¿Qué es el amor? ¿Es posible definir el amor? Simplemente una visión del mundo corresponde muchas veces al querer, no al amor como tal, aunque se trastorna el termino en tanto que la sociedad avanza, hasta caer en todo lo que corresponde con querer lo definamos “Amor”.
Es ciertamente complicado tratar un término que se interpreta o se puede ver de diferentes visiones en una sociedad que lo domina cada vez más un emotivismo, que lo consume en simples sentimientos que no establecen una verdad. Si le preguntamos a cualquier persona sobre qué cree que es amor, definirá lo que siente por cualquier ser que le traiga así una estabilidad emocional, como un objeto, o lo baja hasta tal punto de una visión sexual.
Es un error definir el amor con un término que se cierre en un entorno, limitado por el uso cotidiano. Por el simple hecho de que todo lo que el acto humano define amor es simplemente muchas veces un deseo, y si se logra definir amor se convierte en el término por el cual todo se definirá, pero esa definición de amor, sometida a una ambigüedad humana siempre será insuficiente.
El problema contemporáneo: la reducción del amor
Vamos a empezar, con un tema que resuena mucho y a veces se evita, el hecho de las emociones, el amor no se puede definir por un simple impulso, ni mucho menos una reducción a algo momentáneo, la idea de que “El amor acaba” es ciertamente una mala idea, no se puede acabar algo divino, no se acaba, simplemente nunca hubo. Esto demuestra que definimos amor como algo inestable, y no como algo verdadero, porque si se conoce lo que verdaderamente se ama, nunca se dejará de amar.
Uno de los problemas más contundentes que vemos hoy es el hecho de definir todo como amor: la utilidad, la atracción, el deseo sexual, el apego, la costumbre. Todo querer se convierte en “amor” lo cual vacía el termino, no se ve su trascendencia, sino que se queda en simples ideas. Cuando todo es “amor” nada lo es realmente, porque lo vemos como un finito.
El amor, en toda su expresión, es relacional, imponer ideas como yo quiero por cómo me sienta, pues simplemente el querer también se agota, porque los sentimientos invaden hasta lo profundo de un querer, que no se transforma en amor. Tampoco es descartar opciones hacia quien, y hacia quien no, eso sería de igual forma un impulso que solo lleva a “elegir lo menos peor”.
Si se cae el termino en el último sentido, en lo que todo lograremos definir, es la reducción de la persona que ama, porque ha sido amada primero (Cf. 1Jn 4, 19) pero si sus impulsos superan su capacidad de distinguir lo que es amor ¿Qué queda? No compromete a la persona entera, sino simplemente se guía de su propia psicología, dejando de lado su trascendencia de bondad, ya no se entendería como participación en el bien, sino como satisfacción interior. Es bueno y ama, porque lo amaron primero. Su vida ya no se estructura en algo que lo lleve a Cristo, sino que lo deja a un lado de diferentes emociones. El amor es donación, que compromete a toda la persona.
La crisis actual, no es un exceso de amor, sino la pérdida de su verdad, porque no se ama tampoco poco, se ama mal. El problema no es la intensidad del afecto, sino la desorientación, se ha reducido a lo que no es (emociones, sentimientos, impulsos) porque ha perdido su referencia originaria. Cuando no se ve como correspondencia al bien real, es cuando empieza a decaer en la subjetividad, ya no es donación, ni compromiso, sino simple emoción pasajera, no se encuentra a que corresponder porque se ha desligado de la fuente, se fragmenta y se ve solo emociones que no comprometen la vida entera.
El amor como don y fidelidad
“Dios es amor” (1 Jn 4, 8) el término que define san Juan para Dios no simplemente establece un atributo de Dios, el término “es” define tal cual la esencia de Dios. por lo tanto, la participación del amor del cual Dios es, entramos a hacer parte de la dimensión propia de Dios, por lo que todos somos imagen. El aprender a amar se hace amando.
Ahora bien, nos fijamos en algo curioso, hemos dicho que Dios es amor, pero entonces no se cierra, porque el acto de cerrar la acción divina no es propio de Dios, porque si no aquí no estaríamos, somos creados por una acción que nace primero del querer de algo superior a nuestro intelecto. La muestra de la relación, de la donación de Dios la encontramos en el continuo llamado a la alianza, donde mantener esta alianza corresponde ciertamente al hombre. Esto es importante, ya que nos encontramos que el amor mismo no se cierra, sino que se establece como una continua relación.
