralidad es muy sana en la Iglesia.

Formas parte del Consejo General de la Iglesia en la Educación de la Conferencia Episcopal Española. ¿Qué fruto esperas de ese trabajo?

-Creo que uno de los frutos más interesantes es generar una cultura de colaboración entre las instituciones. Históricamente cada carisma ha cuidado mucho lo propio, lo cual es lógico y muy positivo, pero ha faltado más comunión entre carismas. El mensaje cristiano de fraternidad debería manifestarse también en una mayor colaboración institucional dentro de la Iglesia.

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