El Papa León XIV ha continuado en la Audiencia de este miércoles su catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, en este caso sobre la constitución dogmática Lumen Gentium (Luz de las Gentes). El tema ha sido ‘La Iglesia, realidad visible y espiritual”, con la lectura de la Carta de San Pablo a los Efesios (4,15-16), y ha subrayado que la Iglesia es humana y es divina.
Puede haber sido mera coincidencia que el Papa haya explicado hoy la Iglesia en su catequesis en la plaza de San Pedro. Pero el hecho es que el Papa viene a España a primeros de junio. Y que el sábado por la noche, en la gala del cine español en Barcelona con los premios Goya, se suscitó una polémica sobre la Iglesia, que ha continuado estos días, a raíz de la película ganadora de 5 estatuillas, ‘Los domingos’, con el argumento de la vocación religiosa de una joven de 17 años.
A preguntas de la revista Cinemania, Silvia Abril dijo en la alfombra roja: “Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga esa tirada hacia lo cristiano… Iba a decir lo místico, pero no es lo místico… Me da pena que necesiten creer en algo y que se agarren a la fe cristiana. Lo siento por la Iglesia, ¡vaya chiringuito tenéis montado! Se acabó, se acabó”.
Humana: “comunidad de hombres y mujeres, con virtudes y defectos, que anuncian el Evangelio”
¿Qué significa que la Iglesia sea “una realidad compleja”? Alguien podría responder, explicó el Pontífice en la Audiencia de esta mañana en Roma, que la Iglesia es compleja en cuanto que es “complicada” y, por tanto, difícil de explicar”; o bien “que su complejidad deriva del hecho de que es una institución que cuenta con dos mil años de historia y con características diversas respecto a cualquier otra agrupación social o religiosa”.
La constitución ‘Lumen gentium’ del Concilio Vaticano II afirma que la Iglesia “es un organismo bien compaginado, en el que conviven la dimensión humana y la divina “sin separación y sin confusión”.
“La primera dimensión se percibe inmediatamente, ya que la Iglesia es una comunidad de hombres y mujeres, con sus virtudes y sus defectos, que comparten la alegría y el esfuerzo de ser cristianos que anuncian el Evangelio y se hacen signo de la presencia de Cristo que nos acompaña en el camino de la vida”, ha señalado León XIV.

Divina: “la Iglesia es fruto del plan de amor de Dios por la humanidad, realizado en Cristo”
Pero este aspecto -que se manifiesta asimismo en la organización institucional- no basta para describir la verdadera naturaleza de la Iglesia, porque ésta posee también una dimensión divina, ha añadido el Sucesor del Apóstol Pedro.
“Esta última no consiste en una perfección ideal o en una superioridad espiritual de sus miembros, sino en el hecho de que la Iglesia es fruto del plan de amor de Dios por la humanidad, realizado en Cristo. Por eso, la Iglesia es al mismo tiempo comunidad terrena y cuerpo místico de Cristo, asamblea visible y misterio espiritual, realidad presente en la historia y pueblo que peregrina hacia el cielo (LG, 8; CCC, 771)”.
Al mismo tiempo, ha subrayado, “la dimensión humana y la divina se integran armoniosamente, sin que la una se superponga a la otra; así, la Iglesia vive en esta paradoja: es una realidad a la vez humana y divina, que acoge al hombre pecador y lo conduce a Dios”.
La vida de Cristo lo ilumina: su humanidad, y el encuentro con Dios
“Para iluminar dicha condición eclesial, la Lumen Gentium remite a la vida de Cristo. Efectivamente, quien se encontraba con Jesús por los caminos de Palestina experimentaba su humanidad, percibía sus ojos, sus manos, el sonido de su voz. Quien decidía seguirlo se sentía impulsado precisamente por la experiencia de su mirada acogedora, por el toque de sus manos que bendecían, por sus palabras de liberación y sanación.
Pero, al mismo tiempo, siguiendo a aquel Hombre, los discípulos se abrían al encuentro con Dios. En efecto, la carne de Cristo, su rostro, sus gestos y sus palabras manifiestan de modo visible al Dios invisible”.
Benedicto XVI (“no existe una Iglesia ideal y pura”). Francisco: caridad
El Papa ha citado en sus palabras finales al Papa Benedicto XVI, cuando resaltaba que “no existe una Iglesia ideal y pura, separada de la tierra, sino solamente la única Iglesia de Cristo, encarnada en la historia”. Y al Papa Francisco, que exhortaba a la caridad.
“Esto nos permite seguir edificando la Iglesia aún hoy en día: no solamente organizando sus formas visibles, sino también construyendo ese edificio espiritual que es el cuerpo de Cristo, mediante la comunión y la caridad entre nosotros”, ha añadido León XIV.
Al concluir, el Papa León ha manifestado que “la caridad, en efecto, genera constantemente la presencia del Resucitado. ‘Quiera el cielo -decía san Agustín- que todos piensen solo en la caridad: solamente ella vence todo, y sin ella de nada vale todo lo demás; dondequiera que se halle, atrae todo hacia sí’ (Serm. 354,6,6)”.
Cuaresma: “tiempo de gracia y renovación espiritual«
En cuanto a otros temas, sus palabras a los peregrinos de lengua inglesa pueden sintetizar sus alusiones al tiempo de Cuaresma que vive la Iglesia: “Saludo a todos los peregrinos y visitantes de habla inglesa que participan en la audiencia de hoy, en particular a los grupos procedentes de Inglaterra, India, Filipinas, Singapur, Vietnam y los Estados Unidos de América.
Con mis mejores deseos y oraciones para que esta Cuaresma sea un tiempo de gracia y renovación espiritual para ustedes y sus familias, invoco sobre todos ustedes la alegría y la paz en nuestro Señor Jesucristo”.




