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Las evidencias de que Jesús es Dios

En esto venía pensando cuando comenzaba a abordar el libro de José Carlos González -Hurtado quien ha reunido muchos indicios acerca de la divinidad de Jesucristo que no dejarán fríos a los que nunca se planearon la oportunidad de conocer a Jesús con intimidad.

José Carlos Martín de la Hoz·7 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos
Jesús es Dios

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Como afirma el viejo adagio medieval: “Intelligo quia volo et non intelligo quia non volo”, es decir: “entiendo porque quiero y no entiendo porque no quiero”. Por tanto, parece que habitualmente no suele compensar dedicar tiempo a discutir con los agnósticos y ateos acerca de la divinidad de Jesucristo.

En ese sentido conviene aclarar que el trabajo de José Carlos González-Hurtado no es una obra polémica ni el resultado de discusiones con personas discutidoras o que buscan el debate por el debate.

Realmente, no compensa razonar sobre la figura de Jesús y alcance de la verdad revelada, cuando la persona que tenemos delante ni le interesa, ni tiene la más mínima curiosidad. Es preferible esperar a que se muera un ser querido, tenga una depresión, una quiebra económica o un cáncer de colon. Es decir, cuando se replantee el sistema de vida y esté en crisis su sistema de valores entonces se le puede plantear si le interesa conocer a Jesucristo y abandonar en Él sus necesidades materiales y espirituales, pues ciertamente esta es una cuestión que afecta esencialmente al centro del alma. Solo compensa hablar directamente y proponer quien era Jesús para que conociéndole le pueda tratar y tratándole le tome cariño.

La fe y el camino del corazón

Los razonamientos en frío, pueden multiplicarse delante del escéptico que ni quiere creer, ni le interesa creer y que está cómodamente asentado en un modo egoísta de vida. El camino para ir a Dios es el camino del corazón sencillamente porque Dios es amor.

En esto venía pensando cuando comenzaba a abordar el libro de José Carlos González -Hurtado quien ha reunido muchos indicios acerca de la divinidad de Jesucristo que no dejarán fríos a los que nunca se planearon la oportunidad de conocer a Jesús con intimidad.

Es muy inteligente la tabla elaborada de las verdades sobre Jesús que están plenamente avalados por la numerosas fuentes externas a la Iglesia y conservadas casi milagrosamente (64).

Evidencias históricas y externas de Jesús

Enseguida hemos de entrar en un capítulo muy interesante que ha dado pie a la insidia más tremenda de los últimos años: “si el cristianismo sería un invento de la primitiva comunidad cristiana”. Si así fuera, como insistían algunos autores a comienzos del siglo XX, entonces la Iglesia podría continuar su trabajo hasta el final de los tiempos simplemente adaptándolo a los tiempos como pretendían algunas corrientes de pensamiento al terminar el Concilio Vaticano II (69).

Antes de terminar la primera parte del interesante trabajo. nuestro autor se detendrá en dos figuras claves. La primera es la de Feuerbach quien estableció en su libro “la esencia del cristianismo” una de las críticas más importantes que se han presentado a lo largo de la historia: “¿Dios ha creado al hombre o el hombre ha creado a Dios?”. Ciertamente, aquí está la cuestión crudamente: tenemos o no tenemos fe en la existencia de Dios y de un Dios que se ha revelado y que me invita a conocer su revelación. 

El segundo autor clave de este final de sección, es Nietzsche quien no conforme con la duda planteada por Feuerbach anima a la cultura occidental a ser coherente y matar a Dios, es decir a ese falso Dios que los hombres se habrían fabricado y que continuarían dando culto por inercia y superficialidad (155).

Puestos a buscar argumentos favorables a la evidencia de que Jesús es Dios, nuestro autor comenzará por explicar el origen y consolidación y difusión de la revelación oral de Jesús y posteriormente la revelación escrita en el Nuevo Testamento y en los escritos de los Padres de la Iglesia, todo ello guardado, conservado y trasmitido por el magisterio de la Iglesia hasta nuestros días.

La transmisión de la revelación en la Iglesia

Ciertamente, después de veinte siglo, podemos afirmar que creemos lo mismo que los primeros cristianos, pues el Espíritu Santo ha velado a lo largo de la historia para que no se perdiera el tesoro de la revelación y, a la vez, conocemos más de Jesucristo que los primeros cristianos, pues llevamos siglos transmitiéndonos unos a otros a lo largo del tiempo, lo que hemos aprendido de Él en nuestra relación personal con el mismo Jesucristo.

Así pues, el argumento central de este trabajo es centrarse en la figura de Jesucristo, alfa y Iomega, señor de la historia y padre de esta familia sobrenatural y humana que la la Iglesia, sacramento universal de salvación.

Lo primero que hace nuestro autor es repasar la escena de los desnimados discípulos de Emaús, cuando el mismo Jesucristo enciende sus corazones simplemente demostrando cómo El mismo había cumplido todas las promesas mesiánicas contenidas en las Escrituras (272-284).

Llegado a este punto, se preguntará por qué la mayoría de los judíos no se convirtieron al cristianismo (285). Esta pregunta es lógica y muy fácil de responder, porque no han correspondido a la gracia de Dios. Es decir, para que un judío crea en la divinidad de Jesucristo, hace falta la gracia de la fe y la respuesta de la persona (288).

La evidencia de la divinidad de Jesús

Seguidamente, traerá a colación el argumento arqueológico, pues efectivamente, aportará muchas evidencias científicas que hablan acerca de la divinidad de Jesucristo reflejada en enterramientos y sobre todo alrededor de los santos lugares en Tierra Santa como la piscina probática, y tantos otros milagros probados, como el milagro de la resurrección y el “sepulcro vacío” (313).

Inmediatamente, abordará la sumatoria de los milagros eucarísticos a lo largo de la historia, por ejemplo, los recoleccionados por san Carlo Acutis y otros más que se siguen sucediendo en nuestros días (353). También aportará los últimos datos acerca la prueba de la sábana santa de Turín, a pesar de las dificultades del Carbono 14 y carbono 16 después de las bombas atómicas (341), la santa faz de Oviedo (343).

La evidencia de que Jesús es Dios

Autor: José Carlos Gonzalez-Hurtado
Editorial: Rocaeditorial
Fecha de publicación: 2025
Páginas: 363
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