Ressourcen

Desclericalizar la Iglesia sin clericalizar a los laicos

Francisco y León XIV promueven una mayor participación de los laicos en el gobierno de la Iglesia, sin confundir la autoridad administrativa con el ministerio sacramental.

Bryan Lawrence Gonsalves-20 de Oktober de 2026-Lesezeit: 5 Minuten
Laicos gobierno de la Iglesia

El Papa Francisco estrecha la mano de Paolo Ruffini ©CNS/Vatican Media

En diciembre de 2013, nueve meses después del inicio de su pontificado, se le preguntó al Papa Francisco si se podía nombrar cardenal a una mujer. Ahora bien, el Colegio Cardenalicio es un órgano administrativo y no meramente sacramental. En cuanto a los precedentes históricos, ha habido cardenales laicos; Teodolfo Mertel fue el último en ser nombrado, en 1858, antes de que el Papa Benedicto XV suspendiera esta práctica en 1917.

El Papa Francisco se negó a responder directamente a esta cuestión canónica, pero sí afirmó que «las mujeres en la Iglesia deben ser valoradas, no “clericalizadas”».

Su respuesta decepcionó a quienes abogan por la ordenación femenina y la ampliación de los derechos de las mujeres. Mientras que los activistas equiparan el poder con el sacerdocio, el Papa Francisco consideró que basar la autoridad en los títulos clericales no hace más que reforzar el clericalismo. Por lo tanto, intentar «clericalizar» a las mujeres refuerza la idea de que el clero es el único detentador del poder.

Las dos visiones del poder

Tal y como se expone en Lumen Gentium, el poder eclesial no es un derecho personal, sino un encargo sagrado delegado por Cristo a través de las Órdenes Sagradas, que abarca los mandatos específicos de enseñar la doctrina, santificar a través de los sacramentos y pastorear a la Iglesia.

Existe también una dimensión temporal del gobierno y el poder, en la que los obispos y cardenales ejercen la autoridad administrativa, supervisan los asuntos financieros y gestionan los asuntos prácticos y civiles tanto de sus diócesis como del Vaticano.

Si echamos la vista atrás al Papa Francisco, parece que se centró en el liderazgo de servicio y se propuso reformar el gobierno de la Iglesia permitiendo que laicos cualificados asumieran funciones administrativas y financieras. En teoría, esto permitiría al clero centrarse más directamente en sus deberes pastorales y sacramentales.

Su enfoque suscitó críticas por parte de algunas facciones tradicionalistas dentro de la Iglesia, que concebían el poder principalmente a través de una jerarquía rígida en la que la autoridad espiritual y administrativa fluye estrictamente de arriba abajo a través del clero ordenado para preservar la pureza doctrinal. Los reformistas progresistas, por su parte, entendían el poder a través de la participación democrática y la igualdad institucional, argumentando que la verdadera autoridad laica requería una toma de decisiones compartida y el acceso a las órdenes sagradas.

En última instancia, aunque el Papa Francisco distinguió entre el control administrativo y el ministerio sacramental, tanto los tradicionalistas como los progresistas tendían a considerar que el verdadero poder eclesial era inseparable del sacerdocio ordenado.

Los nombramientos laicos y la distinción del santuario

Tanto el Papa Francisco como el Papa León XIV han considerado el empoderamiento de los laicos y la identidad sacerdotal como fuerzas complementarias, más que opuestas. Parece que su estrategia subyacente se basa en la suposición de que, cuanto más participen los laicos en la gestión de la Iglesia, más claro se hace el papel distintivo y estrictamente sacramental del sacerdocio.

Esto lo vemos en 2018, cuando el Papa Francisco nombró al periodista Paolo Ruffini prefecto del Dicasterio para la Comunicación, el primer laico en dirigir un dicasterio importante del Vaticano. Posteriormente, en 2021, nombró a la hermana Alessandra Smerilli secretaria del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral. Amplió esta estrategia en 2022 al nombrar a la hermana Raffaella Petrini, a la hermana Yvonne Reungoat y a la laica Maria Lia Zervino para el Dicasterio para los Obispos, otorgando así a los miembros no ordenados una voz directa en la selección de los futuros obispos de la Iglesia. En 2025 nombró a la hermana Simona Brambilla prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada, convirtiéndola en la primera mujer en dirigir un dicasterio que supervisa las órdenes religiosas a nivel mundial.

Un ejemplo más reciente de esta estrategia fue el nombramiento, en junio de 2026, por parte del Papa León XIV, de María Montserrat Alvarado, una mexicano-estadounidense y antigua presidenta y directora de operaciones de EWTN News, como prefecta del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede. Más tarde, en agosto de 2026, el Papa León nombró a cuatro laicos para el Consejo de Economía, el órgano de supervisión financiera del Vaticano. Durante ese mismo mes, también nombró a Patrick Kelly, Caballero Supremo y director ejecutivo de los Caballeros de Colón, miembro del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

La reasignación de funciones administrativas rompe con la creencia arraigada de que la gobernanza institucional requiere órdenes sagradas, desmantelando el clericalismo de raíz, en lugar de limitarse a otorgar a los laicos funciones clericales para que se sientan empoderados.