“Si me amáis, guardaréis mis mandatos” (Jn 14, 15) El cumplir con la ley del señor es simplemente amar al mismo autor de la ley, eso no corresponde perder ni un minino de libertad, sino de ganar la libertad para amar completamente a aquel que nos amó primero. En eso comprendemos que no se puede amar a aquello que no se conoce, y porque hemos conocido al Señor, obedecemos su ley. El conocimiento de la ley es de grosso modo un volver al origen.
“Mirad que amor nos ha tenido el padre para llamarnos hijos, pues lo somos” (1 Jn 3, 1). Hijos por el Hijo, el sacrificio de Cristo es la muestra del mayor amor, ya que se entrega. Es ciertamente si nos fijamos que, el termino si cae en vanidades, cae también el nombre de Dios.
Las virtudes humanan han de tender siempre a algo que traspase al propio hombre, no se pueden quedar estancadas en un solo sentir, sino en una correspondencia. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15, 13) Dar la vida, aunque cueste en ultimo termino corresponde al amor, pero, la complejidad en este punto es que trastornamos en la comodidad de un solo sentir, sin una correspondencia de imitar a Cristo, por dar la vida. Esto se relaciona con la parte del evangelio “ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos” (Jn 15, 15) amigos porque se entrega, por lo tanto esto define que el amor más grande solo puede brotar del costado de Cristo.
En la teología bíblica encontramos que el amor lo definen no como algo pasajero, sino como un don, una fidelidad y una lucha por la verdad, que aquel que se elevado en la Cruz, atrajo a todos los hombres sedientos de algo más, de algo que los lleva a corresponderse como hermanos, por eso el bautismo que nos hace hermanos, e hijos por Él Hijo brota como el amor, del mismo costado de Cristo. Porque su disposición es que todos lleguen al conocimiento de la verdad, pero con ayuda del hermano, por eso “Los envió de dos en dos” (Lc 10, 1).
Homo Amans
San Agustin desarrolla una antropología del hombre, donde siempre su fin último o su principio es “amar”, el obispo de Hipona, siempre se ama algo, no se puede vivir sin amar algo, porque como se puede vivir sin aquello que haces participe, aunque la dirección de “a que se ama”, que se debe amar el bien. El hombre solo se puede conocer por lo que ama, no por sí mismo. Esto encontramos una relación en GS 22 “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”. Amar a Cristo, amar como Cristo y amar en Cristo, es al final conocer lo que es el hombre.
El movimiento interior del hombre (su alma) hacia eso nos dirigimos, a lo que amamos, es como una gravedad interna que transforma, por lo tanto estamos continuamente amando. El desorden es sinónimo de pecado, ordenar es sinónimo de una armonía que traspasa todo, porque ordena todo hacia un fin, el desorden no lleva a nada, conlleva además a una confusión interna. Ahora bien, el orden de mi vida hacia lo que amo para el bien de los demás.
San Agustin en “sobre la doctrina cristiana, libro I) utiliza dos términos interesantes“uti” (usar) y “frui” (disfrutar), dos terminas que remiten directamente a la dirección de a que se entrega el hombre. El Frui, el amor por el cual se ama por sí mismo, en lo que descansa, que aquí es Dios, por ser el fin último, solo Dios lo podemos amar completamente por lo que es. El Uti es el medio, por el cual se llega a otra cosa, no como fin último, sabiendo, además que no son el ultimo termino, es básicamente saber el lugar que le corresponde a Dios, pensar en las personas con una dependencia a otras es poner el lugar de Dios, somos solamente dependientes de la providencia de Dios, es ver los medios para amar a todas las cosas en Dios, porque son buenas, el mal viene por el mal uso.
El amor pertenece a la voluntad, de nacer de mi amar, no es olvidarse de la libertad, sino vivirla plenamente, porque amar el bien, aleja el mal, por lo tanto da felicidad. Un problema actual es girar la jerarquía hacia quien se ama, de ahí nace la inestabilidad, no poner a Dios como fin último del amor por el cual todo nace, no se basa solamente en la intensidad, sino en la dirección.
La dirección del amor, se va a querer siempre el bien de alguien , no depende de encerrar en mí, sino de querer todo lo mejor para el otro, esta lo menciona santo Tomas (Suma Teológica I–II, q. 26, a. 4) donde además diferencia de los sentimientos, que son cambiantes, donde no los controlamos, no podemos controlar el mundo, pero podemos direccionar lo que hacemos, y ahí entra la voluntad, donde elige y permanece.
