Justo el día antes de emprender mañana el viaje apostólico a Sudamérica en su primera etapa, Uruguay, el Papa León XIV ha celebrado en la Basílica de San Pedro una Mass por los cardenales y obispos fallecidos el último año, en la que ha hablado sobre todo de vida, y la ha ligado al sacrificio eucarístico.
“Orar por los difuntos es celebrar la vida. Ante todo, la vida resucitada de Cristo el Señor, y por su gracia, la nuestra, que resucita en él. El sacrificio eucarístico es el memorial de su Pascua, por la cual nos salvó entregándose por nosotros”.
Por lo tanto, “no permitamos que el recuerdo de los difuntos se reduzca a mera nostalgia: con fe, meditemos en el misterio de la muerte sin temor, porque el Señor vive, nos espera y ya nos ha preparado un lugar en la casa de su Padre”, ha señalado en la homilía de la Misa, que ha presidido junto a los cardenales Luis A. Tagle, decano del colegio cardenalicio, y Leonardo Sandri, vicedecano.
Rezamos “por” los difuntos, pero también “con” ellos
La Iglesia celebra este acto de encomienda y esperanza en la comunión de los santos. Cuando oramos por los difuntos, lo hacemos no solo by ellos, sino también with ellos, comprometidos en una reciprocidad que el Espíritu Santo vivifica en nuestros corazones, ha añadido León XIV.
“Viviremos con Él”: “certeza de fe y esperanza”
Al comenzar la homilía, el Papa ha recordado estas palabras de Jesús: “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo esté, allí estará también mi servidor” ( Jn 12,26). Interpelan nuestros corazones, llamándonos a seguirlo por el camino que él recorrió, el camino de la gloria a través de la cruz.
“A lo largo de este camino, que no está exento de pruebas y sufrimientos, somos guiados y sostenidos por una promesa: la de una comunión sobre la cual la muerte no tiene poder”, ha subrayado el Sucesor de Pedro.
Quien sigue a Cristo, de hecho, se convierte en su servidor y siempre estará donde él está, precisamente porque ha seguido su camino. Por eso san Pablo afirma: “Si hemos muerto con él, también viviremos con él” ( 2 Tim 2,11).
Esta certeza de fe y esperanza inspira nuestra celebración en sufragio por los cardenales y obispos que nos han dejado durante el año pasado, por quienes deseamos rogar al Señor que recompense a sus fieles servidores, ha expresado el Papa.
Petición de Santa Mónica a sus hijos
Este recuerdo orante nos invita a reflexionar sobre el valor espiritual del recuerdo, ha proseguido el Papa agustino, quien se ha referido a una petición de santa Mónica.
“Al despedirse de sus hijos, Agustín y Navigio, poco antes de su muerte, Santa Mónica dijo: ‘Os ruego una sola cosa: acuérdense de mí, dondequiera que estén, ante el altar del Señor’ (San Agustín, Confesiones, IX, 11, 27). El misterio de la muerte se vincula aquí con la oración por los difuntos, que la Iglesia ha practicado desde sus inicios como uno de sus deberes fundamentales”.
Comunión de los santos: la muerte no disuelve los lazos
A la luz de la Palabra de Dios, podemos meditar brevemente sobre dos verdades que iluminan nuestra oración: la esperanza en la resurrección y la comunión de los santos, ha continuado el Papa.
“La Iglesia es un misterio de comunión entre Cristo, la cabeza, y nosotros, sus miembros: de Él recibimos la vida. Esta comunión une a los espíritus bienaventurados que ya contemplan el rostro de Dios y a todos aquellos que, en el cielo o en la tierra, caminan hacia la meta luminosa.
Amados hermanos, en Cristo, la muerte no disuelve los lazos, sino que los transforma en una nueva dimensión, que solo puede comprenderse en el misterio de su amor, entregado hasta el final en la cruz y derramado tras la victoria pascual”.
Conservar y cultivar esta comunión
Al concluir, el Pontífice ha alentado para que “al acoger la caridad del Señor Resucitado en la Sagrada Eucaristía, conservemos y cultivemos siempre esta comunión en nuestro camino, para que, llegado nuestro momento, también nosotros recibamos el sufragio de nuestros hermanos y hermanas peregrinos y compartamos con todos los santos la alegría de nuestra patria celestial”.





