El Domingo de Ramos leímos la Pasión de Cristo, y vimos que era importante entrar en la Pasión como un personaje más de la historia. Hoy, después de leer la Pasión, será bueno guardar silencio. Las rúbricas de la celebración de hoy fomentan el silencio después de la Pasión. Se anima al sacerdote a invitar al pueblo a permanecer en silencio orante.
Las lecturas de la liturgia de hoy están cargadas de la intensidad de la pasión y de la emoción. Todas giran en torno al misterio de la Cruz. El pasaje del siervo de Dios en la profecía de Isaías está lleno de sufrimiento, con descripciones muy fuertes del padecimiento: «desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, … sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultaban los rostros, despreciado y desestimado».
En la Carta a los Hebreos, vemos a Cristo como el sumo sacerdote que se ofrece a sí mismo con fuertes clamores y lágrimas, aprendiendo la obediencia por medio del sufrimiento. En la Pasión de Cristo según San Juan, acabamos de presenciar la traición, el arresto, el sufrimiento, la muerte y la sepultura de Cristo en un corto período de tiempo. Ante lecturas tan intensas, no hacen falta más palabras, sino silencio. Necesitamos tiempo y silencio orante para asimilarlo todo. Hoy es un día marcado por el silencio. Dios ha muerto. Jesús murió. Murió libremente por amor a nosotros para redimirnos del pecado y de la muerte.
Silencio ante la Cruz. Contemplar en silencio el fruto del amor, un amor completo y total. Al mirar la cruz, siempre nos encontraremos con el amor, porque fue el amor el que llevó a Jesús a la cruz. Como escribe san Josemaría: «Es el Amor lo que ha llevado a Jesús al Calvario. Y ya en la Cruz, todos sus gestos y todas sus palabras son de amor, de amor sereno y Fuerte».
Un testigo ocular, al pie de la cruz, observó en silencio lo que le sucedía al cuerpo de Jesús en la Cruz. Después de que Jesús fuera traspasado en el costado y brotaran sangre y agua, leemos: «El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis».
Recuerdo que un día vi un crucifijo en el que el clavo que sostenía a Jesús en la Cruz estaba diseñado con el emoji de amor, intentando mostrar que no son los clavos, sino el amor, lo que mantiene a Jesús en la cruz. Con un silencio orante ante la Cruz experimentamos el amor de un modo especial.



