“Me acuerdo que en la puerta de una iglesia, preguntaba a una mujer: tú a qué vienes, y ella contestaba: a pedir, a pedir. Que apruebe mi hijo, que se cure esta persona. Casi nadie dijo: vengo a dar gracias”. “Cuando nos visita el misterio del dolor, cuando vienen el sufrimiento y el dolor, uno se pregunta muchas cosas”.
Así comienza el párroco de Santa María de Caná, Jesús Higueras (Madrid, 1963), una reflexión sobre el sufrimiento, la enfermedad, la contradicción, en una conversación con Mater Mundi TV.
No es de ahora, pero la hemos rescatado, porque estamos ante un asunto capital, del que se hizo eco, por ejemplo, san Juan Pablo II, en el libro ‘Cruzando el umbral de la esperanza’. El Papa polaco respondía a una pregunta del periodista y escritor italiano Vittorio Messori, recién fallecido, que tiene gran similitud a lo que comenta don Jesús Higueras.
Messori ponía sobre la mesa cómo se puede seguir confiando en “Dios, que se supone Padre misericordioso, (…), a la vista del sufrimiento, de la injusticia, de la enfermedad, de la muerte”. Y san Juan Pablo II decía que “el escándalo de la Cruz sigue siendo la clave para la interpretación del gran misterio del sufrimiento”.
¿”Por qué Dios permite este sufrimiento?”
Reflexiona el párroco Jesús Higueras: “¿Por qué Dios siendo Padre y siendo bueno permite este sufrimiento? ¿Por qué si dice que está pendiente de mí, cómo es que a mi hija le ha pasado esto, mi familia se ha roto, o yo me estoy muriendo?”.
“Son momentos en los que te entra miedo e inseguridad, porque has perdido el control de tu vida. Es un momento, además, en el que no eres capaz de soportar el dolor, y es un dolor que te supera con mucho”.
Jesucristo en la cruz se hizo tan solidario de nuestro dolor que llegó a decir: ‘Dios mío, por qué me has abandonado’, como diciendo: me identifico con todos aquellos que en su cruz y en su dolor no sienten cercano a Dios.
Es la prueba: “eres mi Amigo también en los momentos malos”
Jesús Higueras prosigue: “Hay mucha gente que cuando está sufriendo, dice: es que no sé si rezar me ayuda, porque siento a Dios muy lejos. Es el momento de la prueba. Es el momento de decir: bueno, Señor, no eras mi amigo solo para los momentos buenos, eres mi amigo también para los momentos malos”.
Y pone el ejemplo de una mala temporada, en la que llamamos a un amigo, me desahogo con él, me apoyo en él… “Si yo realmente lo tengo como un amigo, me quiero apoyar en él”.

Jesús experimenta cada gota de dolor humano
Entonces, ¿cómo se reza cuando tú lo estás pasando muy mal en la vida?, pregunta Jesús Higueras, ordenado sacerdote en 1990.
“A mí, lo que me ha ayudado, y lo que he visto es esto: Jesús lo que hace en la cruz es experimentar en su corazón cada gota de dolor que cada ser humano ha experimentado en la historia de la humanidad. La cruz de Cristo somos nosotros. Si yo sufro, Cristo sufre, si a mí me pegan, a Cristo le pegan…”
Lo dice el Evangelio: “tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve desnudo, estuve en la cárcel, estuve enfermo…¿Cuándo, Señor? Cada vez que le pasaba esto a…., me estaba pasando a Mí”.
“Jesús, lo que me duele a mí, te duele a Ti, somos compañeros de fatigas”
“La cruz de Jesús somos nosotros”, añade el párroco Higueras. “Por tanto, cuando yo estoy sufriendo…, si yo tengo un tumor, le digo a Jesús, Jesús, este tumor lo tienes tú también, lo que me duele a mí, te duele a Ti, somos compañeros de fatigas. Sólo me puede comprender aquél que ha pasado por lo mismo que yo. A una madre que ha perdido un hijo sólo le puede comprender otra madre que ha perdido un hijo, a una persona que le deja el amor de su vida.., una persona que tiene una enfermedad que te da mucha sed, sólo te puede comprender otra persona que haya pasado por lo mismo…”.
