En estas primeras semanas del nuevo año, ediciones Rialp ha lanzado la edición del centenario de ediciones de “Camino” el célebre texto de san Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975) difundido por el mundo entero.
Verdaderamente, impresiona considerar que cuando san Josemaría envió a la imprenta en Valencia en 1939, al término de la guerra civil española, los 999 puntos de Camino, nunca pensó que se difundirían tanto en el espacio y en el tiempo y que se convertiría en un tratado clásico de la espiritualidad.
“Notario” de las luces del Espíritu
En honor a la verdad, debemos aclarar desde el primer momento que Camino lo escribió el Espíritu Santo y que san Josemaría lo único que hizo fue constituirse en notario de aquellas inspiraciones, para redactarlas, agruparlas y elaborar un índice que fue el verdadero trabajo del Fundador del Opus Dei.
Esto que acabamos de narrar sucintamente es la verdadera historia de Camino. San Josemaría desde muy joven estaba acostumbrado a anotar las luces que recibía del Espíritu Santo: los nuevos mediterráneos que se abrían ante sus ojos, cuando leía un libro, celebraba la Santa Misa o recitaba la Liturgia de las horas y, también, cuando hablaba con unos y con otros.
Las luces del Espíritu Santo brotaban en cualquier momento, pues hasta el sueño puede ser oración. Sencillamente, san Josemaría había aprendido de su madre, como todos, a amar a Dios y a los demás y, por tanto, practicaba de modo habitual lo que denominaba “oración de complicidad”.
La oración de complicidad en la vida ordinaria
Eso fue lo que le llevó a la santidad en medio del mundo a través de los quehaceres ordinarios de la vida: mantener vivo el hilo de la oración, pero la oración de complicidad. Es muy importante, por tanto, involucrar a Dios en nuestra vida e involucrarnos nosotros en el diálogo con Dios.
Cuando predicaba o cuando hablaba personalmente con aquellos universitarios o profesionales que acudían a su confesionario, siempre traslucía en su conversación chispeantes recuerdos, anécdotas, luces que había recibido en su oración o en cualquier momento de oración durante el día.
Un día, aquellos chicos empezaron a pedirle que pusiera por escrito esas anécdotas para poder ellos revivir los momentos en los que se las habían oído en los medios de formación o en las conversaciones personales que tenía con ellos.
Camino: una espiritualidad laical
El cardenal Luciani, Patriarca de Venecia, el beato Juan Pablo I, describió de manera muy gráfica en el verano de 1978, pocos meses antes de haber sido elegido papa, la diferencia entre san Francisco de Sales y san Josemaría Escrivá de la siguiente manera: el primero, san Francisco, proporcionaba formación para laicos y san Josemaría impartía una formación laical. Efectivamente, la lectura meditada de los puntos de Camino terminará por convertirnos, con la gracia de Dios, en almas de criterio para ser buenos hijos de Dios en medio del mundo en nuestras actividades ordinarias.
Efectivamente, en cualquier momento del día podemos recogernos interiormente y hacer un rato de oración: en el sagrario de nuestra parroquia, en una ermita o catedral o en el metro, en un rincón de la propia casa y levantar nuestro corazón en complicidad de amistad con Dios y leer un punto de Camino para revivir esas luces divinas y hacerlas nuestras o conversar confiadamente con Jesús de nuestras cosas.
Recuerdo una mañana en el bar de la Facultad de Ciencias Geológicas de la Universidad Complutense de Madrid, cuando nos encontramos allí para tomar algo a media mañana los treinta alumnos de la promoción con alguno de nuestros profesores y uno de nosotros tomó una cucharilla con café y depositó un terrón de azúcar blanco sobre esa cucharilla y el café empezó a impregnar el azucarillo de color negro y, en ese momento, todos exclamamos felices: “socavación magmática”. Era el grito alborozado de quienes éramos felices estudiando minerales, rocas y cristales y podíamos exultar con nuestros compañeros sin temor a ser considerados unos locos científicos chiflados como nos había pasado antes de matricularnos.
En ese momento el Espíritu Santo me iluminó y me hizo caer en la cuenta de que con mis ratos de oración meditando puntos de Camino, al elevar el corazón en amor a Dios mientras trabajaba, al juntarme con mis amigos y ayudar a unos y a otros en sus necesidades, mi alma se iba trasformando en socavación magmática y Dios me iba haciendo santo: enamorado del Amor de los amores.
Unir cielo y tierra: un camino para el mundo
La clave de Camino en que es un instrumento laical y secular para convertir la vida corriente de cada día en encuentros personales, cotidianos con Jesucristo y con los demás. Precisamente unas profesoras de la universidad de Navarra han publicado un libro con los cien puntos de camino que hablan del “amor de dios” directamente. Es decir, un 10% de Camino, habla directamente de Amor de Dios, como la levadura en la masa. Y, enseguida descubriremos que el 90% restante son también expresiones del amor de Dios que es la cuestión capital
Ese unir el cielo y la tierra o ese iluminar el mundo desde dentro con el amor de Dios, es el trasfondo de todos los puntos de Camino. Como Afirmaba san Josemaría en otro texto muy conocido: “En el horizonte hijos míos parecen unirse el cielo y la tierra, pero no, es en vuestros corazones cuando vivís santamente la vida ordinaria”. (Conversaciones, n. 116).
Querría terminar comentando un recuerdo de uno de los primeros sacerdotes del Opus Dei, Father Joseph L. Muzquiz que fue enviado por san Josemaría para comenzar la tarea del Opus Dei en Estados Unidos, Japón y otros lugares del mundo.
Él anotaba en sus recuerdos que cuando llegaban a un país nuevo con la bendición de san Josemaría una imagen dela Virgen y poco más, siempre lo hacían confiados en la gracia de Dios y llenos de alegría. Enseguida, añadía, que lo primero que hacían era buscar un trabajo, una casa y empezar a hacer amigos y estar muy unidos entre ellos y a la jerarquía del país y a todos los cristianos de su nuevo país al que debían amar y hacerse uno de ellos.
Finalmente añadía: “preparábamos una edición de Camino para enseñar a hacer oración y buscábamos una casa grande para poner una residencia de estudiantes y vivíamos con buen humos lo que habíamos aprendido de san Josemaría.
Camino




