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La verdadera opción benedictina

Estamos ante un verdadero tratado de vida espiritual, de contemplación y de santidad, como en el siglo XVI cuando se denominaban tratados de “ascética y mística”, que ayudaban a los miembros del clero regular y secular para alimentar su propia vida espiritual y encender al pueblo cristiano en su misión de iluminar el mundo desde dentro.

José Carlos Martín de la Hoz·26 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos
opción benedictina

Hace unos años se tradujo al castellano y se difundió entre los cristianos españoles la obra de un conocido autor estadounidense denominada “la opción benedictina”, donde tras un análisis de la situación de los creyentes en Estados Unidos, se recomendaba la “opción benedictina”, es decir, actuar como en el medievo cuando la vida de las comunidades cristianas se organizaba alrededor de los monasterios benedictinos dispersos por el mundo entero.

En España no triunfó esa opción de encerramiento en la verdad cristiana, que facilita la autoreferencialidad y segregación de otras familias, culturas y mentalidades. Es preciso que las familias cristianas se mezclen con otras familias paganas y las estimulen y evangelizan. Encerrarnos en un pequeño mundo nos desnaturaliza, pues hemos de ser fermento en la masa.

Comentaba el cardenal de Rabat, Clemente López que, cuando les visitó el Papa Francisco en 2019, el último día, antes de subir al avión que le llevaría de regreso a Roma, le comentó que no importaba que los cristianos en Marruecos fueran muchos o pocos, que influyeran mucho o nada; lo importante era que la “sal no se volviera insípida”.

Apertura

En España existen todavía suficientes raíces cristianas como para poder crear con nuestros amigos y vecinos una cultura y una civilización llena de valores cristianos y humanos con los que desarrollar nuestra patria con valores sin necesidad de encapsularnos.

Esta es la esencia del libro publicado por “Sal Terrae”, fruto de las conversaciones durante tres años entre el periodista holandés Hugo Vanheeswiijck “y el abad Peeters (Simpelveld, 1968) de la Abadía Nuestra Señora de Koningshoeven en Tiburg en los Países Bajos y, desde el 11 de febrero de 2022, abad general de la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia (OCSO) también llamados religiosos “trapenses”: 150 abadías del mundo entero cayeron en su corazón (20).

Efectivamente, el Abad Peeters expondrá en estas conversaciones una propuesta de vida cristiana que sería la vida trapense, con toda su hondura y profundidad, de modo que vemos como esa benemérita institución sigue siendo fiel, en el fondo, a la regla de san Benito del siglo IV y, a la vez, está perfectamente adaptada a la mentalidad de un monje del siglo XXI.  Es más, el propio Bernardis Peeters eligió como lema en 2005 cuando se convirtió en abad de la abadía de Koningshoeven, estas palabras: “¡Busca a Dios y vive!” (16, 134).

Un carisma del que aprender

Indudablemente, y este es el secreto de este libro, la sabiduría que Dios Espíritu Santo concede a estos religiosos, no solo les envuelve a ellos en una riqueza insondable del Espíritu que les lleva a una vida plena de la gracia, sino que de su santidad de vida se enriquece toda la Iglesia universal por la comunión de los santos y por los frutos de santidad y de ideas cristianas que atravesarán los muros y llegarán hasta el último rincón de la tierra.

Efectivamente, estamos ante un verdadero tratado de vida espiritual, de contemplación y de santidad, como en el siglo XVI cuando se denominaban tratados de “ascética y mística”, que ayudaban a los miembros del clero regular y secular para alimentar su propia vida espiritual y encender al pueblo cristiano en su misión de iluminar el mundo desde dentro.

Dios en el día a día

Quizás la primera conclusión de este trabajo es la brevedad del mismo. Se trata de trasmitir la sabiduría de un abad al mundo contemporáneo, y las ideas como la sabiduría son más intensas que extensas y no hace falta muchos discursos sino el reverberar personalmente en la propia contemplación personal.

La tarea sigue siendo del Espíritu Santo y también sigue necesitando, como dejó claro el concilio de Trento y los posteriores hasta el Vaticano II, la cooperación de la libertad: la santidad y la contemplación son fruto de la conjunción de la gracia de Dios y de la libertad personal de cada cristiano. Como explica el autor de este libro: “involucrar a Dios en la vida concreta de cada día” (16). 

También la caridad es importante: “Cuando Cristo habla de negarse a mí mismo, no dice en absoluto que deba abandonarme a mí mismo. Sin embargo, debo renunciar a mí mismo para pertenecer a una comunidad, para entregarme a la comunidad, para estar ahí para los demás” (91). 

Confianza

La segunda conclusión de este trabajo es el clima de confianza con el que debemos tratarnos los cristianos para activar la comunión de los santos. En la Iglesia, como se colige del Nuevo Testamento, todo se apoya en la confianza. Somos una familia universal unidos con el Papa y nuestros obispos y sacerdotes que nos dirigimos a la misma meta: vivir con Jesús en la tierra y en el cielo en un clima familiar de confianza mutua: “La oración auténtica está arraigada en el silencio y la sencillez; pero se extiende a toda la creación y, por lo tanto, pone de relieve la solidaridad” (106).

La confianza es la que deposita Dios en nosotros al darnos su gracia en las circunstancias ordinarias. Así dirá nuestro abad: “una escuela de amor es un camino de vida que transforma al ser humano mediante la combinación de la oración (corazón), la lectura (intelecto) y el trabajo (cuerpo). Te enseña a amar y porqué hacerlo” (111).

Inmediatamente, hablaremos de oración personal, de liturgia, de vida de familia, de vida comunidad, de Iglesia universal, de conocernos, querernos y respetar los modos de pensar de los demás. Unidad y variedad. Es muy interesante que los monjes encuentren en su oración las mismas dificultades que los cristianos corrientes de la calle: “A menudo, las personas no paran de correr. Nosotros, los monjes, también lo hacemos. Es importante detener el torbellino que hay en nuestro interior. Debemos estar en silencio ante la presencia de Dios” (121).

La meta es la misma para todos los cristianos de toda clase y condición: la intimidad con Jesucristo y vivir la caridad con el prójimo. La palabra santidad es usada una y otra vez como amistad con Jesucristo y deseos de conocerle y amarle. La palabra lucha, significa en este trabajo, enamoramiento e ilusión de amar más y mejor: “Jesús que vive en mí, también ora en mí. Solo tengo que unirme a esa oración. Me quedó claro lo que Pablo quiere decir cuando afirma que es el Espíritu el que ora en nosotros, que es él quien dice ‘Abbá, Padre’” (125).

Bernardus Peeters. La sabiduría de un abad

Autor: Hugo Vanheeswijck
Editorial: SalTerrae
Número de páginas: 134
Año: 2026
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