¿Quién quiere un funeral ateo?

Llevamos un tiempo en el que el Gobierno se ha empeñado en sustituir los funerales de Estado católicos por homenajes laicos, con una liturgia que recuerda en parte a la que las religiones han creado para dar culto a Dios.

5 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos
funeral ateo

Funeral de estado en España por las víctimas del Covid en 2020. @Wikimedia commons

En 1907 Robert Hugh Benson escribió su novela más conocida, Señor del mundo. Se trata de una distopía de ficción al estilo de 1984 o de Un mundo feliz, en el que el autor se adentra con una gran intuición en el mundo que estaba viviendo. Cuando uno lee este libro no puede evitar sentir que está ante un relato profético que es una gran denuncia y una terrible advertencia sobre el futuro. Sobre nuestro presente.

En el libro se nos narra el advenimiento de un mesías laico, Julian Felsenburgh, un diplomático, un sabio, un líder carismático y poderoso que consigue traer la paz al mundo en un momento de gran tensión y que instaura una filosofía humanitarista en la política. La trama no quiero desvelarla, pero sobrecoge ver como paso a paso se van cumpliendo muchas de las predicciones realizadas por el autor. Desde la apostasía general y una secularización que deja la religión en un rincón de la vida social, hasta las leyes de la eutanasia ola creación de la Unión Europea y  el poder emergente de China. Al final solo queda la Iglesia como último reducto de una visión trascendente que Julian Felsenburgh quiere destruir.

Me ha venido al recuerdo esta sugerente novela al ver el debate que ha suscitado en estos días el funeral ateo, homenaje laico le llaman, que el Gobierno socialista de Pedro Sánchez ha querido celebrar a raíz de las víctimas del accidente de tren de Adamuz en el que han fallecido 46 personas.

En la novela el Gobierno promovido por Felsenburgh promueve unas nuevas festividades, la de la Paternidad y la Maternidad y establece el culto que los ciudadanos deben prestar. Francis, un antiguo sacerdote apóstata, se presenta en representación de un grupo de ex clérigos para organizar toda la liturgia, pues saben él y el Gobierno que los hombres necesitan de ritos y de fe, y que la liturgia cobra una especial relevancia en ello. Nadie mejor que él, antiguo sacerdote católico, lo sabe.

Llevamos un tiempo en el que el Gobierno se ha empeñado en sustituir los funerales de Estado católicos por homenajes laicos, con una liturgia que recuerda en parte a la que las religiones han creado para dar culto a Dios. Lo vimos por primera vez en la pandemia que provocó al COVID-19, lo volvimos a contemplar en el homenaje tras las inundaciones de Valencia, y han querido hacerlo también ahora, ante el terrible accidente ferroviario.

Pero esta vez las víctimas se han negado a hacerle el juego al Gobierno y finalmente el ejecutivo de Sánchez ha pospuesto su propuesta sine die. Se celebró efectivamente un funeral católico al que acudieron los reyes de España y muchas autoridades civiles. Solo falto el presidente del Gobierno… por motivos de agenda, dijeron.

Liliana Álvárez, hija de una de las víctimas, tomó la palabra al inicio del acto y fue clara al respecto: «Gracias a nuestra diócesis por este funeral, el único funeral que cabía en esta despedida, pues la única presidencia que queremos a nuestro lado es la del Dios que se ha hecho presente en el pan y el vino».

¿Por qué este empeño del Gobierno en organizar funerales en los que se deje de lado cualquier alusión a la trascendencia, a la religión, a Dios? ¿Quién quiere un funeral ateo en el momento más trágico y doloroso de la vida? «Solo Dios nos puede consolar ahora», decía una de las víctimas del accidente al inicio del funeral. 

Cuando un Gobierno decreta que hay que sustituir una ceremonia religiosa por otra atea está imponiendo su propia visión de la vida, que en este caso es la negación de Dios, y está entrando en un ámbito que no le corresponde, que es el de las conciencias y el de la religiosidad. Y lo hace sustituyendo un rito por otro, una liturgia religiosa por un rito ateo —como en la novela de Benson— porque saben que los hombres necesitamos de liturgias y de ritos. 

