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El Vaticano publica «Venite ad me» para impulsar una transmisión de la fe centrada en el kerygma

El Dicasterio para la Doctrina de la Fe publica Venite ad me, unas consideraciones que invitan a renovar la evangelización, prestar más atención a los adultos y reforzar el papel de las comunidades cristianas en el acompañamiento de quienes descubren o redescubren la fe.

Editorial Staff Omnes-22 de October de 2026-Reading time: 4 minutes
Venite ad me

El Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha publicado este jueves 22 de octubre Venite ad me. Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época, un documento que propone volver al centro del anuncio cristiano, el kerygma: Jesucristo ama a cada persona, entregó su vida para salvarla y permanece vivo a su lado.

La publicación responde a la preocupación por la crisis que atraviesa la transmisión de la fe, especialmente entre generaciones.

El documento recoge una invitación de León XIV a poner a Jesucristo en el centro del anuncio y de la existencia, y a ayudar a las personas a vivir una relación personal con Él. El Papa señala así la necesidad de volver a los fundamentos de la fe en una época de gran fragmentación: «la evangelización debe enfrentarse hoy, de manera particular, también a las condiciones y dinámicas cambiadas en la transmisión de la fe de generación en generación. En algunas regiones del mundo, esta transmisión se ha interrumpido casi por completo, lo que exige la capacidad de asumir nuevos desafíos».

El objetivo específico del documento es, por tanto, «ofrecer tanto una reflexión específica como sugerir caminos concretos para el anuncio del kerygma en el cambio de época que estamos atravesando».

El Dicasterio precisa que se trata de unas «Consideraciones», y no de una Nota doctrinal. Su finalidad es por tanto examinar «una pluralidad de puntos de vista, sin pretender, sin embargo, cerrar la cuestión, que permanece abierta a nuevos análisis y desarrollos».

Una pastoral que preste más atención a los adultos

Una de las principales advertencias del texto es que la transmisión de la fe ya no se produce de forma automática en las familias. Aunque estas constituyen «el primer y más esencial lugar de transmisión de la fe», el documento constata que esta tarea se ha debilitado en muchas partes del mundo.

En los países de antigua tradición cristiana, añade, cada vez es más frecuente encontrar «personas bautizadas que no viven las exigencias de su Bautismo», no mantienen una pertenencia cordial a la Iglesia y ya no experimentan el consuelo de la fe. Ante esta realidad, sostiene que es necesario superar una acción pastoral centrada únicamente en la catequesis de niños y adolescentes.

«La transmisión de la fe exige hoy, de manera especial, la evangelización de los adultos», afirma el documento. El anuncio debe reavivar la fe de quienes hace tiempo que han dejado de practicarla y favorecer el encuentro con Cristo de quienes todavía no lo conocen.

The Consideraciones distinguen esta tarea de la catequesis y de la formación doctrinal: antes de abordar de manera ordenada los contenidos de la fe, consideran fundamental suscitar una experiencia personal de encuentro con Jesús.

El cambio de época

El documento describe el actual «cambio de época» como una transformación profunda de la cultura, las relaciones humanas y la manera de comprender y vivir la fe.

La globalización, la secularización, el individualismo, el consumismo y el auge de las tecnologías digitales están modificando los valores y debilitando los vínculos familiares y comunitarios. En este contexto, la transmisión generacional de la fe atraviesa una crisis en todo el mundo, aunque con características distintas según cada región.

En muchos lugares, la fe ha dejado de transmitirse de forma natural en las familias y ya no puede darse por supuesta como una herencia cultural. Además, la cultura digital y la inteligencia artificial plantean nuevos desafíos para la búsqueda de la verdad, la autoridad y las relaciones personales, aunque también ofrecen oportunidades para la evangelización.

Ante esta situación, el texto invita a no caer en el pesimismo, sino a reconocer nuevas oportunidades para anunciar el Evangelio y favorecer una adhesión a la fe más libre, consciente y personal.

El aumento de conversiones y bautismos de jóvenes y adultos en algunos países constituye un signo de esperanza, aunque requiere acompañamiento para favorecer la perseverancia. La Iglesia está llamada a renovar sus formas de evangelización, partiendo del kerygma —el anuncio central de Jesucristo— y adaptándose a las distintas culturas y necesidades concretas de las personas. Para ello, debe fortalecer las comunidades cristianas, presentar el Evangelio como una respuesta también a las preocupaciones cotidianas e impulsar una inculturación auténtica de la fe.

Pope kerygma, centro de la evangelización

El texto insiste en que la fe no se transmite, en primer lugar, como un conjunto de contenidos doctrinales o de información religiosa, sino como una forma de vida eclesial en la que el creyente se introduce progresivamente. Por eso, propone una renovación del anuncio y de la catequesis que sitúe en el centro la buena noticia del amor de Dios.

Este anuncio, explica, debe emplear un lenguaje cercano, capaz de llegar al corazón y de mostrar que el amor y la misericordia de Dios se dirigen a cada persona. No se trata únicamente de comunicar una enseñanza, sino de favorecer un encuentro personal y comunitario con Cristo vivo.

El documento también llama la atención sobre la dificultad que experimentan algunos nuevos conversos para perseverar en la fe. Aunque en determinados contextos secularizados aumentan las conversiones y los regresos a la Iglesia, algunos neófitos vuelven poco después a una situación de indiferencia práctica. De ahí la importancia de que las comunidades los acojan y acompañen.

La comunidad, la liturgia y el testimonio

Entre las propuestas pastorales, las Consideraciones destacan la necesidad de promover comunidades de escucha, meditación, diálogo y oración en torno a la Palabra de Dios, con momentos específicos y regulares que complementen la celebración de la Eucaristía dominical.

La liturgia ocupa también un lugar central, al ser el ámbito privilegiado en el que se celebra y comunica sacramentalmente el encuentro con el amor salvador de Dios en Cristo. Junto a ella, el documento subraya el valor del testimonio de los creyentes, especialmente a través de la santidad, la cercanía y la opción preferencial por los pobres. También destaca el papel del arte, la belleza y la música en la transmisión de la fe.

El texto aborda asimismo la relación entre fe y cultura, la piedad popular, las peregrinaciones, las cofradías, la homilía y el voluntariado como posibles vías de acercamiento a la Iglesia. Además, señala la necesidad de ampliar los espacios de presencia de las mujeres en la guía de los procesos eclesiales.

En relación con la cultura digital, advierte de que las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial no plantean solo un desafío tecnológico, sino también antropológico, al influir en la información y en las relaciones humanas.

Un documento abierto a nuevas reflexiones

Venite ad me consta de una introducción, ocho capítulos y una conclusión. Incluye referencias al magisterio de los pontífices, al Concilio Vaticano II y a otros documentos de la Iglesia, además de testimonios de personas que han descubierto o redescubierto a Cristo, recopilados a través de las conferencias episcopales.

El documento fue aprobado por León XIV el 21 de agosto de 2026 y lleva las firmas del cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, y de monseñor Armando Matteo, secretario de la Sección Doctrinal.

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