Evangelización

“El P. Ayala, fundador de la ACdP: hay que proclamar la fe desde las azoteas”

Madrid ha acogido la apertura del proceso de beatificación y canonización del Padre Ángel Ayala S.J, fundador de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP). El profesor Pablo Sánchez Garrido, Postulador de la Causa, asegura a Omnes que “el P. Ayala mostró que la fe ha de impregnar con valentía el ámbito público”. “Hay que proclamar la fe desde las azoteas”, decía.

Francisco Otamendi·27 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 8 minutos
Apertura Causa Padre Ayala, fundador de la ACdP.

Acto de apertura del proceso de canonización del Padre Ángel Ayala S.J, fundador de la Asociación Católica de Propagandistas. Preside Mons. Martinez Camino, obispo auxiliar de Madrid. De pie, Alfonso Bullón de Mendoza, presidente de la ACdP (@ACdP).

El acto ha marcado el inicio oficial del camino para el reconocimiento de la santidad del Padre Ángel Ayala S.J. (Ciudad Real, 1867 – Madrid, 1060), fundador de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP). Un hombre que predicaba mostrar la fe en el ámbito público, «desde las azoteas», ser testigos de Cristo.

El evento fue presidido por Mons. Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid, con asistencia del Nuncio de Su Santidad, Mons. Piero Pioppo, el cardenal Antonio M. Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid, el presidente de la ACdP, Alfonso Bullón de Mendoza, y el alcalde de Ciudad Real, Francisco Cañizares, entre otras autoridades civiles y eclesiales, miembros de la ACdP y numerosos fieles.

“Su apostolado ha sido ciertamente fecundo”,  señaló Monseñor Martínez Camino, quien añadió que “la Iglesia se toma en serio la posibilidad de que el Padre Ayala sea un testigo vivo del Evangelio”. Por su parte, el presidente de la ACdP, Alfondo Bullón de Mendoza, subrayó la fama de santidad que acompaña a la memoria del Padre Ayala.

El Postulador de la Causa del P. Ayala, S.J., y secretario nacional de Causas de  Canonización de la ACdP, Pablo Sánchez Garrido, doctor por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense, y profesor de Filosofía Moral y Política en la Universidad CEU San Pablo de Madrid, ha manifestado a Omnes que su ejemplo “constituye una aportación singular, muy importante, a la Iglesia”. Con él conversamos.

Algunas personalidades asistentes al acto de inicio de la Causa del P. Angel Ayala S.J. De izqda. a dcha., Francisco Cañizares, alcalde de Ciudad Real, Monseñor Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid, cardenal Antonio M. Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid, Alfonso Bullón de Mendoza, presidente de la ACdP, el Nuncio de Su Santidad, Mons. Piero Pioppo, y José Masip, vicepresidente de la ACdP. (@ACdP).

¿Puede contar brevemente algunos rasgos del perfil del P. Ángel Ayala, S.J., fundador de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP)? Ud. ha escrito que el P. Ayala llevó la alegría de la fe a la vida pública.

– En efecto, aunque de joven tenía cierta fama de persona seria y exigente, el padre Ayala fue dulcificando su carácter a fuerza de virtud y de gracia hasta convertirse en un anciano que recibía con una sonrisa a laicos o a religiosos para dirigirlos espiritualmente, especialmente a aquellos llamados a ser líderes de la vida pública, ya fueran obreros, ministros o religiosos. Además, presumía de ser “un viejo con sentido del humor” como titula uno de sus últimos libros:

“Pensamientos sobre la vida por un viejo con sentido del humor”. Desarrolló por tanto un apostolado de la alegría, que llevó a su faceta como pedagogo, y a de su faceta como formador espiritual de líderes.

Háblenos de su primera época

– Su primera etapa es de un enorme interés, igualmente, pues es su etapa de fundador de obras apostólicas y educativas. Es la época en que funda la Asociación Católica de Propagandistas, para formar jóvenes líderes cristianos llamados a despertar al adormecido pueblo católico español, de la que sale el gran Ángel Herrera Oria, hoy en proceso de beatificación, igualmente. También funda y dirige el prestigioso Instituto Católico de Artes e Industrias, lo que hoy es ICAI-ICADE; el Seminario Menor de Ciudad Real, o diversas obras de apostolado social y obrero, inspiradas por la Doctrina Social de la Iglesia. Noolvidemos tampoco que fue uno de los fundadores e impulsor inicial de la adquisición del diario El Debate, años antes de poner al frente de su dirección a Ángel Herrera.

En otras obras no fue fundador principal, pero tuvo una labor muy importante, como en la Confederación de Estudiantes Católicos, en el CEU, o en el impulso fundacional de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús.

