Vocaciones

Cardenal Bustillo: “ Los sacerdotes tienen que cuidar la salud y la alegría”

El cardenal franciscano, obispo de Ajaccio, ha conversado con Omnes sobre los retos de los sacerdotes en el mundo de hoy tras su participación en "Convivium".

Maria José Atienza·12 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El Cardenal Francisco Javier Bustillo, OFM Conv., es obispo de Ajaccio en Córcega, una diócesis que, actualmente, cuenta con unos 280.000 fieles, atendidos por unos 80 sacerdotes.

Monseñor Bustillo fue el ponente de la primera jornada de Convivium, la asamblea presbiteral convocada por la Archidiócesis de Madrid, que reunió durante dos días a los sacerdotes de la diócesis para reflexionar sobre su identidad y misión en el contexto actual. 

En este contexto, Omnes pudo entrevistar al cardenal franco – español sobre la identidad sacerdotal, el cuidado de la vocación y la necesidad de cuidar a quienes se acercan a la fe.

En una sociedad tan compleja, marcada por cambios. ¿Cuáles son los retos de los sacerdotes hoy?

–El sacerdote tiene que acordarse que fue ungido por el Espíritu Santo y tiene que despertar la creatividad, la audacia, para poder dar al mundo lo mejor que tiene. El Evangelio dice “vosotros sois la sal de la tierra, la luz del mundo”. Creo que nuestra sociedad necesita encontrar el gusto de la vida y en esas fases de la vida donde vemos muchas páginas bastante sombrías, necesita encontrar la luz y el ánimo.

El Card. Bustillo habla a los sacerdotes de Madrid

¿Cómo desarrollar una vida sacerdotal exigente pero sin terminar “quemado”? 

–Cuando hablo, sobre todo en Francia, a los sacerdotes, les digo que hay un binomio que tenemos que cuidar con mucho esmero: la salud y la alegría. Si un sacerdote, en su ministerio, -que, efectivamente es exigente y nos van a pedir muchas cosas-, pierde la alegría o pierde la salud, pierde el ánimo y pierde la eficiencia también en su misión.

El sacerdote del siglo XXI, y en una ciudad como Madrid, tiene que cuidar, con mucho esmero, la salud y la alegría, sino se pierden. Ha de trabajar su vida interior y su humanidad. Si trabajas tu humanidad y tu vida interior, vas más lejos.

Usted ha resaltado la importancia de la fraternidad sacerdotal. En un momento en el que la polarización se infiltra también en la Iglesia, ¿Cómo equilibrar la diferencia propia de cada sensibilidad con esa fraternidad?

–La polarización la vemos hoy, por desgracia en España, en Francia,…, en Occidente en general y también en el interior de la Iglesia. Es triste que la aplicación política e ideológica de la sociedad a veces se da en la Iglesia.

Nuestro ideal es la comunión, es la unión. Jesús dijo “que seáis uno”, que estéis unidos. Si en la Iglesia estamos divididos, es un problema de coherencia con el testimonio que tenemos que dar.

Cuando miramos al colegio apostólico, encontramos personajes muy distintos. Tenemos a Mateo y tenemos a Simón. Y Jesús les llama. Hoy que hay diferencias en la Iglesia: que uno sea tradicional o el otro carismático, el otro moderno, en vez de ser un problema para la iglesia, es una riqueza.

En vez de ponernos unos contra otros, que no es evangélico, tenemos que andar unos con otros y celebrar que cada uno tiene su camino, cada uno tiene su vida, cada uno tiene su recorrido y somos todos distintos. Y estas diferencias no son un obstáculo, sino que son una suerte y una bendición para la Iglesia. 

Usted viene de Francia que, en los últimos años, ocupa titulares con la vuelta a la fe de tantos jóvenes. ¿Cómo hacer que esta vuelta a Dios no se quede en un chispazo sino que cambie la vida? 

–Lo primero que vemos es el vacío en la sociedad francesa y occidental, después de 60 años con ese lema “Ni Dios, ni Maestro”: no necesitamos a nadie, hacemos lo que queremos. Ha habido mucho progreso tecnológico, científico, humano. Se ha insistido mucho en el poder, el saber, el hacer, el tener, pero se ha dejado en la periferia el ser. Aquello que la persona es, lo que la persona vive. Los jóvenes de hoy buscan un sentido a la vida.

Yo tengo mi diócesis, que es pequeña, más de 303 que van a ser bautizados ahora en Pascua. Eso quiere decir que los jóvenes, que son un poco vírgenes espiritualmente, buscan una identidad, buscan a una familia. 

Lo primero es acogerlos, celebrar su presencia. Después, tenemos una responsabilidad. No podemos quedarnos en decir, ¡qué suerte tenemos que vienen todos a pedir el bautismo en la iglesia católica! Sino que tenemos la responsabilidad de acogerles, de acompañarles y de orientarles para que sean, realmente parte de la familia de la Iglesia y para que puedan aportar un poco de frescura.

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