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La hermana Sandra, misionera en Sierra Leona: “La primera conversión es la del misionero”

La hermana Sandra, misionera en Sierra Leona, explica en España su labor educativa con mujeres y jóvenes vulnerables.

Javier García Herrería·4 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos
Sierra Leona

La hermana Sandra trabaja en Sierra Leona y se encuentra estos días en España para dar a conocer la campaña de Manos Unidas “Declara la guerra al hambre”, una iniciativa que busca visibilizar la realidad de los países más pobres y movilizar apoyo para proyectos de desarrollo y educación.

Desde hace ocho años, la religiosa trabaja en Sierra Leona, uno de los países con menor renta per cápita del mundo, donde su congregación desarrolla proyectos educativos y sociales dirigidos especialmente a mujeres y jóvenes en situación de vulnerabilidad.

Una misionera entre México y África

Nacida en México, la hermana Sandra pertenece a la congregación de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, una rama de inspiración franciscana fundada por una antigua clarisa de clausura durante la persecución religiosa en México en los años veinte.

Antes de ingresar en la vida religiosa en 1995, Sandra se licenció en Química Industrial y trabajó en una empresa dedicada a la fabricación de colorantes y pigmentos. “Siempre he sido una persona con ganas de aprender”, explica, una actitud que hoy define como clave para vivir el discipulado cristiano con “mente abierta y dócil al Espíritu”.

Tras experiencias misioneras en distintos países, llegó a Sierra Leona en 2018, donde actualmente coordina varios proyectos educativos de gran impacto social.

Formación para mujeres y jóvenes sin recursos

La hermana Sandra es responsable de una escuela técnico-profesional para mujeres vulnerables, la mayoría madres solteras que abandonaron la educación básica. Allí reciben formación en oficios como costura, peluquería o cocina, lo que les permite acceder a un empleo y mejorar de forma real sus condiciones de vida.

Paralelamente, la congregación ofrece formación profesional en informática y áreas administrativas para jóvenes que han terminado el bachillerato pero no pueden acceder a la universidad. “La capacitación, especialmente en computación, les abre más puertas en un país donde las oportunidades laborales son muy limitadas”, señala.

Algunas de las mujeres formadas han logrado empleo en empresas que prestan servicios a las minas de hierro y bauxita, especialmente en comedores industriales que atienden a miles de trabajadores. “Tener un salario estable les cambia la vida”, afirma.

El apoyo clave de Manos Unidas

La labor educativa de las Misioneras Clarisas se sostiene en gran medida gracias a la cooperación internacional. En este contexto, la hermana Sandra subraya el papel fundamental de Manos Unidas, que desde hace décadas apoya los proyectos de la congregación en Sierra Leona.

En los últimos años, la ONG ha financiado la rehabilitación de edificios escolares en la escuela Nuestra Señora de Guadalupe, que acoge a cerca de un millar de alumnas. “El subsidio estatal es de apenas 2,60 euros por alumna y semestre. Con eso es imposible mantener infraestructuras o mejorar la calidad educativa”, explica.

Las dificultades se agravan por el clima tropical, con largos periodos de lluvias intensas que deterioran rápidamente los edificios. “Sin la ayuda de Manos Unidas no podríamos seguir ofreciendo una educación digna y de calidad”, añade.

Fe y misión en un país mayoritariamente musulmán

Sierra Leona cuenta con una población mayoritariamente musulmana (95%), lo que plantea un desafío particular a la labor misionera. Para la hermana Sandra, esta realidad exige “anunciar la fe con respeto, pero también con libertad”.

“La primera conversión es la del propio misionero”, afirma, convencida de que la experiencia cotidiana entre los más pobres renueva constantemente la fe. Recuerda momentos de profunda vivencia espiritual, como la oración comunitaria con enfermos y niños pobres, que le hicieron sentir que estaba “dentro de una página del Evangelio”.

Aunque los bautismos son pocos —cinco o seis al año—, la religiosa subraya que la evangelización avanza de forma silenciosa y constante. “El Espíritu Santo trabaja despacio, pero no se detiene”.

Una misión sostenida con pocos medios

Actualmente, 27 hermanas de la congregación trabajan en Sierra Leona, once de ellas en la zona de Lunsar, atendiendo cinco escuelas con más de 3.000 alumnos. Además, gestionan un pequeño dispensario que atiende a más de mil enfermos al año.

“Somos pocas y con recursos limitados, pero seguimos adelante”, concluye la hermana Sandra. “Creemos firmemente que la educación es la base para una transformación social real, aunque sea lenta. Por eso estamos aquí”.

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