Fase diocesana, y fase romana

Ahora ha tenido lugar la apertura de su Causa de beatificación y canonización. ¿Puede explicar esta fase diocesana, y la que vendrá después, la del estudio de sus virtudes heroicas? 

– Los procesos de canonización por virtudes tienen dos fases: diocesana y romana. La diocesana suele abrirse en el lugar donde fallece el Siervo de Dios y requiere que este tenga fama de santidad, así como fieles que seencomiendan a su intercesión. Esta fase es más bien una especie de instrucción procesal, encauzada por el delegado episcopal y por el postulador, donde se recopilan todos los testimonios, ante un tribunal eclesiástico, asícomo todos los documentos, certificados, escritos (publicados y no publicados), etc., por una comisión histórica. Los censores teólogos analizan a su vez los escritos a la luz del Magisterio eclesial.

Una vez recopilada y debidamente clasificada toda esta documentación y testimonios, se cierra el proceso diocesano y se remite al Dicasterio de la Causas de los Santos en Roma para abrirse la fase romana. 

En esta, un postulador romano, en colaboración con la figura directiva del relator, elabora una “positio”, una especie de tesis doctoral que expone y justifica toda la vida del Siervo de Dios, centrándose en sus virtudes naturales y sobrenaturales, en grado heroico, y su fama de santidad. Este documento, una vez concluido se presenta a las comisiones romanas (historiadores, teólogos, obispos y cardenales) hasta que finalmente el Santo Padre firma el decreto de virtudes heroicas y el Siervo de Dios pasa a ser declarado venerable, aunque esto no significa que se le pueda tributar aún veneración pública. 

Pero siendo todo esto importante, lo decisivo está en el proceso de milagro, necesario para ser declarado beato, o de un segundo milagro, para ser declarado santo. Como es sabido el proceso de milagro, que también tiene fase diocesana y romana, es un proceso muy riguroso que requiere de la existencia de un milagro atribuible claramente a la intercesión del Siervo de Dios y que este milagro sea certificado por una comisión de peritos médicos que tienen que constatar lo extraordinario e inexplicable científicamente de la curación y luego entra la valoración teológica del hecho como milagroso, por otras comisiones, previas a la declaración final del Santo Padre como beato, o como santo.

A veces se confunde la figura del P. Angel Ayala y la del cardenal Ángel Herrera Oria, cuya Causa está también abierta. Explíquelo, si es tan amable. El presidente de la ACdP, Alfonso Bullón de Mendoza, ha subrayado la fama de santidad que acompaña a la memoria del Padre Ayala.

– Bueno, es cierto que a veces hay cierta confusión entre ambos “ángeles” (Herrera y Ayala) quizá explicable porque siempre hubo una gran identificación entre ambos, ya que el padre Ayala confió desde el principio en Ángel Herrera, a quien seleccionó de las congregaciones marianas de “los Luises”, junto a otros compañeros, y le puso al frente de la Asociación Católica de Propagandistas, o luego al frente de El Debate, como decía antes. Pero el padre Ayala sabía crear obras y luego retirarse a un segundo plano, era muy subsidiario y no era nada clerical, o clericalista. En eso se adelantó al Concilio en lo que este tuvo de reivindicación del papel de los seglares en el apostolado y en cierto modo en ser vanguardia de la Iglesia en la sociedad. Antes había una idea de que el apostolado o la acción eclesial del seglar era más bien una extensión de la acción, o de “la mano”, de la Jerarquía, según la teoría de la “longa manus”. El padre Ayala en cambio confió esa gran labor de apostolado público a un grupo de jóvenes seglares a los que formó especialmente para ello y los lanzó a la vida pública con gran confianza y libertad.

“Vamos a ver lo que Dios quiere de nosotros”

Pero volviendo a la confusión de “ángeles”, conviene aclarar que el fundador de la ACdP fue el padre Ayala, en 1908, con aquella frase: “Vamos a ver lo que Dios quiere de nosotros”. Luego es verdad que las circunstancias le retiraron de la primera línea pues, al igual que otros santos, sufrió la calumnia, en este caso bajo la falsa acusación de integrismo, y fue apartado de Madrid a Ciudad Real. Esto puso toda la responsabilidad de la recién fundada ACdP sobre el joven Ángel Herrera, quien tuvo que asumir un protagonismo inusual para asociaciones apostólicas de la época, convirtiéndole en todo un protagonista de la Iglesia española, aún en su etapa de seglar, previa al sacerdocio.