El diaconado femenino

En agosto de 2016, el Papa Francisco puso en marcha un estudio para analizar si existía una base histórica para el diaconado femenino. Cuando el estudio se estancó a la hora de determinar si las prácticas históricas tempranas constituían una ordenación sacramental, el Papa instituyó un segundo estudio en abril de 2020 sobre la ordenación sacramental de las mujeres.

Posteriormente, en diciembre de 2025, el informe se presentó al recién elegido Papa León. Este concluyó que, si bien históricamente existieron diaconisas, las pruebas no respaldan la admisión de las mujeres al diaconado como grado del sacramento del Orden.

Parece que la frontera sacramental de la ordenación de mujeres sacerdotes sigue siendo la única línea que ninguno de los dos pontífices ha estado dispuesto a cruzar. Las funciones ejecutivas, de gestión y administrativas pueden confiarse a mujeres y hombres laicos sin problema alguno, pero no así el ministerio sacramental.

El Vaticano lo dejó explícitamente claro en junio de 2026 al rechazar una propuesta del «camino sinodal» de los obispos alemanes para permitir que los laicos predicaran durante la misa.

Al nombrar a laicos para supervisar los departamentos del Vaticano, la Iglesia parece estar transfiriendo la autoridad administrativa, al tiempo que mantiene el santuario estrictamente intacto. Por lo tanto, el sacerdocio y sus deberes sagrados siguen reservados exclusivamente al clero.

La carga burocrática y la respuesta sinodal

Los críticos han señalado a menudo que los obispos y cardenales ostentan una autoridad administrativa, financiera y civil tan amplia que, con frecuencia, actúan menos como pastores espirituales y más como directores generales de empresas sepultados bajo el papeleo.

Otros señalan que esta pesada carga administrativa les deja poco tiempo o energía para la evangelización directa y el trabajo pastoral de primera línea, lo que los hace en gran medida inaccesibles para las mismas personas a las que sirven. Además, para llegar a un obispo a menudo hay que sortear a los «guardianes» que controlan el acceso a su despacho, lo que convierte la accesibilidad en otra motivo de preocupación.

Quizá por eso tanto el Papa Francisco como el Papa León han recurrido en gran medida a un proceso conocido como sinodalidad. Históricamente, los sínodos eran reuniones legislativas breves de obispos convocadas para resolver cuestiones de derecho canónico o hacer cumplir la doctrina. Tal y como se ha replanteado en la última década, la sinodalidad ha pasado de ser un acto administrativo a convertirse en una filosofía global de gobierno de la Iglesia.

Cuando los participantes se reúnen en una asamblea sinodal, se sientan en mesas redondas en pie de igualdad estructural: cardenales, obispos, religiosas y laicos. Los documentos elaborados por estas asambleas no conllevan sanciones canónicas ni emiten decretos dogmáticos. En cambio, sirven como registros de consenso, diseñados para cultivar una cultura de diálogo en lugar de una jerarquía de mando vertical.

Sí, es un proceso lento, pero contrarresta dos percepciones profundamente arraigadas de la vida católica: el supuesto autoritarismo de los obispos, acostumbrados a una autoridad sin control, y la servilidad pasiva de los laicos, acostumbrados a recibir órdenes.

Reducir el poder administrativo para restaurar la visión pastoral

El objetivo último de desmantelar el clericalismo no es simplemente redistribuir la autoridad organizativa o apaciguar sensibilidades políticas. Parece que lo que el Papa León está tratando de hacer es reducir las cargas administrativas y el papeleo a los que está sometido el colegio cardenalicio. El resultado sería un alto clero menos burocrático y más pastoral.

Este tipo de redefinición desafía a ambos extremos de la Iglesia. Para los progresistas, insiste en que el empoderamiento de los laicos no se basa ni debe basarse en las órdenes sagradas. Para los tradicionalistas, exige una renuncia radical al control clerical sobre el dinero, la política y la administración ejecutiva.

Al insistir en que las mujeres y los laicos ejerzan una autoridad genuina sin necesidad de ser «clericalizados», el Papa Francisco y León han dado a entender directamente que el poder en la Iglesia nunca debió definirse por el tamaño de una cancillería o el título que figura en un escritorio. Al despojar poco a poco a los cardenales de su dominio administrativo, los Papas están intentando algo mucho más radical que una reestructuración administrativa. Están intentando devolver a los laicos al mundo y al sacerdocio a Dios.

Newsletter La Brújula Hinterlassen Sie uns Ihre E-Mail-Adresse und erhalten Sie jede Woche die neuesten Nachrichten, die aus katholischer Sicht kuratiert sind.