Ryan Gosling lo confiesa: el amor tiene nombre

Ryan Gosling no solo ha protagonizado y producido una obra maestra cinematográfica, también ha venido a recordarnos desde el espacio que el amor hay que concretarlo en un nombre. Cristo no salvó a la humanidad, nos salvo a ti y a mí.

10 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos
Ryan Gosling

Ryan Gosling (Wikimedia Commons / Elen Nivrae)

El espacio exterior no puede interesarme menos. ¿Una oscuridad total en la que flotas y explotas si no llevas casco? Prefiero la playa. Pero Ryan Gosling ha conseguido que mire a ese conjunto de neutrinos, radiación y materia oscura con cierto cariño. En su nueva película “Proyecto Salvación” (“Project Hail Mary” es su título original) le envían al espacio con el fin de salvar a la humanidad de un sol que muere poco a poco.

Gosling se mete en la piel de un profesor de instituto sin aspiraciones pero con una mente brillante. Por pereza, falta de ambición y de motivación, el doctor Grace (el juego de palabras en la película es constante) se niega a aprovechar sus capacidades y titulaciones, pues es doctor en biología molecular.

Cuando le hablan del Proyecto Salvación y todo lo que implica, el protagonista se niega por completo a formar parte. Hasta que le pica la curiosidad y se mete de lleno, en el plano teórico, en esta misión por rescatar a la raza humana. Pero la realidad llama a la puerta de este hombre, quien ya no se puede esconder en sus hipótesis. Le piden que arriesgue, que se arriesgue él, como persona.

Encontrar un por quién

La reacción del doctor Grace, maquillada con excusas dando a entender que no está preparado, es comprensible: ¿Por qué se va a jugar la vida? Más en concreto, ¿por quién?

Y ahí está la clave de esta película, que aunque no se menciona en ningún momento de forma explícita en la cinta, queda resumida en una frase que dijo Cristo hace más de dos mil años: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15, 13). Pero hay que identificar a esos “amigos”. Uno no se sacrifica por “la humanidad”, en un sentido tan abstracto que se acerca a la nada. El amor tiene nombre. También lo indicó Dios a través del profeta Isaías: “Te he llamado por tu nombre” (Isaías 43, 1).

Es una verdad dogmática que Cristo nos conoce personalmente a cada uno, puesto que es verdadero Dios y nos redimió muriendo en la Cruz por nosotros de forma concreta, pensando en cada uno.

El amor es concreto, en definitiva. Esto también queda plasmado en “Proyecto Salvación”, donde el doctor Grace solo entiende el sentido del sacrificio cuando le pone nombre y, como soplo de aire fresco, no lo hace a través de una relación romántica.

Ryan Gosling no solo ha protagonizado y producido una obra maestra cinematográfica, también ha venido a recordarnos desde el espacio que el amor, para llamarse así, hay que concretarlo en un nombre. Cristo no salvó a la humanidad, nos salvo a ti y a mí. Afirmativo.

El autorPaloma López Campos

Redactora jefe de Omnes

Leer más
Newsletter La Brújula Déjanos tu mail y recibe todas las semanas la actualidad curada con una mirada católica