Quiso experimentar en su carne lo que nosotros experimentamos
“Porque Dios es amor y porque Dios comprende, para comprendernos se hizo humano, y quiso experimentar en su carne lo que nosotros experimentamos. Y claro, cuando sufrimos y miramos a la Cruz, Jesús nos dice, pero vamos a ver, si estoy sufriendo contigo, si lo que te duele a ti, me duele a Mí, lo que te pasa a ti me pasa a Mí, tu dolor es mi dolor, y no es ni más ni menos”. Así reflexiona, reza, Jesús Higueras.
“Dios no ha bajado a la Tierra de turista”
Efectivamente, “te encuentras con un Dios que no ha bajado a la Tierra de turista, para decir, chicos, que os quiero mucho, que cuando vengáis al cielo ya os lo arreglaré todo. Sino que, porque os quiero mucho, bajo a la arena por vosotros, me hago solidario de vuestro destino.
Si pasas hambre, el hambre que pasas, Yo lo pasaré; si duermes en el suelo, yo dormiré; la comida que te den, la tomaré yo; el dolor que tengas lo tendré yo; tu disgusto será mi disgusto…, “porque todo eso, lo transforma en la Cruz en un espacio de redención y de salvación”.
Amargados por el dolor, algunos se alejan de Dios
Hay personas que el dolor les destruye, les amarga, son personas que la vida se les rompe en mil pedazos, y no saben cómo recogerlos. Y el dolor se convierte en una causa de escándalo y de alejamiento de Dios.
Pero hay otros que “miran al Crucificado, y se ponen a los pies de la Cruz, y miran a Jesucristo, con sangre, con espinas, pero no solamente el dolor del cuerpo de Cristo, sino el dolor del alma de Cristo… Y Cristo experimenta en su corazón cada instante de dolor de cada criatura humana”.
“Si quieres, te puedes convertir en corredentor”
“Entonces encuentras un consuelo, una fortaleza, una razón para tu sufrimiento”, subraya don Jesús. “Porque si quieres, te puedes convertir en corredentor, y por tanto tu sufrimiento ya no es un absurdo, un Dios que se ha olvidado de ti, que se te deja ahí sufriendo porque te ha tocado en la lotería de la vida la bola negra…, sino que Dios te está pidiendo que subas la Cruz con Él, y que ofrezcas ese dolor tuyo unido al suyo. Porque entonces, si lo unes al suyo –esto es un don del Espíritu Santo, no es tan fácil–, pero si te acuerdas de unir tu dolor al suyo, entonces tu dolor se convierte en redentor”.
Cuando uno está con un disgustazo, cuando uno está enfermo, cuando uno está solo, cuando uno no saber qué hacer, va concluyendo el párroco de Çaná, “hay que ir al pie de la Cruz, y decir: Señor, Tú estás ahí por mí, Tú estás pasando lo que paso yo, Tú saliste adelante, y yo, apoyado en Ti, también pienso salir.”.
“No todo termina en la Cruz”. “El sufrimiento no es una maldición”
Las palabras finales de Jesús Higueras resuelven todas las incógnitas.
“Lo decimos en el Credo: por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y fue crucificado por nuestros pecados. ¡Y resucitado! La esperanza es que no todo termina en la Cruz.
Decía san Pablo, es doctrina segura. ‘Si con Él sufrimos, reinaremos con Él’.
Si Dios permite que en mi vida me golpee el sufrimiento, concluye don Jesús, “es que Dios de algún modo, quiere que ese sufrimiento se convierta en gloria, para mí, y para los que amo: para tus hijos, para tus padres, para tu familia…
“Por tanto, desde que Cristo subió a la Cruz, el sufrimiento no es una maldición. El sufrimiento es un espacio para encontrarse con Dios, y para crecer en el amor”.





