Con 54 años, César Augusto Díaz Narváez tiene el honor, y el no poco difícil deber, de ostentar el título de Hermano Mayor de La Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y Humildad, Santísimo Cristo de la Yedra, Nuestra Señora del Rosario y Nuestra Señora de la Esperanza Coronada, conocida más popularmente como Hermandad de la Yedra de Jerez.
Este licenciado en derecho, casado y padre de tres hijas, lleva ligado a esta Hermandad desde su nacimiento. “Soy un niño de la Esperanza desde que nací”, apunta a Omnes, no en vano, su abuelo fue uno de los iniciadores de esta Hermandad sin la que hoy no se entiende la Madrugá jerezana.
Su cariño le ha llevado, además, a investigar sobre la historia de la Cofradía y escribir un libro con esas investigaciones titulado ‘Ilusiones de Esperanza, Hombres de Leyenda’.
La Hermandad de la Yedra
El origen de esta Hermandad, que realiza su estación de penitencia en la Madrugada del Viernes Santo jerezano, se remonta a finales del siglo XVII con la devoción al Santísimo Cristo de la Yedra, una imagen que originalmente recibía culto en una hornacina pública en la Plazuela de Orellana.
Esta devoción se unió a la piedad mariana y, el 1 de octubre de 1928, se funda oficialmente la corporación bajo el título de Hermandad del Santísimo Cristo de la Yedra y Nuestra Señora de la Esperanza.
En 1939, fue la primera salida procesional de la Virgen de la Esperanza aunque la fecha clave para entender esta cofradía hoy se sitúa en 1952 cuando la cofradía realizó por primera vez su Estación de Penitencia en la Madrugada del Viernes Santo, horario que mantiene hasta la actualidad y que le otorga su carácter distintivo en la ciudad.
A pocas horas de la estación de penitencia de 2026, César A. Díaz Narváez ha conversado con Omnes sobre cómo vive su fe dentro de esta Hermandad, la importancia de la piedad popular en un mundo secularizado y la tarea de las hermandades más allá de la estación de penitencia.
Una característica de las Hermandades es su tradición familiar. ¿Con qué edad comenzó usted en la Hermandad? ¿Que supone en su vida la tarea de ser Hermano Mayor en una cofradía tan señera?
–Evidentemente, la tradición familiar forma parte importante del mundo de las cofradías. Yo, como dicen en mi familia, yo nací siendo un niño de la Esperanza.
Mi abuelo fue uno de los fundadores de la hermandad. Mi padre forma parte de ella, mis tíos, muchos familiares. Yo también, ya como tercera generación. Hermanos, primos míos están muy vinculados a la Hermandad. De hecho, mis tres hijas y mi mujer también son hermanas.
Uno de los retos más importantes que tengo es saber trasladar ese cariño por la institución y por la devoción a las imágenes del Señor de la Sentencia y Humildad y la Virgen de la Esperanza a mis hijas para que continúen este legado familiar.

La Esperanza de la Yedra es una de las imágenes más queridas y con mayor devoción en Jerez. ¿Cómo explica esa conexión emocional tan profunda que Jerez tiene con su Madre de la Esperanza?
–La devoción a la imagen de la Esperanza de la Yedra es un cúmulo de varias facetas. En primer lugar, es una imagen de un valor histórico artístico indudable. Está atribuida a Diego Roldán, a mitad del siglo XVIII, en torno a 1750-52. Y eso ya la hace una imagen con una unción especial, que atrapa a cada de los devotos que pasa por nuestra capilla. Pero también tiene una explicación, puesto que siempre ha sido una imagen peregrina.
Nosotros, por las circunstancias de nuestra pequeña capilla, no podíamos salir antaño desde ese lugar y tuvimos que estar saliendo de distintos puntos de la ciudad de Jerez: el convento de Madre de Dios, la parroquia de San Miguel, del Colegio Oratorio Festivo y después volvimos ya, a la capilla de la Yedra.
Además, la imagen de la Esperanza parece ser que formó parte de una antigua cofradía que se llamaba de los Dolores y estuvo en varios templos también. Después de la desamortización de Mendizábal, se trasladó, desde el convento donde se encontraba, a la iglesia de San Lucas y al asilo de San José. Y eso ha hecho que la imagen recorra los distintos rincones de la ciudad y ha podido ir robando corazones de muchos jerezanos lo que ha provocado que sea la imagen dolorosa de más devoción en la ciudad.
Uno de los pilares de toda Hermandad es su acción social y caritativa. En un entorno de contrastes socioeconómicos, como Jerez, ¿cómo se traduce esta acción a lo largo del año?
