“Heridas que sanan” es el último libro de Erik Varden. Tiene como hilo conductor un poema de san Arnulfo de Lovaina, sobre las llagas de Cristo, que tiene un efecto sanador en el alma del lector. De una manera parecida actúa una costumbre de larga tradición, en la noche del Jueves al Viernes Santo, que también tiene una acción reparadora y que es una muestra de correspondencia al Amor de Cristo, como es la de visitar los siete Monumentos.
El Monumento Eucarístico es el nombre que recibe Jesús, hecho Eucaristía, después de la celebración de la Última Cena, en los oficios del Jueves Santo. Es decir que Jesucristo, con apariencia de pan, es expuesto en un lugar preparado con adornos florales y ornamentales, muy cuidados. En ese día se conmemora la institución de la Eucaristía, el Orden Sacerdotal y el mandamiento del amor, que se manifiesta mediante el lavatorio de los pies. Todo ello sucedió durante la conmemoración de la Pascua Judía en Jerusalén, en la cena pascual, que hicieron Jesús y sus apóstoles, la noche previa a su muerte.
Origen de la costumbre
El origen de la costumbre de visitar Monumentos Eucarísticos está en las idas y venidas de Herodes a Pilato, después de prender a Jesús en Getsemaní, que popularmente se denomina “traerte de Herodes a Pilatos”. Estos siete momentos salen en el evangelio, son:
- Oración y agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos.
- Jesús es prendido y llevado a la casa de Anás.
- De la casa de Anás lo trasladan al tribunal de Caifás.
- Caifás ordena que lo lleven ante Pilato al Pretoria.
- Pilato a su vez lo envía al palacio de Herodes.
- De Herodes es llevado de nuevo ante Pilato, tras ser flagelado, para que lo crucifiquen.
- Jesús carga con la Cruz camino del Calvario.
También se habla de los siete momentos en los que Jesús tuvo efluvios de sangre, en todo este agónico proceso. Pero la costumbre se cristalizó en visitas eucarísticas a monumentos expuestos en siete iglesias. San Felipe Neri, en el siglo XVI, puso de moda en Roma la costumbre de visitar los siete monumentos de las siete iglesias históricas, recordando esos siete momentos de “traerte de Herodes a Pilatos”. Estas son las cuatro Basílicas principales (San Pedro, Santa María la Mayor, San Pablo Extramuros y San Juan de Letrán), y las iglesias de San Lorenzo, Santa Cruz y San Sebastián.
La costumbre del Monumento es una manera de compensar lo que no supieron hacer los 12 apóstoles: estar despiertos rezando con Él, la noche antes de su muerte. Lo que omitieron ellos, es decir rezar y acompañar a Jesús para que se haga la voluntad de su Padre, es lo que hacemos. Por lo que estas visitas a los Monumentos sirven para acompañarle, hablarle con intensidad, aumentar nuestro amor a Él y para sanar nuestras heridas.
¿En qué consiste la costumbre del Vía Crucis?
El Vía Crucis consiste en recordar los catorce momentos de la Pasión de Cristo, que sucedieron en sitios concretos de Tierra Santa (donde vivió, murió y resucitó Jesús), hace más de dos mil años. Los conocemos, casi todos, gracias a los cristianos que han ido guardando la ubicación de estos lugares santos. En especial gracias a los franciscanos, religiosos que desde el siglo XIII guardan estos sitios.
Como no siempre se ha podido visitar estos lugares, se empezaron a dibujar y a hacer esculturas de lo que ocurrió en estas ubicaciones santas. Al principio, estas imágenes las colocaron en las iglesias de Jerusalén. Más tarde, las llevaron a otros países. El primero que empezó con esta piadosa costumbre fue España en 1419, gracias al beato Álvaro de Córdoba, que después de visitar Tierra Santa y quedar impactado al ver los lugares santos y las iglesias de allí, decidió llevar las imágenes a su país. A continuación, pasó a Cerdeña (hoy Italia) y luego al resto de Europa. Más tarde, san Leonardo de Puerto Mauricio, entre 1731 y 1751, se encargó de poner muchos Vía Crucis. ¿Y cuántos son muchos? ¡Puso quinientos setenta Vía Crucis en Italia!
Se llama “estaciones” a estos catorce momentos del recorrido de Jesús, desde su condena a muerte hasta su sepultura. Seguidamente, indicaremos lo que ocurre en cada una de las estaciones nombrándolas con su título habitual.
• I Estación: Condenan a muerte a Jesús
• II Estación: Jesús carga con la cruz
• III Estación: Cae Jesús por primera vez
• IV Estación: Jesús encuentra a María, su Santísima Madre
• V Estación: Simón ayuda a llevar la cruz de Jesús
• VI Estación: Una piadosa mujer enjuga el rostro de Jesús
• VII Estación: Cae Jesús por segunda vez
• VIII Estación: Jesús consuela a las hijas de Jerusalén
• IX Estación: Jesús cae por tercera vez
• X Estación: Despojan a Jesús de sus vestiduras
• XI Estación: Jesús es clavado en la cruz
• XII Estación: Muerte de Jesús en la Cruz
• XIII Estación: Desclavan a Jesús y lo entregan a su Madre
• XIV Estación: Dan sepultura al cuerpo de Jesús
Para contemplar el Vía Crucis
De esas escenas se han escrito libros para contemplar la pasión, en una iglesia o en cualquier lugar, para aumentar así nuestro conocimiento del amor que Dios nos tiene y para hacer crecer nuestro aprecio a Jesucristo. Uno de ellos es el que escribió san Josemaría. Está en texto y audio, de manera gratuita en internet, en la web del Opus Dei. También hay una versión en papel en la editorial Rialp. Además, el texto del Vía Crucis de San Josemaría con imágenes de la Pasión de Mel Gibson está en el canal de Youtube de Eduardo Ares. https://www.youtube.com/watch?v=TiGVQcbf3LI&list=PLTTqO7YWK8G1vq_D_pvPf2HXzUoiSII66&ab_channel=EduardoAresMateos
Por otro lado, para niños mayores de 10 años y adolescentes, está el libro de la editorial Casablanca: “Los momentos más top del mayor influencer de la historia” https://libreria.sanpablo.es/libro/los-momentos-top-del-mayor-influencer-de-la-historia_233920
Ambas costumbres, la de los siete monumentos y el Vía Crucis, son dos maneras muy buenas de vivir la Semana Santa, uniéndonos a la cruz, sanando nuestras heridas y supliendo lo que no hicieron los apóstoles.



