Vaticano

El Papa subraya que la luz de la Pascua vence al odio y renueva el mundo

"Querían ir al sepulcro de Jesús. Esperaban encontrarlo sellado, con una gran piedra en la entrada. Esto es el pecado: una barrera muy pesada que  nos encierra y nos separa de Dios. María de Magdala y la otra María, sin embargo, no se dejaron intimidar".

Redacción Omnes·4 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos
luz Pascua

@CNS photo/Lola Gomez

En una solemne Vigilia Pascual marcada por la simbología de la luz, el Papa León XIV proclamó que la Resurrección de Cristo “expulsa el odio, trae la concordia y doblega a los poderosos”, invitando a los fieles a convertirse en portadores de esa luz en medio de un mundo herido por el miedo, la división y la violencia.

Desde una basílica iluminada por las velas encendidas a partir del Cirio pascual, el Pontífice recordó que esta celebración, “madre de todas las vigilias”, representa el corazón de la fe cristiana: la victoria definitiva de la vida sobre la muerte.

La historia de la salvación culmina en la Pascua

El Papa recorrió las principales etapas de la historia de la salvación, desde la creación hasta la Resurrección, destacando el amor fiel de Dios frente al pecado humano. Recordó cómo, desde el inicio, Dios transforma el caos en armonía y no abandona al hombre tras su caída, sino que responde con misericordia.

También evocó episodios clave como el sacrificio de Isaac —donde Dios revela que no quiere la muerte— y la liberación de Egipto, símbolo del paso de la esclavitud a la libertad. En los profetas, señaló, resuena constantemente la imagen de un Dios que llama, sacia, ilumina y renueva el corazón humano. Ante el pecado que divide y mata, Dios responde con el poder del amor que une y da vida.

Las mujeres, primeras testigos de la esperanza

Al comentar el Evangelio, León XIV puso el foco en las mujeres que acudieron al sepulcro la mañana de Pascua. A pesar del miedo y la aparente imposibilidad —la piedra sellada y la vigilancia—, su fe las convirtió en las primeras testigos de la Resurrección.

El sepulcro cerrado es imagen del pecado que nos encierra, explicó el Papa. Pero la intervención de Dios —el terremoto, el ángel, la piedra removida— manifiesta que su amor es más fuerte que cualquier mal.

Un mensaje actual: abrir los sepulcros de hoy

El Papa aplicó el mensaje pascual a la realidad contemporánea, señalando que también hoy existen “piedras pesadas” que bloquean la vida: la desconfianza, el miedo, el egoísmo y el rencor. Estas, advirtió, generan consecuencias sociales como la guerra, la injusticia y el aislamiento entre pueblos.

Frente a ello, llamó a no dejarse paralizar: “Muchos hombres y mujeres, con la gracia de Dios», han removido esas piedras, incluso a costa de su vida, dejando frutos de bien que perduran hoy día.

Bautismo y misión: anunciar con la vida

La celebración incluyó la incorporación de nuevos cristianos mediante el Bautismo, signo de la vida nueva en Cristo. León XIV subrayó que todos los fieles están llamados a compartir esa renovación, no solo con palabras, sino con obras concretas de caridad.

“Anuncien a Cristo; esparzan el Evangelio”, exhortó, citando a san Agustín. El Papa insistió en que el verdadero testimonio cristiano consiste en cantar «con la vida el aleluya que proclamamos con los labios”.

Una llamada a la paz y la unidad

En el tramo final de la homilía, el Pontífice invitó a los fieles a comprometerse activamente en la construcción de un mundo nuevo, marcado por la paz y la unidad. La Pascua, concluyó, no es solo un recuerdo, sino una fuerza viva que impulsa a transformar la realidad.

“Que en todas partes y siempre, en el mundo, crezcan y florezcan los dones  pascuales de la concordia y la paz”, pidió, dejando como mensaje central que la Resurrección no solo cambia la historia, sino también el corazón de cada persona.

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