–Muchas veces, las cofradías son valoradas negativamente por aquellas personas que no conocen la profundidad de los 365 días y la labor que hacen las Hermandades durante todo el año.
Uno de esos aspectos es la acción social.
La Hermandad de la Yedra tiene un compromiso especial en este sentido. Nosotros, en su momento, tuvimos una cocina autogestionada que fue vanguardia en Cáritas a nivel nacional y que desarrolló una labor muy importante durante muchísimos años.
Hoy día tenemos una colaboración directa con distintas instituciones de aquí de la ciudad, entre las que podemos destacar Cáritas Parroquial, donde tenemos una colaboración muy estrecha, y el Hogar San Juan, de aquí, de Jerez de la Frontera, donde siempre estamos llevando todo tipo de necesidades, de ropa, de alimento…, de cualquier circunstancia económica que necesite, está ahí la Hermandad de la Yedra para contribuir.
También estamos colaborando con los niños de una asociación que hay aquí de niños con problemas oncológicos, y con una asociación de autismo Cádiz con la cual estamos colaborando directamente en muchos ámbitos.
La labor de la Hermandad de la Yedra en cuanto a obras asistenciales es muy importante. Toda esta labor, no es bien conocida por el resto de la sociedad y las cofradías están a la vanguardia de la ayuda social.
Algunos llaman a las hermandades, los “diques de contención” ante el avance de la secularización. ¿Vive usted esta realidad en la sociedad jerezana? ¿Qué ofrece la Yedra a las nuevas generaciones?
–En estos últimos años, la Hermandad de la Yedra ha vivido una revolución importante con el acceso a la nómina de hermanos de muchísimas personas, entre las que destacan la gente joven.
Los chavales hoy día viven en un mundo sin raíces, donde se les quiere despegar de la familia, de los valores cristianos, de la idea de España. Eso hace que las personas -como las plantas que no tienen raíces- sean fácilmente dominables. Sin embargo, en el seno de una hermandad, en la que lo que prevalece es la palabra de Jesucristo, la Iglesia; donde prevalece el valor y la tradición familiar, donde hay una serie de anclas donde poder agarrarse…, son lugares muy importantes para los jóvenes, donde asentarse y desarrollarse como personas.
Por eso las cofradías, con esa capacidad de enganche de la juventud, se han convertido en ese un dique de contención para la secularización. Con la secularización se pretende aislar al individuo de todo este bagaje de tradición y de enseñanza familiares y cristianas que tenemos. Lo que hacen las cofradías es, precisamente, luchar contra esa tendencia.
Jerez atrae a miles de visitantes por su Semana Santa. ¿Cómo trabajan para que la estación de penitencia no se convierta en un simple espectáculo turístico y mantenga su sentido de fe?
– La cofradía tiene la virtud de hacer llegar o incluso “volver” a la Iglesia a través de distintos caminos. El camino puede ser el turismo, la música, la fotografía… Hay muchos, muchos aspectos que se concentran en el mundo de las cofradías, y cada uno puede llegar a ellas por distintos caminos.
Lo importante es la formación que se realiza en las cofradías. Nosotros tenemos conferencias a través de las que intentamos formar, por ejemplo, litúrgicamente en el conocimiento de la Palabra de Jesucristo- Todo se hace para que el que llegue de una manera un poco más superficial, al final, vaya encontrando en esa formación el sentido de la fe.
Tenemos, todos los años, muchísimas personas, adultos ya incluso, que no fueron bautizados, hijos de padres que se alejaron por un anticlericalismo o por cualquier circunstancia de la Iglesia. Pues esos jóvenes que se están bautizando ahora, con cierta edad, con 20 años, con veintitantos, están volviendo a traer a estas familias que se separaron de la Iglesia.
Creo que es un valor que no se le está reconociendo todavía a las cofradías y, en ese impulso en la juventud que hay ahora mismo de volver a la religión y a la fe, creo que la punta de lanza son las cofradías.
Como cristiano que vive su misión apostólica dentro de una Hermandad. ¿Cómo explícita usted el testimonio de vida cristiana en su día a día y, especialmente en su estación de penitencia?
–Yo vivo la estación de penitencia de una manera especial. En un mundo donde todo es frenético, donde no hay momentos para reflexionar, donde todo está enfocado a un terminal de móvil, de tablet o de televisión, donde lo que hacen es contarnos lo que otros quieren…, la estación de penitencia es un momento ideal para estar uno consigo mismo. Yo la vivo detrás del antifaz, en el anonimato. Eso me permite, durante aproximadamente unas diez horas, rezar, reflexionar mucho y, al final, fortalecer mis valores cristianos.



