El sospechoso espejismo del catolicismo

El aparente resurgir del catolicismo en España se muestra entre moda cultural y un reconocimiento de sus raíces universales que invitan al diálogo la ética y la transformación social.

29 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 3 minutos
catolicismo

Jóvenes católicos ©Hakuna página web

Lo católico está de moda en España, eso parece. Son ya muchos los destellos que forman un rayo de luz que iluminan la sociedad de otra manera, es decir, parece que es algo más que una visión “vintage cristiana”. Diego Garrocho lo contó de manera brillante en “El giro católico”. Pero los dos ejemplos más comentados, son la estética y la espiritualidad del nuevo disco de Rosalía y la archi hablada película “Los Domingos”, de Alauda Ruiz de Azúa, que escenifican este cambio. La música religiosa de Hakuna es otra expresión clara de este movimiento, porque es un producto cultural y espiritual, consumido como cualquier producto cultural estándar del mercado. 

Algunos, ante este fenómeno, se preguntan ¿estamos hablando de una pátina, que le da esa imagen “retro” a este movimiento, o es un cambio profundo? ¿Es una estética que viene bien para renovar el panorama cultural, pero que en el fondo no aporta nada nuevo? ¿Es la utilización de una reminiscencia para captar el interés general o es un cambio de tercio? ¿Es un espejismo momentáneo para mantener tranquilos y callados a los católicos o esto implica que volvemos a nuestras raíces?

Este aparente resurgir inconexo, que tiene como resultado una aparente renovación global, es una muestra clara de como nuestra sociedad, nos guste o no, está impregnada de la cultura católica. En el fondo nos recuerda quiénes somos y que este movimiento es algo más que una moda, ya que trasciende el momento cultural. Porque, como es sabido, católico significa “universal”, y si es real este “giro” supera lo temporal.

Pero sobre todo supone que se vincula con la idea, tan necesaria hoy, del diálogo, que nos aleja de la polarización, presente en nuestra sociedad. Es decir, si este movimiento espontáneo permite mostrar que se puede tener una opinión diferente a la imperante sin prejuicios, bienvenida sea esta vuelta a lo católico, porque es prueba de que es un cambio real. Es decir, tener polaridad, es tener opinión, ideas, sentido propio de la vida, algo muy diferente a lo que busca la polarización. Que es fragmentar, dividir y desunir.

Esto supone que tenemos que defender nuestros principios, propios del occidente primigenio (Roma, Jerusalén, Atenas), pero bajo el paraguas del bien común y el diálogo, algo también propio de la Doctrina Social de la Iglesia. Es decir, no hay que ser víctimas del sistema borreguil, hay que exponer y vivir lo que pensamos, sin buscar el conflicto (buscado por otros), pero sabiendo que esto les costó el martirio a los cristianos, y en estos tiempos muchas veces puede costar un martirio cultural, en Europa, impuesto por el wokismo decante. Y, en varios países de África y Asia, está suponiendo un martirio real como los genocidios en Nigeria, Sudán, Siria, Pakistán, Irán e India. 

Por otro lado, es más que una invitación a volver a las raíces católicas, es el resurgir de algo que no ha muerto, porque está en el sustrato de nuestra cultura. Los valores universales de la humanidad son de raíz cristiana, lejana o reciente, como los derechos humanos: la vida, vida digna, familia, vivienda,… Hasta ahora la mirada al cristianismo era hiriente, porque era atacado, se tergiversada lo que decía y se utilizaba en clave política algunos aspectos de su doctrina. Si ahora realmente la vemos con otros ojos el catolicismo, hay que reconocer los grandes avances que ha traído el cristianismo, al margen de los errores cometidos por personas concretas, porque la resultante es más positiva que lo había antes.

Todo esto no impide, es más interpela, a que los católicos y los cristianos en general, ayudemos a seguir cambiando la sociedad, para hacerla más católica (en el sentido de universal, no reducida, no politizada) para desmontar la inmoralidad de corrupción económica, social e institucional. Mediante la búsqueda de una mayor formación y competencia de cada uno de nosotros, los ciudadanos. Fomentando que haya líderes cívicos que busquen el bien común y no el beneficio propio o de los “míos”. Busque un diálogo donde haya un consenso real, no de mínimos. Donde el más necesitado reciba la ayuda para estar más formado y preparado. Y donde la sociedad es una extensión de la familia.

El autorÁlvaro Gil Ruiz

Profesor y colaborador habitual de Vozpópuli.

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