Artikel

“La mayoría de los conflictos tienen su origen en la pobreza”

Fidèle Pogba Dukan, de Manos Unidas, analiza la relación entre la paz y la alimentación en el mundo

Virginia Gil-Nugués-16 de Oktober de 2026-Lesezeit: 4 Minuten
Manos unidas

Fidèle Pogba Dukan atiende a Omnes en la jornada sobre Paz y Alimentación celebrada por Manos Unidas

¿Qué tiene que ver la paz con el hambre? ¿No son conceptos ajenos? Aunque parezcan realidades diferentes, la alimentación y la paz van de la mano. Lo acaba de analizar una mesa redonda organizada por Manos Unidas con expertos en desarrollo.

Fidèle Pogba Dukan, coordinador del departamento de Estudios y Documentación de Manos Unidas, ha sido uno de los ponentes en la “Mesa del Hambre” organizada en la sede de la Fundación Botín en Madrid con motivo del Día Mundial de la Alimentación y el Día Internacional de Erradicación de la Pobreza. Los participantes, especialistas en acción humanitaria y derechos humanos, analizaron cómo la violencia y los conflictos destruyen los sistemas alimentarios, y dialogaron sobre qué posibles acciones pueden proteger el derecho a la alimentación. Pogba explica a Omnes su visión sobre los sistemas alimentarios.

¿Qué resulta prioritario solucionar, las hambrunas o la violencia y los conflictos armados?

—Ambos aspectos van vinculados, pero, por prioridad, las hambrunas. Hay que salvar la vida del ser humano, porque si no lo otro no tendría mucho sentido. Las hambrunas no nacen como generación espontánea, sabemos dónde las va a haber. En vez de solucionarlas una vez acaecidas, vayamos a prevenir, porque también eso se puede hacer.

¿Es cierto que gran parte de las hambrunas están relacionadas con la guerra, al menos en la época contemporánea?

—El hambre es multicausal. Dependiendo de qué foco o momento, de qué contexto, de qué país, de qué zona, puede haber una causa mayor. Pero, en cualquier caso, el hambre en el mundo depende de una sola causa mayúscula, y se llama “sistemas alimentarios mundiales”. A través de ellos no se produce alimento donde se necesita para que la gente viva o coma según sus tradiciones culturales, sino que se produce donde no hace falta con el fin de vender excedentes. Por ejemplo, el trigo, el arroz, el azúcar, todos los alimentos prioritarios para la vida del ser humano vienen de fuera.

Hace años, Haití, uno de los países más pobres del mundo, vivía con su producción de arroz de una manera más o menos suficiente. Pero entonces empezó a llegar arroz de Estados Unidos y, dado que el tejido productivo del país es inexistente, dejó de producir. Los sistemas alimentarios sirven para productos que se exportan al norte: palma aceitera, algodón, e incluso campos para minería. Con lo cual, dichos sistemas producen hambre.

Cuestión de reparto, no de producción

¿Mantiene que el problema es el reparto, no la falta de producción de alimentos en el mundo?

—Una perspectiva global de análisis de recursos me permite decir que el problema es un reparto no equitativo. Producimos alimentos para dar de comer casi al doble de la humanidad y aun así no llega, porque precisamente los sistemas alimentarios nos obligan a tirar un tercio de nuestro alimento a la basura, para mantener los precios.

Por ejemplo, he estado en Mallorca y he visto barcos tirando plátanos al mar. A un nivel de análisis macroeconómico, podemos afirmar que el problema es de reparto, pero a un nivel real de la población, el problema es la incapacidad de producir donde el alimento falta. Por ejemplo, el acaparamiento de tierras que quitan a las poblaciones para otros usos. Ese es el tema de fondo, la incapacidad de invertir en la producción agrícola local para que la gente pueda vivir según sus tradiciones culturales.

Warum?

—Porque detrás de los sistemas alimentarios está el conflicto y el cambio climático. El nexo común es un modelo de producción agrícola por el que uno produce barato donde la mano de obra no cuesta nada y vende donde saca grandes beneficios. Les da igual lo que coma la población. Y España, tarde o temprano, va a ser también víctima de hambre.

¿Cómo conseguir seguridad alimentaria a largo plazo?

—Es necesaria una educación para el desarrollo y transformación social, crear conciencia de que lo que uno hace aquí tiene repercusión allá. Hay que trasladar la idea de ‘come lo suficiente, come lo que necesitas; aunque tú lo puedas pagar, el mundo no puede’.

Por otro lado, atención inmediata al que muere de hambre: la dignidad humana está en juego, la vida está en crisis. Francia va a bajar los fondos para la cooperación a un 45 %, pero, ¿qué van a hacer los que dependían de esos fondos para una vida inmediata? ¿Dónde está la conciencia humana y el valor de la dignidad humana? Europa tiene que recuperar ese trasfondo ético que nos hable de lo que en realidad es el ser humano.

¿Es posible corregir esos errores dentro del sistema capitalista sin una revolución radical?

—Ni soy capitalista, ni soy comunista, ni soy socialista. La cuestión no es etiquetarnos, sino comprobar qué garantías tenemos para que la dignidad del ser humano esté en el centro. Los derechos humanos nos constituyen en nuestra dignidad independientemente de las opciones políticas. Si no, ¿qué sentido tiene la Declaración Universal de los Derechos Humanos? El sistema económico tiene claves culturales que repercuten sobre él.

¿Cómo evitar que el beneficio económico se anteponga a la consideración de la alimentación como un derecho humano?

—Se pueden establecer precios mínimos para alimentos esenciales para la vida, sobre todo en tiempos de crisis, y fomentar la agricultura local y la soberanía alimentaria. Los países llamados pobres no son pobres: son países mal gestionados o donde el beneficio queda en manos de élites. También habría que fomentar un consumo responsable desde los países de destino, comprando productos de proximidad, para beneficiar la economía local.

La jornada de Manos Unidas era sobre paz y alimentación. En realidad, ¿hasta qué punto los conflictos en el mundo tienen su raíz en el problema alimentario?

—La mayoría de los conflictos tienen su origen, si no en el hambre, sí al menos en la pobreza y en la discriminación. Cuando se excluye a un colectivo de la gestión de los asuntos públicos, se crea una especie de pobreza para esa gente excluida, pues es la base sobre la que se asienta la conflictividad. Existe una utilización torticera del malestar de la población por parte de los señores de la guerra, quienes reavivan el fuego para controlar las tierras, el ganado o la minería. El tema del hambre, la pobreza, la miseria y la exclusión siempre está ahí subyacente. Y el descontento de la población siempre es utilizado por unos o por otros.

Der AutorVirginia Gil-Nugués

Newsletter La Brújula Hinterlassen Sie uns Ihre E-Mail-Adresse und erhalten Sie jede Woche die neuesten Nachrichten, die aus katholischer Sicht kuratiert sind.