Podría afirmarse que sus vidas tienen paralelismos…

– Sí. Ambos acabaron siendo sacerdotes, aunque Ángel Herrera luego sería también obispo y cardenal. Pero cada uno tiene su propio carácter y nos aporta su propio modelo de santidad, si se me permite usar la expresión. De hecho, creo que en ambos casos existía una probada fama de santidad, lo cual hizo que se iniciaran los trámites de los respectivos procesos: el de Ángel Herrera hacia

1996 y el de Ángel Ayala hacia 2020, con pasos previos desde 2008, cuando la ACdP creó el Secretariado de Causas de Canonización. Es verdad que la del padre Ayala podría haberse iniciado antes, pero no siempre se cuenta con los medios y con la necesaria determinación institucional para poder hacerlo.

En el acto se destacó su impulso a iniciativas apostólicas, como la ACdP y otras, y también su perfil espiritual. ¿Cómo valora la aportación del P. Ayala a la Iglesia? Su huella educativa, por ejemplo, y otras.

– Efectivamente su labor como gran pedagogo fue enorme, y ahí están su biografía, sus fundaciones educativas y sus libros para demostrarlo. Sin embargo, me quiero centrar en otra cosa si hablamos de su aportación a la Iglesia, ya que grandes pedagogos católicos ha habido muchos antes y después de él.  Sin embargo, la aportación del padre Ayala a la Iglesia creo que es muy importante y que tiene algo de especial, ya que una cosa es la santidad, que confío habrá alcanzado a muchas personas —incluso algunas conocidas por nosotros, como probablemente nuestros abuelos—; pero otra cosa es la santidad canonizable. 

Para que la Iglesia ponga a alguien como modelo, no basta una convicción sobre su santidad, hace falta que ese Siervo de Dios haya señalado, desde su apertura a la gracia, un camino para vivir la fe, que haya aportado al Pueblo de Dios algo en cierto modo novedoso, o bien que haya hecho lo ordinario de la vida cristiana de un modo extraordinario, de tal modo que merezca ser reconocido como modelo, como “canon”. 

A mi modo de ver, como postulador, devoto y especialista en la vida del padre Ayala, y subrayando que hay que esperar al juicio de la Iglesia para hablar propiamente de su santidad, creo que esto concurre en él, ya que el padre Ayala nos muestra, junto a su entonces joven discípulo, el Siervo de Dios Ángel Herrera, un modo de llevar la fe a la vida pública, en una época además en la que la fe estaba siendo arrinconada en la esfera privada, en aplicación del dogma estatista (liberal, o socialista) de separación entre lo público y lo privado. 

Esto no es una cuestión baladí ya que la fe cristiana está llamada a llegar a todos los rincones de la sociedad, incluyendo todas las realidades y estructuras sociales. 

Llevar la fe a la vida pública es marca de la casa. Continúe…

– Lo que acabo de decir no significa proponer un indeseable clericalismo, ni tampoco un confesionalismo, sino cumplir con la misión de ser “sal”, “luz” y “fermento” de la sociedad, llevando la fe a todas las realidades temporales, lo cual no se agota en lo privado, sino que la fe también ha de impregnar con valentía o “parresía” evangélica el ámbito público, según el mandato evangélico de proclamar la fe desde las azoteas, pues como dice Jesús: “ lo que habéis hablado al oído en las habitaciones, se proclamará desde las azoteas” . 

Mencione algunas de esas “azoteas” para proclamar la fe.

– Hoy día esas “azoteas” para proclamar la fe son sin duda los medios de comunicación, como ya vio el padre Ayala al impulsar el diario El Debate, pero también lo son las cátedras, el compromiso político, la iniciativa empresarial, la acción social, etc. Se trata de ser testigo de Cristo también en esas realidades temporales y de no tragarse el dogma mundano, y falso teológicamente, de que la fe es un asunto privado.

Además, España es precisamente un sitio donde la fe se ha vivido abierta y públicamente de un modo natural, incluso en la vida de ocio y devoción, como muestran nuestras tradiciones de Semana Santa, o nuestro Corpus Christi, o nuestros grandes literatos y artistas del Siglo de Oro, que llevaron la fe hasta su máxima expresión social y cultural. 

El padre Ayala mostró un camino a los laicos para vivir su vida en la Iglesia y en la sociedad, una especie de lo que he llamado “opción paulina” o “modelo paulino”, para los que sientan esta especial llamada a lo público; pero que en sentido amplio compete a todo católico, especialmente si es un laico o seglar. 

Un camino que hoy día no solo no está superado, sino que es más necesario que nunca, aunque tenga que encontrar siempre nuevas formas de expresión, nuevas azoteas, para seguir proclamando a todos la salvación del Evangelio, sin esconder la luz bajo el celemín.

El autorFrancisco Otamendi

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