En el II Domingo de Pascua, instaurado como Domingo de la Divina Misericordia, y en vísperas de su viaje a cuatro países africanos, como ha recordado el Papa en el Regina caeli, León XIV se ha referido a los 49 mártires de Abitinia. Uno de ellos afirmó que “sin el domingo no podemos vivir”. Abitinia o Abitina estaba en la provincia romana que incluía parte de Túnez, de Libia, y el noreste de Argelia.
Fe alimentada en la Eucaristía
El evangelio de este domingo relata la profesión de fe del apóstol Tomás, “la más elevada de todo el cuarto Evangelio: ‘¡Señor mío y Dios mío!’ (v. 28)”.
El Papa ha dicho en el Regina caeli que “ciertamente, creer no siempre es fácil. No lo fue para Tomás y tampoco lo es para nosotros. La fe necesita ser alimentada y sostenida. Por eso, en el “octavo día”, es decir, cada domingo, la Iglesia nos invita a hacer lo mismo que los primeros discípulos: reunirnos y celebrar juntos la Eucaristía”.
En ella escuchamos las palabras de Jesús, ha enseñado el Sucesor de Pedro, “oramos, profesamos nuestra fe, compartimos los dones de Dios en la caridad, ofrecemos nuestra vida en unión al Sacrificio de Cristo, nos alimentamos de su Cuerpo y de su Sangre, para luego ser, también nosotros, testigos de su Resurrección, como lo indica el término “Misa”, es decir, “envío”, “misión” (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1332)”.+
Los mártires de Abitinia: hermoso testimonio
La Eucaristía dominical es indispensable para la vida cristiana, ha proseguido el Papa. “Mañana saldré para el Viaje apostólico a África, y precisamente algunos mártires de la Iglesia africana de los primeros siglos, los mártires de Abitinia, nos han dejado un hermoso testimonio al respecto”.
“Ante la propuesta de salvar sus vidas a cambio de renunciar a celebrar la Eucaristía, respondieron que no podían vivir sin celebrar el día del Señor. Es ahí donde se nutre y crece nuestra fe”.
Benedicto XVI: “nos faltarían las fuerzas”
En la clausura del XXVI Congreso Eucarístico italiano en Bari (Italia), en mayo de 2005, Benedicto XVI recordó la escena.
Era la fiesta del Corpus Christi. El Papa dijo: “Fue significativa, entre otras, la respuesta que un cierto Emérito dio al procónsul que le preguntaba por qué habían transgredido la severa orden del emperador. Respondió: “Sine dominico non possumus”; es decir, sin reunirnos en asamblea el domingo para celebrar la Eucaristía no podemos vivir. Nos faltarían las fuerzas para afrontar las dificultades diarias y no sucumbir”.
Después de atroces torturas, san Saturnino y otros 48 mártires de Abitinia fueron asesinados. “Así, con la efusión de la sangre, confirmaron su fe. Murieron, pero vencieron; ahora los recordamos en la gloria de Cristo resucitado. Sobre la experiencia de los mártires de Abitina debemos reflexionar también nosotros, cristianos del siglo XXI”, sugirió el Papa Benedicto.
Iglesias orientales: deseos de paz
Tras el rezo del Regina caeli, el Pontífice ha recordado que muchas Iglesias Orientales celebran la Pascua según el calendario juliano. “A todas esas comunidades, les extiendo mis más sinceros deseos de paz, en comunión de fe en el Señor Resucitado”.
Amados pueblos ucraniano y libanés
A continuación, ha rezado por quienes sufren a causa de la guerra, especialmente por “el amado pueblo ucraniano” y por el “querido pueblo libanés”.
Tres años de guerra en Sudán
El Papa ha subrayado que “el próximo miércoles se cumplen tres años del inicio del sangriento conflicto en Sudán. ¡Cuánto sufre el pueblo sudanés, víctimas inocentes de esta tragedia inhumana! Reitero mi sincero llamamiento a las partes en conflicto para que depongan las armas y comiencen, sin condiciones previas, un diálogo honesto que ponga fin a esta guerra fratricida cuanto antes”.
Divina Misericordia
Finalmente, el Pontífice ha saludado a romanos y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro, “especialmente a los fieles que celebraron el Domingo de la Divina Misericordia en el Santuario de Santo Spirito en Sassia”.

Acompañar al Papa en su viaje apostólico a África
Antes de dar la bendición, ha rogado y agradecido que le acompañemos con oraciones, en el viaje apostólico de diez días a cuatro países africanos: Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. Y se ha referido a “la Virgen María, bendita por haber sido la primera en creer sin ver (cf. Jn 20,29)”.