La excusa es una media verdad-media mentira. Según este Gobierno hay personas de distintas confesiones o sin confesión alguna y no se debería brindar un funeral de Estado en el rito de una confesión concreta. Como se ve estamos en el equívoco tantas veces manido entre Estado aconfesional y Estado ateo. Es verdad que el Estado en nuestro país no tiene ninguna religión oficial, pero debe ser un Estado que acoja y respete la vida de sus ciudadanos, muy especialmente en lo que respecta a la práctica de sus convicciones más profundas como son las religiosas. El Estado es aconfesional, sus ciudadanos tienen creencias y fe. La forma de respetar la pluralidad que hay en la sociedad no es imponer el silencio a todos, sino generar un espacio público donde cada uno puede ser él mismo en libertad.

En realidad, lo que se pretende con este tipo de homenajes sustitutivos de los funerales religiosos es ofrecer una visión del sentido de la vida materialista, sin ninguna referencia a lo espiritual ni mucho menos a la vida después de la muerte.  Pero ¿por qué el Estado ha de asumir este puesto de ofrecer el sentido de la vida y la trascendencia que le corresponde a las religiones? ¿No sería más normal que las autoridades acompañasen a las víctimas y a sus familiares en el funeral que corresponda a sus convicciones religiosas? Imaginemos que por una desgracia fatídica los que muriesen en un accidente fuesen todos musulmanes. ¿No tendría sentido que nuestros gobernantes los acompañasen en ese momento de dolor en un funeral que fuese acorde a su vivencia religiosa? 

Pero el problema es que no se trata de una cuestión de respeto a la fe de todos los ciudadanos, sino de imponer su visión atea de la realidad, en la que el Estado sustituye al propio Dios. Benedicto XVI habla de esta tentación cuando analiza cómo fue tentado Jesús en el desierto al inicio de su misión en su libro Jesús de Nazaret.

Aquí aparece claro el núcleo de toda tentación: apartar a Dios que, ante todo lo que parece más urgente en nuestra vida, pasa a ser algo secundario , o incluso superfluo y molesto. Poner orden en nuestro mundo par nosotros solos, sin Dios, contando únicamente con nuestras propias capacidades, reconocer como verdaderas solo las realidades políticas y materiales, y dejar a Dios de lado como algo ilusorio, ésta es la tentación que nos amenaza de muchas maneras.

El Estado tiene su función, sin duda. Ha de resolver y gestionar los problemas concretos de la vida de los ciudadanos, entre ellos el mantenimiento de unas correctas infraestructuras. Pero nunca debe rebasar los límites que le lleven a invadir ámbitos de la vida de la conciencia de las personas. Esa pretensión es peligrosa y lleva, tarde o temprano, al totalitarismo, más o menos encubierto.

Las víctimas del accidente de Adamuz así lo han entendido y se lo han hecho llegar con dignidad y coraje al Gobierno. Ya les digo yo que el pospuesto funeral de Estado irá para largo y no se celebrará. Porque en definitiva también en este tipo de actos, para ellos cuenta más el cálculo político que mostrar cercanía a las víctimas. El presidente del Gobierno no estuvo en el funeral católico porque temía los abucheos a la entrada o salida y solo convocará un acto de cualquier tipo si tiene algún rédito político o puede ir introduciendo su particular y personal visión de la vida.

Las víctimas de Adamuz han dado un ejemplo de dignidad y de fe. Cuando escuché las palabras de Liliana Álvarez en el funeral me emocioné y lloré. Y comprendí, con orgullo, que la fe en Dios llena de luz hasta los momentos más oscuros de nuestra vida. Que ningún Estado ni Gobierno puede ofrecernos el consuelo que Dios nos da en la hora de la muerte.

El autorJavier Segura

Delegado de enseñanzas en la Diócesis de Getafe desde el curso 2010-2011, ha ejercido con anterioridad este servicio en el Arzobispado de Pamplona y Tudela, durante siete años (2003-2009). En la actualidad compagina esta labor con su dedicación a la pastoral juvenil dirigiendo la Asociación Pública de Fieles 'Milicia de Santa María' y la asociación educativa 'VEN Y VERÁS. EDUCACIÓN', de la que es Presidente.

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