Pero ¿Qué significa el bien del otro? Es llevarlo a lo mejor, lo que realmente lo perfecciona y lo configura para que el mismo quiera el bien del alguien, es no querer además quitarle su libertad, o no tratar de poseerlo, es simplemente guiar, acompañar y muchas veces renunciar. El interés, por ejemplo, por la salvación del otro, es simplemente amarlo, de saber y corregir, de buscar en todo momento que el otro encuentre el camino perfecto, y así se contagia el amor, porque tal como ha sido amado, amará a otro.
¿Qué se diferencia con el sentimiento? El sentimiento pasa, puede ser un preámbulo para amar, es verdad, pero pasa, no define el amor, es una confusión igual actual. La “dictadura del relativismo” (Card. Josehp Ratzinger Misa Pro Eligiendo Sumo Pontífice, 18 de abril 2005). Esa dictadura va a acompañada ahora por la dictadura del emotivismo, donde se pierde el rumbo, se jerarquiza lo que nos hace sentir bien como amor, mientras dejamos de lado lo que verdaderamente garantiza la eternidad. Debo conocer lo que es bueno, es bueno aunque cueste, no se trata de mantener en un eterno sentimiento de felicidad, Cristo en la cruz ama, aun con el dolor, ama. La verdad del amor se tiene que fundamentar en algo que no pase, somos conscientes de vivir y de un deber de vivir todo con miras a la eternidad.
El Papa Benedicto XVI, en su encíclica Deus Caritas Est ( Dios es amor, 2005) trae una visión del eros y el ágape, del mundo griego, donde nos menciona que se ha reducido al eros, a lo posesivo y a lo pasajero, a lo consumible, cuando se vuelve todo eros, se absolutiza, pero ¿Qué es el eros? Es el deseo, que no es malo, es humano y necesario, solo se puede amar a lo que se desea amar, el problema sobreviene cuando lo hace desordenadamente, sin una pizca de libertad. Ahora bien el ágape: es el amor de donación, que trae una salida de sí, es una entrega gratuita, lo cual lleva a elevar el deseo, todos deseamos ver a Dios, aunque lo queramos ocultar, no definimos nuestra vida por algo externo sino por algo interno que nace de algo superior. El amor pleno es ágape y eros, ya que es una donación al otro, pero al mismo tiempo el deseo de tener ese amor perfecto.
El introducirse en el amor de Dios, el amarse unos a otros es un mandato divino, y Cristo es el primer y más bello ejemplo, que lo vemos en la cruz. Los muchos tipos de amor que vemos, o las diferencias sobre que se debe definir amor, se quedan cortas con mirar a la Cruz. Jesús acepta todo dolor, por una entrega mayor que nos garantiza la salvación. Pero, lo que quiero decir es que no huye del dolor porque ama, lo acepta porque ama más, interpretar que el amor no contrae consigo dolor es un error que nos lleva a pensar en un simple deseo pasajero.
Lo trascendente en el corazón del hombre
“La persona no es clausura, es apertura” (Leonardo Polo, Persona y Libertad) toda persona está abierta a algo que no conoce, todos los días se conoce algo nuevo aunque no parezca, la persona en si es un ser que no se cierra, está abierto totalmente a experimentar nuevas cosas, en esto se incluye el amor y el donarse, es técnicamente la libertad, es el hecho más libre, el de donarse.
En conclusión el amor no se puede reducir a un simple sentimiento, sino que tiene que ser el preámbulo que me lleve a fijarme en la relación con otro, no conmigo mismo. El amor más puro es relación, como Dios es amor y se relaciona, al mismo tiempo nos llama a la relación con Él y con los hermanos. Bajar hasta un término que no se comprometa con la totalidad de la persona hasta el punto de donarse, esto no es amor, es simplemente una cuestión de deseo, o de querer. El mismo amor que yo doy, es el mismo que recibo, Cristo, imagen perfecta del Padre. Ama, pero también manda a amar, eso es llevar la imagen de Dios a cada rincón de la tierra, es que nos amemos unos a otros como el Padre nos ha amado, y así mostramos que hemos conocido a Dios (Cf. 1 Jn 4, 7-11).




