Altum celebró este jueves su segunda conferencia anual en la sede de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, en un encuentro que abordó una cuestión de enorme impacto social: el consumo de pornografía.
El fundador de Altum Faithful Investing, Borja Barragán, abrió la jornada denunciando la magnitud de este fenómeno: “Este es un tema del que hablar es muy incómodo, pero mueve miles de millones al año y afecta a millones de personas”.
Antes de la mesa redonda, Barragán entregó el Premio Duc in Altum 2026 a los responsables de Llamados, el macroevento organizado en enero por los fieles de una parroquia de Alcalá de Henares, en reconocimiento a su iniciativa de evangelización y movilización comunitaria.
Educar la mirada de los jóvenes
El primero en tomar la palabra en la mesa redonda sobre la pornografía fue el religioso Leonardo Bastidas, de los Discípulos de los Corazones de Jesús y de María, expuso diversos datos sobre el consumo de pornografía en España y subrayó la necesidad de una respuesta educativa. Bastidas animó a ampliar los horizontes de los jóvenes y a “educar su mirada”, insistiendo en que el consumo de pornografía se apoya en tres condiciones que se dan cada con más facilidad en la mayoría de hogares: “soledad, silencio y secreto”.
Las mentiras de la pornografía
El experto en educación afectivo-sexual Rafael Lafuente ofreció una síntesis de su conferencia sobre “las mentiras de la pornografía”. Según explicó, la pornografía presenta una imagen irreal del sexo y termina afectando gravemente a la vida conyugal de muchos matrimonios. Describió la masturbación asociada al consumo de porno como “tener sexo de mentira mientras se ve o se lee sexo de mentira”.
El ponente puso como ejemplo cultural el éxito editorial de “Cincuenta sombras de Grey”, que se convirtió rápidamente en uno de los libros más vendidos de la historia, para ilustrar que el consumo de contenidos sexualizados no afecta solo a los hombres.
Entre las “mentiras” que, según él, transmite la pornografía, citó la idea de que las relaciones sexuales están desvinculadas de la fertilidad —algo que sería impensable sin el uso generalizado de anticonceptivos— y la representación constante de mujeres jóvenes y perfectas, lo que provoca comparaciones irreales que dañan también la autoestima femenina.
La pornografía como síntoma cultural
El filósofo francés Fabrice Hadjadj explicó cómo la sociedad contemporánea ha pasado de la contemplación —que requiere tiempo y gratuidad— a la excitación inmediata basada en estímulos rápidos. “Pasarnos el día pulsando botones nos vuelve impulsivos”, advirtió.
Para ilustrar esta deriva cultural, Hadjadj mencionó el popular dispositivo sexual Satisfyer Pro 2. Según explicó, su promoción como tecnología que evita el “contacto directo” mediante aire pulsado refleja simbólicamente el miedo contemporáneo al contacto real.
“Tocar al otro implica exponerse, ser tocado también por él. La pornografía elimina esa vulnerabilidad”, señaló. En su opinión, el “soplo mecanizado” del aparato representa lo contrario del encuentro personal, ya que busca el placer evitando la intriga y el riesgo del encuentro físico real.
Esperanza desde la Encarnación
Hadjadj extendió su crítica a otros ámbitos de la vida contemporánea —desde la información hasta el arte o la liturgia— que, según dijo, a veces buscan provocar una “efervescencia superficial” en lugar de conducir hacia una experiencia más profunda.
El filósofo concluyó con una nota de esperanza inspirada en el misterio de la Encarnación. Retomando la expresión castellana “bailar con la más fea”, identificó simbólicamente a esta con el alma humana: “Dios no se asustó al asumir carne y hueso para salvarla”.
La conferencia organizada por Altum Faithful Investing buscó así impulsar el debate público sobre un fenómeno que, pese a su enorme impacto cultural, social y personal, rara vez se aborda de forma abierta.




