Cultura

Dios Padre, Creador Alejo de Vahía, El «Padre Eterno»

La escultura "Padre Eterno", atribuida a Alejo de Vahía, encarna la majestuosidad divina en el contexto del gótico hispano. Un ejemplo poderoso de fe, arte y simbología trinitaria en la España del siglo XV.

Eva Sierra y Antonio de la Torre·8 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

COMENTARIO ARTÍSTICO

Para cerrar esta serie sobre la Creación, nos detenemos en esta escultura de Dios Creador. La escultura representa a Dios Padre entronizado, representado como un hombre mayor y majestuoso, con la mano derecha alzada en gesto de bendición y la mano izquierda sosteniendo el orbe del mundo coronado por una cruz. Sobre su cabeza lleva una espléndida corona, y un gran halo o nimbo detrás de él enfatiza su divinidad; símbolos terrenales del poder divino.

Mensaje teológico

Esta iconografía -Dios Padre con insignias imperiales y papales (la corona/tiara y el orbe)- era común en los siglos XV y XVI, simbolizando la autoridad suprema de Dios tanto espiritual como temporal. La figura es aún algo rígida, con esa pose frontal característica de la imaginería gótica tardía. La talla es angulosa y precisa, con pliegues lineales bien definidos en el ropaje y una barba rizada, lo que evidencia la formación nórdica del artista. El pie de Dios sobresale del trono, como señalando hacia abajo, hacia donde está representado su Hijo.

Bajo el trono del Padre, Alejo incluye un detalle simbólico llamativo: dos ángeles que sostienen la Vera Cruz o el Paño de la Verónica, mostrando el Santo Rostro de Cristo. Estos ángeles actúan como pedestal viviente para Dios entronizado. La inclusión del Paño de la Verónica —el rostro de Cristo milagrosamente impreso— bajo el Padre enlaza visualmente a la Primera Persona de la Trinidad con la Segunda, el Hijo.

Sería interesante conocer la ubicación original de la escultura. En muchos retablos, en la parte superior, se representa al Espíritu Santo como una paloma; de haber sido así en este caso, la Trinidad estaría completa. Es probable que esta composición estuviera pensada para el registro superior de un retablo: El Padre Eterno en gloria, literalmente sostenido por ángeles, presidiendo desde lo alto el altar. El gesto de bendición y el globo en sus manos refuerzan el papel de Dios como Creador universal y soberano misericordioso del mundo. La iconografía combina la imaginería devocional del gótico tardío con un simbolismo didáctico, presentando a Dios Padre como monarca celestial y origen de la historia de la salvación. La impresión es de autoridad serena: el Padre Eterno mira hacia el exterior con una expresión firme, encarnando tanto la misericordia como el poder de Dios.

Desde el punto de vista técnico, el Padre Eterno es un magnífico ejemplo de escultura gótica policromada española. Muestra una fusión de influencias locales e internacionales: un marco estilístico nórdico (gótico) unido a la tradición española de escultura policromada, en una obra de extraordinaria habilidad y belleza artística. Normalmente, un imaginero o escultor-pintor tallaba, pintaba y decoraba la escultura policromada él mismo, aunque era habitual contar con especialistas que ayudaban en la talla.

Evolución iconográfica de Dios Padre

En siglos anteriores, el arte cristiano evitaba representar directamente a Dios Padre —se usaban sólo símbolos (como una mano saliendo de las nubes) o se centraba en Cristo. Sin embargo, hacia finales del siglo XV, se generalizó la representación de la Primera Persona de la Trinidad en forma humana. Este periodo en España estuvo marcado por un florecimiento de los retablos y la imaginería religiosa bajo los Reyes Católicos, combinando tradiciones góticas con influencias tempranas del Renacimiento. En el arte religioso de la península ibérica de finales del siglo XV y principios del XVI, las representaciones de Dios Padre se volvieron cada vez más comunes. Ya en la década de 1490, los retablos españoles incluían con frecuencia a Dios Padre como un anciano venerable en los cielos, reflejando una iconografía en evolución y nuevas prácticas devocionales. Es en este contexto donde se sitúa el Padre Eterno de Alejo de Vahía, una escultura que ejemplifica tanto el estilo personal del artista como la tradición gótica en España.

La ubicación original exacta del Padre Eterno de Alejo de Vahía no está plenamente documentada, pero con casi toda seguridad procedía de un retablo de una iglesia local en Becerril de Campos o sus alrededores.

COMENTARIO CATEQUÉTICO

Los tres primeros capítulos del libro del Génesis han permitido desde siempre exponer una completa catequesis sobre el acto creador de Dios, su resultado y su sentido. De hecho, a la luz de la revelación bíblica custodiada en su interpretación por la Iglesia, es posible encontrar un fundamento para la vida y la existencia de la realidad. Y, por tanto, es posible también ofrecer una respuesta a las preguntas más universales y acuciantes que se plantea todo ser humano: ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Cuál es el origen de todo? ¿Cómo será el fin de todo?

La revelación, a la vez que abre un horizonte de sentido para la realidad, presenta también al autor que la ha hecho posible: Dios Creador, a quien los cristianos llamamos también Padre. Desde las primeras líneas del Génesis se deja claro que el único sujeto de la creación es Dios, utilizando para ello incluso un verbo especial: el verbo hebreo bara, crear, cuyo único sujeto es Dios. 

