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Cómo evitar al demonio: Las advertencias de la Iglesia sobre el ocultismo

La Iglesia advierte sobre los peligros del ocultismo y propone recuperar la formación sobre el mundo espiritual para ayudar a los jóvenes a crecer en la fe y acercarse a Dios.

Redaktion Omnes-28 de Oktober de 2026-Lesezeit: 7 Minuten
ocultismo

Vivimos en una generación que plantea desafíos en cuanto a nuestra fe y comprensión de lo espiritual. Muchas ideas cristianas que antes inspiraban a nuestras familias, comunidades y leyes se han desvanecido. Lo que antes se consideraba peligroso o incluso malvado ahora se normaliza y, a menudo, se celebra.

A partir de la década de 1970, casi todos los seminarios enseñaban que la posesión era un problema psiquiátrico, y muchos afirmaban que el diablo no era una persona, sino una idea. La cultura occidental se adentró significativamente en el ocultismo a través del movimiento espiritista desde finales del siglo XIX hasta la posguerra. Actualmente, se observa un resurgimiento de este fenómeno en forma de investigación paranormal, impulsado por numerosos programas de televisión sobre el tema. La brujería («Wicca») es ahora una religión oficial en Estados Unidos, y el satanismo ha buscado reconocimiento y una presencia abierta en la cultura.

El vacío en la formación sobre lo sobrenatural

A los seminaristas se les suele enseñar muy poco sobre los peligros del mundo espiritual y las normas que Dios estableció para protegernos de ellos. En muchos casos, parece que nos avergüenza la idea de que los espíritus sean reales, que existan ángeles y demonios, y que los exorcismos no sean una antigua interpretación errónea de problemas neurológicos. Debido a que muchos rehúyen estas ideas, nuestros jóvenes suelen quedarse sin información por parte de la Iglesia. Luego, internet y Hollywood les enseñan sobre estos temas.

En los seres humanos existe una curiosidad natural e inherente por lo espiritual. Desde una perspectiva católica , decimos que nuestras almas anhelan naturalmente a Dios. También sentimos una curiosidad racional por lo que sucede después de la muerte, y si nuestros seres queridos fallecidos están bien de alguna manera y/o si podemos comunicarnos con ellos. Muchas personas buscan una interacción directa con lo espiritual, y los diversos sistemas ocultistas afirman ofrecerla.

Si los jóvenes no creen en la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía, podrían buscar esa conexión directa en otros lugares. Si a esto le sumamos nuestra falta de enseñanza sobre la realidad y los peligros del ocultismo, vemos que existen problemas.

Ante esta situación, lo primero que podemos hacer es comenzar a educar a nuestros jóvenes sobre lo que la Iglesia sabe y puede enseñar. Tenemos un conocimiento amplio y profundo del mundo espiritual y sus manifestaciones en la fe católica . Entendemos a las almas del difunto («fantasmas»), a los ángeles, a los demonios, a los santos y, por supuesto, a Dios. Tenemos un profundo conocimiento del misticismo y los milagros. Contamos con curaciones bien documentadas y verificadas externamente, apariciones de la Virgen María en muchos lugares del mundo (y a cientos de miles de personas), santos que levitaron, casos documentados de personas con los estigmas, y la lista continúa. La Iglesia es rica en lo sobrenatural.

La iglesia también comprende y sabe cómo lidiar con lo sobrenatural. Tenemos los relatos del Antiguo Testamento que establecen la necesidad de que Jesús abriera el camino de regreso al Padre, cerrado por nuestra caída en la tentación en el huerto. Tenemos los ejemplos que Jesús dio en siete de los principales milagros del Evangelio. Tenemos su mandato directo de ir y expulsar demonios. Tenemos las numerosas historias de los apóstoles y la iglesia primitiva haciendo lo mismo.

