Mundo

¿Nos hemos olvidado de la guerra de Ucrania?: Cáritas aboga por la paz

La guerra de Ucrania corre el riesgo de caer en el olvido internacional mientras las necesidades humanitarias no dejan de crecer. Así, Cáritas cuenta cómo está la situación y las necesidades que tienen allí.

Redacción Omnes·19 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos
Ucrania

©Cáritas

En un desayuno informativo organizado por Cáritas, la presidenta de Cáritas Ucrania, Tetiana Stawnychyse ha puesto de manifiesto que, según los datos de Naciones Unidas citados por Cáritas Ucrania, alrededor de 11 millones de personas necesitarán ayuda humanitaria en 2026 en un contexto de conflicto “de larga duración y alta intensidad”.

Existe una sensación de «olvido» ante la guerra de Ucrania. La comunidad internacional ha empezado a dejar el conflicto en un segundo plano, ante la emergencia de otras cuestiones geopolíticas, por lo que el apoyo con fondos para la ayuda humanitaria está siendo cada vez más pequeño.

Durante la rueda de prensa, responsables de la organización describieron lo que califican como una “crisis dentro de la crisis”: los ataques continuados contra infraestructuras energéticas en pleno invierno están dejando a miles de millones de personas sin calefacción, electricidad e incluso agua. Los bombardeos se concentran en ciudades densamente pobladas y afectan especialmente a quienes viven en edificios altos, personas mayores o con movilidad reducida, y familias con niños.

“Si vives en un piso 15, sin luz ni ascensor y sin calefacción, la vida cotidiana se vuelve casi imposible”, explicaron.

Más lejos del frente, pero no a salvo

Aunque existen zonas relativamente más estables en el oeste del país, la guerra no se limita a la línea de combate. En ciudades como Kiev se registran ataques masivos cada pocos días, obligando a la población a despertarse de madrugada por las sirenas y a consultar el móvil para saber si se trata de drones o misiles.

En esas áreas, Cáritas centra su trabajo en acoger a desplazados internos, facilitar alojamiento, escolarización, atención psicológica, asesoría legal, acceso a la sanidad y apoyo para encontrar empleo. Los llamados centros de crisis ofrecen un acompañamiento individualizado para estabilizar a las familias evacuadas.

El frente se amplía: drones y evacuaciones más peligrosas

La organización advirtió de que la zona considerada más peligrosa ha pasado de los 10 a 25 o 30 kilómetros desde la línea del frente, debido al uso de drones que persiguen a civiles e incluso han atacado vehículos humanitarios. Esto complica tanto la distribución de alimentos como las evacuaciones.

“Las operaciones son cada vez más arriesgadas”, señalaron.

Salud mental: una prioridad creciente

Tras casi cuatro años de conflicto, el desgaste psicológico se ha convertido en uno de los principales retos. Cáritas subraya que la guerra “no se ha normalizado”, aunque la población haya aprendido a convivir con ella.

La entidad desarrolla programas de apoyo psicosocial individual y grupal, especialmente con menores que han pasado años con escolarización online y escasa socialización. También impulsa terapias a través del arte, trabajo con familias y formación en comunicación no violenta para reducir tensiones comunitarias.

Además, colabora con iniciativas públicas como los Centros de Resiliencia, promovidos por el Gobierno ucraniano, y mantiene programas específicos para veteranos de guerra, con rehabilitación física tras amputaciones, acompañamiento emocional e integración social, especialmente en áreas rurales.

Voluntariado que sana

Un dato destacado por la organización es que el 40 % de los voluntarios en el primer año de la invasión fueron personas desplazadas que previamente habían recibido ayuda. “Ayudar a otros también les ayudaba a sanar”, explicaron, destacando el valor del voluntariado como una de las claves para mantenerse sanos e integrados con la comunidad.

Cáritas reconoció que en zonas ocupadas por Rusia la actividad es extremadamente difícil. No hay parroquias activas y varias figuras religiosas han sido expulsadas. Cuentan la historia de dos párrocos que fueron arrestados y llevados a prisión en campos de guerra durante casi dos años: «la situación es muy opresiva en los territorios ocupados».

En Mariúpol, al inicio de la invasión, una oficina de la organización fue atacada y murieron dos trabajadores junto a sus familias. «Cuando pasó esto en 2022, había una cultura de rechazo muy fuerte hacia Rusia, y hacia un lógico odio. Pero siendo Cáritas una institución de la Iglesia, de cara al mañana, se trabaja en el sentido de tratar de cicatrizar esas heridas, de cara a la relación con la ciudadanía de Rusia».

«Es una promoción de misericordia, de perdón, aunque sea ahora mismo difícil, imposible. La paz es un proceso largo, no es un momento, y se va construyendo».

Apoyo internacional y colaboración española

Desde España, Cáritas Española mantiene una colaboración continuada con su homóloga ucraniana. Según sus responsables, en estos cuatro años se han destinado casi 19 millones de euros para «salvar, rescatar, proteger, acompañar a las personas más necesitadas en Ucrania, así como reconstruir esas comunidades que tanto necesitan.».

Pese al cansancio generalizado, el mensaje final fue de resistencia: la población “está agotada, pero se mantiene en pie”. La organización insiste en que mantener la solidaridad internacional es clave ante un escenario que, aseguran, ha sido el más peligroso de los cuatro años de guerra y podría agravarse si se reducen los fondos humanitarios.

“La paz es un proceso largo”, concluyeron, “y ahora mismo la prioridad es sostener a las personas y preservar su salud mental para poder reconstruir el país cuando llegue ese momento”.

Leer más
Newsletter La Brújula Déjanos tu mail y recibe todas las semanas la actualidad curada con una mirada católica