Por ello, presentada en los anteriores artículos la revelación sobre la Creación es momento de hablar de su único autor, en quien nos centramos en este mes.

El autor de toda realidad

Aunque en el Credo el acto creador se atribuye al Padre Todopoderoso, no debemos perder de vista que tal acto es obra común de las tres personas divinas, como lo son todas las obras realizadas ad extra del ser divino. Y es que al compartir las tres personas una sola y misma naturaleza, también es una sola y misma su acción. Por tanto, el Padre, primera persona, no crea solo, sino que lo hace con el Hijo y el Espíritu Santo. De hecho, en la Sagrada Escritura y en la liturgia encontramos alusiones a la presencia de ambos en el acto creador: se habla de la Palabra creadora (Juan 1, 1-3) y del Espíritu Creador (Himno Veni Creator Spiritus). Otra manera de representar el vínculo entre las personas divinas en su acción lo vemos en la talla de Alejo de Vahía: unido al Padre, como su soporte, está el Rostro de su Hijo, y sobre ellos, hipotéticamente, estaría una talla del Espíritu Santo.

De ahí que buscando al autor de la realidad encontramos finalmente a la Santísima Trinidad, certeza que expresaron desde el comienzo los cristianos en la fórmula: “el Padre crea con sus dos manos, el Hijo y el Espíritu Santo” (san Ireneo). 

Ahora bien, si el Credo asigna el acto creador al Padre, no está negando la presencia de las otras dos personas, sino manifestando un importante rasgo de la teología cristiana: las obras de la Trinidad son de las tres personas, pero hay determinadas obras que se pueden atribuir a una determinada persona, por ser más propia de ella. 

Así, al igual que al Hijo se atribuye la encarnación redentora, y al Espíritu Santo el don santificador, al Padre se le apropia el acto creador. En todas estas obras, sin embargo, actúan las tres personas en su única naturaleza divina.

El carácter creador de Dios permitía, ya en el Antiguo Testamento, asignarle el título Padre, como origen de toda realidad, pero también como protector y guía de Israel, especialmente de los pobres. En la plenitud de la revelación traída por el Nuevo Testamento, este título se ilumina con nuevas luces: Dios es Padre porque desde antes de la Creación se da la relación de paternidad con su Hijo, engendrado eternamente por Él, y que se dirige a Él en la relación de filiación (Mateo 11, 27). 

Por ello, el Creador es el Padre Eterno y también el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, como lo denomina san Pablo y como se representa en el diseño de Alejo de Vahía.

El sentido de la Creación

Si el Padre, que eternamente lo posee todo, ha creado la realidad lo ha hecho no por conseguir algo que le faltaba, como si la Creación fuese necesaria, sino que para manifestar y comunicar su gloria libremente. De ahí que las criaturas, y el ser humano como miembro especial de ellas, alcanzan su verdadero sentido cuando glorifican al Padre Creador. La corona y el nimbo que porta esta talla nos recuerdan la gloria divina del Creador, que ha de ser buscado, reconocido y glorificado por su criatura, que así podrá encontrar al artista divino que le ha dado el ser. 

Por otro lado, la revelación cristiana nos recuerda que el acto creador no ha sido una acción finalizada, como si tras crear el mundo la Santísima Trinidad hubiera obtenido ya un resultado final o hubiera dejado de actuar en él. Al contrario, la Creación se presenta como un conjunto armonioso pero que no está plenamente acabado, sino en camino de perfección y consumación. En la talla vemos cómo el Padre Eterno todavía lleva en su mano el orbe con la cruz, instruyéndonos así sobre la existencia de la divina Providencia: las disposiciones previstas por el Creador para conducir su obra a la perfección.

El Padre sigue solícito y cuidadoso de todo lo que ha creado, desde los detalles más pequeños hasta los diseños más grandes. La autoridad serena, firme y tierna que vemos en la expresión de la talla recuerda, efectivamente, que Dios gobierna en su poder con una misericordiosa Providencia. 

El Creador tiene una soberanía absoluta sobre el curso del devenir de la Creación (Proverbios 19, 21), pero, siendo también Padre, orienta el curso de los acontecimientos para el mayor bien de sus hijos (Romanos 8, 28). Así, quien acoge esta revelación puede desarrollar su existencia en el marco de esta Creación con el abandono filial que enseña Jesucristo (Mateo 6, 31-33).

La hermosa talla que podemos disfrutar en el Museo de Santa María de Becerril de Campos, por tanto, nos sigue recordando que la Creación está en camino hacia el Sábado definitivo, hasta el séptimo día final en el que todo alcance el reposo en la Santísima Trinidad alcanzando así su perfección definitiva y consumada. 

Mientras tanto, la mirada paterna del Todopoderoso Creador nos guía y nos orienta en medio de este mundo que, sin Él, retorna sin remedio al caos primordial.

Obra

Título: Padre Eterno
Autor: Alejo de Vahía
Año : Finales del siglo XV (ca. 1480–1500)
Técnica: Madera tallada, policromada y dorada
Medidas: 132 x 56 cm
Lugar: Iglesia-Museo de Santa María en Becerril de Campos (Palencia)
El autorEva Sierra y Antonio de la Torre

Historiadora del arte y doctor en Teología

Leer más
Newsletter La Brújula Déjanos tu mail y recibe todas las semanas la actualidad curada con una mirada católica