El ocultismo y el Primer Mandamiento

El Primer Mandamiento es: «Yo soy el Señor tu Dios; no tendrás otros dioses delante de mí». Cuando recurrimos a espíritus distintos de Dios en busca de consuelo, información o poder, quebrantamos el Primer Mandamiento. Las formas habituales de hacerlo son recurrir a la adivinación (un espíritu o un vidente que nos revela el futuro), la nigromancia (invocar a los muertos para hablar con ellos) o la magia negra (pactar con un espíritu para obtener algún favor).

Muchos jóvenes católicos desconocen que estos son pecados mortales, o la severidad con que las Escrituras los condenan. Existen varios pasajes bíblicos relevantes, pero uno basta: «No se halle entre vosotros quien haga pasar a su hijo o hija por el fuego, ni quien practique la adivinación, ni quien sea adivino, augur, hechicero, ni quien practique la magia, ni quien consulte a espíritus o fantasmas, ni quien busque oráculos de los muertos. Cualquiera que haga tales cosas es abominación para el Señor, y por tales abominaciones el Señor, tu Dios, los expulsa de delante de ti. Sé completamente sincero con el Señor, tu Dios» (Dt 18:10-13).

Así pues, vemos en la Palabra de Dios que Él considera abominable hablar con espíritus, adivinar el futuro (un augur es un adivino que predice eventos) o lanzar hechizos, es decir, algo que provoca repugnancia u odio. Estas prácticas violan el Primer Mandamiento. Además, se convierten en pecado mortal cuando las realizamos voluntariamente con pleno conocimiento de su gravedad. Estas prácticas no solo causan repugnancia a Dios y cortan nuestra vida espiritual (hasta que las confesemos), sino que también inician o profundizan una relación con un demonio.

Los riesgos de buscar respuestas en el mundo espiritual

¿Qué espíritu responderá al cazador de fantasmas? ¿Qué espíritu acudirá al mago negro que intenta invocar algo? No un santo, pues no contribuiría a tal pecado. Ni un alma en pena en el purgatorio, pues tampoco facilitaría tal pecado. Ni un ángel santo, por la misma razón. Lo que queda son los demonios y quizás las almas condenadas que son su desafortunada posesión. Estos espíritus engañosos se harán pasar por muertos o seres queridos fallecidos. Al principio, también se harán pasar por serviciales o amigos nuestros.

Casi todos los casos demoníacos extraordinarios (su actividad habitual es la tentación, mientras que su actividad extraordinaria es la infestación, la opresión y la posesión) de los que tengo conocimiento provienen de una violación del Primer Mandamiento. Alguien con autoridad sobre algo o alguien se ha volcado con los demonios y ha entablado una relación con ellos.

Dios limita la actividad de los demonios, especialmente su actividad extraordinaria, hasta que sabemos que estamos tratando con ellos y aun así continuamos. En ese momento, en realidad estamos rechazando nuestra relación con Dios y abrazando una relación con lo demoníaco. En la práctica, esto suele ocurrir con quienes practican magia negra de forma seria o con quienes se han involucrado voluntariamente con ellos de alguna manera.

Prácticas que se han normalizado

Muchas de las prácticas que conducen a estas situaciones tan nefastas se han normalizado o incluso celebrado. La caza de fantasmas es un tema recurrente en la televisión por cable, los videntes que hablan con los muertos son un tema habitual en las series de televisión, y los libros juveniles glorifican a los «demonios incomprendidos» y glorifican a la bruja y al mago. Además, existen varias tradiciones orientales que se han popularizado en Occidente.

Las posturas de yoga son posturas de veneración a los dioses hindúes, ya sea que las practiquemos simplemente como ejercicio o como un acto religioso. Si se hiciera solo como ejercicio, para algunos sería una forma de apropiación religiosa, pero probablemente no causaría problemas espirituales. Desafortunadamente, con el tiempo es común sentirse atraído por los aspectos más esotéricos del yoga. Cuando comenzamos a cantar los nombres de los dioses hindúes o a intentar despertar espíritus en nuestros cuerpos, nos encontramos en una situación más problemática desde una perspectiva católica -cristiana.

