Evangelización

Arregui, un pastor con visión de eternidad y pies en la tierra

Algunos pastores dejan huella no solo por lo que hicieron, sino por cómo vivieron su entrega. Mons. Antonio Arregui fue uno de ellos: una vida de servicio al Ecuador durante más de seis décadas, con alma de místico y determinación de “agente 007” de Dios.

Juan Carlos Vasconez·9 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos
Arregui

Hace más de 30 años, cuando apenas era un estudiante, un profesor me dijo algo que nunca olvidé: «Conozco a un obispo que parece un superagente«. Al conocerle personalmente poco después de graduarme, entendí que no era una exageración. Don Antonio Arregui poseía esa rara y admirable mezcla de profundidad mística y una eficacia práctica asombrosa. Siempre pensé en el como el agente 007.

Su entrega no se improvisó; tenía raíces profundas. Pidió la admisión en el Opus Dei en 1957 y, tras su ordenación sacerdotal en 1964, llegó al Ecuador en 1965 para no marcharse más. Fue aquí donde su vocación de servicio se fraguó en momentos de una densidad espiritual sorprendente. Estuvo 62 años sirviendo al país.

En 1974, vivió la paradoja de la fe al recibir a San Josemaría en Ecuador: la inmensa dicha del encuentro frente al peso del dolor por la salud del Fundador. Fueron días donde la alegría de tener a nuestro Padre se mezcló con la vigilia constante, pues el mal de altura golpeó con fuerza su cuerpo ya cansado. Fue una gran enseñanza de como servir en la fragilidad.

Contenido del artículo
Don Antonio acompañando a San Josemaría en su llegada a Quito junto con el Beato Alvaro

Esa misma fidelidad la vimos cuando sucedió a Mons. Juan Larrea como Vicario del Opus Dei en Ecuador, y más tarde al seguir sus huellas como Obispo de Ibarra y Arzobispo de Guayaquil. A pesar de las dificultades —que nunca faltaron— jamás perdió la sonrisa ni dejó de extender su mano para ofrecer un detalle, una palabra o un consuelo a quien lo necesitara.

Siguió los pasos de Mons. Juan Larrea Holguín

Don Antonio fue un constructor en el sentido más amplio de la palabra. Gracias a su visión y a su estrecha relación con la Iglesia Alemana y diversas fundaciones internacionales, gestionó los recursos necesarios para levantar numerosos templos y financiar proyectos emblemáticos como el mejoramiento de la Catedral de Guayaquil. Pero su legado fue mucho más allá de la piedra: impulsó con fuerza la gestión del Banco de Alimentos Diakonía, la red de dispensarios de salud Redima y fortaleció la red educativa de colegios católicos, convencido de que la caridad, la salud y la educación son los pilares donde se asienta la dignidad humana.

Fue, sin duda, el gran paladín de la causa provida en nuestro país. Con una inteligencia sutil y una perseverancia incansable, se dedicó a formar líderes y a defender la verdad sobre el matrimonio y la familia. A su prudencia y buenas artes le debemos, en gran medida, que nuestra Constitución mantenga una esencia provida. Recuerdo como me insistió para que le dedique tiempo a sacar algo en ese ámbito, que gracias a Dios se consolidaron algunos proyectos.

Contenido del artículo
En 2008 con el movimiento provida

Ante las dificultades, nunca se dejó ganar por el desánimo; seguía trabajando en silencio, con la paz de quien sabe que está haciendo la voluntad de Dios, para revertir la cultura del descarte.

Hombre intachable a quien no se le puede comprometer en ningún escándalo.

Más allá de sus grandes logros de gestión, prefiero recordarlo como el caballero que fue. Fui testigo en estos últimos años de su entrega pastoral. Atendía las actividades programadas con esmero, pocas veces debíamos reemplazarle.

Guardo con especial afecto el recuerdo de su agudeza y su fino sentido del humor, plasmados en esas cartas ingeniosas y llenas de cariño que escribía personalmente para festejar a los cumpleañeros en las celebraciones. En esos pequeños detalles se veía al hombre que sabía amar en lo concreto.

Doy gracias a Dios por su vida y porque Mons. Antonio Arregui fue un reflejo vivo de la promesa del profeta Jeremías que se recoge en Jer 3:15: “Entonces les daré pastores según mi corazón, que los guiarán con conocimiento y entendimiento”.

¡Gracias por tanto, Don Antonio! Descanse en la paz del Señor e interceda por nosotros, el agente 007.

Newsletter La Brújula Déjanos tu mail y recibe todas las semanas la actualidad curada con una mirada católica