Vaticano

Los 10 mensajes más importantes del Papa en Mónaco

Esperanza, fe vivida y valentía para entregarse a Dios... Esas son algunas de las claves de los discursos del Papa León XIV en Mónaco.

Paloma López Campos·30 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos
Papa León XIV

El Papa León XIV saluda al inicio de la Misa en Mónaco (CNS photo / Lola Gomez)

Durante su visita breve a Mónaco, el Papa León XIV se dirigió no solo a los católicos del país, sino a los de todo el mundo. Siendo el primer Pontífice de los tiempos modernos que visita este pequeño Estado, el Santo Padre mantuvo diversos encuentros y aquí recogemos algunos de sus mensajes más importantes.

“Es necesario confiar en la Providencia de Dios”

En la visita de cortesía al Príncipe de Mónaco, León XIV señaló que “es importante confiar en la providencia de Dios aun cuando predomina el sentido de impotencia o de insuficiencia, porque nosotros creemos que el Reino de Dios es semejante a una semilla minúscula que se convierte en árbol”.

A pesar de esta confianza, continuó el Papa, “esta fe solo cambia el mundo si no evadimos nuestras responsabilidades históricas”.

“La fe católica nos sitúa ante la soberanía de Jesús”

En ese mismo discurso, el Pontífice hizo referencia a la importancia de vivir como católicos en sociedad. Dijo que esta fe “nos sitúa ante la soberanía de Jesús, que compromete a los cristianos a ser en el mundo un reino de hermanos y hermanas, una presencia que no aplasta, sino que libera; que no separa, sino que une; dispuesta a proteger siempre con amor toda vida humana, en cualquier momento y condición, para que nadie sea excluido jamás de la mesa de la fraternidad”.

“Los desafíos sin precedentes se afrontan con un corazón libre”

En la misma línea, León XIV finalizó su intervención ante el Príncipe de Mónaco animando a todos a profundizar en esta “fe antigua”, que les hará “expertos en las cosas nuevas; no tanto persiguiendo los bienes que pasan, a menudo novedades que envejecen en una temporada, cuanto hallándose de frente a desafíos sin precedentes, que solo se afrontan con un corazón libre y con una inteligencia iluminada”.

“La Iglesia está llamada a ser en el mundo reflejo del amor de Dios que no hace acepción de personas”

Durante su encuentro con la comunidad católica de Mónaco, el Papa León XIV señaló a Cristo como “el justo” que “no viene para realizar un juicio condenatorio, sino para ofrecer a todos su misericordia que purifica, sana, transforma y nos hace parte de la única familia de Dios”.

El Santo Padre indicó que Jesús no hace esto con todos nosotros, “pobres” y “pecadores” “para secundar el mal, sino para liberarlos de la opresión y de la esclavitud y hacerlos hijos de Dios y hermanos entre sí”. Por ello, la Iglesia está “llamada a ser en el mundo reflejo del amor de Dios que no hace acepción de personas”.

“Anuncien el Evangelio de la vida, de la esperanza y del amor”

En ese reflejo del amor de Dios, continuó León XIV, el mensaje de la Iglesia tiene que “iluminar a la persona humana y a la sociedad para que, a la luz de Cristo y de su Palabra, descubran su propia identidad, el significado de la vida humana, el valor de las relaciones y de la solidaridad social, el fin último de la existencia y el destino de la historia”.

Por ello, el Papa anima a todos los católicos a que “anuncien el Evangelio de la vida, de la esperanza y del amor; lleven a todos la luz del Evangelio para que sea defendida y promovida la vida de todo hombre y de toda mujer desde su concepción hasta su final natural; ofrezcan nuevos mapas de orientación capaces de frenar aquellos impulsos del secularismo que corren el riesgo de reducir al hombre al individualismo y de fundar la vida social sobre la producción de la riqueza”.

“Una fe viva es siempre profética”

Por último, León XIV señaló que “una fe viva es siempre profética, capaz de suscitar preguntas y ofrecer provocaciones: ¿estamos realmente defendiendo al ser humano? ¿Estamos protegiendo la dignidad de la persona en la protección de la vida en todas sus fases? ¿Es realmente justo y está inspirado en la solidaridad el modelo económico y social vigente?”.

“Lo que da solidez a la vida es el amor”

Al mantener un encuentro con jóvenes, el Papa quiso recordar a todos que “lo que da solidez a la vida es el amor; la experiencia fundamental del amor de Dios, ante todo, y luego, por extensión, la experiencia iluminadora y sagrada del amor mutuo”.

En esta misma línea, el Pontífice explicó que “amarse recíprocamente, si por un lado requiere estar abiertos a crecer y, por lo tanto, a cambiar, por otro exige fidelidad, constancia y disposición al sacrificio en la vida cotidiana”.

“No tengan miedo de entregarse por completo al Señor y a los demás”

Al final de su discurso, el Santo Padre les dijo a los jóvenes que “no tengan miedo de entregarlo todo –su tiempo, sus energías– a Dios y a los hermanos, de entregarse por completo al Señor y a los demás. Solo así encontrarán un gozo siempre nuevo y un sentido cada vez más profundo en la vida”.

Además, el sucesor de san Pedro les recordó que “el mundo necesita de su testimonio para superar las derivas de nuestro tiempo y afrontar sus desafíos, y sobre todo para redescubrir el buen sabor del amor a Dios y al prójimo”.

“Dios no se olvida de la promesa que prepara al mundo para la salvación”

En la Misa celebrada durante su viaje a Mónaco, el Papa León XIV profundiza en la condena de muerte a Jesús tras la resurrección de Lázaro. Adentrándose en el pasaje, el Santo Padre señala que “si los hombres se olvidan de la Ley que ordena no matar, Dios no se olvida de la promesa que prepara al mundo para la salvación. Su providencia hace de ese veredicto homicida el modo de manifestar un supremo designio de amor; aunque malvado, Caifás profetizó ‘que Jesús iba a morir por la nación’”.

“Es la misericordia la que salva el mundo”

“En la historia de Jesús”, subraya León, “se resume la historia de todos nosotros, empezando por los más pequeños y oprimidos”. Pero el Santo Padre recuerda que “frente a la persistencia del mal, está la eterna justicia de Dios, que siempre nos rescata de nuestros sepulcros”.

A través de Cristo, “es la misericordia la que salva al mundo; se hace cargo de toda existencia humana, en cada una de sus fragilidades, desde que es concebida en el seno materno hasta que envejece”.

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