El Reiki es un sistema que afirma proporcionar sanación física mediante las acciones espirituales de quienes lo practican. No se trata de un sistema cristiano. La iniciación para convertirse en «maestro de Reiki» implica una petición verbal (un acto de voluntad), la unción de las manos con aceite y el dibujo de símbolos sobre la cabeza de la persona. La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos realizó un estudio sobre el Reiki y publicó un documento al respecto en 2009. Concluyeron: «Dado que la terapia Reiki no es compatible ni con la enseñanza cristiana ni con la evidencia científica, sería inapropiado que las instituciones católicas , como los centros de salud y retiros católicos , o las personas que representan a la Iglesia, como los capellanes católicos , promovieran o apoyaran la terapia Reiki».

El camino de la vida espiritual

Todo esto puede llevar a una simple lista de cosas que evitar, pero quizás podamos contextualizarlo mejor. La vida espiritual del cristiano católico ha sido bien definida por Santo Tomás de Aquino y Santa Teresa de Ávila, entre otros. Este camino se suele definir como el camino purgativo, el camino iluminador y el camino unitivo.

La primera fase de la vida espiritual, la purga, consiste en purificar nuestras vidas del pecado en la medida de lo posible. En esencia, se trata de «dejar de hacer el mal». Este proceso comienza con la comprensión de qué constituye el pecado y qué quiere Dios que evitemos. Luego, se inicia un proceso de erradicación del pecado, no solo deteniéndolo, sino también descubriendo en nosotros mismos qué lo origina. A medida que sanamos nuestras heridas y aprendemos de las malas experiencias, disminuye la tentación de pecar. Si bien nunca se alcanza un estado completamente libre de pecado, con el tiempo se pueden erradicar la mayoría de las causas del pecado mortal. Esta fase suele estar motivada por el temor a Dios, al tomar conciencia de nuestra verdadera naturaleza pecadora y darnos cuenta de cuánto lo estamos decepcionando.

Luego está la vía iluminativa. Durante esta fase, uno comienza a intentar vivir las virtudes para agradar a Dios. En esencia, se trata de «empezar a hacer el bien». Algunas de las virtudes que el Papa Gregorio I registró son: castidad, templanza, caridad, diligencia, paciencia, bondad y humildad. El alma comienza a practicarlas no por temor a Dios, sino por amor a Él.

La etapa final, la vía unitiva, es cuando el alma comienza a tener una experiencia directa de Dios en esta vida. Es como un anticipo limitado del cielo mientras aún se está vivo . San Juan de la Cruz escribió poesía para intentar transmitir esto de forma limitada, pero afirmó claramente que ningún lenguaje humano podría capturarlo.

Vivir según la verdad de Dios

En muchos casos, nuestra cultura nos lleva a evaluarnos según nuestros propios estándares, no los de Dios, y probablemente a concluir: «Soy una buena persona». En la cultura moderna, rara vez existe una verdad objetiva o la necesidad de ajustarse a ella. Por lo general, cada persona «tiene su propia verdad», lo que, sinceramente, se reduce a hacer lo que uno quiera y luego justificarlo.

Los Diez Mandamientos y las advertencias que de ellos se derivan son verdades objetivas. Quebrantar las leyes de Dios, contenidas en esa verdad, tiene consecuencias. Jesús pagó el precio por nuestros pecados en la cruz, pero eso no nos exime de la responsabilidad de conocer y vivir la palabra de Dios en esta vida. Cuando rechazamos la palabra y las leyes de Dios, rompemos nuestra amistad con él y comenzamos a vivir con otro espíritu. Ninguna justificación ni autodefinición posmoderna podrá cambiar eso.

Aunque nuestra cultura y nuestros medios de comunicación se han vuelto menos cristianos y más pecaminosos, no tenemos por qué vivir así. Podemos elegir esforzarnos por conocer a Dios y experimentar la libertad que proviene de seguir sus leyes, las cuales nos protegen de la esclavitud del enemigo.

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