Vaticano

León XIV: «El corazón de Jesús late por todo hombre y toda mujer”

Tras celebrar la Misa de María Madre de Dios en la basílica, impartió la bendición a los fieles congregados en la plaza desde la ventana del apartamiento pontificio.

Redacción Omnes·1 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos
corazón late

@OSV News photo/Elisabetta Trevisan, Vatican Media

El Papa León XIV inauguró el nuevo año con un mensaje centrado en la paz, la esperanza y la renovación interior, en el que invitó a los fieles a comenzar 2026 como una auténtica “época de paz y amistad entre todos los pueblos”.

“Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz año nuevo!”, comenzó el Pontífice, enmarcando su mensaje en el paso del tiempo y en la responsabilidad de vivirlo con sentido. Advirtió que, sin un deseo sincero de bien, “no tendría sentido girar las páginas del calendario y llenar nuestras agendas”, y subrayó que el nuevo año solo cobra significado cuando se orienta al bien común y a la reconciliación.

Últimos días del Jubileo

En su reflexión, León XIV hizo referencia al Jubileo que concluye, del que —dijo— la Iglesia ha aprendido “cómo cultivar la esperanza de un mundo nuevo”. Una esperanza que no es abstracta, sino concreta: “convirtiendo el corazón a Dios, para poder transformar los agravios en perdón, el dolor en consolación y los propósitos de virtud en obras buenas”. En ese estilo, añadió, Dios habita la historia y la rescata del olvido, entregando al mundo al Redentor.

El Papa centró su mensaje en la figura de Jesucristo, “el Hijo Unigénito que se hace nuestro hermano”, y que ilumina “las conciencias de buena voluntad” para construir el futuro “como casa acogedora para todo hombre y toda mujer que nace”. En continuidad con el tiempo de Navidad, dirigió la mirada a María, “la primera en sentir palpitar el corazón de Cristo”, y evocó el misterio del Verbo encarnado, anunciado “como latido de gracia” en el silencio de su seno virginal.

Un corazón que late

En un pasaje de marcado tono espiritual, León XIV recordó que Dios, al hacerse hombre, nos da a conocer su propio corazón, y que “el corazón de Jesús late por todo hombre y toda mujer”: por quienes lo acogen, como los pastores, y también por quienes lo rechazan, como Herodes. “Su corazón no es indiferente —afirmó—: palpita por los justos, para que perseveren en su entrega; y por los injustos, para que cambien de vida y encuentren paz”.

El Pontífice invitó a detenerse a adorar el misterio de la Encarnación, que “resplandece en María Santísima y se refleja en cada recién nacido”, revelando la imagen divina impresa en el ser humano. Desde esa contemplación, llamó a una oración coral por la paz en la Jornada del 1 de enero: “sobre todo entre las naciones ensangrentadas por conflictos y miseria, pero también en nuestras casas, en las familias heridas por la violencia y el dolor”.

Concluyó su mensaje confiando a María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, la súplica por un mundo reconciliado, con la certeza de que “Cristo, nuestra esperanza, es el sol de justicia que nunca declina”. A continuación, el Papa León XIV impartió la bendición, extendiendo su deseo de paz y esperanza a la ciudad de Roma y al mundo entero.

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